viernes, 22 de agosto de 2014

Dos Clases de Conocimiento

Dos Clases de Conocimiento



1 Corintios 2:14-15
Pero el hombre natural no percibe las cosas que son del Espíritu de Dios, porque para él son locura, y no las puede entender, porque se han de discernir espiritualmente. En cambio el espiritual juzga todas las cosas; pero él no es juzgado de nadie.
En este pasaje nos encontramos con dos hombres; el hombre natural y el hombre espiritual; cada uno de ellos tiene un estilo de vida diferente y camina con conocimiento distinto. El primero con un conocimiento basado en los sentidos y el segundo en un conocimiento por revelación.
El conocimiento por los sentidos es aquel que se basa en lo que dicen nuestros cinco sentidos físicos: el tacto, la vista, el oído, el gusto y el olfato. Es la verdad que se basa en nuestra propia experiencia. Es lo que muchos llaman “la voz de la experiencia”.
Cuando recibí a Jesús yo estaba en fuego por el Señor; predicaba por todos lados y siempre hablaba del Señor; cuando los hermanos con más tiempo vieron mi entusiasmo me dijeron: “Estás en el primer amor, el próximo año, cuando se te pase, serás como nosotros.” Menos mal que no les hice caso, y más de veinte años después sigo en fuego por el Señor.
Estos hermanos mayores basaban su vida espiritual en la experiencia, y no les hizo ningún bien pues se convirtieron en “témpanos de hielo espirituales.”
1 Corintios 3:1-3
1 De manera que yo, hermanos, no pude hablaros como a espirituales, sino como a carnales, como a niños en Cristo.
2 Os di a beber leche, y no vianda; porque aún no erais capaces, ni sois capaces todavía,
3 porque aún sois carnales; pues habiendo entre vosotros celos, contiendas y disensiones, ¿no sois carnales, y andáis como hombres?
El creyente que camina en esta clase de conocimiento es llamado carnal. Un creyente carnal es aquel que su vida está gobernada o regida por los sentidos físicos.
El creyente que camina en este tipo de conocimiento trata de hacer las cosas a su manera y no a la manera de Dios.
Josué 1:8
8 Nunca se apartará de tu boca este libro de la ley, sino que de día y de noche meditarás en él, para que guardes y hagas conforme a todo lo que en él está escrito; porque entonces harás prosperar tu camino, y todo te saldrá bien.
Romanos 10:17
17 Así que la fe es por el oír, y el oír, por la palabra de Dios.
El conocimiento por revelación es la verdad que viene a nuestros corazones por el oír y el meditar la Palabra de Dios.
Es lo que le pasó a Pedro cuando Jesús le preguntó a sus discípulos quien era él.
Mateo 16:13-17
13 Viniendo Jesús a la región de Cesarea de Filipo, preguntó a sus discípulos, diciendo: ¿Quién dicen los hombres que es el Hijo del Hombre?
14 Ellos dijeron: Unos, Juan el Bautista; otros, Elías; y otros, Jeremías, o alguno de los profetas.
15 El les dijo: Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?
16 Respondiendo Simón Pedro, dijo: Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente.
17 Entonces le respondió Jesús: Bienaventurado eres, Simón, hijo de Jonás, porque no te lo reveló carne ni sangre, sino mi Padre que está en los cielos.
Pedro recibió el conocimiento por revelación, debido al tiempo que pasó con Jesús, se dio cuenta que era el Mesías prometido, que era el Hijo de Dios.
El mayor cambio que hubo en mi vida fue cuando pase dos años de mi vida estudiando la Palabra en el centro de Entrenamiento Bíblico “La Palabra de Fe”; fue tan intensivo el estudio que literalmente fui “mudado en otro hombre”.
Hebreos 5:14
14 pero el alimento sólido es para los que han alcanzado madurez, para los que por el uso tienen los sentidos ejercitados en el discernimiento del bien y del mal.
El creyente maduro es aquel que basa su vida en el conocimiento por revelación. Es el creyente que camina en la verdad de la Palabra de Dios

Diferencias entre el Conocimiento por Revelación y el Conocimiento por los Sentidos
El conocimiento por los sentidos es carnal mientras que el conocimiento por revelación es espiritual.
El conocimiento por los sentidos se basa en las sensaciones físicas, mientras que el conocimiento por revelación se basa en la Palabra de Dios.
El conocimiento por los sentidos produce incredulidad, mientras que el conocimiento por revelación produce fe.
2 Corintios 4:13
13 Pero teniendo el mismo espíritu de fe, conforme a lo que está escrito: Creí, por lo cual hablé, nosotros también creemos, por lo cual también hablamos.
El conocimiento por los sentidos habla lo que ve o siente, mientras que el conocimiento por revelación habla lo que cree.
2 Corintios 5:7
7 (porque por fe andamos, no por vista).
El conocimiento por los sentidos camina por vista, el conocimiento por revelación camina por fe.

¿Cómo Caminar en el Conocimiento por Revelación?
1 Pedro 2:2
2 desead, como niños recién nacidos, la leche espiritual no adulterada, para que por ella crezcáis para salvación.
Josué 1:8
8 Nunca se apartará de tu boca este libro de la ley, sino que de día y de noche meditarás en él, para que guardes y hagas conforme a todo lo que en él está escrito; porque entonces harás prosperar tu camino, y todo te saldrá bien.
Santiago 1:21
21 Por lo cual, desechando toda inmundicia y abundancia de malicia, recibid con mansedumbre la palabra implantada, la cual puede salvar vuestras almas.

