martes, 24 de marzo de 2015

Retrocediendo a la Esclavitud de la Ley


Gálatas 4:8-12 (Biblia Expandida de Fe)
8 Ciertamente ustedes, los Gentiles (las personas que no son Judías), antes de conocer [y entender] a Dios estaban atados a la esclavitud de dioses que por naturaleza ni siquiera lo son [y menos aún existen].
9 Pero puesto que han llegado a conocer [y entender] a Dios; o, más exactamente, han sido conocidos (reconocidos) por Él, ¿cómo es que ahora retroceden y regresan atrás en sus pasos para caer nuevamente en las débiles, inútiles y rudimentarias leyes, normas y principios del mundo en que vivimos [, es decir, en principios religiosos vacíos y sin sentido], a los cuales quieren volver a someterse en la condición de esclavos?
10 ¡Ustedes siguen guardando meticulosa y religiosamente los días de fiesta, los meses, los tiempos y los años!
11 Mucho me temo que mi trabajo entre ustedes haya sido del todo inútil.
12 Les ruego, hermanos, háganse como yo (identifíquense conmigo), como yo también me he hecho como ustedes (me identifique con ustedes). Ningún agravio ni ofensa me han hecho.

Pablo realmente se siente indignado, no tanto por algo que hayan hecho contra él, sino por el retroceso que estaban mostrando los gálatas en su fe.

Ellos habían pasado de ser esclavos de sus religiones paganas, de los dioses que adoraban y llegado no solo a conocer a Dios, sino ser conocidos por Dios.

Habían conocido la gracia de Dios que se manifestó en la obra de Cristo en la cruz, habían pasado de ser esclavos a hijos, pero ahora habían creído el mensaje de los judaizantes, y ahora estaban cayendo otra vez a reglas y normas a través de la ley.

Tal fue su retroceso que ahora estaban guardando las fiestas judías.

Me hace recordar a los mesiánicos actuales, que cambian la justificación por la fe por la justificación por las obras de la ley.

Pablo les hace un llamado pero hacerse como él, que había dejado las reglas y normas de la ley de Moisés para caminar en la libertad que la libertad que le trajo la fe en Jesucristo.

Nosotros tampoco retrocedamos a la esclavitud de las reglas y normas de la ley cuando ahora somos hijos de Dios por la fe en Jesucristo.

viernes, 20 de marzo de 2015

De Esclavo a Hijo


Gálatas 4:1-7 (Biblia Expandida de Fe)
1 Voy a ser más explícito: el heredero, mientras es menor de edad (un niño), aunque sea propietario (dueño) de todos sus bienes, en nada se diferencia de un esclavo.
2 Y no entrará en posesión de ellos (todos sus bienes) mientras no llegue a la edad señalada por el padre [para el fin de su minoría de edad], sino que deberá estar sujeto a la autoridad de tutores (guardianes, mayordomos) y administradores (gobernador, supervisor de los bienes).
3 Así también nosotros, cuando éramos menores de edad (en la etapa de niñez), estábamos permanentemente sometidos a la esclavitud (servidumbre) de las leyes, las normas y los principios del mundo en que vivimos.
4 Pero cuando llego la plenitud (el cumplimiento) de los tiempos [, es decir, el día señalado por Dios],  Dios envió a su Hijo, nacido de mujer, nacido en sujeción a [las reglas y regulaciones de] la Ley,
5 para redimir (pagar el rescate y liberar) a los que estaban sujetos a la Ley, a fin de que fuéramos adoptados como hijos [y podamos ser colocados en nuestra posición de hijos adultos].
6 Y debido a que ustedes son hijos, Dios ha enviado el Espíritu de Su Hijo dentro de nuestros corazones (espíritus), el cual clama [con intensidad]: "¡Abba! ¡Padre!" (Papá, Papito amado).
7 Así que ya no eres un esclavo (siervo) sino un hijo; y como eres un hijo, Dios te ha hecho también [Su] heredero por medio de Cristo (el Ungido).

