viernes, 31 de agosto de 2018

Conociendo a Jesús - Parte 6 - Vida y Ministerio Terrenal de Jesús


Vida y Ministerio Terrenal de Jesús

¿Qué pasó en los “años perdidos” de Jesús? Nada especial. 

Después de haber cumplido con todo lo prescrito en la ley del Señor, volvieron a Galilea, a su ciudad de Nazaret. Y el niño crecía y se fortalecía, y se llenaba de sabiduría; y la gracia de Dios era sobre él” (Lucas 2:39-40).

Aquí vemos que Jesús regresó a su ciudad natal, Nazaret de Galilea, en la parte norte de Israel, luego de cumplirse todo lo estipulado por la ley.

Si vamos mas allá en la Biblia veremos que Jesús no se movió de Galilea, excepto los tiempos que la Ley estipulaba que debía viajar a Jerusalén.

“Salió Jesús de allí y vino a su tierra, y le seguían sus discípulos. Y llegado el día de reposo, comenzó a enseñar en la sinagoga; y muchos, oyéndole, se admiraban, y decían: ¿De dónde tiene éste estas cosas? ¿Y qué sabiduría es esta que le es dada, y estos milagros que por sus manos son hechos? ¿No es éste el carpintero, hijo de María, hermano de Jacobo, de José, de Judas y de Simón? ¿No están también aquí con nosotros sus hermanas? Y se escandalizaban de él. Mas Jesús les decía: No hay profeta sin honra sino en su propia tierra, y entre sus parientes, y en su casa” (Marcos 6:1-4).

Jesús creció y vivió en Nazaret, tomando la profesión de su padre, siendo carpintero. La gente lo conocía y estaban sorprendidos porque no había demostrado nada sobrenatural hasta que cumplió 30 años.

Aconteció que cuando todo el pueblo se bautizaba, también Jesús fue bautizado; y orando, el cielo se abrió, y descendió el Espíritu Santo sobre él en forma corporal, como paloma, y vino una voz del cielo que decía: Tú eres mi Hijo amado; en ti tengo complacencia” (Lucas 3:21-22).

Ese día fue el cambio, es el momento del inicio de su ministerio.

En Hechos 10:38 vemos la confirmación de esto: “Cómo Dios ungió con el Espíritu Santo y con poder a Jesús de Nazaret, y cómo éste anduvo haciendo bienes y sanando a todos los oprimidos por el diablo, porque Dios estaba con él.”

En los evangelios apócrifos (escondidos, ocultos) y otros escritos y tradiciones orales, dicen que Jesús hizo una serie de milagros en su niñez, pero vemos que las sanidades y milagros vinieron después de su bautismo con el Espíritu Santo. Recordemos que Jesús era conocido como carpintero, no como milagrero.

Además en Juan 2:1-11 dice que su primera señal (o milagro) fue el convertir el agua en vino en las bodas de Caná, que es un acontecimiento posterior a su bautismo con el Espíritu.

Otra cosa que podemos ver es que Jesús no hizo las sanidades y milagros por ser el Hijo de Dios, sino que el esperó ser lleno del Espíritu Santo para recién empezar ha hacerlos. Es decir, el hizo las sanidades y milagros como cualquier creyente lleno del Espíritu Santo y el poder de Dios.

Por eso es que Él dijo en Juan 14:12: “De cierto, de cierto os digo: El que en mí cree, las obras que yo hago, él las hará también; y aun mayores hará, porque yo voy al Padre.”

Jesús es nuestro modelo, el ejemplo que debemos seguir.

Para entender el alcance del ministerio público o terrenal de Jesús, debemos darnos cuenta a quien fue enviado a ministrar. En Mateo 15:24 mientras hablaba con la mujer sirofenicia, Jesús dijo estas palabras: “El respondiendo, dijo: No soy enviado sino a las ovejas perdidas de la casa de Israel.”

El carácter universal de su ministerio vino con su muerte y resurrección, cuando el murió por los pecados de todos los hombres.

Por ese motivo, no es de sorprenderse la fuerte oposición de los judaizantes de la iglesia judía contra el mensaje de Pablo a lo largo del Libro de Hechos, acerca del carácter universal del ministerio, ya que ellos pensaron en primer momento que el evangelio era solo para los judíos (el caso de la conversión de Cornelio en Hechos 10 y 11), y luego la necesidad de circuncidarse y cumplir toda la Ley de Moisés para poder ser salvos (tema del Concilio de Jerusalén en Hechos 15 y la ocasión del libro de Gálatas). 

Pero pasemos a lo que estamos viendo del ministerio público de Jesús.

En Mateo 9:35 vemos en que consistió el ministerio terrenal de Jesús: “Recorría Jesús todas las ciudades y aldeas, enseñando en las sinagogas de ellos, y predicando el evangelio del reino, y sanando toda enfermedad y toda dolencia en el pueblo.”

Son tres cosas principales las que Jesús hizo:

1. Enseñar

2. Predicar

3. Sanar a los enfermos

Por ejemplo, los evangelios están llenos de las enseñanzas de Jesús, tenemos el Sermón del Monte (Mateo 5, 6 y 7); las parábolas (Marcos 4); o las enseñanzas que dio a sus discípulos en la última cena (Juan 13,14, 15 y 16), entre muchas otra más.

El enseñaba con tal autoridad que la gente podía ver la diferencia.

