martes, 7 de julio de 2009

Reconociendo a Nuestro Enemigo - Parte 2

No es lo mismo que sucede con el uso de esta palabra en Lucas 24:49. Donde no depende de nosotros sino que es Dios con lo hace:

Veamos este verso en algunas versiones

Lucas 24:49 (Biblia del Pueblo de Dios)
Y yo les enviaré lo que mi Padre les ha prometido. Permanezcan en la ciudad, hasta que sean revestidos con la fuerza que viene de lo alto.

Lucas 24:49 (La Biblia de las Américas)
Y he aquí, yo enviaré sobre vosotros la promesa de mi Padre; pero vosotros, permaneced en la ciudad hasta que seáis investidos con poder de lo alto.

Lucas 24:49 (Palabra de Dios Para Todos)
Ahora les enviaré lo que mi Padre les ha prometido. Pero quédense en Jerusalén hasta que hayan recibido ese poder del cielo.

Lucas 24:49 (Versión de Scio)
Y yo envío al prometido de mi Padre sobre vosotros. Mas vosotros permaneced aquí en la ciudad, hasta que seais vestidos de la virtud de lo alto".

Jesús les estaba diciendo que ellos serían revestidos (investidos, vestidos), es decir recibirían, el poder de lo alto, es decir el Bautismo con el Espíritu.

Entonces no es algo que dependa de Dios, es algo que depende completamente de nosotros; es nuestra responsabilidad como creyentes el ponernos cada día esta armadura de Dios que Él proveyó para nosotros; o lo que mejor aún, nunca quitárnosla.

La armadura de Dios no es una armadura física como era la que usaban los soldados romanos; son aspectos de nuestra vida diaria por el hecho de estar en Cristo; son realidades de la nueva creación que somos en Cristo Jesús.

Pablo continuamente utiliza términos militares para hablar de la vida cristiana; y en este caso en partículas no nos habla de solo una parte del equipo divino; nos está hablando del el equipo divino en su totalidad, sin que nos falte ninguna de sus partes.

Para poder caminar en victoria en esta lucha espiritual, debemos vestirnos y echar mano de todas las cosas que Dios proveyó para nosotros, así no dejaremos ninguna puerta abierta.

Dios ya nos dijo lo que debemos hacer; ahora solo depende de nosotros; Dios ya proveyó la victoria para nosotros, solo debemos obedecerle y caminar en ella.

Entonces, la armadura de Dios, tal como era la armadura de un soldado romano, conste de diversos implementos de ataque y defensa, para caminar en la victoria que Dios nos dio.


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