En este pasaje Pablo nos va a mostrar la inferioridad de la ley respecto a la fe en Jesucristo dándonos el ejemplo de un heredero.

Dice cuando el heredero es niño, aunque es dueño de todo, no se diferencia en nada de un esclavo.

El termino niño aquí es nepios, que literalmente significa "un pequeño niño sin el poder del habla".

Según la costumbres romanas, que son a las que se refiere este pasaje, estaba bajo el cuidado de la servidumbre, es decir, tutores y administradores que velaban por él.

El niño no podía recibir su herencia hasta el tiempo señalado por su padre. Esto es, hasta que tuviera la edad en la que tuviere la capacidad de tomar decisiones por si mismo.

Luego nos dice que nosotros también pasamos por esta etapa cuando vivíamos en esclavitud bajo los rudimentos del mundo, es decir, bajo las normas y reglas de este mundo, y más específicamente cuando habla de Israel bajo la ley de Moisés.

Pero llegó el día señalado por el Padre, cuando Jesucristo vino al mundo y dio su vida por nosotros en la cruz.

Jesús mismo nació bajo la ley y la cumplió por nosotros de modo que nosotros fuéramos redimidos, recibamos la vida eterna y podamos tomar nuestra posición de hijos y herederos de Dios.

Aquí la palabra adopción es huiothesia, que significa: "Ser colocado en la posición de un hijo."

Dios nos colocó en la posición de hijos, no de un niño pequeño que no puede recibir su herencia sino un hijo maduro, plenamente capaz de recibir todo lo que Dios proveyó para él a través de la obra de Cristo en la cruz.

En Romanos 8 nos muestra esta misma verdad:

Romanos 8:15-17
15 Pues no habéis recibido el espíritu de esclavitud para estar otra vez en temor, sino que habéis recibido el espíritu de adopción, por el cual clamamos: ¡Abba, Padre!
16 El Espíritu mismo da testimonio a nuestro espíritu, de que somos hijos de Dios.
17 Y si hijos, también herederos; herederos de Dios y coherederos con Cristo, si es que padecemos juntamente con él, para que juntamente con él seamos glorificados.

Nuestra posición no es la de un esclavo que teníamos antes de estar en Cristo, sino que ahora somos hijos De Dios, pero no solo hijos sino también herederos de Dios y coherederos juntamente con Cristo.

Es la obra de Cristo en la cruz la que nos traslado de la posición de esclavos en la que vivíamos para llevarnos a la posición actual que tenemos como hijos y herederos por medio de la fe en Jesucristo.

La ley de Moisés solo puede producir esclavos, pero la fe en Jesucristo produce hijos.






martes, 17 de marzo de 2015

En Cristo ya no hay judío ni gentil

Gálatas 3:27-29 (Biblia Expandida de Fe)
27 Porque todos los que fueron bautizados en Cristo (el Ungido), de Cristo (el Ungido) se han revestido (vestido).
28 Por consiguiente, al ser todos de Cristo (el Ungido) no cabe ya establecer diferencias entre unos y otros, sean judíos o griegos, esclavos o libres, hombres o mujeres; porque todos somos un solo cuerpo en Cristo Jesús (el Ungido).

29 Y por pertenecer a Cristo (la descendencia y simiente de Abraham), ustedes también son descendientes de Abraham y herederos conforme a la promesa de Dios.

Los judaizantes habían llegado con su nuevo evangelio: "Jesucristo no es suficiente, si quieres ser salvo debes circuncidarte y guardar toda la ley de Moisés."

Ellos llegaron con sus credenciales de que eran hijos de Abraham por ser judíos y haber guardado todas estas cosas.

Pablo les ha explicado que no es así, la ley cumplió su cometido al ser un tutor que nos llevó a Cristo.

Y ahora nos va a decir cual es el requisito único para ser un verdadero hijo de Abraham y un heredero de la promesa de Dios.

