viernes, 9 de febrero de 2018

Desatando tu Fe con tus Acciones


Desatando tu Fe con tus Acciones


Así también la fe, si no tiene obras, es muerta en sí misma.
Santiago 2:17

Santiago 2:17 (Moffat)
La fe sin acciones correspondientes es estéril.

Santiago 2:17 (Versión Amplificada)
Así también la fe, si no tiene obras (hechos y acciones de obediencia que la respalden), se destituye a si misma de poder (es inoperativa y está muerta).

En Romanos 10:17 vemos que la fe viene por oír la Palabra de Dios; entonces la fe actúa o hace lo que dice la Palabra de Dios.
Si vemos a lo largo de la Biblia cada milagro que hubo, veremos que hubo una acción de fe involucrada.
Esto lo he visto de manera práctica cuando he ministrado campañas de sanidad divina, cuando toma acciones correspondientes basadas en la Palabra que escucha recibe su milagro.
Una hermana llegó con muletas a una campaña que hice en la ciudad de Los Andes; después de terminar de compartir la Palabra le pedí que tome acciones correspondientes con su fe y empezase a caminar sin las muletas, ella las dejó y empezó a caminar sin ningún problema.
Las acciones que acompañaron a su fe fueron lo que trajo el milagro que ella necesitaba.
  
La Sanidad del Cojo de Listra

Hechos 14:7-10
7 y allí predicaban el evangelio.
8 Y cierto hombre de Listra estaba sentado, imposibilitado de los pies, cojo de nacimiento, que jamás había andado.
9 Este oyó hablar a Pablo, el cual, fijando en él sus ojos, y viendo que tenía fe para ser sanado,
10 dijo a gran voz: Levántate derecho sobre tus pies. Y él saltó, y anduvo.

En este milagro podemos ver la conexión que hay entre la Palabra de Dios y las acciones a la hora de recibir un milagro.
Mientras Pablo y Bernabé estaban predicando la Palabra, este hombre de Listra estaba escuchando, y la fe se empezó a levantar en él. Pablo se dio cuenta de esto y le dijo que tome una acción, el cojo hizo una acción de fe y recibió su milagro.
            Si el hombre no hubiera actuado sobre la Palabra de Dios nunca hubiera caminado.                                                                     
  
Las Bodas de Caná

Si vamos a los evangelios veremos que Jesús siempre motivo a la gente a actuar para recibir su milagro.

Juan 2:1-11
1 Al tercer día se hicieron unas bodas en Caná de Galilea; y estaba allí la madre de Jesús.
2 Y fueron también invitados a las bodas Jesús y sus discípulos.
3 Y faltando el vino, la madre de Jesús le dijo: No tienen vino.
4 Jesús le dijo: ¿Qué tienes conmigo, mujer? Aún no ha venido mi hora.
5 Su madre dijo a los que servían: Haced todo lo que os dijere.
6 Y estaban allí seis tinajas de piedra para agua, conforme al rito de la purificación de los judíos, en cada una de las cuales cabían dos o tres cántaros.
7 Jesús les dijo: Llenad estas tinajas de agua. Y las llenaron hasta arriba.
8 Entonces les dijo: Sacad ahora, y llevadlo al maestresala. Y se lo llevaron.
9 Cuando el maestresala probó el agua hecha vino, sin saber él de dónde era, aunque lo sabían los sirvientes que habían sacado el agua, llamó al esposo,
10 y le dijo: Todo hombre sirve primero el buen vino, y cuando ya han bebido mucho, entonces el inferior; mas tú has reservado el buen vino hasta ahora.
11 Este principio de señales hizo Jesús en Caná de Galilea, y manifestó su gloria; y sus discípulos creyeron en él.

            Este milagro es muy interesante. Aquí Jesús convirtió el agua en vino.
En esa fiesta había seis tinajas de piedra para agua, cuya capacidad era alrededor de 100 litros por tinaja, así que estamos hablando de unos 600 litros 
            Jesús les dijo a los sirvientes que llenasen las tinajas de agua, ellos necesitaban vino, pero Jesús les pidió agua.
            Los sirvientes fueron obedientes y llenaron las tinajas de agua hasta el tope. Fueron donde Jesús y aquí vino lo difícil, les dijo que fueran donde su jefe con el agua.
            Meditemos un momento en esto; fue fácil llevar el agua a Jesús, no tenían nada que perder, pero el ir donde su jefe con el agua; eso era otro asunto, les podía costar el empleo o algo más.
            Sin embargo, mientras ellos llevaban las tinajas de agua, algo sucedió, el agua se convirtió en vino; y en un vino de la más alta calidad.
            La acción de obediencia produjo el milagro. 

