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viernes, 2 de febrero de 2018

¿Que nos justifica ante Dios? ¿La fe o la ley?

¿Que nos justifica ante Dios? ¿La fe o la ley?

La pregunta de hoy es que nos justifica delante de Dios, ¿el cumplimiento de la Torah o la fe en Jesucristo?


En estos días varios mesiánicos me sacan el versículo Romanos 2:13 para tratar de justificar sus creencias en cuanto a la ley de Moisés.

Romanos 2:13 
13 porque no son los oidores de la ley los justos ante Dios, sino los hacedores de la ley serán justificados. 

Lo que me dicen de manera invariable es que los hacedores de la ley son los que serán justificados, y yo les respondo que la Biblia se lee en contexto no sacando un versículo por ahí y otro por allá sin ver toda la idea de los que se habla.

Luego les digo que los dos primeros capítulos de Romanos demuestran la imposibilidad del hombre por salvarse mediante el cumplimiento de la ley.

De ahí pasamos al capítulo 3:

Romanos 3:9 
9 ¿Qué, pues? ¿Somos nosotros mejores que ellos? En ninguna manera; pues ya hemos acusado a judíos y a gentiles, que todos están bajo pecado. 

Pablo dice aquí que ya demostró que tanto judíos como gentiles están en pecado, y esta por empezar el tema de la justificación del hombre.

Antes de continuar definamos brevemente lo que es la justificación:

La justificación es el acto legal por el cual el hombre es declarado inocente y hecho justo.

¿Como es que el hombre es justificado? ¿Por la Torah o por la fe?

Sigamos avanzando por Romanos 3:

Romanos 3:19-20
19  Pero sabemos que todo lo que la ley dice, lo dice a los que están bajo la ley, para que toda boca se cierre y todo el mundo quede bajo el juicio de Dios; 
20  ya que por las obras de la ley ningún ser humano será justificado delante de él; porque por medio de la ley es el conocimiento del pecado. 

Algo que me llama la atención es que todo lo que dice la ley es para los que están bajo la ley.

¿Quienes estaban bajo la ley?

Dios le dio la ley al pueblo de Israel, las leyes y ordenanzas en cuanto al culto y la vida diaria se las dio a ellos.

Pero luego les dice que por las obras de la ley ningún hombre será justificado ante Dios.

Gálatas 3:10 
10 Porque todos los que dependen de las obras de la ley están bajo maldición, pues escrito está: Maldito todo aquel que no permaneciere en todas las cosas escritas en el libro de la ley, para hacerlas. 
11 Y que por la ley ninguno se justifica para con Dios, es evidente, porque: El justo por la fe vivirá;
12 y la ley no es de fe, sino que dice: El que hiciere estas cosas vivirá por ellas.

Gálatas nos da un poco más de luz al respecto, todo el que quiera depender de las obras de la ley para su justificación está bajo maldición.

¿Cuál es la maldición de la ley?

Maldito todo aquel que no permaneciere en todas las cosas escritas en el libro de la ley, para hacerlas. 

Esta pasaje viene de la Torah que tanto aman los judaizantes:

Deuteronomio 27:26 
26 Maldito el que no confirmare las palabras de esta ley para hacerlas. Y dirá todo el pueblo: Amén.

La maldición de la ley se recibía por no cumplir con ella de manera irreprensible, y nadie podía cumplirla, así que todos los hombres que intentaban depender de ella caían bajo maldición.

Luego Pablo dice que evidente que la ley no justifica al hombre porque el justo por la fe vivirá.

Este pasaje viene también del Antiguo Testamento de Habacuc 2:4, y se repite en el Nuevo Testamento en Romanos 1:17 y Hebreos 10:38.

Pero volvamos a Romanos 3.

En el versículo 20 dice: ". . . por las obras de la ley ningún ser humano será justificado delante de él; porque por medio de la ley es el conocimiento del pecado."

Si las obras de la ley no nos justifican, ¿que lo hace?

