domingo, 27 de febrero de 2022

Estudios Básicos de la Biblia - E. W. Kenyon - Lección 37


Lección 37 
LA NECESIDAD DE UNA REVELACIÓN PARA EL HOMBRE 
 
En nuestra última lección estudiamos acerca del conocimiento que el hombre ha adquirido por medio de sus sentidos físicos. Vimos sus limitaciones y la necesidad de una revelación Divina. En realidad tenemos dos clases de conocimiento: el conocimiento del hombre natural y el conocimiento venido de Dios. Podemos ver ahora por qué esta revelación no es admitida por los doctos. No se le ha dado el lugar que le corresponde en los libros de texto de nuestros colegios, porque no pertenece a la esfera del conocimiento que el hombre ha adquirido por medio de sus contactos físicos con la materia. 

Aun en nuestros contactos del uno con el otro, limitados al conocimiento sensorial, no podemos conocer los pensamientos de otro hombre. Sin embargo, éste, por medio de palabras, nos lo da a conocer (1Co 2.10-13). De manera semejante, limitados al conocimiento sensorial, no podemos conocer a Dios que es espíritu; pero Él nos ha dado en palabras humanas un conocimiento de Sí Mismo. El Espíritu ha combinado verdades espirituales con palabras espirituales. 
 
I.  Autenticidad de la Revelación 
 
No obstante, el problema que se mencionó al principio no ha sido resuelto. Fue este: ¿Podemos actuar de acuerdo con la Biblia que nos habla de una redención completa en Cristo, así como actuamos de acuerdo con el conocimiento del mundo que nos rodea? ¿Podemos actuar de acuerdo con esta revelación como actuamos de acuerdo con el conocimiento sensorial? 

Muchos dicen: “Ustedes no pueden probar que la Biblia sea una revelación de Dios. Ustedes me piden que actúe de acuerdo con ella, que suponga, antes que nada, que es la verdad; pero yo no creo nada si no lo puedo probar”. No es una ciencia muy completa aquella que no cree nada que no pueda probar. No tenemos ningún conocimiento en ninguna esfera o dominio de la ciencia que no esté basado sobre hipótesis. 

La misma duda y la misma crítica que se aplica a esta revelación puede aplicarse al conocimiento del hombre natural. No podríamos probar que nuestro conocimiento es exacto. En la base misma de nuestro conocimiento del mundo exterior está la suposición de que nuestros sentidos y memoria no nos engañan. Aunque nunca podríamos probar la fidelidad de nuestros sentidos en captar la realidad, ni por un momento dudaríamos de ello. 

Como R. A. Armstrong ha dicho: “Hay precisamente análogas razones para dudar de si hay un mundo externo, si existen mesas o sillas, grandes ciudades y campos verdes, grandes corrientes de agua y montañas inmensas; estrellas, o luna o sol, que las que hay para dudar de la existencia de Dios; en ambos casos la duda es simplemente una duda sobre si nuestras facultades naturales son instrumentos fieles que nos dicen la verdad; o sobre si nuestras experiencias aparentes pueden ser dignas de confianza como reales y efectivas”. 

Aunque nunca podríamos probar que nuestros sentidos nos dan un cuadro verdadero de la realidad y que todas nuestras experiencias con el mundo exterior no son más que acciones y reacciones en nuestro sistema nervioso central, creemos en el mundo externo, porque el hacerlo da resultado. 

Como R. A. Armstrong dice de nuevo: “Estas creencias (se refiere a nuestra creencia en un mundo externo, a la veracidad de la memoria, etc.) se justifican por que dan resultado; porque nunca nos dejan en la confusión, porque nunca se quebrantan; a medida que los acontecimientos de la vida se suceden, mil en una hora y en infinita diversidad, estas creencias encajan en ellos sin contradicción alguna; mientras que si por un momento intentamos apartarnos de ellas, nos precipitamos en una total confusión. He aquí la más alta evidencia que poseemos”. 

