sábado, 20 de noviembre de 2021

Estudios Básicos de la Biblia - E. W. Kenyon - Lección 35


Lección 35
 
LA SEGUNDA VENIDA DE CRISTO
(Continuación)

 

 

Desde que estudiamos la venida del Encarnado y la redención efectuada en Él y la celebración de un Nuevo Pacto en Su sangre, no hemos mencionado para nada al pueblo de Dios del Antiguo Pacto, los judíos. Sin embargo, al estudiar lo que se refiere al período de la Tribulación, aparecen de nuevo los judíos en escena. La Tribulación es él período de angustia de Jacob, la tribulación más grande que jamás haya sufrido el pueblo judío. Antes de estudiar la parte que tiene el judío en la Tribulación, nos conviene repasar brevemente la historia de los judíos; el cumplimiento de la Divina profecía en relación a ellos.


Al estudiar el Pacto que Dios hizo con Abraham y sus descendientes, vimos que el pueblo del Pacto iría a servir como testigo de Él sobre la tierra y aunque el compañerismo se halle descontinuado, por lo que toca al Pacto con Dios, los judíos, no obstante, siguen siendo Sus testigos. La historia de este pueblo es el cumplimiento de la profecía Divina con respecto a él.

I.  La Profecía Divina con Respecto a los Judíos

 

Antes de ver las profecías que se habrán de cumplir en el futuro, examinemos algunas profecías que ya se han cumplido.


Dios profetizó por medio de Moisés que los judíos serían esparcidos por el mundo y que serían perseguidos en todas partes: “A vosotros, empero, os esparciré entre las naciones, y les desenvainaré la espada en pos de vosotros” (Lv 26.33 Straubinger). Esta profecía se ha cumplido porque ningún otro pueblo ha sido tan esparcido sobre la tierra como el pueblo judío.


La historia revela que a cualquier parte donde los judíos han ido han tenido que soportar el exilio, la cautividad, la confiscación de sus bienes, la tortura y la masacre. La profecía mencionada no parece imposible de cumplirse, es decir, que los judíos serían esparcidos y perseguidos, pero a la luz de esta profecía hay otras que se refieren a ellos y cuyo cumplimiento nos parece una imposibilidad. El resultado natural del esparcimiento y de la persecución de los judíos hubiera sido el que fuesen absorbidos por las otras naciones y perdieran su identidad. Sin embargo, Números 23.9 se ha cumplido: “...Es un pueblo que habita aparte, y no se cuenta entre las naciones” (Straubinger). A donde quiera que ha ido el judío se le ha reconocido en su calidad de tal, excepto en casos muy excepcionales.


Dios también declaró que los judíos aunque esparcidos y perseguidos, nunca se extinguirían y que Él tomaría venganza de las naciones que los persiguieran. Jeremías 30.16 afirma: “Mas cuantos te devoran serán devorados... los que te despojan serán despojados” (Straubinger). Los grandes imperios de Babilonia, Grecia y Roma que persiguieron a los judíos, han desaparecido. Sin embargo, dondequiera que hay judíos, están prosperando y mantienen posiciones directrices y de mucha importancia en todas las esferas de la vida.


Un escritor dice: “Los judíos, soportando valientemente toda clase de tormentos, los dolores de la muerte y los todavía más terribles dolores de la vida, han resistido las persecuciones más espantosas. No obstante, naciones poderosas cuyo poder ha abarcado a todo el mundo habitado, se han desvanecido; entre tanto que este puñado de gente esparcida, subyugada y perseguida, sigue floreciendo después de dieciocho siglos de persecución organizada y en escala mundial. Y siguen preservando las leyes y las costumbres que les fueron dadas desde la infancia del mundo, y preservando su nacionalidad única en medio de los cambios de los siglos”.

 

 

II.  Cumplimiento Actual de la Profecía

 

La profecía que se está cumpliendo ahora es aquella que dice que los judíos volverán a su propia nación: “Y yo los plantaré en su propio suelo; y nunca jamás volverán a ser arrancados de su tierra que yo les he dado, dice Jehová, el Dios tuyo” (Am 9.15 Versión Moderna). Desde la terminación de la Primera Guerra Mundial ha regresado un gran número de judíos a Palestina. Once días después de que la Tierra Santa fue libertada de manos de los turcos, terminó la guerra repentinamente. Esta liberación hizo posible el regreso de los judíos.

 

III.  Profecías Futuras con Respecto a los Judíos

 

La profecía también declara que el Templo sería reconstruido, después del regreso de los judíos a Palestina: “Después de esto volveré y reedificaré el tabernáculo de David y lo volveré a levantar; para que el residuo de los hombres busque al Señor y todos los gentiles que son llamados de mi nombre” (Hch 15.16-17 Versión Moderna).


En nuestra última lección estudiamos la aparición del Anti-Cristo durante este periodo (el Rapto ya habrá ocurrido).


Entonces vendrá el tiempo de la angustia para Jacob. Las naciones del inundo, aunque felices por haberse librado de los cristianos, se volverán más crueles contra los judíos a causa de la prosperidad de éstos. Las naciones de la tierra, uniendo sus ejércitos, marcharán contra Jerusalén. Capturarán la ciudad y cuando todo parezca absolutamente perdido para los judíos, vendrá Cristo. Esto será lo que se denomina la Batalla del Armagedón.


Deseamos subrayar que cuando Cristo, con Sus Santos, venga para librar a los judíos, no se verificará un combate sangriento entre Cristo y las naciones. Los santos no tomarán parte en la batalla. 2 Tesalonicenses 2.8 nos dice que el Señor Jesús matará al “inicuo”, al “hijo de perdición”, con el aliento de Su boca. Lo que se quiere decir es que Cristo matará con Su boca a Sus enemigos antes de que Él llegue a la tierra. Una vez que Jerusalén haya sido tomada por sus enemigos, la presencia de Cristo los derrotará. Luego, cuando la victoria se haya ganado, Sus pies se asentarán sobre el Monte de los Olivos.


Zacarías 14.2-4 nos habla del regreso de Cristo en el tiempo cuando las naciones estén en guerra con Jerusalén: “Porque voy a juntar todas las naciones contra Jerusalén en guerra; y la ciudad será tomada y las casas serán saqueadas y saldrá la mitad del pueblo en cautiverio, mas el resto del pueblo no será cortado de la ciudad. Entonces saldrá Jehová, y peleará contra aquellas naciones...  y estarán plantados Sus pies en aquel día sobre el Monte de los Olivos” (Versión Moderna).

 

IV.  La Revelación de Cristo

 

Esta Revelación de Jesucristo es la segunda fase de Su segunda venida. La cena de las bodas del Cordero se habrá efectuado ya y la Iglesia regresará con Él. Este es el tiempo cuando todo ojo le verá y cuando los judíos le reconocerán como Su Mesías y se lamentarán por haberlo rechazado. Entonces se cumplirá la profecía de Zacarías 12.10: “Derramaré también sobre la casa de David y sobre los habitantes de Jerusalén, espíritu de gracia y de suplicación; y mirarán a mí, a quien traspasaron; y se lamentarán a causa del que hirieron como quien se lamenta a causa de su hijo único; y estarán en amargura por él, como uno que está en angustia por su primogénito” (Versión Moderna).


Se cumplirá también Isaías 25.9: “Y se dirá en aquel día: ¡He aquí, este es nuestro Dios, le hemos esperado; y Él nos salvará! estaremos alegres y nos regocijaremos en esta salvación” (Versión Moderna).

 

Los judíos se lamentarán por haber rechazado a Cristo, pero no por mucho tiempo. La liberación de sus enemigos terrenales y de sus tinieblas espirituales les traerá grande gozo al corazón. Dios ha predicho en muchos pasajes de las Escrituras el gozo de Su pueblo.


Isaías 60.1: “Levántate, resplandece; que ha venido tu luz, y la gloria de Jehová ha nacido sobre ti”.


