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jueves, 26 de marzo de 2020

Sanidad Divina - Clase 4 - La Sanidad en el Antiguo y Nuevo Pacto


Clase 4
La Sanidad en el Antiguo y Nuevo Pacto

Como hemos visto en Malaquías 3:6 y Santiago 1:17 nuestro Dios no cambia. Si Dios hizo algo en el pasado, también lo hará hoy.
Por eso, de la misma forma como Dios trató a la gente en el Antiguo Testamento, es la misma forma que lo hace en el Nuevo. 

Aun desde antes del Antiguo Pacto que Dios hizo con Israel podemos ver referencias de sanidad en la Biblia.

El caso más impactantes es el de la sanidad de la esterilidad de Sara a los noventa años para dar a luz a Isaac.

Como dice en Hebreos 11:11: “Por la fe también la misma Sara, siendo estéril, recibió fuerza para concebir; y dio a luz aun fuera del tiempo de la edad, porque creyó que era fiel quien lo había prometido.
Isaac también oró por su esposa que era estéril y ella concibió: “Y oró Isaac a Jehová por su mujer, que era estéril; y lo aceptó Jehová, y concibió Rebeca su mujer” (Génesis 25:21).

Veamos ahora la sanidad en el pacto que Dios hizo con Israel, que es conocido como la Ley o el Antiguo Pacto.

En Éxodo 15:26 dice: “Y dijo: Si oyeres atentamente la voz de Jehová tu Dios, he hicieres lo que es recto delante de sus ojos, y dieres oído a sus mandamientos, y guardares todos sus estatutos, ninguna de las enfermedades que envié a los egipcios te enviare a ti; porque yo soy Jehová tu sanador."
El Antiguo Pacto estaba basado en nuestras acciones; y Dios le estaba diciendo al pueblo de Israel que mientras ellos caminasen a la luz de su pacto, no habría ninguna enfermedad entre ellos.
Como vimos en otras entradas, una traducción literal del hebreo de este pasaje es: “No permitiré ninguna de las enfermedades que permití en los egipcios.” 

Dios no envió las enfermedades sobre los egipcios, Él permitió que las enfermedades llegasen a ellos pues no estaban bajo su protección. Satanás fue quien los enfermó.
Dios declara aquí que Él es el Sanador. La palabra hebrea que se usa es Jehová–Rapha, que significa: “Yo soy Jehová tu medico, soy el Dios que te sana.” Dicho de otro modo, nuestro medico es el Dr. Jehová.

Y una traducción dice: “Yo soy el Dios que te hace inmune a las enfermedades”.

Eso me recuerda una historia de John G. Lake, el Apóstol de sanidad, cuando fue misionero en Africa en las primeras décadas del siglo pasado.

Cuando él llegó a África, estaban en medio de una epidemia de peste bubónica que había matado a miles. 

Los doctores le dijeron que regrese a Estados Unidos para que no se contagie y muera. Él les dijo que no se iba a ir porque Dios era su sanador, y les dijo que hagan un experimento, que pusieran la saliva de una persona que tenía la peste en su mano, que pusieran su mano en el microscopio y verían que pasaba.

Los doctores trataron de disuadirlo, pensando que estaba loco, pero no pudieron. Cuando le pusieron la saliva, y pusieron su mano en el microscopio, vieron como los gérmenes y bacterias morían. 

El Dr. Jehová lo había hecho inmune a la enfermedad.
En Éxodo 23:25-26 dice: “Mas a Jehová vuestro Dios serviréis, y el bendecirá tu pan y tus aguas; y yo quitaré toda enfermedad de en medio de ti. No habrá mujer que aborte, ni estéril en tus tierras; y yo completaré el número de tus días.” 
El vuelve a presentarse como nuestro medico, y luego dice que el completará el número de nuestros días.
La pregunta es: Si Dios ya proveyó sanidad, ¿de que moriremos?
No tenemos que morir enfermos, en Génesis 25:8 dice: “Y exhaló el espíritu, y murió Abraham en buena vejez, anciano y lleno de años....” 

En Génesis 35:29 dice: “Y exhaló Isaac el espíritu, y murió, y fue recogido con su pueblo, viejo y lleno de días....” 

En Génesis 49:33 dice: “Y cuando acabó Jacob de dar mandamientos a sus hijos, encogió los pies en la cama y expiró....”