Podemos aplicar la misma prueba a esta revelación que tenemos de Dios. ¿Da resultado? ¿Opera? ¿Podemos actuar sobre su veracidad como actuamos de acuerdo con el conocimiento que tenemos del mundo exterior? La Palabra nunca se quebranta. ¿Nunca nos quedamos confundidos cuando aceptamos como verdad lo que Él dice? ¿En todas las experiencias de la vida podemos actuar de acuerdo con lo que Dios dice que Él ha hecho por nosotros en Cristo? 

Si cuando actuamos apoyados en lo que Dios ha dicho, encontramos que la Omnipotencia aparece en escena para hacer válida Su Palabra, entonces quedamos justificados al asumir que ésta es una revelación Divina. Esta revelación declara que eso sería completamente imposible si no fuera una revelación de Dios. Que sería absurdo aun considerar su autenticidad. Su Palabra declara que si un hombre cree con su corazón que Dios levantó a Cristo de los muertos, y confiesa con su boca que le acepta como Señor, será salvo y se convertirá en una nueva creación (Ro 10.9-10). 

Hemos visto a miles de personas cuyas vidas han sido transformadas instantáneamente al actuar de acuerdo con esta Palabra. El poder del pecado ha sido quebrantado en ellos. Han sido liberados de hábitos que los habían mantenido en esclavitud años y años. Los viejos deseos han desaparecido, y las cosas que antes amaban ahora las aborrecen, y aquello que antes odiaban ahora lo aman. La Palabra declara que en el Nombre de Jesús pondremos las manos sobre los enfermos y éstos sanarán. Cuando Jesús dijo esto, arriesgó Su reputación, porque si Su Nombre fallaba en poseer autoridad, Su Divinidad sería repudiada. Hemos visto que esta declaración de la Escritura se ha cumplido en miles de vidas también. El poder de las enfermedades incurables ha sido quebrantado por una sencilla oración hecha con la autoridad del Nombre de Jesús. Todos los días, todas las semanas, se están realizando estos milagros. 

Hace apenas una semana recibimos testimonios de cánceres curados. Cánceres que por años se habían estado desarrollando han sido curados completamente en unos cuantos días. La única explicación es que nuestra Biblia es la revelación de Dios al hombre. 
 
II.  El Andar por Fe 
 
El hecho de que haya dos clases de conocimiento es una de las verdades básicas que sirven de fundamento al acto de “andar por fe”. Muchas veces ha parecido difícil el andar por fe. Nos hemos preguntado por qué Dios ha puesto la fe como requisito para todo aquello que recibimos. Muchas veces esto nos ha parecido fuera de lo natural. Tal cosa ha hecho que las bendiciones sean inalcanzables. Parece que las coloca más allá de nuestro alcance. 

Cuando entendemos claramente que hay dos clases de conocimiento y aprendemos a distinguir entre ambos, el andar por fe se convierte para nosotros en el andar natural. Esto puede explicarse mejor si leemos Romanos 8. Los primeros ocho versículos de este capítulo son difíciles de comprender excepto bajo esta luz. Aquí tenemos el contraste entre dos maneras de andar: el andar por la carne (los sentidos) y el andar en el espíritu (por la fe). 

El versículo nueve nos revela que el término “carne” se aplica al hombre que no ha nacido de Nuevo, porque Pablo escribe: “Vosotros empero no estáis en la carne (lo físico), sino en el espíritu; si es así que el Espíritu de Dios habita en vosotros, mas si alguno no tiene el Espíritu de Cristo, el tal no es de él” (Ro 8.9 V. M.). 

Durante mucho tiempo no pude entender el uso que el Espíritu hace del término “carne”, mas ahora, a la luz de las dos clases de conocimiento, ya puedo entenderlo. Aquel que no ha nacido de nuevo vive exclusivamente en la esfera de los sentidos físicos. 

