martes, 16 de febrero de 2021

¡Hey! ¡Para ti también!

¡Hey! ¡Para ti también!



11 Porque como dice la Escritura: Todo el que confíe y crea en Él no será jamás defraudado, decepcionado, confundido, humillado ni avergonzado.
12 Esto quiere decir que no hay distinción ni diferencia porque a Dios no le importa si uno es judío o griego; ya que Él mismo Señor es Señor de todos; quien es rico, generoso y bendice abundantemente a todos los que le invocan pidiéndole ayuda.
13 Porque: Todo aquel que invoque el nombre del señor será salvo.
- Romanos 10:11-13 (Biblia Expandida)

La idea de ser avergonzado por el Señor Jesús no está en la mente de Pablo. 

Lo que está diciendo es que el pecador que pone su fe en el Señor Jesús no será derrotado, decepcionado, ni sufrirá un rechazo en su vida. 

El creyente no debe temer que la Palabra de salvación no funcione. Debe estar confiado en el Señor que las cosas que dijo, las hará.

A veces tememos ser rechazados por nuestro trasfondo, raza, estudios, posición social o nacionalidad; pero vemos que eso no tiene nada que ver con nuestra salvación; es para todos.

Pedro se encontró en problemas en Hechos 11 cuando el concilio quiso condenarlo por predicarle a los gentiles de la casa de Cornelio, pues los judíos creían que la salvación era para ellos, pero al final salió airoso cuando los creyentes se dieron cuenta que la salvación era para todos.

A lo largo de mi vida cristiana he conocido grupos que decían que la salvación era solo para ellos, pero aquí vemos que no hay distinción, la salvación es ofrecida a todos los hombres.

Que sencillo es el método de Dios, todo aquel que invoque el nombre del Señor será salvo; la salvación depende de a quien pongamos como Señor de nuestras vidas.

Como vimos en Romanos 10:9-10: "Que si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo. Porque con el corazón se cree para justicia, pero con la boca se confiesa para salvación."

Es tan sencillo recibir la salvación; cree que Dios resucitó a Jesús y confiésalo como Señor de tu vida.

¡La salvación es para ti también!


Escrito por Ricardo Botto

lunes, 15 de febrero de 2021

El Núcleo de Nuestra Predicación

El Núcleo de Nuestra Predicación 


Pero, ¿Qué afirman entonces las Escrituras? Cerca de ti está la palabra, en tu boca y en tu corazón. Esta es la palabra de fe que anunciamos (por ser el núcleo mismo de nuestra predicación):
Porque, si confiesas con tu boca (reconociendo abierta y públicamente) que Jesús es Señor y crees en tu corazón (con plena confianza) que Dios le resucitó (levantándole) de entre los muertos, serás salvo.
Porque con el corazón se cree para ser justificado (es decir, declarado inocente y hecho justo), pero con la boca se confiesa (declarando su fe con sus palabras) para ser salvo.
- Romanos 10:8-10 (Biblia Expandida)

El núcleo es componente principal o esencial de algo, al que se suman o acoplan otros elementos para conformar una totalidad o un conjunto.

En el versículo 8, Pablo está por decirnos que cosa es lo más importante de su mensaje, la palabra de fe que él predicaba.

Ya en los capítulos anteriores nos ha mostrado que el hombre tiene dos maneras de alcanzar la justificación, hacerlo por medio del cumplimiento de la ley de Moisés (aplicándolo a nosotros por nuestras buenas acciones) o por medio de la fe en la obra de Jesús.

En Romanos 3:19-26 vemos que Dios aparte de la ley ha manifestado la justificación por medio de la fe en Jesucristo, por medio de esa preciosa obra en la que Él derramó su sangre por nosotros en la cruz.

En Juan 19:30 vemos las palabras finales de Jesús, veamos en la versión The Message (El Mensaje): "Después de tomar el vino, Jesús dijo: 'Está hecho... completo.' Y doblando su cabeza entregó su espíritu."