Nos dice que debemos ser bautizados en Cristo Jesús. 

¿De qué bautismo nos habla? Porque el Nuevo Testamento nos habla de una serie de bautismos: El bautismo de Juan el Bautista, el bautismo en el cuerpo de Cristo, el bautismo en agua, el bautismo con el Espíritu Santo, el bautismo en fuego. Tenemos varios.

En todo bautismo intervienen tres elementos: El bautizador, el elemento en que se bautiza y la persona bautizada.

Por ejemplo el bautismo en agua:

Mateo 28:19
19 Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo.

Jesús le estaba diciendo a sus discípulos que debían ir y hacer discípulos a los que ellos debían bautizar en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.

Veamos el caso de Felipe y el eunuco etíope:

Hechos 8:26-39
26 Un ángel del Señor habló a Felipe, diciendo: Levántate y ve hacia el sur, por el camino que desciende de Jerusalén a Gaza, el cual es desierto.
27 Entonces él se levantó y fue. Y sucedió que un etíope, eunuco, funcionario de Candace reina de los etíopes, el cual estaba sobre todos sus tesoros, y había venido a Jerusalén para adorar,
28 volvía sentado en su carro, y leyendo al profeta Isaías.
29 Y el Espíritu dijo a Felipe: Acércate y júntate a ese carro.
30 Acudiendo Felipe, le oyó que leía al profeta Isaías, y dijo: Pero ¿entiendes lo que lees?
31 El dijo: ¿Y cómo podré, si alguno no me enseñare? Y rogó a Felipe que subiese y se sentara con él.
32 El pasaje de la Escritura que leía era este: Como oveja a la muerte fue llevado; y como cordero mudo delante del que lo trasquila, así no abrió su boca.
33 En su humillación no se le hizo justicia; mas su generación, ¿quién la contará? Porque fue quitada de la tierra su vida.
34 Respondiendo el eunuco, dijo a Felipe: Te ruego que me digas: ¿de quién dice el profeta esto; de sí mismo, o de algún otro?
35 Entonces Felipe, abriendo su boca, y comenzando desde esta escritura, le anunció el evangelio de Jesús.
36 Y yendo por el camino, llegaron a cierta agua, y dijo el eunuco: Aquí hay agua; ¿qué impide que yo sea bautizado?
37 Felipe dijo: Si crees de todo corazón, bien puedes. Y respondiendo, dijo: Creo que Jesucristo es el Hijo de Dios.
38 Y mandó parar el carro; y descendieron ambos al agua, Felipe y el eunuco, y le bautizó.
39 Cuando subieron del agua, el Espíritu del Señor arrebató a Felipe; y el eunuco no le vio más, y siguió gozoso su camino.

En este relato vemos lo que es el bautismo en agua; luego que Felipe le explicó el evangelio al eunuco; y el eunuco creyó, lo bautizó en agua.

Vemos aquí los tres elemento: Una persona que bautiza, Felipe; un elemento en el que se bautiza, el agua; y, una persona que ha creído el evangelio y es bautizada, el eunuco etíope.

En nuestro pasaje de Gálatas vemos:

Gálatas 3:27
27 Porque todos los que habéis sido bautizados en Cristo, de Cristo estáis revestidos.

Evidentemente vemos que habla de personas que no han sido bautizadas en el elemento del agua, sino en un elemento diferente, en Cristo.

Como dice; los que han sido bautizados en Cristo, de Cristo están revestidos.

Vayamos a 1 Corintios 12 para entender más de esto:

1 Corintios 12:12-13
12 Porque así como el cuerpo es uno, y tiene muchos miembros, pero todos los miembros del cuerpo, siendo muchos, son un solo cuerpo, así también Cristo.
13 Porque por un solo Espíritu fuimos todos bautizados en un cuerpo, sean judíos o griegos, sean esclavos o libres; y a todos se nos dio a beber de un mismo Espíritu.

