viernes, 9 de junio de 2023

¿Qué sucede si es que un creyente ha pecado?


¿Qué pasa cuando un creyente comete pecado?

Aquí te explico:

En Primera de Juan 2:1-2 nos dice algo asombroso: “Hijitos míos, estas cosas os escribo para que no pequéis; y si alguno hubiere pecado, abogado tenemos para con el Padre, a Jesucristo el justo. Y él es la propiciación por nuestros pecados; y no solamente por los nuestros, sino también por los de todo el mundo”.

Cuando Juan dice “Hijitos míos”; él se está dirigiendo a los creyentes.

Luego les dice: “Estas cosas os escribo para que no pequéis”.

Juan acaba de describir los errores de los gnósticos, los cuales decían que no había pecado y por lo tal vivían una vida licenciosa.

Ellos creían que el espíritu era bueno y la carne (el cuerpo) era malo, de modo que ellos vivían como querían ya que su cuerpo no importaba, lo único valioso para ellos era el conocimiento oculto que adquirían para de ese modo alcanzar la salvación.

Esto que Juan les había escrito en la primera parte tenía el propósito de que a ellos no se le pegara el estilo de vida de los gnósticos y empezaran a vivir una vida pecaminosa.

Sabemos que, aunque Dios no castiga el pecado del creyente, el pecado lleva en si su propio castigo, es decir, siempre trae consecuencias en nuestras vidas.

Pablo hablando del pecado dice en Romanos 6 1 2: “¿Qué, pues, diremos? ¿Perseveraremos en el pecado para que la gracia abunde? En ninguna manera. Porque los que hemos muerto al pecado, ¿cómo viviremos aún en él?”

La gracia de Dios es siempre abundante para nosotros, pero no debemos aprovechar esta bendición para vivir una vida de pecado.

Luego les dice: “y si alguno hubiere pecado, abogado tenemos para con el Padre, a Jesucristo el justo”.

Tenemos una provisión para el pecado, nuestro abogado Jesucristo, quien derramó su sangre en la cruz por nosotros.

En Hebreos 9:11-12 dice: “Pero estando ya presente Cristo, sumo sacerdote de los bienes venideros, por el más amplio y más perfecto tabernáculo, no hecho de manos, es decir, no de esta creación, y no por sangre de machos cabríos ni de becerros, sino por su propia sangre, entró una vez para siempre en el Lugar Santísimo, habiendo obtenido eterna redención”.

Jesús ya obtuvo eterna redención para nosotros al derramar su sangre en esa cruz; así que cada vez que pecamos el presenta su sangre a Dios que nos declara inocentes.

No hay más sacrificios, no hay más pagos, hemos recibido eterna redención. No como en el Antiguo Pacto en el que la ley prescribía sacrificios continuos por el perdón de pecados. La sangre de Jesucristo perdonó nuestros pecados presentes, pasados y futuros.

Esto lo vemos en Hebreos 10:11-14, donde está escrito: “Y ciertamente todo sacerdote está día tras día ministrando y ofreciendo muchas veces los mismos sacrificios, que nunca pueden quitar los pecados; pero Cristo, habiendo ofrecido una vez para siempre un solo sacrificio por los pecados, se ha sentado a la diestra de Dios, de ahí en adelante esperando hasta que sus enemigos sean puestos por estrado de sus pies; porque con una sola ofrenda hizo perfectos para siempre a los santificados”.

Y él es la propiciación por nuestros pecados; y no solamente por los nuestros, sino también por los de todo el mundo.

La palabra propiciación significa la ofrenda hecha a un dios para aplacar su ira.

Por ejemplo, en las culturas antiguas echaban vivas a personas como ofrendas a los volcanes por erupcionar para aplacar la ira de su dios y evitar que erupcione.

Jesús fue nuestra propiciación, fue el cordero de Dios muerto en esa cruz por el pecado del hombre para aplacar la justicia divina y tener a Dios propicio.

En Romanos 3:24-26 vemos: “Siendo justificados gratuitamente por su gracia, mediante la redención que es en Cristo Jesús, a quien Dios puso como propiciación por medio de la fe en su sangre, para manifestar su justicia, a causa de haber pasado por alto, en su paciencia, los pecados pasados, con la mira de manifestar en este tiempo su justicia, a fin de que él sea el justo, y el que justifica al que es de la fe de Jesús”.

A fin de justificarnos Dios paso por alto nuestros pecados pasados y puso a Jesús como nuestra propiciación.

En Colosenses 2:13-14 leemos: “Y a vosotros, estando muertos en pecados y en la incircuncisión de vuestra carne, os dio vida juntamente con él, perdonándoos todos los pecados, anulando el acta de los decretos que había contra nosotros, que nos era contraria, quitándola de en medio y clavándola en la cruz.

Por medio de la ofrenda de Jesucristo, Dios perdonó todos nuestros pecados, sean presentes, como pasados, como futuros.

No solo los pasados, porque es evidente que cuando Jesús pagó el precio de nuestro pecado en la cruz ninguno de nosotros había nacido, sino que nuestros pecados estaban en el futuro.

Por eso Juan les dice a los creyentes que consideren el andar de estos creyentes gnósticos para no tener un estilo de vida pecaminoso como ello; pero si alguno fue engañado y comenzó a pecar como ellos, el perdón está disponible ya que el precio fue pagado por Jesús en la cruz, y todos sus pecados, no solo los pasados, sino también los presentes y los futuros, ya fueron cancelados en la cruz.

