jueves, 23 de septiembre de 2021

Estudios Básicos de la Biblia - E. W. Kenyon - Lección 15


Lección 15
LAS OFRENDAS

I. Las Vestiduras Sacerdotales (Éxodo 39.27; 28.31-34)

La parte del vestido del Sumo Sacerdote que se menciona como el “Manto”, era mas bien una túnica. Derivaba su significado del verbo “cubrir” o “esconder”. Las vestiduras exteriores eran de un carácter definitivamente representativo, es decir, llevaban los nombres de Israel ante el Señor. Las Granadas alrededor del ribete inferior de la túnica tenían relación con el pueblo dando a entender que debían llevar fruto para Dios.

Lo que iba debajo de la túnica parece que no tenía ninguna relación con el pueblo. Era más bien una prenda de vestir personal del Sumo Sacerdote. Constituía una expiación para él. El manto de lino fino blanco era típico de aquella justicia con la cual estaba cubierto.


II. El Cinturón (Éxodo 28.4; 39.5)

El objeto del cinturón era fortalecer los lomos para el servicio. Durante Su ministerio terrenal Cristo se ciñó con tal celo de hacer la voluntad del Padre, que todas las fuerzas juntas de los hombres y del infierno no pudieron quebrantarlo.


III. Las Ofrendas

Hay dos tipos distintos de ofrendas. Un tipo incluye la ofrenda relacionada con el Gran Día de Expiación (Levítico 16). El otro tipo incluye las primeras tres de las cinco ofrendas mencionadas en Levítico 1 al 4, y las otras dos ofrecidas por la Comunión Quebrantada, Levítico 4 al 7. Las primeras tres eran ofrecidas por dicha Comunión.

Hemos visto que la razón de ser de la creación fue el anhelo Divino de comunión. Contemplamos la entrada de la Muerte Espiritual al espíritu del hombre, la cual lo separó de Dios. Ahora vemos de nuevo este deseo de comunión de parte del Dios Padre manifestado una vez más al pedir del Israel espiritualmente muerto que le construya un Tabernáculo para que Él pudiese habitar en medio de ellos. Él tomó las medidas necesarias para que ellos pudieran acercarse a Él por medio del Sacerdocio Aarónico y las ofrendas.

De las cinco ofrendas, las primeras tres eran ofrendas de adoración o de comunión; las últimas dos se ofrecían por la comunión quebrantada. Vemos que, en ambos casos, el objeto era la comunión.


IV. La Ofrenda del Todo Quemada (Léase Levítico 1)

Ley de la ofrenda quemada (Lv 6.8-13). La ofrenda del todo quemada era simplemente una ofrenda de comunión. Era una ofrenda de amor. Era ofrecida por la espontánea voluntad del individuo. Tenía que ser ofrecida a la entrada del Tabernáculo del testimonio. El que ofrecía la ofrenda ponía su mano sobre la cabeza del animal que servía de ofrenda. Este acto lo identificaba con la ofrenda que serviría para hacer expiación por él (Lv 1.3-4).

El israelita espiritualmente muerto no podía entrar en comunión con Dios, sin que primero se le proveyera de cierta protección. Según Levítico 1.5-9, el adorador trae su ofrenda, la mata y la corta en pedazos. Los Sacerdotes rocían la sangre alrededor del Altar de Bronce. El adorador puede hacer esto apoyado sobre la base del Gran Día de Expiación.

El Sumo Sacerdote no tiene parte alguna en este acto, solamente los Sacerdotes. Se lavan los intestinos y las patas de la víctima. Las patas han tocado la tierra contaminada y los intestinos se han llenado de los frutos de esa misma tierra.

La ofrenda se examinaba tres veces. El que la ofrecía la examinaba para ver si no tenía ningún defecto. El Sacerdote la examinaba y Dios también. En este aspecto constituye un tipo de Cristo. El fue examinado por la Ley y fue encontrado sin falta. Fue examinado por el Sacerdocio que lo ofreció y no halló falta en Él (por no hallar falta en Él tuvieron que inventar falsos cargos). Dios no encontró ninguna falta en Él (en varias ocasiones se escuchó la voz del cielo diciendo: “Este es mi Hijo amado en el cual tengo contentamiento”).

Jesús no encontró falta alguna en Sí mismo. Dijo: “Porque viene el príncipe de este mundo, mas no tiene nada en mí”. También dijo: “¿Quién de vosotros me redarguye de pecado?” Estos pasajes demuestran la ausencia de pecado en Jesús, tanto a Sus propios ojos como a los ojos de Dios y del pueblo.

Levítico 1.9 dice que la ofrenda quemada sobre el Altar era de olor grato a Jehová. Contenía el olor grato de la comunión entre Dios y el hombre. Efesios 5.2 nos dice que el sacrificio de Cristo fue olor suave y grato delante de Dios. Fue así porque dicho Sacrificio restauró la Justicia al hombre y lo volvió a Dios. Hizo posible el compañerismo entre Dios y el hombre.

Isaías 53.10 dice: “Con todo Jehová quiso quebrantarlo”. Le era tan caro el hombre a Dios, que le agradó sufrir, y que Su Hijo sufriera, para que el hombre pudiera tener nuevamente el derecho de ser Su hijo.


V. La Ofrenda Vegetal (Levítico 2)

Esta ofrenda también era voluntaria. Era una expresión de Amor hacia el Dios del Pacto. El adorador debía llevar una vasija de harina fina. Todo lo vil e indecoroso era quitado. La harina fina es un tipo hermoso de la humanidad perfecta de Cristo, y de Su cuerpo, la Iglesia.

Sobre la harina se derramaba aceite. He aquí un tipo del Espíritu Santo ungiendo a Cristo y a la Iglesia. La harina era empapada en aceite. Él no da el Espíritu por medida. También se ponía incienso sobre esta ofrenda. Luego el adorador llevaba la ofrenda vegetal a un Sacerdote (el Sumo Sacerdote no aparece aquí.) El Sacerdote tomaba un puñado de la ofrenda con todo el incienso y lo quemaba sobre el Altar; ofrenda hecha por fuego, de olor grato a Jehová. El incienso es simbólico de la adoración. Por lo tanto, todo el incienso se quemaba con la porción de la ofrenda ofrecida a Jehová. Él lo recibía todo: adoración, amor y respeto.

La ofrenda vegetal es un tipo de Cristo en el Evangelio según San Lucas. Aquí contemplamos la hermosa humanidad de Jesús. La encarnación es la harina fina mezclada con aceite. Hubo mucha sal en la vida de Cristo. Esto significa Su maravillosa sabiduría en toda Su conversación. No había miel, algo típico de la propia indulgencia en el hombre. No había levadura, nunca una nota falsa; nunca se acomodó él a la ignorancia de la gente. Él es siempre el fiel Vocero de Dios.

Él dio todo el incienso al Padre. El Padre tuvo toda la Gloria. Fue menester el fuego para hacer que el incienso exhalara su fragancia. Fue menester la Cruz para revelar la fragancia y la belleza de Jesús. Lo que quedaba de esta ofrenda se lo comía el Sacerdote en el Lugar Santo. Esta ofrenda vegetal es un tipo de nuestra alimentación con la Palabra.


VI. La Ley de la Ofrenda de Paz (Levítico 3 y 7.11-36)

En la ofrenda de paz podemos ver la benévola provisión que Dios hizo para restaurar la comunión del hombre con Él. La ofrenda de paz es un tipo diferente de comunión. En la ofrenda vegetal, Dios tuvo Su parte y también el Sacerdote y su familia. En la ofrenda de paz, el adorador también tiene su parte. A Jehová le toca toda la grasa del animal. El Sacerdote y su familia y el adorador y su familia tienen su parte.