Cuando una persona nace de nuevo, el Espíritu Santo lo injerta dentro del Cuerpo de Cristo, la iglesia, y pasa a formar parte de ella.

Como creyentes en Cristo cada uno de nosotros fue revestido de Cristo y ha venido a formar parte de Su Cuerpo.

Por ese motivo no tenía ningún sentido la pretensión de los judaizantes de que el creyente tuviese que formar parte del pueblo judío para ser salvo.

Gálatas 3:28
28 Ya no hay judío ni griego; no hay esclavo ni libre; no hay varón ni mujer; porque todos vosotros sois uno en Cristo Jesús.

Es en Cristo que somos uno, no importa cual sea nuestra raza, nuestra condición o nuestro sexo, lo que importa es a quien le hemos creído.

Cuando recién conocí al Señor había una canción que cantábamos que decía así: "No me importa de que pueblo vengas si detrás del calvario estás tú...."

No tenemos que volvernos judíos, ni adquirir sus costumbres para ser salvos; es en Cristo que somos uno.

Efesios 2:11-19
11 Por tanto, acordaos de que en otro tiempo vosotros, los gentiles en cuanto a la carne, erais llamados incircuncisión por la llamada circuncisión hecha con mano en la carne.
12 En aquel tiempo estabais sin Cristo, alejados de la ciudadanía de Israel y ajenos a los pactos de la promesa, sin esperanza y sin Dios en el mundo.
13 Pero ahora en Cristo Jesús, vosotros que en otro tiempo estabais lejos, habéis sido hechos cercanos por la sangre de Cristo.
14 Porque él es nuestra paz, que de ambos pueblos hizo uno, derribando la pared intermedia de separación,
15 aboliendo en su carne las enemistades, la ley de los mandamientos expresados en ordenanzas, para crear en sí mismo de los dos un solo y nuevo hombre, haciendo la paz,
16 y mediante la cruz reconciliar con Dios a ambos en un solo cuerpo, matando en ella las enemistades.
17 Y vino y anunció las buenas nuevas de paz a vosotros que estabais lejos, y a los que estaban cerca;
18 porque por medio de él los unos y los otros tenemos entrada por un mismo Espíritu al Padre.
19 Así que ya no sois extranjeros ni advenedizos, sino conciudadanos de los santos, y miembros de la familia de Dios.

Ya no hay dos pueblos, ahora por medio de la sangre de Cristo en la cruz somos un solo pueblo, somos la familia de Dios.

Gálatas 3:29
29 Y si vosotros sois de Cristo, ciertamente linaje de Abraham sois, y herederos según la promesa.

Por medio de Cristo, y al haber tenido fe en su obra por nosotros en la cruz es que nos convertimos en linaje de Abraham; como Pablo había dicho antes el verso 7: "Sabed, por tanto, que los que son de fe, éstos son hijos de Abraham."

Esa fe nos hace no solo hijos sino también de la promesa que Dios le hizo a Abraham.

Nuestro único requisito es fe en la obra de Cristo en la cruz.



viernes, 6 de marzo de 2015

¿Cuál fue el propósito de la ley?