Ya vimos esto detalladamente en la última lección. Vimos que todo contacto que el hombre tiene con el mundo, se verifica por medio del sistema nervioso central. El hombre vive en lo físico; por la evidencia de los sentidos, cultiva las artes que agradan a los sentidos. Por razón de que el hombre vive en la esfera de lo físico, la civilización no le elevará por encima de ese nivel. Todo avance en la civilización ha sido acompañado de un descenso en la moral. Pero este ambiente no es el ambiente natural o normal para el hombre. 

Recordamos que el hombre fue creado a la imagen de Dios, un ser espiritual. Fue creado para andar con Dios, que es un Espíritu. El hombre pertenece al reino de la omnipotencia. Este es el reino de la fe. Este es el reino de Aquel “Que llamó a las cosas que no eran, como si lo fueran”. En ese reino las palabras tienen un poder extraño porque están llenas de la omnipotencia. 

Cuando el hombre murió espiritualmente se alejó de Dios, se volvió un extraño para Él. Dejó de vivir en el Espíritu. Se apartó de la Capacidad Divina. Entonces comenzó a andar en la carne, el reino de lo físico. En Romanos 8 hay una referencia a esta forma de andar. El hombre había caído de la esfera de la omnipotencia a la esfera de la capacidad humana. Las palabras perdieron su poder. El hombre dependió de su propia capacidad que en realidad era la habilidad de su cuerpo físico; dependió de sus fuerzas en su lucha por la existencia y en su combate con las fuerzas de la naturaleza todo lo que debía saber sobre el mundo en que vive dependía de sus cinco sentidos. Por ello podemos ver que el andar en la carne o en los sentidos, expresa el modo de andar del hombre espiritualmente muerto. Pero nosotros que hemos sido engendrados de nuevo hemos regresado a nuestro ambiente legítimo, a nuestra esfera normal. Al ser vivificados espiritualmente por medio del acto Divino que confiere a nuestro espíritu la vida Suya, podemos andar de nuevo en Su reino. Este es el reino del espíritu, la esfera de la omnipotencia, porque el espíritu del hombre es uno con Dios; y el imperio de la fe, donde las palabras llenas de omnipotencia llaman a las cosas que no son como si fueran, y son. 

Estas son las dos maneras de andar que hemos contrastado en Romanos 8. Notemos la comparación: “Por cuanto el ánimo carnal es enemistad contra Dios” (Ro 8.5-7 V.M.). Esta es la mente que vive sólo por la evidencia de los cinco sentidos, excluyendo lo espiritual y la vida de fe. Su fin es muerte (v.6) porque pertenece a un cuerpo condenado a muerte y no puede revelar a Dios al hombre para recibir Su vida. 

La mente del espíritu es la mente de aquel que ha recibido la vida de Dios y regresa a la esfera normal para el hombre. La mente del espíritu es la mente que vive por la Palabra más bien que por la evidencia de los sentidos físicos. 
 
III.  La Vida del Nuevo Hombre 
 
No queremos despreciar el conocimiento que recibimos por medio de nuestros cinco sentidos. Lo que sí, es que ya hemos entrado en contacto con Dios y no podemos depender más de la habilidad humana, porque ahora habita en nuestro cuerpo la habilidad de Dios. Pertenecemos a una nueva creación y hemos sido liberados de las leyes del pecado, de la debilidad, de la necesidad y de la enfermedad que pertenecen a la antigua creación. 

Dios ha efectuado la redención del hombre en Cristo quien lo liberta del dominio de Satanás. Y para que podamos conocer lo que Él nos dio gratuitamente, nos ha dado esta revelación: “Porque nosotros hemos recibido, no el espíritu del mundo, sino el espíritu que es de Dios; para que conozcamos las cosas que nos han sido dadas gratuitamente por Dios; las cuales cosas también hablamos, no con palabras que enseñan la sabiduría humana, sino que enseña el Espíritu Santo, explicando cosas espirituales con palabras espirituales” (1Co 2.12-13 V. M.).
 
