domingo, 16 de abril de 2017

Cristo vive en mí (John G. Lake)


Cristo vive en mí (John G. Lake)

Traducción de una enseñanza de John G. Lake del 20 de agosto de 1920 en Spokane, Washington.

“Cristo vive en mí”. Esta es la revelación de este tiempo, el descubrimiento del momento. Es el revolucionario poder de Dios en la tierra, el factor que está cambiando el espíritu de la religión en el mundo y el carácter de la fe cristiana; es la divina revitalización. El mundo está despertando a la maravillosa verdad de que Cristo no está sólo en el cielo y en la atmósfera exterior, sino que está en el cielo, en la atmósfera y en ti.

Cuando hablamos de la energía eléctrica, notamos que el mundo vivió en la oscuridad por miles de años. Sin embargo, había tanta electricidad en el mundo antes como la hay ahora. La electricidad no nació en un momento repentino: siempre estuvo aquí hasta que los hombres aprendieron cómo utilizarla y fueron bendecidos por esto.

Cristo habitando el corazón humano es el misterio de los misterios. El Apóstol Pablo lo describió como el supremo misterio de toda la revelación de Dios y la conclusión de todas las maravillas que conoció.

“Cristo vive en ti”.

Cristo tiene un propósito para ti: revelarse a ti, a través de ti y en ti. Solemos repetir una y otra vez la conocida frase: “La Iglesia, la cual es Su cuerpo”. Si nos diéramos cuenta de la verdad y el poder de esto, el mundo sería un lugar diferente. Cuando la iglesia cristiana se dé cuenta que es la carne tangible, viva y palpitante, los huesos, la sangre y el cerebro de Jesucristo, cuando la iglesia comprenda que Dios se manifiesta a través de cada uno de sus miembros y Se esfuerza por cumplir Su gran voluntad para el mundo a través de ellos y no de algún otro cuerpo, entonces la responsabilidad cristiana habrá sido entendida.

Jesucristo opera a través de ti y no independientemente de ti. El hombre y Dios se vuelven unidos. Este es el divino secreto de una real vida cristiana: la real unión consciente del hombre con Dios. No hay sustitutos para esta unión. Puedes elaborar todas las ordenanzas y leyes de la tierra y crear todos los símbolos que pienses que representen esto, hasta que, aturdido, te pierdas en el laberinto de ellos. Aún con todo esto, no habrás encontrado a Dios.

Hay una sola realidad, y es Dios. El alma del hombre debe contactar a Dios. A menos que el espíritu del hombre esté verdaderamente unido a Dios, no hay tal cosa como la real manifestación cristiana. Todo el proceso de preparación por el cual un alma es preparada por Dios para tal manifestación es solo preliminar. El propósito final es que los hombres puedan revelar a Dios y que Él pueda tener no solo un lugar de residencia sino el derecho de actuar en el cuerpo y el espíritu del hombre. Cada hombre enseñado por el Espíritu se vuelve sujeto a Dios y a Su voluntad.

En una oportunidad recibí la visita de un hombre que tenía una queja para mí. Él dijo: “Le escribí una carta de veinticuatro hojas y no la ha recibido. Si lo hubiere hecho, no estaría aquí.” No pude menos que soltar una carcajada. El hombre ha sido un devoto cristiano por 30 o 40 años y hablé de él a menudo con mi esposa y amigos como uno de los más consistentes cristianos que he conocido. Sin embargo, de vez en cuando el gran humano se levanta por encima del espíritu y arruina la belleza de una deliciosa y maravillosa vida que está revelando a Dios.

Dios no desea autómatas.

El esfuerzo y el propósito de Dios en nosotros es traer todas las condiciones de nuestro ser a la armonía con Su voluntad y mente. Dios no desea autómatas. El ventrílocuo maneja con habilidad un pequeño muñeco de madera. Sus labios se mueven y esto hace parecer que está hablando, pero la marioneta está dominada por el poder que la opera.

Dios tiene ahora un propósito más alto que hacer del hombre un autómata. Este propósito sublime es manifestar todas Sus cualidades en tu alma y manifestar toda la individualidad que está en tu vida, no para someterla o destruirla sino para transformarla, para energizarla y extenderla hasta que toda tu personalidad llegue a ser una con la naturaleza, la sustancia y calidad de Dios.

Observa entre los cristianos más devotos cuán continuamente su pensamiento está limitado porque creen que deben ser ejercitados o movidos por Dios. Pero lo que Dios tiene es mayor que eso: recibe el Espíritu y utilizalo para la gloria de Dios.

Estando en Chicago me encontré con un par de viejos amigos que me invitaron a comer. Mientras cenábamos la mujer, una persona muy sincera, me dijo: “Sr. Lake, le conozco hace tanto tiempo y nuestra amistad tiene ya tantos años, que siento que puedo hablarle con franqueza”.

-­“Por supuesto”, respondí. “Bien”, dijo ella. “Hay algo que me extraña acerca de Ud. A falta de otro ejemplo, voy a decirlo en las palabras de Pablo: ‘Llevo en mi cuerpo las marcas del Señor Jesús’. No parece Ud. tener las marcas de Jesús.”

Le contesté: “Eso depende de si se trata de marcas o de una forma de expresión. Si espera que la personalidad que Dios me dio cambie y yo sea otra persona y no yo mismo, entonces se extrañaría Ud. que yo no fuera yo. Si ese es el tipo de marcas que está buscando, no las encontrará. Pero si espera ver que la carne, la sangre, los huesos, el espíritu y la mente de un hombre sean habitados por Dios, entonces lo hallará; no una máquina, no un autómata o una imitación, sino una mente clara y un corazón puro, un hijo de Dios en naturaleza y esencia.”

El esfuerzo de Dios con el mundo, no es otro sino manifestar al hombre real en la imagen de Cristo y con el conocimiento de Dios.

El hombre real, reconstruido hasta en su propia sustancia, ¡es transformado a la sustancia de Dios! Y cuando te detienes a razonar esto para llegar a una conclusión adecuada, es la única manera en la que Jesucristo mismo o Dios, el Padre Eterno, nos librará de vivir en una soledad eterna.

