sábado, 3 de mayo de 2014

El Creyente y las Autoridades Civiles

El Creyente y las Autoridades Civiles

Romados 13:1-3 (Biblia Expandida de Fe)
1 Cada alma, es decir, toda persona y cada uno de ustedes deben acatar fielmente, obedecer respetar y someterse a las autoridades civiles y públicas que están constituidas, ejercen el poder y gobiernan. Porque no hay gobierno en la tierra que haya llegado a ejercer su autoridad sin el permiso de Dios (ya que Dios mismo es la fuente de toda autoridad), y, en consecuencia, por Él han sido constituidas, dispuestas, establecidas, instituidas y ordenadas las que actualmente existen.
2 Es por eso, que todo el que se opone y resiste a la autoridad se está rebelando contra el orden que Dios ha establecido e instituido. Como consecuencia de esto, los que son rebeldes y se resisten a la autoridad atraerán y recibirán castigo, condenación y juicio sobre sí mismos.
3 Las autoridades civiles, los magistrados y los gobernantes no tienen por oficio aterrorizar ni intimidar a los que hacen lo bueno (cumpliendo sus obligaciones y conduciéndose rectamente), sino a los que hacen lo malo. ¿Quieres vivir sin miedo a la autoridad? Entonces sencillamente haz lo bueno, y recibirás su alabanza y su aprobación.

En el capítulo anterior de Romanos Pablo había estado tratando el tema de las responsabilidades y obligaciones mutuas de los cristianos en el Cuerpo de Cristo, pero ahora de repente se lanza a unada un giro y empieza a discutir acerca de las obligaciones del cristiano al gobierno humano bajo el que vive.

Dios no quiere tan solo que seamos buenos creyentes sino también buenos ciudadanos, respetando las leyes y teniendo la conducta apropiada.

Jesús mismo nos enseño que debíamos respetar las leyes humanas.

Lucas 20:19-25
19 Procuraban los principales sacerdotes y los escribas echarle mano en aquella hora, porque comprendieron que contra ellos había dicho esta parábola; pero temieron al pueblo.
20 Y acechándole enviaron espías que se simulasen justos, a fin de sorprenderle en alguna palabra, para entregarle al poder y autoridad del gobernador.
21 Y le preguntaron, diciendo: Maestro, sabemos que dices y enseñas rectamente, y que no haces acepción de persona, sino que enseñas el camino de Dios con verdad.
22 ¿Nos es lícito dar tributo a César, o no?
23 Mas él, comprendiendo la astucia de ellos, les dijo: ¿Por qué me tentáis?
24 Mostradme la moneda. ¿De quién tiene la imagen y la inscripción? Y respondiendo dijeron: De César.
25 Entonces les dijo: Pues dad a César lo que es de César, y a Dios lo que es de Dios.

Había sido muy astuta la manera en que los líderes religiosos y los escribas se acercaron a Jesús con la cuestión del tributo, pero la respuesta de Jesús lo fue mucho más; "Dad a César lo que es de César y a Dios lo que es de Dios".

Si nosotros estamos sometidos a Dios pero igualmente debemos someternos a las autoridades.

En toda sociedad ordenada debe haber autoridad y la sumisión a la autoridad. De lo contrario, tendríamos un estado de anarquía, y no se puede sobrevivir indefinidamente en la anarquía. Cualquier gobierno es mejor que ningún gobierno. Así que Dios ha instituido el gobierno humano, y ningún gobierno existe aparte de Su voluntad. Esto no quiere decir que Él aprueba de todo lo que hacen los gobernantes humanos. Desde luego, no aprueba la corrupción, la brutalidad y la tiranía. Pero el hecho es que las que hay, son designados por Dios.

Es en ese sentido que debemos someternos a ellas, ¿de que manera? obedeciendo las leyes.

Las leyes no están hechas para nuestro mal sino para nuestro bien. Por ejemplo, los semáforos, estos aparatos que muestran las luces verde, ámbar y roja nos permita que haya un ordenamiento vehicular, evita muchos accidentes y permite que los peatones puedan cruzar la pista sin arriesgar su vida.

Esto sucede con las demás leyes, nos permiten vivir de manera adecuada.

Por otro lado, los gobernantes no están para infundir temor ni aterrorizarnos, sino el cumplimiento de la ley, por eso Pablo aconseja, que si queremos vivir sin temor a la ley hagamos lo que es correcto y sometámonos a ella.

La única excepción es cuando nos pide que hagamos algo que esté en contra de la Biblia.