viernes, 11 de diciembre de 2015

El Nacimiento de Jesús

El Nacimiento de Jesús


Los eventos de su la concepción y nacimiento de Jesús son una prueba contundente de su carácter divino.
                                             
Ya hemos visto algunas profecías acerca de su nacimiento virginal y el lugar donde nació, pero veamos otros acontecimientos.

En Lucas 1:26-37 vemos el anunció del nacimiento de Jesús: “Al sexto mes el ángel Gabriel fue enviado por Dios a una ciudad de Galilea, llamada Nazaret, a una virgen desposada con un varón que se llamaba José, de la casa de David; y el nombre de la virgen era María. Y entrando el ángel en donde ella estaba, dijo: ¡Salve, muy favorecida! El Señor es contigo; bendita tú entre las mujeres. Mas ella, cuando le vio, se turbó por sus palabras, y pensaba qué salutación sería esta. Entonces el ángel le dijo: María, no temas, porque has hallado gracia delante de Dios. Y ahora, concebirás en tu vientre, y darás a luz un hijo, y llamarás su nombre JESÚS. Este será grande, y será llamado Hijo del Altísimo; y el Señor Dios le dará el trono de David su padre; y reinará sobre la casa de Jacob para siempre, y su reino no tendrá fin. Entonces María dijo al ángel: ¿Cómo será esto? pues no conozco varón. Respondiendo el ángel, le dijo: El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra; por lo cual también el Santo Ser que nacerá, será llamado Hijo de Dios. Y he aquí tu parienta Elisabet ella también ha concebido hijo en su vejez; y este es el sexto mes para ella, la que llamaban estéril; porque nada hay imposible para Dios. Entonces María dijo: He aquí la sierva del Señor; hágase conmigo conforme a tu palabra. Y el ángel se fue de su presencia.”

Aquí vemos varias cosas.

En primer lugar, Dios envió al ángel Gabriel para darle un anuncio a una mujer que seria madre del Mesías.

En segundo lugar, la mujer que iba a tener el hijo era una mujer virgen y el niño iba ha ser concebido sin la ayuda de un hombre.

En tercer lugar, el hijo iba ha ser concebido por obra del Espíritu Santo e iba ha ser llamado Hijo de Dios.

Vemos que el nacimiento de Jesús iba ser totalmente diferente a cualquier otro que hubiera habido.

En Mateo 1:18-21 vemos que un ángel se le apareció a José para hablarle de este nacimiento: “El nacimiento de Jesucristo fue así: Estando desposada María su madre con José, antes que se juntasen, se halló que había concebido del Espíritu Santo. José su marido, como era justo, y no quería infamarla, quiso dejarla secretamente. Y pensando él en esto, he aquí un ángel del Señor le apareció en sueños y le dijo: José, hijo de David, no temas recibir a María tu mujer, porque lo que en ella es engendrado, del Espíritu Santo es. Y dará a luz un hijo, y llamarás su nombre JESÚS, porque él salvará a su pueblo de sus pecados.”

José estaba preocupado porque pensaba que María estaba encinta como consecuencia de una infidelidad.

Pero el ángel le dijo dos cosas:

El hijo que iba a nacer era engendrado del Espíritu Santo.

Y además que debía llamarlo Jesús, porque su misión en este mundo era salvar al mundo de sus pecados.

Otro acontecimiento importante es la visita de los reyes del oriente.

“Cuando Jesús nació en Belén de Judea en días del rey Herodes, vinieron del oriente a Jerusalén unos magos, diciendo: ¿Dónde está el rey de los judíos, que ha nacido? Porque su estrella hemos visto en el oriente, y venimos a adorarle. Oyendo esto, el rey Herodes se turbó, y toda Jerusalén con él. Y convocados todos los principales sacerdotes, y los escribas del pueblo, les preguntó dónde había de nacer el Cristo. Ellos le dijeron: En Belén de Judea; porque así está escrito por el profeta: Y tú, Belén, de la tierra de Judá, no eres la más pequeña entre los príncipes de Judá; porque de ti saldrá un guiador, que apacentará a mi pueblo Israel. Entonces Herodes, llamando en secreto a los magos, indagó de ellos diligentemente el tiempo de la aparición de la estrella; y enviándolos a Belén, dijo: Id allá y averiguad con diligencia acerca del niño; y cuando le halléis, hacédmelo saber, para que yo también vaya y le adore. Ellos, habiendo oído al rey, se fueron; y he aquí la estrella que habían visto en el oriente iba delante de ellos, hasta que llegando, se detuvo sobre donde estaba el niño. Y al ver la estrella, se regocijaron con muy grande gozo. Y al entrar en la casa, vieron al niño con su madre María, y postrándose, lo adoraron; y abriendo sus tesoros, le ofrecieron presentes: oro, incienso y mirra” (Mateo 2:1-11).

