lunes, 18 de mayo de 2009

Entendiendo Nuestra Redención - Parte 1

Pues aunque vivimos en el mundo, no libramos batallas como lo hace el mundo.
Las armas con que luchamos no son del mundo,
sino que tienen el poder divino para derribar fortalezas.
Destruimos argumentos y toda altivez que se levanta contra el conocimiento de Dios,
y llevamos cautivo todo pensamiento para que se someta a Cristo.
- 2 Corintios 10:3-5 (Nueva Versión Internacional)

La Versión Reina Valera de 1960 lo pone así: “Pues aunque andamos en la carne, no militamos según la carne; porque las armas de nuestra milicia no son carnales, sino poderosas en Dios para la destrucción de fortalezas, derribando argumentos y toda altivez que se levanta contra el conocimiento de Dios, y llevando cautivo todo pensamiento a la obediencia a Cristo.”

Veamos la definición de algunas palabras para entender mejor que era lo que estaba hablando Pablo en este pasaje.

La palabra vivimos o andamos es el término griego peripateo y significa: “andar todo alrededor, andar en general, vivir, moverse uno mismo, seguir” (Strong’s).

Nos habla de nuestra limitación propia por vivir en un cuerpo físico.

La palabra militamos, que la Nueva Versión Internacional traduce como libramos batallas es el término griego strateúomai, es un término militar que significa: “hacer guerra, batallar, combatir (de stratos, ejército acampado)” (Vine).

Esta palabra nos habla de la actitud que tenían los soldados romanos; quienes fueron los soldados más hábiles y mejores de la historia, quienes no tenían temor de morir y muchas veces pedían estar en la línea delantera de la batalla.

Pablo era un soldado que estaba en la línea delantera espiritual. Como apóstol y misionero siempre estaba yendo a nuevos lugares iniciando obras donde nadie había ido. Al hacerlo se dio cuenta que tienes que usar armas espirituales contra enemigos espirituales.

La palabra milicia es strateia, de donde viene nuestra palabra estrategia, y significa: “primariamente hueste o ejército, vino a denotar guerra. Se usa de conflicto espiritual en 2 Corintios 10:4; 1Timoteo 1:18, «milicia» en ambos pasajes” (Vine).

Esta palabra nos habla de una estrategia, de un plan de la batalla; ningún ejército puede ganar la batalla sin tener un plan.

El Espíritu Santo; quien es nuestra guía, es quien nos da estrategia: nos muestra como caminar en fe, como destruir fortalezas en la mente, como y cuando debemos actuar.

La palabra carnales, es el término griego sarkikos, que significa según Vine: “posesión de la naturaleza de la carne, sensual, controlado por los apetitos animales, gobernados por la naturaleza humana, y no por el Espíritu de Dios; figuradamente de las armas de la guerra espiritual (2 Corintios 10:4 «no son carnales»).

Es decir, las armas para esta batalla no son de la carne sino espirituales.

Por eso no tiene ningún sentido cuando vemos a hermanos que se suben a helicópteros para hacer guerra espiritual, y mucho menos los que se entrenan militarmente con rifles y pistolas para enfrentarse al enemigo.

No, nuestras armas son espirituales porque nos enfrentamos a enemigos espirituales.

En esta batalla no nos enfrentamos para ganar nuestra salvación; ni tampoco nuestra meta es pelear por nuestra liberación sino sencillamente aceptar la liberación que Jesús ya nos dio.

La buena batalla de la fe es aceptar por fe todo lo que Cristo hizo por nosotros; empezando por la salvación y luego con todos los otros beneficios que tenemos en Cristo; como la sanidad, la prosperidad, la paz, el gozo y todo lo demás.

El entender nuestra redención nos ayudará a corregir muchas ideas incorrectas acerca del diablo y de la batalla espiritual.

En su definición más simple la redención significa la liberación d ela esclavitud mediante el pago de un precio.

En 1 Pedro 1:18-19 podemos ver claramente lo que significó nuestra redención: “Sabiendo que fuisteis rescatados de vuestra vana manera de vivir, la cual recibisteis de vuestros padres, no con cosas corruptibles, como oro o plata, sino con la sangre preciosa de Cristo, como de un cordero sin mancha y sin contaminación” (Reina Valera 1960).

Fuimos rescatados de la esclavitud del pecado por medio del pago de un precio, la preciosa sangre de Jesús.