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martes, 23 de julio de 2013

Lo que es la Fe 9 - Dos Tipos de Incredulidad

Dos Tipos de Incredulidad


Incredulidad Basada en la Falta de Conocimiento de la Palabra de Dios

En Romanos 10:17 dice: “Así que la fe es por el oír, y el oír, por la palabra de Dios”; es decir, la fe llega a nosotros cuando adquirimos conocimiento de la Palabra de Dios; luego, la falta de conocimiento de la Palabra de Dios producirá el efecto contrario, la incredulidad.

Oseas 4:6
6 Mi pueblo fue destruido, porque le faltó conocimiento. Por cuanto desechaste el conocimiento, yo te echaré del sacerdocio; y porque olvidaste la ley de tu Dios, también yo me olvidaré de tus hijos.

La falta de conocimiento de la Palabra de Dios trae como resultado que no tengamos fe para recibir lo que necesitamos de Dios. Esa es la razón por la que mucha gente no puede recibir lo que Dios ha provisto para ellos.
Es triste, pero hay muchas cosas que nos han pasado porque no sabíamos entonces lo que conocemos ahora; por eso debemos pasar mas y mas tiempo en la Palabra de Dios.
¿Cuál es la cura para la incredulidad por ignorancia?

Josué 1:8
8 Nunca se apartará de tu boca este libro de la ley, sino que de día y de noche meditarás en él, para que guardes y hagas conforme a todo lo que en él está escrito; porque entonces harás prosperar tu camino, y todo te saldrá bien.

Salmo 1:1-3
1 Bienaventurado el varón que no anduvo en consejo de malos, Ni estuvo en camino de pecadores, Ni en silla de escarnecedores se ha sentado; 
2 Sino que en la ley de Jehová está su delicia, Y en su ley medita de día y de noche.
3 Será como árbol plantado junto a corrientes de aguas, Que da su fruto en su tiempo, Y su hoja no cae; Y todo lo que hace, prosperará.

Proverbios 4:20-22
20 Hijo mío, está atento a mis palabras; Inclina tu oído a mis razones. 
21 No se aparten de tus ojos; Guárdalas en medio de tu corazón; 
22 Porque son vida a los que las hallan, Y medicina a todo su cuerpo.

Romanos 10:17
17 Así que la fe es por el oír, y el oír, por la palabra de Dios.

La cura para la incredulidad por ignorancia es adquirir conocimiento de la Palabra de Dios.


Incredulidad Por Desobediencia

Hebreos 3:7-4:6
7 Por lo cual, como dice el Espíritu Santo: Si oyereis hoy su voz, 
8 No endurezcáis vuestros corazones, Como en la provocación, en el día de la tentación en el desierto, 
9 Donde me tentaron vuestros padres; me probaron, Y vieron mis obras cuarenta años. 
10 A causa de lo cual me disgusté contra esa generación, Y dije: Siempre andan vagando en su corazón, Y no han conocido mis caminos. 
11 Por tanto, juré en mi ira: No entrarán en mi reposo. 
12 Mirad, hermanos, que no haya en ninguno de vosotros corazón malo de incredulidad para apartarse del Dios vivo; 
13 antes exhortaos los unos a los otros cada día, entre tanto que se dice: Hoy; para que ninguno de vosotros se endurezca por el engaño del pecado. 
14 Porque somos hechos participantes de Cristo, con tal que retengamos firme hasta el fin nuestra confianza del principio, 
15 entre tanto que se dice: Si oyereis hoy su voz, No endurezcáis vuestros corazones, como en la provocación. 
16 ¿Quiénes fueron los que, habiendo oído, le provocaron? ¿No fueron todos los que salieron de Egipto por mano de Moisés? 
17 ¿Y con quiénes estuvo él disgustado cuarenta años? ¿No fue con los que pecaron, cuyos cuerpos cayeron en el desierto? 
18 ¿Y a quiénes juró que no entrarían en su reposo, sino a aquellos que desobedecieron? 
19 Y vemos que no pudieron entrar a causa de incredulidad. 
1 Temamos, pues, no sea que permaneciendo aún la promesa de entrar en su reposo, alguno de vosotros parezca no haberlo alcanzado. 
2 Porque también a nosotros se nos ha anunciado la buena nueva como a ellos; pero no les aprovechó el oír la palabra, por no ir acompañada de fe en los que la oyeron. 
3 Pero los que hemos creído entramos en el reposo, de la manera que dijo: Por tanto, juré en mi ira, No entrarán en mi reposo; aunque las obras suyas estaban acabadas desde la fundación del mundo. 
4 Porque en cierto lugar dijo así del séptimo día: Y reposó Dios de todas sus obras en el séptimo día. 
5 Y otra vez aquí: No entrarán en mi reposo. 
6 Por lo tanto, puesto que falta que algunos entren en él, y aquellos a quienes primero se les anunció la buena nueva no entraron por causa de desobediencia.