Aquí hay otro acontecimiento sobrenatural; los reyes del oriente llegando hasta el niño por haber visto su estrella.

Es probable que ellos hubieran leído las Escrituras y sabían que era el tiempo del nacimiento del Mesías, al cual llaman el rey de los judíos.

Al consultar en Jerusalén acerca del lugar de su nacimiento, los sacerdotes le dicen que iba a nacer en Belén, tal como había sido profetizado por Miqueas, como ya vimos antes.

Ellos siguieron su camino y llegaron hasta el lugar mismo donde estaba Jesús, guiados por una estrella.

Otro acontecimiento sobrenatural fue lo que le pasó a los pastores de Belén: “Había pastores en la misma región, que velaban y guardaban las vigilias de la noche sobre su rebaño. Y he aquí, se les presentó un ángel del Señor, y la gloria del Señor los rodeó de resplandor; y tuvieron gran temor. Pero el ángel les dijo: No temáis; porque he aquí os doy nuevas de gran gozo, que será para todo el pueblo: que os ha nacido hoy, en la ciudad de David, un Salvador, que es CRISTO el Señor. Esto os servirá de señal: Hallaréis al niño envuelto en pañales, acostado en un pesebre. Y repentinamente apareció con el ángel una multitud de las huestes celestiales, que alababan a Dios, y decían: ¡Gloria a Dios en las alturas, Y en la tierra paz, buena voluntad para con los hombres! Sucedió que cuando los ángeles se fueron de ellos al cielo, los pastores se dijeron unos a otros: Pasemos, pues, hasta Belén, y veamos esto que ha sucedido, y que el Señor nos ha manifestado. Vinieron, pues, apresuradamente, y hallaron a María y a José, y al niño acostado en el pesebre. Y al verlo, dieron a conocer lo que se les había dicho acerca del niño. Y todos los que oyeron, se maravillaron de lo que los pastores les decían. Pero María guardaba todas estas cosas, meditándolas en su corazón. Y volvieron los pastores glorificando y alabando a Dios por todas las cosas que habían oído y visto, como se les había dicho” (Lucas 2:8-20).

Aquí los pastores recibieron un mensaje de un ángel, que había nacido el salvador del mundo.

Luego un coro de ángeles les dice que la gracia de Dios había traído al salvador del mundo, que venía un cambio, el favor de Dios estaba disponible a todos los hombres por medio de Jesús.

Un último acontecimiento fue lo que sucedió en la presentación de Jesús al templo en Lucas 2:21-37: “Cumplidos los ocho días para circuncidar al niño, le pusieron por nombre JESÚS, el cual le había sido puesto por el ángel antes que fuese concebido. Y cuando se cumplieron los días de la purificación de ellos, conforme a la ley de Moisés, le trajeron a Jerusalén para presentarle al Señor (como está escrito en la ley del Señor: Todo varón que abriere la matriz será llamado santo al Señor), y para ofrecer conforme a lo que se dice en la ley del Señor: Un par de tórtolas, o dos palominos. Y he aquí había en Jerusalén un hombre llamado Simeón, y este hombre, justo y piadoso, esperaba la consolación de Israel; y el Espíritu Santo estaba sobre él. Y le había sido revelado por el Espíritu Santo, que no vería la muerte antes que viese al Ungido del Señor. Y movido por el Espíritu, vino al templo. Y cuando los padres del niño Jesús lo trajeron al templo, para hacer por él conforme al rito de la ley, él le tomó en sus brazos, y bendijo a Dios, diciendo: Ahora, Señor, despides a tu siervo en paz, conforme a tu palabra; porque han visto mis ojos tu salvación, la cual has preparado en presencia de todos los pueblos; luz para revelación a los gentiles, y gloria de tu pueblo Israel. Y José y su madre estaban maravillados de todo lo que se decía de él. Y los bendijo Simeón, y dijo a su madre María: He aquí, éste está puesto para caída y para levantamiento de muchos en Israel, y para señal que será contradicha (y una espada traspasará tu misma alma), para que sean revelados los pensamientos de muchos corazones. Estaba también allí Ana, profetisa, hija de Fanuel, de la tribu de Aser, de edad muy avanzada, pues había vivido con su marido siete años desde su virginidad, y era viuda hacía ochenta y cuatro años; y no se apartaba del templo, sirviendo de noche y de día con ayunos y oraciones. Esta, presentándose en la misma hora, daba gracias a Dios, y hablaba del niño a todos los que esperaban la redención en Jerusalén.”