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@elciberpastor ¿Qué hacer si eres un creyente y has pecado? Como creyentes no debemos pecar, pero si pecamos tenemos una salida. #pecado #creyente #cristiano #jesucristo #justo #abogado #gracia #juan #elciberpastor ♬ sonido original - El Ciberpastor

miércoles, 7 de junio de 2023

Conociendo la Gracia de Dios


¿Conoces lo que es la gracia de Dios?
Aquí te lo explico.
El otro día alguien me preguntó lo que mucho quieren saber, ¿Qué cosa es la gracia?
En este video voy a darte algunas definiciones para que puedas entenderla:
En primer lugar, la gracia es un Favor Inmerecido.
Esto nos habla de un favor que no hemos ganado.
Este es el problema de las religiones, que tratan de ganarse el favor de Dios por medio de sus obras.
Por eso hay muchas sectas cristianas que dicen que debemos cumplir la ley y los 10 mandamientos para poder ser salvos.
Buscan añadirle algo a la salvación.
Pero en Efesios 2 8 9 dice: “Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios; no por obras, para que nadie se gloríe”.
La gracia no se recibe por obras, nada que hagamos puede alcanzar el favor de Dios, solo fe en la obra terminada de Jesús en la cruz.
La gracia nos dice que, aunque no lo merecemos, el favor de Dios es nuestro.
En segundo lugar, la gracia de Dios son las riquezas de Dios a nuestro favor a la cuenta de Cristo
Debemos contrastar la misericordia de la gracia.
La misericordia es no recibir lo que merecemos; la gracia es recibir lo que no merecemos.
La medida de la gracia es la diferencia entre lo que merecemos, que es el infierno, y lo que obtenemos,  que es  el cielo.
La gracia es Dios haciendo por nosotros lo que nunca podríamos hacer por nosotros mismos.
La gracia es la suma total de todo lo que Dios hizo por nosotros en Cristo y que es administrado para nosotros por Su Espíritu.
La gracia es el poder de Dios actuando a favor nuestro basado en Su carácter.

En tercer lugar, la gracia es el amor de Dios sin límites hacia nosotros
El amor de Dios no tiene límites ni condiciones y a través de Su gracia fluye libremente hacia nosotros sin que tengamos que hacer algo a cambio.
En Primera de Juan 4:19 dice: “Nosotros le amamos a él, porque él nos amó primero.”
Su amor no depende de lo que hayamos hecho, ni siquiera que lo hayamos amado primero, ya que el dio la iniciativa, Él dio el primer paso para acercarse a nosotros.
En Juan 3:16 lo vemos clarísimo cuando dice: “Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna“. ¿Qué padre dio jamás una prueba de tan grande exceso de amor a un hijo suyo, como las que dio Dios a los hombres al entregar a Jesús por nosotros?
Es por medio de la gracia que Dios puede derramar ese amor sin límites por nosotros. Como dice en Romanos 8del 32 al 39: El que no escatimó ni a su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros, ¿cómo no nos dará también con él todas las cosas? ¿Quién acusará a los escogidos de Dios? Dios es el que justifica. ¿Quién es el que condenará?  Cristo es el que murió; más aun, el que también resucitó, el que además está a la diestra de Dios,  el que también intercede por nosotros. ¿Quién nos separará del amor de Cristo? ¿Tribulación,  o angustia,  o persecución,  o hambre, o desnudez,  o peligro,  o espada? Como está escrito: Por causa de ti somos muertos todo el tiempo; somos contados como ovejas de matadero. Antes, en todas estas cosas somos más que vencedores por medio de aquel que nos amó. Por lo cual estoy seguro de que ni la muerte, ni la vida, ni ángeles, ni principados, ni potestades, ni lo presente, ni lo por venir, ni lo alto, ni lo profundo, ni ninguna otra cosa creada nos podrá separar del amor de Dios, que es en Cristo Jesús Señor nuestro.
En ese gran amor nos proveyó todas las cosas para nosotros de manera incondicional sin que tengamos que ganarlo porque Cristo ya las ganó por nosotros.
Podemos estar seguros y confiados de que el amor de Dios está siempre disponible para nosotros sin importar lo que hagamos o que dejemos de hacer ya que nada nos podrá separar de ese gran amor de Dios.
Bueno, ahora que ya conoces lo que es la gracia, ahora te toca disfrutarla.
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lunes, 5 de junio de 2023

Cristianos Bipolares

 

¿Sabías que muchos cristianos que son bipolares?

 Aquí te los explico.

En Gálatas 3 del 1 al 5 leemos: “¡Oh gálatas insensatos! ¿quién os fascinó para no obedecer a la verdad, a vosotros ante cuyos ojos Jesucristo fue ya presentado claramente entre vosotros como crucificado? Esto solo quiero saber de vosotros: ¿Recibisteis el Espíritu por las obras de la ley, o por el oír con fe? ¿Tan necios sois? ¿Habiendo comenzado por el Espíritu, ahora vais a acabar por la carne? ¿Tantas cosas habéis padecido en vano? si es que realmente fue en vano. Aquel, pues, que os suministra el Espíritu, y hace maravillas entre vosotros, ¿lo hace por las obras de la ley, o por el oír con fe?”