Cuando nos detenemos a analizar esto, podemos ver que Dios está tratando de hacernos -en toda nuestra naturaleza, existencia, hábitos, pensamiento y toda estructura de nuestra vida- tan hermosos, tan reales, tan limpios de mente y tan fuertes como Jesús mismo.

Así es como entendemos lo que significa la Redención de Cristo. Ella implica la manifestación de Cristo en ti hasta el punto en que sea la única manifestación. Se manifieste a través de tus ojos tanto como Dios se manifestó a través de los ojos de Jesús, se manifieste a través de tu toque, así como Dios se manifestó a través del toque de Jesús.

La vida de Dios no es un poder o una vida separada de ti mismo, sino dos vidas hechas una, dos naturalezas conjuntas, dos mentes operando en una: Cristo en ti.

Un día asistí a una conferencia en Chicago. Estaba sentado junto a una anciana de color una tarde después del encuentro, y ella me contaba de sus enfermedades y aflicciones, que eran muchas. Luego de un rato, le pregunté: “Querida madre, ¿Cuánto hace que es Ud. cristiana?” Ella respondió: “Desde pequeña”. Procuré entonces mostrarle que Dios espera desarrollar Su naturaleza en ella, a fin de lograr una transformación poderosa a través de la operación del Espíritu, y que había un proceso de reconstrucción y remodelación que podía cambiar su naturaleza y su vida, disolviendo el reumatismo y toda otra dificultad de la misma forma que tiempo atrás el pecado había desaparecido de su alma.

Cuando la conversación llegó al punto apropiado, le dije: “Querida hermana, cualquiera puede ver que Cristo habita en su espíritu” (Sus ojos eran amorosos y deliciosos). “Permita que su mente se extienda un poco más. Deje que sus pensamientos comprendan que así como Jesús habita ahora en su espíritu y también posee su alma, de la misma manera Él está poseyendo su sangre y sus riñones y la misma cosa sucederá en ese viejo reumatismo en sus huesos cuando se dé cuenta de esta verdad, así como se dio cuenta de la limpieza de sus pecados cuando se convirtió en el altar”.

La mujer me contó entonces que había orado veintidós días y sus noches hasta que Cristo se reveló en su alma como Salvador. Ella parecía entonces estar esperando otros veintidós días para que Dios se manifestase en el reumatismo de los huesos.

Mientras procuraba apartarla de ese pensamiento, la anciana entonces me dijo: “Hermano, imponga sus manos sobre mí y seré sanada”. Le respondí: “¡No! Quiero que UD. obtenga su sanidad al percibir que, en este instante, el mismo Jesucristo que habita en su espíritu y en su alma está en sus huesos, en su sangre y en su mente”. La anciana se levantó y exclamó: “¡Dios mío, Él está!”. ¡Lo había logrado! Cristo había sido apresado en su alma y espíritu en su conversión, y ahora se le había permitido manifestarse en su cuerpo.

El hermano Tom Hezmalhalch vino a un encuentro de gente de color en Los Ángeles un día donde se estaba hablando sobre bautismo del Espíritu Santo. Había leído en una octavilla que traía en su mano sobre esas reuniones tan peculiares y, entre otras cosas, se enteró que hablaban en lenguas. Eso era algo nuevo para él. Se dijo: “Si ellos lo hacen y esto es real, es un avance en el Espíritu de Dios más allá de lo habitual. ¡Yo quiero eso!”.

El hombre se puso a escuchar una enseñanza que estaba impartiendo un viejo Negro, que hablaba de desarrollar el pensamiento de limpia consciencia e la gente usando el hermoso texto en Juan 15:3: “Ahora vosotros estáis limpios a través de la Palabra que os he hablado”. Eso se volvió muy real para Tom. Luego fueron todos invitados a arrodillarse al altar para buscar a Dios y el bautismo del Espíritu Santo. Tom me dijo: “John, me levanté y caminé hacia ese viejo banco con el entendimiento en mi alma de la verdad de la Palabra y que esa real y verdadera limpieza y el Limpiador mismo estaban en mi corazón”.

“Ahora vosotros estáis limpios a través de la Palabra que os he hablado”. Juan 15:3.

Se arrodilló y oró por un minuto o dos. Su alma se alzó y su corazón creyó por el bautismo del Espíritu Santo. Luego se levantó y tocó uno de los asientos. Uno de los obreros le dijo: “Hermano, no dejes de orar hasta que seas bautizado con el Espíritu Santo”. Él respondió: “Jesús me dijo que ya estaba bautizado con el Espíritu Santo. El Señor Seymour dijo: “Déjalo solo, él ya lo tiene. Sólo espera y verás”. Pasó algún tiempo, y un día Tom dijo que el Espíritu comenzó a surgir a través de él y una canción de alabanza en lenguas, una voz angelical, rompió a través de sus labios.

Un viejo predicador vino un día a mi oficina en África y me dijo: “Hermano Lake, hay algo que quiero hablar con Ud. Solía tener notables manifestaciones de lenguas e interpretación en mi vida, pero hace un año que no lo hago. Desearía que ore Ud. por mí.”

Le respondí: “No. Vaya, recuéstese y quédese quieto, y permita que Dios actúe en su vida”. Me hallaba escribiendo una carta, así que volví a mi trabajo. Un momento después, sentí que algo en mí deseaba hablar. Giré la cabeza un poco y vi que el anciano hablaba en lenguas y yo estaba obteniendo la interpretación de ellas mientras escribía la carta.

¿Sabías que los cristianos tropiezan con cosas como estas todos los días? Están dudando y temiendo y preguntándose si Cristo está allí.

Amado hermano y hermana: dale a Jesús la oportunidad de revelarse a Sí mismo. Él está ahí. Tal vez porque aún no has caído en esa cuenta es que tu alma está cerrada y Él no logra, en muchos casos, revelarse fuera del espíritu o el alma. El verdadero secreto del ministerio de sanidad es permitir que la gracia de Dios en tu corazón fluya a través de tus manos y tus nervios hacia el interior de la otra persona. Ese es el verdadero secreto.

