jueves, 16 de marzo de 2017

Los campos están blancos para la siega


Juan 4:35-38
35 ¿No decís vosotros: Aún faltan cuatro meses para que llegue la siega? He aquí os digo: Alzad vuestros ojos y mirad los campos, porque ya están blancos para la siega.
36 Y el que siega recibe salario, y recoge fruto para vida eterna, para que el que siembra goce juntamente con el que siega.
37 Porque en esto es verdadero el dicho: Uno es el que siembra, y otro es el que siega.
38 Yo os he enviado a segar lo que vosotros no labrasteis; otros labraron, y vosotros habéis entrado en sus labores.

Aquí Jesús nos dice que los campos están blancos para la siega, la cosecha ya está lista.

El evangelio ha sido predicado desde hace 2000 años, mucha gente ha dado su vida por él, y lo sigue haciendo hoy.

Hemos entrado en las labores que otros empezaron, hubo gente que se sacrificó por llevar este glorioso Evangelio que predicamos.

Hace 30 años conocía un pastor anciano en Arequipa, me contó que hacía 50 años había predicado 52 domingos en la Plaza de Armas de Arequipa, y 52 domingos durmió en la cárcel.

En 1950 Gordon Lindsay trajo al Perú al evangelista Clifton Erickson para hacer una campaña en Lima en el Estadio Nacional y a los 5 días vino la policía para arrestarlos y tuvieron que huir a Trujillo donde empezaron otra campaña y pasó lo mismo, tuvieron que huir a su país. Pero gracias a Dios se convirtieron 5000 personas esas 2 semanas.

Estamos entrando en las labores de otros.

Yo conocí al Señor a los 17 años, unos meses antes que comience el avivamiento carismático entre los jóvenes de Lima de los años 80.

Uno de los momentos más importantes de mi vida ocurrió cuando me encontraba con un amigo del colegio que se había convertido un mes antes que yo, le estábamos compartiendo el evangelio a otro compañero, y yo con mi mes y medio de creyente estaba aprendiendo, escuchaba cosas que no había oído antes. De pronto lo llaman para su estudio bíblica y él me deja diciéndome: “Si quieres síguele predicando.” Yo pensé: “¿Y ahora qué hago? Pablo ya le dijo todo lo que sabía y mucho más.”

Entonces no me di cuenta pero ahora sé que fue el Espíritu Santo quien me dio la idea, así que le dije: “Iván, Pablo ya te dijo todo lo que se debe saber del cristianismo, ¿quieres recibir a Jesús?” Me dijo que si, oramos juntos y el recibió a Jesús.

No lo sabía entonces pero ese fue el primero de miles que han recibido a Jesús conmigo, predicando de persona a persona. Quince días después recibí el bautismo con el Espíritu Santo y ocurrió una revolución en mi vida, de pronto estaba hablando de Jesús con todos; como dijo Jesús en Hechos 1:8 recibí el poder de Dios para testificar, y eso es lo que hago desde entonces, trato de no desaprovechar toda oportunidad que tenga.

Una cosa que me he dado cuenta todos estos años es que la gente está lista para recibir el maravilloso regalo de la salvación, solo tenemos que acercarnos sin temor y darles las buenas nuevas del evangelio.