Gálatas 5:19-26 (Biblia Expandida de Fe)
19 Entonces, ¿con qué propósito se promulgó la Ley? La Ley fue añadida [posteriormente] a la promesa debido a las transgresiones y pecados, para demostrarnos que, ante los ojos de Dios, todos somos culpables de haberla quebrantado. Pero la ley solo tenía una vigencia temporal: sólo podía estar en vigor hasta la llegada de aquella descendencia (simiente, heredero) prometida a Abraham. Y fue a los ángeles a quienes Dios encomendó que promulgaran la Ley y la pusieran en manos de Moisés, a fin de que él fuese el mediador (un intermediario entre Dios y los hombres) para su transmisión al pueblo de Israel.
20 Pero no existe mediador (intermediario) cuando hay una sola parte, y Dios es uno solo [, es decir, en la promesa no era necesario un mediador, pues Dios fue la única parte al dar la promesa a Abraham; mientras que la Ley necesitó de Moisés como mediador pues fue un contrato entre dos partes, Dios y el pueblo de Israel, y para tener validez necesitaba el acuerdo de ambos].
21 ¿Eso quiere decir que la Ley se opone [y es contraria] a las promesas de Dios? ¡De ninguna manera! Porque si hubiéramos recibido una Ley capaz de vivificarnos (impartirnos la misma clase de vida que Dios tiene), ciertamente la justicia (el ser declarados y hechos justos) provendría de la Ley.
22 Pero la Escritura encerró todas las cosas bajo el pecado, para que la promesa (la herencia, las bendiciones) fuese dada (otorgada, concedida) a los creyentes por la fe en Jesucristo (el Ungido).
23 Antes de que llegara la fe, estábamos prisioneros bajo la custodia de la Ley, encerrados en espera de la fe que debía ser revelada (serle quitado el velo, ser develada, ser descubierta, ser dada a conocer).
24 Dicho de otro modo: la Ley mosaica fue nuestro tutor (pedagogo, guía, ayo) para conducirnos a Cristo, que vino a hacernos justos delante de Dios por medio de la fe.
25 Pero ahora que ha venido la fe, ya no estamos bajo tutor (pedagogo, guía, ayo),
26 porque ahora, por la fe en Cristo Jesús (el Ungido), todos nosotros somos hechos hijos de Dios.

Pablo hace la pregunta: ¿Cuál fue el propósito de la promulgación de la ley?

Dios no hace las cosas sin un propósito definido y la ley que fue dada posteriormente a la promesa tuvo su razón de ser.

En el verso 19 responde: "La Ley fue añadida [posteriormente] a la promesa debido a las transgresiones y pecados, para demostrarnos que, ante los ojos de Dios, todos somos culpables de haberla quebrantado."

Esto me recuerda lo que dice Romanos:

Romanos 3:19-20
19 Pero sabemos que todo lo que la ley dice, lo dice a los que están bajo la ley, para que toda boca se cierre y todo el mundo quede bajo el juicio de Dios;
20 ya que por las obras de la ley ningún ser humano será justificado delante de él; porque por medio de la ley es el conocimiento del pecado.

La ley lo que hace es mostrarnos que ningún hombre puede ser justificado ante Dios por causa del pecado, ya que todos somos culpables de haberla quebrantado.

Por eso es ilógico tratar de intentar alcanzar la salvación por medio de ella porque ese no es su propósito.

Otra cosa que nos dice Pablo es que la vigencia de la ley es temporal, tuvo un inicio y tuvo un final; ya que "sólo podía estar en vigor hasta la llegada de aquella descendencia (simiente, heredero) prometida a Abraham."

Con la llegada de Cristo, el heredero, ya la ley cumplió su ciclo.

En tercer lugar que la ley tuvo necesidad de un mediador entre Dios y el pueblo de Israel, el cual fue Moises, mientras que la promesa no tuvo ningún mediador, ya que Dios mismo se la dio a Abraham.

Esto es explicado claramente por Pablo cuando dice: "En la promesa no era necesario un mediador, pues Dios fue la única parte al dar la promesa a Abraham; mientras que la Ley necesitó de Moisés como mediador pues fue un contrato entre dos partes, Dios y el pueblo de Israel, y para tener validez necesitaba el acuerdo de ambos."

Lo cuarto que nos dice es que la ley no es contraria a la promesa, pero la ley no tiene el poder para vivificarnos porque si lo tuviera seríamos justificados por ella.

Es en ese contexto que Dios encerró todo bajo pecado, de modo que nuestra justicia no viniese de la ley, que nos traía el conocimiento del pecado, sino de la fe en Jesucristo.