 Una de las cosas más interesante en este tiempo es encontrarme con los "cristianos bipolares"; por un lado, creen que la salvación viene de Jesucristo, pero por el otro lado piensan que deben guardar la ley para mantenerse salvos.

Es decir, su mente tiene dos polos, un polo es la fe en la obra de Cristo en la cruz y la otra se encuentra la ley de Moisés.

Pablo se encontró con este mismo problema en las iglesias de Galacia; él les había predicado claramente la obra de Cristo en la cruz, pero ellos se habían ido tras la enseñanza de los judaizantes quienes enseñaban que para ser salvos debían circuncidarse y guardar toda la ley de Moisés.

En mis videos de Tik Tok me encuentro con muchísimas de estas personas; creen que Cristo les salvó, pero piensan que no es suficiente, que es necesario guardar la ley para justificarse.

El día de hoy el énfasis no es tanto en la circuncisión sino en el decálogo o los diez mandamientos.

Pregunté en un grupo de Facebook: “¿En qué lugar de la Biblia dice que los gentiles deben guardar los 10 mandamientos?” Y ninguno pudo responder, escribieron muchas cosas o versículos fuera de contexto, pero ninguno pudo responder. ¿Por qué? Porque en la Biblia no existe tal cosa como que los gentiles deben de guardar los 10 mandamientos.

¿Para quién fueron dados los 10 mandamientos?

Para responder esta pregunta debemos ir a Deuteronomio 5 donde dice: “Llamó Moisés a todo Israel y les dijo: Oye, Israel, los estatutos y decretos que yo pronuncio hoy en vuestros oídos; aprendedlos, y guardadlos, para ponerlos por obra. Jehová nuestro Dios hizo pacto con nosotros en Horeb. No con nuestros padres hizo Jehová este pacto, sino con nosotros todos los que estamos aquí hoy vivos”.

Moisés está en la última etapa de su vida, recordando lo que pasó hace 40 años cuando Israel salió de Egipto.

Les dice que Dios hizo un pacto con exclusivamente con ellos en Horeb. Un pacto que ni siquiera había hecho con sus padres (Abraham, Isaac y Jacob); sino como dice Moisés y "Con todos los que estamos vivos hoy."

Les está diciendo que este pacto era algo nuevo, algo que no existió antes, y les empieza a enunciar el pacto.

Entre los versos 4 y 21 vemos que ese pacto es lo que llamamos el decálogo o los diez mandamientos.

Veamos el verso 22: "Estas palabras habló Jehová a toda vuestra congregación en el monte, de en medio del fuego, de la nube y de la oscuridad, a gran voz; y no añadió más. Y las escribió en dos tablas de piedra, las cuales me dio a mí."

Estas leyes, que fueron escritas por el dedo de Dios en dos tablas de piedra fueron exclusivas para el pueblo de Israel.

Veamos lo que dice Pablo en Romanos 5 del 12 al 14: “Por tanto, como el pecado entró en el mundo por un hombre, y por el pecado la muerte, así la muerte pasó a todos los hombres, por cuanto todos pecaron. Pues antes de la ley, había pecado en el mundo; pero donde no hay ley, no se inculpa de pecado. No obstante, reinó la muerte desde Adán hasta Moisés, aun en los que no pecaron a la manera de la transgresión de Adán, el cual es figura del que había de venir”.

Entonces vemos que hasta Moisés no hubo ley; la ley empezó con él, así que la ley tuvo un inicio; aunque también tuvo un fin.

En Romanos 10 del 1 al 4 vemos: Hermanos, ciertamente el anhelo de mi corazón, y mi oración a Dios por Israel, es para salvación. Porque yo les doy testimonio de que tienen celo de Dios, pero no conforme a ciencia. Porque ignorando la justicia de Dios, y procurando establecer la suya propia, no se han sujetado a la justicia de Dios; porque el fin de la ley es Cristo, para justicia a todo aquel que cree.

Pablo está diciendo aquí que el pueblo de Israel, aunque tenían celo de Dios no lo hacían correctamente, porque no tomaban en cuenta la justicia de Dios, sino que procuraban establecer la suya propia mediante el cumplimiento de la ley, sin darse que el fin de la ley es Cristo.

Eso es lo que hacen muchos que se dicen cristianos hoy y que quieren justificarse ante Dios mediante el cumplimiento de la ley, están estableciendo su propia justicia por no entender que la ley llegó a su fin con Cristo.

En Gálatas 3 del 19 al 26 leemos: “Entonces, ¿para qué sirve la ley? Fue añadida a causa de las transgresiones, hasta que viniese la simiente a quien fue hecha la promesa; y fue ordenada por medio de ángeles en mano de un mediador. Y el mediador no lo es de uno solo; pero Dios es uno. ¿Luego la ley es contraria a las promesas de Dios? En ninguna manera; porque si la ley dada pudiera vivificar, la justicia fuera verdaderamente por la ley. Mas la Escritura lo encerró todo bajo pecado, para que la promesa que es por la fe en Jesucristo fuese dada a los creyentes. Pero antes que viniese la fe, estábamos confinados bajo la ley, encerrados para aquella fe que iba a ser revelada. De manera que la ley ha sido nuestro ayo, para llevarnos a Cristo, a fin de que fuésemos justificados por la fe. Pero venida la fe, ya no estamos bajo ayo, pues todos sois hijos de Dios por la fe en Cristo Jesús.

