viernes, 12 de febrero de 2016

No creo en el poder de la oración


Hace años la Pastora Nancy Dufresne hizo una declaración que sacudió a todo el auditorio que asistía al seminario. Ella dijo: "Yo no creo en el poder de la oración."

Todos nos quedamos fríos por un momento hasta que ella dijo: "Yo creo en el poder del Dios que responde nuestra oración."

Esa fue una declaración muy atrevida y muy fuerte, pero a la vez muy verdadera. No es nuestra oración la que tiene el poder, es Dios mismo el que tiene el poder para responder nuestra oración.

Cuando hablamos de la oración, vemos que la gente de las diversas religiones del mundo la utilizan y no por eso tiene algún resultado. Los musulmanes oran cinco veces al día mirando hacia La Meca; los monjes budistas tibetanos oran sus mantras alrededor de la rueda de plegaria durante todo el día, las diversas religiones hablan de este poder de la oración pero no obtienen respuesta de su Dios.

En 1 Reyes 18 vemos esto:

1 Reyes 18:20-39

20 Entonces Acab convocó a todos los hijos de Israel, y reunió a los profetas en el monte Carmelo.

21 Y acercándose Elías a todo el pueblo, dijo: ¿Hasta cuándo claudicaréis vosotros entre dos pensamientos? Si Jehová es Dios, seguidle; y si Baal, id en pos de él. Y el pueblo no respondió palabra.
22 Y Elías volvió a decir al pueblo: Sólo yo he quedado profeta de Jehová; mas de los profetas de Baal hay cuatrocientos cincuenta hombres.
23 Dénsenos, pues, dos bueyes, y escojan ellos uno, y córtenlo en pedazos, y pónganlo sobre leña, pero no pongan fuego debajo; y yo prepararé el otro buey, y lo pondré sobre leña, y ningún fuego pondré debajo.
24 Invocad luego vosotros el nombre de vuestros dioses, y yo invocaré el nombre de Jehová; y el Dios que respondiere por medio de fuego, ése sea Dios. Y todo el pueblo respondió, diciendo: Bien dicho.
25 Entonces Elías dijo a los profetas de Baal: Escogeos un buey, y preparadlo vosotros primero, pues que sois los más; e invocad el nombre de vuestros dioses, mas no pongáis fuego debajo.
26 Y ellos tomaron el buey que les fue dado y lo prepararon, e invocaron el nombre de Baal desde la mañana hasta el mediodía, diciendo: ¡Baal, respóndenos! Pero no había voz, ni quien respondiese; entre tanto, ellos andaban saltando cerca del altar que habían hecho.
27 Y aconteció al mediodía, que Elías se burlaba de ellos, diciendo: Gritad en alta voz, porque dios es; quizá está meditando, o tiene algún trabajo, o va de camino; tal vez duerme, y hay que despertarle.
28 Y ellos clamaban a grandes voces, y se sajaban con cuchillos y con lancetas conforme a su costumbre, hasta chorrear la sangre sobre ellos.
29 Pasó el mediodía, y ellos siguieron gritando frenéticamente hasta la hora de ofrecerse el sacrificio, pero no hubo ninguna voz, ni quien respondiese ni escuchase.
30 Entonces dijo Elías a todo el pueblo: Acercaos a mí. Y todo el pueblo se le acercó; y él arregló el altar de Jehová que estaba arruinado.
31 Y tomando Elías doce piedras, conforme al número de las tribus de los hijos de Jacob, al cual había sido dada palabra de Jehová diciendo, Israel será tu nombre,
32 edificó con las piedras un altar en el nombre de Jehová; después hizo una zanja alrededor del altar, en que cupieran dos medidas de grano.
33 Preparó luego la leña, y cortó el buey en pedazos, y lo puso sobre la leña.
34 Y dijo: Llenad cuatro cántaros de agua, y derramadla sobre el holocausto y sobre la leña. Y dijo: Hacedlo otra vez; y otra vez lo hicieron. Dijo aún: Hacedlo la tercera vez; y lo hicieron la tercera vez,
35 de manera que el agua corría alrededor del altar, y también se había llenado de agua la zanja.
36 Cuando llegó la hora de ofrecerse el holocausto, se acercó el profeta Elías y dijo: Jehová Dios de Abraham, de Isaac y de Israel, sea hoy manifiesto que tú eres Dios en Israel, y que yo soy tu siervo, y que por mandato tuyo he hecho todas estas cosas.
37 Respóndeme, Jehová, respóndeme, para que conozca este pueblo que tú, oh Jehová, eres el Dios, y que tú vuelves a ti el corazón de ellos.
38 Entonces cayó fuego de Jehová, y consumió el holocausto, la leña, las piedras y el polvo, y aun lamió el agua que estaba en la zanja.
39 Viéndolo todo el pueblo, se postraron y dijeron: ¡Jehová es el Dios, Jehová es el Dios!

Vemos aquí a Elías y los profetas de Baal, todos ellos oraron a su Dios; los profetas de Baal oraron varias horas, incluso haciendo sacrificio en sus propios cuerpos, pero esa oración no fue contestada, la oración en si no tenía el poder. Pero Elías le respondió al Dios que tenía el poder y recibió la respuesta a su oración.

No era la oración en sí la que tenía el poder, era a quien iba dirigida, al que tenía el poder para responderla.

Hace años me encontraba con unos amigos predicando en el Parque Kennedy, en Miraflores. Vimos sentados a unos Hare Krishna en una banca, un amigo mío le dijo: "Oremos ambos a nuestro Dios y al que sea más poderoso serviremos."

Ambos oraron y al final el Hare Krishna nos dijo: "Tu Dios es más poderoso; mientras oraba tuve una visión de Hare Krishna meditando tranquilamente, y de pronto aparecieron 4 como él y le dijeron asustados: '¿No sabes quién viene? Esta viniendo Jesucristo', los cinco salieron disparados."

No, no es el poder de nuestra oración la que trae la respuesta a nuestras oraciones, es el poder de Dios el que trae la respuesta a nuestras oraciones.

En Efesios 3:20 dice: "Y a Aquel que es poderoso para hacer todas las cosas mucho más abundantemente de lo que pedimos o entendemos, según el poder que actúa en nosotros."

Dios es el que tiene el poder, no nuestras oraciones, nuestras oraciones son solo el medio por el cual nos conectamos el poder de Dios.

Por eso al acercarnos ante Dios en oración, no lo hagamos confiando en nuestras propias oraciones sino en el Dios que nos da las cosas más abundantemente de lo que pedimos o entendemos.