En Marcos 1:27 dice: “Y todos se asombraron, de tal manera que discutían entre sí, diciendo: ¿Qué es esto? ¿Qué nueva doctrina es esta, que con autoridad manda aun a los espíritus inmundos, y le obedecen?

En Mateo 7:28-29 dice: “Y cuando terminó Jesús estas palabras, la gente se admiraba de su doctrina; porque les enseñaba como quien tiene autoridad, y no como los escribas.”

Aun sus enemigos reconocían que su enseñanza era diferente a cualquier otra: “Los alguaciles vinieron a los principales sacerdotes y a los fariseos; y éstos les dijeron: ¿Por qué no le habéis traído? Los alguaciles respondieron: ¡Jamás hombre alguno ha hablado como este hombre!” (Juan 7:45-46).

Otra cosa en cuanto a su enseñanza fue que su auditorio principal, a quien les enseñaba al detalle todas las cosas era a sus discípulos: “Con muchas parábolas como estas les hablaba la palabra, conforme a lo que podían oír. Y sin parábolas no les hablaba; aunque a sus discípulos en particular les declaraba todo” (Marcos 4:33-34).

Jesús no le enseñaba todo a la gente, solo lo que podían oír, es a sus discípulos a quienes les declaraba todo.

En cuanto a su predicación veamos lo que dice Lucas 4:16-21, cuando Jesús fue a Nazaret: “Vino a Nazaret, donde se había criado; y en el día de reposo entró en la sinagoga, conforme a su costumbre, y se levantó a leer. Y se le dio el libro del profeta Isaías; y habiendo abierto el libro, halló el lugar donde estaba escrito: El Espíritu del Señor está sobre mí, por cuanto me ha ungido para dar buenas nuevas a los pobres; me ha enviado a sanar a los quebrantados de corazón; a pregonar libertad a los cautivos, y vista a los ciegos; a poner en libertad a los oprimidos; a predicar el año agradable del Señor. Y enrollando el libro, lo dio al ministro, y se sentó; y los ojos de todos en la sinagoga estaban fijos en él. Y comenzó a decirles: Hoy se ha cumplido esta Escritura delante de vosotros.

Este pasaje, al inicio del ministerio de Jesús, nos dice que una parte primordial del ministerio terrenal de Jesús es la predicación de la Palabra de Dios.

Es interesante que Jesús cita esta profecía de Isaías 61:1-2, en la cual Él afirma que es el Mesías, cuando dice: “Hoy se cumple esta escritura delante de ustedes.

Recordemos que Jesús empezó su ministerio predicando en la tierra de Zabulón y Neftalí tal como se había profetizado en Isaías 9:1-2: “Cuando Jesús oyó que Juan estaba preso, volvió a Galilea; y dejando a Nazaret, vino y habitó en Capernaum, ciudad marítima, en la región de Zabulón y de Neftalí, para que se cumpliese lo dicho por el profeta Isaías, cuando dijo: Tierra de Zabulón y tierra de Neftalí, camino del mar, al otro lado del Jordán, Galilea de los gentiles; el pueblo asentado en tinieblas vio gran luz; y a los asentados en región de sombra de muerte, luz les resplandeció. Desde entonces comenzó Jesús a predicar, y a decir: Arrepentios, porque el reino de los cielos se ha acercado” (Mateo 4:12-17).

Jesús tuvo un ministerio de predicación.

Finalmente podemos ver que Jesús tuvo un ministerio de sanidades y milagros.

A lo largo de los evangelios podemos ver como la gente venia para oírle y recibir sanidad: “Descendió con ellos, y se detuvo en un lugar llano, en compañía de sus discípulos y de una gran multitud de gente de toda Judea, de Jerusalén y de la costa de Tiro y de Sidón, que había venido para oírle, y para ser sanados de sus enfermedades” (Lucas 6:17).

En Mateo 8:16-17 dice: “Y cuando llegó la noche, trajeron a él muchos endemoniados; y con la palabra echó fuera a los demonios, y sanó a todos los enfermos; para que se cumpliese lo dicho por el profeta Isaías, cuando dijo: El mismo tomó nuestras enfermedades, y llevó nuestras dolencias.”

Este ministerio de sanidades era una de las marcas del Mesías y este verso en particular es el cumplimiento de la profecía hecha en Isaías 53:4-5.

Podemos ver que Jesús tuvo un ministerio de sanidades.

Una cosa más para ver, en cuanto al ministerio público de Jesús, es que Él llamó discípulos en los cuales multiplicarse.

Desde el mismo llamado de Pedro y Andrés en Mateo 4:18-19, Jesús les estaba mostrando el carácter del ministerio al cual los estaba llamando, para alcanzar el mundo: “Andando Jesús junto al mar de Galilea, vio a dos hermanos, Simón, llamado Pedro, y Andrés su hermano, que echaban la red en el mar; porque eran pescadores. Y les dijo: Venid en pos de mí, y os haré pescadores de hombres.”

Vemos que en los tres años y medio de su ministerio público Jesús anduvo con sus discípulos por todos lados, enseñándoles en privado y dándoles ejemplo en público. 

En Marcos 3:13-19 vemos el grupo principal de discípulos que llamó Jesús y el propósito te este llamado: “Después subió al monte, y llamó a sí a los que él quiso; y vinieron a él. Y estableció a doce, para que estuviesen con él, y para enviarlos a predicar, y que tuviesen autoridad para sanar enfermedades y para echar fuera demonios: a Simón, a quien puso por sobrenombre Pedro; a Jacobo hijo de Zebedeo, y a Juan hermano de Jacobo, a quienes apellidó Boanerges, esto es, Hijos del trueno; a Andrés, Felipe, Bartolomé, Mateo, Tomás, Jacobo hijo de Alfeo, Tadeo, Simón el cananista, y Judas Iscariote, el que le entregó. Y vinieron a casa.”