La Sanidad del Hombre Enfermo en el Estanque de Betesda

Juan 5:1-11
1 Después de estas cosas había una fiesta de los judíos, y subió Jesús a Jerusalén.
2 Y hay en Jerusalén, cerca de la puerta de las ovejas, un estanque, llamado en hebreo Betesda, el cual tiene cinco pórticos.
3 En éstos yacía una multitud de enfermos, ciegos, cojos y paralíticos, que esperaban el movimiento del agua.
4 Porque un ángel descendía de tiempo en tiempo al estanque, y agitaba el agua; y el que primero descendía al estanque después del movimiento del agua, quedaba sano de cualquier enfermedad que tuviese.
5 Y había allí un hombre que hacía treinta y ocho años que estaba enfermo.
6 Cuando Jesús lo vio acostado, y supo que llevaba ya mucho tiempo así, le dijo: ¿Quieres ser sano?
7 Señor, le respondió el enfermo, no tengo quien me meta en el estanque cuando se agita el agua; y entre tanto que yo voy, otro desciende antes que yo.
8 Jesús le dijo: Levántate, toma tu lecho, y anda.
9 Y al instante aquel hombre fue sanado, y tomó su lecho, y anduvo. Y era día de reposo aquel día.
10 Entonces los judíos dijeron a aquel que había sido sanado: Es día de reposo; no te es lícito llevar tu lecho.
11 El les respondió: El que me sanó, él mismo me dijo: Toma tu lecho y anda.

            Veamos qué es lo que pasó aquí.
            Estamos en un estanque llamado Betesda; nombre que significa misericordia. Este estanque debe haber sido un poco grande pues había cinco pórticos por donde entraba la gente; además había una multitud de enfermos.
            En este estanque de misericordia cada cierto tiempo venía un ángel que movía las aguas, y el primero que descendía era sanado de la enfermedad que tuviese.
            Para que hubiese una sanidad se necesitaba un acto de fe, el enfermo debía ir y descender al agua lo más rápido posible.
            Smith Wigglesworth solía decir al principio de sus campañas: “La primera persona que llegue al púlpito será sanada de cualquier enfermedad que tenga.” Y cada vez la primera persona que llegaba era sanada de la enfermedad que tuviese, sea cáncer, apendicitis, asma, o cualquier otra.
            Uno tenía que actuar para recibir su milagro.
            Volviendo a nuestra historia, había un hombre que estaba enfermo hacía treinta y ocho años. No sabemos qué enfermedad tenía, solo que no podía ir solo al estanque pues necesitaba la ayuda de otro.
            Jesús le preguntó: ¿Quieres ser sano?” El hombre le empezó a contar su historia y su imposibilidad. Pero Jesús le dijo: “No pongas tus ojos en las cosas que no puedes hacer; haz un acto de fe, levántate, toma tu lecho y ve a tu casa.”
            El hombre entonces se levantó, tomó su lecho y se fue a su casa. Él colocó acciones a su fe y recibió su milagro.
            La gente religiosa le dijo: “¿Qué haces llevando tu lecho en el día de reposo?” No les importaba que este hombre hubiese recibido un maravilloso milagro, lo único que querían era que cumplan con todas sus reglas y leyes.
            El hombre sanado solo les dijo: “El que me sanó me dijo que tomase mi lecho y me fuese a casa; y yo como soy obediente le estoy obedeciendo.”
            La acción de obediencia a la Palabra de Dios es lo que trae los milagros a nuestra vida.
            