El hombre que ha nacido de nuevo vive por esta Palabra. Cristo dijo: “No sólo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios” (Mt 4.4). Por el término “pan” Cristo se refirió a lo físico. El hombre nuevo no está limitado a la evidencia sensorial o al reino de la debilidad y de la derrota. Él vive en unidad con Dios y por la autoridad de lo que Dios le ha revelado en Su Palabra. 

Esto constituye la vida de fe. La fe es actuar atrevidamente de acuerdo con lo que Dios ha dicho: 

Porque ninguna cosa es imposible para Dios” (Lc 1.37). Toda palabra que Dios ha hablado es parte de Sí Mismo. Está llena de Su Omnipotencia: “Así es mi palabra que sale de mi boca; no volverá a mí vacía, antes hará lo que yo quiero, y será prosperada en aquello para lo que la envié” (Is 55.11). Ninguna palabra que sale de Él fracasará o dejará de realizar aquello para lo cual Él la envió. No volverá a Él vacía. Ningún hombre podrá traer Su Palabra a Él diciendo: “Tu Palabra Falló. No pude actuar de acuerdo con ella”. 
 
IV.  La Mente Renovada 
 
Cuando un hombre ha nacido de nuevo, su principal necesidad es la renovación de Su mente. Es la renovación de Su mente la que lo capacita para ya no andar conforme a la vida vieja: “Y no os conforméis a este siglo, mas reformaos por la renovación de vuestro entendimiento, para que experimentéis cual sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta” (Ro 12.2). La renovación de la mente es necesaria a la forma de andar en la nueva creación: “Y que seáis renovados en el espíritu de vuestra mente, y que os revistáis del hombre nuevo, el cual según Dios ha sido creado en justicia y en santidad de verdad” (Ef 4.23-24, Tr. literal del griego). 

Antes de que un hombre pueda vivir en la plenitud de sus privilegios, su mente debe ser renovada. La mente renovada es la mente que ha aprendido a vivir por la Palabra de Dios. La mente de la vieja creación vive por la evidencia de los sentidos; la mente de la nueva, por la Palabra. 

Permítaseme ilustrarlo. Un cristiano que anda en compañerismo con Dios tiene una necesidad económica que satisfacer. No tiene el dinero que necesita. No ve ningún medio por el cual pueda obtenerlo. Si no fuera un hijo de Dios, no tendría esperanza; dependería de sus propias capacidades. Pero la Palabra dice: “Mi Dios pues suplirá toda necesidad vuestra”. La integridad de Dios está detrás de esa Palabra. 

Aunque la tierra y el cielo pasen, esa Palabra no puede fallar. Si la mente de este cristiano ha sido renovada, tendrá tanto gozo en lo que la Palabra de Dios dice como si ya estuviera en posesión del dinero que necesita, porque sabe que Dios hará válida Su Palabra. La Palabra de Dios significa tanto para él como la evidencia de los sentidos. 

En caso de enfermedad, un hijo de Dios es vencido por sus dolencias físicas, pero la Palabra de Dios declara que por Sus llagas somos nosotros curados. Esa afirmación le dará tanto gozo como los síntomas reales de la salud, porque la capacidad de Dios está respaldándola. 

En conclusión podemos decir que la mente renovada es la mente que vive totalmente por la Palabra. En este curso habéis aprendido lo que sois vosotros en Cristo; ahora. vivid por ello y la capacidad Divina será vuestra 
 
PREGUNTAS 
 
Discuta

a. La necesidad que tiene el hombre de una revelación. 

b. Cómo ha satisfecho Dios esa necesidad. 

c. La necesidad de que vivamos por la Palabra. 
 