Una de las obras más grandes que Dios necesita lograr es que sujetemos nuestra carne a Él. Muchos Cristianos profundos, que realmente conocen a Dios en sus espíritus y disfrutan de la comunión con Dios, se ven obligados a esperar que un proceso de espiritualización tenga lugar en sus cuerpos antes de que Dios pueda revelarse a través de ellos. No aprisiones a Cristo en ti. Deja que Él viva, que se manifieste, que encuentre un conducto a través de ti.

Hay una gran cosa que el mundo necesita más que cualquier otra cosa, y cada día que pasa estoy más convencido. La humanidad tiene una suprema necesidad y esta es el AMOR DE DIOS. Los corazones de los hombres están muriendo por carecer del amor de Dios.

Tengo una hermana en Detroit. Ella vino a Milwaukee a visitarnos por dos o tres días en una convención que teníamos allí. Mientras la observaba actuar, le dije: “Me gustaría llevarte por los alrededores y que ames a la gente de aquí. No necesitas predicarles. No es la palabra que dices lo que va a bendecirlos. Ellos tienen necesidad de algo más grande, y es lo que hay en tu alma. Ellos tienen que recibir esto. Entonces sus almas se abrirán y habrá una respuesta divina. Dales eso a ellos. Es el amor de Cristo”.

Seguramente has conocido gente que ha amado a alguien y no ha sido correspondida. Si hay alguna dura situación en la tierra de Dios, es esa: amar apasionadamente a alguien y no encontrar respuesta.

Tengo un amigo inglés. Estuve presente en su casamiento. Unos años más tarde, él y su mujer nos vinieron a visitar a nuestra casa. Él tenía el tipo del inglés frío y cerrado, pero ella era más cálida. Un día salimos a caminar y me di cuenta del anhelo de pasión en el alma de ella. ¡Si él pudiera decirle algo tierno, que gratificara el deseo ardiente de la naturaleza afectuosa de ella! Pero él parecía estar absolutamente inconsciente de esto. Luego que la mujer entró en la casa, le dije: “Hibbs, eres un cadáver. ¿Cómo es posible que camines por la calle con una mujer como tu esposa y no te des cuenta que su corazón está deseando ardientemente y llorando por que la mires y le días algo que le muestre que la amas?”. Él dijo: “¿De veras crees eso? Iré con ella y lo haré ahora mismo”.

Todo se solucionó cuando lo hizo.

¿Qué es lo que buscan los hombres? ¿Qué es lo que su corazón está pidiendo cuando están buscando a Dios? ¿Por qué clama su alma? La humanidad está separada de Dios. Puede no haber montañas de pecado entre tú y Dios en absoluto, sólo puede ser que tu naturaleza esté cerrada e insensible. ¡Oh! cuando el verdadero toque de amor de Dios se respira en tu alma, ¡qué transformación tiene lugar! Probablemente no hay cosa más deliciosa en la tierra que ver a un alma llorar cuando la luz de Dios entra en ella y la vida divina llena su naturaleza y ese afecto santo, que buscamos en otros, encuentra expresión en Él.

Esto es lo que el Señor espera de ti. Si deseas complacer el corazón de Jesucristo, esta es la única forma de hacerlo. Sabes que la invitación no es: “dame tu mente”, la invitación es: “Hijo mío, dame tu corazón”. Esto es una relación afectiva, una verdadera unión de amor en Dios y con Dios.

Piensa en la excelencia del propósito de Dios. Él anhela que esa misma y maravillosa unión espiritual que se produjo entre tu alma y Su ser, se extienda de forma tal que puedas abrazar en esa unión a cada alma que se encuentre alrededor tuyo.

Oh… esto es lo que significa ser bautizado en un Espíritu: ser sumergido, enterrado, envuelto, rodeado en el único Espíritu de Dios.

Mientras estabamos en Milwaukee fui una mañana con el reverendo Fockler en respuesta al llamado de un enfermo. Nos detuvimos ante uno de los más perturbadores hogares en los que haya estado jamás. Una de las hijas había desarrollado una extraña condición. La dueña de casa estaba muy afligida por ello y la tristeza pesaba sobre el hogar. Era una familia alemana y Fockler, que hablaba alemán, comenzó a hablarle a la familia. Yo me quedé a un costado, y noté que las caras comenzaban a relajarse y que la ansiedad se iba. La hija de esta familia, aparentemente con problemas mentales, bajó las escaleras y se paró a un lado de la puerta donde no podía ser vista por nadie excepto por mí. Fockler continuó conversando con la familia y mientras sus almas se suavizaban y su fe se elevaba, los ojos de la muchacha comenzaron a cambiar. Ella fue llevada por el mismo Espíritu hasta que su naturaleza respondió también, y en apenas unos momentos se unió al grupo. Esta muchacha había estado atormentando a esa familia al punto que nadie podía estar cerca de ella. Así fue que se escurrió a un lado de la silla donde estaba sentado Fockler y estuvo allí de pie con sus manos en el respaldar. Él observó esto e hizo como que no se dio cuenta y siguió hablando. Luego de un momento, la muchacha apoyó una mano en su hombro, luego le puso la mano en el otro hombro y en sólo unos veinte minutos abandonamos ese hogar habiendo dejado mucha diferencia en las actitudes que esa familia había tenido cuando llegamos. Esas amadas almas habían pasado del infierno al cielo. Si el infierno tiene una característica es la de distraer, desviar la atención. El cielo en cambio tiene una característica muy particular: es la presencia de Dios, la calma de Dios, el poder de Dios, el amor de Dios.

Hubo días en que la iglesia llevaba a los hombres a la obediencia predicándoles sobre el infierno, pero esos días ya han pasado. El mundo ha madurado y los hombres han descubierto que solo hay un camino y ese es Jesús. Jesús no vino a establecer una hermandad sino a instaurar el gran corazón amoroso de Dios. Él fue movido a compasión

“Y al ver las multitudes, tuvo compasión de ellas; porque estaban desamparadas y dispersas como ovejas que no tienen pastor”. Mateo 9:36.