Abraham, Isaac y Jacob murieron sin enfermedad ni dolor, y llenos de días, solamente entregaron su espíritu.

Esa es la forma que Dios quiere que partamos al Cielo, sin enfermedad ni dolor, completando el número de nuestros días, habiendo cumplido el plan que Dios tiene para nosotros.

Cuando el Hermano Kenneth Hagin se fue al Cielo, el sencillamente terminó su desayuno, sonrió a su esposa y se fue, sin enfermedad ni dolor, simplemente entregó su espíritu.

Un hecho que debemos notar, es que mientras Israel caminó en el pacto que tenía con Dios, no se registra ninguna enfermedad. Tampoco hubo ningún bebé, o de algún joven que haya muerto prematuramente. Nadie murió antes de tiempo porque como establecía el pacto ellos completaron el número de sus días. 

En Deuteronomio 7:12-15 dice: “Y por haber oído estos decretos, y haberlos guardado y puesto por obra, Jehová tu Dios guardará contigo el pacto y la misericordia que juró a tus padres. Y te amará y bendecirá y te multiplicará, y bendecirá el fruto de tu vientre y el fruto de tu tierra, tu grano, tu mosto, tu aceite, la cría de tus vacas, y los rebaños de tus ovejas, en la tierra que juró a tus padres que te daría. Bendito serás más que todos los pueblos; no habrá en ti varón  ni hembra estéril, ni en tus ganados. Y quitará Jehová de ti toda enfermedad; y todas las malas plagas de Egipto que tu conoces, no las pondrá sobre ti, antes las pondrá sobre todos lo que te aborrecieren.”

Dios ama, bendice y multiplica a Su pueblo. Su voluntad era  prosperarlos materialmente y bendecirlos en todo lo que emprendiesen.

Pero no solo los bendijo económicamente sino que no permitió que hubiera enfermedad en ellos mientras caminaron en Su pacto. Recuerde que el verso 15 dice: “Y quitará Jehová de ti toda enfermedad.”

El libro de Salmos esta lleno de versos de sanidad.

En el Salmo 103:3-5 dice: “El es quien perdona todas tus iniquidades, el que sana todas tus dolencias; el que rescata del hoyo tu vida, el que te corona de favores y misericordias; el que sacia de bien tu boca de modo que te rejuvenezcas como el águila.”

Es evidente que la enfermedad vino por causa de la desobediencia de la ley pues: “El es quien perdona todas tus iniquidades, el que sana todas tus dolencias.” De ahí podemos concluir que el perdón por su desobediencia significaba la sanidad de sus cuerpos.

Posteriormente, Jesús puso esto en evidencia en Marcos 2:1-12: “Entró Jesús en Capernaum después de algunos días; y se oyó que estaba en casa. E inmediatamente se juntaron muchos, de manera que ya no cabían ni aun a la puerta; y les predicaba la palabra. Entonces vinieron a él unos trayendo un paralítico, que era cargado por cuatro. Y como no podían acercarse a él a causa de la multitud, descubrieron el techo de donde estaba, y haciendo una abertura, bajaron el lecho en que yacía el paralítico. Al ver Jesús la fe de ellos, dijo al paralítico: Hijo, tus pecados te son perdonados. Estaban allí sentados algunos de los escribas, los cuales cavilaban en sus corazones: ¿Por qué habla este así? Blasfemias dice. ¿Quién puede perdonar los pecados sino solo Dios? Y conociendo luego Jesús en su espíritu que cavilaban de esta manera dentro de sí mismos, les dijo: ¿Por qué caviláis así en vuestros corazones? ¿Qué es más fácil, decir al paralítico: Tus pecados te son perdonados, o decirle: Levántate, toma tu lecho y anda? Pues para que sepáis que el Hijo del Hombre tiene potestad en la tierra para perdonar pecados (dijo al paralítico): A ti te digo: Levántate, toma tu lecho y vete a tu casa. Entonces el se levantó enseguida, y tomando su lecho, salió delante de todos, de manera que todos se asombraron, y glorificaron a Dios diciendo: Nunca hemos visto tal cosa.”

En este pasaje, Jesús coloca a la sanidad y al perdón de pecados en la misma mano. El perdón de pecados en el paralítico, representaba la sanidad en su cuerpo.