Rom 3:21-24 
21 Pero ahora, aparte de la ley, se ha manifestado la justicia de Dios, testificada por la ley y por los profetas; 
22 la justicia de Dios por medio de la fe en Jesucristo,para todos los que creen en él. Porque no hay diferencia, 
23 por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios, 
24 siendo justificados gratuitamente por su gracia, mediante la redención que es en Cristo Jesús.
25 a quien Dios puso como propiciación por medio de la fe en su sangre, para manifestar su justicia, a causa de haber pasado por alto, en su paciencia, los pecados pasados, 
26 con la mira de manifestar en este tiempo su justicia, a fin de que él sea el justo, y el que justifica al que es de la fe de Jesús. 

Aparte de la ley, Dios ha manifestado su justicia, la cual fue testificada a lo largo del Antiguo Testamento, esta justicia viene por medio de la fe en Jesucristo.

Aquí Pablo nos muestra claramente que es por medio de la fe en Jesús y que es para todo aquel que cree.

Pero, ¿cómo es esto?

No hay diferencia, tanto judíos que dependían de la ley como gentiles que no tenían ley habían pecado y estaban separados de Dios, pero Dios les dio una salida.

Dios justificó al hombre gratuitamente por Su gracia, mediante la redención, que es la obra completa de Cristo en la cruz.

Jesús fue el Cordero de Dios que quitó el pecado del mundo, a los ojos de Dios en esa cruz fueran satisfechas sus justas demandas y el pecado fue quitado.

¿Cómo es que el hombre recibe esta justificación que Dios le proveyó?

Romanos 3:27-28
27 ¿Dónde, pues, está la jactancia? Queda excluida. ¿Por cuál ley? ¿Por la de las obras? No, sino por la ley de la fe. 
28 Concluimos, pues, que el hombre es justificado por fe sin las obras de la ley. 

La justificación no viene por el cumplimiento de la ley, si hay una ley que nos justifica es la de la fe.

La conclusión final de Pablo es que el hombre es justificado por fe sin las obras de la ley. 

jueves, 1 de febrero de 2018

Dos Clases de Justicia

Dos Clases de Justicia


Romanos 10:5-8
5 Porque Moisés, haciendo referencia a la justicia que se obtiene por medio del cumplimiento de la ley, escribió: El hombre que practique y cumpla cabalmente todas las disposiciones y mandamientos de la ley, vivirá por ellas.
6 Pero la justicia que procede de la fe afirma: No digas (ni tengas este mal pensamiento) en tu corazón: ¿Quién subirá al cielo? (esto es, para hacer bajar a Cristo),
7 Ni tampoco digas, ¿quién bajará al abismo? (Esto es, para volver a traer a Cristo de los muertos).
8 Pero, ¿Qué afirman entonces las Escrituras? Cerca de ti está la palabra, en tu boca y en tu corazón. Esta es la palabra de fe que anunciamos (por ser el núcleo mismo de nuestra predicación).

En este pasaje nos encontramos con dos clases de justicia, la justicia que se obtiene por cumplir con las obras de la ley y la justicia que se obtiene por medio de la fe en Cristo.

En Gálatas nos volvemos a encontrar con estas 2 clases de justicia.

Gálatas 3:10-14
10 Porque todos los que dependen de las obras de la ley están bajo maldición, pues escrito está: Maldito todo aquel que no permaneciere en todas las cosas escritas en el libro de la ley, para hacerlas.
11 Y que por la ley ninguno se justifica para con Dios, es evidente, porque: El justo por la fe vivirá; 
12 y la ley no es de fe, sino que dice: El que hiciere estas cosas vivirá por ellas.
13 Cristo nos redimió de la maldición de la ley, hecho por nosotros maldición (porque está escrito: Maldito todo el que es colgado en un madero, 
14 para que en Cristo Jesús la bendición de Abraham alcanzase a los gentiles, a fin de que por la fe recibiésemos la promesa del Espíritu. 

El que quiere justificarse por medio del cumplimiento de la ley se encuentra en graves problemas ya que si no la cumple completamente está bajo maldición. Y para el hombre esto es totalmente imposible, ninguno es capaz cumplirla.

Pero Cristo se hizo cargo de esto al hacerse maldición por nosotros en esa cruz, tomando nuestro pecado y dándonos su justicia.

Como dice en 2 Corintios 5:21: "Al que no conoció pecado, por nosotros lo hizo pecado, para que nosotros fuésemos hechos justicia de Dios en él."

Ahora el hombre no tiene que hacer algo imposible como descender al abismo o subir al cielo para traer a Cristo y recibir esa justicia.