Vemos que la ley tuvo un propósito, fue añadida a causa de las transgresiones; pero también tuvo una terminación, hasta que viniese la simiente a quien fue hecha la promesa.

La ley no está en contra de las promesas de Dios, pero la ley no puede dar vida, la ley lo encerró todo bajo pecado para que recibamos la promesa por la fe en Jesucristo.

Antes que llegase la fe estábamos confinados bajo la ley, es decir la ley fue como un ayo, un tutor, que nos llevó a Cristo.

Pero ahora que llego la fe (en Cristo) ya no tenemos la necesidad de un ayo, es decir, ya no tenemos necesidad de la ley.

Pero estos creyentes bipolares no entienden esto; la sangre de Cristo no fue suficiente, para ellos la cruz no fue suficiente, necesitan de la ley como un valor agregado.

El problema es que al hacer esto se ponen ellos mismo bajo maldición pues nadie es capaz de cumplir con la ley.

En Gálatas 3 del 10 al 12 lo vemos: “Porque todos los que dependen de las obras de la ley están bajo maldición, pues escrito está: Maldito todo aquel que no permaneciere en todas las cosas escritas en el libro de la ley, para hacerlas. Y que por la ley ninguno se justifica para con Dios, es evidente, porque: El justo por la fe vivirá; y la ley no es de fe, sino que dice: El que hiciere estas cosas vivirá por ellas".

Ellos mismo entran en la maldición de la ley porque esta exige que uno haga todo lo que está escrito en ella, sin fallar. y nadie puede. Sin darse cuenta de lo sencillo que es la solución.

Y esta solución la encontramos en Gálatas 3:13 14 dónde dice: “Cristo nos redimió de la maldición de la ley, hecho por nosotros maldición (porque está escrito: Maldito todo el que es colgado en un madero. para que en Cristo Jesús la bendición de Abraham alcanzase a los gentiles, a fin de que por la fe recibiésemos la promesa del Espíritu”.

La solución es Cristo, Él ya nos redimió de la maldición de la ley, ya no tenemos que estar luchando para cumplir la ley para estar bien con Dios.

Esa maldición de la que nunca podíamos salir por nuestra imperfección en cumplir cabalmente toda la ley ha sido rota por la cruz de Cristo.

Deja ya esa bipolaridad y centra tu mente y todo tu ser en una sola persona Jesucristo.

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@elciberpastor Cristianos Bipolares La locura de mezclar la gracia con la ley #cristianosbipolares #cristiano #bipolar #mezclas #gracia #ley #fe #jesus #elciberpastor ♬ sonido original - El Ciberpastor

sábado, 27 de mayo de 2023

Una Nueva Forma de Ver las Cosas


¿Sabías que Dios nos muestra con Abraham una nueva forma de ver las cosas?

Aquí te explico:

En Romanos 4 del 1 al 5 podemos ver algo asombroso.

Veamos este pasaje en la Biblia Expandida: “¿Y desde el punto de vista humano qué diremos que halló Abraham, nuestro antepasado y padre según la carne? Si él hubiera sido justificado (declarado inocente y hecho justo) por las obras tendría de qué enorgullecerse y jactarse, pero no delante de Dios. Porque, ¿qué dice la Escritura?: Abraham le creyó a Dios y esto le fue atribuido, imputado y tomado en cuenta como justicia (fue declarado inocente y hecho justo). Ahora bien, al que trabaja no se le paga el salario como un regalo, sino como una obligación que se le debe, es decir, no se le reconoce como gracia sino como deuda. En cambio, al que no hace nada, sino que cree en aquel que justifica (declara inocente y hace justo) al impío, se le tiene en cuenta la fe para su justificación (ser declarado inocente y hecho justo).

En este pasaje encontramos una gran realidad en cuanto a la gracia de Dios y es que es gratis.

Pablo pregunta: "¿Que consiguió Abraham con la carne o esfuerzos humanos?"

La Biblia El Mensaje lo pone así: "Entonces, ¿cómo encajamos lo que conocemos de Abraham, nuestro primer padre en la fe, en esta nueva forma de ver las cosas?"

El hombre está acostumbrado a conseguir las cosas por sus propios esfuerzos; inclusive la salvación la intentan obtener por un sistema de obras a través de la ley o las buenas acciones.

Pero que nos muestra Abraham con esta "nueva forma de ver las cosas."

Si él se hubiera justificado ante Dios por su propio esfuerzo, hubiera conseguido la salvación por sus propios méritos y podría jactarse de haberlo logrado por si mismo.

En Efesios 2:9 dice: "No por obras para que nadie se gloríe."

En la parábola del fariseo y el publicano que Jesús contó en Lucas 18 del 9 al 14 leemos: A unos que confiaban en sí mismos como justos, y menospreciaban a los otros, dijo también esta parábola: Dos hombres subieron al templo a orar: uno era fariseo, y el otro publicano. El fariseo, puesto en pie, oraba consigo mismo de esta manera: Dios, te doy gracias porque no soy como los otros hombres, ladrones, injustos, adúlteros, ni aun como este publicano; ayuno dos veces a la semana, doy diezmos de todo lo que gano. Mas el publicano, estando lejos, no quería ni aun alzar los ojos al cielo, sino que se golpeaba el pecho, diciendo: Dios, sé propicio a mí, pecador. Os digo que éste descendió a su casa justificado antes que el otro; porque cualquiera que se enaltece, será humillado; y el que se humilla será enaltecido.