En el Salmo 105:37 dice: “Los sacó con plata y oro; y no hubo en sus tribus enfermo.

Siempre recuerdo la escena de la película “Los Diez Mandamientos”, cuando un jovencito esta empujando a un anciano ciego que le decía: “Yo no veré la tierra prometida, pero tú si”.
¡Nada más lejos de la verdad!

Cuando Dios sacó a su pueblo de Egipto, la Biblia dice que no había ningún enfermo. Todo el pueblo que salió de Egipto, estaba sano. 

En el Salmo 107:17-20 vemos que la enfermedad vino a ellos debido a su rebeldía contra la Palabra de Dios y su rechazo a su consejo.

Fueron afligidos los insensatos, a causa del camino de su rebelión y a causa de sus maldades; su alma abominó todo alimento, y llegaron hasta las puertas de la muerte. Pero clamaron a Jehová en su angustia, y los libró de sus aflicciones. Envió su palabra y los sanó, y los libró de su ruina.”

La rebelión contra el pacto que tenían con Dios provocó la enfermedad en ellos, a tal grado que estaban a punto de morir. Al clamar ellos a Dios, al dejar su rebelión y volver al pacto, Dios envió Su Palabra y los sanó.

¿Por qué sucedió esto?

Debido a que ellos se salieron, por decisión propia, de la protección del pacto que Dios tenía con ellos.

El pacto que Dios hizo con ellos era como un paraguas. Si en un día lluvioso estamos debajo de un paraguas, no nos mojaremos; pero si en plena lluvia nos salimos del paraguas, terminaremos empapados.

Es como salir cuando llueve sin paraguas, a mi me ha pasado, la lluvia empezaba de improviso mientras estaba en la calle y yo terminaba completamente empapado.         

Esto fue lo que sucedió con Israel; cuando ellos se salieron del pacto por decisión propia, no pudieron ser protegidos del ataque del diablo, y se enfermaron. Pero, cuando ellos clamaron a Dios, y volvieron a su pacto, Dios envió Su Palabra y los sanó. 

Dios siempre nos sana a través de Su Palabra.

Todos estos versos que hemos visto tratan acerca de Israel; pero, eso no significa que Dios no haya provisto sanidad para nosotros en el Nuevo Pacto.

Cuando vemos lo que dice la Biblia de Israel veremos que ellos no eran hijos de Dios, sino que eran esclavos de Dios.

En Levíticos 25:55 dice: “Porque mis siervos son los hijos de Israel; son siervos míos, a los cuales saque de la tierra de Egipto. Yo Jehová vuestro Dios.”  Y en Isaías 41:8 dice: “Pero tu, Israel, siervo mío eres; tú, Jacob, a quien yo escogí, descendencia de Abraham mi amigo.” 

Dios llama al pueblo de Israel: “mis siervos.

Pero, la traducción literal para siervo es esclavo (en Hebreo, Ebed), así que ellos eran esclavos de Dios.

Sin embargo en Juan 1:12 dice: “Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio la potestad de ser hechos hilos de Dios.”

Dios llama a los creyentes: “hijos.”

Si Dios quiere que sus esclavos estén sanos, ¿cuánto mas lo querrá para sus hijos?

En Hebreos 8:6 dice: “Pero ahora tanto mejor ministerio es el suyo, cuanto es mediador de un mejor pacto, establecido sobre mejore promesas.

Nosotros estamos en un mejor pacto que el pueblo de Israel; un pacto que está establecido sobre mejores promesas. 

En el Antiguo Pacto la sanidad divina dependía de nuestra obediencia a la ley, en el Nuevo Pacto ya no depende de nuestra obediancia, sino de la obediencia de Cristo.

¿Qué significa que algo sea mejor que otro?

Por ejemplo, ¿qué es mejor, un billete de $10 ó un billete de $100?

Ciertamente un billete de $100. ¿Por qué? Porque un billete de $100  contiene al billete de $10; es decir, $100pueden comprar todo lo que $10 y mucho más.

Esto ocurre del mismo modo con el Antiguo y el Nuevo Pacto. El Nuevo pacto incluye al Antiguo. Es decir el Nuevo Pacto posee todas las cosas que tiene el Antiguo Pacto y mucho más.