Aquí tenemos un tipo de comunión. Dentro del Atrio Exterior se sentaban el Sacerdote y su familia y el adorador y su familia, para comer, entretanto que Jehová recibía Su parte. El juntarse para comer es uno de los tipos más elevados de comunión. Uno no puede comer y disfrutar de su alimento delante de los enemigos.

Apocalipsis 3.20 dice: “He aquí yo estoy a la puerta y llamo; si alguno oyere mi voz y abriere la puerta, entraré a él y cenaré con él, y él conmigo”. En este pasaje el acto de “comer” es un símbolo para demostrar la comunión del Padre y de Cristo con el hombre, al hacer Su morada con éste.

La Adoración de Israel tenía que ser sobre el nivel de los sentidos corporales; su comunión tenía que ser también sobre el mismo nivel. Solamente podía haber comunión si el hombre deseaba expresar su gratitud hacia su Dios del Pacto. Los ingratos probablemente no traían ofrendas voluntarias.

Vemos que el Dios del Pacto no era un déspota. Antes de dar a Israel la ley del Pacto, repasa ante Moisés Su fidelidad al Pacto demostrada al librarlos de Egipto, y al cuidar de ellos durante el viaje de tres meses. Luego les permitió elegir entre andar con Él o no, como Su Pueblo del Pacto (Éx 19.3-9).

Éxodo 24.1-8 afirma que antes de que la Ley del Pacto se aplicara realmente, el pueblo tuvo que ratificarlo primero: Dios dio la Ley a Moisés oralmente; Moisés la transmitió al pueblo el cual dijo:

Haremos todas las cosas que Jehová ha dicho, y obedeceremos”. Así fue en la construcción del Tabernáculo. Tenía que hacerse por medio de ofrendas de corazones bien dispuestos.

De la misma manera ocurrió con las ofrendas de comunión. Tenían que proceder de aquellos que deseaban adorarle. La comunión en la ofrenda de paz era triple porque se efectuaba entre Dios, el Sacerdote y el hombre. Tal es el tipo de nuestra comunión hoy. Tenemos comunión con el Padre y con Su Hijo Jesucristo (1Jn 1.3). También tenemos comunión los unos con los otros.

 

 

CARTA DE LOS CINCO GRANDES SACRIFICIOS LEVÍTICOS

 

 

TIPO DE OFRENDA

 

Nombre:

QUEMADA

VEGETAL

DE PAZ

DE PECADO

DE TRANSGRESIÓN

Significado:

El más elevado orden de compañerismo.

Compañerismo entre Dios y el hombre.

Dios, el sacerdote y el hombre haciendo fiesta sobre el

sacrificio, un tipo de Cristo.

Para restaurar el compañerismo roto.

Para restaurar el compañerismo roto.

Animal ofrecido:

Buey, carnero, macho cabrío,

tórtola, paloma o pichón.

Harina fina, aceite, incienso y sal

(excepto levadura)

Macho o hembra del rebaño o de la manada.

Buey para el sacerdote; macho

cabrío para los que

gobernaban; cabrito, cordero, aves o

harina fina para el pueblo

Carnero sin mancha.

Dónde se presentaba:

Puerta del Tabernáculo.

A los hijos de Aarón.

Puerta del Tabernáculo.

Puerta del Tabernáculo.

A Dios y al sacerdote.

Por quién era presentada:

Por cualquiera.

Por cualquiera.

Por cualquiera.

Por quien hubiera pecado contra Dios.

Por quien hubiera pecado contra su prójimo.

Rasgos especiales:

Un tipo de Cristo como Hijo,

agradando al Padre.

Un tipo de Cristo como se describe en Lucas.

Un tipo del creyente que disfruta privilegios.

Un tipo de Jesús, nuestro abogado.

Un tipo de Jesús, nuestro abogado.

Dónde se ofreció (cita bíblica):

Noé Gn 8.20

Jacob y Esaú Gn 32.13

Jacob Gn 31.54

Ezequías 2Cr 22.21-24

Los filisteos 

1S 6.4

 


VII. La Ofrenda del Pecado y la de la Transgresión (Levítico 5 y 6)

El objeto de la ofrenda del pecado y el de la ofrenda de la transgresión era mantener la comunión. La ofrenda del pecado se ofrecía cuando algún Sacerdote ungido, o alguno de los que gobernaban o cualquiera del pueblo, habían pecado directamente contra Jehová. La ofrenda de la transgresión era para restaurar el compañerismo roto por alguna transgresión de un hombre contra su prójimo.

Levítico 6.1-2 nos habla del pecado de alguno mintiendo a su prójimo en cuanto a un depósito, o un convenio, o un robo fraudulento o cuando hubiere extorsionado a su prójimo en relación con algo perdido o con un falso juramento. La ofrenda de la transgresión era, pues, por algo hecho directamente en contra de su prójimo.

Como hemos dicho antes, era posible aceptar estas cinco ofrendas de comunión sobre las bases que se habían sentado en la Expiación, efectuada una vez al año (Léase Lv 5 y 6).


VIII. El Pecado de Nadab y Abiú (Levítico 10)

El hecho de que Israel estaba muerto espiritualmente y que necesitaba una expiación, queda revelado en Levítico 10.1. El Dios del Pacto deseaba compañerismo con Su pueblo, pero por causa de su condición de Muerte Espiritual, solamente podían aproximarse a Él por medio de cierta manera designada Divinamente. El hombre espiritualmente muerto necesitaba de un Mediador. Las bendiciones de Dios habían descendido poderosamente sobre el pueblo. Después de la dedicación del Sacerdocio la gloria del Señor apareció al pueblo (Lv 8 y 9). Ahora una tragedia cae sobre la familia de Aarón. Sus dos hijos, que se atrevieron a acercarse a Jehová sin ser invitados, y a su modo, son heridos por un fuego que los devora (Lv 10.1-2). Israel aprende que no se puede acercar a Dios como uno desea.


PREGUNTAS

1. ¿Cómo revelaba el manto la necesidad que tenía el Sumo Sacerdote de una expiación?

2. ¿En qué forma era el cinturón un símbolo de Cristo?

3. ¿Cuáles eran los dos distintos tipos de ofrendas?

4. Mencione las cinco ofrendas de comunión.

5. ¿Cómo fue el triple examen por el que tenía que pasar la ofrenda del todo quemada, un tipo de Cristo?

6. ¿En qué forma la ofrenda vegetal describe a Cristo?

7. ¿Cómo proveía la ofrenda de paz un medio de comunión?

8. ¿Cuál era el objeto de la ofrenda de pecado?

9. ¿Cuál era el objeto de la ofrenda de transgresión?

10. ¿En qué consistió el pecado de Nadab y de Abiú?







martes, 21 de septiembre de 2021

Estudios Básicos de la Biblia - E. W. Kenyon - Lección 14


Lección 14  
EL SACERDOCIO  
 
El Tabernáculo y sus vasos, así como el sacerdocio y los varios oficios conectados con ellos, formaban una sola unidad, aunque nosotros los dividimos con el objeto de estudiar cada porción. El Tabernáculo no hubiera servido sin sus vasos y el Tabernáculo con sus vasos no hubieran sido de ninguna utilidad sin la familia de sacerdotes constantemente ocupados en diversas actividades dentro del Lugar Santo y con los distintos vasos sagrados. Ellos actuaban como mediadores. Hebreos 8 demuestra que los sacerdotes que ofrecían las ofrendas de acuerdo con la ley, servían de ejemplo y sombra de las cosas celestiales. 