Solo hay una manera de caminar en el conocimiento por revelación, depositando la Palabra de Dios en nuestros corazones.

martes, 19 de agosto de 2014

La Fe y las Acciones

La Fe y las Acciones
Veamos Santiago 2:17 en varias versiones:

Reina Valera 1960
Así también la fe, si no tiene obras, es muerta en sí misma.
Moffat
La fe sin acciones correspondientes es estéril.
Biblia en Lenguaje Sencillo
Lo mismo pasa con la fidelidad a Dios: de nada nos sirve decir que somos fieles a Dios si no hacemos nada que lo demuestre. Esa clase de fidelidad está muerta.
Castilian
Esa fe que no produce obras buenas no tiene ningún valor. Es una fe inútil, que está totalmente muerta.
Versión Amplificada
Así también la fe, si no tiene obras (hechos y acciones de obediencia que la respalden), se destituye a si misma de poder (es inoperativa y está muerta).
En Romanos 10:17 vemos que la fe viene por oír la Palabra de Dios; entonces la fe actúa o hace lo que dice la Palabra de Dios.
Si vemos cada milagro que hubo a lo largo de la Biblia, veremos que hubo una acción de fe involucrada.
Esto lo he visto de manera práctica cuando he ministrado campañas de sanidad divina, cuando toma acciones correspondientes basadas en la Palabra que escucha recibe su milagro.
Una hermana llegó con muletas a una campaña que hice en la ciudad de Los Andes; después de terminar de compartir la Palabra le pedí que tome acciones correspondientes con su fe y empezase a caminar sin las muletas, ella las dejó y empezó a caminar sin ningún problema.
Las acciones que acompañaron a su fe fueron lo que trajo el milagro que ella necesitaba.

1. La Sanidad del Cojo de Listra
Hechos 14:7-10
7 y allí predicaban el evangelio.
8 Y cierto hombre de Listra estaba sentado, imposibilitado de los pies, cojo de nacimiento, que jamás había andado.
9 Este oyó hablar a Pablo, el cual, fijando en él sus ojos, y viendo que tenía fe para ser sanado,
10 dijo a gran voz: Levántate derecho sobre tus pies. Y él saltó, y anduvo.
En este milagro podemos ver la conexión que hay entre la Palabra de Dios y las acciones a la hora de recibir un milagro.
Mientras Pablo y Bernabé estaban predicando la Palabra, este hombre de Listra estaba escuchando, y la fe se empezó a levantar en él. Pablo se dio cuenta de esto y le dijo que tome una acción, el cojo hizo una acción de fe y recibió su milagro.
Si el hombre no hubiera actuado sobre la Palabra de Dios nunca hubiera caminado.

2. Las Bodas de Caná
Si vamos a los evangelios veremos que Jesús siempre motivo a la gente a actuar para recibir su milagro.
Juan 2:1-11
1 Al tercer día se hicieron unas bodas en Caná de Galilea; y estaba allí la madre de Jesús.
2 Y fueron también invitados a las bodas Jesús y sus discípulos.
3 Y faltando el vino, la madre de Jesús le dijo: No tienen vino.
4 Jesús le dijo: ¿Qué tienes conmigo, mujer? Aún no ha venido mi hora.
5 Su madre dijo a los que servían: Haced todo lo que os dijere.
6 Y estaban allí seis tinajas de piedra para agua, conforme al rito de la purificación de los judíos, en cada una de las cuales cabían dos o tres cántaros.
7 Jesús les dijo: Llenad estas tinajas de agua. Y las llenaron hasta arriba.
8 Entonces les dijo: Sacad ahora, y llevadlo al maestresala. Y se lo llevaron.
9 Cuando el maestresala probó el agua hecha vino, sin saber él de dónde era, aunque lo sabían los sirvientes que habían sacado el agua, llamó al esposo,
10 y le dijo: Todo hombre sirve primero el buen vino, y cuando ya han bebido mucho, entonces el inferior; mas tú has reservado el buen vino hasta ahora.
11 Este principio de señales hizo Jesús en Caná de Galilea, y manifestó su gloria; y sus discípulos creyeron en él.
Este milagro es muy interesante. Aquí Jesús convirtió el agua en vino.
En esa fiesta habían seis tinajas de piedra para agua, cuya capacidad era alrededor de 100 litros por tinaja, así que estamos hablando de unos 600 litros 
Jesús les dijo a los sirvientes que llenasen las tinajas de agua, ellos necesitaban vino, pero Jesús les pidió agua.
Los sirvientes fueron obedientes y llenaron las tinajas de agua hasta el tope. Fueron donde Jesús y aquí vino lo difícil, les dijo que fueran donde su jefe con el agua.
Meditemos un momento en esto; fue fácil llevar el agua a Jesús, no tenían nada que perder, pero el ir donde su jefe con el agua; eso era otro asunto, les podía costar el empleo o algo más.
Sin embargo, mientras ellos llevaban las tinajas de agua, algo sucedió, el agua se convirtió en vino; y en un vino de la más alta calidad.
La acción de obediencia produjo el milagro.