Es sencillamente la justicia que procede de la fe, creer en la obra que Cristo hizo por nosotros.

Por eso es que la palabra de fe, que es el núcleo de nuestra predicación, la encontramos en los siguientes versículos de Romanos 10:

Romanos 10:9-10
9 que si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo. 
10 Porque con el corazón se cree para justicia, pero con la boca se confiesa para salvación.

La justicia que es por la fe la recibimos por creer en nuestro corazón la obra de Jesús por nosotros y declararlo como nuestro Señor.


Es tu decisión el recibir la justicia de Dios, si lo intentas por medio del cumplimiento de la ley no lo lograrás, pero si lo haces a la manera que Dios estableció en Su Palabra, es decir por medio de la fe, la recibirás.

lunes, 4 de septiembre de 2017

Dos Clases de Justicia (E. W. Kenyon) - Parte 19

En esta lección Kenyon nos muestra como es que el no reconocer el señorío de la Palabra de Dios es un impedimento para que caminemos en la realidad de nuestra justicia.


El Señorío de la Palabra

No hay sentido del aprecio del señorío de la Palabra, de su autoridad en sus labios, o de su capacidad a través de la Palabra para mover a hombres y a mujeres a la acción verdadera. Si uno carece del sentido del Señorío de la Palabra, nunca podrán usarlo aunque puedan saber intelectualmente que son la Justicia de Dios, que tienen la capacidad de Dios, que tienen el derecho legal al uso del Nombre de Jesús con toda su autoridad. Esto viene por un tipo bajo de comunión, por no caminar en amor.

No reconocen el señorío del amor ni el señorío de la Palabra. No tienen ninguna confesión sin temor de lo que son en Cristo. Hay una sensación de debilidad del espíritu, una fe vacilante, un ceder a las circunstancias. Todo el tiempo reconocerán que ellos son la Justicia de Dios, sin embargo ellos no están aprovechándose de ella. Ellos están viviendo en la esclavitud de los sentidos. No están practicando la Palabra de Justicia. Inconscientemente están recurriendo a los Sentidos para obtener ayuda y socorro en su momento de necesidad.


Actúan como hombres comunes. Son movidos por los celos de los que les rodean. Ignoran su lugar en Cristo. En el momento de crisis buscan a otra persona para orar por ellos o para actuar por ellos. Ellos ignoran el uso del Nombre de Jesús. Se olvidan de qué clase de hombres son. Viven vidas mediocres cuando deben ser superhombres. Ellos son débiles cuando deben ser fuertes. Lo tienen todo. Ellos conocen su riqueza. Ellos conocen sus derechos. Y sin embargo viven en la pobreza espiritual. ¿Por qué? Porque no están tomando su lugar y actuando en la Palabra.


Tomado del libro "Dos Clases de Justicia" de E. W. Kenyon, puedes leer los capítulos anteriores siguiendo estos enlaces:


Dos Clases de Justicia (E. W. Kenyon) - Parte 1
Dos Clases de Justicia (E. W. Kenyon) - Parte 2
Dos Clases de Justicia (E. W. Kenyon) - Parte 3
Dos Clases de Justicia (E. W. Kenyon) - Parte 4
Dos Clases de Justicia (E. W. Kenyon) - Parte 5
Dos Clases de Justicia (E. W. Kenyon) - Parte 6
Dos Clases de Justicia (E. W. Kenyon) - Parte 7
Dos Clases de Justicia (E. W. Kenyon) - Parte 8
Dos Clases de Justicia (E. W. Kenyon) - Parte 9
Dos Clases de Justicia (E. W. Kenyon) - Parte 10
Dos Clases de Justicia (E. W. Kenyon) - Parte 11
Dos Clases de Justicia (E. W. Kenyon) - Parte 12
Dos Clases de Justicia (E. W. Kenyon) - Parte 13
Dos Clases de Justicia (E. W. Kenyon) - Parte 14
Dos Clases de Justicia (E. W. Kenyon) - Parte 15
Dos Clases de Justicia (E. W. Kenyon) - Parte 16
Dos Clases de Justicia (E. W. Kenyon) - Parte 17
Dos Clases de Justicia (E. W. Kenyon) - Parte 18

miércoles, 16 de agosto de 2017

Dos Clases de Justicia (E. W. Kenyon) - Parte 18

En este artículo Kenyon nos muestra algunos motivos por los que limitamos el uso de nuestra justicia.

