sábado, 23 de enero de 2016

Evangelizando con Resultados - 5


Las Armas de Nuestra Milicia

2 Corintios 10:3-5
3 Pues aunque andamos en la carne, no militamos según la carne;
4 porque las armas de nuestra milicia no son carnales, sino poderosas en Dios para la destrucción de fortalezas,
5 derribando argumentos y toda altivez que se levanta contra el conocimiento de Dios, y llevando cautivo todo pensamiento a la obediencia a Cristo,

Para poder hacer la gran comisión Dios nos ha dado una serie de armas espirituales que nos ayudarán a cumplir con nuestra labor. No podemos decir que no podemos, porque no es solo nuestro esfuerzo sino que trabajamos juntamente con Dios.

Veamos nuestras armas:

(1) La Palabra de Dios

Isaías 55:10-11
10 Porque como desciende de los cielos la lluvia y la nieve, y no vuelve allá, sino que riega la tierra, y la hace germinar y producir, y da semilla al que siembra, y pan al que come,
11 así será mi palabra que sale de mi boca; no volverá a mí vacía, sino que hará lo que yo quiero, y será prosperada en aquello para que la envié.

Le Palabra de Dios siempre hace aquello para lo cual ha sido enviada por Dios; si estamos saliendo a predicar el evangelio, ese será el fruto que tendremos

Hebreos 4:12
12 Porque la palabra de Dios es viva y eficaz, y más cortante que toda espada de dos filos; y penetra hasta partir el alma y el espíritu, las coyunturas y los tuétanos, y discierne los pensamientos y las intenciones del corazón.

Esta es el arma más poderosa que tenemos, la Palabra de Dios que como espada de doble filo llega al fondo del corazón del incrédulo. Por eso, cuando la predicamos esta hace lo que quiere y logra que la persona que nos escucha pueda nacer de nuevo.

Yo fui una persona tranquila antes de recibir al Señor, no tengo uno de esos testimonios escalofriantes que tienen otros, como les digo siempre: “Yo jugaba ajedrez”.

Así que para testificar no puedo hacer uso de mi “testimonio” así que solo me queda la Palabra de Dios, y al compartirla, ¡sí que da fruto!

En estos años he visto literalmente miles de personas convertirse por escuchar la Palabra de Dios predicada persona a persona ya que la Palabra siempre trae fruto cuando es testificada a otros.

Por eso, no importa que no tengas un gran “testimonio”, siempre tienes la poderosa Palabra de Dios.

(2) Tenemos la Unción en Nosotros

1 Juan 2:20, 27
20 Pero vosotros tenéis la unción del Santo, y conocéis todas las cosas.
27 Pero la unción que vosotros recibisteis de él permanece en vosotros, y no tenéis necesidad de que nadie os enseñe; así como la unción misma os enseña todas las cosas, y es verdadera, y no es mentira, según ella os ha enseñado, permaneced en él.

Cada creyente ha sido ungido por Dios; esa La unción que tenemos en nosotros es la presencia de Cristo en nosotros a través del Espíritu Santo en nuestro interior.

La unción es el poder de Dios que nos capacita para hacer lo que no podemos hacer; y nosotros tenemos la unción, así que estamos capacitados para predicar el evangelio.

Como dice en 1 Juan 4:4: "El mayor vive en nosotros"; por eso cuando predicamos no lo hacemos solos sino que con la ayuda de la unción en nuestro interior.

Me ha pasado muchas veces que al compartir la unción estaba conmigo ayudándome a testificar aún cosas que no sabía y alcanzando la gente más “dura.”

(3) El Espíritu Santo convenciendo al mundo de pecado

La gente del mundo ya está bajo convicción.

Juan 16:7-11
7 Pero yo os digo la verdad: Os conviene que yo me vaya; porque si no me fuera, el Consolador no vendría a vosotros; mas si me fuere,  os lo enviaré.
8 Y cuando él venga, convencerá al mundo de pecado, de justicia y de juicio.
9 De pecado, por cuanto no creen en mí;
10 de justicia, por cuanto voy al Padre,  y no me veréis más;
11 y de juicio, por cuanto el príncipe de este mundo ha sido ya juzgado.

La Traducción en Lenguaje Actual pone el verso 8 así: “Cuando el Espíritu venga, hará que los de este mundo se den cuenta de que no creer en mí es pecado.”

Aquí vemos como es que el Espíritu Santo convence al mundo de su pecado, que es en esencia el no creer en Jesús.

Nunca olvidaré el día que fui a visitar al alcalde de Talara, al entrar a su oficina el hombre cayó de rodillas clamando a Dios, la convicción del Espíritu lo había tocado.


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Evangelizando con Resultados - 1