Lo quinto que nos dice es que antes de la llegada de la fe en Jesucristo eramos prisioneros de la ley: "Antes de que llegara la fe, estábamos prisioneros bajo la custodia de la Ley, encerrados en espera de la fe que debía ser revelada (serle quitado el velo, ser develada, ser descubierta, ser dada a conocer)."

Esperábamos por la fe que sería revelada, por la obra completa de Cristo en la cruz.

Y luego termina diciendo que la ley fue nuestro tutor que nos guió hacia Cristo: "La Ley mosaica fue nuestro tutor (pedagogo, guía, ayo) para conducirnos a Cristo, que vino a hacernos justos delante de Dios por medio de la fe."

La ley no tenía como propósito justificar al hombre delante de Dios, la ley fue el tutor que nos condujo a Cristo.

Como cuando un niño es llevado por su tutor al colegio; llegado al colegio no necesita del tutor.

Los versos 25 y 26 concluyen: "Pero ahora que ha venido la fe, ya no estamos bajo tutor (pedagogo, guía, ayo), porque ahora, por la fe en Cristo Jesús (el Ungido), todos nosotros somos hechos hijos de Dios."

Es decir, ya no estamos bajo la ley, que fue nuestro tutor, ya que Jesucristo terminó Su obra por nosotros en la cruz, ahora solo debemos tener fe en Én para llegar a ser hijos de Dios.





miércoles, 4 de marzo de 2015

La Superioridad de la Promesa a Abraham sobre la Ley de Moisés


Gálatas 3:15-18 (Biblia Expandida de Fe)
15 Hermanos, voy a ponerles un ejemplo de la vida cotidiana (una práctica humana común y corriente), cuando dos personas hacen un pacto (un contrato, un acuerdo), y lo ratifican (respaldan) con su firma, no puede luego ser invalidado ni modificado (nadie puede anularlo ni agregarle nada).
16 Ahora bien, las promesas (los pactos, los acuerdos) se le hicieron a Abraham y a su descendencia (su simiente, su heredero). La Escritura no dice: “y a los descendientes", como si hablara de muchos, sino: "y a tu descendencia (tu simiente, tu heredero)", dando a entender que es uno solo, que es Cristo (el Ungido).
17 Lo que les quiero decir es esto: la Ley que fue promulgada [y llegó] cuatrocientos treinta años después, no puede anular un testamento (pacto, contrato) formalmente establecido [y ratificado] por Dios, dejando así sin efecto (anulando, aboliendo) la promesa.
18 Porque si la herencia dependiera de la Ley [como los judaizantes quieren que ustedes crean], ya no procedería de la promesa, y sin embargo, Dios se la concedió gratuitamente a Abraham por medio de la promesa.

Aquí Pablo nos muestra la superioridad de la promesa respecto a la ley de Moisés.

Lo primero que Pablo hace es tomar el ejemplo de lo que es un pacto ratificado. Dice que cuando dos personas hacen un acuerdo o contrato y lo ratifican no lo pueden anular ni quitar nada.

Luego nos dice que el pacto tuvo dos partes (o participantes), Abraham y su simiente, la cual es Cristo.

Los judaizantes venían diciendo que ellos eran esa simiente por ser los descendientes de Abraham, y para alcanzar la salvación ellos debían adoptar la circuncisión y cumplir la ley para estar en pacto con Dios y recibir la salvación.

Pero aquí vemos que la simiente no era un pueblo sino una persona, Cristo.

Luego les dice algo que los golpeó, la ley, que fue promulgada 430 años después del pacto, no anula la promesa hecha a Abraham y su simiente.

Luego les dice, que si el recibir la herencia dependiera de la ley de Moisés, ya no vendría de la promesa.

Y termina diciendo que Dios concedió gratuitamente la herencia por medio de la promesa que le hizo a Abraham.