El Ciego de Nacimiento

Juan 9: 1-11
1 Al pasar Jesús, vio a un hombre ciego de nacimiento.
2 Y le preguntaron sus discípulos, diciendo: Rabí, ¿quién pecó, éste o sus padres, para que haya nacido ciego?
3 Respondió Jesús: No es que pecó éste, ni sus padres, sino para que las obras de Dios se manifiesten en él.
4 Me es necesario hacer las obras del que me envió, entre tanto que el día dura; la noche viene, cuando nadie puede trabajar.
5 Entre tanto que estoy en el mundo, luz soy del mundo.
6 Dicho esto, escupió en tierra, e hizo lodo con la saliva, y untó con el lodo los ojos del ciego,
7 y le dijo: Ve a lavarte en el estanque de Siloé (que traducido es, Enviado). Fue entonces, y se lavó, y regresó viendo.
8 Entonces los vecinos, y los que antes le habían visto que era ciego, decían: ¿No es éste el que se sentaba y mendigaba?
9 Unos decían: El es; y otros: A él se parece. El decía: Yo soy.
10 Y le dijeron: ¿Cómo te fueron abiertos los ojos?
11 Respondió él y dijo: Aquel hombre que se llama Jesús hizo lodo, me untó los ojos, y me dijo: Ve al Siloé, y lávate; y fui, y me lavé, y recibí la vista.

Aquí los discípulos están en medio de una discusión teológica: “¿Quien pecó, este hombre o sus padres?”
Muchas veces cuando vemos a una persona enferma lo único que pensamos es que la persona tuvo la culpa de estar enferma; pero la mayoría de veces ese no es el caso.
Jesús les dijo: “No fue culpa de él o sus padres. Sin embargo, como yo tengo que hacer las obras de Dios voy a sanarlo.”
Luego de hacer esto escupió en tierra, hizo barro, lo esparció en los ojos del ciego y lo mandó al estanque de Siloé para limpiarse.
El cojo pudo haberse molestado y decir: “No voy a ir después de que pusiste está cochinada en mis ojos.”
Pero vemos que no hizo eso sino que obedeció a Jesús fue al estanque y recibió su milagro. Es decir, el milagro llegó después de la acción de fe del ciego.
Cuando la gente que lo conocía le preguntó cómo había sanado, el daba testimonio de que había recibido su milagro luego de hacer lo que Jesús le había dicho.
La fe y las acciones son lo que nos trae los milagros.

La Pesca Milagrosa

            Para terminar veremos la pesca más grande de la vida de Pedro

Lucas 5:1-7
1 Aconteció que estando Jesús junto al lago de Genesaret, el gentío se agolpaba sobre él para oír la palabra de Dios.
2 Y vio dos barcas que estaban cerca de la orilla del lago; y los pescadores, habiendo descendido de ellas, lavaban sus redes.
3 Y entrando en una de aquellas barcas, la cual era de Simón, le rogó que la apartase de tierra un poco; y sentándose, enseñaba desde la barca a la multitud.
4 Cuando terminó de hablar, dijo a Simón: Boga mar adentro, y echad vuestras redes para pescar.
5 Respondiendo Simón, le dijo: Maestro, toda la noche hemos estado trabajando, y nada hemos pescado; mas en tu palabra echaré la red.
6 Y habiéndolo hecho, encerraron gran cantidad de peces, y su red se rompía.
7 Entonces hicieron señas a los compañeros que estaban en la otra barca, para que viniesen a ayudarles; y vinieron, y llenaron ambas barcas, de tal manera que se hundían.

            Jesús iba a predicar ese día, y había una multitud de personas; y como buen ingeniero de sonido sabía que la mejor forma para que todas las personas pudiesen escucharlo era alejarse un poco de la orilla en una barca y hablar de ahí a la gente para que ondas sonoras chocasen con el mar y este le sirviese de amplificador. Así que le pidió a Pedro prestada su barca y empezó a predicar.
            Cuando terminó de hacerlo, le dijo a Pedro: “Echa tus redes al mar.”
            Ahora Pedro había estado trabajando toda la noche y no había pescado ni un zapato; el era pescador y sabía que no se podían echar las redes al mediodía; así que le dijo a Jesús: “Mira Jesús, tu eres predicador pero yo pescador, yo conozco mi negocio y tu él tuyo; pero ya que tu lo dices, voy a actuar en fe a tu palabra y tirar mis redes.”
            Cuando Pedro tiro sus redes al mar en obediencia a la palabra de Jesús, los peces vieron la red y empezaron a decirse uno al otro: “Vamos corriendo a las redes de Pedro, porque está actuando en fe al obedecer a Jesús.” Y fueron se metieron en las redes y Pedro recibió la mayor pesca de su vida.”
            Pedro recibió su milagro por actuar en la Palabra de Dios y tu recibirás el tuyo por hacerlo.
La fe actúa en la Palabra de Dios.