Éxodo 28.1 nos da las instrucciones que le fueron dadas a Moisés con respecto a la familia sacerdotal. Ni Moisés ni sus hijos desempeñaban el oficio de sacerdotes. Esto señala el contraste entre el sacerdocio bajo la Ley y el sacerdocio del cual Cristo es la Cabeza: 

1. La autoridad y el carácter de conductor que tenía Moisés, así como su oficio de mediador, fueron en él algo separado del sacerdocio, el cual quedaba limitado a Aarón y a sus hijos; por otra parte, estas dignidades eran distribuidas entre diferentes personas; mientras que la Epístola a los Hebreos indica que el Señor Jesús en Su resurrección combinó en Sí mismo los varios oficios y dignidades de Señor, Mediador, Apóstol, Fiador, Capitán y Pastor. 

2. Las palabras del versículo primero son notables: “Y harás que se presente delante de ti Aarón y sus hijos con él, para que él sea constituido mi sacerdote”. Aarón y sus hijos formaban un sólo ministerio en el oficio sacerdotal; y Aarón no podía ejercer su servicio a menos que sus hijos estuvieran con él. ¿No hay en esto una sugerencia de la unión entre el sacerdocio de Cristo y Su casa, y también del gran objeto de dicho sacerdocio, que consiste en ser constituido ministro de Dios con respecto a Su casa? (He 3.1-7). 

3. El Sumo Sacerdote, bajo la Ley, tenía compasión de los ignorantes y de aquellos que andaban extraviados porque tenía conciencia de sus propias debilidades. El hecho de ser él mismo un pecador lo calificaba para ese sacerdocio (He 5.1-5). El Señor Jesús, por medio de Su vida humana, fue perfeccionado para el sacerdocio. Él es capaz de simpatizar porque fue tentado en todo como nosotros, aunque sin pecado. Él sufrió, siendo tentado, y puede socorrer a los que son tentados. Los espantosos cuchicheos del enemigo que tuvo que soportar llenaron su alma de un sagrado aborrecimiento y le enseñaron a sentir compasión por aquellos que están sujetos a los asaltos de Satanás (He 4.14-16). 

4. Los sacerdotes de la casa de Leví fueron constituidos sacerdotes sin juramento, y en consecuencia, algunos de ellos fueron eliminados del sacerdocio como ocurrió en los casos de Nadab y Abiú y en la línea de Elí. El Señor Jesús fue constituido sacerdote con juramento. 

Juró el Señor y no se arrepentirá”. La inmutable Palabra de Dios y el juramento constituyeron al Señor Jesús como el Fiador de un pacto mejor (He 7.20-25). 

Hebreos 7.11-17 dice que Aarón fue constituido sacerdote según la Ley del mandamiento carnal, mientras que Cristo se constituyó en el Sumo Sacerdote, mediante el poder de la vida sin fin, por el poder eterno y glorioso de la resurrección. La vida recibida de la muerte, y el haber hecho manifiesta Su victoria sobre la muerte, lo constituyeron gran Sumo Sacerdote. 

 
I.  Las Vestiduras del Sumo Sacerdote 
 
Procedamos ahora con Éxodo 28.4: “Estas son las vestiduras que han de hacer: Un pectoral, un Efod, una sobretúnica, una túnica bordada, una mitra y un cinturón” (Straubinger). Sin estas vestiduras Aarón no podía ser Sumo Sacerdote. Ellas tipificaban poderes distintos, responsabilidades y cualidades relacionadas con ese oficio. 

Las vestiduras sacerdotales eran consideradas como parte de la obra del Tabernáculo. Las túnicas del Sumo Sacerdote expresan las funciones y cualidades de éste. 

Éxodo 28.5-6 y Éxodo 29.1-2 nos dan las instrucciones para hacer el Efod. Allí se especifican los materiales, oro y lino fino torcido; los otros, azul, púrpura y escarlata, son colores dispuestos artísticamente sobre el torzal de lino y entrelazados con oro en todas partes. La forma en que fue hecho se describe en Éxodo 39.3: “Fabricaron láminas delgadas de oro, y las cortaron en hilos, para entretejerlos con jacinto, púrpura, escarlata, y carmesí y con el lino fino, obra de recamador” (Straubinger). 

Las distintas fases de la humanidad están tipificadas por los colores. El oro representaba Su Divinidad. Ambas relacionadas inseparablemente pero cada una era distinta. La vida de Cristo fue una fusión rara y hermosa de humanidad y Divinidad. No obstante, hubo cierta distinción misteriosa entre Su humanidad y Su Deidad. Con una facilidad asombrosa y perfecta, Él pasaba de la esfera de Su capacidad humana a la esfera de Su Deidad. Él se sentía lo mismo tanto en la una como en la otra. Ante el sepulcro de Lázaro Él aparece como verdadero hombre y como verdadero Dios. 

El Efod, la gran túnica sacerdotal, estaba íntimamente ligado con las hombreras y el pectoral. La fuerza de los hombros y los afectos del corazón fueron consagrados a los intereses del pueblo al que Él representaba. La fuerza omnipotente y el amor infinito de Cristo, nuestro gran Sumo Sacerdote, son nuestros continua e indudablemente. 

Los hombros que sustentan al universo sostienen al miembro más débil de Su Cuerpo. El sacerdocio fue algo que Dios proveyó para traer a Israel a Su presencia y conservarlo allí. Fue algo que Dios preparó para el Israel espiritualmente muerto a fin de que pudiera aproximarse a Él. 

Éxodo 28.15-29 y Éxodo 39.8-21 nos describen el pectoral con los nombres de las doce tribus engastados en piedras preciosas. La excelencia peculiar de una piedra preciosa es que mientras más intensa es la luz, más intenso es su brillo. Estas fueron conservadas en la Divina presencia con un lustre que no disminuyó y con la misma belleza inalterable como correspondía a la posición en que la gracia de Dios las había colocado. 

Cualesquiera que pudieran ser las fallas de Israel, sus nombres resplandecían delante de Él. Jehová los había colocado en un lugar donde ningún hombre los podía arrancar. Nadie podía entrar al Lugar Santo para oscurecer su brillo. Cada tribu tenía su lugar y su propia piedra. Cada piedra tenía su propia gloria peculiar y su belleza. Cada una difería de la obra sin rivalizar entre sí; y cada una llenaba el lugar que se le había señalado delante de Dios. 

Dios pudo crear variedad sin implicar inferioridad. Y así es con los individuos que componen el Cuerpo de Cristo. Cada uno refleja a Cristo; y no obstante, Cristo se ve en cada uno con una belleza y una gloria peculiares en la cual ningún otro se entromete. Cada uno tiene su lugar en el Cuerpo, una responsabilidad para magnificar a Cristo, que no pertenece a otro. 

Ante los ojos del Padre, el Cuerpo brilla con la luminosidad y la Justicia de Cristo. El hombre no puede verlo, pero Dios puede vernos en Cristo, en Su Justicia y en Su Belleza. 

El Gran Pastor de las Ovejas no cesará de llevar sobre Sus hombros y en Su corazón al más débil del rebaño hasta que al fin le presente sin mancha y sin culpa ante el Padre. Cuando llegue la mañana de la resurrección, cada uno de los redimidos será como Cristo y se manifestará con la misma belleza y gloria con que está sostenido representativamente sobre los hombros del gran Sumo Sacerdote delante de Dios. 

