sábado, 7 de mayo de 2016

Encontrando tu lugar dentro de tu iglesia local


Los Dones de Función

1 Pedro 4:10-11
10 Cada uno según el don que ha recibido, minístrelo a los otros, como buenos administradores de la multiforme gracia de Dios.
11 Si alguno habla, hable conforme a las palabras de Dios; si alguno ministra, ministre conforme al poder que Dios da, para que en todo sea Dios glorificado por Jesucristo, a quien pertenecen la gloria y el imperio por los siglos de los siglos. Amén.

En esta enseñanza veremos los dones de función; lo que son y cual nos repartió Dios.

Romanos 12:3-8 (Biblia Textual)
3 Ordeno pues, por la gracia que me fue dada, a cada cual que está entre vosotros, que no piense más altamente de lo que debe pensar, sino que piense con sobriedad, según la medida de fe que Dios dio a cada uno.
4 Porque así como en un cuerpo tenemos muchos miembros, pero no todos los miembros tienen la misma función;
5 así los muchos somos un cuerpo en Cristo, y cada uno, miembros los unos de los otros.
6 De manera que teniendo diferentes dones, según la gracia que nos fue dada, si es de profecía, úselo según la analogía de la fe;
7 si diaconado, en el servicio; el que enseña, en la enseñanza,
8 el que exhorta, en la exhortación; el que comparte, con generosidad; el que cuida de los demás, con diligencia; el que hace misericordia, con alegría.

En este pasaje encontramos los DONES DE FUNCIÓN o DONES DE SERVICIO.

La palabra don que se usa aquí es charismata, que significa “un don de gracia”; charisma se define como la habilitación instantánea del Espíritu Santo en la vida de cualquier creyente para ejercer un don para la edificación de los demás.

Estos dones son gracias con las que Dios equipa a cada creyente para cumplir con su función o servicio dentro del cuerpo local al que pertenezcan.

Estos no son los dones del Espíritu de 1 Corintios 12:7-11, ni tampoco los dones ministeriales de 1 Corintios 12:28-30 y Efesios 4:11.

Los dones del Espíritu son manifestaciones dadas por el Espíritu Santo cuando él desea que son canalizadas a través de un creyente para ministrar a otra persona.

1 Corintios 12:7-11
7 Pero a cada uno le es dada la manifestación del Espíritu para provecho.
8 Porque a éste es dada por el Espíritu palabra de sabiduría; a otro, palabra de ciencia según el mismo Espíritu;
9 a otro, fe por el mismo Espíritu; y a otro, dones de sanidades por el mismo Espíritu.
10 A otro, el hacer milagros; a otro, profecía; a otro, discernimiento de espíritus; a otro, diversos géneros de lenguas; y a otro, interpretación de lenguas.
11 Pero todas estas cosas las hace uno y el mismo Espíritu, repartiendo a cada uno en particular como él quiere.

No son dones que son inherentes en ti, no parten ni nacen de ti, sino que se manifiestan cuando el Espíritu Santo quiere en beneficio de la iglesia.

Tampoco son los dones del ministerio de Efesios 4:11, que estos si son capacidades que Dios da a la persona para cumplir un oficio específico dentro del Cuerpo de Cristo.

Efesios 4:7-12
7 Pero a cada uno de nosotros fue dada la gracia conforme a la medida del don de Cristo.
8 Por lo cual dice: Subiendo a lo alto, llevó cautiva la cautividad, y dio dones a los hombres.
9 Y eso de que subió, ¿qué es, sino que también había descendido primero a las partes más bajas de la tierra?
10 El que descendió, es el mismo que también subió por encima de todos los cielos para llenarlo todo.
11 Y él mismo constituyó a unos, apóstoles; a otros, profetas; a otros, evangelistas; a otros, pastores y maestros,
12 a fin de perfeccionar a los santos para la obra del ministerio, para la edificación del cuerpo de Cristo.

La palabra dones en Efesios 4 es doma; que son regalos, estos regalos son personas que Dios capacitó con oficios específicos para equipar y edificar a los creyentes.

Algo más respecto a estos dones es que no son, como dice la enseñanza de los dones de motivación, basados en nuestro carácter y personalidad, pues son gracias (CHARISMATA en griego), así que no vienen de nosotros pero se manifiestan a través de nosotros.


Estos dones son gracias, capacidades especiales, si quieren decir, poderes dados por Dios con el propósito de habilitarnos para cumplir nuestra función o servicio dentro del cuerpo de Cristo, en particular, en la iglesia local a la cual pertenecemos, para ministrar a otros.