Hebreos 4:6 en la Nueva Biblia de los Hispanos dice así: “Por tanto, puesto que todavía falta que algunos entren en él, y aquéllos a quienes antes se les anunció las buenas nuevas no entraron por causa de su desobediencia (incredulidad)”.

En este pasaje podemos ver claramente este tipo de incredulidad es por desobediencia. 

La desobediencia es no dejarse convencer de que la Palabra de Dios es cierta y por eso tomar la decisión de no hacerla.

Estos versos nos citan lo que pasó en los capítulos 13 y 14 de Números, cuando el pueblo de Israel se negó a obedecer a Dios y entrar en la tierra prometida.

El pueblo de Israel había visto el poder de Dios para sacarlos de Egipto; pasó en seco por el medio del Mar Rojo, bebió agua de la peña y comió el maná, el pan del cielo; de día los protegía la nube y de noche la columna de fuego, no hubo enfermo entre ellos y su ropa no se desgastó. Pero a pesar de eso dijeron: “¿Para que nos trajo Dios aquí? ¿Para que nos maten los habitantes de la tierra prometida? Ojala muriésemos en el desierto; hagámonos capitanes y volvamos a Egipto." Se rehusaron a creer a Dios y murieron en el desierto.

Israel conocía cual era la voluntad de Dios; pero no se dejó persuadir para actuar en ella; prefirieron creer en sus temores que hacer lo que Dios les dijo; y finalmente recibieron lo que temían, murieron en el desierto.

Muchos creyentes son así, conocen la Palabra de Dios pero prefieren creer en sus temores y nunca entran en su “tierra prometida”. Rehúsan hacer lo que la palabra de Dios dice.

Creer es un acto de tu voluntad, tu decides si crees o no la Palabra de Dios. La desobediencia también es un acto de tu voluntad, tu decides rehusarte a ser persuadido. La pelota está en tu cancha.

¿Cuál es la cura para la incredulidad por desobediencia?

1 Samuel 15:22
22 Y Samuel dijo: ¿Se complace Jehová tanto en los holocaustos y víctimas, como en que se obedezca a las palabras de Jehová? Ciertamente el obedecer es mejor que los sacrificios, y el prestar atención que la grosura de los carneros.

Isaías 1:19
19 Si quisiereis y oyereis, comeréis el bien de la tierra.

La cura para la incredulidad por desobediencia es obedecer.


El Consentir Mentalmente

John Wesley, fundador de la Iglesia Metodista, dijo que el diablo le ha dado a la iglesia un sustituto para la fe, que se parece y suena como ella, tanto que la gente no puede ver la diferencia. Él lo llamaba “consentir mentalmente”

Mucha gente lee la Biblia, y está de acuerdo que es verdad, pero solo con su mente; y eso no produce resultados porque la fe viene del corazón.

Marcos 11:23-24
23 Porque de cierto os digo que cualquiera que dijere a este monte: Quítate y échate en el mar, y no dudare en su corazón, sino creyere que será hecho lo que dice, lo que diga le será hecho. 
24 Por tanto, os digo que todo lo que pidiereis orando, creed que lo recibiréis, y os vendrá.

El consentir mentalmente es similar a la incredulidad. La persona que consiente mentalmente solo cree lo que ve o siente. Es la persona que dice que la Palabra de Dios es verdadera pero se rehúsa hacerla.  

Santiago 2:14
14 Hermanos míos, ¿de qué aprovechará si alguno dice que tiene fe, y no tiene obras? ¿Podrá la fe salvarle?

La fe siempre actúa en lo que cree; la fe que no tiene acciones correspondientes nunca recibirá nada de Dios.

Eso es lo que hace el que consiente mentalmente; dice: “Yo se que la Palabra de Dios es verdad, pero...”; y no se da cuenta que al decir esto se excluye de las promesas de Dios.