 
II.  Las Piedras Conmemorativas 
 
Éxodo 28.12: “Y pondrás aquellas dos piedras sobre los hombros del efod, para piedras de memoria a los hijos de Israel; y Aarón llevará los nombres de ellos delante de Jehová en sus dos hombros por memoria” (Éx 39.7; 28.29). 

Israel celebraba una fiesta a la cual se aplicaba de una manera peculiar la palabra “conmemorativa”: La Fiesta de la Pascua. “Y este día os ha de ser en conmemoración, y habréis de celebrarlo como solemne a Jehová durante vuestras generaciones” (Éx 12.14; 13.9). Tenían, por lo tanto, dos razones constantes para recordar a Jehová: su liberación de la esclavitud de Egipto por la sangre del cordero pascual, y su aceptación en la brillantez y la gloria de las piedras preciosas delante del Señor sobre los hombros del Sumo Sacerdote. 

Hay dos actos conmemorativos para nosotros que somos Sus hijos: Nuestra absoluta redención del reino de las tinieblas por la sangre del cordero (Col 1.13), y nuestra posición delante de Dios como Sus hijos, manteniéndonos en Su presencia con toda gloria y justicia. 

Así como Aarón no podía entrar al Lugar Santo sin recordar a Jehová del amor y perfección en los cuales Israel había sido aceptado delante de Él, nosotros tenemos una constante memoria de Él en nuestro gran Sumo Sacerdote quien nos coloca ante Su presencia. Él es nuestra Sabiduría, nuestra Justicia, nuestra Santificación y nuestra Redención. 

 
III.  El Urim y el Tumim 
 
Éxodo 28.30 refiere que el pectoral estaba hecho de los mismos materiales que el efod y estaba doblado para formar una bolsa en la cual se ponía el Urim y el Tumim. Éstos eran piedras preciosas con nombres significativos cuya finalidad nadie ha podido conocer hasta el presente. 

Urim significa “luces”; y Tumim, “perfecciones”. Este contenido misterioso del pectoral parece dirigir nuestros pensamientos al corazón del Señor Jesús que contiene toda la luz y toda la perfección; toda la gracia y la verdad; todo el perdón y la justicia. Se nos dice en Efesios 5.13Porque lo que manifiesta todo, la luz es”. El Sumo Sacerdote con el Urim en su pectoral se convirtió en el canal por el cual Dios manifestaba Sus consejos. El Señor Jesús da a conocer los consejos y propósitos de Dios. Él es luz, y en Él no hay ningunas tinieblas, y por medio de Él se nos da a conocer la voluntad de Dios. 

 
IV.  Las Campanillas de Oro y las Granadas (Éxodo 28.33-35) 
 
Alrededor de los bordes pusieron granadas de tres colores azul, púrpura y escarlata, y alternando con cada granada una esferita de oro puro. El único adorno de esta Túnica Celestial eran frutos recogidos de la tierra. El Sumo Sacerdote proclamaba así al entrar al Lugar Santísimo, que había llegado del mundo, anunciando su carrera terrenal. Las granadas se mencionan especialmente como fruta de la Tierra Santa.
 
Entre cada dos granadas había una campanilla de oro. El sonido áureo estaba combinado con el fruto rico y jugoso, y cuando el Sumo Sacerdote se acercaba al Lugar Santísimo, sus pisadas producían una melodía celestial; y cuando regresaba de la presencia cercana de la gloria al campamento, sus pasos recatados hacían vibrar el sonido que no era de la tierra. Las campanillas de oro proclamaban su tránsito celestial en el Lugar Santísimo. 

Cuando el Sumo Sacerdote se acercaba a Dios, Este debió oír el sonido celestial producido por sus pisadas, aunque aquel llegara de en medio de un ruido ensordecedor de mundanalidad y de confusión. Su andar, aunque rodeado de estos pecados, tenía que estar relacionado con fertilidad, para con Dios; y no tendría que ver, en ningún sentido, con las ambiciones, la gloria o la prosperidad terrenales. Y al salir de la presencia inmediata de Dios, sus pisadas recatadas debían expresar la misma verdad. Debía regresar a las ocupaciones ordinarias de la vida, pero haciendo saber que sus pisadas procedían del cielo. 

 
V.  La Mitra (Éxodo 28.29; 39.28) 
 
La palabra “Mitra” se usa para el atavío de la cabeza del Sumo Sacerdote. Se deriva de un verbo que quiere decir “rodar” o “girar alrededor”; sugiriendo que posiblemente la mitra del sumo sacerdote iba enredada alrededor de su cabeza. La Mitra que cubría la cabeza del Sumo Sacerdote era símbolo de su sujeción a Dios y de que se suponía que siempre estaba en la presencia del Señor. Nunca debía perder de vista su llamamiento glorioso, pero su vida debía gastarse en el Tabernáculo, listo para hacer la voluntad de Dios. 

El lino fino y blanco de que estaba hecha, es emblema de aquella justicia y pureza que debe manifestarse en todo aquel que se coloca en la presencia de Dios para interceder por los demás. 

 
VI.  La Plancha de Oro Fino (Éxodo 28.36-38; 39.30-31) 
 
La plancha de oro se describe antes que la mitra, siendo el objeto de ésta capacitar al Sumo Sacerdote para usar la plancha de oro delante del Señor. Grabada profundamente en la plancha de oro estaba la siguiente inscripción: “SANTIDAD A JEHOVA”, sin la cual no podía aparecer en la presencia del Señor y a favor de Israel. Cuánta verdad contiene esta breve sentencia. Cuán expresiva es de Aquel, el único que puede ostentarla: el verdadero Sumo Sacerdote. 

La frente es de manera especial la parte del rostro humano en que se retratan el propósito, la voluntad y la mente. Durante todo Su ministerio terrenal la santidad a Jehová fue el propósito dominante de la mente de Cristo. 

Aarón podía únicamente presentar santidad a Jehová grabada sobre la corona sagrada que llevaba en la frente. Cristo es santidad a Jehová. Aarón se presentó delante de Dios sólo para suplicar a favor de Israel. Cristo no solamente lo hace a favor de Su pueblo, sino que Su pueblo está unido a Él en Su vida. 

 
PREGUNTAS 
 
1. ¿Por qué el sacerdocio era una necesidad? 

2. Presente al menos tres contrastes o semejanzas que existen entre el Sumo Sacerdote del Antiguo Pacto y Jesús, nuestro Sumo Sacerdote del Nuevo Pacto. 

3. ¿Qué simbolizan las vestiduras del sacerdote? 

4. Explique Hebreos 7.11-17. 

5. (a) Diga algo sobre el significado del pectoral con los nombres de las doce tribus grabados en piedras preciosas. (b) ¿Qué verdad acerca del Cuerpo de Cristo se revela aquí? 

6. ¿Cuáles eran los dos actos conmemorativos de Israel? 

7. ¿Qué actos conmemorativos tenemos nosotros que correspondan a aquellos? 

8. Explique el Urim y el Tumim. 

9. ¿Qué significaban las campanillas de oro y las granadas? 

10. ¿Qué significaba la Mitra en la cabeza del Sumo Sacerdote? 
 
 
 
 
 

sábado, 18 de septiembre de 2021

Estudios Básicos de la Biblia - E. W. Kenyon - Lección 13


Lección 13
LA LEY Y EL TABERNÁCULO
(Continuación)

I. La Puerta (Éxodo 27.16-19)

Al comenzar con la Puerta, comenzamos donde Dios terminó las instrucciones que le dio a Moisés para la construcción del Tabernáculo. Él comienza con el Arca y su Propiciatorio, y de aquí parte hasta que llega a la Fuente de Metal, el Altar de Bronce y finalmente la Puerta. Comenzamos, pues, donde Dios termina, y esto es muy sugestivo.