3. La Sanidad del Hombre Enfermo en el Estanque de Betesda
Juan 5:1-11
1 Después de estas cosas había una fiesta de los judíos, y subió Jesús a Jerusalén.
2 Y hay en Jerusalén, cerca de la puerta de las ovejas, un estanque, llamado en hebreo Betesda, el cual tiene cinco pórticos.
3 En éstos yacía una multitud de enfermos, ciegos, cojos y paralíticos, que esperaban el movimiento del agua.
4 Porque un ángel descendía de tiempo en tiempo al estanque, y agitaba el agua; y el que primero descendía al estanque después del movimiento del agua, quedaba sano de cualquier enfermedad que tuviese.
5 Y había allí un hombre que hacía treinta y ocho años que estaba enfermo.
6 Cuando Jesús lo vio acostado, y supo que llevaba ya mucho tiempo así, le dijo: ¿Quieres ser sano?
7 Señor, le respondió el enfermo, no tengo quien me meta en el estanque cuando se agita el agua; y entre tanto que yo voy, otro desciende antes que yo.
8 Jesús le dijo: Levántate, toma tu lecho, y anda.
9 Y al instante aquel hombre fue sanado, y tomó su lecho, y anduvo. Y era día de reposo aquel día.
10 Entonces los judíos dijeron a aquel que había sido sanado: Es día de reposo; no te es lícito llevar tu lecho.
11 El les respondió: El que me sanó, él mismo me dijo: Toma tu lecho y anda.
Veamos qué es lo que pasó aquí.
Estamos en un estanque llamado Betesda; nombre que significa misericordia. Este estanque debe haber sido un poco grande pues habían cinco pórticos por donde entraba la gente; además había una multitud de enfermos.
En este estanque de misericordia cada cierto tiempo venía un ángel que movía las aguas, y el primero que descendía era sanado de la enfermedad que tuviese.
Para que hubiese una sanidad se necesitaba un acto de fe, el enfermo debía ir y descender al agua lo más rápido posible.
Smith Wigglesworth solía decir al principio de sus campañas: “La primera persona que llegue al púlpito será sanada de cualquier enfermedad que tenga.” E invariablemente la primera persona que llegaba era sanada de la enfermedad que tuviese, sea cáncer, apendicitis, asma, o cualquier otra.
Uno tenía que actuar para recibir su milagro.
Volviendo a nuestra historia, había un hombre que estaba enfermo hacía treinta y ocho años. No sabemos que enfermedad tenía, solo que no podía ir solo al estanque pues necesitaba la ayuda de otro.
Jesús le preguntó: ¿Quieres ser sano?” El hombre le empezó a contar su historia y su imposibilidad. Pero Jesús le dijo: “No pongas tus ojos en las cosas que no puedes hacer; haz un acto de fe, levántate, toma tu lecho y ve a tu casa.”
El hombre entonces se levantó, tomó su lecho y se fue a su casa. Él colocó acciones a su fe y recibió su milagro.
La gente religiosa le dijo: “¿Qué haces llevando tu lecho en el día de reposo?” No les importaba que este hombre hubiese recibido un maravilloso milagro, lo único que querían era que cumplan con todas sus reglas y leyes.
El hombre sanado solo les dijo: “El que me sanó me dijo que tomase mi lecho y me fuese a casa; y yo como soy obediente le estoy obedeciendo.”
La acción de obediencia a la Palabra de Dios es lo que trae los milagros a nuestra vida.

4. El Ciego de Nacimiento
Juan 9:1-11
1 Al pasar Jesús, vio a un hombre ciego de nacimiento.
2 Y le preguntaron sus discípulos, diciendo: Rabí, ¿quién pecó, éste o sus padres, para que haya nacido ciego?
3 Respondió Jesús: No es que pecó éste, ni sus padres, sino para que las obras de Dios se manifiesten en él.
4 Me es necesario hacer las obras del que me envió, entre tanto que el día dura; la noche viene, cuando nadie puede trabajar.
5 Entre tanto que estoy en el mundo, luz soy del mundo.
6 Dicho esto, escupió en tierra, e hizo lodo con la saliva, y untó con el lodo los ojos del ciego,
7 y le dijo: Ve a lavarte en el estanque de Siloé (que traducido es, Enviado). Fue entonces, y se lavó, y regresó viendo.
8 Entonces los vecinos, y los que antes le habían visto que era ciego, decían: ¿No es éste el que se sentaba y mendigaba?
9 Unos decían: El es; y otros: A él se parece. El decía: Yo soy.
10 Y le dijeron: ¿Cómo te fueron abiertos los ojos?
11 Respondió él y dijo: Aquel hombre que se llama Jesús hizo lodo, me untó los ojos, y me dijo: Ve al Siloé, y lávate; y fui, y me lavé, y recibí la vista.
Aquí los discípulos están en medio de una discusión teológica: “¿Quién pecó, este hombre o sus padres?”
Muchas veces cuando vemos a una persona enferma lo único que pensamos es que la persona tuvo la culpa de estar enferma; pero la mayoría de veces ese no es el caso.
Jesús les dijo: “No fue culpa de él o sus padres. Sin embargo, como yo tengo que hacer las obras de Dios voy a sanarlo.”
Luego de hacer esto escupió en tierra, hizo barro, lo esparció en los ojos del ciego y lo mandó al estanque de Siloé para limpiarse.
El cojo pudo haberse molestado y decir: “No voy a ir después de que pusiste está cochinada en mis ojos.”
Pero vemos que no hizo eso sino que obedeció a Jesús fue al estanque y recibió su milagro. Es decir, el milagro llegó después de la acción de fe del ciego.
Cuando la gente que lo conocía le preguntó como había sanado, el daba testimonio de que había recibido su milagro luego de hacer lo que Jesús le había dicho.
La fe y las acciones son lo que nos trae los milagros.

