sábado, 9 de julio de 2016

El Ingrediente Perdido de la Prosperidad



El Ingrediente Perdido de la Prosperidad
Durante años escucho hablar de la prosperidad divina y la gente solo coloca el énfasis en el dar y el recibir pero se olvidan de lo principal que es lo que veremos en esta corta enseñanza.

Deuteronomio 8:18
18 Sino acuérdate de Jehová tu Dios, porque él te da el poder para hacer las riquezas, a fin de confirmar su pacto que juró a tus padres, como en este día.

En este pasaje vemos el hecho de que Dios nos da el poder para hacer las riquezas, es decir somos nosotros los que debemos hacerlas. No van a venir del cielo solo porque hemos dado sino que nos corresponde trabajar a nosotros.

Deuteronomio 28:8
8 Jehová te enviará su bendición sobre tus graneros, y sobre todo aquello en que pusieres tu mano; y te bendecirá en la tierra que Jehová tu Dios te da.

Nosotros debemos poner las manos en algo para que Dios pueda bendecirlo, si no queremos trabajar en nada Dios no tiene como bendecirnos.

2 Tesalonicenses 3:10
Porque también cuando estábamos con vosotros, os ordenábamos esto: Si alguno no quiere trabajar, tampoco coma.

Es posible que pasemos un tiempo que no tengamos un trabajo, y en ese caso llegará la bendición sobrenaturalmente, pero debemos tener la disposición y deseo de trabajar para que de ese modo Dios bendiga la obra de nuestras manos.

Un amigo cristiano chileno que era chef se quedó sin trabajo; y durante 6 meses por más que buscaba no encontraba, me contaba que en ese tiempo no solo no le faltó sino que recibió más abundantemente que cuando trabajaba. Finalmente consiguió un nuevo trabajo donde recibía el doble de lo que antes.

Dios nunca se olvida de nosotros porque nos ama.

El asunto es que si uno no desea trabajar, es mejor que se ponga espiritual y ayune, porque Pablo dijo que el que no quiere trabajar que tampoco coma.

Efesios 4:28 
28 El que hurtaba, no hurte más, sino trabaje, haciendo con sus manos lo que es bueno, para que tenga qué compartir con el que padece necesidad.

Al trabajar no solo suplimos nuestras necesidades sino que activamos la ley de la siembra y la cosecha pues tenemos la oportunidad de poder bendecir a otras personas.

Así que trabajemos para darle a Dios la oportunidad que bendiga la obra de nuestras manos.