Aquí hay dos ancianos que dan testimonio de que Jesús es el Mesías que iba a venir al mundo.

Es interesante la profecía de Simeón, quien no era un profeta, sino un hombre justo, y quien había recibido por revelación que antes de morir vería al Mesías. Él reconoció que Jesús era el Mesías.

Su profecía es muy poderosa pues no solo nos habla del ministerio de Jesús, sino de que también alcanzaría a los gentiles. Además nos dice de la forma de su muerte y que iba a ser atravesado por una espada.

Además vemos el testimonio de la profetisa Ana, quien tenía más de 100 años, quien daba testimonio de Jesús a todos los que esperaban la venida del Mesías.



viernes, 4 de diciembre de 2015

Testimonios Acerca de Jesús

Testimonios Acerca de Jesús


Una de las cosas de mayor importancia en el cristianismo es conocer verdad acerca de la identidad de Jesucristo; para poder establecerlo veremos los testimonios bíblicos acerca de lo que Él dijo de si mismo y de lo que la gente dijo de Él.

Durante mi vida cristiana de casi 30 años muchísima gente; no uno solo sino varios, me han dicho de que Jesús nunca dijo haber sido Dios, eso demuestra que nunca se han tomado tiempo para leer la Biblia y averiguar que dijo Jesús de si mismo.

En Juan 5:31-39 Jesús muestra cuatro testigos que hablan por Él:



Juan 5:31-39
31 Si yo doy testimonio acerca de mí mismo, mi testimonio no es verdadero.
32 Otro es el que da testimonio acerca de mí, y sé que el testimonio que da de mí es verdadero.
33 Vosotros enviasteis mensajeros a Juan, y él dio testimonio de la verdad.
34 Pero yo no recibo testimonio de hombre alguno; mas digo esto, para que vosotros seáis salvos.
35 El era antorcha que ardía y alumbraba; y vosotros quisisteis regocijaros por un tiempo en su luz.
36 Mas yo tengo mayor testimonio que el de Juan; porque las obras que el Padre me dio para que cumpliese, las mismas obras que yo hago, dan testimonio de mí, que el Padre me ha enviado.
37 También el Padre que me envió ha dado testimonio de mí. Nunca habéis oído su voz, ni habéis visto su aspecto,
38 ni tenéis su palabra morando en vosotros; porque a quien él envió, vosotros no creéis.
39 Escudriñad las Escrituras; porque a vosotros os parece que en ellas tenéis la vida eterna; y ellas son las que dan testimonio de mí

En este pasaje Jesús no apela al testimonio de si mismo para demostrarle a los judíos que Él era quien decía ser, el declara acerca de cuatro testigos que lo respaldan:

1. Juan el Bautista

2. La obras que el hacía

3. Dios el Padre

4. Las Escrituras (el Antiguo Testamento)

Pero a pesar de esto, Jesús dijo muchas cosas acerca de si mismo:

En Marcos 14:61-62 dijo claramente en Su juicio: “Mas él callaba, y nada respondía.  El sumo sacerdote le volvió a preguntar, y le dijo: ¿Eres tú el Cristo,  el Hijo del Bendito? Y Jesús le dijo: Yo soy;  y veréis al Hijo del Hombre sentado a la diestra del poder de Dios, y viniendo en las nubes del cielo.”

Que declaración más poderosa, Jesús está diciendo claramente que Él es el Cristo, el Mesías que estaban esperando los judíos.