La obra de Jesús está hecha, está completa. El precio ya fue pagado, a los ojos de Dios ya no hay nada más que hacer, hemos sido redimidos.

1 Pedro 1:18-19 (Biblia Textual)
18 sabiendo que fuisteis rescatados de vuestra vana manera de vivir, que vuestros padres os legaron, no con cosas corruptibles, como la plata o el oro; 
19 sino con la sangre preciosa del Mesías, como de un cordero sin mancha y sin defecto.

La palabra redención nos habla de libertad de la esclavitud; más concretamente de un mercado de esclavos. 

Los esclavos eran comprados por monedas de plata y oro; pero Jesús nos compró por algo más precioso, por su sangre. Pero no lo hizo para esclavizarnos nuevamente sino para hacernos totalmente libres para siempre. Libres de la potestad del diablo, libres del pecado, libres de la muerte espiritual. 

Sin embargo, como pasó en la historia, muchos esclavos libres decidieron seguir siendo esclavizados bajo el yugo de sus ex-dueños. Solo tenían que salir, la puerta ya estaba abierta.

En 2 Corintios 5:19-20 Pablo nos dice esto: "Esto es, que Dios estaba en Cristo reconciliando al mundo consigo mismo, no tomándoles en cuenta sus pecados, y puso en nosotros la palabra de la reconciliación. Así que, somos embajadores en nombre de Cristo, como si Dios rogara por medio de nosotros: ¡Rogamos en nombre de Cristo, reconciliaos con Dios!" 

Por un lado, la salvación ya esta hecha, pero por el otro, las personas deben recibirla; y este es el núcleo del mensaje de fe que predicamos: "Si con tu boca confiesas a Jesús como Señor y crees en tu corazón que Dios lo resucitó de entre los muertos, serás salvo."

Dos cosas tienes que hacer, creer y confesar.

¿Qué tienes que creer? Que Jesús no solo murió por ti sino que Dios lo resucitó de los muertos y que Él vive hoy.

Nuestro Dios no está muerto: ¡Vivo está!

Como fue escrito por los primeros cristianos en la tumba de Jesús: "Él no está aquí; ¡ha resucitado!"

Ya has creído que Jesús está vivo y que completó la obra de tu salvación, ahora te toca declarar algo: confesar que Jesús es el Señor.

John MacArthur dice algo muy interesante acerca de la palabra confesión: "Esta palabra griega significa básicamente el decir la misma cosa, o estar de acuerdo con alguien. La persona que confiesa a Jesús como Señor (Romanos 10:9) está de acuerdo con la declaración del Padre que Jesús es Señor y Salvador."  

Al confesar a Jesús como Señor te estás poniendo de acuerdo con Dios en que Jesús es tu Señor y Salvador.

Con tu corazón habías creído para ser justificado pero con tu boca estás confesando para recibir tu salvación.

Este creer y confesar son las dos caras de una misma moneda, es el núcleo de esta palabra de fe que predicamos, es como recibimos la salvación que Jesús obtuvo por nosotros.

Si no has recibido hoy esta salvación, solo has dos cosas, cree que Jesús ha sido resucitado por Dios luego de habar pagado el precio por tu salvación, y luego declara públicamente que Él es tu Señor y Salvador.

domingo, 14 de febrero de 2021

Las Dos Caras de la Salvación

Las Dos Caras de la Salvación


Porque, si confiesas con tu boca (reconociendo abierta y públicamente que Jesús es Señor y crees en tu corazón (con plena confianza) que Dios le resucitó (levantándole) de entre los muertos, serás salvo.
(Romanos 10:9 Biblia Expandida)

Para que una moneda sea verdadera debe tener una cara y un sello; si solo tiene la cara o el sello se considera como una moneda falsa.

Cuando hablamos de la salvación muchas veces pensamos que solo por el hecho de repetir una oración la persona es salva, pero la verdad es qué esa oración, o confesión para salvación es solo una cara de la moneda.

Hay un elemento más que es el creer, creer que Jesucristo ha resucitado de los muertos.