 
 
 
 

martes, 22 de febrero de 2022

Estudios Básicos de la Biblia - E. W. Kenyon - Lección 36


Lección 36 
LAS DOS CLASES DE CONOCIMIENTO 
 
Llegamos al término de nuestro curso. Ha sido un estudio de la redención en Cristo. Nuestro estudio del Antiguo Testamento ha tratado de la consumación de esa redención, en la nueva creación en Cristo. Nuestro corazón se ha conmovido al estudiar los privilegios de la nueva creación y la autoridad con la cual fue investido el Nombre de Jesús y que legalmente nos pertenece. 

Ahora, al terminar el curso, encaramos el problema de practicar, en nuestra vida diaria, lo que hemos aprendido. El conocimiento que no se ejercita no tiene ningún valor. ¿Podemos vivir y actuar de acuerdo con el conocimiento de la redención y de la nueva creación que hemos adquirido en este curso, así como actuamos y vivimos de acuerdo con el conocimiento del mundo que nos rodea? La autenticidad de esta redención depende de la autenticidad de la Palabra. 

¿Por qué no se ha dado a la Biblia el lugar que le corresponde como la revelación de Dios al hombre? ¿Por qué el mundo erudito no la considera auténtica? Sencillamente, existen dos diferentes clases de conocimiento: el conocimiento del hombre natural y el conocimiento por revelación. 
 
I. El Conocimiento del Hombre Natural 
 
Examinemos el conocimiento que tiene el mundo, el conocimiento del hombre natural. Al examinarlo vienen a nuestra mente tres preguntas: ¿De dónde procede? ¿Cuáles son sus limitaciones? ¿Hasta qué punto es suficiente para resolver los problemas de la vida? 
 
II. ¿De Dónde Procede el Conocimiento del Hombre? 
 
La primera pregunta se refiere a la fuente del conocimiento del hombre. Dicha fuente es el cuerpo físico del hombre y el universo material que lo rodea. Todo lo que el hombre sabe acerca de la realidad, el inmenso caudal del conocimiento que llena nuestras bibliotecas y nuestros libros de texto, procede de los contactos del hombre con el mundo físico. Tales contactos se basan en las percepciones sensoriales del individuo. 

Nos explicaremos mejor. Todo contacto que tiene el hombre con el mundo lo tiene por medio de sus cinco sentidos. Los cinco sentidos son parte del sistema nervioso central y son los siguientes: la vista, el oído, el tacto, el gusto y el olfato. El hombre no sabe nada de la realidad excepto aquello que ha recibido por medio de sus cinco sentidos. Uno mismo podría imaginarse lo que un hombre sabría si careciera de sus cinco sentidos. 

La definición que sigue, tomada de un libro de fisiología atestigua este hecho: “Mas ningún punto de vista filosófico sobre el organismo humano, si tal punto de vista es amplio, puede fallar en designar al sistema nervioso central, la parte del “Lugar Santísimo”. Sin él, seríamos una masa de protoplasma que se multiplica pero que no siente, no ve, no oye, no se mueve. Todo en relación con el cuerpo sería vegetativo, exactamente como una planta. La planta no puede ni moverse ni sentir. Sus procesos de vida responden a los más primitivos cambios físicos y químicos en su medio ambiente inmediato. El sistema nervioso central nos proporciona cada contacto que poseemos con el resto del mundo”. 

De acuerdo con esta opinión vemos que el hombre no puede saber nada del mundo, del cielo, del pasto, del mar y de otros seres humanos, excepto por medio de sus cinco sentidos. Tomemos por ejemplo el caso de la señorita Keller. Ella posee solamente tres sentidos: el del tacto, el del gusto y el del olfato. Su sentido del tacto se ha desarrollado tanto que por medio de él, y bajo la dirección de aquellos que poseían los cinco sentidos, ha adquirido un vasto conocimiento del mundo y de la vida. Sin embargo, si fuera posible que una persona naciera sin uno sólo de los sentidos, tal persona nunca sería capaz de aprender nada. No podría darse cuenta del mundo exterior. Por ello vemos lo mucho que depende el entendimiento de la información sensorial que le proporcionan los cinco sentidos. 