E. W. Kenyon - Dos Clases de Justicia

LO QUÉ LIMITA QUE USEMOS NUESTRA JUSTICIA

¿Qué es esto que nos limita a actuar bajo la Palabra para tomar nuestros lugares en Cristo? ¿Qué es eso que nos impide tomar ventaja de nuestra Justicia en Cristo?

Sabemos que somos la justicia de Dios en Cristo. Sabemos que Dios es la fuerza de nuestras vidas. Sabemos que Él es nuestra suficiencia para suplir en toda crisis de nuestras vidas. Sabemos que su Palabra en nuestros labios sanará al enfermo, fortalecerá al débil, despertará a los no salvos de sus condiciones y los traerá al conocimiento de Cristo que salva.

Todo esto lo sabemos. ¿Por qué somos tan lentos en el actuar?

Puede ser por una mente no renovada.

Después de que alguien nace de nuevo y tiene esta enorme herencia de la gracia, su mente no está en armonía con su espíritu recreado. Entonces es necesario que su mente sea renovada.

Esa mente no renovada impide que muchos hombres y mujeres, que podrían ser ampliamente usados ​​por el Señor, en un estado de desuso.

Sus mentes pueden ser renovadas por actuar en la Palabra, y por un íntimo conocimiento del Amo a través de la Palabra.

Cuando la palabra es ignorada, la razón reina.

Otra razón por la que los hombres fallan en usar su justicia es porque sus sentidos dominan sus espíritus. El miedo y la incredulidad reinan sobre ellos. Ellos tienen miedo de tomar sus lugares.

Ellos ven la necesidad. Ellos saben que serían capaces de liberar a aquella persona que está atrapada en la esclavitud por el adversario, pero esa mente no renovada, esa falta de iniciativa espiritual, los deja dormidos.

Esto sucede por tener poca comunión con el Padre.


No tienen apetito real por la Palabra. Ellos disfrutan más el leer acerca de la Biblia que alimentarse de ella.


Tomado del libro "Dos Clases de Justicia" de E. W. Kenyon, puedes leer los capítulos anteriores siguiendo estos enlaces:


Dos Clases de Justicia (E. W. Kenyon) - Parte 1
Dos Clases de Justicia (E. W. Kenyon) - Parte 2
Dos Clases de Justicia (E. W. Kenyon) - Parte 3
Dos Clases de Justicia (E. W. Kenyon) - Parte 4
Dos Clases de Justicia (E. W. Kenyon) - Parte 5
Dos Clases de Justicia (E. W. Kenyon) - Parte 6
Dos Clases de Justicia (E. W. Kenyon) - Parte 7
Dos Clases de Justicia (E. W. Kenyon) - Parte 8
Dos Clases de Justicia (E. W. Kenyon) - Parte 9
Dos Clases de Justicia (E. W. Kenyon) - Parte 10
Dos Clases de Justicia (E. W. Kenyon) - Parte 11
Dos Clases de Justicia (E. W. Kenyon) - Parte 12
Dos Clases de Justicia (E. W. Kenyon) - Parte 13
Dos Clases de Justicia (E. W. Kenyon) - Parte 14
Dos Clases de Justicia (E. W. Kenyon) - Parte 15
Dos Clases de Justicia (E. W. Kenyon) - Parte 16
Dos Clases de Justicia (E. W. Kenyon) - Parte 17

jueves, 3 de agosto de 2017

Dos Clases de Justicia (E. W. Kenyon) - Parte 17

En esta lección Kenyon nos muestra que si personas que vivieron bajo el Antiguo Pacto que tenía una justicia limitada hicieron grandes logros y prodigios, cuanto más nosotros que vivimos bajo un mejor pacto de justicia ilimitada


LA JUSTICIA EN LOS PACTOS

Me emocioné cuando percibí qué grandes logros fueron hechos por hombres que tenían sólo una justicia limitada bajo el primer pacto.

Pensé en Abraham. Tan pronto como fue circuncidado e hizo el pacto, Dios le dio una justicia limitada.

Piense en su desafío de permanecer en la presencia de Dios y litigar por Sodoma y Gomorra con esa gran falta de miedo que no es igual en los días modernos con hombres que no conocen su justicia ilimitadas y sus derechos en Cristo.