Isaías 60.20: “Jehová será tu luz eterna, y los días de tu llanto se habrán acabado” (Versión Moderna).


Isaías 60.21: “Y tu pueblo, todos ellos justos; heredarán para siempre la tierra; renuevos plantados por mí mismo, obra de mi mano para que yo sea glorificado” (Versión Moderna). Luego, Cristo establecerá Su reino terrenal.

 

V.  El Milenio

 

Al Pueblo del Antiguo Pacto Dios le dio una profecía doble con respecto a Su Hijo. Una fue la profecía de Su primera venida como el Cordero de Dios que quita el pecado. La otra, acerca de Su venida como Rey para establecer un reino terrenal.


Parece que los judíos no hicieron caso de lo que Dios les dijo acerca de la primera venida y se fijaron solamente en su aparición como Rey para establecer Su Reino. Es por eso que no reconocieron o aceptaron a Cristo como el Hijo de Dios. La Primera venida se ha cumplido; ahora los judíos y nosotros estamos esperando que Él aparezca glorificado.


La Biblia habla una y otra vez del tiempo cuando Cristo reinará en la tierra durante mil años. Cesará temporalmente el reinado de Satanás. En nuestra última lección vimos que al irse el Espíritu Santo de la tierra, vendría como cosa natural una Gran Tribulación porque Satanás se convertiría en el dios de este mundo sin limitación alguna.


Por otra parte, el fin del reinado de Satanás al ser atado y encerrado durante mil años sin permitirle acceso alguno a la tierra, será seguido por una gloriosa era de paz. Satanás es el autor del pecado, de la enfermedad, del sufrimiento y de la miseria, y cuando él se desvanezca de la tierra, todo esto se desvanecerá también. Hay muchos pasajes que describen el período del milenio. Citaremos solamente unos cuantos.


No habrá más guerras, Miqueas 4.2-4: “Y harán de sus espadas rejas de arados, y podadores de sus lanzas; no levantará la espada gente contra gente, ni aprenderán más la guerra” (Straubinger). “Y no dirá mas el habitante: estoy enfermo; al pueblo que mora. en ella le habrá sido perdonada su iniquidad” (Is 33.24 Versión Moderna).


“Entonces serán abiertos los ojos de los ciegos, y los oídos de los sordos serán destapados. Entonces el cojo saltará como ciervo, y cantará la lengua del mudo; porque revientan aguas en el desierto y arroyos en el yermo. Y el espejismo se convertirá en laguna verdadera, y la tierra sedienta en manaderos de aguas; en la habitación de chacales, donde éstos se duermen, habrá criadero de cañas y de juncos. Y habrá allí una calzada y camino; que será llamado camino de santidad; no lo transitará el inmundo, sino que Él mismo estará con ellos... Y los rescatados de Jehová volverán, y vendrán a Sión con canciones; y regocijo eterno estará sobre sus cabezas; alegría y regocijo recibirán, y huirá el dolor y el gemido” (Is 35.5-10 Versión Moderna).


“Porque la tierra estará llena del conocimiento de la gloria de Jehová, como las aguas cubren el mar” (Hab 2.14 V. M.).


Isaías 65.9: “También yo me regocijaré con Jerusalén, y me gozaré en mi pueblo; y no se oirá más en ella voz de lloro, ni voz de clamor” (V. M.).


Durante el milenio, los judíos como nación, seguirán a Cristo y serán los misioneros del mundo.


Los judíos se convertirán en una grande bendición para toda la tierra: “Si su tropiezo constituye las riquezas del mundo y su pérdida las riquezas de los gentiles, ¿cuánto más su abundancia?” El centro de la adoración del mundo será Jerusalén y se cumplirá la profecía de Isaías 2.3: “Y vendrán muchos pueblos y dirán: Venid, y subamos al monte de Jehová, a la casa del Dios de Jacob; y Él nos enseñará en sus caminos y caminaremos por sus sendas; porque de Sión saldrá la ley, y de Jerusalén la Palabra del Señor”. Todos los hombres podrán testificar y comprender lo que el Señorío de Cristo significará para la humanidad.


Sin embargo, este reino de paz terminará cuando Satanás sea soltado de sus prisiones. Él reunirá para la guerra a todos aquellos cuyos corazones no han estado realmente en armonía con el reino de Cristo aunque hayan estado bajo Su sujeción.


Apocalipsis 20:7-8 nos dice: “Y cuando fueren acabados los mil años, Satanás será desatado de su prisión, y saldrá para extraviar a las naciones que están en los cuatro ángulos de la tierra, a Gog y a Magog, a fin de congregarlos para la guerra; cuyo número es como las arenas del mar” (V. M.). Jerusalén de nuevo será atacada, pero Dios intervendrá con fuego del cielo, y Satanás será arrojado al lago de fuego, y nunca más tendrá acceso a la tierra, o al nuevo cielo y a la nueva tierra. Una descripción de lo que acontecerá se nos da en Apocalipsis 20.9-10: “Y subieron sobre la anchura de la tierra, y cercaron el campamento de los santos en derredor, y la ciudad amada; y bajó fuego del cielo y los devoró. Y el diablo que los había extraviado fue arrojado en el lago de fuego y azufre, en donde están también la bestia y el falso profeta; y serán atormentados día y noche por los siglos de los siglos” (V. M.).


Entonces llegará la eternidad. Ocurrirá la segunda resurrección, la resurrección de los no creyentes muertos, y el Juicio del Gran Trono Blanco: “Y vi un gran trono blanco, y al que estaba sentado sobre él, de cuya presencia huyó la tierra y el cielo; y no fue hallado lugar para ello. Y vi a los muertos, pequeños y grandes, estar en pie delante del trono; y se abrieron los libros; se abrió también otro libro, que es el Libro de la Vida; y los muertos fueron juzgados de acuerdo con las cosas escritas en los libros, según sus obras. Y el mar entregó los muertos que había en él; y la muerte y el sepulcro entregaron los muertos que había en ellos; y fueron juzgados cada uno conforme a sus obras. Y la muerte y el sepulcro fueron arrojados en el lago de fuego. Esta es la muerte segunda. Y cualquiera que no fue hallado escrito en el Libro de la Vida, fue arrojado en el Lago de Fuego” (Ap 20.11-15 V. M.).

 

VI.  El Nuevo Cielo y la Nueva Tierra

 

Cuando esto haya ocurrido, vendrán entonces el Nuevo Cielo y la Nueva Tierra; y el primer cielo y la primera tierra pasarán y el mar no será más: “Y vi un cielo nuevo y una nueva tierra porque el primer cielo y la primera tierra han pasado, y el mar ya no existe” (léase Ap 21.1-8 V. M.).


La iglesia entrará entonces a tomar posesión total de su vasta herencia. Pablo nos dice en Efesios que en los días por venir el gran Dios-Padre nos va a dar los tesoros y las riquezas que ha almacenado en Su gran amor durante la eternidad del pasado para nosotros. ¡Ah, la verdad gloriosa de los tesoros, de las riquezas y del gozo que pertenecen a la familia de Dios!


Durante siglos de siglos nos vamos a conocer los unos a los otros, a hablar el uno con el otro y a disfrutar de las bendiciones celestiales para siempre. Bendita sea la esperanza del Nuevo Cielo y de la Nueva Tierra.

 

PREGUNTAS

 

1.      ¿Cómo es que aún hoy el judío sigue siendo un testigo?


2.   Cite tres pasajes proféticos que se hayan cumplido con respecto a los judíos.


3.       ¿Qué profecía relacionada con el pueblo judío se está cumpliendo hoy?


4.       ¿Qué ocurrirá en la manifestación de Cristo?


5.       Cite cuatro pasajes que se refieran a los judíos recibiendo a Cristo.



6.     ¿Por qué no habrá pecado ni sufrimiento durante el milenio?