Aquí vemos el propósito del llamado de los doce:

1. Estar con Jesús

2. Enviarlos a predicar

3. Darles autoridad

Es interesante que el primer ministerio de los doce era estar con Jesús. Y es que para poder reproducirse en ellos, lo primero era instruirlos de una manera personal.

Lo segundo que hizo fue darles una misión, los envió a predicar.

Y lo tercero es darles la provisión, o los medios para cumplir con su misión, es decir. Les dio autoridad.

En el Libro de Hechos podemos ver lo bien que aprendieron su trabajo.

jueves, 30 de agosto de 2018

Conociendo a Jesús - Parte 5 - Un Nacimiento Sobrenatural



Nacimiento de Jesús

Los eventos de su la concepción y nacimiento de Jesús son una prueba contundente de su carácter divino.

Ya hemos visto algunas profecías acerca de su nacimiento virginal y el lugar donde nació, pero veamos otros acontecimientos. 
       
En Lucas 1:26-37 vemos el anunció del nacimiento de Jesús: “Al sexto mes el ángel Gabriel fue enviado por Dios a una ciudad de Galilea, llamada Nazaret, a una virgen desposada con un varón que se llamaba José, de la casa de David; y el nombre de la virgen era María. Y entrando el ángel en donde ella estaba, dijo: ¡Salve, muy favorecida! El Señor es contigo; bendita tú entre las mujeres. Mas ella, cuando le vio, se turbó por sus palabras, y pensaba qué salutación sería esta. Entonces el ángel le dijo: María, no temas, porque has hallado gracia delante de Dios. Y ahora, concebirás en tu vientre, y darás a luz un hijo, y llamarás su nombre JESÚS. Este será grande, y será llamado Hijo del Altísimo; y el Señor Dios le dará el trono de David su padre; y reinará sobre la casa de Jacob para siempre, y su reino no tendrá fin. Entonces María dijo al ángel: ¿Cómo será esto? pues no conozco varón. Respondiendo el ángel, le dijo: El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra; por lo cual también el Santo Ser que nacerá, será llamado Hijo de Dios. Y he aquí tu parienta Elisabet ella también ha concebido hijo en su vejez; y este es el sexto mes para ella, la que llamaban estéril; porque nada hay imposible para Dios. Entonces María dijo: He aquí la sierva del Señor; hágase conmigo conforme a tu palabra. Y el ángel se fue de su presencia.”
        
Aquí vemos varias cosas.
        
En primer lugar, Dios envió al ángel Gabriel para darle un anuncio a una mujer que seria madre del Mesías.
        
En segundo lugar, la mujer que iba a tener el hijo era una mujer virgen y el niño iba ha ser concebido sin la ayuda de un hombre.
        
En tercer lugar, el hijo iba ha ser concebido por obra del Espíritu Santo e iba ha ser llamado Hijo de Dios.
        
Vemos que el nacimiento de Jesús iba ser totalmente diferente a cualquier otro que hubiera habido.
        
En Mateo 1:18-21 vemos que un ángel se le apareció a José para hablarle de este nacimiento: “El nacimiento de Jesucristo fue así: Estando desposada María su madre con José, antes que se juntasen, se halló que había concebido del Espíritu Santo. José su marido, como era justo, y no quería infamarla, quiso dejarla secretamente. Y pensando él en esto, he aquí un ángel del Señor le apareció en sueños y le dijo: José, hijo de David, no temas recibir a María tu mujer, porque lo que en ella es engendrado, del Espíritu Santo es. Y dará a luz un hijo, y llamarás su nombre JESÚS, porque él salvará a su pueblo de sus pecados.”
        
José estaba preocupado porque pensaba que Maria estaba encinta como consecuencia de una infidelidad.
        
Pero el ángel le dijo dos cosas:
        
El hijo que iba a nacer era engendrado del Espíritu Santo; y además que debía llamarlo Jesús, porque su misión en este mundo era salvar al mundo de sus pecados.
        
Otro acontecimiento importante es la visita de los reyes del oriente.
        
“Cuando Jesús nació en Belén de Judea en días del rey Herodes, vinieron del oriente a Jerusalén unos magos, diciendo: ¿Dónde está el rey de los judíos, que ha nacido? Porque su estrella hemos visto en el oriente, y venimos a adorarle. Oyendo esto, el rey Herodes se turbó, y toda Jerusalén con él. Y convocados todos los principales sacerdotes, y los escribas del pueblo, les preguntó dónde había de nacer el Cristo. Ellos le dijeron: En Belén de Judea; porque así está escrito por el profeta: Y tú, Belén, de la tierra de Judá, no eres la más pequeña entre los príncipes de Judá; porque de ti saldrá un guiador, que apacentará a mi pueblo Israel. Entonces Herodes, llamando en secreto a los magos, indagó de ellos diligentemente el tiempo de la aparición de la estrella; y enviándolos a Belén, dijo: Id allá y averiguad con diligencia acerca del niño; y cuando le halléis, hacédmelo saber, para que yo también vaya y le adore. Ellos, habiendo oído al rey, se fueron; y he aquí la estrella que habían visto en el oriente iba delante de ellos, hasta que llegando, se detuvo sobre donde estaba el niño. Y al ver la estrella, se regocijaron con muy grande gozo. Y al entrar en la casa, vieron al niño con su madre María, y postrándose, lo adoraron; y abriendo sus tesoros, le ofrecieron presentes: oro, incienso y mirra” (Mateo 2:1-11). 
       