Anteriormente, al principio de su ministerio Él lo había dicho también:

Lucas 4:16-21

16  Vino a Nazaret,  donde se había criado;  y en el día de reposo entró en la sinagoga,  conforme a su costumbre,  y se levantó a leer. 
17  Y se le dio el libro del profeta Isaías;  y habiendo abierto el libro,  halló el lugar donde estaba escrito: 
18  Espíritu del Señor está sobre mí, por cuanto me ha ungido para dar buenas nuevas a los pobres; me ha enviado a sanar a los quebrantados de corazón; a pregonar libertad a los cautivos, y vista a los ciegos; a poner en libertad a los oprimidos; 
19  A predicar el año agradable del Señor. 
20  Y enrollando el libro,  lo dio al ministro,  y se sentó;  y los ojos de todos en la sinagoga estaban fijos en él. 
21  Y comenzó a decirles: Hoy se ha cumplido esta Escritura delante de vosotros.

Como dice un viejo dicho: “A buen entendedor pocas palabras”; aquí Jesús esta leyendo una profecía mesiánica que se encuentra en Isaías 61:1-2, y dice: “Hoy se ha cumplido esta Escritura delante de vosotros.”

Lo que le estaba diciendo es que ellos estaban en ese momento con el Mesías que estaban esperando.

En Juan 6:38 Jesús dijo abierta y públicamente de donde venía: “Porque he descendido del cielo, no para hacer mi voluntad, sino la voluntad del que me envió.”

Aquí Jesús está declarando su origen divino.

En Juan 8:42 Jesús siguió dando más luz acerca de esto: “Jesús entonces les dijo: Si vuestro padre fuese Dios, ciertamente me amaríais;  porque yo de Dios he salido, y he venido; pues no he venido de mí mismo,  sino que él me envió.”

En Juan 5:17-18 Jesús dio otra afirmación que fue claramente entendida por los judíos: “Y Jesús les respondió: Mi Padre hasta ahora trabaja, y yo trabajo. Por esto los judíos aun más procuraban matarle, porque no sólo quebrantaba el día de reposo, sino que también decía que Dios era su propio Padre, haciéndose igual a Dios.”

Jesús no tenía ningún temor de decir que era el hijo de Dios, lo decía de tal manera que los judíos lo entendiesen claramente.

Pero en Juan 10:30 Jesús fue más allá cuando dijo: “Yo y el Padre uno somos.”

Varias Biblias (Biblia del Pueblo de Dios, Nacar Colunga, Latinoamericana, Reina Valera 2000 entre otras) dice: “Yo y el Padre somos la misma cosa.”

Si Jesús y el Padre son la misma cosa, entonces Jesús es Dios.

En Juan 14:7-9 mientras Jesús habla con Felipe hace un declaración que reafirma lo anterior: “Si me conocieseis, también a mi Padre conoceríais;  y desde ahora le conocéis, y le habéis visto. Felipe le dijo: Señor,  muéstranos el Padre,  y nos basta. Jesús le dijo: ¿Tanto tiempo hace que estoy con vosotros, y no me has conocido, Felipe? El que me ha visto a mí, ha visto al Padre; ¿cómo, pues, dices tú: Muéstranos el Padre?”

Si el que ha visto a Jesús ha visto al Padre y Jesús y el Padre son lo mismo, entonces Jesús es Dios.

Durante su vida Jesús no tuvo problemas en recibir la adoración de la gente, ni tampoco que le dijeran Dios.

En Mateo 14:33 dice: “Entonces los que estaban en la barca vinieron y le adoraron, diciendo: Verdaderamente eres Hijo de Dios.” Aquí Jesús permitió que la gente le adorara y que le dijeran Dios; el no se molestó cuando lo adoraron diciendo: “No me adoren, yo no soy Dios solo soy un hombre.”

En Mateo 28:8-9 Jesús dejó que las mujeres le adoraran: “Entonces ellas, saliendo del sepulcro con temor y gran gozo, fueron corriendo a dar las nuevas a sus discípulos. Y mientras iban a dar las nuevas a los discípulos, he aquí, Jesús les salió al encuentro, diciendo: ¡Salve! Y ellas, acercándose, abrazaron sus pies, y le adoraron.”

En Juan 5:23 Jesús dijo que lo debían adorar como lo hacían con el Padre: “para que todos honren al Hijo como honran al Padre.  El que no honra al Hijo,  no honra al Padre que le envió.”

La palabra honrar es el término griego timao que significa reverenciar.

Si Jesús exigió reverencia y aceptó la adoración de la gente es porque Él sabía claramente que era Dios.

Veamos lo que la gente dijo acerca de Jesús.

Citemos primeramente a Juan el Bautista.