Ya en 1 Corintios Pablo habló de la importancia de la resurrección de Jesucristo:

1 Corintios 15:12-17
12 Ahora bien, si se predica que Cristo ha resucitado de entre los muertos, ¿cómo dicen algunos entre vosotros que no hay resurrección de muertos? 
13 Y si no hay resurrección de muertos, entonces ni siquiera Cristo ha resucitado; 
14 y si Cristo no ha resucitado, vana es entonces nuestra predicación, y vana también vuestra fe. 
15 Aún más, somos hallados testigos falsos de Dios, porque hemos testificado contra Dios que El resucitó a Cristo, a quien no resucitó, si en verdad los muertos no resucitan. 
16 Pues si los muertos no resucitan, entonces ni siquiera Cristo ha resucitado; 
17 y si Cristo no ha resucitado, vuestra fe es falsa; todavía estáis en vuestros pecados. 

Aparentemente en la iglesia de Corinto habían miembros que no creían en la resurrección de los muertos. Y Pablo les dice claramente que si no resurrección, tampoco Jesús resucitó, y si Jesús no había resucitado, su fe no les servía de nada porque aún estaban en sus pecados.

Barclay nos dice de esto: "Hay que creer que Jesucristo ha resucitado. La Resurrección de Jesucristo era una parte esencial del credo cristiano. El cristiano cree, no solamente que Cristo vivió, sino también que vive. No sólo debe saber de Cristo, sino conocerle personalmente. No se limita a estudiar un personaje histórico, por muy grande que fuera; sino que vive con una Presencia real. No sólo debe saber de Cristo el Mártir: debe también conocer a Cristo el Vencedor," 

La base para nuestra confesión para salvación es lo que nosotros creemos acerca de Jesucristo.

Por eso cuando le prediques a otro, toma un tiempo para explicarle a la persona que Jesús no solo murió por ti en la cruz sino que ha resucitado y vive hoy.

Muéstrale las dos caras de la moneda, dile lo que Jesús hizo y luego anímalo a que haga su confesión de fe para salvación.


Ricardo Botto

sábado, 13 de febrero de 2021

Dos Clases de Justicia

Dos Clases de Justicia


Romanos 10:5-8 (Biblia Expandida)
5 Porque Moisés, haciendo referencia a la justicia que se obtiene por medio del cumplimiento de la ley, escribió: El hombre que practique y cumpla cabalmente todas las disposiciones y mandamientos de la ley, vivirá por ellas.
6 Pero la justicia que procede de la fe afirma: No digas (ni tengas este mal pensamiento) en tu corazón: ¿Quién subirá al cielo? (esto es, para hacer bajar a Cristo),
7 Ni tampoco digas, ¿quién bajará al abismo? (Esto es, para volver a traer a Cristo de los muertos).
8 Pero, ¿Qué afirman entonces las Escrituras? Cerca de ti está la palabra, en tu boca y en tu corazón. Esta es la palabra de fe que anunciamos (por ser el núcleo mismo de nuestra predicación).

En este pasaje nos encontramos con dos clases de justicia, la justicia que se obtiene por cumplir con las obras de la ley y la justicia que se obtiene por medio de la fe en Cristo.

En Gálatas nos volvemos a encontrar con estas 2 clases de justicia.

Gálatas 3:10-14
10 Porque todos los que dependen de las obras de la ley están bajo maldición, pues escrito está: Maldito todo aquel que no permaneciere en todas las cosas escritas en el libro de la ley, para hacerlas.
11 Y que por la ley ninguno se justifica para con Dios, es evidente, porque: El justo por la fe vivirá; 
12 y la ley no es de fe, sino que dice: El que hiciere estas cosas vivirá por ellas.
13 Cristo nos redimió de la maldición de la ley, hecho por nosotros maldición (porque está escrito: Maldito todo el que es colgado en un madero, 
14 para que en Cristo Jesús la bendición de Abraham alcanzase a los gentiles, a fin de que por la fe recibiésemos la promesa del Espíritu. 