7.   ¿Quiénes estarán en el ejército que Satanás reunirá después de que sea libertado?


8.       ¿Cómo salvará Dios a Jerusalén?


9.       ¿Qué ocurrirá en la segunda resurrección?


10.   Diga lo que pueda del Nuevo Cielo y de la Nueva Tierra.
 
 
 


lunes, 15 de noviembre de 2021

Estudios Básicos de la Biblia - E. W. Kenyon - Lección 34


Lección 34
LA SEGUNDA VENIDA DE CRISTO

Nuestras dos últimas lecciones trataron del Ministerio del Espíritu Santo. Notamos que Él vino en el tiempo señalado para cumplir una misión definida, y que cuando haya realizado Su ministerio en la tierra regresará al Padre como lo hizo Cristo.

2 Tesalonicenses 2.7 revela que hay un tiempo señalado para que Él se ausente de este mundo:

Porque ya está obrando el misterio de iniquidad; solamente espera hasta que sea quitado de en medio el que ahora impide”. Este que está impidiendo la obra de Satanás es el Espíritu Santo, pero llegará el tiempo en que sea quitado de en medio.

Hay algunas cosas sobre Su regreso o Ascensión al Padre sobre las cuales deseamos llamar la atención. En nuestro estudio de Su ministerio durante la actual dispensación, notamos que cuando el Espíritu Santo entró al mundo, fue encarnado en el cuerpo místico de Cristo, Su Iglesia. Desde entonces, el Cuerpo de Cristo ha sido Su morada: “En el cual vosotros también sois juntamente edificados, para morada de Dios en Espíritu” (Ef 2.22).

Deseamos subrayar lo siguiente: cuando el Espíritu Santo deje el mundo, no se separará del cuerpo, sino que será dejado en el Cuerpo de Cristo. En esto constituirá el Rapto: La iglesia será arrebatada en el Espíritu para ser unida en gloria, con Cristo, la Cabeza de la Iglesia, el propio Salvador del Cuerpo.

El Espíritu Santo ha estado formando el Cuerpo de Cristo y Él lo presentará delante del Salvador como una iglesia gloriosa, sin mancha ni arruga (Ef 5.27). Escribiendo sobre este asunto, A. J. Gordon ha dicho lo siguiente: “El traslado, de la iglesia va a ser efectuado por el Espíritu Santo que mora en ella: Mas si el Espíritu de Aquel que levantó de los muertos a Jesús mora en vosotros, el que levantó a Cristo Jesús de los muertos vivificará también vuestros cuerpos mortales por Su Espíritu que mora en vosotros’ (Ro 8.11). No es por actuar sobre el Cuerpo de Cristo exteriormente, sino por la vigorización interior que el Espíritu Santo efectuará su glorificación. En una palabra, el Consolador, que en el día de Pentecostés descendió para formar un Cuerpo, en el Rapto regresará al cielo en ese Cuerpo”.


I. La Certidumbre del Regreso de Cristo

Eso tendrá lugar en el regreso de nuestro Señor. Antes de terminar este curso deseamos estudiar los pasajes bíblicos que se refieren a Su regreso.

En profecía, en parábola y en enseñanza, Cristo reveló que va a venir otra vez. Como trescientos versículos del Nuevo Testamento tratan de este grandioso acontecimiento. Las profecías divinas nunca dejan de cumplirse. Cada profecía respecto a la primera venida de Cristo se cumplió en forma exacta. Y así se cumplirá cada promesa de Su Segunda venida.

Vemos, por ejemplo, el cumplimiento de la profecía de Isaías 7.14, cuando una virgen concibió y dio a luz a un Hijo cuyo nombre fue Emmanuel. Cristo nació en Belén en cumplimiento de lo que se predijo en Miqueas 5.2. Sin embargo, para que se cumpliese esa profecía, “todo el mundo” tuvo que ser “empadronado”. Veinte profecías del Salmo 22 se cumplieron cuando Cristo murió en la cruz. Isaías 53 se cumplió cuando Él fue hecho pecado por nosotros.

El Espíritu Santo reveló a los profetas de la antigüedad tales acontecimientos muchísimos años antes de que Cristo viniese: “De la cual salud los profetas que profetizaron de la gracia que había de venir a vosotros, han inquirido y diligentemente buscado, escudriñando cuándo y en qué punto de tiempo significaba el Espíritu de Cristo que estaba en ellos, el cual preanunciaba las aflicciones que habían de venir a Cristo, y las glorias después de ellas” (1P 1.10-11).

Al ver el cumplimiento exacto de todas las profecías acerca de la primera venida de Cristo, recibimos el incentivo necesario para escudriñar las Escrituras y aprender de ellas acerca de Su segunda venida. Al estudiar las profecías que predicen la segunda venida del Señor, vemos que hay dos fases de dicha venida:

1. El Rapto, en el cual la Iglesia es arrebatada para encontrarle en el aire; y

2. La revelación de Su venida a la tierra, con Su Iglesia, en ostentación de poder y gloria, cuando “todo ojo le verá”. En ese tiempo Él establecerá Su reino terrenal durante mil años.


II. ¿Qué sucederá en el Rapto?

El Espíritu Santo, por medio del apóstol Pablo, nos da una descripción sorprendente de lo que sucederá cuando Cristo regrese. Su venida afectará a cada miembro del Cuerpo de Cristo, ya sea que estén con el Señor o vivos, en espera de Su regreso: “Por lo cual, os decimos esto en Palabra del Señor: que nosotros que vivimos, que habremos quedado hasta la venida del Señor, no seremos delanteros a los que durmieron. Porque el mismo Señor con aclamación, con voz de arcángel, y con trompeta de Dios, descenderá del cielo; y los muertos en Cristo resucitarán primero; luego nosotros, los que vivimos, los que quedamos, juntamente con ellos seremos arrebatados en las nubes a recibir al Señor en el aire, y así estaremos siempre con el Señor” (1Ts 4.15-17).

Nuestro Señor, que ha ascendido al cielo y ha tomado Su lugar como Mediador, Intercesor, Abogado y Señor, para bien nuestro, “descenderá del cielo con aclamación”. Todo creyente que viva escuchará esa aclamación. Los incrédulos no tienen parte en esto; y la aclamación será la señal para la resurrección de los cuerpos de los que han muerto en Cristo. Los cuerpos de los que están con Cristo se levantarán primero. Ellos, juntamente con todos los creyentes que vivan, serán arrebatados (el griego dice, “en las nubes”) para encontrar al Señor en el aire.

Deseamos subrayar aquí, que la resurrección de los cuerpos de los que hayan muerto en Cristo, será la que tendrá lugar en el Rapto. No es el espíritu el que será resucitado; los espíritus de los santos que se han ido, ya están con Cristo en el Cielo. El espíritu del creyente en Cristo Jesús no puede morir nunca y de consiguiente, nunca necesita una resurrección. Los muertos en Cristo no están en el sepulcro, sino que viven con Cristo.

1 Tesalonicenses 4.14 nos señala que aquellos que han muerto en Cristo vendrán con Él en el rapto a recibir sus cuerpos inmortales y glorificados. El término “nubes” no significa necesariamente las nubes del aire. Probablemente significa que nubes de creyentes se levantarán de cada nación para encontrar al Señor en el aire. Encontramos la expresión “nubes de testigos” en Hebreos 12.1. Notemos el significado en el griego, de la expresión “arrebatados”. Se nos dice que “ello indica un acto poderoso y decisivo de Dios que nadie puede resistir y que nadie deseará resistir". Significa un “tomar por la fuerza”.

El término se emplea en Mateo 11:21 cuando Cristo dice que los hombres de violencia toman el reino de los cielos por la fuerza, y en Hechos 23.10 cuando se les ordenó a los soldados que tomaran a Pablo por la fuerza.