martes, 6 de febrero de 2018

La gran tontería de querer justificarse ante Dios por medio de la ley

La gran tontería de querer justificarse ante Dios por medio de la ley

El día de hoy muchos creyentes son seducidos con la idea de que pueden ser justificados mediante el añadir el cumplimiento de la le ley de Moisés a la obra de Cristo.

Pablo les dio una respuesta en Gálatas 3:1-5: "No sean tan necios."


1 ¡Oh, gálatas tontos (irreflexivos, insensatos, torpes, necios)! ¿Quién los ha seducido (hechizado, embrujado, fascinado) a ustedes, ante cuyos ojos Jesucristo (el Ungido) fue presentado clara y públicamente como crucificado?
2 Esto es lo único que quiero averiguar (saber) de ustedes [, por lo que les pido que respondan esta pregunta:] ¿Recibieron el Espíritu [Santo] por [hacer] las obras de la Ley, o por el oír con fe [el mensaje del Evangelio]?
3 ¿Tan tontos (irreflexivos, insensatos, torpes, necios) son? Habiendo comenzado por el Espíritu [Santo], ¿van a terminar ahora por la carne [pretendiendo perfeccionarse dependiendo de los esfuerzos humanos]?
4 ¿Han padecido (sufrido) y experimentado tantas cosas en vano (sin ningún propósito)? ¡Si es que en realidad fue sin ningún propósito y en vano!

5  Aquél, pues, que les suministra el Espíritu [Santo en medida abundante] y [constantemente] hace milagros (maravillas y obras poderosas) entre ustedes, ¿lo hace por [hacer] las obras de la Ley o por el oír con fe [el mensaje del Evangelio]?

Luego de haber encarado a Pedro por su hipocresía, ahora Pablo esta listo para darle un tremendo jalón de orejas a los Gálatas.

Les empieza a decir: tontos, irreflexivos, insensatos, torpes, necios.

Ese lenguaje es bastante gráfico, Pablo estaba buscando algo en el cerebro de los gálatas y parece que no lo encontró. 

Les pregunta: "¿Quién los ha seducido (hechizado, embrujado, fascinado) a ustedes, ante cuyos ojos Jesucristo (el Ungido) fue presentado clara y públicamente como crucificado?"

Alguien había llegado con una idea que los había seducido y ellos habían sucumbido como un joven se va tras una joven bonita.

Ellos habían recibido de Pablo claramente la enseñanza acerca de la obra de Cristo en la cruz, acerca de la justificación por la fe; pero llegaron los judaizantes con un evangelio diferente que los había hecho retroceder en su creer.

El versículo 2 nos habla acerca de esa seducción: "Esto es lo único que quiero averiguar (saber) de ustedes [, por lo que les pido que respondan esta pregunta:] ¿Recibieron el Espíritu [Santo] por [hacer] las obras de la Ley, o por el oír con fe [el mensaje del Evangelio]?"

El cumplir con la ley para recibir el Espíritu fue la mentira seductora. La fe no era suficiente había que cumplir con la ley con la ley para recibir la vida eterna.

Pero Pablo les pregunta: "¿Recibieron el Espíritu por estar cumpliendo con la ley mosaica o por el oír la Palabra con fe?"

Esa era la trampita de los judaizantes, la fe en Jesucristo no es suficiente, es necesario cumplir con la ley.

Sigue Pablo: "¿Tan tontos (irreflexivos, insensatos, torpes, necios) son? Habiendo comenzado por el Espíritu [Santo], ¿van a terminar ahora por la carne [pretendiendo perfeccionarse dependiendo de los esfuerzos humanos]?"

Les dice usen su cerebro un poquito; comenzaron bien, recibieron el Espíritu Santo por oír con fe; ¿y ahora pretender depender de los propios esfuerzos humanos que trae el cumplimiento de la ley de Moisés?