Esta mañana estaba recostado en mi cama, escribiendo una carta a cierta persona. Me preparaba para que cuando Etna volviera pudiera dictarle las frases de la mejor manera, y una de estas frases era: “Oye tú, especie de vaca gorda, deja de hacer eso y sé un hombre”. Mientras lo hacía me puse a pensar: “Si Jesús estuviera escribiendo esta carta, ¿qué hubiera puesto Él?”. Pero de una u otra manera, esto no encajaba. No estaba en mí la actitud de escribir tal cosa. Así que volví esa mañana, llamé a Etna y procuré dictarle la carta permitiendo que el Espíritu de Jesús sea mi guia. De pronto desperté al hecho de que me hallaba escribiendo como un abogado. Luego que Etna terminara la carta y la dejara en mi escritorio para que yo la firme, le di una leída final. No era en absoluto lo que yo deseaba escribir. Los primeros dos párrafos tenían un toque del Espíritu correcto, pero eso era todo. Así que la puse a un lado. Entonces me fui y oré un poco más, y luego de haber estado orando por veinte minutos, el teléfono sonó y esta persona estaba del otro lado de la línea. Él me pidió que fuera al hotel Davenport y pasamos tres de las mejores horas sin ser conscientes del tiempo.

Hablamos de nuestro desarrollo en Dios, hablamos esplendorosamente de nuestras experiencias espirituales, pero nos encontramos en el verdadero amor de Dios sólo por un momento. La mayor parte del tiempo estuvimos en nosotros mismos más que en Dios. Esto evidencia una sola cosa: que Cristo aún no obtuvo toda nuestra vida, esa sujeción de nuestra naturaleza, esa absorción de nuestra individualidad al punto de poder impregnarla y mantenerla en Él mismo. A menudo retrocedemos, nos cerramos y así encarcelamos a nuestro Señor.

Amados, el secreto de una reunión de iglesia es que los corazones de los hombres se abran, se vuelvan receptivos y que el amor de Dios pueda hallar un hueco en sus naturalezas por un instante de forma tal que se vayan diciendo: ¿No lo hemos pasado en grande? ¿No fue esta una maravillosa reunión?

Me pregunto si hay algo que no pueda ser realizado a través del amor de Dios. Pablo dijo que no lo hay. El amor nunca deja de ser. Esta es una declaración infalible. Pruébala en tu esposa, en tus hijos, en tus vecinos.

Ah… algunas veces necesitamos superar las cosas en el más grande amor, el más grande corazón. Es algo bueno hacer a un lado nuestro ser y no sostener a las personas, no atarlas; sólo déjalas ir libres y permitir que Dios las tenga. Hay veces que sostenemos a las personas con tanta fuerza cuando oramos por ellas, que algunas veces se pierden la bendición. ¡Vaya! Tenemos tanta tendencia a aferrar, que tu humanidad se ejercita a sí misma y el Espíritu queda sumergido. Deja que tu alma se relaje y deja que el Espíritu de Dios encuentre una abertura en ti. No hay sustitutos para el amor de Dios. Es Cristo en nosotros, ¡Oh…! tienes la capacidad para amar. Toda la acción del espíritu de Dios tiene su secreto allí.

Asistí en una ocasión a una mujer moribunda que estaba sufriendo una terrible agonía. Había estado orando en varias oportunidades por ella, sin resultados. Pero ese día algo ocurrió en mi interior. Mi alma se quebró claramente y pude ver esa pobre alma con una nueva luz. Y antes de darme cuenta la tomé entre mis brazos y la abracé con mi alma, no con mi pecho. En un minuto lo verdadero tomó su lugar y la dejé sobre las almohadas y 5 minutos después ella estaba bien. Dios estaba esperando poder darle a mi alma el sentido de esa ternura que había en el hijo de Dios.

Esa es la verdadera razón por la que el nombre de Jesús está escrito en la memoria imperecedera y es el nombre más reverenciado en la tierra, el mar o el cielo y es por eso que yo anhelo llegar a esa categoría de personas que pueden manifestar el verdadero amor de Dios todo el tiempo. La vida de Dios, el Espíritu de Dios, la naturaleza de Dios son suficientes para cubrir toda necesidad del hombre.

En el más alto sentido de la palabra, un verdadero cristiano es aquel cuyo cuerpo alma y espíritu juntos son llenados con la vida de Dios. La sanidad, sea espíritu alma o cuerpo, no es más que un medio para un fin. El objetivo de la sanidad es proporcionar sanidad al cuerpo, al alma y al espíritu. La sanidad del espíritu une el espíritu del hombre a Dios para siempre. La sanidad del alma corrige desordenes físicos y genera procesos en armonía con la mente de Dios. Y la sanidad del cuerpo completa la unión del hombre con Dios cuando el Espíritu santo lo posee todo.

John Graham Lake (18 de marzo de 1870 – 16 de septiembre de 1935), conocido usualmente como John G. Lake, fue un líder del movimiento Pentecostal que comenzó a principios del siglo 20, y es conocido como un sanador por fe, misionero y co-fundador de la Apostolic Faith Mission of South Africa junto a Thomas Hezmalhalch. John G. Lake jugó un papel fundamental en la expansión del Evangelio en África del Sud gracias a su trabajo misionero desde 1908 a 1913. Sus “Salones de sanidad” y campañas de sanidad, influencia de los ministerios de sanidad de John Alexander Dowie y Charles Parham, se extendieron por veinte años en la costa oeste de los EEUU.


sábado, 18 de marzo de 2017

El Gran Deseo de Dios


1 Timoteo 2:1-4
1 Exhorto ante todo, a que se hagan rogativas, oraciones, peticiones y acciones de gracias, por todos los hombres;
2 por los reyes y por todos los que están en eminencia, para que vivamos quieta y reposadamente en toda piedad y honestidad.
3  Porque esto es bueno y agradable delante de Dios nuestro Salvador,
4 el cual quiere que todos los hombres sean salvos y vengan al conocimiento de la verdad.

Dios tiene un profundo deseo, el cual es que todos los hombres sean salvos y vengan al conocimiento de la verdad.

Algunos grupos cristianos dicen que Dios solo ha predestinado solo a unos cuantos elegidos para ser salvos, pero esto no es así, Dios ha extendido su salvación a todos los hombres.

Como dice en Juan 3:16: “Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna.”

En Romanos 5:8 dice: “Mas Dios muestra su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros.”