Aquí hay otro acontecimiento sobrenatural; los reyes del oriente llegando hasta el niño por haber visto su estrella.
        
Es probable que ellos hubieran leído las Escrituras y sabían que era el tiempo del nacimiento del Mesías, al cual llaman el rey de los judíos.
        
Al consultar en Jerusalén acerca del lugar de su nacimiento, los sacerdotes le dicen que iba a nacer en Belén, tal como había sido profetizado por Miqueas, como ya vimos antes.
        
Ellos siguieron su camino y llegaron hasta el lugar mismo donde estaba Jesús, guiados por una estrella.
        
Otro acontecimiento sobrenatural fue lo que le pasó a los pastores de Belén: “Había pastores en la misma región, que velaban y guardaban las vigilias de la noche sobre su rebaño. Y he aquí, se les presentó un ángel del Señor, y la gloria del Señor los rodeó de resplandor; y tuvieron gran temor. Pero el ángel les dijo: No temáis; porque he aquí os doy nuevas de gran gozo, que será para todo el pueblo: que os ha nacido hoy, en la ciudad de David, un Salvador, que es CRISTO el Señor. Esto os servirá de señal: Hallaréis al niño envuelto en pañales, acostado en un pesebre. Y repentinamente apareció con el ángel una multitud de las huestes celestiales, que alababan a Dios, y decían: ¡Gloria a Dios en las alturas, Y en la tierra paz, buena voluntad para con los hombres! Sucedió que cuando los ángeles se fueron de ellos al cielo, los pastores se dijeron unos a otros: Pasemos, pues, hasta Belén, y veamos esto que ha sucedido, y que el Señor nos ha manifestado. Vinieron, pues, apresuradamente, y hallaron a María y a José, y al niño acostado en el pesebre. Y al verlo, dieron a conocer lo que se les había dicho acerca del niño. Y todos los que oyeron, se maravillaron de lo que los pastores les decían. Pero María guardaba todas estas cosas, meditándolas en su corazón. Y volvieron los pastores glorificando y alabando a Dios por todas las cosas que habían oído y visto, como se les había dicho” (Lucas 2:8-20).
        
Aquí los pastores recibieron un mensaje de un ángel, que había nacido el salvador del mundo.
        
Luego un coro de ángeles les dice que la gracia de Dios había traído al salvador del mundo, que venía un cambio, el favor de Dios estaba disponible a todos los hombres por medio de Jesús.
        
Un último acontecimiento fue lo que sucedió en la presentación de Jesús al templo en Lucas 2:21-37: “Cumplidos los ocho días para circuncidar al niño, le pusieron por nombre JESÚS, el cual le había sido puesto por el ángel antes que fuese concebido. Y cuando se cumplieron los días de la purificación de ellos, conforme a la ley de Moisés, le trajeron a Jerusalén para presentarle al Señor (como está escrito en la ley del Señor: Todo varón que abriere la matriz será llamado santo al Señor), y para ofrecer conforme a lo que se dice en la ley del Señor: Un par de tórtolas, o dos palominos. Y he aquí había en Jerusalén un hombre llamado Simeón, y este hombre, justo y piadoso, esperaba la consolación de Israel; y el Espíritu Santo estaba sobre él. Y le había sido revelado por el Espíritu Santo, que no vería la muerte antes que viese al Ungido del Señor. Y movido por el Espíritu, vino al templo. Y cuando los padres del niño Jesús lo trajeron al templo, para hacer por él conforme al rito de la ley, él le tomó en sus brazos, y bendijo a Dios, diciendo: Ahora, Señor, despides a tu siervo en paz, conforme a tu palabra; porque han visto mis ojos tu salvación, la cual has preparado en presencia de todos los pueblos; luz para revelación a los gentiles, y gloria de tu pueblo Israel. Y José y su madre estaban maravillados de todo lo que se decía de él. Y los bendijo Simeón, y dijo a su madre María: He aquí, éste está puesto para caída y para levantamiento de muchos en Israel, y para señal que será contradicha (y una espada traspasará tu misma alma), para que sean revelados los pensamientos de muchos corazones. Estaba también allí Ana, profetisa, hija de Fanuel, de la tribu de Aser, de edad muy avanzada, pues había vivido con su marido siete años desde su virginidad, y era viuda hacía ochenta y cuatro años; y no se apartaba del templo, sirviendo de noche y de día con ayunos y oraciones. Esta, presentándose en la misma hora, daba gracias a Dios, y hablaba del niño a todos los que esperaban la redención en Jerusalén.”
        
Aquí hay dos ancianos que dan testimonio de que Jesús es el Mesías que iba a venir al mundo.
        
Es interesante la profecía de Simeón, quien no era un profeta, sino un hombre justo, y quien había recibido por revelación que antes de morir vería al Mesías. Él reconoció que Jesús era el Mesías.
        
Su profecía es muy poderosa pues no solo nos habla del ministerio de Jesús, sino de que también alcanzaría a los gentiles. Además nos dice de la forma de su muerte y que iba a ser atravesado por una espada.
        