5. La Pesca Milagrosa
Para terminar veremos la pesca mas grande de la vida de Pedro
Lucas 5:1-7
1 Aconteció que estando Jesús junto al lago de Genesaret, el gentío se agolpaba sobre él para oír la palabra de Dios.
2 Y vio dos barcas que estaban cerca de la orilla del lago; y los pescadores, habiendo descendido de ellas, lavaban sus redes.
3 Y entrando en una de aquellas barcas, la cual era de Simón, le rogó que la apartase de tierra un poco; y sentándose, enseñaba desde la barca a la multitud.
4 Cuando terminó de hablar, dijo a Simón: Boga mar adentro, y echad vuestras redes para pescar.
5 Respondiendo Simón, le dijo: Maestro, toda la noche hemos estado trabajando, y nada hemos pescado; mas en tu palabra echaré la red.
6 Y habiéndolo hecho, encerraron gran cantidad de peces, y su red se rompía.
7 Entonces hicieron señas a los compañeros que estaban en la otra barca, para que viniesen a ayudarles; y vinieron, y llenaron ambas barcas, de tal manera que se hundían.
Jesús iba a predicar ese día, y había una multitud de personas; y como buen ingeniero de sonido sabía que la mejor forma para que todas las personas pudiesen escucharlo era alejarse un poco de la orilla en una barca y hablar de ahí a la gente para que ondas sonoras chocasen con el mar y este le sirviese de amplificador. Así que le pidió a Pedro prestada su barca y empezó a predicar.
Cuando terminó de hacerlo, le dijo a Pedro: “Echa tus redes al mar.”
Ahora Pedro había estado trabajando toda la noche y no había pescado ni un zapato; el era pescador y sabía que no se podían echar las redes al mediodía pues los peces la verían; así que le dijo a Jesús: “Mira Jesús, tu eres predicador pero yo pescador, yo conozco mi negocio y tu él tuyo; pero ya que tu lo dices, voy a actuar en fe a tu palabra y tirar mis redes.”
Cuando Pedro tiro sus redes al mar en obediencia a la palabra de Jesús, los peces vieron la red y empezaron a decirse uno al otro: “Vamos corriendo a las redes de Pedro, porque está actuando en fe al obedecer a Jesús.” Y fueron se metieron en las redes y Pedro recibió la mayor pesca de su vida.”
Pedro recibió su milagro por actuar en la Palabra de Dios y tu recibirás el tuyo por hacerlo.

La fe actúa siempre en la Palabra de Dios.

lunes, 18 de agosto de 2014

Edificando Fe en Nosotros

Edificando Fe en Nosotros


Romanos 10:8-17
8 Más ¿qué dice? Cerca de ti está la palabra, en tu boca y en tu corazón. Esta es la palabra de fe que predicamos:
9 que si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu corazón que Dios lo levantó de los muertos, serás salvo.
10 Porque con el corazón se cree para justicia, pero con la boca se confiesa para salvación. 
11 Pues la escritura dice: Todo aquel que en él creyere, no será avergonzado.
12 Porque no hay diferencia entre judío y griego, pues el mismo que es Señor de todos, es rico para con todos lo que le invocan; 13 porque todo aquel que invocare el nombre del Señor, será salvo.
14 ¿Cómo, pues, invocaran a aquel en el cual no han creído? ¿Y como creerán en aquel de quien no han oído? ¿Y como oirán sin haber quien les predique?
15 ¿Y como predicaran si no fueren enviados? Como esta escrito: ¡Cuan hermosos son los pies de los que anuncian la paz, de los que anuncian buenas nuevas!
16 Mas no todos obedecieron al evangelio: pues Isaías dice: Señor, ¿quién ha creído a nuestro anuncio?
17 Así que la fe es por el oír, y el oír, por la palabra de Dios.

El día que nos predicaron el evangelio la fe se produjo en nosotros para poder recibir la vida eterna; en ese momento, cuando recibimos a Jesús vino la fe a nosotros.

El asunto es que si ya tenemos la fe como podemos hacer para aumentarla.

En nuestro pasaje de Romanos vemos que hay tres elementos para la fe:

1. El que da el mensaje
2. El mensaje
3. El oyente

En el capítulo 10 y 11 del libro de Hechos, vemos la conversión de Cornelio.