Este es el deseo más profundo de Dios, Su amor por el hombre, que se mostró al enviar a Jesús a morir en la cruz, es todos los que crean en Él no se pierdan sino que tengan vida eterna.

Ese deseo tan profundo ha provocado que Jesucristo aún no venga, porque Dios está esperando que todos procedan al arrepentimiento.

2 Pedro 3:9
9 El Señor no retarda su promesa, según algunos la tienen por tardanza, sino que es paciente para con nosotros, no queriendo que ninguno perezca, sino que todos procedan al arrepentimiento.

El corazón de Dios está por la gente, su deseo más profundo es la salvación de todos los hombres, es por eso que nos ha encomendado esta Gran Comisión, ir a todo el mundo, hasta las partes más distantes de la tierra predicando el glorioso evangelio del Señor Jesucristo.

1 Corintios 2:1-2
1 Así que, hermanos, cuando fui a vosotros para anunciaros el testimonio de Dios, no fui con excelencia de palabras o de sabiduría.
2 Pues me propuse no saber entre vosotros cosa alguna sino a Jesucristo, y a éste crucificado.

Aquí Pablo nos muestra que es necesario que les prediquemos acerca de Jesucristo crucificado, es decir, la obra completa y terminada de Cristo en la cruz que trajo la redención a todos los hombres.

Cuando Jesús dijo “Consumado es,” en Juan 19:30, “la redención es cumplida; ‘El ha acabado la transgresión, y hecho reconciliación por la iniquidad, e introducido la justicia eterna, y sellado la visión y profecía, y ungido un lugar santísimo’. El ha inaugurado el reino de Dios y dado nacimiento a un mundo nuevo” (Jamieson, Fausset, Brown).

La obra completa, consumada y terminada de Cristo ya está disponible a todos los hombres; por ese motivo tenemos un nuevo mensaje: Jesucristo y su obre terminada por nosotros.

Ese es nuestro mensaje, Jesucristo.

jueves, 16 de marzo de 2017

Los campos están blancos para la siega


Juan 4:35-38
35 ¿No decís vosotros: Aún faltan cuatro meses para que llegue la siega? He aquí os digo: Alzad vuestros ojos y mirad los campos, porque ya están blancos para la siega.
36 Y el que siega recibe salario, y recoge fruto para vida eterna, para que el que siembra goce juntamente con el que siega.
37 Porque en esto es verdadero el dicho: Uno es el que siembra, y otro es el que siega.
38 Yo os he enviado a segar lo que vosotros no labrasteis; otros labraron, y vosotros habéis entrado en sus labores.

Aquí Jesús nos dice que los campos están blancos para la siega, la cosecha ya está lista.

El evangelio ha sido predicado desde hace 2000 años, mucha gente ha dado su vida por él, y lo sigue haciendo hoy.

Hemos entrado en las labores que otros empezaron, hubo gente que se sacrificó por llevar este glorioso Evangelio que predicamos.

Hace 30 años conocía un pastor anciano en Arequipa, me contó que hacía 50 años había predicado 52 domingos en la Plaza de Armas de Arequipa, y 52 domingos durmió en la cárcel.

En 1950 Gordon Lindsay trajo al Perú al evangelista Clifton Erickson para hacer una campaña en Lima en el Estadio Nacional y a los 5 días vino la policía para arrestarlos y tuvieron que huir a Trujillo donde empezaron otra campaña y pasó lo mismo, tuvieron que huir a su país. Pero gracias a Dios se convirtieron 5000 personas esas 2 semanas.

Estamos entrando en las labores de otros.

Yo conocí al Señor a los 17 años, unos meses antes que comience el avivamiento carismático entre los jóvenes de Lima de los años 80.

Uno de los momentos más importantes de mi vida ocurrió cuando me encontraba con un amigo del colegio que se había convertido un mes antes que yo, le estábamos compartiendo el evangelio a otro compañero, y yo con mi mes y medio de creyente estaba aprendiendo, escuchaba cosas que no había oído antes. De pronto lo llaman para su estudio bíblica y él me deja diciéndome: “Si quieres síguele predicando.” Yo pensé: “¿Y ahora qué hago? Pablo ya le dijo todo lo que sabía y mucho más.”

Entonces no me di cuenta pero ahora sé que fue el Espíritu Santo quien me dio la idea, así que le dije: “Iván, Pablo ya te dijo todo lo que se debe saber del cristianismo, ¿quieres recibir a Jesús?” Me dijo que si, oramos juntos y el recibió a Jesús.

No lo sabía entonces pero ese fue el primero de miles que han recibido a Jesús conmigo, predicando de persona a persona. Quince días después recibí el bautismo con el Espíritu Santo y ocurrió una revolución en mi vida, de pronto estaba hablando de Jesús con todos; como dijo Jesús en Hechos 1:8 recibí el poder de Dios para testificar, y eso es lo que hago desde entonces, trato de no desaprovechar toda oportunidad que tenga.

Una cosa que me he dado cuenta todos estos años es que la gente está lista para recibir el maravilloso regalo de la salvación, solo tenemos que acercarnos sin temor y darles las buenas nuevas del evangelio.


lunes, 6 de febrero de 2017

Reconociendo al Verdadero Autor de la Enfermedad

Reconociendo al Verdadero Autor de la Enfermedad

Esta es un área donde la mayoría de las personas son engañadas. Muchos creen que Dios es el que los enferma. Muchos han muerto diciendo: “Dios me ha enviado esta enfermedad para enseñarme algo.” No se dan cuenta que le están cerrando la puerta a su sanidad.

Conocí a un pastor, muy amado por la gente, tenía unos cuarenta años, pero había estado muchos años en la obra. Un día se enfermó de cáncer, la gente se acercaba para compartirle y ministrarlo, pero él decía: “Dios me ha enviado esta enfermedad para enseñarme algo.” Nunca supimos que cosa le quiso enseñar Dios porque partió a la presencia del Señor. Este pastor se dejó engañar por el diablo y eso le costó la vida.

Otros dicen: “Estoy sufriendo para la gloria de Dios.” La enfermedad jamás glorifica a Dios.