Además vemos el testimonio de la profetisa Ana, quien tenía más de 100 años, quien daba testimonio de Jesús a todos los que esperaban la venida del Mesías.



miércoles, 29 de agosto de 2018

Conociendo a Jesús - Parte 4 - 12 Sectas de inicios del Cristianismo que atacaron la Deidad de Jesús


Desde inicios del cristianismo, tal como sucede hoy, se levantaron grupos que trataron de desviar a la iglesia cristiana en cuanto la Deidad de Jesús, conozcámolos, ya que los mismos errores se repiten hoy.

En esta clase veremos 12 sectas que trajeron falsa doctrina en los inicios del cristianismo, no son todas, pero si las que trajeron mayores problemas a la iglesia que recién empezaba.


1. Docetismo (70 – 170 DC)

Esta es una herejía gnóstico que aparece durante el primer siglo del cristianismo que Juan combatió en su primera epístola.

La herejía docética toma este nombre de la raíz griega dokéō, que significa“parecer o parecerle a uno”.

Según esta creencia, Jesús no era humano porque no tenía un cuerpo humano. Su humanidad era una ilusión porque Jesús era sólo divino.

Afirmaban que Cristo no sufrió la crucifixión, ya que su cuerpo sólo era aparente y no real. Incluso el filósofo gnóstico Basílides para poder explicar el traslado de la cruz, afirmaba que fue Simón de Cirene y no Cristo quien la cargó.

El docetismo fue un error con muchas variaciones acerca de la naturaleza de Cristo. Generalmente, éste enseñaba que Jesús sólo parecía tener un cuerpo y que no era realmente encarnado.

Este error veía a la materia como intrínsecamente maligna, que Dios no podía estar asociado con la materia y de que Dios, siendo perfecto e infinito, no podía sufrir. Por lo tanto, Dios por ser la Palabra, no podía haber venido en carne de acuerdo a Juan 1:1,14: “En el principio era la Palabra, y la Palabra estaba con Dios y la Palabra era Dios…Y la Palabra se convirtió en carne y habitó entre nosotros…”

Esta negación de la verdadera encarnación significaba que Jesús en realidad no sufrió en la cruz y por lo tanto no se levantó de los muertos.

Es esta idea la que el apóstol Juan quiere desestimar cuando escribe: “Lo que era desde el principio, lo que hemos oído, lo que hemos visto con nuestros ojos, lo que hemos contemplado, y palparon nuestras manos tocante al Verbo de vida” (1 Juan 1:1).

Esta herejía tiene su raíz en la influencia platónica, que afirma que las ideas son las únicas realidades y que nuestro mundo es sólo un reflejo, una imagen; además, se nutría de la idea, hasta cierto punto generalizada en aquella época, de que la materia era corrupta, como enseñaban los griegos: "el cuerpo es la cárcel del espíritu".

La doctrina docética, enraizada también en el dualismo gnóstico, dividía los conceptos de cuerpo y espíritu, atribuyendo al cuerpo todo lo temporal, ilusorio y corrupto y al espíritu todo lo eterno, real y perfecto; por ese motivo es que sostenían que el cuerpo de Cristo fue tan sólo una ilusión y que, de igual modo, su crucifixión existió más que como una apariencia.

El Islam también conserva este punto de vista y sostiene que el cuerpo del profeta Isa (el nombre con que conocen a Jesucristo) sólo fue crucificado como una ilusión.

El principio básico del Docetismo fue refutado por el Apóstol Juan en 1 Juan 4:2-3: “En esto conoced el Espíritu de Dios: Todo espíritu que confiesa que Jesucristo ha venido en carne, es de Dios; y todo espíritu que no confiesa que Jesucristo ha venido en carne, no es de Dios; y este es el espíritu del anticristo, el cual vosotros habéis oído que viene, y que ahora ya está en el mundo.”

En 2 Juan 7 también refuta esta doctrina: “Porque muchos engañadores han salido por el mundo, que no confiesan que Jesucristo ha venido en carne. Quien esto hace es el engañador y el anticristo.”

Ignacio de Antioquia escribe a la iglesia de Esmirna que Jesucristo "es verdaderamente del linaje de David según la carne, pero Hijo de Dios por la voluntad y poder divinos, verdaderamente nacido de una virgen y bautizado por Juan para que se cumpliera en Él toda justicia, verdaderamente clavado en cruz en la carne por amor a nosotros bajo Poncio Pilato y Herodes el Tetrarca (del cual somos fruto, esto es, su más bienaventurada pasión); para que Él pueda alzar un estandarte para todas las edades por medio de su resurrección, para sus santos y sus fieles, tanto si son judíos como gentiles, en el cuerpo único de su Iglesia. Porque Él sufrió todas estas cosas por nosotros [para que pudiéramos ser salvos]; y sufrió verdaderamente, del mismo modo que resucitó verdaderamente; no como algunos que no son creyentes dicen que sufrió en apariencia, y que ellos mismos son mera apariencia. Y según sus opiniones así les sucederá, porque son sin cuerpo y como los demonios".

El Docetismo fue finalmente condenado en el Concilio de Calcedonia en 451.


2. Ebionismo (70 – 325 DC)

Esta es otra secta gnóstica que decía que Jesús fue un hombre que recibió el Espíritu de Dios cuando se fue bautizado por Juan en el rió Jordán. Entonces el Espíritu de Dios puso en él poder de lo alto para hacer la obra mesiánica. Jesús fue un hombre con un espíritu dotado.