Para ayudar a sus sentidos en la investigación de la realidad, el hombre ha fabricado el microscopio, el espectroscopio y el telescopio; no obstante, estos instrumentos solamente han ayudado a sus sentidos por lo que respecta al mundo físico. Por medio de ellos ha podido estudiar el Universo y las formas, de vida no visibles para su sentido de la vista. Por medio del microscopio y del ultramicroscopio ha podido estudiar las formas más pequeñas de vida. Ha obtenido conocimientos de las bacterias y de reinos que de otra manera nunca hubiera podido conocer. 

Con la ayuda del telescopio ha podido conocer el universo celeste. A la simple vista solamente se pueden ver de dos a cuatro mil estrellas, y con la placa fotográfica, millones. Con el espectroscopio ha llegado a conocer y a estudiar la composición de las estrellas. 

Hay muchas fuerzas físicas que no podemos percibir con nuestros sentidos, pero el hombre ha desarrollado instrumentos que son sensibles a estas fuerzas y que son capaces de registrarlas. Podríamos mencionar otros inventos que han ayudado al hombre en una adquisición del conocimiento del Universo en que vive. El hombre ha hecho grandes progresos; se ha familiarizado con las leyes y los procesos de las fuerzas de la naturaleza. Ha utilizado dichas fuerzas y se ha hecho obedecer de ellas; y de ese gran cúmulo de conocimientos adquiridos por sus cinco sentidos; de todos esos años de investigación y de estudio, ha edificado la gran civilización que tenemos hoy. No obstante, repetimos que la fuente de este conocimiento se basa en la percepción sensorial que el hombre tiene del Universo, y que sus cinco sentidos se limitan solo al campo físico. Estos solamente pueden conocer lo material, y cada contacto del hombre ha sido solamente con lo material. 
 
III.  Limitaciones del Conocimiento Humano 
 
Nuestra segunda pregunta es: ¿Cuáles son las limitaciones del conocimiento del hombre natural? Lo que antes dijimos las hace evidentes. Podemos ilustrar las limitaciones de nuestros sentidos para formarnos un verdadero cuadro de la realidad, por lo siguiente: un ciego que nunca ha poseído el sentido de la vista y que nunca haya estado en contacto con personas que sí lo poseen, podría pensar que por medio de sus cuatro sentidos tenía un cuadro verdadero del mundo que le rodea. Este ciego, sin embargo, nunca sabrá lo que es el color ni lo que es la luz porque no tuvo el sentido para percibirlos o para admitir cierta comprensión de esas cualidades de su mente. 

Una persona que nunca haya poseído el sentido del oído y que nunca haya estado en contacto con personas que lo tienen, pensaría que conoce el universo por los cuatro sentidos que posee. Nunca Podría imaginar que el universo está lleno de música.
 
Más aún, el hombre que disfruta de sus cinco sentidos no posee un verdadero cuadro de la realidad del Universo que le rodea. Ya sabemos que los cinco sentidos del hombre lo limitan solamente al conocimiento de la materia. Todo artefacto que inventa para ayudar a sus sentidos a captar una descripción real del universo, es de carácter físico y solamente le ayuda a adquirir el conocimiento de lo físico. 
 
IV.  La Razón del Ateísmo y del Materialismo 
 
Es por esto que existen el materialismo y el ateísmo. El hombre ha dicho que no hay nada en el universo sino materia y las propiedades de ésta. Ha dicho que el hombre no sobrevive a la existencia de su cuerpo porque no hay ninguna cualidad espiritual en el hombre que siga existiendo después de que el cuerpo se haya desintegrado. Podemos ver que tal actitud hacia la vida es muy natural, porque con los cinco sentidos que limitan por completo al hombre no puede conocer otra cosa que el mundo físico. 