En Juan 1:32-34 dijo claramente: “También dio Juan testimonio,  diciendo: Vi al Espíritu que descendía del cielo como paloma,  y permaneció sobre él. Y yo no le conocía; pero el que me envió a bautizar con agua,  aquél me dijo: Sobre quien veas descender el Espíritu y que permanece sobre él,  ése es el que bautiza con el Espíritu Santo. Y yo le vi,  y he dado testimonio de que éste es el Hijo de Dios.”

El testimonio de Juan el clarísimo: Jesús es el Hijo de Dios.

Veamos ahora lo que dijo Pedro:

“Viniendo Jesús a la región de Cesarea de Filipo, preguntó a sus discípulos,  diciendo: ¿Quién dicen los hombres que es el Hijo del Hombre? Ellos dijeron: Unos, Juan el Bautista; otros, Elías; y otros, Jeremías, o alguno de los profetas. El les dijo: Y vosotros, ¿quién decís que soy yo? Respondiendo Simón Pedro, dijo: Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente” (Mateo 16:13-16).

Aquí Jesús le está preguntando a sus discípulos que decía la gente de Él; y luego les pregunta quienes piensan ello que es Él, y Pedro dice claramente: Tu eres el Cristo, es decir, el Mesías, el Hijo de Dios.

Veamos ahora lo que le dijo Marta:

“Le dijo: Sí, Señor; yo he creído que tú eres el Cristo, el Hijo de Dios, que has venido al mundo” (Juan 11:27).

Marta se dio cuenta de que Jesús era el Mesías, el Hijo de Dios.

Tomás también habló de Jesús:

“Pero Tomás, uno de los doce, llamado Dídimo, no estaba con ellos cuando Jesús vino. Le dijeron, pues, los otros discípulos: Al Señor hemos visto. El les dijo: Si no viere en sus manos la señal de los clavos, y metiere mi dedo en el lugar de los clavos, y metiere mi mano en su costado, no creeré. Ocho días después, estaban otra vez sus discípulos dentro, y con ellos Tomás. Llegó Jesús, estando las puertas cerradas, y se puso en medio y les dijo: Paz a vosotros. Luego dijo a Tomás: Pon aquí tu dedo, y mira mis manos; y acerca tu mano, y métela en mi costado; y no seas incrédulo, sino creyente. Entonces Tomás respondió y le dijo: ¡Señor mío,  y Dios mío!” (Juan 20:24-28).

Tomás llamó a Jesús Dios.

Ahora veamos lo que dijo Pablo de Jesús:

“Aguardando la esperanza bienaventurada y la manifestación gloriosa de nuestro gran Dios y Salvador Jesucristo” (Tito 2:13).

Pablo dice que Jesús era su Gran Dios y Salvador.

Los judíos se dieron cuenta rápidamente de quien era Jesús:

“Le respondieron los judíos, diciendo: Por buena obra no te apedreamos, sino por la blasfemia; porque tú, siendo hombre, te haces Dios” (Juan 10:33).

Finalmente veamos lo que dijo el Centurión Romano en Mateo 27:54: “El centurión, y los que estaban con él guardando a Jesús, visto el terremoto,  y las cosas que habían sido hechas, temieron en gran manera, y dijeron: Verdaderamente éste era Hijo de Dios.”


En los Evangelios podemos ver una mayor cantidad de comentarios de la gente acerca de Jesús, pero estos nos sirven para demostrar que Jesús dijo y la gente entendió claramente que era el Hijo de Dios.

jueves, 3 de diciembre de 2015

Profecías Acerca de Jesús en el Antiguo Testamento

Profecías Acerca de Jesús en el Antiguo Testamento


Para la preparación y con anterioridad de la entrada de Jesús al mundo, Dios inspiró a través del Espíritu Santo a los escritores del Antiguo Testamento para profetizar acerca de la venida de Jesús, para que no tuviéramos ninguna duda acerca de quien era el Mesías.

Hay más de 300 profecías en el Antiguo Testamento acerca de Jesús, y la exactitud de ellas es realmente asombrosa, veamos algunas para demostrar que Jesús es el Mesías o Salvador del mundo.

La primera de todas se encuentra en Génesis 3:14-15: “Y Jehová Dios dijo a la serpiente: Por cuanto esto hiciste, maldita serás entre todas las bestias y entre todos los animales del campo; sobre tu pecho andarás, y polvo comerás todos los días de tu vida. Y pondré enemistad entre ti y la mujer, y entre tu simiente y la simiente suya; ésta te herirá en la cabeza, y tú le herirás en el calcañar.”