El que quiere justificarse por medio del cumplimiento de la ley se encuentra en graves problemas ya que si no la cumple completamente está bajo maldición. Y para el hombre esto es totalmente imposible, ninguno es capaz cumplirla.

Pero Cristo se hizo cargo de esto al hacerse maldición por nosotros en esa cruz, tomando nuestro pecado y dándonos su justicia.

Como dice en 2 Corintios 5:21: "Al que no conoció pecado, por nosotros lo hizo pecado, para que nosotros fuésemos hechos justicia de Dios en él."

Ahora el pecado no tiene que hacer algo imposible como descender al abismo o subir al cielo para traer a Cristo y recibir esa justicia.

Es sencillamente la justicia que procede de la fe, creer en la obra que Cristo hizo por nosotros.

Por eso es que la palabra de fe, que es el núcleo de nuestra predicación, la encontramos en los siguientes versículos de Romanos 10:

Romanos 10:9-10
9 que si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo. 
10 Porque con el corazón se cree para justicia, pero con la boca se confiesa para salvación.

La justicia que es por la fe la recibimos por creer en nuestro corazón la obra de Jesús por nosotros y declararlo como nuestro Señor.

Es tu decisión el recibir la justicia de Dios, si lo intentas por medio del cumplimiento de la ley no lo lograrás, pero si lo haces a la manera que Dios estableció en Su Palabra, es decir por medio de la fe, la recibirás.

viernes, 12 de febrero de 2021

No entendiendo como Dios nos hace justos

No entendiendo como Dios nos hace justos





Pues desconociendo e ignorando la justicia de Dios (por no entender la manera de Dios para alcanzar Su favor y aprobación) y procurando establecer su propia justicia por medio de las obras de la ley (es decir, aferrándose a sus propios medios para lograrlo), no se sometieron ni se sujetaron a la justicia de Dios (que es Su manera para alcanzar Su favor y aprobación).
- Romanos 10:3 (Biblia Expandida de Fe)

En este pasaje vemos como es que Israel no entendió cual era el plan de Dios para la justificación del hombre.

Ellos intentaban de alcanzar el favor y la aprobación de Dios por sus propias acciones mediante el cumplimiento de la ley mosaica.

Como dice la Nueva Traducción Viviente de este versículo; "Pues no entienden la forma en que Dios hace justas a las personas con él. Se niegan a aceptar el modo de Dios y, en cambio, se aferran a su propio modo de hacerse justos ante él tratando de cumplir la ley."

La ley en si no es mala, pero se convierte en algo malo cuando tratamos de utilizarla para justificarnos delante de Dios.

Pero los judios no se dieron cuenta de lo que Romanos 3:20 nos explica: "Ya que por las obras de la ley ningún ser humano será justificado delante de él; porque por medio de la ley es el conocimiento del pecado."

El cumplir las obras de la ley no los hacía justos, Dios tenía otro plan para el hombre.

Romanos 3:21-25
21 Pero ahora, aparte de la ley, se ha manifestado la justicia de Dios, testificada por la ley y por los profetas;
22 la justicia de Dios por medio de la fe en Jesucristo, para todos los que creen en él. Porque no hay diferencia,
23 por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios,
24 siendo justificados gratuitamente por su gracia, mediante la redención que es en Cristo Jesús,
25 a quien Dios puso como propiciación por medio de la fe en su sangre, para manifestar su justicia, a causa de haber pasado por alto, en su paciencia, los pecados pasados,

Dios tenía un plan, una manera de justificarnos, una manera que es aparte de la ley; es Su propia justicia que se recibe por medio de la fe en Jesucristo.

El plan de Dios era la obra de redención de Jesús en la cruz, Él tomando nuestro pecados y a cambio dándonos su justicia.

Como dice 2 Corintios5:21: "Al que no conoció pecado, por nosotros lo hizo pecado, para que nosotros fuésemos hechos justicia de Dios en él."