El día de hoy esa pregunta sigue vigente, con grupos judaizantes como los mesiánicos que proclaman que no es suficiente la fe para ser justificado sino que es necesario el cumplimiento de la ley. Es decir, la obra de Cristo en la cruz no fue suficiente.

¿Seremos tan necios para creer a estos judaizante modernos que nos quieren seducir del mismo modo que lo hicieron con los gálatas?

En el versículo 5 concluye: "Aquél, pues, que les suministra el Espíritu [Santo en medida abundante] y [constantemente] hace milagros (maravillas y obras poderosas) entre ustedes, ¿lo hace por [hacer] las obras de la Ley o por el oír con fe [el mensaje del Evangelio]?"

¿Qué es lo que hace los milagros en nuestra vida? ¿El oír con fe la Palabra o el hacer las obras de la ley?

¿Donde está nuestra confianza? ¿En lo que Cristo hizo en la cruz por nosotros o en nuestro propio esfuerzo humano por cumplir las obras de la ley?

No nos dejemos engañar como los gálatas, dependamos de lo que Cristo hizo en la cruz por nosotros.

lunes, 5 de febrero de 2018

El Pecado Imperdonable y el Cristiano

El Pecado Imperdonable y el Cristiano


Un joven creyente colocó esto hoy en un grupo de facebook:
Cual es la Blasfemia contra el Espíritu Santo? Es que yo aveces he tenido malos pensamientos... pero hay veces en que se me sale de la mente..... maldito es.... ya saben... y pues yo tengo mucho miedo de haber cometido el pecado imperdonable.
Me sorprendió lo rápido que son los cristianos para condenar a otros que están pasando por un momento de ansiedad.

Varios ya lo estaban mandando al infierno, así que coloqué lo siguiente:
Si hubieras cometido el "pecado imperdonable" Dios no estaría tratando contigo. Es el diablo quien te trae ese tonto pensamiento.
El asunto para entender el "pecado imperdonable" se encuentra en las Escrituras mismas.

El término "Blasfemia contra el Espíritu Santo" aparece solo 2 veces en la Biblia durante el ministerio de Jesús en los evangelios de Mateo y Marcos.

Marcos 3:22-30
22 Pero los escribas que habían venido de Jerusalén decían que tenía a Beelzebú, y que por el príncipe de los demonios echaba fuera los demonios.
23 Y habiéndolos llamado, les decía en parábolas: ¿Cómo puede Satanás echar fuera a Satanás?
24 Si un reino está dividido contra sí mismo, tal reino no puede permanecer.
25 Y si una casa está dividida contra sí misma, tal casa no puede permanecer.
26 Y si Satanás se levanta contra sí mismo, y se divide, no puede permanecer, sino que ha llegado su fin.
27 Ninguno puede entrar en la casa de un hombre fuerte y saquear sus bienes, si antes no le ata, y entonces podrá saquear su casa.
28 De cierto os digo que todos los pecados serán perdonados a los hijos de los hombres, y las blasfemias cualesquiera que sean;
29 pero cualquiera que blasfeme contra el Espíritu Santo, no tiene jamás perdón, sino que es reo de juicio eterno.
30 Porque ellos habían dicho: Tiene espíritu inmundo.

Esta misma historia la encontramos en Mateo:

Mateo 12:22-32
22 Entonces fue traído a él un endemoniado, ciego y mudo; y le sanó, de tal manera que el ciego y mudo veía y hablaba.
23 Y toda la gente estaba atónita, y decía: ¿Será éste aquel Hijo de David?
24 Mas los fariseos, al oírlo, decían: Este no echa fuera los demonios sino por Beelzebú, príncipe de los demonios.
25 Sabiendo Jesús los pensamientos de ellos, les dijo: Todo reino dividido contra sí mismo, es asolado, y toda ciudad o casa dividida contra sí misma, no permanecerá.
26 Y si Satanás echa fuera a Satanás, contra sí mismo está dividido; ¿cómo, pues, permanecerá su reino?
27 Y si yo echo fuera los demonios por Beelzebú, ¿por quién los echan vuestros hijos? Por tanto, ellos serán vuestros jueces.
28 Pero si yo por el Espíritu de Dios echo fuera los demonios, ciertamente ha llegado a vosotros el reino de Dios.
29 Porque ¿cómo puede alguno entrar en la casa del hombre fuerte, y saquear sus bienes, si primero no le ata? Y entonces podrá saquear su casa.
30 El que no es conmigo, contra mí es; y el que conmigo no recoge, desparrama.
31 Por tanto os digo: Todo pecado y blasfemia será perdonado a los hombres; mas la blasfemia contra el Espíritu no les será perdonada.
32 A cualquiera que dijere alguna palabra contra el Hijo del Hombre, le será perdonado; pero al que hable contra el Espíritu Santo, no le será perdonado, ni en este siglo ni en el venidero.