Qué compulsión tan Gozosa será esa. “Arrebatados para encontrar a nuestro bendito Señor y Salvador, a quien no habiéndolo visto, ya lo amamos”. Se operará un cambio en nuestros cuerpos. Pablo dice que “...ni la carne ni la sangre pueden heredar el reino de Dios... Mas todos seremos transformados en un momento, en un abrir y cerrar de ojos, a la final trompeta” (1Co 15.50-52 Straubinger)

Porque nuestra vivienda es en los cielos, de donde también esperamos al Salvador, al Señor Jesucristo: el cual transformará el cuerpo de nuestra bajeza...” (Fil 3.20-21). Recibiremos realmente un cuerpo inmortal, glorificado, como el de nuestro Señor. El Espíritu Santo, por medio de Juan, nos dice que “Sabemos que cuando Él apareciere, seremos semejantes a Él” (1Jn 3.2). Hemos sido trasladados de la autoridad de Satanás a Cristo. Ya hemos sido conformados en espíritu a la imagen de Cristo (Ro 8.29). Ahora esperamos la redención de nuestros cuerpos, la entrega de un cuerpo glorificado como el de nuestro Señor.

Pablo menciona esta esperanza en Tito 2.13: “Esperando aquella esperanza bienaventurada, y la manifestación gloriosa del gran Dios y Salvador nuestro Jesucristo”. Cristo habla de Su venida en Lucas 17.30-35: “El día en que el Hijo del hombre se manifestará... En aquella noche estarán dos en una cama; el uno será tomado y el otro será dejado. Dos mujeres estarán moliendo juntas; la una será tomada y la otra será dejada”. También Mateo 24.40: “Estarán dos en el campo; el uno será tomado y el otro dejado”. Aquí se revela una separación eterna entre el Cuerpo de Cristo y el mundo.


III. La Cena de Bodas del Cordero

En el encuentro de Cristo con Su Cuerpo será ocasión de gran regocijo. Él se encargará de dar la bienvenida a los miembros del Cuerpo de Cristo. Habrá recompensas. Estas consistirán en diversos nombramientos para cargos que habrán de desempeñarse en el milenio. No sabemos exactamente qué: “Siendo necesario que todos nosotros comparezcamos ante el tribunal de Cristo; para que cada cual reciba lo que mereció durante su vida mortal conforme a lo que hizo, bueno o malo” (2Co 5.10 Versión A.F.E.B.E.).

Mas tú, ¿por qué juzgas a tu hermano? O tú también por qué menosprecias a tu hermano? porque todos hemos de estar ante el tribunal de Cristo” (Ro 14.10). A este encuentro se le llama la Cena de Bodas del Cordero: “Gocémonos y alegrémonos y démosle gloria; porque son venidas las bodas del Cordero, y su esposa se ha aparejado. Y le fue dado que se vista de lino fino, limpio y brillante: porque el lino fino son las justificaciones de los santos” (Ap 19.7-8).

Y él me dice: Escribe: ¡Bienaventurados los que son llamados a la cena del Cordero!” (Ap 19.9). Esto durará varios años. Las gentes espiritualmente muertas continuarán viviendo en la tierra. Entretanto, tendrá lugar en la tierra la tribulación profetizada por nuestro Señor.


IV. La Venida del Anti-Cristo

Será asesorado por Satanás el cual ha sido arrojado a la tierra. Los siguientes pasajes se refieren a esta gran tribulación: Isaías 26.16-21; 27.1. Notamos el silencio de las epístolas sobre este asunto. No se menciona en ninguna de ellas porque la tribulación mencionada no afectará al Cuerpo de Cristo. Parece claro, por las palabras de nuestro Señor en Mateo 24.21-30, que ocurrirá la más grande tribulación que el mundo haya conocido, y que vendrá especialmente sobre los judíos, antes que Él se manifieste en gloria a Israel.

Durante este tiempo aparecerá el Anti-Cristo. El término “Anti-Cristo” es empleado exclusivamente por Juan. Sin embargo, otros pasajes bíblicos aluden a él. Pablo se refiere a él llamándolo “el no sujeto a la ley”, “el hombre de pecado” y “el hijo de perdición” (2Ts 2). Daniel habla de él como un rey que se engrandecerá por sobre todos los dioses: “Aquel rey hará lo que quiera; se ensoberbecerá y engrandecerá sobre todo dios; hablará cosas espantosas contra el Dios de los dioses; y prosperará hasta que se cumpla la ira; porque lo decretado ha de cumplirse” (Dn 11.36 Straubinger).

Parece que el “Anti-Cristo” será cierta clase de “Cristo”. El prefijo “anti” significa “en contra” o “en vez de”. Ambos conceptos pueden estar en una misma palabra. Wescott dice que el término significa mucho más que el adversario de Cristo; significa alguien que, con el mismo carácter, se opone a Cristo.

Antes de que termine la tribulación no quedará en la tierra ninguno de los creyentes. Cada persona será un hijo de Satanás. El mundo será suyo. Vendrá Satanás en forma personal. El Anti-Cristo será una encarnación de Satanás e imitará a Cristo en muchos sentidos. Debemos recordar que lo que originó la caída de Satanás y cambió su naturaleza, fue el deseo de ser como el Altísimo: “Tú que dijiste en tu corazón: Al cielo subiré; sobre las estrellas de Dios levantaré mi trono; y me sentaré en el monte de la Asamblea, en lo más recóndito del septentrión; subiré a las alturas de las nubes; seré como el Altísimo!” (Is 14.13-14 Straubinger).

Él prometió a Adán y Eva que serían como Dios (Gn 3.3). Él desea tomar el lugar de Dios en la vida del hombre. Trató aun de conseguir la adoración de Cristo. De modo que en este período de tribulación, se sentará en el templo manifestándose como Dios. Parece que los judíos harán pacto con el Anti-Cristo por una semana (puede referirse a un período de siete años), éste permitirá el sacrificio y la oblación: “El confirmará el pacto con muchos durante una semana; y a la mitad de la semana hará cesar el sacrificio y la oblación; y sobre el santuario vendrá una abominación desoladora, hasta que la sumación decretada se derrame sobre el devastador” (Dn 9.27 Straubinger).

No obstante, él romperá el pacto a la mitad de la semana y exigirá que le tributen adoración. Luego vendrá el tiempo de la angustia de Jacob. Todos los que entonces se rehúsen a adorar a la bestia serán muertos. Nadie podrá comprar o vender sin la marca de la bestia sobre su mano o sobre su frente. Se verificará el más estupendo triunfo de Satanás cuando aparezca como el Anti-Cristo y se exalte por encima de cualquiera otro dios, obligando a los hombres a adorarle.

Sin embargo, su triunfo será breve y al final será conquistado por Cristo. Los pasajes que mencionan al Anti-Cristo son los siguientes: Apocalipsis 13; Daniel 7.8-20; 21-25; 8.23-24; 11.36-37. Continuaremos este estudio en la próxima lección.


PREGUNTAS

1. ¿Qué pasaje de las Escrituras muestra que hay un tiempo señalado para que el Espíritu Santo deje el mundo?

2. ¿Por qué el Cuerpo de Cristo saldrá del mundo cuando el Espíritu Santo lo haga?

3. Discuta la certeza del regreso de nuestro Señor Jesucristo.

4. ¿Cuáles son las dos fases de la segunda venida de Cristo?

5. ¿Qué acontecerá con los creyentes que vivan cuando Cristo venga?

6. ¿Qué sucederá con aquellos que hayan dormido en Cristo?

7. ¿Qué ocurrirá en el encuentro de Cristo y de Su esposa en el aire?

8. ¿Cuál será la causa de la Tribulación en la tierra?

9. ¿Por qué las epístolas no mencionan para nada la Tribulación?