El cumplimiento de esta profecía lo vemos en Gálatas 4:4 donde dice: “Pero cuando vino la plenitud del tiempo, Dios envió a su Hijo, nacido de mujer y nacido bajo la ley;" y también en 1 Juan 3:8 donde está escrito: “El que practica el pecado es del diablo, porque el diablo peca desde el principio. Para esto apareció el Hijo de Dios, para deshacer las obras del diablo."

Aquí vemos varias cosas, en primer lugar la enemistad que siempre ha existido entre Satanás y los hombres. Nos habla de la simiente de la mujer, es decir de Jesús, quien no nacería de forma natural, sino por medio de una virgen, y finalmente la victoria que tendría la simiente de la mujer sobre la simiente de la serpiente. La victoria de Jesús sobre Satanás a través de su muerte en la cruz (este te herirá en la cabeza y tu le herirás en el calcañar).

Otra profecía impactante se encuentra en Isaías 7:14, donde habla acerca del nacimiento virginal de Jesús: “Por tanto, el Señor mismo os dará señal: He aquí que la virgen concebirá, y dará a luz un hijo, y llamará su nombre Emanuel.”

Esta profecía tiene su cumplimiento en Mateo 1:18-25: “El nacimiento de Jesucristo fue así: Estando desposada María su madre con José, antes que se juntasen, se halló que había concebido del Espíritu Santo. José su marido, como era justo, y no quería infamarla, quiso dejarla secretamente. Y pensando él en esto, he aquí un ángel del Señor le apareció en sueños y le dijo: José, hijo de David, no temas recibir a María tu mujer, porque lo que en ella es engendrado, del Espíritu Santo es. Y dará a luz un hijo, y llamarás su nombre JESÚS, porque él salvará a su pueblo de sus pecados. Todo esto aconteció para que se cumpliese lo dicho por el Señor por medio del profeta, cuando dijo: He aquí, una virgen concebirá y dará a luz un hijo, y llamarás su nombre Emanuel, que traducido es: Dios con nosotros. Y despertando José del sueño, hizo como el ángel del Señor le había mandado, y recibió a su mujer. Pero no la conoció hasta que dio a luz a su hijo primogénito; y le puso por nombre JESÚS.”

María se encontraba encinta y José, decidió separarse de ella porque pensó que le había sido infiel. Pero un ángel se le apareció y le dijo que había concebido del Espíritu Santo y que el niño que iba a nacer era el Mesías. 

Mateo interpreta que este hecho fue el cumplimiento de la profecía de Isaías.

Otra promesa interesante en cuanto al nacimiento de Jesús es que Miqueas predijo el lugar de su nacimiento: “Pero tú, Belén Efrata, pequeña para estar entre las familias de Judá, de ti me saldrá el que será Señor en Israel; y sus salidas son desde el principio, desde los días de la eternidad” (Miqueas 5:2).

El cumplimiento de esto se ve en Lucas 2:1-7: “Aconteció en aquellos días, que se promulgó un edicto de parte de Augusto César, que todo el mundo fuese empadronado. Este primer censo se hizo siendo Cirenio gobernador de Siria. E iban todos para ser empadronados, cada uno a su ciudad. Y José subió de Galilea, de la ciudad de Nazaret, a Judea, a la ciudad de David, que se llama Belén, por cuanto era de la casa y familia de David; para ser empadronado con María su mujer, desposada con él, la cual estaba encinta. Y aconteció que estando ellos allí, se cumplieron los días de su alumbramiento. Y dio a luz a su hijo primogénito, y lo envolvió en pañales, y lo acostó en un pesebre, porque no había lugar para ellos en el mesón.”

Es interesante ver que José y Maria vivían en Nazaret, que quedaba al norte de Israel, pero tuvo que haber un censo para que ellos viajasen a Belén, que era el lugar dispuesto por las Escrituras para que nazca el Mesías.