El fariseo pensaba que el cumplimiento de la ley y sus propios esfuerzos le darían los méritos necesarios para ser justificado; pero el que fue justificado fue el publicano que no se acercó en sus propios méritos sino en la justificación que solo Dios puede dar.

No depende de nosotros sino de Dios.

Que dice la Biblia: "Abraham creyó a Dios y le fue contado por justicia."

Luego nos da una analogía del trabajo; ninguno de los que trabajamos lo hacemos gratis, esperamos recibir el sueldo pactado con el empleador.

Si la salvación fuera por nuestras obras entonces lo que recibiríamos es un pago de Dios por nuestras buenas acciones; y si pudiéramos pagar por nuestra salvación, ¿por qué murió Cristo?

Ya no sería salvación por gracia sino salvación por deuda.

El versículo 5 dice: "En cambio, al que no hace nada, sino que cree en aquel que justifica (declara inocente y hace justo) al impío, se le tiene en cuenta la fe para su justificación (ser declarado inocente y hecho justo)."

En esta nueva forma de ver las cosas que nos muestra Abraham, no tenemos que hacer nada para ser justificados; no tenemos que cumplir la ley ni seguir un sistema de obras para ser justificados ante Dios, lo único que tenemos que hacer es lo que hizo Abraham, sencillamente creerle a Dios.

Nuestras acciones no nos dan mérito ante Dios, lo que nos da mérito es la fe en la obra completa de Cristo Jesús.

Así que deja de justificarte ante Dios por medio de tus acciones, no te engañes pensando que el cumplir la ley o guardar un día de la semana va a justificarte delante de Dios; recibe tu salvación por gracia, por medio de la fe en la obra terminada de Cristo en la cruz.

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viernes, 26 de mayo de 2023

La Gracia de Dios es la Respuesta al Pecado


¿Sabías que mucha gente entiende completamente mal la relación entre la gracia y el pecado?

Aquí te explico.

Hace años un pastor amigo mío decía que no se debía predicar de la justicia de Dios (justificación) porque era darle licencia para pecar a la gente, y usaba el ejemplo de una hermana que se aprovechaba de esa verdad para vivir una vida de pecado en Estados Unidos.

Lo curioso es que después de casi 40 años se utiliza ese mismo argumento, pero ahora, para hablar del pecado y la gracia de Dios.

Dicen: "El enseñar de la gracia de Dios es darle a la gente licencia para pecar."

El mismo argumento se lo dijeron a Pablo, cuanto más a nosotros el día de hoy.

En Romanos 3:8 dijo: "¿Y por qué no decir (como se nos calumnia, y como algunos, cuya condenación es justa, afirman que nosotros decimos): Hagamos males para que vengan bienes?"

Una gran verdad, es que la enseñanza de la gracia de Dios muestra lo que hay en el corazón del hombre.

Tanta gente me responde en Tik Tok en sus comentarios: “¿Me quieres decir que la gracia me da licencia para matar, robar, cometer adulterio, mentir, y todos los pecados que quiera?”

Yo les digo: “Realmente estás mostrando lo que hay en tu corazón, parece que no eres la nueva criatura que dice Segunda de Corintios 5:17”.

La verdad es que los cristianos no necesitan una licencia para pecar, en mis casi más de 40 años de creyente he visto que los creyentes pecan sin necesidad de una licencia. Lo he visto en toda clase de iglesias y denominaciones.

Pablo nos dice respecto a la gracia y el pecado en Romanos 6:1 2: ¿Qué, pues, diremos? ¿Perseveraremos en el pecado para que la gracia abunde? En ninguna manera. Porque los que hemos muerto al pecado, ¿cómo viviremos aún en él?

La gracia de Dios siempre es abundante para nosotros, pero eso no es una excusa para pecar; no podemos echarle la culpa a la gracia ni a ninguna otra doctrina bíblica de nuestras decisiones en la vida.

La gracia hace algo diferente en cuanto al pecado, todo lo contrario a una licencia:

En Tito 2 del 11 al 14 dice: Porque la gracia de Dios se ha manifestado para salvación a todos los hombres, enseñándonos que, renunciando a la impiedad y a los deseos mundanos, vivamos en este siglo sobria, justa y piadosamente, aguardando la esperanza bienaventurada y la manifestación gloriosa de nuestro gran Dios y Salvador Jesucristo, quien se dio a sí mismo por nosotros para redimirnos de toda iniquidad y purificar para sí un pueblo propio, celoso de buenas obras.

La gracia nos enseña a renunciar al pecado y vivir de manera correcta en este mundo.

Así que no le estemos echando la culpa a la gracia del pecado porque lo que en realidad hace es darnos solución para el pecado.

Así que, no le eches la culpa a la gracia de tus acciones, toma ventaja de lo que la gracia te ofrece, la victoria sobre el pecado.

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jueves, 25 de mayo de 2023

La Confesión de Fe y la Confesión para Fe


¿Sabías que existe una confesión de fe y una confesión para fe?

Aquí te explico.

Empecemos con la confesión para fe.