La redención es completa, y con la obra completa comenzamos. Al contemplar la pared del atrio nos damos cuenta que la cosa más prominente es la Puerta. Esta tipifica a Cristo como la única Puerta o camino a Dios. El hombre espiritualmente muerto está afuera, y Cristo vino para ser la senda divina para que el hombre regresara a Dios. “Yo soy el Camino”, dijo Jesús.

Recordamos que en el Jardín del Edén Dios arrojó al hombre de Su presencia. Ahora, Él mismo provee un camino para que el hombre pueda regresar Él. Había solamente una puerta en el atrio. Si fuéramos a mirar al lado sur, al norte o al poniente, veríamos solamente una larga extensión de lino blanco inviolado. Era sólo lino, pero el forzar una entrada sería apresurarse a una destrucción segura. El lino estaba allí para marcar los límites sagrados. Todo el que quisiera acercarse a Dios tenía que hacerlo de la manera indicada.

Al llegar al lado oriental y ver la puerta, contemplamos el azul, el púrpura, el escarlata y el lino fino torcido; todo ello simbólico, como lo hemos visto, de Cristo que es la Puerta (Jn 14.6; 10.7-9). Cualquiera de los hombres de Israel podía entrar por la puerta y traer su sacrificio al altar, pero solamente un sacerdote podía penetrar por la puerta hasta el Tabernáculo.


II. Los Muebles del Tabernáculo

Como lo hemos mencionado ya, al dar las instrucciones a Moisés, Dios comenzó con el Arca y siguió hasta el Altar de Bronce. Esto es simbólico de la senda recorrida por Cristo. El hombre no podía aproximarse a Dios. Dios tenía que venir al hombre. Cristo vino de la Gloria a la tierra; a la cruz, donde encontró al hombre espiritualmente muerto, y finalmente volvió de nuevo al Padre. Así, desde el Arca, que estaba en el Lugar Santísimo, hasta el Altar de Bronce colocado cerca de la puerta, contemplamos el sendero que Cristo recorrió desde la Gloria hasta la cruz, donde se identificó con el hombre espiritualmente muerto y luego regresó de nuevo al Padre. Esto muestra la completa redención realizada por Cristo a favor del hombre.


III. El Altar de Bronce (Éxodo 27.1-8)

Observemos el Altar de Bronce. Estaba colocado cerca de la puerta. Era el lugar donde Dios encontraba al hombre espiritualmente muerto. Estaba hecho de bronce y de madera de acacia, una madera incorruptible. Ello habla del Señor Jesucristo, Aquel que no tuvo pecado. Esa madera estaba cubierta de bronce. El candelero, el Altar del Incienso, la Mesa de los Panes y el Arca estaban hechos de oro, pero no el Altar.

El bronce habla de pecado. Fue en el Altar de la Cruz donde el pecado del hombre cayó sobre Cristo. En la Cruz, Cristo fue abandonado por Dios. El Altar de Bronce muestra la identificación de Cristo con el hombre en la cruz. Dios descendía desde el Propiciatorio, que era el trono, hasta el Altar donde encontraba al israelita culpable, quien a su vez había traído al Altar, en obediencia al mandato de Dios, un sacrificio perfecto.

¡Cuán expresivo era el acto de aquel que traía el sacrificio! Leemos: “Pondrá sus manos sobre la cabeza del macho cabrío”. Eso era identificarse con el sacrificio, confesando que merecía morir pero que Dios había preparado un sustituto. Cuando el fuego consumía el sacrificio ya no quedaba sentencia pendiente contra el pecador, y aquel que había traído el sacrificio podía retirarse del Altar sabiendo que su pecado había sido perdonado.

Porque Jehová dijo: “Le será perdonado”. En la cruz vemos a Jesucristo tomando el lugar del hombre, identificándose con todo lo que el hombre era, y el juicio de Dios cayendo sobre Él.


IV. La Fuente de Metal (Léase Éxodo 30.17-21)

En el Lugar Santo estaba la Mesa del Pan de la Proposición; doce panes. Un pan es un emblema del cuerpo de nuestro Señor Jesucristo: “Siendo uno solo el pan, nosotros, con ser muchos, somos un cuerpo; pues todos participamos de aquel mismo pan” (1Co 10.17).

Nosotros “somos muchos”, precisamente como el trigo en el pan. Así como el trigo en la masa de harina se mezcla para formar un sólo pan mediante el cocimiento, así también nosotros, sobre la base de la identificación de Cristo con nosotros en la cruz llegando Él a ser lo que nosotros éramos, pagando en el sepulcro nuestra sentencia durante aquellos tres días terribles con sus noches de separación de Dios.

En la Crucifixión le contemplamos como éramos nosotros. En la resurrección, nos vemos como Él es. Romanos 6.5-6 dice: “Porque si hemos sido unidos con Él en una muerte como la suya, lo estaremos también en una resurrección como la suya; sabemos que nuestro viejo hombre fue crucificado con Cristo, para que el cuerpo del pecado sea desecho, a fin de que no sirvamos más al pecado” (Versión Hispanoamericana).

Él es el Pan de Vida. Nosotros hemos llegado a ser ahora los portadores de esa Vida al mundo.


V. El Candelabro de Oro (Éxodo 25.31-40)

Este Candelabro de Oro que estaba en el Lugar Santo, también habla de nuestra identificación con Cristo en la semejanza de Su resurrección. Aquí vemos la unión de Cristo con Su Cuerpo (la Iglesia). Cuando leemos aquellas palabras, “Sus Brazos”, parecería como si el tronco central fuera el candelabro y los brazos hubieran salido de Él; y recordamos las palabras de Juan 15.5: “Yo soy la vid, vosotros los pámpanos”.

La unión con Cristo fue efectuada por medio de nuestra identificación con Su muerte, sepultura y resurrección. ¿Cómo fue hecho este candelabro? Hubiera sido comparativamente fácil haberlo fundido, pero Dios le dijo a Moisés cómo hacerlo. Debía ser labrado a martillo “una pieza labrada”. Al contemplar al obrero que golpea el metal precioso, nuestros pensamientos se vuelven a las Escrituras en Isaías 53.5, donde leemos que Cristo fue quebrantado por nuestras iniquidades. Sólo a fuerza de golpes pudieron ser formados los brazos del Candelabro; y sólo por la identificación del Hijo de Dios con nuestra Muerte Espiritual; sólo porque Él pagó la pena que nos correspondía a nosotros, pudimos llegar a ser completamente uno con Él. Fue por haber sido quebrantado en nuestro lugar, bajo nuestra condenación, por lo que nosotros podemos tomar Su lugar como hijos de Dios delante del Padre.


VI. La Resurrección Revelada

¿Hay algo en este Candelabro que pudiera mostrar de una manera clara que Cristo estaba retratando nuestra identificación con Él en Su resurrección? Sí, creemos que lo hay. El Candelabro debía ir adornado con flores de un árbol frutal. ¿Cuál fue el árbol que Dios seleccionó?

Tenía un vasto campo de donde escoger, y escogió el almendro. En Números 17 tenemos el relato de lo que sucedió con la vara de Aarón. Esta, con las otras once, fue dejada delante del Señor toda una noche. Por la mañana, había echado botones, habían brotado flores y producido almendras.