Otra cosa acerca de esta profecía es que la gente de Israel conocía el lugar donde iba a nacer el Mesías. En Mateo 2:1-6 dice: “Cuando Jesús nació en Belén de Judea en días del rey Herodes, vinieron del oriente a Jerusalén unos magos, diciendo: ¿Dónde está el rey de los judíos, que ha nacido? Porque su estrella hemos visto en el oriente, y venimos a adorarle.  Oyendo esto, el rey Herodes se turbó, y toda Jerusalén con él. Y convocados todos los principales sacerdotes, y los escribas del pueblo, les preguntó dónde había de nacer el Cristo. Ellos le dijeron: En Belén de Judea;  porque así está escrito por el profeta: Y tú, Belén, de la tierra de Judá, no eres la más pequeña entre los príncipes de Judá; porque de ti saldrá un guiador, que apacentará a mi pueblo Israel.”

Esto nos lleva a otra profecía interesante que es la venida de los reyes del oriente para adorarle y traerle regalos.

En el Salmo 72:10 dice: “Los reyes de Tarsis y de las costas traerán presentes; los reyes de Sabá y de Seba ofrecerán dones;” y en Isaías 60:6 dice: “Multitud de camellos te cubrirá;  dromedarios de Madián y de Efa;  vendrán todos los de Sabá;  traerán oro e incienso,  y publicarán alabanzas de Jehová.”

El cumplimiento lo estamos viendo en este pasaje de Mateo, así que continuemos leyéndolo:

“Entonces Herodes, llamando en secreto a los magos, indagó de ellos diligentemente el tiempo de la aparición de la estrella; y enviándolos a Belén, dijo: Id allá y averiguad con diligencia acerca del niño; y cuando le halléis, hacédmelo saber, para que yo también vaya y le adore. Ellos, habiendo oído al rey, se fueron; y he aquí la estrella que habían visto en el oriente iba delante de ellos,  hasta que llegando,  se detuvo sobre donde estaba el niño.Y al ver la estrella, se regocijaron con muy grande gozo. Y al entrar en la casa,  vieron al niño con su madre María, y postrándose, lo adoraron; y abriendo sus tesoros, le ofrecieron presentes: oro, incienso y mirra” (Mateo 2:7-11).
      
Los reinos de Sabá y Seba quedaban en Arabia, que se encuentra al oriente de Israel; además los regalos que le trajeron, además, 2 de los regalos que se nombran en Isaías 60:6, el oro y la mirra fueron parte de los regalos que trajeron estos reyes del oriente.

En este relato se ven dos profecías más que fueron cumplidas en Jesús.

La primera es la huida de Jesús y su familia a Egipto: “Pero siendo avisados por revelación en sueños que no volviesen a Herodes, regresaron a su tierra por otro camino. Después que partieron ellos,  he aquí un ángel del Señor apareció en sueños a José y dijo: Levántate y toma al niño y a su madre,  y huye a Egipto, y permanece allá hasta que yo te diga; porque acontecerá que Herodes buscará al niño para matarlo. Y él,  despertando, tomó de noche al niño y a su madre, y se fue a Egipto, y estuvo allá hasta la muerte de Herodes; para que se cumpliese lo que dijo el Señor por medio del profeta, cuando dijo: De Egipto llamé a mi Hijo” (Mateo 2:12-15).

Esta profecía se encuentra en Oseas 11:1

La otra profecía es la muerte de los niños de Belén por parte de Herodes: “Herodes entonces,  cuando se vio burlado por los magos, se enojó mucho, y mandó matar a todos los niños menores de dos años que había en Belén y en todos sus alrededores, conforme al tiempo que había inquirido de los magos. Entonces se cumplió lo que fue dicho por el profeta Jeremías,  cuando dijo: Voz fue oída en Ramá, grande lamentación, lloro y gemido; Raquel que llora a sus hijos, y no quiso ser consolada, porque perecieron” (Mateo 2: 16-18).

Esta profecía se encuentra en Jeremías 31:15.

Una serie de profecías nos muestran el linaje de donde vendría el Mesías:

a. Jesús como simiente de Abraham (Génesis 22:18), su cumplimiento lo vemos en Mateo 1:1 y Gálatas 3:16.
b. Hijo de Isaac (Génesis 21:12) su cumplimiento lo vemos en Lucas 3:23-24.
c. Hijo de Jacob (Números 24:17), su cumplimiento lo vemos en Lucas 3:23-24.
d. Hijo de Judá (Génesis 49:10) su cumplimiento está en Lucas 3:23, 33.
e. Descendiente de Isaí (Isaías 11:1), su cumplimiento está en Lucas 3:23, 32.
f. Hijo de David (Jeremías 23:5), su cumplimiento está en Lucas 3:23, 31; además podemos ver varias veces en los evangelios que la gente llamaba a Jesús: hijo de David.

