miércoles, 6 de mayo de 2015

Las Bendiciones de la Promesa de Dios a Abraham - Parte 2


Génesis 15:1-6
1 Después de estas cosas vino la palabra de Jehová a Abram en visión, diciendo: No temas, Abram; yo soy tu escudo, y tu galardón será sobremanera grande.
2 Y respondió Abram: Señor Jehová, ¿qué me darás, siendo así que ando sin hijo, y el mayordomo de mi casa es ese damasceno Eliezer?
3 Dijo también Abram: Mira que no me has dado prole, y he aquí que será mi heredero un esclavo nacido en mi casa.
4 Luego vino a él palabra de Jehová, diciendo: No te heredará éste, sino un hijo tuyo será el que te heredará.
5 Y lo llevó fuera, y le dijo: Mira ahora los cielos, y cuenta las estrellas, si las puedes contar. Y le dijo: Así será tu descendencia.
6 Y creyó a Jehová, y le fue contado por justicia.

Dios le acaba de decir a Abraham que Él era su protector y que su galardón sería de sobremanera grande; pero Abraham tenía en su mente otra cosa, él pensaba en su descendencia.

Dios le dice claramente que él tendría un hijo propio por heredero; le da una imagen del cielo y le dice que cuente las estrellas que así de grande sería su descendencia.

De niño intente más de una vez contar las estrellas, lo cual me fue imposible hacer ya que eran demasiadas; así sería la descendencia de Abraham.

¿Qué hizo Abraham ante esto? Le creyó a Dios.

¿Cuál fue el resultado? Le fue contado por justicia.

La promesa de Dios siempre se recibe por fe, Abraham le creyó a Dios y le fue contado por justicia.

Sigamos leyendo:

Génesis 15:7-21
7 Y le dijo: Yo soy Jehová, que te saqué de Ur de los caldeos, para darte a heredar esta tierra.
8 Y él respondió: Señor Jehová, ¿en qué conoceré que la he de heredar?
9 Y le dijo: Tráeme una becerra de tres años, y una cabra de tres años, y un carnero de tres años, una tórtola también, y un palomino.
10 Y tomó él todo esto, y los partió por la mitad, y puso cada mitad una enfrente de la otra; mas no partió las aves.
11 Y descendían aves de rapiña sobre los cuerpos muertos, y Abram las ahuyentaba.
12 Mas a la caída del sol sobrecogió el sueño a Abram, y he aquí que el temor de una grande oscuridad cayó sobre él.
13 Entonces Jehová dijo a Abram: Ten por cierto que tu descendencia morará en tierra ajena, y será esclava allí, y será oprimida cuatrocientos años.
14 Mas también a la nación a la cual servirán, juzgaré yo; y después de esto saldrán con gran riqueza.
15 Y tú vendrás a tus padres en paz, y serás sepultado en buena vejez.
16 Y en la cuarta generación volverán acá; porque aún no ha llegado a su colmo la maldad del amorreo hasta aquí.
17 Y sucedió que puesto el sol, y ya oscurecido, se veía un horno humeando, y una antorcha de fuego que pasaba por entre los animales divididos.
18 En aquel día hizo Jehová un pacto con Abram, diciendo: A tu descendencia daré esta tierra, desde el río de Egipto hasta el río grande, el río Eufrates;
19 la tierra de los ceneos, los cenezeos, los cadmoneos,
20 los heteos, los ferezeos, los refaítas,
21 los amorreos, los cananeos, los gergeseos y los jebuseos.

Dios le promete una tierra que sería para él y su descendencia; y Abraham le pregunta: "¿Como sabré que esto es cierto?"

Entonces Dios establece un pacto con Abraham.

Notemos que Dios fue el que estableció el pacto, no Abraham. El hombre nunca establece los pactos con Dios, es Dios quien lo hace.

Por eso es una perdida de tiempo el estar haciendo pactos con Dios. En la Biblia jamás un hombre inició un pacto, siempre fue Dios. Dios no va a cambiar sus formas para satisfacer las necesidades o caprichos de los hombres.

Dios establece los pactos y el hombre entra por ellos tal como lo hizo Abraham, creyéndole a Dios.


Continuará