10. ¿Cuál es la ambición de Satanás al tomar la forma humana en la persona del Antí-Cristo?

domingo, 14 de noviembre de 2021

Estudios Básicos de la Biblia - E. W. Kenyon - Lección 33


Lección 33
EL ESPÍRITU SANTO
(Continuación)

En nuestras dos últimas lecciones estudiamos que el Espíritu Santo, la Tercera Persona de la Deidad, entró a este mundo en el día de Pentecostés para cumplir una misión determinada que se le asignó.

El Espíritu Santo se encuentra hoy en el mundo en forma tan real como lo estuvo Cristo durante Su ministerio terrenal, aunque no podemos tener comunicación con Él por los sentidos físicos. Aprendimos también porqué no podía venir antes del día de Pentecostés, y lo que aconteció en el aposento alto aquel día.

En esta última lección acerca del Espíritu Santo, estudiaremos algo más sobre Su ministerio actual.


I. El Ministerio del Espíritu Santo al Mundo

Cristo enseñó a Sus discípulos que otro Consolador vendría a tomar Su lugar. Si el Espíritu Santo toma el lugar de Cristo, sabemos que Él está haciendo lo que Cristo haría si estuviera aquí. Si Cristo estuviera aquí en forma corporal como lo estuvo antes de Su ascensión, Su ministerio consistiría en revelar al hombre lo que Él hizo por medio de Su muerte y resurrección.

Su propósito sería mostrar a cada individuo que Él fue hecho pecado por el mundo, a fin de que el hombre pudiera ser hecho justo. Mostraría también a todo hombre lo trágico que es rechazar ese sacrificio de sustitución.

Es así como el Espíritu Santo hace hoy real al corazón humano la obra del Hijo de Dios. Las enseñanzas y las revelaciones del Espíritu no son Suyas, son de Cristo (Jn 16.13-14). Cristo nos dio el triple método del Espíritu Santo al hacer Su obra real al mundo en Juan 16.7-11. Fue necesario que Cristo ascendiese al Padre y que el Espíritu Santo tomase Su lugar aquí en la tierra porque el ministerio terrenal de Cristo a través de Su cuerpo físico, hubiera sido muy limitado. El Espíritu Santo, sin embargo, puede alcanzar al mundo entero.

Es necesario que entendamos cómo trata el Espíritu Santo con el hombre no redimido, a fin de que le dejemos obrar a través de nuestra personalidad. Al estudiar su método de presentar la obra de Cristo a los hombres, veremos cuán equivocada ha estado la mayor parte de nuestra predicación evangelística.

En Juan 16.8-11 notamos lo siguiente: el Espíritu Santo convence al mundo de juicio porque el príncipe de este mundo ha sido juzgado. ¿Qué tiene que ver el juicio de Satanás con el hombre? Mucho, porque el hombre se ha convertido en su hijo y el hogar eterno de Satanás ha llegado a ser el hogar eterno del hombre.

Después de que el Espíritu Santo le revela al hombre que es un hijo de Satanás, no sólo ahora sino por la eternidad, lo convence también de justicia, porque Cristo ha ido al Padre. El Espíritu Santo demuestra al hombre que tiene un Mediador ante Dios, Uno que, con Su propia sangre, después de haber preparado una redención eterna para el hombre, entró al cielo en beneficio suyo.

Muestra al hombre, además, que puede llegar a ser la justicia de Dios y que posee el derecho legal de convertirse en hijo de Dios. Luego, lo convence del pecado de rechazar a Cristo, el único camino a la redención que le hace libre de la autoridad de Satanás; le convence del pecado de continuar siendo un hijo de Satanás después de darse cuenta de que puede llegar a ser un hijo de Dios. ¡Cuán desacorde con el método del Espíritu Santo ha sido nuestra predicación! Nosotros no le hemos declarado al hombre que es un hijo de Satanás, ni tampoco le hemos señalado sus derechos legales a la justicia y a la naturaleza de Dios. Le hemos predicado la condenación a causa de los pecados que ha cometido. Dios no condena a un hombre por razón de lo que hace, sino por lo que es, y lo convence de un sólo pecado, el pecado de rechazar a Cristo, de escoger el seguir siendo un hijo de Satanás.

El Espíritu Santo obra por la Palabra. La Palabra es Su Espada (Ef 6.17). Es por medio de la Palabra, la revelación de Dios al hombre, que el Espíritu Santo demuestra al hombre no salvado su necesidad de Cristo. Nosotros somos los instrumentos que utiliza el Espíritu Santo porque a nosotros se nos ha confiado la Palabra de reconciliación (2Co 5.18-19).

Si no sabemos cómo repartir rectamente la Palabra de Dios y presentarla de una manera inteligente al hombre no salvado, estropeamos el ministerio del Espíritu Santo. Después de que el Espíritu Santo ha convencido a alguien de su necesidad de Cristo, si éste cree en Cristo, el Espíritu Santo le imparte la naturaleza de Dios (Jn 1.12). Cristo dijo: “Yo he venido para que tengan vida, y para que la tengan en abundancia” (Jn 10.10).

Cristo vino para hacer posible que el hombre recibiese realmente la naturaleza Divina, la vida eterna (1Jn 5.11-13). El hombre que recibe a Cristo, recibe la naturaleza Divina y se convierte realmente en hijo de Dios. El bendito y fiel Espíritu Santo es el Mediador por el cual se trasmite esta vida.

Cristo dijo: “El que no naciere de agua y del Espíritu no puede entrar en el reino de Dios. Lo que es nacido de la carne, carne es, y lo que es nacido del Espíritu, espíritu es. No te maravilles de que te dije: Os es necesario nacer otra vez. El viento de donde quiere sopla y oyes su sonido, mas ni sabes de donde viene ni a donde vaya así es todo aquel que es nacido del Espíritu” (Jn 3.5-8) El nuevo nacimiento es un acto secreto: no obstante, es el más grande de todos los milagros. El Espíritu Santo hace sombra a aquel que cree en Cristo y le imparte la vida Divina, y llega a ser una nueva creación en Cristo (2Co 5.17).

Los cuales no son engendrados de sangre, ni de voluntad de carne, ni de voluntad de varón, mas de Dios” (Jn 1.13). Vemos que el Espíritu Santo es quien convence al hombre no redimido de su necesidad de Cristo y luego imparte a su espíritu la naturaleza Divina cuando acepta a Cristo.

Luego, si se invita con inteligencia al Espíritu Santo, Él habita en aquel a quien ha convertido en una nueva creación en Cristo. El cuerpo del nuevo hijo de Dios se convierte en Su templo. Durante el período de residencia del Espíritu Santo sobre la tierra, Su hogar y lugar donde permanece es el cuerpo de Cristo. Así como el cuerpo físico de Cristo fue el templo de Dios cuando Él estuvo en la tierra, así Su cuerpo, la Iglesia, es el templo del Espíritu Santo durante Su ministerio aquí. Notemos la comparación. Una traducción literal de Juan 1.14 es la que sigue: “El verbo se hizo carne e hizo Su tabernáculo entre nosotros”. El “tabernáculo” se usa en las Escrituras como el lugar donde mora Dios entre los hombres. El lugar de habitación de Dios es un templo. Entonces, cuando Dios hizo Su tabernáculo en Cristo, el cuerpo de Cristo se convirtió en Su templo. Cristo, al dirigirse a los judíos se refirió a Su cuerpo como un Templo. Les dijo que si destruían Su cuerpo, este Templo de Dios, Él lo levantaría de nuevo.

Cuando Dios hizo Su tabernáculo entre los hombres, la gloria de la Shekinah reposó sobre el Asiento del Perdón. Así también cuando Dios hizo su tabernáculo en Cristo para morar entre los hombres, ellos contemplaron Su gloria, como del unigénito del Padre, lleno de Gracia y de Verdad. Cuando Dios hizo Su Tabernáculo entre nosotros, en Cristo, se verificó la perfecta unión de Dios con la humanidad sin pecado, porque Cristo no había participado de la muerte espiritual ni estaba bajo su influencia.