Pensé en los poderosos actos de Moisés, que sólo tenía el lugar de siervo delante de Jehová, con todo él se atrevió a obedecer a Dios y realizó esas maravillosas victorias por esa nación esclava, Israel.

Pensé en Josué que se atrevió a obedecer a Jehová, y guió a esa nación a las orillas del Jordán cuando oye una inundación. Él se atrevió a decir a los sacerdotes: "Tomen el arca y bajen y hundan vuestros pies en el agua, y cuando lo hagan un camino será abierto para para que pasen con los calzados secos." Y con todo, este hombre Josué sólo tenía una justicia limitada; la justicia de un siervo.

Nosotros lo vemos parado ante los ejércitos y clamar al sol: "Detente ahí hasta que la nación se vengue de sus enemigos."

Aquel hombre dominó el universo, y con todo sólo tenía una justicia limitada.

Vemos Elías en la batalla de los dioses en el monte Carmelo clamando fuego del cielo, trayendo lluvia a una tierra arrasada por la sequía.

Él era un absoluto dominador de las leyes de la naturaleza. Y con todo, él era sólo un siervo con una posición de siervo y la justicia limitada de un siervo.

El espacio no nos permite hablar sobre Daniel y los tres jóvenes hebreos, o de los poderosos hombres de David en la guerra.

Sólo tenía justicia limitada, y aún así que prodigios hicieron.

Sus justicias fueron atribuidas a ellos bajo el fundamento del valor que Dios puso en la sangre de toros y carneros, bajo la santidad de su pacto con Abraham.

Ellos no eran hombres y mujeres recreados como nosotros. Sólo eran siervos bajo una ley que debían ser dejada de lado por otra que tomaría su lugar, que se basaría en un mejor sacrificio y una mejor sangre.

Nuestros corazones se emocionan cuando leemos de su obediencia al mandato de un ángel.

Ellos no andaban por fe como nosotros andamos. Ellos andaban por vista. Ellos vieron el ángel. Ellos oyeron su voz. Ellos vivieron en el reino de los sentidos.

jueves, 20 de julio de 2017

Dos Clases de Justicia (E. W. Kenyon) - Parte 15

En este capítulo Kenyon nos muestra como es que debido a que tenemos la justicia de Dios en nosotros podemos caminar como Jesús anduvo, en amor.


LA IGLESIA; SU CUERPO POSEYENDO LA JUSTICIA

Efesios 1:4 dice: "Así como nos escogió en él ante la fundación del mundo, para que pudiéramos ser santos y sin fallas ante Él, en amor, nos predestinó para tener la posición de hijos" (traducción literal).

Esta es la declaración de Dios que, en esta vida presente, Él planeó que seamos santos y sin fallas ante Él. Esto no es después de morir, sino hoy.

Esta santidad y belleza de la vida es de gracia, no es de nosotros mismos. Lo único que hacemos es recibirla, aceptarla con alegría.

Efesios 5:25 hablando de Cristo y de la Iglesia y usando el matrimonio como una ilustración dice: "Maridos, amad a vuestras mujeres, así como Cristo amó a la iglesia, y se entregó a sí mismo por ella, para santificarla, habiéndola purificado en el lavamiento del agua por la palabra, a fin de presentársela a sí mismo, una iglesia gloriosa, que no tuviese mancha ni arruga ni cosa semejante, sino que fuese santa y sin mancha.”

Él no habla de que la Iglesia será vencedora después de ir al cielo, sino que es vencedora ahora. No será santificada después de ir al cielo, sino ahora.

La Palabra es lo que trae conocimiento. La ignorancia de la Iglesia sobre la Biblia es asombrosa. Es por la predicación textual. La exposición de la Palabra hace hombres espirituales. Ella los hace tan hambrientos de la Palabra que estudian la Palabra por su cuenta.

Esta Iglesia "sin mancha o arruga" es la Iglesia que fue purificada por la Palabra de Dios. No es purificada sólo por la oración sino por la Palabra. Es el Espíritu que usa la Palabra para construir la vida de Cristo en nosotros.

Colosenses 1:21-22, nos da otra figura de la Iglesia.