En Juan 11:1-45 se ve la historia de la resurrección de Lázaro. En los versos 3 y 4 dice: “Enviaron, pues, las hermanas para decir a Jesús: Señor, he aquí el que amas está enfermo. Oyéndolo Jesús dijo: Esta enfermedad no es para muerte, sino para la gloria de Dios, para que el Hijo de Dios sea glorificado en ella.” ¿Qué era la que iba a traer la gloria Dios?

Cuando Jesús llegó a Betania encontró que Lázaro había muerto hacia cuatro días. En el verso 33 vemos la actitud de la gente: “Jesús entonces, al verla llorando (a María), y a los judíos que la acompañaban, también llorando, se estremeció en espíritu y se conmovió.” Notemos que la gente no estaba dando gloria a Dios por lo que pasó, sino que lloraba llena de dolor.

En el verso 37 vemos lo que dijeron algunos judíos: “Y algunos de ellos dijeron: ¿No podía este, que abrió los ojos al ciego, haber hecho también que Lázaro no muriera?” Ahora las personas no solo estaban tristes sino que murmurando de Jesús, ¿eso es darle gloria a Dios?

En los versos del 38 al 45 vemos lo que realmente trae la gloria a Dios: “Jesús, profundamente conmovido otra vez, vino al sepulcro. Era una cueva y tenía una piedra puesta encima. Dijo Jesús: Quitad la piedra. Marta la hermana del que había muerto, le dijo: Señor, hiede ya, porque es de cuatro días. Jesús le dijo: ¿No te he dicho que si crees, veras la gloria de Dios? Entonces quitaron la piedra de donde había sido puesto el muerto. Y Jesús, alzando los ojos a lo alto, dijo: Padre, gracias te doy por haberme oído. Yo sabía que siempre me oyes; pero lo dije por causa de la multitud que está alrededor, para que crean que tu me has enviado. Y habiendo dicho esto, clamó a gran voz: ¡Lázaro, ven fuera! Y el que había muerto salió, atadas las manos y los pies con vendas, y el rostro envuelto en un sudario. Jesús les dijo: Desatadle y dejadle ir. Entonces muchos judíos que habían venido para acompañar a María, y vieron lo que hizo Jesús, creyeron en él.”

Lo que trajo gloria a Dios y que la gente creyera en Jesús fue la resurrección de Lázaro.

Además notemos la pregunta que Jesús le hizo a María: “¿No te he dicho que si crees, veras la gloria de Dios?” ¿En que tenía que creer María para ver la gloria de Dios? ¿En la enfermedad? No, la enfermedad había traído dolor y murmuraciones en contra de Jesús. Ella tenía que creer que Jesús iba a resucitar a su hermano para ver la gloria de Dios.

El milagro fue lo que trajo la gloria a Dios.

En el verso 12 de la historia de la sanidad del paralítico que fue bajado por sus cuatro amigos en Marcos 2:1-12 se ve lo que trae la gloria a Dios: “Entonces él se levantó enseguida, y tomando su lecho, salió delante de todos, de manera que todos se asombraron, y glorificaron a Dios, diciendo: Nunca hemos visto tal cosa.”

En estos pasajes vemos que la sanidad es lo que trae la gloria a Dios. En realidad, no hay ningún verso que diga que la enfermedad trae la gloria a Dios.

Otros dicen: “La voluntad de Dios es que yo esté enfermo.”

Si esto es cierto, ¿por qué van a los hospitales? ¿Para que asisten donde los doctores? ¿Por qué toman medicinas? Si su afirmación es correcta, ellos están yendo en contra de la voluntad al tratar de curarse por medios físicos. Están pecando al tratar de huir de la voluntad de Dios. Lo mejor para sus vidas seria que dejases de rebelarse contra Dios y acepten con gozo su dolor y enfermedad.

Esas palabras no pueden ser respaldadas con la Biblia. No hay ningún verso en la Biblia que diga que sea la voluntad de Dios enfermar a alguien.

La gente pierde su oportunidad de recibir su sanidad y las cosas que Dios preparó para ellos por no conocer la naturaleza de Dios.

La Biblia dice muchas veces que Dios es bueno.

En el capítulo 5 de Segunda de Crónicas se ve el traslado del arca al templo recién construido por Salmón; en el verso 13 dice: “Cuando sonaban, pues, las trompetas, y cantaban todos a una, para alabar y dar gracias a Jehová, y a medida que alzaban la voz con trompetas y címbalos y otros instrumentos de música, y alababan a Dios diciendo: Porque él es bueno, porque su misericordia es para siempre. . .”

Notemos que la gente de Israel conocía a Dios y lo alababan diciendo: “Porque él es bueno, porque su misericordia es para siempre.”

El Salmo 136:1 dice: “Alabad a Jehová, porque él es bueno, porque para siempre es su misericordia.”

Esta verdad se ve constantemente en el libro de Salmos.

Cuando se le acerco el joven rico a Jesús en Marcos 10:17-18 le preguntó: “¿Maestro bueno, ¿qué haré para heredar la vida eterna? Jesús le dijo: ¿Por qué me llamas bueno? Ninguno hay bueno, sino solo uno, Dios.” Jesús le dijo al joven rico que Dios es bueno.

Dios es un buen Dios. Un buen Dios hace cosas buenas, el momento que hace algo malo deja de ser bueno y se convierte en malo.

En Santiago 1:17 dice: “Toda buena dádiva y todo don perfecto desciende de lo alto, del Padre de las luces, en el cual no hay mudanza, ni sombra de variación.”

Al final de Mateo 7:11 dice: “¿Cuánto más vuestro padre que está en los cielos dará buenas cosas a los que se lo pidan?”

En estos pasajes vemos que Dios da buenas cosas, “toda buena dádiva y todo don perfecto.”

¿La enfermedad es algo bueno? ¿El dolor y el sufrimiento son algo bueno? ¿La miseria es algo bueno? Si tu respuesta a esas preguntas es no; entonces no le eches la culpa a Dios de producirlas.

Dios es bueno, y Él quiere hacer algo bueno por ti hoy.

Además si la enfermedad fuese una bendición de Dios no enviaría a su enemigo para ponerla sobre la gente ni a su hijo para quitarla de ellos.