Nosotros somos las ramas, y llevamos fruto por nuestra unión con Él. Como la vara de Aarón, el Cristo viviente fue abatido hasta la muerte, sufrió hasta que nuestra pena quedó pagada. Pero se ha levantado para ser los primeros frutos de los que duermen. Cuando Él resucitó, nosotros resucitamos con Él.

Debió haber sido una obra muy difícil labrar a golpes de martillo un candelabro tan grande con sus brazos tan adornados. ¿Por qué no se hizo el cuerpo principal del candelabro y los brazos separadamente? Hubiera sido mucho más fácil manejarlos; los brazos podían haberse soldado al cuerpo principal, pero no se hizo así. De haberse hecho de esa manera, no hubiera sido un tipo verdadero de la unión que existió entre Cristo y Sus santos, la cual es vital y no artificial. Así, de una sola pieza de oro se hizo todo el Candelabro. “Una obra de oro puro labrada a martillo”. El oro es el símbolo de la Deidad. Ya vimos que el Altar y la Fuente de Metal fueron hechos de bronce, lo cual habla del juicio que cayó sobre Cristo al actuar como nuestro sustituto del pecado; pero ahora, en la resurrección, se levanta en la plenitud de Su Divinidad, y nosotros hemos recibido vida, y somos herederos juntamente con Él.


VI. El Altar del Incienso

En el Lugar Santo, delante del velo, estaba el Altar de Oro del Incienso. La palabra “Altar” significó un lugar de sacrificios, pero en este altar no se iba a ofrecer ninguno. Ya vimos que el Altar de Bronce y la Fuente de Metal mostraron la identificación de Cristo con nuestra Muerte Espiritual y que la Mesa de los Panes de la Proposición y el Candelabro de Oro muestran nuestra identificación con Él en la resurrección.

Este Altar del Incienso habla de Su Ascensión al Padre. El Altar insinúa Su sangre que ha sido derramada. Fue con Su propia sangre que Él entró al Lugar Santísimo, en el Cielo, habiendo obtenido redención eterna para nosotros.

Los materiales de que estaba hecho el Altar reiteran una vez más la verdad acerca de Su Persona. El oro proclama Su Divinidad. La madera simboliza otra vez Su humanidad. Nos coloca ante el hecho glorioso de que tenemos a la diestra de Dios, a un hombre (1Ti 2.5). Se nos recuerda aquí la verdad, de que como hombre, Él está intercediendo y defendiendo nuestra causa en el Cielo.


VII. El Arca del Pacto (Éxodo 25.1-22)

El Propiciatorio formaba la cubierta del Arca. A cada extremo había un querubín cuyas alas extendidas hacían sombra al Propiciatorio. En Romanos 3.24-25 leemos: “Cristo Jesús... al cual Dios ha propuesto en propiciación”. La palabra que se traduce como “propiciación”, en la Septuaginta es “Asiento del Perdón”. El versículo anterior se puede leer, entonces: “A quien Dios propuso para ser Asiento de nuestro perdón”.

Cabría preguntar: “¿Cómo pudo el trono del Dios Santo que aborrece el pecado ser un Asiento de Perdón y no un Trono de Juicio?Levítico 16 nos presenta el relato del Día de la Expiación. En ese día se ponían delante del Señor dos machos cabríos. Luego se echaban suertes sobre ellos; y habiendo confesado Aarón los pecados de la congregación sobre uno de los dos, se le dejaba escapar al desierto, a algún lugar inhabitado, y ya nunca regresaba.

Sin embargo, es con el otro macho cabrío, con el que tenemos que ver ahora de manera especial. Se hace referencia a él como “para el Señor”. Mientras que el macho cabrío que se envía al desierto habla de sustitución, éste otro habla de propiciación. Cristo sobre la Cruz del Calvario realizó una obra sobre la cual Dios puede tratar con misericordia a la humanidad condenada.

Cristo fue propuesto para ser un Asiento de Perdón donde Dios, y el hombre espiritualmente muerto, pudieran encontrarse. Veremos lo que se hacía con el macho cabrío dedicado al Señor, o sea el de la Propiciación. El macho cabrío era matado; parte de su sangre era llevada al Lugar Santísimo y rociada por el sacerdote siete veces sobre el Asiento del Perdón. Al contemplar aquel sacrificio quemándose fuera del campamento, contemplamos en símbolo al Señor Jesús muriendo bajo el juicio de Dios, en favor nuestro. Pero al contemplarle levantándose de entre los muertos y pasar a las moradas celestiales con Su propia sangre, tenemos lo que corresponde al tipo de aquel sacerdote que se encamina hacia el Lugar Santísimo con la sangre del macho cabrío.

Hay algo muy sugestivo en la actitud del querubín sobre el Asiento del Perdón. La primera vez que se menciona al querubín en la Palabra de Dios, es cuando nuestros primeros padres son arrojados del Jardín del Edén. Allí, el querubín está asociado con la espada flamante; pero en la escena que estamos contemplando no hay ninguna espada, nada que pudiera decir: “Manténganse alejados”. Notamos luego cómo su mirada se vuelve hacia el Asiento de Perdón, como si desearan ambos querubines leer el significado de las manchas de sangre puestas allí por el Sumo Sacerdote. Estas marcas de sangre nos dicen cómo el trono de Dios en Israel se convirtió en el Asiento del Perdón, y no en el Trono de Juicio. Aquel que se sentó sobre ese trono vio, en aquella sangre, el tipo de la sangre de Aquel que no consideró Su igualdad con Dios como algo que debiera retener; Aquel cuya muerte satisfaría todas las demandas de la Justicia.

Por aquella sangre Él podía llegar hasta Israel en la persona de su Pontífice y extenderle el perdón cuando merecía juicio. Es todavía más instructivo notar dónde fue colocada la ley: “Y pondrás el propiciatorio sobre el Arca, y dentro del arca el testimonio que yo te daré” (Éx 25.21 Straubinger). Sobre aquella ley que ningún hombre espiritualmente muerto podía guardar y que sólo podía condenarle, estaban las manchas de sangre que le recordaban a Dios la obra de Justicia de Su Hijo.


PREGUNTAS

1. ¿En qué forma la puerta representa a Cristo?

2. ¿Qué característica notable de nuestra redención en Cristo se encuentra tipificada en el plan general del mobiliario del Tabernáculo?

3. ¿Qué significan el Altar de Bronce y la Fuente de Metal?

4. ¿En qué forma los Panes de la Proposición representan el Cuerpo de Cristo?

5. Demuestre cómo el Candelabro de Oro reveló los sufrimientos de Cristo.

6. ¿Cómo representó también el candelabro nuestra identificación en Su resurrección?

7. ¿Qué parte del Arca era el Asiento del Perdón?

8. ¿Por qué pudo el trono de Dios en Israel ser un Asiento de Perdón en vez de un Trono de Juicio?

9. ¿Qué sugería la actitud de los querubines?

10. ¿Por qué fue puesta la Ley dentro del Arca?





sábado, 11 de septiembre de 2021

Estudios Básicos de la Biblia - E. W. Kenyon - Lección 12


Lección 12
LA LEY Y EL TABERNÁCULO 
(Éxodo 15.27-36.38)  

Jehová apareció muchas veces a Israel en forma especial. Cada vez que se comportaron mal, que murmuraron o se rebelaron, Dios se les manifestó en la nube. Dios se les revelaba por medio de señales; algunas veces eran plagas o serpientes abrasadoras; otras, una voz que los llenaba de temor y de reverencia. 