Aquí vemos una línea recta desde Abraham viendo de que familia y linaje provendría Jesús.

Otras profecías importantes son las que se refieren al tiempo de su venida. Hay dos principales en Génesis 49:10 y Daniel 9:24-27.

En Génesis 49:10 dice: "El cetro no será quitado de Judá, ni la vara de autoridad de entre sus pies, hasta que venga Siloh; y le obedecerán los pueblos."

El cetro y la vara significaban la autoridad y el poder judicial que tenían los reyes para gobernar la nación. Siloh significa descanso o enviado y es un título del Mesías como “Príncipe de Paz.”

El cetro empezó a ser quitado cuando Herodes el Grande que no tenía sangre judía empezó a gobernar sobre Judea, después de los Macabeos que fueron los últimos gobernadores judíos.

Otro aspecto de la pérdida del cetro fue cuando el Sanedrín fue restringido en su capacidad para dictar las leyes y se le quitó el poder para dictar la pena de muerte unos 20 años antes del juicio de Jesús.

Además Judea empezó a pagar sus primeros impuestos a Roma en ese tiempo.

Todo esto ocurrió en la época en que Siloh, es decir. Jesucristo, el Mesías, vino al mundo.

La profecía de Daniel nos da el tiempo de la muerte del Mesías y además que no sería por si mismo:

"Setenta semanas están determinadas sobre tu pueblo y sobre tu santa ciudad, para terminar con la transgresión, para acabar con el pecado, para expiar la iniquidad, para traer la justicia eterna, para sellar la visión y la profecía, y para ungir el lugar santísimo. Conoce, pues, y entiende que desde la salida de la palabra para restaurar y edificar Jerusalén hasta el Mesías Príncipe, habrá siete semanas, y sesenta y dos semanas; y volverá a ser edificada con plaza y muro, pero en tiempos angustiosos. Después de las sesenta y dos semanas, el Mesías será quitado y no tendrá nada; y el pueblo de un gobernante que ha de venir destruirá la ciudad y el santuario. Con cataclismo será su fin, y hasta el fin de la guerra está decretada la desolación. Por una semana él confirmará un pacto con muchos, y en la mitad de la semana hará cesar el sacrificio y la ofrenda. Sobre alas de abominaciones vendrá el desolador, hasta que el aniquilamiento que está decidido venga sobre el desolador."

La palabra "semana" significa "siete" en hebreo y se interpreta como períodos de 7 años de duración.

En Génesis 29:27-28 podemos ver cuanto duraba una semana: “Cumple la semana de ésta,  y se te dará también la otra,  por el servicio que hagas conmigo otros siete años. E hizo Jacob así,  y cumplió la semana de aquélla;  y él le dio a Raquel su hija por mujer.”

Aquí vemos que la semana que trabajo Jacob para pagar el dote por su esposa eran en realidad siete años.

Volviendo a Daniel vemos que las 69 semanas que iban a pasar hasta que muriera el Mesías en manos de otros hombres eran en realidad 483 años. Fecha que se cumplió estrictamente.

En Nehemías 2:1,7-8 podemos ver la época en que fue dado el edicto para reconstruir Jerusalén: “Sucedió en el mes de Nisán, en el año veinte del rey Artajerjes, que estando ya el vino delante de él, tomé el vino y lo serví al rey. Y como yo no había estado antes triste en su presencia... Además dije al rey: Si le place al rey, que se me den cartas para los gobernadores al otro lado del río, para que me franqueen el paso hasta que llegue a Judá; y carta para Asaf guarda del bosque del rey, para que me dé madera para enmaderar las puertas del palacio de la casa, y para el muro de la ciudad, y la casa en que yo estaré. Y me lo concedió el rey, según la benéfica mano de mi Dios sobre mí.”

Este edicto fue dado alrededor del año 445 AC, en ese tiempo es que empezó la restauración de Jerusalén. Desde es tiempo pasarían 483 años hasta la muerte de Jesús.

El calendario Judío dura 360 días, así que el tiempo en nuestro sistema de 365 días por año nos darían 476 años, lo que pondría la fecha de la muerte del Mesías por manos de otros entre los años 32 y 33 DC, es decir, el año histórico de la muerte de Jesús.  


Como estas hay muchas profecías que trata de su vida, ministerio, muerte y resurrección, lo cual nos da plena convicción de que Jesús es el Hijo de Dios.