En Segunda de Pedro 1 3 4 dice: “Como todas las cosas que pertenecen a la vida y a la piedad nos han sido dadas por su divino poder, mediante el conocimiento de aquel que nos llamó por su gloria y excelencia, por medio de las cuales nos ha dado preciosas y grandísimas promesas, para que por ellas llegaseis a ser participantes de la naturaleza divina, habiendo huido de la corrupción que hay en el mundo a causa de la concupiscencia.”

Debemos conocer las cosas que Dios ha provisto para nosotros, para poder desatar nuestra fe para recibirlas.

Debemos entender como recibir fe, para poder usarla.

Hemos visto, en otros videos, que en Romanos 10:17 dice: “Así que la fe es por el oír, y el oír, por la palabra de Dios.” 

La fe viene cuando uno está oyendo de manera continua la Palabra de Dios.

Una cosa que debemos entender es la Confesión de Fe y Confesión Para Fe

Vayamos a Romanos 10 del 8 al 10, donde dice: “Mas ¿qué dice? Cerca de ti está la palabra, en tu boca y en tu corazón. Esta es la palabra de fe que predicamos: que si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo.”
La confesión de fe es la que se hace cuando ya tenemos la fe para recibir; pero la confesión para fe, es la que hacemos para recibir fe, antes que la tengamos.

En Josué 1 8 Dios le dijo a Josué: “Nunca se apartará de tu boca este libro de la ley, sino que de día y de noche meditarás en él, para que guardes y hagas conforme a todo lo que en él está escrito; porque entonces harás prosperar tu camino, y todo te saldrá bien”.

La Palabra de Dios tenía que estar en su boca para hacer prosperar su camino y que todo le salga bien.

Eso es lo que debemos hacer nosotros, la Palabra de Dios continuamente en nuestra boca, eso traerá fe a nuestro corazón, y haremos con toda confianza la confesión de fe, con la plena seguridad que es nuestro lo que queremos recibir de Dios.

Les voy a contar una experiencia personal de algo que me pasó hace años y que es un ejemplo de esto:
En 1987 me fracturé la rodilla jugando fútbol. Cuando llegué a mi casa me pasé tres días confesando mi sanidad; estuve citando todos los versos de sanidad divina que conocía, desde Génesis hasta Apocalipsis. Pero la fe no llegó a mí, en ese momento.

Es más, debido al dolor, y a que la rodilla había crecido al doble de su tamaño normal, me fui al hospital.

Eso es la confesión para fe, estas hablando la Palabra antes de que llegue la fe.

El doctor me dijo que se me había derramado el líquido sinovial; y que tenía que estar dos semanas enyesado y luego un tiempo indefinido con una venda elástica, hasta que se cure la rodilla.  

Llegué a mi casa y seguí confesando la Palabra de Dios, hasta que en un momento la fe se produjo en mi corazón; y empecé a decir plenamente seguro que estaba sano por las llagas de Jesús.

Al tercer día que tenía el yeso, mientras escuchaba una enseñanza, el Espíritu Santo me dijo: “Si tú dices que estás sano que haces con un yeso.” Así que el día siguiente me quite el yeso, estaba completamente sanado, hasta hoy no he tenido problemas con la rodilla.

Ese hablar plenamente seguro es la confesión de fe. Decir claramente que ya es tuyo aquello que Dios ha prometido en Su Palabra.

Esa confianza llegará a tu vida, porque has estado depositando la Palabra de Dios en tu confesión para fe.
La fe llega a tu vida cuando tu oyes una y otra vez la Palabra de Dios, y que mejor manera que oírja una y otra vez saliendo de tu boca.

Así que te animo que estés hablando la Palabra de Dios para que la fe crezca en tu corazón y recibas lo que anhela tu corazón.

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lunes, 22 de mayo de 2023

Las Mujeres son Parte del Ministerio Quíntuple (Tres Ejemplos del Nuevo Testamento)


¿Sabías que el Nuevo Testamento presentan varias mujeres, incluso una apóstola en el ministerio?

Aquí te explico

Continuamente encuentro gente que menosprecia el ministerio de la mujer, en los foros hermanos, e inclusive hermanas discuten amargamente en contra el ministerio de la mujer.

Un argumento clásico: "En el Nuevo Testamento no se nombra a ninguna mujer como pastora." Yo les respondo siempre: "Tampoco se nombra a ningún hombre como pastor." 

En esta entrada voy a sentar las bases bíblicas para demostrar el ministerio de las mujeres.

En la Biblia encontramos que hubo muchas mujeres ministras, incluso hubo mujeres que fueron apóstoles.

Veamos el caso de tres mujeres que fueron ministras en la iglesia primitiva.

Veamos primeramente el caso de Priscila y Aquila

En Hechos 18 del 24 al 28 leemos: Llegó entonces a Éfeso un judío llamado Apolos, natural de Alejandría, varón elocuente, poderoso en las Escrituras. Este había sido instruido en el camino del Señor; y siendo de espíritu fervoroso, hablaba y enseñaba diligentemente lo concerniente al Señor, aunque solamente conocía el bautismo de Juan. Y comenzó a hablar con denuedo en la sinagoga; pero cuando le oyeron Priscila y Aquila, le tomaron aparte y le expusieron más exactamente el camino de Dios. Y queriendo él pasar a Acaya, los hermanos le animaron, y escribieron a los discípulos que le recibiesen; y llegado él allá, fue de gran provecho a los que por la gracia habían creído; porque con gran vehemencia refutaba públicamente a los judíos, demostrando por las Escrituras que Jesús era el Cristo.