En Hechos 10:38 se manifiesta claramente quienes son los autores de la enfermedad y de la sanidad: “Como Dios ungió con el Espíritu Santo y con poder a Jesús de Nazaret, y como este anduvo haciendo bienes y sanando a todos los oprimidos por el diablo, porque Dios estaba con él.”

En este pasaje vemos a dos personajes: a Jesús, el sanador y al diablo, el enfermador.

Como hemos visto Jesús nos sanó por medio de la redención, el proveyó la sanidad para todas las personas.

También podemos ver que cada persona que fue sanada por Jesús durante su ministerio estaba oprimida por el diablo.

En varios pasajes de la Biblia vemos que la enfermedad es llamada una opresión satánica.

En el relato de la mujer que tenía el flujo de sangre Jesús le dijo a la mujer que ella estaba libre de su azote: “Y él le dijo: Hija, tu fe te ha hecho salva; vé en paz, y queda sana de tu azote” (Marcos 5:34).

Su enfermedad no había sido una bendición de Dios sino un azote del diablo.

Esto lo vemos más claramente en el caso de la mujer encorvada.

En Lucas 13:10-16 vemos la sanidad de la mujer encorvada: “Enseñaba Jesús en la sinagoga en el día de reposo; y había allí una mujer que desde hacía dieciocho años que tenia espíritu de enfermedad, y andaba encorvada, y en ninguna manera se podía enderezar. Cuando Jesús la vio, la llamó y le dijo: Mujer, eres libre de tu enfermedad. Y puso las manos sobre ella; y ella se enderezó luego, y glorificaba a Dios. Pero el principal de la sinagoga, enojado de que Jesús hubiese sanado en el día de reposo, dijo a la gente: Seis días hay en que se debe trabajar; en estos, pues, venid y sed sanados, y no en día de reposo. Entonces el Señor le respondió y dijo: Hipócrita, cada uno de vosotros ¿no desata en el día de reposo si buey o su asno del pesebre y lo lleva a beber? Y a esta hija de Abraham, que Satanás había atado dieciocho años, ¿no se le debía desatar de esta ligadura en el día de reposo? Y a esta hija de Abraham, que Satanás había atado dieciocho años, ¿no se debía desatar de esta ligadura en el día de reposo?”

En este pasaje vemos que Satanás es el autor de la enfermedad. Jesús fue bien claro cuando dijo que Satanás era el que había atado a la mujer; y, que la enfermedad es una ligadura.

Dios no es quien pone enfermedades en el hombre, es el diablo quien está en el negocio de hacerlo.

En Juan 10:10 podemos ver un contraste entre las obras de Dios y las obras del diablo: “El ladrón no viene sino para hurtar y matar y destruir; yo he venido para que tengan vida, y para que la tengan en abundancia.”

Este ladrón es el diablo. El diablo viene a robarnos con la enfermedad, nos roba la enfermedad, nos roba nuestro dinero, nos roba nuestra salud.

Pero Jesús vino para darnos vida, y vida en abundancia.

En 1 Juan 3:8 dice: “El que practica el pecado es del diablo; porque el diablo peca desde el principio. Para esto apareció el Hijo de Dios, para deshacer las obras del diablo.”

El propósito por el cual Jesús vino a la tierra fue para deshacer las obras del diablo. La enfermedad es una obra del diablo, Jesús vino para sanarnos.

Jesucristo no ha cambiado, sigue siendo el mismo. En Hebreos 13: 8 dice: “Jesucristo es el mismo ayer, y hoy, y por los siglos.”


El diablo tampoco ha cambiado, todavía sigue enfermando a la gente; pero Jesús continua deshaciendo sus obras.

martes, 31 de enero de 2017

Redención y Sanidad

Redención y Sanidad


Muchas personas no logran recibir su sanidad porque nos saben lo que Dios piensa de la enfermedad, lo cual se revela claramente en la Biblia.

Si leemos la Biblia desde el principio veremos que Dios nunca ha estado a favor de la enfermedad, ya que Él no la creo ni tampoco existe la enfermedad en el cielo

Sabemos que Dios no cambia y lo que el piensa de la enfermedad sigue siendo lo mismo.

En Éxodo 3:13-14 cuando Dios se reveló a Moisés le dijo esto: “Dijo Moisés a Dios: He aquí que llego yo a los hijos de Israel, y les digo: El Dios de vuestros padres me ha enviado a vosotros. Si ellos me preguntaren: ¿Cuál es su nombre?, ¿qué les responderé? Y respondió Dios a Moisés: YO SOY EL QUE SOY. Y dijo: Así dirás a los hijos de Israel: YO SOY me envió a vosotros.”

Dios se reveló a Moisés como el que es. Jehová significa: El que es, el que era, y el que ha de venir. Dios no ha cambiado, Él es el eterno presente. Dios siempre ha sido el mismo

En Malaquías 3:6 dice: “Porque yo Jehová no cambio; por esto, hijos de Jacob, no habéis sido consumidos.” En Santiago 1:17 dice: “Toda buena dádiva y todo don perfecto desciende de lo alto, del Padre de las luces, en el cual no hay mudanza, ni sombra de variación.”

Dios no ha cambiado, Él siempre ha sido el mismo. Él es un buen Dios, que siempre está dando buenas cosas, y si ayer sanó gente aún lo sigue haciendo.

En Mateo 7:11 dice: “Pues si vosotros, siendo malos, sabéis dar buenas dádivas a vuestros hijos, ¿cuánto mas vuestro Padre Celestial dará buenas cosas a los que les pidan?” Otra vez nos encontramos con que Dios está listo para darnos cosas buenas.

¿Será la enfermedad una cosa buena?

En Mateo 6:9-13 Jesús nos enseñó la oración que llamamos El Padrenuestro, en el verso 10 Jesús nos dijo que oremos así: “Venga tu reino, hágase tu voluntad, como en el cielo, así también en la tierra.”

¿Cuál es la voluntad de Dios en el Cielo? Para saber la respuesta debemos ver lo que dice la Biblia. En Apocalipsis 21:4 dice: “Enjugará Dios toda lagrima de los ojos de ellos; y ya no habrá muerte, ni habrá más llanto, ni clamor, ni dolor; porque las primeras cosas pasaron.”