Veamos que es lo que está pasando en esta historia:

1. Jesús acaba de sanar un endemoniado mudo y sordo.

2. Como la gente estaba asombrada los fariseos y los escribas empiezan a decir que Jesús estaba echando los demonios por obra de Satanás.

3. Jesús les dice que Él echaba los demonios por el Espíritu Santo.

4. Jesús les dice que la Blasfemia del Espíritu Santo es el único pecado que no tiene perdón.

Entonces, ¿cuál era la blasfemia contra el Espíritu Santo?

Atribuirle al Satanás la obra del Espíritu Santo.

Los escribas y fariseos al hacer esto estaban rechazando al Mesías que Dios les había enviado, y al hacer esto lo que en realidad estaba sucediendo era que estaban rechazando su oportunidad de salvación.

Notemos que este pecado no se vuelve a nombrar en la Biblia, no se toca en ninguna Escritura respecto a la iglesia.

¿Un creyente puede blasfemar contra el Espíritu Santo? 

No hay ninguna evidencia en la Biblia, así que no puede sustentarse esa posición.

¿Hay algún pecado imperdonable?

Lamentablemente si, pero este pecado no es para el creyente en Cristo.

Al rechazar a Jesús una persona y no querer convertirse a Cristo está perdiendo su oportunidad de salvación.

Dios ya proveyó una salvación gratuita para todos los hombres, solo deben creer en Jesucristo, pero si rechazan su oportunidad de salvación, Dios ya no puede hacer nada por ellos.

Jesús lo colocó de esta manera:

Juan 3:16-18
16 Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna.
17 Porque no envió Dios a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo sea salvo por él.
18 El que en él cree, no es condenado; pero el que no cree, ya ha sido condenado, porque no ha creído en el nombre del unigénito Hijo de Dios.

La salvación está provista para todos los hombres, él cree en Jesús alcanza la salvación pero él que lo rechaza ya ha sido condenado por no creer en Jesús.

La buena noticia es que si aún no has creído en Jesús puedes hacerlo hoy recibir la vida eterna.

El apóstol Pablo lo escribió de una manera muy sencilla:

Romanos 10:8-10
8 Mas ¿qué dice? Cerca de ti está la palabra, en tu boca y en tu corazón. Esta es la palabra de fe que predicamos:
9 que si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo.
10 Porque con el corazón se cree para justicia, pero con la boca se confiesa para salvación.

Solo debes creer que Jesús resucitó de los muertos y que es el Señor y declararlo con tu boca.

Has esta oración conmigo y recibe hoy a Jesús en tu corazón:
"Jesús, te doy las gracias por venir al mundo y morir por mi en la cruz; he decidido creer que resucitaste de los muertos y confesarte como mi Señor. Así que te recibo hoy como mi Salvador y declaro Señor de mi vida. Amén."

viernes, 2 de febrero de 2018

¿Que nos justifica ante Dios? ¿La fe o la ley?

¿Que nos justifica ante Dios? ¿La fe o la ley?

La pregunta de hoy es que nos justifica delante de Dios, ¿el cumplimiento de la Torah o la fe en Jesucristo?


En estos días varios mesiánicos me sacan el versículo Romanos 2:13 para tratar de justificar sus creencias en cuanto a la ley de Moisés.

Romanos 2:13 
13 porque no son los oidores de la ley los justos ante Dios, sino los hacedores de la ley serán justificados. 

Lo que me dicen de manera invariable es que los hacedores de la ley son los que serán justificados, y yo les respondo que la Biblia se lee en contexto no sacando un versículo por ahí y otro por allá sin ver toda la idea de los que se habla.