En los versos del 1 al 6 del capítulo 10 dice: “Había en Cesárea un hombre llamado Cornelio, centurión de la compañía llamada la Italiana, piadoso y temeroso de Dios con toda su casa, y que hacía muchas limosnas al pueblo, y oraba a Dios siempre. Este vio claramente en una visión, como a la hora novena del día, que un ángel de Dios entraba donde él estaba, y le decía: Cornelio. El, mirándole fijamente, y atemorizado, dijo: ¿Qué es, Señor? Y le dijo: Tus oraciones y tus limosnas han subido para memoria delante de Dios. Envía, pues, ahora hombres a Jope, y haz venir a Simón, el que tiene por sobrenombre Pedro. este posa en casa de cierto Simón curtidor, que tiene su casa junto al mar; él te dirá lo que es necesario que hagas.”

En este pasaje, vemos dos cosas. Lo primero es que por más justos que seamos, esto no es suficiente para recibir la salvación. No importa lo bueno que seamos, nuestras obras no son suficientes para darnos la salvación.

En el verso 22 vemos el testimonio que dieron de Cornelio: “Ellos dijeron: Cornelio el centurión, varón justo y temeroso de Dios, y que tiene buen testimonio en toda la nación de los judíos, ha recibido instrucciones de un santo ángel, de hacerte venir a tu casa para oír tus palabras.”

No es suficiente ser bueno a los ojos de los demás, necesitamos oír las palabras de la salvación.

Lo segundo que vemos es que los ángeles no pueden predicar el evangelio, Dios no les encomendó esa tarea a ellos sino a nosotros. Es por eso que Jesús nos dio La Gran Comisión en Marcos 16:15-16: “Y les dijo: Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura. El que creyere y fuere bautizado, será salvo; mas el que no creyere, será condenado.”

En Hechos 11:11-17 Pedro relato al concilio de Jerusalén lo que sucedió: “Y he aquí, luego llegaron tres hombres a la casa donde yo estaba, enviados a mí desde Cesárea. Y el Espíritu me dijo que fuese con ellos sin dudar. Fueron conmigo estos seis hermanos, y entraron en casa de un varón, quien nos contó como había visto en su casa un ángel, que se puso en pie y le dijo: Envía hombres a Jope, y haz venir a Simón, el que tiene por sobrenombre Pedro; el te hablará palabras por las cuales serás salvo tu y tu casa. Y cuando comencé a hablar, cayó el Espíritu Santo sobre ellos también, como sobre nosotros también al principio. Entonces me acorde de lo dicho por el Señor cuando dijo: Juan ciertamente bautizó en agua, mas vosotros seréis bautizados con el Espíritu Santo. Si Dios, pues, les concedió también el mismo don que a nosotros que hemos creído en el Señor Jesucristo, ¿quién era yo que pudiese estorbar a Dios?”

El verso 14 se lee así en la Biblia Castilian: “El ángel también le aseguró que, por mis palabras, él y toda su familia serían instruidos para alcanzar la salvación”; y en la Nueva Versión Internacional: “Él te traerá un mensaje mediante el cual serán salvos tú y toda tu familia”.

Notemos que Cornelio necesitaba oír palabras, para poder ser salvo. Y al oír esas palabras es que recibió la vida eterna.

En este pasaje vemos los tres elementos de la salvación:

1. El que da el mensaje fue Pedro.
2. El mensaje fue el evangelio.
3. El oyente fue Cornelio y su casa.

De ahí vemos que la fe para salvación vino por el oír la predicación de la Palabra, específicamente en el área de la salvación.

El  Logos  y  el  Rhema

En Romanos 10:17 dice: “Así que la fe es por el oír, y el oír, por la palabra de Dios.”

En la Biblia Dios Habla Hoy se lee: “Así pues, la fe nace al oír el mensaje, y el mensaje viene de la palabra de Cristo”; y en la Nueva Versión Internacional: “Así que la fe viene como resultado de oír el mensaje,  y el mensaje que se oye es la palabra de Cristo”.

Es interesante notar término griego que se usa para palabra. Hay dos palabras que se usan en el Nuevo Testamento para palabra:

1. Logos: Nos habla de toda la Biblia en conjunto, toda junta en un paquete. La Biblia desde Génesis hasta Apocalipsis.

2. Rhema: Nos habla de una materia específica, de un tema de la Palabra de Dios.

La base de la fe es la Palabra de Dios; por eso, debemos entender que aspecto de la Palabra de Dios se necesita, para poder conseguirla.

En este pasaje bíblico, se utiliza la palabra Rhema; es decir, la fe viene cuando estamos oyendo una y otra vez un tema específico de la Palabra de Dios.

Notemos que la fe no viene por oír una sola vez la Palabra, sino por el oír de una manera continua la Palabra de Dios.

Mucha gente no recibe de Dios, porque no se toman tiempo para dejar que la fe crezca en su corazón. A lo largo de la Biblia podemos ver que debemos ser diligentes en nuestro estudio de la Palabra.

En Josué 1:7-9 dice: “Solamente esfuérzate y sé muy valiente, para cuidar de hacer conforme a toda la ley que mi siervo Moisés te mandó; no te apartes de ella ni a diestra ni a siniestra, para que seas prosperado en todas las cosas que emprendas. Nunca se apartara de tu boca este libro de la ley, sino que de día y de noche meditaras en el, para que guardes y hagas conforme a todo lo que en el está escrito; porque entonces harás prosperar tu camino, y todo te saldrá bien. Mira que te mando que te esfuerces y seas valiente; no temas ni desmayes, porque Jehová tu Dios estará contigo en dondequiera que vayas.”