Así también ahora, cuando el Espíritu Santo hace Su morada en el Cuerpo de Cristo, se verifica la unión con las nuevas creaciones que han sido liberadas por completo de la muerte espiritual y de la autoridad satánica. El nuevo hombre es creado en “Justicia y Santidad de verdad” y está listo para convertirse en el Templo de Dios: “En el cual, compaginado todo el edificio, va creciendo para ser un Templo Santo en el Señor; en el cual vosotros también sois juntamente edificados para morada de Dios en Espíritu” (Ef 2.21-22).

1 Corintios 6:19 dice: “¿O ignoráis que vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo, el cual está en vosotros, el cual tenéis de Dios, y que no sois vuestros?” Con Cristo como la Cabeza, Dios ha sido encarnado en la Iglesia. Por causa de la habitación de Dios en Cristo, Él podía decir: “El que me ha visto a mí, ha visto al Padre”.

Por vez primera Dios se manifestaba realmente al hombre. Ningún hombre había contemplado a Dios antes, pero en Cristo Él fue manifestado al hombre. Cuando Cristo dejó el mundo para tomar Su lugar a la diestra del Padre, donde no tendría más trato personal con el hombre, envió al Espíritu Santo para que encarnara en Su cuerpo místico, la Iglesia, a fin de que pudiera continuar la manifestación de Dios al hombre.

Es el deseo del Padre que el Cuerpo de Cristo por medio del Espíritu Santo sea lleno de la plenitud de Dios: “...para que seáis llenos de toda la plenitud de Dios” (Ef 3.19 última parte). De hecho se nos ordena ser llenos con el Espíritu Santo para que Él pueda ser manifestado al mundo (Ef 5.18).

Cristo no tiene ningún trato con el mundo actualmente, excepto por medio de Su Cuerpo. No puede obrar independientemente de éste. Si nuestra vida no está llena del Espíritu Santo en tal forma que Él pueda obrar libremente por medio de nosotros, atamos las manos de la Divinidad. Ésta es la dispensación del Espíritu Santo. Es por medio de Él que el Padre y el Hijo, actúan. Y Él actúa en y por medio del Cuerpo de Cristo. No puede haber una verdadera manifestación de Cristo al mundo si Su Cuerpo no está habitado por el Espíritu Santo.

En relación con esta idea, hay una lección muy seria para nosotros en 1 Juan 4.12: “Ninguno vio jamás a Dios; si nos amamos unos a otros, Dios está en nosotros, y Su amor es perfecto en nosotros”. Si Dios mora en nosotros por el Espíritu Santo, su amor es perfeccionado en nosotros. La palabra “perfecto” significa “completo”. La idea es que si Dios mora en nosotros, Su amor puede ser completado por medio de nuestra vida. La implicación es que Su amor no puede completarse excepto que encuentre expresión por medio de nosotros. Hay algo que le falta cuando no actúa por medio de nosotros. Esto es cierto: “La gracia de Dios abundó hacia el hombre en Cristo. Porque de Su plenitud tomamos todos, y gracia por gracia” (Jn 1.16).

La gracia es el amor en acción. El amor de Dios ha realizado una redención completa para el hombre. Por Su gracia, Cristo ha probado la muerte por todos los hombres. Él ha llevado las enfermedades y los dolores de la humanidad entera. No obstante, la palabra de reconciliación que confiere al hombre la redención en Cristo, sólo puede ser dada por medio del Cuerpo de Cristo. Dios ha reconciliado a toda la humanidad a Sí por medio de Cristo y ha entregado el mensaje de la reconciliación al Cuerpo de Cristo (2Co 5.18-21).

Si el Cuerpo de Cristo no está bajo la dirección del Espíritu Santo y si por medio de Él dicho cuerpo no toma su lugar en el mundo, el amor de Dios no puede ser expresado. El hombre jamás ha visto a Dios, pero si Él puede habitar en el Cuerpo de Cristo como lo hizo en Su Hijo, Su amor puede encontrar expresión y llegar a la humanidad.

Su mensaje a nosotros es: “Habitaré y andaré en ellos” (2Co 6.16). Si se lo permitimos, el mundo podrá hoy contemplar Su gloria y ver también las obras de Su amor tal y como fueron vistas cuando Dios puso Su tabernáculo entre los hombres, en Cristo.


II. El Espíritu Santo, Revelador de Cristo

Cuando el Espíritu Santo comenzó Su ministerio el día de Pentecostés, lo comenzó bajo un nuevo nombre. Cristo le había llamado el “Paracleto”. Es esta una palabra griega derivada del verbo que significa “pedir la ayuda de alguien”.

La tristeza que se había apoderado de los corazones por la muerte de Cristo, se había convertido en gozo por Su resurrección. Sin embargo, tendría que ocurrir una separación más larga al ir Él a tomar Su lugar a la diestra del Padre. La Tercera Persona de la Trinidad es Aquel que fue llamado para ayudarles. Vino a llenar el lugar vacante de su Señor.

¡Cuán grandes esperanzas debieron haber inundado sus corazones! Se habían conmovido por la venida del Hijo de Dios a la tierra; y ahora otro de la misma categoría que el Señor, vendría a morar con ellos para siempre: “Y yo rogaré al Padre, y os dará otro Consolador, para que esté con vosotros para siempre” (Jn 14.16).

Cristo va a venir a ellos por medio del Espíritu Santo: “No os dejaré huérfanos; vendré a vosotros” (Jn 14.18). El Paracleto va a tomar las cosas que son de Cristo y las va a revelar al hombre: “Pero cuando viniere aquel Espíritu de verdad, él os guiará a toda verdad; porque no hablará de sí mismo, sino hablará todo lo que oyere, y os hará saber las cosas que han de venir. Él me glorificará: porque tomará de lo mío, y os lo hará saber” (Jn 16.13-14).

Notamos aquí que el Espíritu Santo no revela un Cristo terrenal al hombre. Es al Cristo glorificado que está a la diestra del Padre a quien revela el Espíritu Santo. Él revela al Cristo conquistador de la muerte, del sepulcro y del infierno, al que se le ha dado un Nombre que es sobre todo nombre.

Él nos ha revelado todo lo que del ministerio de Cristo no podía ser revelado a los sentidos del hombre. Él es Aquel que dio a Pablo la estupenda revelación del sacrificio sustitucional de Cristo, de Su conquista de Satanás en el infierno, de Su entrada al Lugar Santísimo con Su propia sangre, habiendo obtenido eterna redención para el hombre, y de Su ministerio actual a la diestra del Padre. Él nos ha revelado las riquezas de Su gracia (Ef 1.7) y las riquezas de Su gloria (Ef 3.16). Hay diversos pasajes que nos revelan diferentes aspectos del ministerio del Espíritu Santo. Al observar el ministerio de Cristo, que es nuestro ejemplo, encontramos que dicho ministerio fue realizado en el Espíritu Santo (léase Mt 12.28; He 9.14; Hch 1.2; Is 11.12).

Encontramos también, que la iglesia primitiva siguió adelante en la potencia del Espíritu Santo (léase Hch 4.8, 31; 6.5; 13.2, 4, 9, 52; 15.8, 28; 16.6, 7).


PREGUNTAS

1. ¿Cual es el ministerio del Espíritu Santo para el mundo?

2. ¿Cuál es Su triple método de presentar la obra de Cristo al hombre no redimido?

3. ¿Qué persona de la Trinidad es el Agente Activo en el nuevo nacimiento?

4. ¿Cuáles son los instrumentos del Espíritu Santo?

5. ¿Cuál es hoy la habitación del Espíritu?

6. ¿Por qué es esencial para todo hijo de Dios ser lleno con el Espíritu Santo?

7. Explique 1 Juan 4.12.

8. ¿Por qué Cristo llamó al Espíritu Santo el “Paracleto”?