¿Que significa esto? En el Antiguo Pacto la sanidad divina dependía de nuestra obediencia a la ley, en el Nuevo Pacto ya no depende de nuestra obediencia, sino de la obediencia de Cristo.

Si Dios proveyó sanidad para sus esclavos en el Antiguo Pacto; también la ha provisto para sus hijos en el Nuevo Pacto.

Volviendo al Salmo 107:20, dice que: “Envió su palabra y los sanó, y los libró de su ruina.” 

En Juan 1:1-3,14 vemos cual es “Su palabra”: “En el principio era el Verbo (Logos), y el Verbo (Logos) era con Dios, y el Verbo (Logos) era Dios. Este era en el principio con Dios. Todas las cosas por él fueron hechas, y sin él nada de lo que ha sido hecho, fue hecho. Y aquel Verbo (Logos) fue hecho carne, y habito entre nosotros (y vimos su gloria, gloria como del unigénito del Padre), lleno de gracia y de verdad.” 

La palabra Verbo es Logos, que significa palabra.

Jesús es la palabra que Dios envió para sanar nuestras enfermedades y dolencias. Como vimos anteriormente, en la redención Jesús mismo tomó nuestras enfermedades y dolencias.

No es la voluntad de Dios que ningún creyente pase enfermedades en esta tierra, sino que completen el número de sus días.

En Santiago 5:14 se pregunta a la iglesia: “¿Está alguno enfermo entre vosotros?”  De esta pregunta vemos que no era común que hubiese enfermos entre los creyentes.

Esto es porque deberían conocer Mateo 8:17 donde dice: “Para que se cumpliese lo dicho por el profeta Isaías cuando dijo: El mismo tomó nuestras enfermedades y llevó nuestras dolencias.” Y 1 Pedro 2:24 donde dice: “Quien llevó él mismo nuestros pecados en su cuerpo sobre el madero, para que nosotros, estando muertos a los pecados vivamos a la justicia; y por cuya herida fuisteis curados.” 

Deberían conocer estos versos y caminar en salud divina.

En Santiago 5:14-15 Vemos lo que debería hacer la persona enferma: “¿Está alguno enfermo entre vosotros? Llame a los ancianos de la iglesia y oren por él, ungiéndole con aceite en el nombre del Señor. Y la oración de fe salvará al enfermo, y el Señor lo levantará; y si hubieren cometido pecados, le serán perdonados.”

Es decir, si se debe llamar a los ancianos de la iglesia, es que Dios ha provisto sanidad para la iglesia. 

En una iglesia había un grupo de hermanas ancianas que se reunían todos los martes en el templo para orar. Un día en que solo estaban ellas en la iglesia; una señora llamó para decir que fuese alguien a orar por su esposo que estaba muriéndose.

Inmediatamente llamaron al pastor para decirle lo que pasaba, pero no había nadie contestó. Entonces una de ellas se levantó y dijo: “En Santiago 5:14 dice que si alguno esta enfermo que llame a los ancianos de la iglesia; así que, nosotras debemos ir pues somos las ancianas de la iglesia.” Las demás señoras convinieron con ella y decidieron ir a la casa de la señora que llamó.

Cuando llegaron, una de ellas le pidió aceite a la dueña de casa, y ella les trajo una botella de aceite de un litro que aun no había sido usada. Fueron donde el enfermo, le leyeron Santiago 5:14-15, lo rociaron completamente con el litro de aceite, e hicieron la oración de fe. ¿Saben que pasó? El enfermo se levantó inmediatamente de la cama completamente sanado.

En el Nuevo Pacto hay sanidad para la iglesia. 

Somos hijos de Dios y Él proveyó sanidad para nosotros.

lunes, 17 de abril de 2017

Traducción del libro "Estudios Avanzados de la Biblia" de E. W. Kenyon (Parte 1)



He empezado a traducir este libro de E. W. Kenyon, Estudios Avanzados de la Biblia, Estudios en la Vida Profunda, porque creo que es un arma poderosa para nuestra de fe.

Los que no conocen a Kenyon, fue un poderoso maestro de la Palabra de la primera mitad del siglo pasado, sus enseñanzas fueron inspiración para grandes hombres de Dios y hoy siguen bendiciendo a muchos.