El plan de Dios nunca fue hacernos justos por medio del cumplimiento de las obras de la ley sino hacerlo por medio de la fe en Jesús.

Por eso, entendamos cual es el plan de Dios para recibir por la fe lo que Dios ya hizo por nosotros por medio de la obra de Jesucristo, nuestra justificación.


Ricardo Botto

jueves, 11 de febrero de 2021

La Tricotomía del Hombre

La Tricotomía del Hombre



En esta ocasión veremos la tricotomía del hombre, o como dicen algunos, las tres dimensiones del hombre.

Empecemos desde el principio:

Génesis 1:26-28
26 Entonces dijo Dios: Hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza; y señoree en los peces del mar, en las aves de los cielos, en las bestias, en toda la tierra, y en todo animal que se arrastra sobre la tierra.
27 Y creó Dios al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo creó; varón y hembra los creó.
28 Y los bendijo Dios, y les dijo: Fructificad y multiplicaos;  llenad la tierra, y sojuzgadla, y señoread en los peces del mar, en las aves de los cielos, y en todas las bestias que se mueven sobre la tierra.

Dios creó al hombre a su imagen y semejanza, y le dio autoridad y señorío sobre toda su creación.

La Biblia de Fácil Lectura (ERV – Easy Read Bible) dice: “Hagamos personas como una copia de nosotros.”

La Biblia El Mensaje lo coloca así: “Hagamos a los seres humanos a nuestra imagen haciendo que reflejen nuestra naturaleza para que así sean responsables de….”

La traducción en Lenguaje Actual lo pone así: “Hagamos ahora al ser humano tal y como somos nosotros.”

En Génesis 2:7 encontramos un segundo relato de la creación del hombre: “Entonces Jehová Dios formó al hombre del polvo de la tierra,  y sopló en su nariz aliento de vida,  y fue el hombre un ser viviente.”

La palabra “aliento” es el término hebreo “neshama”, que significa aliento, soplo, espíritu, alma entre otros.

Barnes explica la frase “aliento de vida” de esta manera:

El “aliento de vida” es especial en este pasaje. Expresa el elemento espiritual y principal que hay en el hombre, que no es formado, sino soplado en la parte física del hombre por el creador. Esta parte racional es en la que llevamos la imagen de Dios, y se acomoda para ser su vicegerente en la tierra. Como la tierra fue preparada para ser su habitación, así el cuerpo para ser el cuerpo para ser el órgano del aliento de vida que es su esencia, el mismo.

La Biblia de Oro traduce este versículo así: “Formó, pues, el Señor Dios al hombre del lodo de la tierra, y le inspiró en el rostro un soplo o espíritu de vida, y quedó hecho el hombre viviente con alma racional.”

Lo que me gusta de esta versión es que muestra lo que hizo Dios, el creó al hombre del polvo de la tierra (le dio un cuerpo), colocó en él el aliento, soplo o espíritu de vida (le dio un espíritu) y le dio un alma racional, es decir, una vida pensante.

Es lo que nos enseña más adelante Primera de Tesalonicenses:

1 Tesalonicenses 5:23
23 Y el mismo Dios de paz os santifique por completo; y todo vuestro ser, espíritu, alma y cuerpo, sea guardado irreprensible para la venida de nuestro Señor Jesucristo.

El hombre es un ser trino, a la imagen y semejanza de Dios.

En Juan 4:24 dice: “Dios es Espíritu; y los que le adoran, en espíritu y en verdad es necesario que adoren.”

Dios es espíritu, y creó al hombre como un ser espiritual, que además posee un alma y habita en un cuerpo.

A veces la gente confunde entre el espíritu y el alma, y piensan que son lo mismo. De niño fui enseñado de esa manera, y así crecí hasta que encontré la verdad en la Biblia.

En Hebreos 4:12 podemos ver esta gran verdad: “Porque la palabra de Dios es viva y eficaz, y más cortante que toda espada de dos filos; y penetra hasta partir el alma y el espíritu, las coyunturas y los tuétanos, y discierne los pensamientos y las intenciones del corazón.”