9. ¿Qué cosa del ministerio de Cristo ha revelado el Espíritu al hombre?

10. Cite pasajes que demuestren que el ministerio de Cristo fue realizado en la potencia del Espíritu.









viernes, 12 de noviembre de 2021

Estudios Básicos de la Biblia - E. W. Kenyon - Lección 32


Lección 32 
EL ESPÍRITU SANTO 
(Continuación) 
 
I.  ¿Qué es el Bautismo del Espíritu Santo? 
 
La iglesia, como un todo, no ha entendido claramente que los discípulos no habían nacido de nuevo sino hasta el día de Pentecostés. Esto ha conducido a una enseñanza errónea con respecto al Bautismo del Espíritu Santo. Estudiemos ahora con todo cuidado lo que las Escrituras enseñan sobre el ser bautizados con el Espíritu Santo. 

Juan fue el primero en mencionar este bautismo. Él dijo: “Yo a la verdad os bautizo en agua para arrepentimiento; mas el que viene tras mi, más poderoso es que yo, los zapatos del cual yo no soy digno de llevar; Él os bautizará en Espíritu Santo y fuego” (Mt 3.11). Esta declaración hecha por Juan se encuentra también en Marcos 1.8 y Lucas 3.16. 

Después de Su resurrección Cristo se refiere a esta promesa hecha por Juan: “Les mandó que no partiesen de Jerusalén, sino que esperasen allí la promesa del Padre, la cual (así decía) habéis oído de mí. Porque Juan en verdad bautizó con agua; mas vosotros seréis bautizados con el Espíritu Santo de aquí a muy pocos días” (Hch 1.4-5 Versión Moderna). 

Luego se emplea también el término “bautismo” en Hechos 11.16; lo utiliza Pedro cuando se refiere al descendimiento del Espíritu Santo sobre los gentiles, en la misma forma que descendió sobre los judíos el día de Pentecostés. La palabra “bautizar” es una palabra griega intraducible que significa “sumergir”. Juan simplemente los había sumergido en agua, pero iba a venir una inmersión en el Espíritu Santo. 

Luego Pablo se refiere al bautismo con el Espíritu Santo en 1 Corintios 12.13: “Porque por un espíritu todos somos bautizados en un cuerpo”; y en Gálatas 3.27: “Porque cuantos habéis sido bautizados en Cristo, os habéis revestido de Cristo” (Versión Moderna). Estos son los únicos pasajes en las Escrituras donde se emplean las expresiones “bautizar” o “ser bautizados” con el Espíritu Santo. 

Examinemos ahora los textos con cuidado para entender el significado espiritual del término. Juan Bautista dijo: “Él os bautizará con el Espíritu Santo” (Mt 3.11). Cristo vino a traer la naturaleza Divina al hombre: “Mas a cuantos le acogieron (o recibieron) les dio poder de llegar a ser hijos de Dios, a los que creen en su nombre, los que nacieron, no de la sangre, ni de la voluntad de la carne, ni de la voluntad del hombre, mas de Dios” (Jn 1.12-13 Versión A.F.E.B.E. Véase también Jn 10.10). 

¿Es este nuevo nacimiento a lo que Juan Bautista se refiere? Examinemos cuidadosamente este pasaje para averiguarlo. Juan está comparando su ministerio con el de Cristo. El bautismo que él trae es físico; es externo. No toca al espíritu, al hombre verdadero. Es, justamente, un tipo de la obra que Jesús va a realizar dentro del espíritu del hombre. 

¿Qué tipifica el bautismo en agua? ¿Qué significado espiritual se le da en las Escrituras? Tipifica el nuevo nacimiento. Tal cosa se nos revela en Romanos 6.14 donde Pablo alude al bautismo de ellos, en agua, para ilustrar lo que ocurrió en sus vidas por el nuevo nacimiento: “¿O ignoráis que cuantos fuimos bautizados en Cristo, en su muerte hemos sido bautizados? Fuimos sepultados con Él por el Bautismo en muerte, para que así como Cristo resucitó de entre los muertos por la gloria del Padre, así también nosotros caminemos en novedad de vida” (Ro 6.3-4 Versión A.F.E.B.E.). Ser sepultados con Cristo en agua, tipifica nuestra sepultura con Cristo, en Su muerte, por medio de la cual el hombre viejo fue crucificado y quitado. El levantarse del agua tipifica nuestra resurrección con Cristo, de la muerte espiritual a la vida eterna, para que podamos andar en novedad de vida. He aquí lo que acontece en el nuevo nacimiento: la muerte espiritual es erradicada del espíritu del hombre, y la vida eterna, la naturaleza Divina, es impartida al hombre, y entonces anda en novedad de vida. Después de haber nacido de nuevo, somos bautizados en agua, como un testimonio de lo ocurrido en el espíritu. 

Es como si Juan Bautista hubiera dicho: “Mi bautismo es externo y físico; es solamente un tipo de lo que Jesús hará en el espíritu del hombre. Yo bautizo el cuerpo físico en agua, pero el sumergirá al espíritu del hombre en el Espíritu Santo, y de esa inmersión surgirá el nuevo nacimiento y el hombre principiará a vivir una vida nueva”. 

Este nuevo nacimiento sería el que Cristo iría a dar al hombre espiritualmente muerto, por lo cual se les dijo a los discípulos que se quedaran en Jerusalén (Hch 1.5). Recordamos que en nuestra última lección dijimos que el Espíritu Santo no podría ser dado, ni podría descender para convertir al hombre en un hijo de Dios, hasta que Cristo fuese glorificado. 

Examinemos ahora el pasaje de 1 Corintios 12.13 para ver si también se refiere o no al nuevo nacimiento: “Porque por un espíritu todos somos bautizados en un cuerpo”. ¿Cuándo llega un individuo a ser miembro del Cuerpo de Cristo? Cuando nace de nuevo. Nuevamente nos damos cuenta que el término “bautismo” se refiere al nuevo nacimiento. El Bautismo dentro del Cuerpo de Cristo representa el nacimiento dentro del Cuerpo de Cristo: “Porque cuanto habéis sido bautizados en Cristo, os habéis revestido de Cristo” (Gá 3.27 Versión Moderna).
 
También este pasaje se refiere al nuevo nacimiento: “Y si alguno no tiene el espíritu de Cristo, el tal no es de Él” (Ro 8.9). 

Se ha enseñado que el bautismo con el Espíritu Santo es una segunda experiencia porque, como se mencionó antes, la iglesia en su totalidad no ha comprendido que ningún hombre podía ser engendrado de la muerte a la vida hasta que Cristo lo fuera. El hombre tenía que ser redimido legalmente de la autoridad satánica antes de que Dios pudiera impartirle Su Vida. 

Cristo fue el primogénito de los muertos (Co 1.18). Fue el primogénito entre muchos hermanos (Ro 8.29). 

Por consiguiente, ellos consideraban el bautismo que iba a ocurrir, como la segunda experiencia, cuando en realidad era la primera. 

Veamos ahora lo que en realidad ocurrió el Día de Pentecostés. 
 
II.  ¿Qué Ocurrió el Día de Pentecostés? 
 
Los discípulos estaban reunidos en el aposento alto (Hch 2.1-2): “Y cuando hubo venido el día de Pentecostés estaban todos juntos en un mismo lugar. Y de repente fue hecho desde el cielo un estruendo, como de un viento fuerte que venía con ímpetu; y llenó toda la casa donde estaban sentados” (Versión Moderna). 

El Espíritu Santo entró al mundo para cumplir Su ministerio especial. Fue una venida tan precisa como lo fue el nacimiento de Cristo en el pesebre de Belén. Llenó el cuarto donde estaban sentados. ¿Que aconteció? El cuarto se llenó con el Espíritu Santo y ellos fueron sumergidos o bautizados en el Espíritu Santo. 