Kenneth Hagin decía que cuando empezó a predicar muchos decían que estaba copiando a Kenyon, pero él les decía que nunca lo había leído, así que decidió conseguir sus libros y al hacerlo vio que era la misma doctrina.

Leamos el primer capítulo del libro: "La integridad de la Palabra".

Capítulo 1
LA INTEGRIDAD DE LA PALABRA

LA PALABRA es Dios que hablando contigo. "Así dice Jehová" se repite más de dos mil veces desde Éxodo hasta Deuteronomio. Dios y Su Palabra son uno. La Palabra siempre es ahora. Jesús es la Palabra. Jesús es la Palabra Viviente.
Hebreos 4:12, "El Logos de Dios es una cosa viva, activa y más cortante que cualquier espada con doble filo que penetre hasta la misma división del alma y el espíritu, la articulación y la médula escrutinio de los mismos pensamientos y concepciones del corazón" (Moffat).
Y ahora, observen cuidadosamente el siguiente versículo: "Y ninguna cosa creada se le oculta, todas las cosas están abiertas, expuestas ante los ojos de Aquel con quien tenemos que dar cuenta". La Palabra se llama Logos. Jesús es el Logos, y el Logos es algo vivo, no en el libro, no en la página escrita, sino en los labios del creyente. No hay nada creado que esté escondido de Él, esta Palabra viva. La Palabra nos examina, nos encuentra. Este párrafo debe ser estudiado cuidadosamente.

La Palabra es nuestro contacto con Dios
La Palabra es nuestro contacto con Dios el Padre. Es su contacto con nosotros. Juan 16: 7-10 (La Biblia de las Américas) dice: "Convencerá al mundo de pecado, de justicia y de juicio".

Somos convencidos por la Palabra
Esta convicción no puede provenir de otra fuente que la Palabra. Es una triple convicción. Primero, convence de nuestra unión con Satanás: "De juicio, porque el príncipe de este mundo es juzgado", que el hombre natural es juzgado en Satanás, es un hijo de Satanás.
Juan 8:44, 45 con 1 Juan 3:10. Observe cuidadosamente estas Escrituras. Segundo, Él convence de Justicia, mostrando que aunque somos hijos del Diablo. La justicia está disponible y nos pertenece. Y tercero, Él convence del pecado porque no creemos en Él. Sólo hay un pecado por el cual el pecador será juzgado; el rechazo de Jesucristo.

Somos Recreados por la Palabra
Santiago 1:18 dice "El,  de su voluntad, nos hizo nacer por la palabra de verdad, para que seamos primicias de sus criaturas". Lea Juan 3: 3-8. En 1 Pedro 1:23 dice;, "Habiendo sido engendrados de nuevo, no de semilla corruptible, sino de incorruptible, a través de la Palabra de Dios, que vive" (American Versión estándar).
La Palabra nos imparte Vida Eterna. Si no fuera por la Palabra, no sabríamos que hubo una Redención o una Substitución o una Nueva Creación.
En 2 Corintios 5:17, 18 dice: " De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas. Y todo esto proviene de Dios, quien nos reconcilió consigo mismo por Cristo, y nos dio el ministerio de la reconciliación."

Nuestras mentes son renovadas por la palabra
Romanos 12:2 dice: "No os conforméis a este siglo,  sino transformaos (Transfigurados) por medio de la renovación de vuestro entendimiento,  para que comprobéis cuál sea la buena voluntad de Dios,  agradable y perfecta.”
En Colosenses 3:10 dice: “Y revestido del nuevo, el cual conforme a la imagen del que lo creó se va renovando hasta el conocimiento pleno".
La mente se renueva estudiando la Palabra y actuando sobre ella. Uno puede estudiar la Palabra por años, pero si no actúa, vive, no es un hacedor, la mente no se renueva.
Santiago nos da el secreto en Santiago 1:22: "Pero sed hacedores de la palabra, y no tan solamente oidores, engañándoos a vosotros mismos".
Muchos estudiantes de la Biblia se engañan a sí mismos porque no están actuando, viviendo, haciendo la Palabra.