Luego les digo que los dos primeros capítulos de Romanos demuestran la imposibilidad del hombre por salvarse mediante el cumplimiento de la ley.

De ahí pasamos al capítulo 3:

Romanos 3:9 
9 ¿Qué, pues? ¿Somos nosotros mejores que ellos? En ninguna manera; pues ya hemos acusado a judíos y a gentiles, que todos están bajo pecado. 

Pablo dice aquí que ya demostró que tanto judíos como gentiles están en pecado, y esta por empezar el tema de la justificación del hombre.

Antes de continuar definamos brevemente lo que es la justificación:

La justificación es el acto legal por el cual el hombre es declarado inocente y hecho justo.

¿Como es que el hombre es justificado? ¿Por la Torah o por la fe?

Sigamos avanzando por Romanos 3:

Romanos 3:19-20
19  Pero sabemos que todo lo que la ley dice, lo dice a los que están bajo la ley, para que toda boca se cierre y todo el mundo quede bajo el juicio de Dios; 
20  ya que por las obras de la ley ningún ser humano será justificado delante de él; porque por medio de la ley es el conocimiento del pecado. 

Algo que me llama la atención es que todo lo que dice la ley es para los que están bajo la ley.

¿Quienes estaban bajo la ley?

Dios le dio la ley al pueblo de Israel, las leyes y ordenanzas en cuanto al culto y la vida diaria se las dio a ellos.

Pero luego les dice que por las obras de la ley ningún hombre será justificado ante Dios.

Gálatas 3:10 
10 Porque todos los que dependen de las obras de la ley están bajo maldición, pues escrito está: Maldito todo aquel que no permaneciere en todas las cosas escritas en el libro de la ley, para hacerlas. 
11 Y que por la ley ninguno se justifica para con Dios, es evidente, porque: El justo por la fe vivirá;
12 y la ley no es de fe, sino que dice: El que hiciere estas cosas vivirá por ellas.

Gálatas nos da un poco más de luz al respecto, todo el que quiera depender de las obras de la ley para su justificación está bajo maldición.

¿Cuál es la maldición de la ley?

Maldito todo aquel que no permaneciere en todas las cosas escritas en el libro de la ley, para hacerlas. 

Esta pasaje viene de la Torah que tanto aman los judaizantes:

Deuteronomio 27:26 
26 Maldito el que no confirmare las palabras de esta ley para hacerlas. Y dirá todo el pueblo: Amén.

La maldición de la ley se recibía por no cumplir con ella de manera irreprensible, y nadie podía cumplirla, así que todos los hombres que intentaban depender de ella caían bajo maldición.

Luego Pablo dice que evidente que la ley no justifica al hombre porque el justo por la fe vivirá.

Este pasaje viene también del Antiguo Testamento de Habacuc 2:4, y se repite en el Nuevo Testamento en Romanos 1:17 y Hebreos 10:38.

Pero volvamos a Romanos 3.

En el versículo 20 dice: ". . . por las obras de la ley ningún ser humano será justificado delante de él; porque por medio de la ley es el conocimiento del pecado."

Si las obras de la ley no nos justifican, ¿que lo hace?

Rom 3:21-24 
21 Pero ahora, aparte de la ley, se ha manifestado la justicia de Dios, testificada por la ley y por los profetas; 
22 la justicia de Dios por medio de la fe en Jesucristo,para todos los que creen en él. Porque no hay diferencia, 
23 por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios, 
24 siendo justificados gratuitamente por su gracia, mediante la redención que es en Cristo Jesús.
25 a quien Dios puso como propiciación por medio de la fe en su sangre, para manifestar su justicia, a causa de haber pasado por alto, en su paciencia, los pecados pasados, 
26 con la mira de manifestar en este tiempo su justicia, a fin de que él sea el justo, y el que justifica al que es de la fe de Jesús. 

Aparte de la ley, Dios ha manifestado su justicia, la cual fue testificada a lo largo del Antiguo Testamento, esta justicia viene por medio de la fe en Jesucristo.

Aquí Pablo nos muestra claramente que es por medio de la fe en Jesús y que es para todo aquel que cree.

Pero, ¿cómo es esto?

No hay diferencia, tanto judíos que dependían de la ley como gentiles que no tenían ley habían pecado y estaban separados de Dios, pero Dios les dio una salida.