En este pasaje vemos que Dios le dice a Josué, que la clave para el éxito en la vida se encuentra en el estudio diario de la Palabra de Dios. No solo una vez a la semana sino algo constante.

Si queremos tener fe para recibir de Dios necesitamos pasar tiempo en la Palabra de Dios para recibir lo que necesitamos.

Otra cosa que debemos entender es que a la hora de estudiar la Palabra de Dios siempre debemos tener un norte.

Mucha gente lee la Biblia como si leyera un el horóscopo; toma la Biblia y le dice al Señor: “que tienes hoy para mí,” la abren y lo que les sale, es lo que piensan les está diciendo Dios.

Un hermano que usaba ese método, abrió su Biblia donde dice: “Judas fue y se ahorcó”; cuando lo leyó, pensó: “seguro que Dios se equivocó, leeré de nuevo para estar seguro.”

Volvió a abrir la Biblia y encontró: “Anda tú y has lo mismo.” Al leer dijo: “Necesito una confirmación.”

La tercera vez abrió la Biblia y encontró: “Apresúrate, no te detengas;” y fue y se ahorcó.

Esa no es la manera de leer la Biblia, ni es la manera de buscar dirección de Dios. En Romanos 8:14 vemos la forma como Dios guía a sus hijos: “Porque todos los que son guiados por el Espíritu de Dios, estos son hijos de Dios.”

La forma en que Dios guía a sus hijos es a través de Su Espíritu.

Volviendo a nuestro tema; debemos de ser específicos a la hora que queremos desarrollar la fe en nuestras vidas. En Gálatas 6:7 dice: “No os engañéis; Dios no puede ser burlado; pues todo lo que el hombre sembrare eso también segara.” La Biblia al Día lo dice así: “No os engañéis: de Dios nadie se burla. Cada uno cosecha lo que siembra.”

En la parábola del sembrador, en Marcos 4:14 dice: “El sembrador es el que siembra la palabra.” Nosotros somos los que sembramos la Palabra en nuestros corazones; y cada semilla produce una cosecha en nuestras vidas.

Si siembras semillas de salvación, eso es lo que tu recibirás en tu vida. Si siembras semillas de prosperidad, recibirás fe para prosperar. Si siembras semillas de sanidad, tendrás fe para ser sano.
         
Aunque en este caso estamos hablando de la salvación, esto puede aplicarse a cualquier área de la Biblia.

Fe  Para Sanidad

Ahora veremos este proceso de la fe en la sanidad divina.

En Hechos 14:7-10 dice: “Y allí predicaban el evangelio. Y cierto hombre de Listra estaba sentado, imposibilitado de los pies, cojo de nacimiento, que jamás había andado. Este oyó hablar a Pablo, el cual, fijando en el sus ojos, y viendo que tenia fe para ser sanado, dijo a gran voz: Levántate derecho sobre tus pies. Y el saltó, y anduvo.” 

En este pasaje vemos a los tres elementos en el proceso de la fe:

1. El que da el mensaje es el apóstol Pablo
2. El mensaje es el evangelio
3. El oyente es el cojo de Listra

Hemos visto que la fe viene cuando un oye la Palabra de Dios; aquí vemos que Pablo estaba predicando el evangelio.

¿Qué es el evangelio? Evangelio significa buenas noticias. En Lucas 4:18-19 el evangelio es descrito: “El Espíritu del Señor esta sobre mi, por cuanto me ha ungido para dar buenas nuevas a los pobres; me ha enviado a sanar a los quebrantados de corazón; a pregonar libertad a los cautivos, y vista a los ciegos; a poner en libertad a los oprimidos; a predicar el año agradable del Señor.”

En Hechos 10:38 vemos quienes son los oprimidos: “Como Dios ungió con el Espíritu Santo y con poder a Jesús de Nazaret, y como este anduvo haciendo bienes y sanando a todos los oprimidos por el diablo, porque Dios estaba con él.”

Cuando Pedro predico a Cornelio y los suyos, les dijo que los oprimidos que Jesús vino a liberar eran las personas enfermas. Y además que el opresor es el diablo.     

Por eso, cuando Pablo le predico el evangelio al cojo de Listra, le estaba diciendo que Jesús había venido a librarlo de su enfermedad, y eso produjo la fe en el para recibir su sanidad.

El cojo hizo tres cosas para poder recibir su milagro:

1. Oyó el evangelio.
2. Tuvo fe para ser sanado.
3. Actuó en la palabra de Pablo.

Este milagro que recibió el cojo también lo podemos recibir nosotros. Si tú sigues estos tres pasos también recibirás las cosas que necesitas para tu vida.

Tú ya tienes la fe, así que como este cojo de Listra debes ponerla en operación.


sábado, 19 de julio de 2014

El Aspecto Legal y el Aspecto Vital de la Palabra de Dios

El Aspecto Legal y el Aspecto Vital de la Palabra de Dios 


2 Pedro 1:3-4
3 Como todas las cosas que pertenecen a la vida y a la piedad nos han sido dadas por su divino poder, mediante el conocimiento de aquel que nos llamó por su gloria y excelencia,
4 por medio de las cuales nos ha dado preciosas y grandísimas promesas, para que por ellas llegaseis a ser participantes de la naturaleza divina, habiendo huido de la corrupción que hay en el mundo a causa de la concupiscencia.