Estamos habitados por la Palabra
Colosenses 3:16 dice: "La palabra de Cristo more en abundancia en vosotros, enseñándoos y exhortándoos unos a otros..."
¿Qué quiere decir con dejar que la Palabra more en nosotros ricamente? Esta es una de las frases más llamativas de esta epístola.
En Juan 15:7 dice: "Si permanecéis en mí, y mis palabras permanecen en vosotros, pedid todo lo que queráis, y os será hecho".
La Palabra aquí es morar en nosotros, produciendo frutos de oración. Lea atentamente el siguiente versículo: "En esto es glorificado mi Padre, en que llevéis mucho fruto, y seáis así mis discípulos".
Es fruto de oración. Es la Palabra que produce fruto de su propia clase en la vida del creyente.
No es sólo el compromiso de la Palabra para memorizarla, algo que es valioso, sino dejar que la Palabra se convierta en una parte integral de nuestros seres. Vive en nosotros.
En Efesios 3:17 dice: "Para que habite Cristo por la fe en vuestros corazones,  a fin de que,  arraigados y cimentados en amor".
Cristo y la Palabra son uno. Es la Palabra que mora en ustedes lo que equivale a que Cristo esté personalmente en ustedes. Dejar que la Palabra tenga derecho de paso en su vida es permitir que Cristo tenga derecho de paso. La Palabra que te domina es el Señorío de Cristo en ti.

Estamos Edificados con la Palabra
Hechos 20:32: "Y ahora, hermanos, os encomiendo a Dios, y a la palabra de su gracia, que tiene poder para sobreedificaros y daros herencia con todos los santificados".
Él nos encomienda a la Palabra de Su gracia. Esta Palabra construye la naturaleza de Cristo y la naturaleza de amor del Padre en el individuo. En otras palabras, Dios se está construyéndose a Sí mismo en nosotros, haciéndose a Sí mismo parte de nosotros cuando la Palabra nos domina, gobierna y satisface nuestra naturaleza espiritual. No se puede construir uno espiritualmente con filosofías o teorías sobre la Palabra, o en la historia de la palabra. Sólo somos hechos espirituales por vivir en la Palabra y por la Palabra que vive en nosotros. Somos Sanados por el Salmo 107:20 de Palabra, "Él envió Su Palabra y los sanó". Cuán pocos de nosotros hemos comprendido que la Palabra es la que nos sana. Hablamos de la fe en la Palabra, no hay nada malo en eso, pero es cuando Isaías 53: 4 se convierte en una realidad en nuestro espíritu: "Ciertamente llevó él nuestras enfermedades, y sufrió nuestros dolores (rendición marginal);  y nosotros le tuvimos por azotado,  por herido de Dios y abatido", que opera en nuestros cuerpos físicos. Él fue golpeado y herido de nuestras enfermedades y pecados. Y entonces la Palabra declara en el versículo quinto: "Por sus llagas fuimos curados." Lo leemos y meditamos sobre él, y sabemos que es verdad. Jeremías 1: 12 (La Biblia de las Américas) dice: "Yo velo sobre mi palabra para cumplirla". Sabemos que el Padre vela por su Palabra y que hará que esa Palabra sea buena en nosotros. Él dijo: "Ciertamente llevó él nuestras enfermedades, y sufrió nuestros dolores". Entonces no necesitamos llevarlas. Ellas no pueden ser parte de nosotros porque Él puso nuestras enfermedades y pecados en Jesús: "Al que no conoció pecado, por nosotros lo hizo pecado, para que nosotros fuésemos hechos justicia de Dios en él" (2 Corintios 5:21). La justicia de Dios no puede estar enferma entonces y no puede ser gobernada por el pecado. Satanás no tiene dominio sobre la justicia de Dios a menos que se la demos. Es la Palabra que nos ha hecho saber esto. Es la Palabra que nos ha salvado, nos ha recreado, y es la Palabra que nos sana ahora. Es la Palabra que nos hace amos sobre Satanás. Marcos 16:17: "En mi nombre echarán fuera demonios." Es la Palabra que nos ha enseñado el valor del Nombre, la autoridad del Nombre, y nuestro derecho legal al uso del Nombre. Así que es la Palabra en  realidad la que nos ha sanado.