La Biblia coloca a Priscila primero, dándole preeminencia en cuanto a su esposo.

Vemos como una mujer, Priscila (junto con Aquila su esposo) le enseñó a Apolos el Evangelio de manera más exacta.

 En Romanos 16 de 3 al 5 volvemos a encontrarla: Saludad a Priscila y a Aquila, mis colaboradores en Cristo Jesús, que expusieron su vida por mí; a los cuales no sólo yo doy gracias, sino también todas las iglesias de los gentiles.5 Saludad también a la iglesia de su casa. Saludad a Epeneto, amado mío, que es el primer fruto de Acaya para Cristo.   

Priscila era colaboradora de Pablo y era pastora (era pastora principal ya que la colocan antes que su marido) junto con su esposo de una iglesia.

Hablemos ahora de la Apóstola Junias

En Romanos 16:7 la encontramos: Saludad a Andrónico y a Junias, mis parientes y mis compañeros de prisiones, los cuales son muy estimados entre los apóstoles, y que también fueron antes de mí en Cristo.

Es probable que Junia sea la esposa o hermana de Andrónico, ambos judíos que conocieron a Cristo antes que Pablo y estuvieron en prisión con él. La expresión "apóstoles" en este contexto puede significar "personas estimadas de los apóstoles". Algunos textos antiguos mencionan a Julia en lugar de Junias. Andrónico y Junia son llamados apóstoles en el sentido amplio de la palabra, que se aplicaba a varios personajes de la primera generación de cristianos.
Entonces vemos que Junias era una mujer y que tenía el ministerio de apóstol junto con su esposo Andrónico.

Veamos ahora a la Hermana Febe

La encontramos en Romanos 16:1: Les recomiendo a nuestra hermana Febe, diaconisa de la iglesia en Cencrea,

Febe era una diaconisa de la iglesia en Cencrea.

En estos casos y otros podemos ver la importancia y el ministerio de la mujer en la Biblia.

Las mujeres son muy importantes en la iglesia.

En estos casos vimos que Junias era "apóstol"; Priscila "pastora principal" y Febe era diaconisa.

Para terminar, les dejo el versículo de las predicadoras

Salmo 68:11
11 El Señor daba palabra; había grande multitud de las que llevaban buenas nuevas.

Dios multiplique a las ministras del Evangelio.

Así que tu eres una mujer y tienes un llamado de Dios para tu vida, no hagas caso a los cristianos machistas y cumple con el ministerio que Dios te ha llamado.

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viernes, 19 de mayo de 2023

La Clase de Fe de Dios


¿Sabías que tú puedes operar en la Clase de Fe de Dios?

Aquí te explico:

Al cristianismo se le llama la gran confesión, sin embargo, la mayoría de los cristianos que son derrotados lo son porque creen y confiesan las cosas incorrectas.
Si hablas las palabras del enemigo esas palabras te derrotaran. 
Las palabras llenas de fe te darán la victoria.
Las palabras llenas de temor te derrotaran.
Las palabras son lo más importante que hay.
En Marcos 9:23 Jesús dijo: "Si puedes creer, al que cree todo le es posible," y en Mateo 17:20: "... porque de cierto os digo, que si tuviereis fe como un grano de mostaza, diréis a este monte: Pásate de aquí allá, y se pasará; y nada os será imposible." 
Si podemos creer y decir lo que creemos no habrá nada que nos sea imposible. 
 
En Marcos 11 22 23 podemos ver como tener una fe como la de Dios.
Veamos el pasaje:  Respondiendo Jesús, les dijo: Tened fe en Dios. Porque de cierto os digo que cualquiera que dijere a este monte: Quítate y échate en el mar, y no dudare en su corazón, sino creyere que será hecho lo que dice, lo que diga le será hecho. 

Varias versiones de la Biblia, como la Vulgata, la Scio, y la Young, entre otras traducen el verso 22 cómo: "Tengan la fe de Dios."

Clark nos explica esto así: parece estar discutiendo la interpretación de una frase como hebraísmo. Sugiere que "Tener fe en Dios" podría entenderse como "tener la fe de Dios" en hebreo, expresando un grado fuerte o superlativo de fe.

Es decir, Jesús nos esta diciendo que debemos tener una fe como la de Dios. E inmediatamente nos dice como es la fe de Dios: Creer en el corazón que será hecho lo que decimos.
Esto se parece a la Ley de la Fe, creer con el corazón y confesarlo con la boca. Es decir, Dios opera a través de la Ley de la Fe.
Nosotros debemos hacer lo mismo.

Veamos ahora como usa dios su fe:

En Hebreos 11:3 leemos: Por la fe entendemos haber sido constituido el universo por la palabra de Dios, de modo que lo que se ve fue hecho de lo que no se veía. 

Dios constituyó el universo por medio de palabras. Viendo el relato de la creación en Génesis 1, podemos ver que cada vez que Dios hablo sucedió algo.

En el relato de la creación vemos que Dios dijo 12 veces que sean las cosas y sucedió como Él dijo.

Él dijo sea la luz, sean los mares, sean las plantas, sean los animales, sea el hombre y fue así como sucedió.

Dios usa su fe por medio de palabras, y así es como debemos hacerlo también, cómo vimos en la ley de la fe, creyéndolo en el corazón y confesándolo con la boca.