Éxodo 15.27. Acamparon en Elim, donde había doce fuentes de aguas, y la mano de Dios fue sobre ellos. Murmuraron en Mara por lo malo del agua, pero no dijeron nada por la falta de pan. Evidentemente llevaban provisiones abundantes al salir de Egipto. Debieron haber previsto el viaje por el desierto. Ahora, sus reservas de alimentos llegaban a su fin. Pronto se descubrió la condición en que se encontraban los tres millones de personas. Al ir un vecino para pedir algo prestado del otro, se encontraba con que el otro estaba tan necesitado como él. De esta manera lo terrible de la situación se acentuó sobre ellos con un efecto hipnótico. La muerte, entonces, les pareció inevitable. 


I.  El Maná  

Marchar hacia adelante haría esa muerte segura. Retroceder, era igualmente imposible. Perecerían antes de que pudieran volver sobre sus pasos y ganar las fronteras de Egipto. “Y toda la congregación de los hijos de Israel murmuró contra Moisés y Aarón en el desierto. Y les decían los hijos de Israel: ¡Ojalá hubiéramos muerto por mano de Jehová en la tierra de Egipto, cuando nos sentábamos a las ollas de carne, y cuando comíamos pan en hartura; Pues nos habéis sacado a este desierto para matar de hambre a toda esta multitud” (Éx 16.2-3). 

Aquí estaba un caso en el cual este pueblo pudo fácilmente haber buscado la ayuda de Dios. ¿No había probado Él, de muchas maneras, ser fiel al Pacto? La falta de pan era alarmante, pero Aquel que los había librado milagrosamente de Egipto, que los había guiado al través del Mar Rojo, que los había dirigido por la nube y que había convertido las aguas amargas en dulces, podría fácilmente darles pan. 

Qué relato tan diferente hubiéramos tenido y qué alegría hubiera causado al Dios del Pacto si ellos se hubieran acercado a Él presentándole su necesidad, con la certidumbre de que Aquel que había entrado en las relaciones del Pacto de Sangre, habría satisfecho cada necesidad. En vez de eso, se alejan de Dios. Se entregan a una murmuración sediciosa. Habían sido vergonzosamente engañados. Los habían sacado de Egipto, tierra de paz y de abundancia, y ahora estaban atrapados en ese terrible desierto para morir todos, jóvenes y viejos. No obstante, su rebeldía no haría que Jehová se negara a Sí mismo. El oyó su murmuración y sus palabras de incredulidad. 

Entonces les dio la promesa de que les daría pan y carne para que supieran que Él era Su Dios del Pacto (Éx 16.4-12). 

Éxodo 16.13-36 contiene el relato del envío del pan y de la carne y las instrucciones para recogerlos. Durante cuarenta años, Él, Su Dios del Pacto, los alimentó de esta manera milagrosamente. 

 

II.  Razón de la Ley  

Al estudiar la historia de Israel, tengamos presente que ellos son el pueblo del pacto Divino. Al tercer mes de su viaje llegan al desierto de Sinaí. Ha llegado el tiempo cuando el Dios del Pacto les va a dar la ley (Éx 19.1-8). 

Recordemos que ellos no han recibido aún la vida de Dios. Todavía están muertos espiritualmente, y se les ha de entregar la Ley para que gobierne cada fase de su vida. Antes de dar la Ley, Moisés es llamado al Monte. Allí Dios reafirma a Moisés Su fidelidad al Pacto. Ahora Israel debe manifestar si le obedecerá o no, como Su Dios del Pacto. En estos tres meses se han enterado de la fidelidad de Dios en la parte que le corresponde en el Pacto (Éx 19.8). Israel promete obedecer. 

Éxodo 19.9-25 nos da la manifestación de Dios a Su pueblo. Notamos que esta revelación de Sí mismo fue dada nuevamente al nivel de sus sentidos físicos. Pudieron ver el humo y el fuego en lo alto del monte y escuchar la voz de la trompeta que cada vez era más fuerte. No pudieron acercarse al monte por causa de su muerte espiritual. 

La ley que les fue dada es la Ley del Pacto. Cuando el Pacto con Abraham se cumplió, ésta también se cumplió. Hay tres divisiones en esta ley: Los mandamientos que expresan la Justa Voluntad de Dios (Éx 20.1-27; las leyes que gobiernan la vida social de Israel (Éx 21.1-24); y las ordenanzas que gobiernan la vida religiosa (Éx 24.12-31). Es decir, tres elementos formaron la Ley: los Mandamientos, las Ordenanzas y los Sacrificios. 

Los Mandamientos eran un ministerio de condenación y de muerte (2Co 3.7-9)... revelaban la muerte espiritual que reinaba en el corazón del hombre. Las Ordenanzas proporcionaron en el Sumo Sacerdote, un representante del pueblo ante Jehová. Los Sacrificios fueron una protección por el quebrantamiento de la ley para el Israel espiritualmente muerto. 

 

III.  Se Da la Ley  

Hay tres ocasiones en que se da la Ley: 

Primera. Fue dada en forma oral, tal como se registra en Éxodo 20.1-17. Esta fue dada sin disponer nada para el Sacerdocio ni para los sacrificios y fue acompañada de los Juicios (Éx 21.1-23). Además de normar las relaciones interpersonales entre los hebreos, se agregaron instrucciones para la celebración de tres fiestas anuales (Éx 23.14-19) e instrucciones para la conquista de Canáan (Éx 23.30-33). Estas palabras fueron las que dio Moisés al pueblo (Éx 24.3-8). 

Segunda. Moisés fue llamado para recibir las Tablas de Piedra (Éx 24.12-18). Moisés recibe en el monte instrucciones favorables con respecto al Tabernáculo, el Sacerdocio y los Sacrificios (Éx 25.31). Entretanto, el pueblo guiado por Aarón quebranta el primer mandamiento (Éx 32). Moisés rompe las Tablas escritas por el dedo de Dios (Éx 31.18; 32.16-19). 

Tercera. Moisés hizo las segundas tablas y la Ley fue escrita de nuevo por la mano de Jehová (Éx 34.1, 28-29). 

Pasajes para leer: Ro 3.21-31; 6.14-15; Gá 2.16; 3.10-14, 16-18, 24-26; 4.21-31; He 10.11-17. 

 

IV.  Razón para Construir el Tabernáculo  

Éxodo 25.8 expresa que Dios deseaba habitar con Su Pueblo del Pacto. No podía morar en sus corazones porque no habían recibido todavía la vida eterna; Su presencia debía manifestarse a sus sentidos físicos. Su adoración a Él debía estar al mismo nivel de sus sentidos. Debía haber un lugar de habitación físico en el cual Él morara, y donde ellos se encontraran con Él por medio de un sacerdocio de carácter físico también. 

Para construir el tabernáculo Él les pidió ofrendas voluntarias (Éx 25.2). Sus corazones debían estar dispuestos a tener Su Presencia entre ellos (Éx 25.9). El Tabernáculo iría a construirse exactamente como Dios se lo había revelado a Moisés. Desde el tiempo en que el hombre cayó en la muerte espiritual, Dios comenzó a preparar su redención. Ahora el Tabernáculo va a ser un tipo de Cristo y la redención que Él efectuó para el hombre. Por consiguiente, cada detalle debe estar de acuerdo con Su modelo exacto. 

Notemos primero algo que es muy sugestivo. Vimos, al estudiar la creación, que Dios nos dio el relato en menos de dos capítulos; sin embargo, las instrucciones para hacer el Tabernáculo están contenidas en once capítulos. Podríamos pensar que la obra de la Creación era mucho más importante que la construcción del Tabernáculo, pero, grande como fue la obra de la Creación, simplemente fue, por decirlo así, la construcción de un escenario sobre el cual se iría a realizar una obra mucho más grande, la obra de nuestra redención en Cristo. 