2 Pedro 1:3-4 (Nueva Versión Internacional)
3 Su divino poder, al darnos el conocimiento de aquel que nos llamó por su propia gloria y potencia, nos ha concedido todas las cosas que necesitamos para vivir como Dios manda.
4 Así Dios nos ha entregado sus preciosas y magníficas promesas para que ustedes, luego de escapar de la corrupción que hay en el mundo debido a los malos deseos, lleguen a tener parte en la naturaleza divina.

Dios nos ha dado todas las cosas que pertenecen a la vida y a la piedad, todo lo necesario para vivir como Él manda, y todo ello lo encerró en su Palabra.

Esto significa que al pasar tiempo en su Palabra alcanzaremos el conocimiento para caminar en  las bendiciones que Dios ya nos dio.

Efesios 1:3
3 Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que nos bendijo con toda bendición espiritual en los lugares celestiales en Cristo.

Este verso nos dice que todas las promesas y bendiciones de Dios son legalmente nuestras.

Hay dos aspectos de la Palabra de Dios en nuestras vidas: El aspecto legal, y el aspecto vital

El aspecto legal nos dice que todas las bendiciones y promesas de Dios son legalmente nuestras.

El aspecto vital nos habla de poder experimentar en nuestras vidas lo que legalmente nos pertenece.

El hecho de que las promesas de la Palabra nos pertenezcan legalmente no significa que las experimentemos en nuestras vidas.

Como vimos en Hechos 20:32: “Y ahora, hermanos, os encomiendo a Dios, y a la palabra de su gracia, que tiene poder para sobreedificaros y daros herencia con todos los santificados.” Es decir, la Palabra tiene poder para sobreedificarnos pero somos nosotros los que debemos hacer algo.

Para poder experimentar las promesas de Dios en nuestras vidas debemos entender que confiabilidad, respaldo y autoridad tiene la Palabra.

Lo primero que debemos entender es que Jesús y su Palabra son uno.

Juan 1:1,14
1 En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios.
14 Y aquel Verbo fue hecho carne, y habitó entre nosotros (y vimos su gloria, gloria como del unigénito del Padre), lleno de gracia y de verdad.

En este pasaje la palabra verbo es logos que significa: palabra.

La Palabra hecha carne es un titulo del Hijo de Dios, el cumplimiento del título logos, es la manifestación personal de toda la deidad, no solo una parte de la naturaleza divina.

1 Juan 1:1
1 Lo que era desde el principio, lo que hemos oído, lo que hemos visto con nuestros ojos, lo que hemos contemplado, y palparon nuestras manos tocante al Verbo de vida.  

Aquí Jesús es llamado el logos de vida.

Entonces podemos ver que Jesús es la Palabra de Dios. Por eso, el lugar que le damos a la Palabra de Dios en nuestras vidas es el lugar que le damos a Dios en nuestras vidas.

Lo segundo que debemos entender es que el poder de Dios está encerrado en su Palabra.

Hebreos 1:1-3
1 Dios, habiendo hablado muchas veces y de muchas maneras en otro tiempo a los padres por los profetas,
2 en estos postreros días nos ha hablado por el Hijo, a quien constituyó heredero de todo, y por quien asimismo hizo el universo;
3 el cual, siendo el resplandor de su gloria, y la imagen misma de su sustancia, y quien sustenta todas las cosas con la palabra de su poder, habiendo efectuado la purificación de nuestros pecados por medio de sí mismo, se sentó a la diestra de la Majestad en las alturas.

Aquí palabra es rhema, que se define: “El significado de rhema a diferencia de logos esta ejemplificado en la orden de “tomar la espada del espíritu que es la Palabra de Dios,” que está en Efesios 6:17, la referencia aquí no es a toda la Biblia en conjunto (como en logos), sino a las porciones individuales de la Escritura que el Espíritu nos hace recordar en tiempo de necesidad, siendo el requisito previo el almacenar regularmente la Escritura en nuestra mente.”

Logos nos muestra lo que la Palabra es en esencia, rhema lo que la Palabra puede hacer por nosotros.

El poder que hay en la Palabra se desata a través del rhema.

Lo tercero que debemos entender es que la Palabra es verdad.

Juan 17:17
17 Santifícalos en tu verdad; tu palabra es verdad.

El logos de Dios es la verdad de Dios.

Números 23:19
19 Dios no es hombre, para que mienta, Ni hijo de hombre para que se arrepienta. El dijo, ¿y no hará? Habló, ¿y no lo ejecutará?

Si Dios dijo algo en Su Palabra, es un hecho que va ha suceder.

Lo cuarto que debemos entender es que la Palabra de Dios no cambia.

En Mateo 24:35, Marcos 13:31 y Lucas 21:33  dicen lo mismo:

Mateo 24:35
35 El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán.

El logos de Dios nunca cambia.

Santiago 1:16-17
16 Amados hermanos míos, no erréis.
17 Toda buena dádiva y todo don perfecto desciende de lo alto, del Padre de las luces, en el cual no hay mudanza, ni sombra de variación.

