martes, 28 de mayo de 2013

La Autoridad del Creyente - Capítulo 6 - Usando Nuestra Autoridad

Capítulo 6
Usando Nuestra Autoridad

La autoridad es el poder o la influencia delegada que nos han sido conferidos por ser creyentes.

Hemos visto en Mateo 28:18 que cuando Jesús dijo: "Toda autoridad me ha sido dada en el cielo y en la tierra. Por tanto, id. . . .” Lo que Él estaba diciendo era esto: “Como Yo que soy la cabeza he recibido toda la autoridad, ustedes que son el cuerpo también han recibido la misma autoridad, por eso vayan y realicen la Gran Comisión”.

En el Salmo 133 vemos una idea más clara de esto:

Salmos 133:1
1  ¡Mirad cuán bueno y cuán delicioso es habitar los hermanos juntos en armonía!
2 Es como el buen óleo sobre la cabeza,el cual desciende sobre la barba, la barba de Aarón, y baja hasta el borde de sus vestiduras;
3 Como el rocío de Hermón, que desciende sobre los montes de Sion; porque allí envía Jehová bendición, y vida eterna.

Así como Jesucristo, la Cabeza, tiene toda la autoridad, esta desciende a todo su cuerpo.

Cuando nos metemos a la ducha, el agua cae sobre todo el cuerpo, de la cabeza a los pies.

El miembro más pequeño del cuerpo de Cristo tiene toda la autoridad de la Cabeza.

1 Corintios 12:12-14, 18-20, 27
12 Porque así como el cuerpo es uno, y tiene muchos miembros, pero todos los miembros del cuerpo, siendo muchos, son un solo cuerpo, así también Cristo.
13 Porque por un solo Espíritu fuimos todos bautizados en un cuerpo, sean judíos o griegos, sean esclavos o libres; y a todos se nos dio a beber de un mismo Espíritu.
14 Además, el cuerpo no es un solo miembro, sino muchos.
18 Mas ahora Dios ha colocado los miembros cada uno de ellos en el cuerpo, como él quiso.
19 Porque si todos fueran un solo miembro, ¿dónde estaría el cuerpo?
20 Pero ahora son muchos los miembros, pero el cuerpo es uno solo.
27 Vosotros, pues, sois el cuerpo de Cristo, y miembros cada uno en particular.

Nosotros como creyentes somos parte del cuerpo de Cristo; cada uno posee la misma autoridad.

Efesios 1:22-23 (Reina Valera Actualizada)
22 Aun todas las cosas las sometió Dios bajo sus pies y le puso a él por cabeza sobre todas las cosas para la iglesia,
23 la cual es su cuerpo, la plenitud de aquel que todo lo llena en todo.

Como cuerpo de Cristo ya tenemos la autoridad, entonces, el problema no es tanto el tenerla sino el saber usarla.

En la historia paralela de Mateo 28 en Marcos 16 vemos lo siguiente:

Marcos 16:17-18
17 Y estas señales seguirán a los que creen: En mi nombre echarán fuera demonios;  hablarán nuevas lenguas;
18 tomarán en las manos serpientes, y si bebieren cosa mortífera, no les hará daño;  sobre los enfermos pondrán sus manos, y sanarán.

Vemos aquí tres características de los que usan esta autoridad:

La primera característica es que estas señales seguirán a los que creen.

El término creer es pisteuo y según Vine significa: Creer, ser persuadido de, y por ello fiarse de, confiar. Significa, en este sentido de la palabra, apoyarse en, no una mera creencia.

Debemos apoyarnos en la declaración de Jesús: “Toda autoridad me ha sido dada, por tanto vayan.”

Debemos estar persuadidos, convencidos y confiados que lo que Jesús dijo es la verdad y que va ha suceder lo que ha dicho.

Eso es fe, y la fe viene por el oír y el oír la Palabra de Dios; lo que nos dice que debemos depositar la Palabra de Dios continuamente en nosotros en cuanto al área de la autoridad del creyente para llegar a esa convicción.