Su nombre se deriva del término hebreo ebion, que significa "pobre".

Esta corriente del cristianismo primitivo es el nombre con el que eran conocidas algunas comunidades cristianas primitivas que se mantenían fieles a la Ley mosaica, cumpliendo preceptos judíos tales como la circuncisión, el sábado, las prohibiciones alimenticias, entre otras.

También tenían una cristología incorrecta afirmaban que Jesús era el Mesías ("Cristo"), pero rechazaban su preexistencia, que tuviera naturaleza divina y también rechazaban su nacimiento virginal.

Consideraban sagrados los libros del Tanaj (Antiguo Testamento) y un Evangelio escrito en Hebreo, que era considerado como el verdadero Evangelio de Mateo (porque no era exactamente igual al Evangelio según Mateo en Griego), al que llamaban "Evangelio según los Hebreos".

Rechazaban tajántemente los escritos del apóstol Pablo, porque lo consideraban un apóstata de la Ley.

En el año 140 DC., Justino Mártir describe una secta alejada de la iglesia que observa la Ley de Moisés, y que la sostienen como obligación universal.

En el 180 DC., Ireneo de Lyon fue el primero en usar el término "Ebionitas" para describir esta secta herética y judaizante, que calificaba como tercamente aferrados a la ley.

En esta secta vemos ideas de muchas sectas actuales, el hecho de que Jesús era un hombre y no Dios, pero por su bautismo con Juan fue dotado para su obra mesiánica me recuerda a los Pare de Sufrir, y a los Testigos de Jehová, su terco aferramiento a la ley me recuerda a los adventistas y otras sectas.


3. Monarquismo Dinámico (II siglo)

Esta falsa doctrina decía que Jesús en su naturaleza no era Dios; afirmaban que Dios existió en Jesús como existe en nosotros; es decir,  Jesús era un ser inferior y subordinado a Dios; un ser humano que llegó a ser el Hijo de Dios a causa de la sabiduría divina o el Logos que habitaba en El.

El Monarquismo Dinámico o Dinamista, fue sucesor del ebionismo, que afirmaba que Jesús era el judío elegido como Mesías por Dios, y por los alogos o alogi, que habían rechazado tanto la doctrina sobre el LOGOS como la doctrina del Espíritu Santo, no dejando así aparentemente lugar alguno para una diferenciación en Dios, es decir eran antitrinitarios.

Según el monarquianismo dinámico, existía en el ser humano llamado Jesús una fuerza impersonal (dunamis) que provenía de Dios. Este poder no constituía una diferenciación personal entre Dios y el ser humano Jesús, sino que se trataba de la presencia impersonal del Único Dios.

Teodoto, el curtidor de Bizancio que se traslado a Roma y fue excomulgado allí por el 195 DC., hizo hincapié en la naturaleza y vida humana de Jesús, así como los relatos de los sinópticos.

Enseñó que Jesús fue dotado en su bautismo de un poder sobrenatural. Aceptaba el nacimiento milagroso y la resurrección de Jesús, pero rehusaba aplicarle el titulo de Dios.

Artemon de Roma reconocía el nacimiento sobrenatural, la superior virtud, la falta de pecado y la dignidad única de Jesús, pero llego a la conclusión de que era un ser humano y no Dios.

El monarquianismo dinámico llego a su mayor expresión con Pablo de Samosata, el obispo de Antioquia cuyas enseñanzas fueron condenadas por un sínodo en Antioquia en 269.

Sostenía la unipersonalidad de Dios y negaba la existencia de una hupostasis del logos o de la sabiduría de Dios. El logos, el Hijo y el Espíritu eran entendidos como atributos de Dios.

Al decir esto, Jesús no era Dios sino un mero hombre, en el cual el logos, una Dunamis (Fuerza) impersonal proyectada por Dios desde la eternidad, tomó morada en Jesús y creció en el transcurso de su desarrollo hasta que finalmente por su medio obtuvo cierto grado de divinidad. Sin embargo, la única unión existente entre Jesús y Dios era moral

4. Patripasianismo (III siglo)

Esta enseñanza decía que el Padre se encarnó, sufrió, y murió; es decir. El Padre se convirtió en su propio hijo.

Esta doctrina propuso un monoteísmo de Dios Padre en relación con el cual Jesús fue visto como un simple hombre que fue dotado con el Espíritu Santo.

Esta opinión fue refutada por Hipólito, que condenó la enseñanza como un intento innovador para racionalizar la Escritura de acuerdo a los sistemas de lógica Helénica (más probable que impartido por el filósofo y médico Galeno).

Era una forma más avanzada del monarquismo dinámico. Al despersonalizar al Logos simplemente como el raciocinio de Dios, los llevó a formular una doctrina de la igualdad del Logos y el Padre que niega completamente la subsistencia personal de la Palabra preencarnada; además enseñaban que el Espíritu Santo no es una persona, sino simplemente una manifestación de la gracia del Padre.

Creo que podríamos nombrar más de una secta que piensan así hoy.


5. Modalismo-Sabelianismo (III siglo)

Esta secta enseñaba que existen tres modos del Padre, Hijo, y Espíritu Santo. Sólo existe un Dios y el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo no son distintos porque son tres manifestaciones de un solo Dios.

El Modalismo es un término usado para describir una posición estrictamente monoteísta presente en los cristianos de los primeros siglos, donde Dios es definido como un Espíritu Único e Indivisible, que se manifiesta al hombre de diversos modos y que fue manifestado en carne como Jesucristo con el propósito de redimir al hombre.