En cierto sentido el Bautismo en el Espíritu Santo es lo opuesto al bautismo en agua. En el bautismo en agua hay una inmersión debajo del agua. En el bautismo del espíritu hay una “inundación” del Espíritu Santo venida de arriba. Sin embargo, el resultado es el mismo: inmersión

Hay diversas frases que se usan en relación con el Pentecostés: “viniendo sobre”, “descender”, “caer sobre”, “vino sobre”, “descendió sobre ellos”, etc. El resultado fue la inmersión en el Espíritu Santo de la cual surgió el nuevo nacimiento. El Cuerpo de Cristo nació en ese día memorable. Así como el pesebre había sido la cuna del Hijo de Dios, así también el aposento alto se convirtió en la cuna del Cuerpo místico de Cristo. Ciento veinte se convirtieron en nuevas creaciones en Cristo ese día. Luego fueron llenos con el Espíritu Santo. Esta es la segunda experiencia: ser llenos con el Espíritu, ser habitados por Él. 

Hay una enorme diferencia entre ser bautizado, sumergido en el Espíritu Santo, y ser lleno con Él. Podemos ilustrar esto así: si se llenara un tanque con agua y un hombre se sumergiera en ella, él estaría en el agua pero el agua no estaría en él. Después de que los moradores del aposento alto nacieron de la muerte a la vida eterna, por el Espíritu, fueron llenos con el Espíritu: “Y fueron todos llenos con el Espíritu Santo y comenzaron a hablar en otras lenguas como el Espíritu les daba que hablasen” (Hch 2.4). 

No podían ser llenos con Él sin haber nacido de nuevo. Cristo dijo que el mundo (o el hombre espiritualmente muerto) no podía recibirle: “Al Espíritu de verdad, al cual el mundo no puede recibir” (Jn 14.17). El Espíritu Santo únicamente puede hacer Su morada en los cuerpos de aquellos que han nacido de nuevo. 

Nuestra conclusión es esta: La expresión “bautismo en el Espíritu Santo” se refiere literal y bíblicamente al nuevo nacimiento; y la segunda experiencia se refiere a recibir, o a ser llenos con el Espíritu Santo para que nuestros cuerpos puedan ser habitados por Él y se conviertan en Su Templo: “¿No sabéis que sois templo de Dios, y que el Espíritu de Dios mora en vosotros?” (1Co 3.16). 

Es claro que la iglesia primitiva no empleó el término “bautismo” para referirse a la segunda experiencia o a ser llenos del Espíritu. Porque, después del día de Pentecostés, el término se usó solamente una vez. Las palabras de Pedro hacen evidente que ellos no habían empleado el término en la forma en que ha sido utilizado ahora por muchos grupos. Porque al relatar lo que ocurrió cuando los gentiles recibieron primero el Evangelio, dice que ocurrió exactamente lo mismo que cuando ellos primero creyeron en Cristo, y recuerda las palabras de Juan el Bautista, que Cristo bautizaría con el Espíritu Santo. 

Así como el Espíritu Santo vino sobre los judíos haciéndolos nuevas creaciones en Cristo y llenándolos de Él, así también vino sobre los gentiles cuando primero recibieron a Cristo. Notamos aquí que los gentiles no tuvieron que esperar como los judíos hasta el día de Pentecostés, porque el Espíritu Santo había venido ya, y “descendió sobre ellos” mientras Pedro les hablaba. 
 
III.  ¿Cómo Recibe Uno el Espíritu Santo? 
 
Las Escrituras enseñan claramente que la recepción del Espíritu Santo ocurre separadamente y después del nuevo nacimiento. Pedro dijo: “Arrepentios y bautícese cada uno de vosotros en el Nombre de Jesucristo para perdón de los pecados, y recibiréis el don del Espíritu Santo” (Hch 2.38). La remisión de los pecados significa el nuevo nacimiento, y en seguida viene la recepción del don del Espíritu Santo. 

Cristo dijo: “Pues si vosotros, siendo malos, sabéis dar buenas dádivas a vuestros hijos, ¿cuánto más vuestro Padre celestial dará el Espíritu Santo a los que lo pidieren de él” (Lc 11.13). El Padre Celestial da el Espíritu Santo a Sus hijos que se lo pidan. 

Después de que la ciudad de Samaria recibió a Cristo por la predicación de Felipe, Juan y Pedro impusieron sus manos sobre aquellos que le habían aceptado, para que también ellos recibieran el Espíritu Santo (Hch 8.14-16). 

El Espíritu Santo se recibe por Fe: “Esto sólo quiero saber de vosotros: ¿Recibisteis el Espíritu por las obras de la ley, o por el oír de la fe?... Para que sobre las naciones viniese la bendición de Abraham en Jesucristo: para que así recibiésemos nosotros la promesa del Espíritu Santo por medio de la fe” (Gá 3.2, 14 Versión Moderna). 

¿Cuál es la evidencia de que el Espíritu Santo ha venido? La evidencia es la Palabra de Dios solamente. El libro de los Hechos no es un libro doctrinal, sino histórico. Relata que en distintas ocasiones, durante 35 años, algunos hablaron lenguas cuando eran llenos con el Espíritu Santo: el día de Pentecostés (Hch 2.4), y cuando los gentiles recibieron a Cristo en Efeso (Hch 19.6). El hablar lenguas se menciona en algunos pasajes de las Escrituras. Pablo habla de ello en 1 Corintios 14, al escribir a la iglesia en Corinto, para reprenderlos por el abuso de las lenguas. 

Hablar en lenguas es una manifestación física. Es una evidencia para los sentidos del hombre. En ninguna parte Dios ha prometido un premio a la evidencia sensorial ni nos ha permitido confiar en ella. Él es un Dios de Fe. En Sus tratos con el hombre y con la nueva creación, Él tiene como norma la ley de la Fe. Nosotros nacimos de nuevo por la fe (Ef 2.8). Vivimos por la fe (Ro 1.17). Todo lo que recibimos en oración lo recibimos por la fe. 

Dios no ha cambiado la ley para normar Sus tratos con nosotros en lo que respecta a la venida del Espíritu, porque nos dice en Gálatas 3.2, que recibimos el Espíritu también por fe. ¿Qué es la fe sino el actuar sobre la Palabra sin la evidencia de los sentidos físicos? Un hombre nace de nuevo cuando dice: “Yo tengo vida eterna porque la Palabra lo declara así”. Un hombre es sanado cuando dice: “Yo soy sanado porque la Palabra declara que por Sus llagas sois vosotros sanados”. Tratándose de las necesidades económicas, recibimos la respuesta cuando decimos: “Mi necesidad está satisfecha porque la Palabra declara: mi Dios suplirá toda necesidad vuestra conforme a Sus riquezas en gloria en Cristo Jesús” (Fil 4.19 Versión Moderna). 

Así también, recibimos el Espíritu Santo cuando decimos: “Yo tengo el Espíritu Santo porque se lo he pedido al Padre, y Él ha prometido dar el Espíritu Santo a los que se lo piden”. 
 
PREGUNTAS 
 
1. ¿En qué pasajes se menciona el Bautismo del Espíritu Santo? 

2. ¿Qué significa la palabra “bautizar”, en el griego? 

3. Explique cómo el bautismo en agua es un tipo del nuevo nacimiento. 

4. ¿Qué quiso decir Juan el Bautista cuando dijo que Cristo bautizaría al hombre en el Espíritu Santo? 

5. Explique 1 Corintios 12.13. 

6. ¿Qué ocurrió con los que estaban en el aposento alto cuando éste fue lleno con el Espíritu Santo? 

7. ¿Qué pasajes muestran que el recibir el Espíritu Santo es algo aparte de y sigue al nuevo nacimiento? 

8. ¿Cómo recibe uno el Espíritu Santo? 

9. ¿Ha recibido usted el Espíritu Santo?