2 Corintios 5:7
7 (porque por fe andamos, no por vista).

Nosotros andamos por la fe y no por vista; no importa que circunstancias existan a nuestro alrededor; como no asentimos mentalmente sino mas bien creemos la Palabra de Dios, alcanzaremos la victoria en todo momento de nuestras vidas.






lunes, 15 de julio de 2013

Lo que es la Fe 6 - La Fe y las Acciones - Segunda Parte

La Fe y las Acciones 
Segunda Parte


La Sanidad del Hombre Enfermo en el Estanque de Betesda

Juan 5:1-11
1 Después de estas cosas había una fiesta de los judíos, y subió Jesús a Jerusalén. 
2 Y hay en Jerusalén, cerca de la puerta de las ovejas, un estanque, llamado en hebreo Betesda, el cual tiene cinco pórticos. 
3 En éstos yacía una multitud de enfermos, ciegos, cojos y paralíticos, que esperaban el movimiento del agua.
4 Porque un ángel descendía de tiempo en tiempo al estanque, y agitaba el agua; y el que primero descendía al estanque después del movimiento del agua, quedaba sano de cualquier enfermedad que tuviese. 
5 Y había allí un hombre que hacía treinta y ocho años que estaba enfermo. 
6 Cuando Jesús lo vio acostado, y supo que llevaba ya mucho tiempo así, le dijo: ¿Quieres ser sano? 
7 Señor, le respondió el enfermo, no tengo quien me meta en el estanque cuando se agita el agua; y entre tanto que yo voy, otro desciende antes que yo. 
8 Jesús le dijo: Levántate, toma tu lecho, y anda. 
9 Y al instante aquel hombre fue sanado, y tomó su lecho, y anduvo. Y era día de reposo aquel día. 
10 Entonces los judíos dijeron a aquel que había sido sanado: Es día de reposo; no te es lícito llevar tu lecho. 
11 El les respondió: El que me sanó, él mismo me dijo: Toma tu lecho y anda.

Veamos que es lo que pasó aquí. 
Estamos en un estanque llamado Betesda; nombre que significa misericordia. Este estanque debe haber sido un poco grande pues habían cinco pórticos por donde entraba la gente; además había una multitud de enfermos.

En este estanque de misericordia cada cierto tiempo venía un ángel que movía las aguas, y el primero que descendía era sanado de la enfermedad que tuviese. 

Para que hubiese una sanidad se necesitaba un acto de fe, el enfermo debía ir y descender al agua lo más rápido posible.

Smith Wigglesworth solía decir al principio de sus campañas: “La primera persona que llegue al púlpito será sanada de cualquier enfermedad que tenga.” E invariablemente la primera persona que llegaba era sanada de la enfermedad que tuviese, sea cáncer, apendicitis, asma, o cualquier otra.

Uno tenía que actuar para recibir su milagro.

Volviendo a nuestra historia, había un hombre que estaba enfermo hacía treinta y ocho años. No sabemos que enfermedad tenía, solo que no podía ir solo al estanque pues necesitaba la ayuda de otro.

Jesús le preguntó: "¿Quieres ser sano?” El hombre le empezó a contar su historia y su imposibilidad. Pero Jesús le dijo: “No pongas tus ojos en las cosas que no puedes hacer; haz un acto de fe, levántate, toma tu lecho y ve a tu casa.” 

El hombre entonces se levantó, tomó su lecho y se fue a su casa. Él colocó acciones a su fe y recibió su milagro.

La gente religiosa le dijo: “¿Que haces llevando tu lecho en el día de reposo?” No les importaba que este hombre hubiese recibido un maravilloso milagro, lo único que querían era que cumplan con todas sus reglas y leyes.

El hombre sanado solo les dijo: “El que me sanó me dijo que tomase mi lecho y me fuese a casa; y yo como soy obediente le estoy obedeciendo.”

La acción de obediencia a la Palabra de Dios es lo que trae los milagros a nuestra vida.