Dios no cambia, ni varía ni se muda, Él siempre es el mismo.

Hebreos 13:8
8 Jesucristo es el mismo ayer, y hoy, y por los siglos.

Jesucristo, la Palabra viva, no ha cambiado, por tanto la Palabra de Dios sigue vigente hoy.

Lo quinto que debemos entender es que la Palabra trae las cosas de Dios al mundo natural.

Hebreos 11:3
3 Por la fe entendemos haber sido constituido el universo por la palabra de Dios, de modo que lo que se ve fue hecho de lo que no se veía.

Hebreos 11:3 (Biblia del Pueblo de Dios)
3 Por la fe, comprendemos que la Palabra de Dios formó el mundo, de manera que lo visible proviene de lo invisible.

Hebreos 11:3 (Biblia Castilian 2003)
3 Por la fe sabemos que los mundos y los tiempos fueron organizados por la palabra de Dios, de suerte que de lo invisible surgiera lo visible.

Hebreos 11:3 (The Message)
3 Por la fe podemos ver que el mundo fue llamado a existencia por la palabra de Dios, lo que vemos fue creado por lo que no vemos.

Este verso que vemos es bien claro, el mundo y todo lo que conocemos fue formado por la Palabra de Dios, creando las cosas que se ven de las que no se veían.

Dios llamó al mundo a la existencia con sus palabras tal como vemos en Génesis.

Génesis 1:1-3
1 En el principio creó Dios los cielos y la tierra.
2 Y la tierra estaba desordenada y vacía,  y las tinieblas estaban sobre la faz del abismo,  y el Espíritu de Dios se movía sobre la faz de las aguas.
3 Y dijo Dios: Sea la luz;  y fue la luz.

Si vemos todo el capítulo 1 de Génesis veremos que Dios habló 7 veces para hacer su creación y cada vez que Él habló fue formado algo.

Su Palabra tiene poder creador.

Lo sexto que debemos entender es que la Palabra de Dios tiene poder para reproducirse en nosotros.

La parábola del sembrador es una muestra clara de cómo la Palabra de Dios puede llegar a reproducirse en nosotros.

Lucas 8:11
11 Esta es,  pues,  la parábola: La semilla es la palabra de Dios.

Mateo 13:19
19 Cuando alguno oye la palabra del reino y no la entiende, viene el malo, y arrebata lo que fue sembrado en su corazón.

Veamos ahora como es que esa semilla de la Palabra crece en nuestro corazón.

Marcos 4:26-29
26 Decía además: Así es el reino de Dios,  como cuando un hombre echa semilla en la tierra;
27 y duerme y se levanta,  de noche y de día,  y la semilla brota y crece sin que él sepa cómo.
28 Porque de suyo lleva fruto la tierra,  primero hierba,  luego espiga,  después grano lleno en la espiga;
29 y cuando el fruto está maduro,  en seguida se mete la hoz,  porque la siega ha llegado.

La Palabra tiene poder para reproducirse en nosotros y dar fruto.

Le sétimo que debemos entender es que para que la Palabra se vuelva real en nosotros debemos vivirla.

Nosotros no podemos llegar a vivirla si es que no la conocemos.

Juan 8:31-32
31 Dijo entonces Jesús a los judíos que habían creído en él: Si vosotros permaneciereis en mi palabra,  seréis verdaderamente mis discípulos;
32 y conoceréis la verdad,  y la verdad os hará libres.

Para poder ser verdaderos discípulos de Jesús debemos conocer y permanecer en Su Palabra.

Santiago 1:21-25
21 Por lo cual,  desechando toda inmundicia y abundancia de malicia,  recibid con mansedumbre la palabra implantada,  la cual puede salvar vuestras almas.
22 Pero sed hacedores de la palabra,  y no tan solamente oidores,  engañándoos a vosotros mismos.
23 Porque si alguno es oidor de la palabra pero no hacedor de ella,  éste es semejante al hombre que considera en un espejo su rostro natural.
24 Porque él se considera a sí mismo,  y se va,  y luego olvida cómo era.
25 Mas el que mira atentamente en la perfecta ley,  la de la libertad,  y persevera en ella,  no siendo oidor olvidadizo,  sino hacedor de la obra,  éste será bienaventurado en lo que hace.

Este pasaje es bien claro; no solo debemos recibir la Palabra sino que debemos convertirnos en hacedores de ella; debemos vivirla para que se vuelva una realidad en nosotros.

Josué 1:7-9
7 Solamente esfuérzate y sé muy valiente,  ara cuidar de hacer conforme a toda la ley que mi siervo Moisés te mandó; no te apartes de ella ni a diestra ni a siniestra, para que seas prosperado en todas las cosas que emprendas.
8 Nunca se apartará de tu boca este libro de la ley, sino que de día y de noche meditarás en él, para que guardes y hagas conforme a todo lo que en él está escrito; porque entonces harás prosperar tu camino, y todo te saldrá bien.
9 Mira que te mando que te esfuerces y seas valiente; no temas ni desmayes, porque Jehová tu Dios estará contigo en dondequiera que vayas.


Esta orden que Dios le dio a Josué sigue vigente para nosotros; debemos oír la Palabra, guardarla y hacerla, solo así la haremos una realidad en nuestra vida y producirá el fruto deseado.