La segunda característica es que conocen el valor del nombre de Jesús.

La autoridad que tenemos la desatamos mediante el uso del nombre de Jesús.

Juan 14:13-14
13 Y todo lo que pidiereis al Padre en mi nombre, lo haré, para que el Padre sea glorificado en el Hijo.
14 Si algo pidiereis en mi nombre, yo lo haré.

En este pasaje dice que debemos pedir en el nombre de Jesús. ¿A quien debemos pedirle?

Veamos Juan 14:13 en otras versiones para tener una idea más clara:

Biblia al Día
Cualquier cosa que pidáis en mi nombre, yo la haré; así será glorificado el Padre en el Hijo.

Biblia Latinoamericana
Todo lo que pidan en mi Nombre lo haré, de manera que el Padre sea glorificado en su Hijo.

Biblia del Pueblo de Dios
Y yo haré todo lo que ustedes pidan en mi Nombre, para que el Padre sea glorificado en el Hijo.

La Septuaginta (Versión de Junemann)
Y lo que pidiereis en mi nombre, esto haré; para que sea glorificado el Padre en el Hijo.

Reina Valera 1865
Y todo lo que pidiereis en mi nombre, esto haré; para que el Padre sea glorificado en el Hijo.

En realidad en más de 100 versiones de la Biblia que he revisado en los idiomas español e ingles solo usan la frase “al Padre” algunas de las revisiones de la Reina Valera, la versión de Scio, la Castilian, la Torres Amat y la Versión Moderna; y no he encontrado ninguna versión en ingles que use esa frase.

Y lo que sucede es que la frase “al Padre,” no se encuentra en los manuscritos  más antiguos en griego; fue aumentada por los traductores para contrastar con Juan 16:23-24. Las traducciones modernas de la Biblia han corregido esto.

Al colocar esa frase se pierde el sentido de lo que Dios quiere decirnos. Además, la palabra que se usa para pedir es aiteo que denota la acción de exigir o demandar.
        
Podemos escribir este pasaje de este modo: “Todo lo que demandes, o exijas, en mi nombre, yo lo haré.”
        
Para los discípulos esto quedo bien claro; pues en Hechos 3:1-8 podemos ver como usaron el Nombre de Jesús:

Hechos 3:1-8
1 Pedro y Juan subían juntos al templo a la hora novena, la de la oración.
2 Y era traído un hombre cojo de nacimiento, a quien ponían cada día a la puerta del templo que se llama la Hermosa, para que pidiese limosna de los que entraban en el templo.
3 Este, cuando vio a Pedro y a Juan que iban a entrar en el templo, les rogaba que le diesen limosna.
4 Pedro,  con Juan, fijando en él los ojos, le dijo: Míranos.
5 Entonces él les estuvo atento, esperando recibir de ellos algo.
6 Mas Pedro dijo: No tengo plata ni oro, pero lo que tengo te doy; en el nombre de Jesucristo de Nazaret,  levántate y anda.
7 Y tomándole por la mano derecha le levantó; y al momento se le afirmaron los pies y tobillos;
8 y saltando, se puso en pie y anduvo; y entró con ellos en el templo, andando,  y saltando, y alabando a Dios.

Pedro y Juan sabían muy bien lo que tenían; sabía que podían usar su autoridad en el nombre de Jesús para traer una sanidad.

Nosotros como cuerpo de Cristo tenemos la autoridad y el derecho de usar el nombre de Jesús.

Hechos 19:13-16
13 Pero algunos de los judíos, exorcistas ambulantes, intentaron invocar el nombre del Señor Jesús sobre los que tenían espíritus malos, diciendo: Os conjuro por Jesús, el que predica Pablo.
14 Había siete hijos de un tal Esceva, judío, jefe de los sacerdotes, que hacían esto.
15 Pero respondiendo el espíritu malo, dijo: A Jesús conozco, y sé quién es Pablo; pero vosotros, ¿quiénes sois?
16 Y el hombre en quien estaba el espíritu malo, saltando sobre ellos y dominándolos, pudo más que ellos, de tal manera que huyeron de aquella casa desnudos y heridos.