"Y a vosotros también, que erais en otro tiempo extraños y enemigos en vuestra mente, haciendo malas obras, ahora os ha reconciliado en su cuerpo de carne, por medio de la muerte, para presentaros santos y sin mancha e irreprensibles delante de él."

Esta es una hermosa figura del cuerpo recreado; reconciliado, santo, sin falla, sin reprobación, permaneciendo ante el Padre, no sólo vestido de la Justicia de Cristo, sino siendo realmente participantes de Su Justicia. Esta es una foto de nuestra presente caminata en Cristo.

Efesios 4:23-24 dice: "Y renovaos en el espíritu de vuestra mente, y vestíos del nuevo hombre, creado según Dios en la justicia y santidad de la verdad.”

La justicia es naturaleza del Dios Padre. Somos participantes de esa justicia; la naturaleza de Dios.

Debemos debemos conducirnos como el nuevo hombre en nuestra vida diaria. No hablar más como el viejo hombre. El viejo hombre vivió en el fracaso, el egoísmo, la codicia, el miedo. El nuevo hombre vive en la plenitud del amor. Él es como Cristo, dominado por el cielo y el dulce Espíritu celeste.

La vieja creación y la nueva están tan separadas como Dios y Satanás.

Hebreos 13:20-21 dice: "Y el Dios de paz que resucitó de los muertos a nuestro Señor Jesucristo, el gran pastor de las ovejas, por la sangre del pacto eterno, os haga aptos en toda obra buena para que hagáis su voluntad, haciendo él en vosotros lo que es agradable delante de él por Jesucristo; al cual sea la gloria por los siglos de los siglos. Amén.”

El propósito del Cristo resucitado es "hacernos perfectos en toda buena obra para hacer Su voluntad."

Su trabajo es operar en nosotros Su agradable voluntad, haciéndonos bellos en la visión del Padre.

Filipenses 1:6 nos da un paso más adelante.

"Estando persuadido de esto, que el que comenzó en vosotros la buena obra, la perfeccionará hasta el día de Jesucristo".

Él comenzó su obra. Él comenzó en el nuevo nacimiento. Ahora Él está tomando las cosas de Jesús y edificándolas en nosotros.

La gran vida de Cristo se construye en nosotros. Esto es hecho por nuestra vivencia en la Palabra y la Palabra dominando diariamente nuestro caminar.

La naturaleza del amor debe ganar prominencia en nosotros hasta que nuestras palabras empapadas en amor, hasta que todo nuestro espíritu esté en una solución como si fuera la naturaleza del amor del Padre.

Filipenses 2:13 se convierte en una realidad gloriosa.

"Porque Dios es el que en vosotros produce así el querer como el hacer, por su buena voluntad".

Es Dios mismo reproduciéndose en nosotros. Debemos vivir caminar y hablar de amor.

1 Pedro 5:10 tiene otro dulce mensaje para nuestro corazón.

"Mas el Dios de toda gracia, que nos llamó a su gloria eterna en Jesucristo, después que hayáis padecido un poco de tiempo, él mismo os perfeccione, afirme, fortalezca y establezca".

Tú puedes estar en lugares difíciles. Puedes estar sufriendo. Puede que no haya mucha felicidad para ti en esta vida, pero puede haber alegría.

La felicidad viene de nuestro alrededor, el gozo viene de nuestro corazón recreado.

Lo tenemos en nuestros corazones. Él nos fortalecerá, nos estabilizará hasta que nuestras vidas se conviertan en la vida de Jesús.

Efesios 5:1-2 dice: "Sed, pues, imitadores de Dios como hijos amados (O HIJOS DEL AMOR)”.

¿Qué haríamos si imitáramos a Dios?

Nos amaríamos.

"Y andad en amor, como también Cristo nos amó, y se entregó a sí mismo por nosotros."

Debemos entregarnos como un olor, una dulce fragancia de regalo de amor al mundo. Ellos pueden criticar y odiarnos, pero nosotros los amamos.

Andamos en amor hacia Él. Hasta que nos amemos como Él nos ama, no lo representamos.

Él nunca respondió. Él nunca dijo cosas que no fueran buenas. Él nunca criticó. Él nunca hizo chismes. Él habló palabras amorosas. Él ayudó a hombres y mujeres. Él dijo cosas bonitas.