Así como en un teatro, el actor es mucho más importante que el escenario, de la misma manera Aquel que realizó aquella obra tan portentosa, es infinitamente más glorioso que el escenario sobre el cual la realizó. 

 

V.  El Tabernáculo, tal y como se Erigió  

El Tabernáculo propiamente dicho estaba en el extremo occidental del atrio. Tenía cincuenta y dos pies de largo, diecisiete y medio de ancho y diecisiete y medio de alto. Estaba dividido en dos compartimientos. El más grande de ellos se llamaba el Lugar Santo; el más pequeño, el Lugar Santísimo. En el más grande, el Lugar Santo, estaban el Altar de Oro, el Candelabro de Oro y la Mesa de Oro. En el más pequeño, el Lugar Santísimo, estaba el Arca y el Propiciatorio. 

Una vez que el Tabernáculo terminó de construirse, la única cubierta visible fue la exterior hecha de pieles de tejón con la anchura de la cortina de pelos de cabra sobre la puerta. El primer juego de cortinas era de lino fino torcido: azul, púrpura, blanco y escarlata. Sobre dichas cortinas estaban las de pelos de cabra teñidas de rojo, y sobre todas había una cubierta de pieles de tejón. 

Cuando el Tabernáculo estaba en reposo, la Nube, símbolo de la Presencia Divina, descansaba en el extremo posterior del mismo, y era como una enorme sombrilla que proyectaba su sombra sobre el campamento. La nube siempre estaba con ellos. Cuando tenían que continuar el viaje, ésta se levantaba de lo alto del Tabernáculo e iba en la dirección que Dios quería que siguieran. Cuando la nube se detenía en algún sitio, ellos sabían que allí era el lugar donde debían acampar. 

En esta forma la nube los guiaba, indicándoles la dirección que habían de seguir; hasta dónde debían ir y cuándo debían acampar. Dios tenía que manifestarse a sus sentidos físicos, porque ellos estaban espiritualmente muertos. 

El atrio estaba formado por sesenta columnas de madera de acacia las cuales sostenían el muro de cortinas de lino. El Tabernáculo era comparativamente un edificio pequeño. Fue diseñado como un lugar donde Dios pudiera habitar en medio de Israel y comunicarse con su pueblo por medio del Sumo Sacerdote; de modo que no era un auditorio como los que se acostumbran hoy para las reuniones del pueblo de Dios. 

 

VI.  La Cortina y la Cubierta del Tabernáculo  

Al estudiar las cubiertas y las cortinas comenzamos por el exterior; si observamos el Tabernáculo desde afuera, no hay nada interesante en su apariencia. Era un edificio semejante a una caja larga, sin líneas graciosas o curvas, como si se tratara de acentuar su falta de atractivo. Las pieles de tejón, nada atractivas, lo cubrían por fuera; pero si penetramos al interior, qué cambio tan maravilloso. A ambos lados los tablones cubiertos de oro resplandecen a la luz del candelabro de siete brazos. Sobre nuestras cabezas se encuentra el techo formado por las hermosas cortinas de lino fino torcido, con los querubines adornados de azul, púrpura y escarlata. Delante de nosotros se encuentra el velo; detrás de nosotros la puerta con todos los colores del arco-iris mezclados. Allí está también el altar de oro del incienso llenando el Lugar Santo con su aroma. Y la mesa de oro con los doce panes que también emiten un olor fragante. 

En estas cubiertas vemos una descripción de Cristo en Sus dos aspectos diferentes. Si contemplamos el exterior del Tabernáculo, no tiene forma ni hermosura; las cortinas de pieles de tejón ocultan toda su belleza. Isaías 53.2 dice que Cristo no tenía forma ni atractivo para el hombre natural. Nada había en Él para que el hombre lo deseara. No tenía nada en común con el hombre. Las pieles de tejón son simbólicas de la severidad de Su separación de los hombres. Para el ojo natural hubo cierta reserva y austeridad en Él. No podían los hombres entenderlo o gozarse con Él porque no estaban dentro de Su ambiente (cf. Jn 4.44; Mt 16.17

El era una raíz de tierra seca. La belleza de Cristo estaba escondida. Sólo unos cuantos amigos íntimos le conocieron; del mismo modo que el azul, el púrpura, el escarlata y el lino del tabernáculo. 

Éxodo 16.10 dice: “Yo te calcé de tejón”. Esto sugiere separación del mal; las sandalias protegen los pies de la tierra, los conservan separados de ella. Cristo tomó Su lugar en la voluntad del Padre, y todas las fuerzas de los hombres y de los demonios en la tierra y en el infierno no podrían vencerlo ni estorbarle que hiciera esa voluntad. La piel de carnero teñida de rojo es simbólica de Su obra mediadora, y de Su sangre derramada. 

Las cortinas interiores estaban colocadas en dos juegos, cinco en cada uno de ellos. Estaban unidas por cincuenta corchetes de oro que se aseguraban en cincuenta lazadas de azul, formando, como leemos, un Tabernáculo. Las lazadas de azul y los cincuenta corchetes de oro eran simbólicos de Su Gracia Celestial y Divina Energía que capacitaron a Cristo para satisfacer perfectamente las demandas de Dios y del hombre. Estas cortinas eran todas de una sola medida. El azul, color etéreo, marca el carácter Celestial de Cristo. Aunque fue verdadero hombre, fue también verdadero Dios.  Él anduvo con la conciencia y la dignidad de Su Misión Divina. Él nunca olvidó quién era o adónde iba. La púrpura es simbólica de Su realeza. Él era el rey de los judíos. Fue recibido en los cielos como conquistador (Sal 2; Fil 2.9-11

El escarlata representa Su muerte. El verdadero color escarlata sólo puede ser producido por la muerte (sangre). Su Encarnación, la unión de Dios y el hombre, no eran suficientes para nuestra redención. Él debía ser hecho sobre la cruz todo lo que el hombre era. Por Su muerte, Él redujo a la nada a aquel que tenía el poder de la muerte y libró al hombre del imperio satánico (He 2.14). El lino fino torcido es simbólico de Su pureza inmaculada como hombre. Hay profundas verdades espirituales en la humanidad de Jesucristo. A fin de que Él satisfaciera las demandas de la Justicia y las necesidades del hombre, le fue necesario hacerse absolutamente humano; y no obstante ser hombre, sujeto a toda clase de tentaciones como lo somos nosotros, tenía que agradar al Padre como Su Hijo perfecto. Fue necesario para Cristo, andar como el primer hombre tuvo que haber andado. (El estudio del Tabernáculo continuará en la próxima lección). 

 

PREGUNTAS 

 

1. ¿Qué debieron hacer los israelitas cuando descubrieron que no tenían alimento? 

2. ¿Cómo satisfizo el Dios del Pacto esa necesidad de alimento? ¿Por cuánto tiempo? 

3. ¿Por qué fue dada la ley? 

4. ¿Por qué se manifestó Dios al pueblo por medio de la columna de humo, del fuego y de la Nube? 

5. ¿Cuál fue el propósito del Tabernáculo? 

6. ¿Cómo se reunieron los materiales? ¿Por qué? 

7. ¿Por qué fue necesario que el Tabernáculo se hiciera de acuerdo con el modelo dado a Moisés? 

8. ¿Cómo representa a Cristo la cubierta de pieles de tejón? ¿Cómo lo representa la piel del carnero? 

9. ¿De qué eran simbólicas en la vida de Cristo? 

10. Demuestre cómo las cortinas interiores representan a Cristo.