Que nos dice esto hoy a los creyentes, que nuestra herencia, la redención y todas las bendiciones que tenemos en Cristo, no provienen del cumplimiento de la ley de Moisés sino de la promesa que Dios le hizo a Abraham, y la recibimos por medio de la fe en Jesucristo. 

lunes, 2 de marzo de 2015

Redimidos de la Maldición de la Ley


Gálatas 3:13-14 (Biblia Expandida de Fe)
13 Pero Cristo nos ha redimido (liberado, comprado nuestra libertad) de la maldición de la Ley mosaica, tomando la maldición que a nosotros nos correspondía y haciéndose el mismo maldición al morir en la cruz, porque como dice la Escritura: "Maldito todo el que muere colgado en un madero".

14 a fin de que en Cristo Jesús (el Ungido) la bendición de Abraham alcanzara (viniera) a los Gentiles (las personas que no son judías), para que mediante la fe [los Judíos y los Gentiles] recibiéramos la promesa del Espíritu [Santo].


La maldición de la ley consistía en que los que buscan obtener la salvación por medio del cumplimiento de ella jamás la pueden obtener ya que la ley exige que sea cumplida totalmente y sin ninguna falla; algo que ningún hombre puede hacer.

La gente que hoy busca salvarse por su cumplimiento se encuentran con la desagradable sorpresa de que no se puede hacer, nadie es capaz de cumplirla. ¡No se puede!

Veíamos que el joven rico de Marcos 10:17-22 intentó cumplirla desde pequeño, y parecía que había tenido cierto éxito; pero Jesús le dijo: "Una cosa te falta".

Ese es el problema con la ley, siempre va ha faltar algo.

Dios tenía que hacer algo al respecto para redimir, es decir, rescatar al hombre de esta maldición, la obra completa de Cristo en la cruz.

Jesús había dicho acerca de Su muerte y el efecto de ella en las personas en el Evangelio de Juan:

Juan 3:14-15
14 Y como Moisés levantó la serpiente en el desierto, así es necesario que el Hijo del Hombre sea levantado,
15 para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna.

Jesús Tomaría nuestro lugar en esa cruz, haciéndose maldición por nosotros, tomando nuestra naturaleza de pecado y siendo colgado en esa cruz.

En 2 Corintios 5:21 dice: "Al que no conoció pecado, por nosotros lo hizo pecado, para que nosotros fuésemos hechos justicia de Dios en él."

Para llegar a justificarnos, Él tuvo que hacerse pecado, tuvo que tomar nuestra naturaleza y morir en esa cruz, con lo cual fuimos redimidos para siempre de la maldición de la ley.

La salvación no depende de lo hagamos, no viene del cumplimiento de la ley de Moisés, sino de lo que creemos.

Del mismo modo que Abraham le creyó a Dios y le fue contado por justicia, los que creemos y tenemos fe en la obra de Jesucristo en la cruz recibimos la justificación.

Ya no estamos bajo maldición, ya no dependemos de las cosas que hagamos para justificarnos, no es por nosotros, es por la obra de Cristo en la cruz.











jueves, 12 de febrero de 2015

La Maldición de la Ley


Gálatas 3:10-12 (Biblia Expandida de Fe)
10 En cambio, los que para salvarse se aferran a la Ley mosaica [pensando que podrán justificarse por obedecerla], están bajo la maldición de Dios, como dicen las Escrituras: "Maldito (separado y consagrado para la destrucción, condenado para el castigo eterno) todo aquel que no se mantenga cumpliendo y practicando [todas y] cada una de las disposiciones (preceptos y mandamientos) escritas en el libro de la Ley".
11 Ahora bien, es evidente que por la ley nadie es justificado (declarado y hecho justo) delante de Dios,  porque  [la Escritura dice:] " el [que es declarado y hecho] justo [por Dios] vivirá por la fe”.
12 Sin embargo, la Ley no se basa  en la fe [no procede de la fe, no da lugar a la fe, y es contraria a la fe];  sino que,  "el que practica estas cosas [que están prescritas en la Ley] vivirá por ellas".