Conocemos al Padre a través de la Palabra.
En Juan 16:27-28: "Pues el Padre mismo os ama, porque vosotros me habéis amado, y habéis creído que yo salí de Dios." Y Juan 17:23 dice: "Para que el mundo conozca que tú me enviaste, y que los has amado a ellos como también a mí me has amado." En Juan 14:23 dice: "El que me ama, mi palabra guardará; y mi Padre le amará, y vendremos a él, y haremos morada con él.”
Estas tres escrituras demuestran, sin sombra de duda, que el Padre ama a Sus hijos, a estas personas que son la Nueva Creación, tanto como Él amó a Jesús, y que es una alegría para Él hacer Su hogar con ellos. ¿Qué significaría tener al Padre y a Jesús viviendo en su casa? Aseguraría la renta, los impuestos y todas las cuentas, porque el Padre pagaría sus cuentas y le permitiría cumplir con todas sus obligaciones. Cuan íntimo desea llegar a ser con nosotros. (Mateo 6: 31-33.)

La fe viene a través de la Palabra
Romanos 10:8 dice: "Esta es la Palabra de fe que predicamos".
En Hebreos 12:2 dice: "Mirando a Jesús el Autor y Perfeccionador de nuestra fe". Solía ​​preguntarme cómo podíamos mirar a Jesús. Entonces, cuando descubrí que la Palabra y Jesús eran uno, yo sabía que al mirar a la Palabra y actuar sobre ella, traía a Jesús inmediatamente a la escena. Y cuando supe cómo la fe es perfeccionada por nuestra actuación en la Palabra, dejando la Palabra suelta en nosotros, para vivir en nosotros, dominarnos, gobernarnos, yo había encontrado el secreto. Marcos 16:18 dice: "Pondrán las manos sobre los enfermos y se recuperarán". Esto no significa nada hasta que actuemos sobre ello. "En Mi Nombre echarán fuera demonios." La escritura no significa nada hasta que actuamos sobre ella. Juan 15:16, "Todo lo que pidiereis al Padre en Mi Nombre, Él lo hará." Esta Escritura es inútil, muerta, hasta que actuemos en ella. Es actuar sobre la Palabra que edifica la fe en el creyente. Tú puedes tener todas las promesas; Puedes tener el poderoso Espíritu que mora en ti; Pero si no actúas en la Palabra, Dios es impotente en ti. Actuar en la Palabra hace a Jesús vitalmente real para el creyente. (2 Corintios 5:7).

La Palabra en nuestros labios
Romanos 10:9-10 dice: "Porque si confesares con tu boca a Jesús como Señor", y "con la boca se confiesa para salvación". Es la Palabra en mis labios lo que cuenta. La Palabra se convierte en algo vivo en los labios del creyente; trae al hombre no salvo bajo convicción; Le da fe para actuar en la Palabra; Hace que el creyente "confíe en el Señor con todo su corazón" (Proverbios 3: 5). Tu palabra se convierte en la Palabra de Dios, y tus labios se convierten en embajador de Dios. La Palabra de Dios en tu boca, fresca del amor en tu corazón, arde en el corazón del oyente.

Alimentándonos con la Palabra
Mateo 4:4 dice: "No sólo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios."
En Jeremías 15:16 dice: "Fueron halladas tus palabras, y yo las comí; y tu palabra me fue por gozo y por alegría de mi corazón; porque tu nombre se invocó sobre mí, oh Jehová Dios de los ejércitos".
El Salmo 78:24-25 dice: "E hizo llover sobre ellos maná para que comiesen,
 Y les dio trigo de los cielos. Pan de nobles comió el hombre; les envió comida hasta saciarles."
En Job 23:12 dice: "Del mandamiento de sus labios nunca me separé; guardé las palabras de su boca más que mi comida”.

PREGUNTAS
1. ¿Qué está haciendo la Palabra de Dios?
2. Dar las tres convicciones dadas por la Palabra.
3. ¿Por qué es necesario escuchar la Palabra para ser salvos?
4. ¿Qué es una mente renovada?
5. Discute la diferencia entre memorizar la Palabra y tener la Palabra en su interior.
6. Cita la escritura que muestra que recibimos nuestra herencia a través de la Palabra.
7. Discute cómo la Palabra trae sanación.
8. Di lo que significa para ti actuar según las Escrituras que te dicen que Dios es tu Padre.
9. ¿Cómo se hace efectiva la Palabra en tus labios?

10. Dé las escrituras que demuestren la necesidad de alimentarse en la Palabra.