Las ideas modalistas alcanzaron una difusión notable entre los cristianos de los siglos II y III, ya que Tertuliano, que era trinitario, escribió una de sus principales obras teológicas, Contra Praxeas, específicamente para refutar esta doctrina. Fue en este documento donde Tertuliano utilizó por vez primera el término Trinidad.

En la obra "Contra Práxeas", Tertuliano reconoció que el modalismo era la creencia dominante de su tiempo. En el capítulo III de esta obra (capítulo titulado "varios de los miedos y prejuicios populares") expuso que el modalismo constituía la creencia de la mayoría de creyentes de finales del siglo II y principios del siglo III.

El modalismo, también fue conocido como monarquianismo modalístico. La palabra monarca, enfatizaba que el Rey del universo es uno solo, y modalismo que Dios se ha manifestado al hombre de diversos modos. El monarquianismo modalístico identificaba a Jesucristo como Dios mismo (el Padre) manifestado en carne.

Esta doctrina está presente el día de hoy, pareciéndose a la doctrina trinitaria, pero diferenciándose en el hecho de que hablan de un solo Dios en sus tres modos, en lugar de un solo Dios pero en tres personas.


6. Arrianismo (III a IV siglo)

La enseñanza principal de este grupo era que Jesús era menor de Dios pero más alto que el hombre. Así que fue la primera creación de Dios. Jesús era semidivino.

El arrianismo es el conjunto de doctrinas cristianas desarrolladas por Arrio, sacerdote de Alejandría, probablemente de origen libio, así como por algunos de sus discípulos y simpatizantes.

Según la teología arriana, Cristo era la primera criatura creada por Dios, pero no era Dios en sí mismo. Una vez que la Iglesia definió el dogma de la divinidad del Hijo y, posteriormente, de la Trinidad, el arrianismo fue condenado como una herejía.

Este término también se utiliza en ocasiones de forma inexacta para aludir a aquellas doctrinas que expresen negación de la naturaleza divina de Jesús.

El conflicto que entrañaban las enseñanzas y predicaciones de Arrio radicaba en el modo en que configuraba las relaciones entre Dios y su Hijo, el Verbo hecho Hombre.

Según los arrianistas, el Hijo de Dios, segunda persona de la Trinidad, no gozaba de la misma esencia del Padre, sino que se trataba de una divinidad subordinada o de segundo orden, puesto que había sido engendrado como mortal, afirmación que se fundamentaba en antiguos escritos del cristianismo y en especial en algunos comentarios de Orígenes.

Para Arrio y sus seguidores, la esencia de Dios, fuente rectora del cosmos, creadora y no originada, existe por la eternidad; convertía al Verbo en una criatura que gozaba de la condición divina, en efecto, pero en cualquier caso en la medida en que el Verbo participaba de la gracia, y siempre subordinado al Padre y a su voluntad.

Las enseñanzas de Arrio fueron condenadas en el año 325 en el primer Concilio ecuménico de Nicea. Los 318 obispos reunidos allí redactaron un credo que establecía que el Hijo de Dios era “concebido, no hecho”, y consustancial (en griego, homoousios, de la misma sustancia) con el Padre; esto es, el Hijo formaba parte de la Trinidad, no de la creación. Previamente, ningún credo había sido aceptado con carácter universal por todas las iglesias. La condición del nuevo credo como dogma fue confirmada por prohibiciones en contra de la enseñanza de Arrio.

A pesar de su condena, la enseñanza de Arrio no se extinguió. En parte se debía a la interferencia de las políticas imperiales. El emperador Constantino I revocó la orden de exilio que pesaba sobre Arrio alrededor del 334. Poco después, dos personas influyentes salieron en defensa del arrianismo: el nuevo emperador, Constancio II, que se vio atraído por la doctrina arriana, y el obispo y teólogo Eusebio de Nicomedia, posteriormente patriarca de Constantinopla, también se convirtió en líder arriano.

En el año 359 el arrianismo había prevalecido y se convirtió en la fe oficial del Imperio. Sin embargo, las luchas internas dividieron a los arrianos en dos partidos. Los arrianos moderados consistían sobre todo en obispos del este conservador, quienes básicamente se pusieron de acuerdo con el credo de Nicea pero dudaban acerca del término improvisado homoousios (consustancial) utilizado en el credo. Los neoarrianos defendían que el Hijo tenía una esencia diferente (en griego heteroousios), o que no se asemejaba, al Padre (en griego anomoios). Este grupo también incluía el Neumatómacos (combatientes en contra del Espíritu), quienes afirmaban que el Espíritu Santo es una criatura como el Hijo. Con la muerte de Constancio II en 361, y el reinado de Valente, quien persiguió a los moderados, se había abierto una vía para que la ortodoxia de Nicea obtuviera la victoria final, reconocida por el emperador Teodosio en el año 379 y reafirmada en el Segundo Concilio Ecuménico (Constantinopla I) celebrado en 381.


7. Apolinarianismo (IV siglo)

Según este grupo, Jesús no tenía una mente humana. Su sitio fue reemplazado por el “Logos”. Jesús era divino pero tenía una naturaleza humana.

Esta herejía le debe su nombre a que fue enseñada por Apolinario el Joven, obispo de Laodicea en Siria alrededor del año 361.