El dolor y la muerte son dos consecuencias de la enfermedad, y en este pasaje dice que ya no existirán más, porque las primeras cosas pasaron. Es decir, en el Cielo no habrá más enfermedad.

Si la voluntad de Dios es que no haya enfermedades en el Cielo, Su voluntad es que no haya enfermedades en la tierra.

Sin embargo, la enfermedad existe en la tierra debido al pecado que entró en la tierra por causa de Adán.

Nuestra pregunta es: ¿De qué forma proveyó sanidad en la tierra?

Por la obra de la redención que Jesús hizo en ls cruz.

La redención es sencillamente la liberación de alguien mediante el pago de un precio; y en la cruz Jesús pago un precio muy grande para liberarnos del pecado y la enfermedad.

1 Pedro 1:18-19
18 sabiendo que fuisteis rescatados de vuestra vana manera de vivir, la cual recibisteis de vuestros padres, no con cosas corruptibles, como oro o plata,
19 sino con la sangre preciosa de Cristo, como de un cordero sin mancha y sin contaminación

Para entender lo que es la redención les contaré la historia de El Barco de Pepito:

Pepito tenía un barquito de madera, que su padre le había construido. Estaba muy orgulloso de él, porque su padre se lo había regalado y porque era muy hermoso. Todos los días iba al río para jugar con él.

Pero un día vino una corriente de agua que se lo llevó muy lejos, y no lo pudo ver más. Se fue triste a su casa y se lo contó a su padre.

Varios días después, el padre vio el barquito en el escaparate de una juguetería. Compro el barquito y se lo volvió ha dar a Pepito. Ese día Pepito recuperó su barquito.

Esto mismo es lo que hizo Jesús. Cuando Adán pecó, le dio todo el dominio a Satanás, y trajo el pecado, la enfermedad y la muerte al mundo. Pero Dios nos compró por la sangre de Jesucristo, y al aceptar la obra que Jesús hizo por nosotros somos hechos libres.

Veamos ahora el testimonio de tres escritores de la Biblia que nos muestran que en la cruz Jesús nos redimió de la enfermedad.

Nuestro primer testigo es Isaías.

En Isaías 53:4-5 se ve el primer testimonio de que Jesús nos redimió de la enfermedad: “Ciertamente llevó él nuestras enfermedades, y sufrió nuestros dolores; y nosotros le tuvimos por azotado, herido de Dios y abatido. Mas él herido fue por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados; el castigo de nuestra paz fue sobre él, y por su llaga fuimos nosotros curados.”

En este pasaje Isaías está dando una mirada hacia el futuro. 800 años antes del nacimiento de Jesús, nos da una imagen de la obra de Jesús.

Podemos ver la doble obra de la redención: El perdón de pecados y la sanidad de nuestros cuerpos. Notemos que ambas van de la mano; Dios colocó la salvación y la sanidad en un mismo paquete. En la cruz Jesús pagó el precio de nuestra salvación y sanidad.

Nuestro segundo testigo es Mateo.

En Mateo 8:17, nos da su testimonio citando a Isaías: “Para que se cumpliese lo dicho por el profeta Isaías cuando dijo: El mismo tomó nuestras enfermedades y llevó nuestras dolencias.”

Mateo nos da una mirada al presente; recordemos que él fue un testigo presencial del ministerio de Jesús. Él nos está declarando que Jesús tomó nuestras enfermedades en su cuerpo.

Nuestro tercer testigo es Pedro.

En 1 Pedro 2:24, nos da su testimonio diciendo: “Quien llevó él mismo nuestros pecados en su cuerpo sobre el madero, para que nosotros, estando muertos a los pecados vivamos a la justicia; y por cuya herida fuisteis curados.”

Pedro nos da una mirada hacia el pasado; aunque fue un testigo presencial de la obra de Jesús, aquí esta recordando las cosas que sucedieron unos treinta años antes.

De estos pasajes podemos tomar estas conclusiones:

1. La obra de la redención fue doble: Jesús perdonó nuestros pecados y sanó nuestras enfermedades.

2. La sanidad sigue vigente el día de hoy. En Hebreos 13:8 dice: “Jesucristo es el mismo ayer, y hoy, y por los siglos.” Es decir Jesús no ha cambiado. Isaías, 800 años antes; Mateo, mientras Jesús vivió: y, Pedro 30 años después dan testimonio de ello. Jesús sigue siendo el mismo, la sanidad sigue vigente.

3. En estos tres pasajes, se habla de la sanidad en tiempo pasado: “Él llevó,” “Él sufrió,” “Por sus llagas fuimos”; estas cosas nos hablan de un hecho en el pasado, por tanto, la sanidad es un hecho consumado.

4. Tú ya estas sanado, como Jesús ya completo su obra, solo debes de recibir lo que te pertenece.

Estaba predicando en una iglesia de Viña del Mar en Chile, cuando al final llegó una hermana con un rostro completamente decaído.

Le pregunté que tenía y me dijo que hacía cinco años tenía una migraña constante que no le pasaba con nada; había ido a muchos médicos y tomado todo tipo de medicinas pero nada mejoraba.

El dolor era tan intenso que en cinco años había bajado veinticinco kilos.

Esa noche había predicado de la sanidad en la redención, así que le leí los versos de Isaías, Mateo y 1 Pedro, y le pregunte: “¿En qué tiempo están estos versos?” Y ella me respondió: “En tiempo pasado.”

Le volví a preguntar: “Si están en tiempo pasado, ¿Cómo está Ud.?

Vi que una luz se encendió en su rostro y me dijo: “Estoy sana.”

Le dije: “Si está sana empiece a dar gracias por su sanidad, de gracias porque Jesús la sanó en su obra redentora.”

Ella levantó las manos y empezó a dar gracias porque Jesús la había sanado en su obra redentora.

Cuando terminó de hacerlo le pregunte como se sentía, y ella me dijo que el dolor se había quitado totalmente.

Lo que no pudieron hacer los médicos ni las pastillas en cinco años lo hizo Jesús cuando esta mujer se enteró lo que Él había hecho en la cruz.


Jesús ya terminó la obra de la redención, solo debes acercarte a Él y recibir lo que es tuyo.