La Biblia es el instrumento por el cual podemos partir el alma y el espíritu, claro que haciéndolo por cuestión de estudio.

El alma tiene que ver con nuestros pensamientos, nuestra vida intelectual y pensante, es el lugar de nuestras ideas, emociones y decisiones.

El espíritu es el mismo corazón del hombre, es el verdadero hombre, la parte que se contacta con Dios y donde reside la isma vida del hombre.

En 1 Pedro 3:3-4 encontramos nuevamente al espíritu del hombre, siendo llamado, el hombre interno, el del corazón: “Vuestro atavío no sea el externo de peinados ostentosos, de adornos de oro o de vestidos lujosos, sino el interno, el del corazón, en el incorruptible ornato de un espíritu afable y apacible, que es de grande estima delante de Dios.”

Mucho se ha usado estos versículos para condenar a las propias mujeres acusándolas de vanidosas tan solo por el hecho de estar bien arregladas; pero, ¿de eso es lo que está hablando ese versículo?

Cuando fui pastor en la ciudad de Talara, al norte del Perú, vino un grupo de jóvenes presentando una obra de teatro evangelística.

Nos invitaron a una radio cristiana que continuamente atacaban a las hermanas que se pintaban. Fui con una hermana que estaba arreglada, y el pastor le preguntó de frente: “¿Qué piensa de la vanidad?” Ella le contestó: “Una casa pintada se ve más bonita.”

Fin del tema. Se quedó sin palabras el pastor.

Esté versículo no habla de eso, lo que dice es que no estemos tan preocupados de las cosas externas, de cómo se vea nuestro cuerpo, sino que la importancia principal debe ser nuestro espíritu, ocuparnos de las cosas de Dios.

No digo que tengamos que estar desarreglados, pero, ¿qué necesidad hay de ser un metrosexual?

Pero veamos aquí que hay un hombre externo y un hombre interno. Ese hombre interno es el espíritu del hombre

Concluimos que el hombre es un ser tripartito, tiene un espíritu, un alma y un cuerpo. O, el hombre es un espíritu que posee un alma y habita en un cuerpo.

miércoles, 10 de febrero de 2021

Acerca del Libre Albedrío

Acerca del Libre Albedrío


El libre albedrío es la habilidad que tiene cada persona para tomar sus propias decisiones. Aunque no encontramos la frase "libre albedrío" en la Biblia si podemos verlo en la práctica en varias ocasiones.

Desde la creación misma del hombre vemos que Dios le dio al hombre la oportunidad de decidir su propio destino.

Génesis 2:15-17
15 Tomó, pues, Jehová Dios al hombre, y lo puso en el huerto de Edén, para que lo labrara y lo guardase.
16 Y mandó Jehová Dios al hombre, diciendo: De todo árbol del huerto podrás comer;
17 mas del árbol de la ciencia del bien y del mal no comerás; porque el día que de él comieres, ciertamente morirás.

Dios puso al hombre dentro del huerto con un trabajo y una responsabilidad. Además le dio el libre albedrío, es decir, la responsabilidad y capacidad de decidir su propio destino.

Algunos piensan que el hombre está subordinado a la soberanía de Dios, sujeto a Sus caprichos y sin tener oportunidad de decidir su destino, pero vemos que desde el mismo principio Dios le dio al hombre la opción de elegir.

En Génesis 4:6-7 podemos ver nuevamente como Dios le habló a Caín acerca de la capacidad que tenía de decidir su camino: “Entonces Jehová dijo a Caín: ¿Por qué te has ensañado, y por qué ha decaído tu semblante? Si bien hicieres, ¿no serás enaltecido? y si no hicieres bien, el pecado está a la puerta; con todo esto, a ti será su deseo, y tú te enseñorearás de él.”

Dios había acabado de rechazar su ofrenda y aceptado la de Abel, y la amargura había entrado a su corazón, por eso Dios le dijo que el tenía la capacidad de hacer el bien y el mal.