Ahora veamos cómo es que Jesús usa su fe.

Jesús siempre decía que nada hacía por sí mismo sino que hacía lo que veía hacer al Padre, entonces en el caso de la fe, el usaba el mismo método que el Padre. 

Jesucristo mismo usó la clase de fe de Dios.

En Lucas 8 del 22 al 25 vemos como usó Jesús su fe con el viento y el mar: “Aconteció un día, que entró en una barca con sus discípulos y les dijo: Pasemos al otro lado del lago. Y partieron. Pero mientras navegaban, él se durmió. Y se desencadenó una tempestad de viento en el lago; y se anegaban y peligraban. Y vinieron a él y le despertaron, diciendo: ¡Maestro, maestro, que perecemos! Despertando él, reprendió al viento y a las olas; y cesaron, y se hizo bonanza. Y les dijo: ¿Dónde está vuestra fe? Y atemorizados, se maravillaban, y se decían unos a otros: ¿Quién es este, que aun a los vientos y a las aguas manda, y le obedecen?

Vemos aquí que Jesús utilizó sus palabras para calmar el viento y el mar; Jesús desató su fe a través de palabras.

En Marcos 1 del 23 al 27 dice: “Pero había en la sinagoga de ellos un hombre con espíritu inmundo, que dio voces, diciendo: ¡Ah! ¿Qué tienes con nosotros, Jesús nazareno? ¿Has venido para destruirnos? Sé quién eres, el Santo de Dios. Pero Jesús le reprendió, diciendo: ¡Cállate, y sal de él! Y el espíritu inmundo, sacudiéndole con violencia, y clamando a gran voz, salió de él. Y todos se asombraron, de tal manera que discutían entre sí, diciendo: ¿Qué es esto? ¿Qué nueva doctrina es esta, que con autoridad manda aun a los espíritus inmundos, y le obedecen?
Jesús utilizó aquí sus palabras para echar fuera un demonio. Al oír la orden de fe, el demonio salió.
En Marcos 11 del 12 al 14, y del 20 al 22 dice: “Al día siguiente, cuando salieron de Betania, tuvo hambre. Y viendo de lejos una higuera que tenía hojas, fue a ver si tal vez hallaba en ella algo; pero cuando llegó a ella, nada halló sino hojas, pues no era tiempo de higos. Entonces Jesús dijo a la higuera: Nunca jamás coma nadie fruto de ti. Y lo oyeron sus discípulos. Y pasando por la mañana, vieron que la higuera se había secado desde las raíces. Entonces Pedro, acordándose, le dijo: Maestro, mira, la higuera que maldijiste se ha secado. Respondiendo Jesús les dijo: Tened la fe en [o tened la clase de fe de] Dios.”

Jesús les está diciendo a sus discípulos que la clase de fe de Dios es una fe que habla. Jesús le había hablado a la higuera y esta se había secado. 

La clase de fe de Dios es una fe que utiliza palabras.
Vemos que tanto el viento, como el mar, los demonios, y la higuera fueron obedientes a las palabras que Jesús habló.
Esta es la forma en que actuó la fe de Jesús, a través de palabras.
Jesús operó en la clase de fe de Dios. Así como Dios desató su fe; a través de palabras, Jesús también lo hizo.
Jesús imitó a su Padre, y obtuvo los mismos resultados que Dios.

Ahora veamos cómo es que nosotros podemos operar en la clase de fe de Dios.

En Efesios 5:1 dice: “Sed, pues, imitadores de Dios como hijos amados.”
Cuando Ricardito, mi hijo mayor, tenía tres años, empezamos la escuela dominical para niños. Las maestras nos contaron que Ricardito se había parado en una silla y se había puesto a predicar, pues quería hacer lo que su papá hacía siempre en los servicios.
Así son los niños, siempre imitan a sus padres.
Eso es lo que nos dice este pasaje; debemos imitar a Dios, tal como un niño imita a su papá.
Debemos hablar como Dios habla, y debemos hacer lo que Dios hace; debemos convertirnos en sus imitadores,
En Segunda de Corintios 4:13 dice: “Pero teniendo el mismo espíritu de fe, conforme a lo que está escrito: Creí por lo cual hablé, nosotros también creemos, por lo cual también hablamos.”
En este pasaje vemos la característica del espíritu de fe: Cree y Habla. Si tú quieres tener el espíritu de fe debes creer y hablar la Palabra de Dios.
En Romanos 10:10 vemos cómo actuar en la clase de fe de Dios: creer con el corazón y confesarlo con la boca.
Es muy interesante que en la historia de la mujer que tenía el flujo de sangre (Marcos 5 del 25 al 34), que ella estaba diciendo continuamente: “Si tan solo toco su manto seré sana, si tan solo toco su manto seré sana, Si tan solo toco su manto seré sana.” Ella tenía el espíritu de fe, e iba diciendo esto una y otra vez, hasta que la fe se levantó para recibir su milagro, fue tocó su manto, y recibió la sanidad que había estado declarando con sus palabras.
Ahí está el secreto de su sanidad: sus palabras.
Si tú crees lo que la Palabra de Dios dice, y empiezas a confesarlo con tu boca, tendrás las cosas que deseas recibir de Dios.

Así que ahora sabes como funciona la clase de fe de Dios, es tu momento de usarla.

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