Enseñaba que el Logos de Dios, el cual se convirtió en la naturaleza divina de Cristo tomó el lugar de Su alma humana racional; mientras que Su cuerpo fue una forma glorificada de la naturaleza humana.

En otras palabras, aún cuando Jesús era un hombre, Él no tenía una mente humana, sino que era exclusivamente divina.

Apolinario enseñó que las dos naturalezas de Cristo no podían existir dentro de una persona. Su solución era menoscabar la naturaleza humana de Cristo.

Esta herejía niega la verdadera y completa humanidad en la persona de Jesús, lo cual pone en peligro el valor de la expiación ya que en ésta, Jesús es declarado tanto Dios y hombre para poder llevar a cabo este acto.

Él necesitaba ser Dios para ofrecer un sacrificio puro y santo de valor suficiente; y necesitaba ser un hombre para poder morir por los hombres.

Jesús es totalmente Dios y hombre. Esto se conoce como la Unión Hipostática.

Juan 1:1, 14 es bien claro: “En el principio era el verbo, y el verbo estaba con Dios y el verbo era Dios…y y el verbo se hizo carne y habitó entre nosotros…”; y Colosenses 2:9 lo confirma: “Porque en Él habita corporalmente toda la plenitud de la deidad.”

Lo más ilógico de esta doctrina, es que cuando Apolinario negó que Cristo tenga un alma humana cambiando su lugar por el Logos divino; Jesús vino a ser humano sólo en dos partes.

El consideraba el alma humana como el asiento del pecado; entonces, como Cristo no tenía pecado, no podía haber poseído un alma humana.

Esta teoría fue condenada por el Concilio de Constantinopla en el 381 DC.

8. Nestorianismo (IV siglo)

Esta enseñanza es una prueba que queriendo hacer algo bueno hacemos algo peor; Nestorio, queriendo combatir las enseñanzas de Apolinario, enseñaba que Jesús era humano y divino y que estas esencias eran separadas. Jesús tenía dos naturalezas que consistían en 2 personas; es decir, tenía una personalidad doble.

El nestorianismo, también conocido como Difisismo, es una doctrina que considera a Cristo radicalmente separado en dos personas, una humana y una divina, completas ambas de modo tal que conforman dos entes independientes, dos personas unidas en Cristo, que es Dios y hombre al mismo tiempo, pero formado de dos personas distintas.

Nestorio sostenía principalmente que Cristo era un hombre en el que había ido a habitar Dios, escindiendo la persona divina de la persona humana.


9. Eutiquianismo (V siglo)

Esta enseñanza decía que la naturaleza humana y divina de Jesús creó una tercera naturaleza.

La doctrina errónea de Eutiques es similar al monofisismo. Sostiene que las naturalezas divina y humana de Jesucristo estaban de tal manera confundidas entre sí que se hacían indistinguibles.

Como resultado, Cristo no sería verdaderamente capaz de relacionarse ni identificarse plenamente con nosotros; ni tampoco sería verdadera y plenamente divino ni humano. Por tanto, sería incapaz de actuar como el perfecto mediador entre Dios y el hombre, o de realmente pagar el precio por nuestros pecados.


10. Monofisismo (V siglo)

Esta secta decía que Jesús era de una naturaleza divina y una naturaleza humana y estas dos se formaron en una naturaleza mixta.

El monofisismo (del griego monos, “uno”, y physis, “naturaleza”) es una doctrina teológica que sostiene que en Jesús sólo está presente la naturaleza divina, pero no la humana.

El dogma cristiano sostiene que en Cristo existen dos naturalezas, la divina y la humana sin separación y sin confusión; sin embargo, el monofisismo mantiene que en Cristo existen las dos naturalezas, sin separación pero confundidas, de forma que la naturaleza humana se pierde, absorbida, en la divina.


11. Monotheletismo (VII siglo)

Este grupo decía que Cristo tenía dos naturalezas, una humana y la otra divina, pero su voluntad era sola divina. De ese modo la humanidad de Cristo era deficiente porque la faltaba una voluntad humana.

En comparación con los otros, este fue un error de menor grado, pero al mismo tiempo serio. Alegaba que aunque Cristo posela dos naturalezas, sin embargo, tenía una sola voluntad (mono, uno; thelema, voluntad).

La iglesia cristiana enseña que Cristo tiene dos voluntades, la humana y la divina.


12. Adopcionismo (VIII siglo)

Este grupo decía que cuando el Espíritu Santo cubrió Jesús durante su bautismo, él fue adoptado a la divinidad de Dios. Jesús era un hombre que llegó a ser Dios.

El adopcionismo es la doctrina según la cual Jesús era un ser humano, elevado a categoría divina por designio de Dios por su adopción, o bien al ser concebido, o en algún momento a lo largo de su vida, o tras su muerte.

Decían que Cristo era el Hijo de Dios en cuanto a su naturaleza divina, pero como hombre sólo fue aceptado por ser el primer Hijo nacido de Dios.

Esta doctrina iba en contra del encarnacionismo, según la cual Jesús desde siempre había sido Hijo de Dios (concretamente la Segunda Persona de Dios) y que es la que enseña la Biblia.


Conclusión

Como hemos visto, estas sectas atacaron principalmente a la persona de Jesucristo, de modo que hacían inefectiva la obra de salvación por nosotros.

También atacaron la doctrina de la trinidad diciendo que Dios era uno y que tanto Jesús como el Espíritu Santo eran manifestaciones de Dios o en el mejor de los casos semidioses.