El Ciego de Nacimiento 

Juan 9: 1-11
1 Al pasar Jesús, vio a un hombre ciego de nacimiento. 
2 Y le preguntaron sus discípulos, diciendo: Rabí, ¿quién pecó, éste o sus padres, para que haya nacido ciego? 
3 Respondió Jesús: No es que pecó éste, ni sus padres, sino para que las obras de Dios se manifiesten en él. 
4 Me es necesario hacer las obras del que me envió, entre tanto que el día dura; la noche viene, cuando nadie puede trabajar. 
5 Entre tanto que estoy en el mundo, luz soy del mundo.
6 Dicho esto, escupió en tierra, e hizo lodo con la saliva, y untó con el lodo los ojos del ciego, 
7 y le dijo: Ve a lavarte en el estanque de Siloé (que traducido es, Enviado). Fue entonces, y se lavó, y regresó viendo. 
8 Entonces los vecinos, y los que antes le habían visto que era ciego, decían: ¿No es éste el que se sentaba y mendigaba? 
9 Unos decían: El es; y otros: A él se parece. El decía: Yo soy. 
10 Y le dijeron: ¿Cómo te fueron abiertos los ojos? 
11 Respondió él y dijo: Aquel hombre que se llama Jesús hizo lodo, me untó los ojos, y me dijo: Ve al Siloé, y lávate; y fui, y me lavé, y recibí la vista.

Aquí los discípulos están en medio de una discusión teológica: “¿Quien pecó, este hombre o sus padres?”

Muchas veces cuando vemos a una persona enferma lo único que pensamos es que la persona tuvo la culpa de estar enferma; pero la mayoría de veces ese no es el caso.

Jesús les dijo: “No fue culpa de él o sus padres. Sin embargo, como yo tengo que hacer las obras de Dios voy a sanarlo.”

Luego de hacer esto escupió en tierra, hizo barro, lo esparció en los ojos del ciego y lo mandó al estanque de Siloé para limpiarse.

El cojo pudo haberse molestado y decir: “No voy a ir después de que pusiste está cochinada en mis ojos.”

Pero vemos que no hizo eso sino que obedeció a Jesús fue al estanque y recibió su milagro. Es decir, el milagro llegó después de la acción de fe del ciego.

Cuando la gente que lo conocía le preguntó como había sanado, el daba testimonio de que había recibido su milagro luego de hacer lo que Jesús le había dicho.

La fe y las acciones son lo que nos trae los milagros.


La Pesca Milagrosa

Para terminar veremos la pesca mas grande de la vida de Pedro

Lucas 5:1-7
1 Aconteció que estando Jesús junto al lago de Genesaret, el gentío se agolpaba sobre él para oír la palabra de Dios. 
2 Y vio dos barcas que estaban cerca de la orilla del lago; y los pescadores, habiendo descendido de ellas, lavaban sus redes. 
3 Y entrando en una de aquellas barcas, la cual era de Simón, le rogó que la apartase de tierra un poco; y sentándose, enseñaba desde la barca a la multitud. 
4 Cuando terminó de hablar, dijo a Simón: Boga mar adentro, y echad vuestras redes para pescar.
5 Respondiendo Simón, le dijo: Maestro, toda la noche hemos estado trabajando, y nada hemos pescado; mas en tu palabra echaré la red. 
6 Y habiéndolo hecho, encerraron gran cantidad de peces, y su red se rompía. 
7 Entonces hicieron señas a los compañeros que estaban en la otra barca, para que viniesen a ayudarles; y vinieron, y llenaron ambas barcas, de tal manera que se hundían.

Jesús iba a predicar ese día, y había una multitud de personas; y como buen ingeniero de sonido sabía que la mejor forma para que todas las personas pudiesen escucharlo era alejarse un poco de la orilla en una barca y hablar de ahí a la gente para que ondas sonoras chocasen con el mar y este le sirviese de amplificador. Así que le pidió a Pedro prestada su barca y empezó a predicar.
Cuando terminó de hacerlo, le dijo a Pedro: “Echa tus redes al mar.”
Ahora Pedro había estado trabajando toda la noche y no había pescado ni un zapato; el era pescador y sabía que no se podían echar las redes al mediodía pues los peces la verían; así que le dijo a Jesús: “Mira Jesús, tu eres predicador pero yo pescador, yo conozco mi negocio y tu él tuyo; pero ya que tu lo dices, voy a actuar en fe a tu palabra y tirar mis redes.”
Cuando Pedro tiro sus redes al mar en obediencia a la palabra de Jesús, los peces vieron la red y empezaron a decirse uno al otro: “Vamos corriendo a las redes de Pedro, porque está actuando en fe al obedecer a Jesús.” Y fueron se metieron en las redes y Pedro recibió la mayor pesca de su vida.”
Pedro recibió su milagro por actuar en la Palabra de Dios y tu recibirás el tuyo por hacerlo.

La fe actúa en la Palabra de Dios.