Esta actitud sería tan lógica como lo sería para un ciego el negarse a creer que existe el color. El hombre, limitado a sus cinco sentidos, no admite que exista lo espiritual. 

Así como a un pez confinado dentro del agua le podría parecer que no existe nada fuera del agua, así al hombre limitado por sus cinco sentidos le podría parecer que en este universo no existe nada, sino la materia. 

Dos de nuestras preguntas están contestadas. La fuente de conocimiento en el ser humano se encuentra en el sistema nervioso central de su cuerpo físico, y sus límites son el universo físico y la materia. 
 
V. Pensamiento Racional y Percepción Sensorial 
 
No deseamos dejar una impresión equivocada al hablar de la fuente del conocimiento del hombre. El pensamiento no brota de la percepción sensorial. El hombre tiene capacidades para pensar, para razonar, para reflexionar y para memorizar que no se basan en la percepción sensorial. No obstante, las potencias mentales del hombre y sus facultades de razonamiento cuentan únicamente con los materiales sensoriales para sacar conclusiones. 

Los animales tienen percepción sensorial, pero no tienen pensamiento racional. El pensamiento racional no surge de la percepción sensorial. Sin embargo, nuestra afirmación es verdadera: el hombre no puede conocer nada, excepto que el conocimiento le llegue a la mente por alguno de sus cinco sentidos. 

Llegamos ahora a nuestra tercera pregunta: ¿Hasta qué punto el conocimiento que el hombre ha adquirido por medio de sus cinco sentidos satisface el anhelo que siente por conocer la realidad? ¿Hasta qué punto este conocimiento es suficiente para responder al problema más vital que el hombre encara? 

Como dijo Voltaire: “El hombre ha sido capaz de medir la distancia de las estrellas, pero no ha podido conocerse a sí mismo”. La mayor parte de los problemas que al hombre conciernen han quedado sin respuesta. No ha podido encontrar la razón de su propia existencia, y hasta que el hombre no la conozca, no puede conocer el propósito o el significado de la vida. 
 
VI.  El Ansia de Dios en el Hombre 
 
Cuando el hombre estudia la creación por medio de sus cinco sentidos, ve señales de proyecto y de inteligencia que lo obligan a creer en un Creador inteligente; y sin embargo, no puede encontrarle. Esta búsqueda de Dios ha sido el más grande problema de su vida. Langdon Davies escribe que el hambre más grande y la sed más grande del hombre son el hambre y la sed de Dios. Cree Davies que el motivo que hay detrás de toda investigación científica ha sido el ansia que el hombre tiene de Dios. El hombre ha explorado la Creación; ha deseado adquirir un conocimiento técnico de la naturaleza en un esfuerzo para encontrar al Creador. 

Cotton ha escrito un libro intitulado: “¿Ha Descubierto la Ciencia a Dios?“ Este libro es una colección de opiniones de hombres de ciencia modernos que muchos de ellos en la actualidad han llegado a ser conscientes de Dios. Dice Cotton que la investigación científica ha sido una búsqueda de la realidad, aunque en puridad de verdad ha sido una búsqueda de Dios. 

La primera tendencia científica fue dar una explicación mecánica del universo, dejando a Dios fuera; pero a medida que la ciencia ha avanzado entiende mejor las maravillas de la Creación, y comprende que el gran diseño mecánico del universo debe tener un Diseñador. El autor pensó que tal vez con el tiempo la ciencia pudiera descubrir a Dios, pero la ciencia nunca podrá descubrirlo porque Dios es espíritu, y Él no puede ser encontrado o descubierto por el sentido de la vista, del oído o del tacto, a pesar de la ayuda que al hombre le proporcione el telescopio, el microscopio o el espectroscopio. 