Este caminar en amor es la cosa más bonita del mundo. Dios es Amor. Somos nacidos del amor. El amor es la regla y la ley de nuestras vidas. El amor es la fuerza de nuestra vida. El amor es la cosa más bella de nuestra vida.

Andamos como Él anduvo. Esta es la justicia de Dios en nosotros. Es una realidad de nuestra vida en Cristo.

En 1 Juan 4:17 dice: "En esto se ha perfeccionado el amor en nosotros, para que tengamos confianza en el día del juicio; pues como él es, así somos nosotros en este mundo.”

En 1 Juan 4:18 dice: "En el amor no hay temor, sino que el perfecto amor echa fuera el temor."

No hay temor en el amor, vivimos en el amor. Hemos llegado a creer en el amor. Sabemos que Él es amor. Sabemos que estamos permaneciendo en el amor. Sabemos que el amor permanece en nosotros. Este es el secreto de la fe.

Esta Revelación a Pablo y Juan es una serie de imágenes de nosotros que nuestro Padre ha puesto en su álbum.


Nos encontramos completos en él.

En Colosenses 2:9-10 dice: "Porque en él habita corporalmente toda la plenitud de la Deidad, y vosotros estáis completos en él, que es la cabeza de todo principado y potestad."

Así es como nos presentamos a nuestro Padre. Así es como el amor nos ve, tal como lo vio. Nos ve como Nuevas Creaciones de Amor, gobernadas por el amor, viviendo en el amor, y dejando que el amor viva en nosotros. 

Todo esto es posible. Todo esto es nuestro.


Traducido del libro "Dos Clases de Justicia" de E. W. Kenyon
Puedes leer los capítulos anteriores siguiendo estos enlaces:

Dos Clases de Justicia (E. W. Kenyon) - Parte 1
Dos Clases de Justicia (E. W. Kenyon) - Parte 2
Dos Clases de Justicia (E. W. Kenyon) - Parte 3
Dos Clases de Justicia (E. W. Kenyon) - Parte 4
Dos Clases de Justicia (E. W. Kenyon) - Parte 5
Dos Clases de Justicia (E. W. Kenyon) - Parte 6
Dos Clases de Justicia (E. W. Kenyon) - Parte 7
Dos Clases de Justicia (E. W. Kenyon) - Parte 8
Dos Clases de Justicia (E. W. Kenyon) - Parte 9
Dos Clases de Justicia (E. W. Kenyon) - Parte 10
Dos Clases de Justicia (E. W. Kenyon) - Parte 11
Dos Clases de Justicia (E. W. Kenyon) - Parte 12
Dos Clases de Justicia (E. W. Kenyon) - Parte 13
Dos Clases de Justicia (E. W. Kenyon) - Parte 14

viernes, 7 de julio de 2017

Dos Clases de Justicia (E. W. Kenyon) - Parte 13

En este capítulo Kenyon empieza a enseñarnos acerca de la comunión que tenemos por causa de la justicia












Capítulo 11
LA COMUNIÓN A TRAVÉS DE LA JUSTICIA
1 Corintios 1.9 dice: "Fiel es Dios, por el cual fuisteis llamados a la comunión con su Hijo Jesucristo nuestro Señor".
¿Crees que el Padre nos llamaría para tener comunión con su Hijo si no fuésemos justos?
¿Crees que Juan escribiría 1 Juan 1.1-4 bajo la dirección del Espíritu Santo si no fuésemos justos?
"Lo que era desde el principio (que significa la Encarnación), lo que hemos oído, lo que hemos visto con nuestros ojos, lo que hemos contemplado, y palparon nuestras manos tocante al Verbo de vida (porque la vida fue manifestada, y la hemos visto, y testificamos, y os anunciamos la vida eterna, la cual estaba con el Padre, y se nos manifestó)”.
Esta vida eterna era Jesús. Ahora podemos entender lo que significa.
"El que tiene al Hijo tiene la vida".
Jesús es la vida eterna que se ha manifestado.
Observa los dos próximos versículos, "lo que hemos visto y oído, eso os anunciamos".
¿Por qué?
"Para que también vosotros tengáis comunión con nosotros; y nuestra comunión verdaderamente es con el Padre, y con su Hijo Jesucristo".
No somos llamados solamente a la comunión con el Hijo, sino que también estamos llamados a la comunión con el Padre.
La palabra "comunión" se traduce del griego que se traduce en algunos lugares como "compañerismo".
La comunión y el compañerismo son idénticos. Ellos significan una armonía maravillosa. Ellos quieren decir que nuestros espíritus y el Espíritu Santo a través de la Palabra, están en perfecto acuerdo.
Ahora estamos asumiendo la posición de hijos. Estamos llevando la carga del Maestro en su lugar. Estamos teniendo comunión con Él. Estamos tomando Sus cargas.
Nuestra comunión es múltiple. Tenemos comunión con el Padre. Tenemos comunión con el Hijo. Tenemos comunión con el Espíritu Santo. Tenemos comunión con la Palabra. Y también tenemos comunión unos con otros.
La más vital, y que significa más para nosotros, es la comunión con la Palabra.
Tenemos esta revelación del corazón del Padre para alimentarnos.
En Mateo 4.4 dice: "No sólo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios".
Diariamente nos alimentamos y meditamos en la Palabra hasta que los hombres y mujeres sienten la presencia y el poder de lo invisible en nuestras vidas.
Encaramos los problemas de la vida sin miedo.
Apocalipsis 12.11 dice: "Y ellos le han vencido por medio de la sangre del Cordero y de la palabra del testimonio de ellos".
La palabra aquí es "LOGOS". Es Jesús.
Ellos lo vencieron por la palabra que estaba en sus labios.