Antes de asesinar a Abel, Caín tuvo la oportunidad de decidir si lo hacía o no, no era una decisión que Dios tomase por él. Caín fue señor de su destino.

Más adelante vemos que Dios le dio también la oportunidad de decidir al pueblo de Israel:

Deuteronomio 30:15-19
15 Mira, yo he puesto delante de ti hoy la vida y el bien, la muerte y el mal;
16 porque yo te mando hoy que ames a Jehová tu Dios, que andes en sus caminos, y guardes sus mandamientos, sus estatutos y sus decretos, para que vivas y seas multiplicado, y Jehová tu Dios te bendiga en la tierra a la cual entras para tomar posesión de ella.
17 Mas si tu corazón se apartare y no oyeres, y te dejares extraviar, y te inclinares a dioses ajenos y les sirvieres,
18 yo os protesto hoy que de cierto pereceréis; no prolongaréis vuestros días sobre la tierra adonde vais, pasando el Jordán, para entrar en posesión de ella.
19 A los cielos y a la tierra llamo por testigos hoy contra vosotros, que os he puesto delante la vida y la muerte, la bendición y la maldición; escoge, pues, la vida, para que vivas tú y tu descendencia.

Que claro es este pasaje, Israel tenía la oportunidad de decidir entre la vida y la muerte, no era Dios el que debía decidir por ellos, la responsabilidad era de cada uno de ellos.

Lo cierto es que el hombre no quiere tomar su responsabilidad, buscan excusas en frases como: “Era la voluntad de Dios”; “Dios en Su soberanía lo quiso así”; y otras similares, pero la verdad es que cada persona tiene el derecho de decidir su libre albedrío, tomar sus decisiones y decidir su destino.

En Juan 8:11 Jesús le dijo a la mujer adúltera: “Vete y no peques más”; es decir, Jesús le estaba diciendo; "De ahora en adelante depende de ti, la decisión es tuya, tu puedes seguir pecando o dejar de hacerlo".

Fue lo mismo que le dijo en Juan 5:14 al hombre que fue sanado en el estanque de Betesda: “Mira, has sido sanado; no peques más, para que no te venga alguna cosa peor.”

Lo que hagamos ya no depende de Dios sino de nosotros mismos.

En Hechos 17:30-31 Pablo dijo esto en su prédica en Atenas: “Pero Dios, habiendo pasado por alto los tiempos de esta ignorancia, ahora manda a todos los hombres en todo lugar, que se arrepientan; por cuanto ha establecido un día en el cual juzgará al mundo con justicia, por aquel varón a quien designó, dando fe a todos con haberle levantado de los muertos.”

Es interesante lo que dice aquí de que Dios manda a todos los hombres que se arrepientan. Pero vemos que no todos los hombres le han obedecido. Por medio de Cristo Dios proveyó la salvación a todos los hombres pero ahora depende de los hombres tomar la decisión de aceptarla o rechazarla.

Apocalipsis 3:20 es un versículo que muchas veces hemos usado mal a la hora de predicarle el evangelio a otros. En realidad se está refiriendo a los miembros de la iglesia de Laodicea, pero el principio es el mismo: “He aquí, yo estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré a él, y cenaré con él, y él conmigo.”

Había personas que iban a oír la voz de Jesús y no le iba a abrir la puerta.

Cuántas veces hemos escuchado de gente que cuando un cobrador toca la puerta de su casa le dicen a sus hijos: “Dile que no estoy.”

Ellos están ejerciendo su libre albedrío para no recibir a la persona en su casa. ¡Eso es libre albedrío!

El hombre tiene la capacidad de elegir su destino.