Dios justificó al hombre gratuitamente por Su gracia, mediante la redención, que es la obra completa de Cristo en la cruz.

Jesús fue el Cordero de Dios que quitó el pecado del mundo, a los ojos de Dios en esa cruz fueran satisfechas sus justas demandas y el pecado fue quitado.

¿Cómo es que el hombre recibe esta justificación que Dios le proveyó?

Romanos 3:27-28
27 ¿Dónde, pues, está la jactancia? Queda excluida. ¿Por cuál ley? ¿Por la de las obras? No, sino por la ley de la fe. 
28 Concluimos, pues, que el hombre es justificado por fe sin las obras de la ley. 

La justificación no viene por el cumplimiento de la ley, si hay una ley que nos justifica es la de la fe.

La conclusión final de Pablo es que el hombre es justificado por fe sin las obras de la ley. 

jueves, 1 de febrero de 2018

Dos Clases de Justicia

Dos Clases de Justicia


Romanos 10:5-8
5 Porque Moisés, haciendo referencia a la justicia que se obtiene por medio del cumplimiento de la ley, escribió: El hombre que practique y cumpla cabalmente todas las disposiciones y mandamientos de la ley, vivirá por ellas.
6 Pero la justicia que procede de la fe afirma: No digas (ni tengas este mal pensamiento) en tu corazón: ¿Quién subirá al cielo? (esto es, para hacer bajar a Cristo),
7 Ni tampoco digas, ¿quién bajará al abismo? (Esto es, para volver a traer a Cristo de los muertos).
8 Pero, ¿Qué afirman entonces las Escrituras? Cerca de ti está la palabra, en tu boca y en tu corazón. Esta es la palabra de fe que anunciamos (por ser el núcleo mismo de nuestra predicación).

En este pasaje nos encontramos con dos clases de justicia, la justicia que se obtiene por cumplir con las obras de la ley y la justicia que se obtiene por medio de la fe en Cristo.

En Gálatas nos volvemos a encontrar con estas 2 clases de justicia.

Gálatas 3:10-14
10 Porque todos los que dependen de las obras de la ley están bajo maldición, pues escrito está: Maldito todo aquel que no permaneciere en todas las cosas escritas en el libro de la ley, para hacerlas.
11 Y que por la ley ninguno se justifica para con Dios, es evidente, porque: El justo por la fe vivirá; 
12 y la ley no es de fe, sino que dice: El que hiciere estas cosas vivirá por ellas.
13 Cristo nos redimió de la maldición de la ley, hecho por nosotros maldición (porque está escrito: Maldito todo el que es colgado en un madero, 
14 para que en Cristo Jesús la bendición de Abraham alcanzase a los gentiles, a fin de que por la fe recibiésemos la promesa del Espíritu. 

El que quiere justificarse por medio del cumplimiento de la ley se encuentra en graves problemas ya que si no la cumple completamente está bajo maldición. Y para el hombre esto es totalmente imposible, ninguno es capaz cumplirla.

Pero Cristo se hizo cargo de esto al hacerse maldición por nosotros en esa cruz, tomando nuestro pecado y dándonos su justicia.

Como dice en 2 Corintios 5:21: "Al que no conoció pecado, por nosotros lo hizo pecado, para que nosotros fuésemos hechos justicia de Dios en él."

Ahora el hombre no tiene que hacer algo imposible como descender al abismo o subir al cielo para traer a Cristo y recibir esa justicia.

Es sencillamente la justicia que procede de la fe, creer en la obra que Cristo hizo por nosotros.

Por eso es que la palabra de fe, que es el núcleo de nuestra predicación, la encontramos en los siguientes versículos de Romanos 10:

Romanos 10:9-10
9 que si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo. 
10 Porque con el corazón se cree para justicia, pero con la boca se confiesa para salvación.

La justicia que es por la fe la recibimos por creer en nuestro corazón la obra de Jesús por nosotros y declararlo como nuestro Señor.


Es tu decisión el recibir la justicia de Dios, si lo intentas por medio del cumplimiento de la ley no lo lograrás, pero si lo haces a la manera que Dios estableció en Su Palabra, es decir por medio de la fe, la recibirás.