Pablo acaba de decirnos que Abraham fue justificado por la fe, y que los hijos de Abraham son los de la fe en Jesucristo; pero ahora va a decirnos lo que sucede con aquellas personas que quieren justificarse por medio del cumplimiento de la ley.

El verso 10 nos dice: "En cambio, los que para salvarse se aferran a la Ley mosaica [pensando que podrán justificarse por obedecerla], están bajo la maldición de Dios, como dicen las Escrituras: "Maldito (separado y consagrado para la destrucción, condenado para el castigo eterno) todo aquel que no se mantenga cumpliendo y practicando [todas y] cada una de las disposiciones (preceptos y mandamientos) escritas en el libro de la Ley""

El día de hoy hay grupos como los mesiánicos que nos dicen que la fe en Jesucristo no es suficiente sino que el hombre es justificado por medio del cumplimiento de la ley de Moisés.

Pero aquí Pablo les recuerda que los que se aferran a la ley de Moisés para justificarse ante Dios están bajo maldición; porque para lograrlo deberían cumplir sin excepción todos los puntos de la ley.

Pablo les cita Deuteronomio 27:26: "Maldito el que no confirmare las palabras de esta ley para hacerlas. Y dirá todo el pueblo: Amén."

Esto me recuerda la historia del joven rico:

Marcos 10:17-22
17 Al salir él para seguir su camino, vino uno corriendo, e hincando la rodilla delante de él, le preguntó: Maestro bueno, ¿qué haré para heredar la vida eterna?
18 Jesús le dijo: ¿Por qué me llamas bueno? Ninguno hay bueno, sino sólo uno, Dios.
19 Los mandamientos sabes: No adulteres. No mates. No hurtes. No digas falso testimonio. No defraudes. Honra a tu padre y a tu madre.
20 El entonces, respondiendo, le dijo: Maestro, todo esto lo he guardado desde mi juventud.
21 Entonces Jesús, mirándole, le amó, y le dijo: Una cosa te falta: anda, vende todo lo que tienes, y dalo a los pobres, y tendrás tesoro en el cielo; y ven, sígueme, tomando tu cruz.
22 Pero él, afligido por esta palabra, se fue triste, porque tenía muchas posesiones. 

Este joven era evidente que era un buen judío, desde su juventud había guardado la ley, pero Jesús le dice: "Una cosa te falta."

Al que intenta justificarse por medio de la ley siempre le va a faltar una cosa; y esa es la maldición de la ley que nadie es capaz de cumplirla a su cabalidad.

En el verso 11 Pablo nos sigue hablando de la imposibilidad de justificarse por el cumplimiento de la ley: "Ahora bien, es evidente que por la ley nadie es justificado (declarado y hecho justo) delante de Dios,  porque  [la Escritura dice:] " el [que es declarado y hecho] justo [por Dios] vivirá por la fe”.

Pablo nos cita un verso del Antiguo Testamento que está en Habacuc 2:4 y que él repite en Romanos 1:17 y Hebreos 10:38, donde dice que el justo vivirá por la fe.

Es evidente, no hay lugar a dudas que la ley no justifica al hombre, tal como sucedió con Abraham, es por la fe en Jesucristo que somos justificados por Dios.

En el verso 12 vemos: "Sin embargo, la Ley no se basa  en la fe [no procede de la fe, no da lugar a la fe, y es contraria a la fe];  sino que,  "el que practica estas cosas [que están prescritas en la Ley] vivirá por ellas".

La ley mosaica es un sistema que se basa en las obras del hombre para lograr la salvación, la dependencia ya no es de Dios sino de nuestras propias acciones; el único problema es que para el hombre le es imposible cumplirla.

Esa es la maldición de la ley, el hombre, por más que quiera cumplirla siempre fallará en algún punto. Como pasó con el joven rico, siempre te faltará una cosa.

Tu eres el que decide vivir bajo la maldición de la ley y nunca jamás ser justificado por Dios o hacer las cosas a la manera de Dios y ser justificado por la fe en Jesucristo.