Tu decides el día de hoy tu futuro, elige servir a Dios y vivir de acuerdo a Su Palabra para experimentar victoria en cada área de tu vida.

domingo, 10 de enero de 2021

El Secreto para que la Palabra Corra y Se Extienda Rápidamente


Finalmente, hermanos, continúen orando por nosotros, para que la palabra del Señor corra libremente (se difunda y se extienda rápidamente) y sea glorificada, así como sucedió también con ustedes.
- 2 Tesalonicenses 3:1 (Biblia Expandida)

En el siglo XIX, Dios hizo una obra poderosa en Londres a través de un gigante de la fe, conocido como el Príncipe de los Predicadores,  Charles H. Spurgeon,   .

Se dice que predicaba 10 veces a la semana en diversos  auditorios y que predico a 10 millones de personas en una época que no había radio ni televisión y mucho menos internet.

Sus sermones se estudian hasta el día de hoy, y sus frases circulan constantemente en memes de Facebook.

Un domingo por la tarde, una comitiva de ministros llegó por sorpresa al enorme Tabernáculo Metropolitano donde predicaba para observarlo. 

Suponiendo que el hombre corpulento al costado del edificio que vestía un overol el el conserje, sin darse cuenta de que era Spurgeon, le preguntaron: "Señor, ¿podría mostrarnos la planta de energía de esta enorme estructura?" "Por supuesto", respondió el hombre, llevándolos al sótano. 

Cuando abrió la puerta al final de un pasillo, los ministros esperaban ver un poderoso horno. En cambio, vieron a más de doscientos hombres de rodillas orando por el próximo servicio vespertino. "La oración, señores", les dijo, "es la planta de energía del Tabernáculo Metropolitano". 

El hombre, el propio Spurgeon, sabía dónde descansaba el poder.

Al concluir su segunda carta a los Tesalonicenses, Pablo les dice: "Oren por nosotros". Fíjate que él no dice, "Oren por nuestros programas". Tampoco dice: "Oren por nuestros proyectos". Y menos aún les dice "Oren por nuestra visión". Él simplemente les pide: "Oren por nuestra predicación". 

Juan Crisóstomo, fue un importante Padre de la Iglesia del Siglo IV, que fue Obispo de Antioquía, y fue conocido como "El Predicador de la Boca de Oro", por la elocuencia y profundidad de sus mensajes.

Él comenta de este verso: “Él mismo que había orado por ellos; ahora les pide que oren por él”.  En continúa diciendo: "No para que no corra ningún peligro, sino para que cumpla con aquello para lo que fue destinado".

¡Cuánto del poder de un maestro cristiano, que aumenta con el tiempo, proviene de la acumulación de intercesión de sus hijos espirituales! 

Pablo le pide a la gente que ore por él en todas sus Epístolas (Romanos 15: 30; 2 Corintios 1: 11; Efesios 6: 18-19; Colosenses 4: 3; 1 Tesalonicenses 5: 25). En todos estos casos, la solicitud es de ayuda activa en su obra de evangelización.

Pablo no solo ora por sus "hijos" en Cristo, sino que les ruega que oren por él. Pero en otro sentido, el hombre está absorto en su apostolado que si busca la bendición para sí mismo; es para el fin que la palabra del Señor tenga curso libre. 

Jowett comenta "Es a la manera del apóstol poner eso como un deseo para sí mismo, que era un deseo para el avance del Evangelio". 

Pablo sintió su necesidad de osadía para competir con aquellos que se oponían a la predicación del Evangelio, de constancia para aprovechar cada oportunidad para presentarlo a nuevas audiencias, y una y otra vez hizo un llamado a las iglesias para que oren por él en conexión con este asunto. 

Su gozo en el encarcelamiento fue que la palabra de Dios "no estaba atada" (2 Timoteo 2:9); su deseo, era que mientras él mismo estaba amenazado y se le oponían, es que la palabra pueda circular libremente (pueda correr), que no se detenga en su carrera, que se extienda a todas partes.

Eso es lo que debemos hacer como creyentes, orar por nuestros pastores, orar por nuestros ministros que predican, pera que la Palabra siga corriendo libremente, y extendiéndose para alcanzar un mundo que no conoce a Cristo.


Ricardo Botto