Es interesante ver que tanto los hijos de Esceva y el demonio conocían quien era Jesús.

Los hijos de Esceva sabían que había autoridad en el nombre de Jesús pero ellos no tenían derecho a usarle porque no eran parte del cuerpo de Cristo.

La tercera característica es que tenemos que hacer algo con esa autoridad.

Hechos 16:16-18
16 Aconteció que mientras íbamos a la oración, nos salió al encuentro una muchacha que tenía espíritu de adivinación, la cual daba gran ganancia a sus amos, adivinando.
17 Esta, siguiendo a Pablo y a nosotros, daba voces, diciendo: Estos hombres son siervos del Dios Altísimo, quienes os anuncian el camino de salvación.
18 Y esto lo hacía por muchos días; mas desagradando a Pablo, éste se volvió y dijo al espíritu: Te mando en el nombre de Jesucristo, que salgas de ella. Y salió en aquella misma hora.

El verso 17 en la Biblia de Jerusalén nos dice lo que realmente decía la mujer: “Nos seguía a Pablo y a nosotros gritando: «Estos hombres son siervos del Dios Altísimo, que os anuncian un camino de salvación.»”
        
Pablo no estaba predicando “un” camino de salvación, lo que él predicaba era el predicaba el único camino de salvación.

Pablo hizo algo al respecto, él hecho fuera el espíritu de adivinación en el nombre de Jesús.

Nosotros hemos recibido la autoridad ahora debemos usarla.

Esto nos da más luz acerca de lo que debemos hacer para usar nuestra autoridad.

Santiago 4:7
7 Someteos, pues, a Dios; resistid al diablo, y huirá de vosotros.

El término someteos es jupotasso que es principalmente un término militar, ordenar abajo (jupo, debajo; tasso, ordenar). Denota: ponerse en sujeción, sujetarse.

Al someternos estamos poniéndonos bajo las ordenes de Dios; nos sometemos a Su Palabra; es decir, la aceptamos como una realidad en nuestras vidas.

Si Él ha dicho que tenemos autoridad, lo aceptamos como un hecho; si Él ha dicho que somos sanos por la llagas de Jesús, lo somos, lo aceptamos como un hecho; si Él dice que somos prósperos, lo somos.

Este verso nos dice tres cosas

Lo primero es que debemos aceptar su Palabra como un hecho real para nosotros.

Lo segundo es resistir al diablo.

¿Cómo lo hacemos? Usando la Palabra de Dios y el nombre de Jesús.

Lo tercero es que el diablo huirá de nosotros.

El huirá, escapará de nosotros, como una mosca al ver un matamoscas.

Vayamos ahora a Primera de Pedro

1 Pedro 5:6-9
6 Humillaos, pues, bajo la poderosa mano de Dios, para que él os exalte cuando fuere tiempo;
7 echando toda vuestra ansiedad sobre él, porque él tiene cuidado de vosotros.
8 Sed sobrios, y velad; porque vuestro adversario el diablo, como león rugiente, anda alrededor buscando a quien devorar;
9 al cual resistid firmes en la fe, sabiendo que los mismos padecimientos se van cumpliendo en vuestros hermanos en todo el mundo.

Vemos aquí el mismo principio de Santiago, humillarnos ante la poderosa mano de Dios, someternos a Él y Su Palabra.

Si Dios ha dicho algo es así; debemos creerle, no dependiendo de nuestras propias fuerzas sino de las del Señor.

Debemos ser sobrios y velar; es decir mantenernos firmes en la Palabra; no ir a derecha ni ha izquierda.

Y debemos resistirlo con la Palabra de Dios y el nombre de Jesús.