LA COMUNIÓN ROTA
Él nos dice en 1 Juan 1.6: "Si decimos que tenemos comunión con él, y andamos en tinieblas, mentimos, y no practicamos la verdad; pero si andamos en luz, como él está en luz, tenemos comunión unos con otros, y la sangre de Jesucristo su Hijo nos limpia de todo pecado".
Lo que hace de la Iglesia el lugar más hermoso del mundo no es el edificio (la construcción). Es el pueblo que está en comunión unos con otros y con el Señor Jesús.
En el momento en que pecamos contra nuestro hermano, deshacemos la comunión con Él. Cuando deshacemos la comunión con Él, entramos en las tinieblas y no hay salida de tales tinieblas hasta que confesamos nuestros pecados.

1 Juan 1.9 dice: "Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad".

Cuando confesamos nuestros pecados al Padre, Él es fiel y justo para perdonarnos.

Si un hombre dijese: "No tengo comunión con el padre; de alguna manera la he perdido, y, sin embargo, no cometí pecado", el hombre o es ignorante o está mintiendo porque el Padre no retira Su comunión a menos que tenga pecado.

"Si decimos que no tenemos pecado, nos engañamos a nosotros mismos, y la verdad no está con nosotros.”

Esto es una referencia a la comunión rota. Ningún hombre necesita quedarse con la comunión rota. Actuar sobre Juan 1.9 le restaura la justicia. 

Ninguna religión humana, ninguna filosofía, ninguna obra que el hombre natural pueda hacer, le dará comunión con el Padre o la justicia que hace posible que permanecer delante del Padre sin conciencia de pecado. 

En otras palabras, ningún hombre puede tener comunión con el Padre y estar libre de la conciencia de pecado hasta que sea una nueva creación, hasta que se convierta en la justicia de Dios en Cristo. 

Pero en el instante en que el hombre nace de nuevo, se convierte en la justicia de Dios en Cristo, y entonces él tiene comunión con el Padre. 

Él puede permanecer en la presencia del Padre, como si nunca hubiera pecado.


Traducido del libro "Dos Clases de Justicia" de E. W. Kenyon

Puedes leer los capítulos anteriores siguiendo estos enlaces:


Dos Clases de Justicia (E. W. Kenyon) - Parte 1
Dos Clases de Justicia (E. W. Kenyon) - Parte 2
Dos Clases de Justicia (E. W. Kenyon) - Parte 3
Dos Clases de Justicia (E. W. Kenyon) - Parte 4
Dos Clases de Justicia (E. W. Kenyon) - Parte 5
Dos Clases de Justicia (E. W. Kenyon) - Parte 6
Dos Clases de Justicia (E. W. Kenyon) - Parte 7
Dos Clases de Justicia (E. W. Kenyon) - Parte 8
Dos Clases de Justicia (E. W. Kenyon) - Parte 9
Dos Clases de Justicia (E. W. Kenyon) - Parte 10
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