Cotton dice que el más grande beneficio que la ciencia podría dar al género humano sería el encontrar a Dios, y descubrir que el hombre sobrevive a la muerte. Sin embargo, la ciencia nunca podrá lograrlo. El hombre nunca podrá localizar con sus instrumentos físicos el espíritu en el hombre, o establecer contacto con él cuando éste haya abandonado el cuerpo. Vemos, pues, que aunque la ciencia nos haya dado nuestra civilización; y nos haya proporcionado un vasto conocimiento del universo celeste; y un conocimiento de la tierra y de nuestro cuerpo físico juntamente con el cuidado que debemos tener de él, ha dejado sin resolución los dos problemas más vitales que todo ser humano encara. Estos son demasiado para el conocimiento del hombre natural. Lo más lejos que la ciencia nos puede llevar es al reconocimiento de un Creador inteligente, y entonces surge el problema de conocerle. ¿Es razonable que Dios creara al hombre cuya necesidad primordial y más grande era conocerle, y que luego lo abandonara entre las tinieblas de su cuerpo físico dejándolo completamente incapacitado para conocerlo? 

En las primeras lecciones de este curso descubrimos el porqué el hombre se encuentra alejado de Dios; por su traición. El hombre, con su cuerpo físico y sus cinco sentidos nunca puede entrar en contacto con Dios, y Dios no intenta que el hombre le conozca de esa manera. El hombre verdadero es el espíritu creado a la imagen de Dios con la capacidad de conocerle y de tener compañerismo con Él. El hombre, tal como salió de las manos de Dios en la creación, le conocía. Cristo nos reveló que los que adoran a Dios, le adoran en espíritu. 

El cuerpo físico le fue dado al hombre sólo como una morada para el espíritu en este Universo físico. Dicho cuerpo lo capacita para vivir en la tierra y para establecer contacto con el mundo físico y solamente con éste. Era por medio de su espíritu que iría a conocer a Dios y a tener compañerismo con Él. Los sentidos de la vista, del oído, del tacto, del gusto o del olfato, tenían como fin dar a conocer al hombre el mundo físico que era su hogar. No le fueron dados con el propósito de que le revelaran a Dios. 

Cuando el hombre murió espiritualmente como resultado de su traición, se convirtió en un extraño para Dios y quedó incapacitado totalmente para conocerle. Desde entonces, el hombre espiritualmente muerto, se quedó únicamente con los sentidos del cuerpo físico, y con ellos ha conocido las maravillas del universo al cual pertenece dicho cuerpo, pero no ha conocido al Creador. Por ello nos damos cuenta de que si el hombre ha de conocer a Dios, debe recibir un nuevo conocimiento, un conocimiento que no puede llegar por la percepción sensorial; un conocimiento que el hombre no puede adquirir por su estudio del Universo físico. 

El Creador ha comprendido la necesidad del hombre y le ha dado una revelación de Sí Mismo. Esa revelación le fue dada al través de sus sentidos a fin de que el hombre espiritualmente muerto pudiera conocer dicha revelación y por medio de ella obtener un conocimiento de su Creador. Esta revelación es la Biblia. 

En nuestra próxima lección estudiaremos la revelación que Dios ha dado al hombre. 
 
PREGUNTAS 
 
1. ¿Por qué debemos aprender a actuar de acuerdo con lo que hemos aprendido? 
2. ¿Cuál es la fuente del conocimiento del hombre natural? 
3. ¿Por qué es que todos los inventos del hombre no pueden elevarlo por encima del mundo material? 
4. Discuta las limitaciones del conocimiento sensorial en el hombre. 
5. ¿Por qué han surgido el materialismo y el ateísmo? 
6. ¿Por qué el conocimiento sensorial no es suficiente para resolver los problemas de la vida? 
7. ¿Cuál es el ansia más grande del hombre? 
8. ¿Por qué la ciencia nunca podrá descubrir a Dios? 
9. ¿Cuál es aquella condición del hombre natural que le impide conocer a Dios? 
10. ¿Cuál es la única manera en que se puede satisfacer esa necesidad?