Una cosa final en este verso es que no estamos solos, ni que recibimos “el gran ataque”, uno como nunca tuvo nadie; no es así, los mismos ataques que sufrimos los han sufrido otros hermanos; y si otros los han vencido nosotros también venceremos.

Lo que importa es la actitud que tenemos a la hora del ataque.

Estaba recientemente en el hospital, habiendo sufrido lo que parecía era un infarto; en medio de de tubos y máquinas.

De pronto llegó mi amigo, el Pastor Julio Aguije, y me preguntó: “¿Cómo te sientes de ánimo?”, ya tenía pensada la respuesta, y le dije: “Quiero vivir, voy a vivir y salir completamente sano de aquí.”

Dos días después estaba en mi casa, con mi corazón completamente sano.

En Efesios 6 vemos más de nuestra actitud como creyentes:

Efesios 6:10-18
10 Por lo demás,  hermanos míos, fortaleceos en el Señor, y en el poder de su fuerza.
11 Vestíos de toda la armadura de Dios, para que podáis estar firmes contra las asechanzas del diablo.
12 Porque no tenemos lucha contra sangre y carne, sino contra principados, contra potestades, contra los gobernadores de las tinieblas de este siglo, contra huestes espirituales de maldad en las regiones celestes.
13 Por tanto, tomad toda la armadura de Dios, para que podáis resistir en el día malo, y habiendo acabado todo, estar firmes.
14 Estad, pues, firmes, ceñidos vuestros lomos con la verdad, y vestidos con la coraza de justicia,
15 y calzados los pies con el apresto del evangelio de la paz.
16 Sobre todo, tomad el escudo de la fe, con que podáis apagar todos los dardos de fuego del maligno.
17 Y tomad el yelmo de la salvación, y la espada del Espíritu,  que es la palabra de Dios;
18 orando en todo tiempo con toda oración y súplica en el Espíritu, y velando en ello con toda perseverancia y súplica por todos los santos.

El creyente que se pone esta armadura y se enlista en la milicia espiritual esta calificado y cumple con los requisitos para la victoria.

El diablo hasta lo imposible para impedir obtengas este conocimiento de la autoridad que tenemos sobre él; pero párate firme en esta verdad, deja que se haga parte de tu vida.

Veamos ahora nuestra armadura:

Las distintas partes de esta armadura simbolizan las actitudes espirituales que el creyente debe mantener. 

En primer lugar está el cinturón de la verdad, que representa el tener un claro entendimiento de la Palabra de Dios. Como el cinturón de un soldado, mantiene el resto de la armadura en su lugar.

En segundo lugar está la coraza de la justicia. 

Esta coraza tiene una doble aplicación: Jesús es nuestra justicia, y debemos ponerlo primero. También muestra nuestra obediencia a la Palabra de Dios.

En tercer lugar, nuestros pies están calzados con el apresto del evangelio de la paz. Esto es nuestro ministerio de proclamación de la Palabra de Dios.

En cuarto lugar está el escudo de la fe. 

El escudo es un arma defensiva que cubre todo el cuerpo. 

Representa nuestra completa seguridad bajo la sangre de Cristo, donde ningún poder del enemigo puede penetrar.

En quinto lugar se encuentra el yelmo de la salvación, al cual se refiere a la esperanza de la salvación. 

En sexto lugar está la espada del Espíritu, que es la Palabra de Dios.

Esta es un arma ofensiva, es la Palabra de Dios saliendo poderosamente de nuestra boca. Es nuestra confesión victoriosa de la Palabra de Dios.

En sétimo lugar esta nuestra oración, como dice el verso 18  dice: "Orando en todo tiempo con toda oración y súplica en el Espíritu, y velando en ello con toda perseverancia y súplica por todos los santos."

Después de ponernos toda la armadura es el momento de orar. Orar en el Espíritu nos ayudará a edificar y reforzar nuestra fe.

Al hacer esto, estaremos listos para resistir el ataque del diablo.