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sábado, 28 de marzo de 2020

Sanidad Divina - Clase 6 - Como Ayudar a Otros a Ser Sanados por Dios - Parte 2


Clase 6
Como Ayudar a Otros a Ser Sanados por Dios
Parte 2

Lo segundo que debes hacer es conocer lo que la Biblia dice acerca de la sanidad divina

Mucha gente no recibe sanidad y no puede ayudar a otros porque no sabe lo que la Biblia enseña de la sanidad divina, y está lleno de tradiciones, lleno de religiosidad, lleno de ideas preconcebidas, lleno de temor.

Hace años conocí un pastor joven, que tenía unos 40 años, al que le dio cáncer, que decía que Dios le dio el cáncer para enseñarle algo.

Nunca supimos lo que Dios le quiso enseñar porque se fue al cielo.

Y sería gracioso sino es porque fue tan triste.

Mucha gente se va al cielo antes de tiempo diciendo: "Yo se que Dios me va ha sanar; algún día Él me sanará".

La sanidad no es algo en el futuro. La sanidad se pagó hace 2,000 años.

Esa persona no está caminando en fe, sino en esperanza

En la misma cruz que Jesús estaba muriendo por nuestros pecados también sanaba nuestros cuerpos.

En Isaías 53:4-5 podemos ver esto: "Ciertamente llevó él nuestras enfermedades, y sufrió nuestros dolores; y nosotros le tuvimos por azotado, por herido de Dios y abatido. Mas él herido fue por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados; el castigo de nuestra paz fue sobre él, y por su llaga fuimos nosotros curados."

Notemos que son palabras en tiempo pasado.

Llevó es en tiempo pasado.

Sufrió también es en tiempo pasado.

Fuimos es en tiempo pasado.

Si dice que Él sufrió nuestros dolores, llevó nuestras enfermedades y por sus llagas fuimos curados, ¿cómo es eso de que Él me sanará algún día?

Dios ve las cosas en tiempo pasado y la gente ve las cosas en tiempo futuro.

Porque la sanidad está apuntando siempre a la cruz; nuestra sanidad está apuntando siempre a la cruz que fue el día que el precio fue pagado.

Ese día Jesús llevo tu enfermedad; ese día sufrió tu dolor, ese día por su llaga fuiste tú curado.

Así que el punto no es que Dios te va a sanar sino recibir lo que ha sido pagado, lo que ha sido cancelado, lo que Cristo ya hizo.

Jesús ya pagó el precio de tu sanidad, tu sanidad ya esta provista. Ya está disponible para ti.

Mucha gente recibe su sueldo a través del banco; es decir, los empleadores colocan el sueldo de su personal a través de un banco para que ellos lo retiren en la fecha indicada.

En quincena o fin de mes, o en la fecha acordada el dinero es depositado en el banco a nombre del empleado.

El dinero ya está dispuesto, la persona solo debe ir al banco, o al cajero automático del banco y retirar su sueldo.

Ahora, ese dinero no será tuyo, el dinero ya es tuyo, lo único que haces es retirar lo que te pertenece.

Si no quieres cobrarlo ese dinero sigue en el banco, sigue estando disponible para ti porque es tuyo, sencillamente has decidido no retirarlo.

Del mismo modo ya fue el día del pago; Jesús ya pagó el precio por nuestra sanidad hace 2,000 años; nuestra sanidad ya fue depositada en el banco celestial, de nosotros depende acercarnos y retirar lo que ya fue depositado para nosotros.

A los ojos de Dios el pago ya fue hecho, nosotros ya fuimos sanados por las llagas de Jesús.

La sanidad ya es tuya, no tienes que trabajar para obtenerla, ya está dispuesta para ti.

Puede que estés sufriendo, puede que tengas una enfermedad, pero en el banco de Dios ya está provista tu sanidad.

Solo tienes que recibirla.

Pero el problema es que mucha gente no la recibe porque no sabe que ya está dispuesta para ella.

Algunas personas dicen: "Dios me va a sanar si es su voluntad, si Dios quiere sanarme el conoce mi casa, conoce mi teléfono y hasta mi correo electrónico. Así que Él puede venir y avisarme".

No es así, Dios ya te sanó, solo vas a recibir lo que ya es tuyo; vas a recibir lo que ya te pertenece.

¿Te acuerdas que el Espíritu Santo es las arras de nuestra herencia?

La arras sencillamente son el pie o anticipo que garantiza que lo que compras ya es tuyo.

Cuando tu compras un auto o una casa al crédito tu das un pie o anticipo, tu das la inicial, lo cual garantiza que el auto o la casa ya es tuya.

Te dan el título de propiedad y ya puedes subirte al auto o entrar a la casa y empezar a disfrutar de lo que ya es tuyo.

Del mismo modo, la garantía de tu herencia ya te fue entregada.

La sanidad ya te fue dada, es tuya, es parte de tu herencia, solo tienes que recibir lo que te pertenece; y como tú sabes que te pertenece también puedes compartirlo con otras personas.

Lo tercero que debes de hacer es decirle a la persona que Jesús ya lo ha sanado

Debes decirle a la persona lo que Jesús ya hizo por el: que tomó sus enfermedades, sufrió sus dolores y que por sus llagas ya fue sanado.

Ahora que ya sabes esto, debes de transmitirlo a otras personas.

Tengo un amigo que hace varios años empezó su ministerio de sanidad y que se le murieron las 20 primeras personas por las que oró.

Después de estas 20 personas muertas el hermano estaba completamente desanimado: "Señor, ¿no me mandaste acaso para ministrarpor los enfermos?

"Si," le dijo el Señor; y el hermano le respondió: "¿Y por qué se mueren? Ahora los hermanos me están llamando el Dr. Mortis, todos se están burlando de mi, dicen que si voy a orar es muerte segura, ¿que pasa Señor?".

Y el Señor le respondió: "¿Qué haces cuando vas donde los enfermos?"

"Bueno Señor, yo simplemente voy a visitar al enfermo al hospital, le digo que voy a orar por él, le impongo las manos y me voy".

El Señor le dijo: "Mira hijo, estás haciendo mal, mi Palabra dice que la fe viene por el oír y el oír por la Palabra de Dios, el enfermo no tiene fe para recibir su sanidad y por eso se muere. Lo que tienes que hacer enseñarle lo que la Biblia dice de la sanidad, luego le preguntas si quiere ser sanado, y al final lo ministras para que reciba la sanidad, y así será sanado."

Lo volvieron a llamar al hermano para que ministre a un enfermo grave, así que el hermano fue e hizo lo que el Señor le había dicho.

Le explicó lo que la Biblia dice en Isaías 53:4-5, Mateo 8:17 y Primera de Pedro 2:24, donde dice que Jesús tomó nuestras enfermedades, sufrió nuestros dolores y que por sus llagas fuimos curados; después de eso le preguntó si quería recibir su sanidad, como el enfermó dijo que si, el hermano lo ministró y el enfermo fue sanado inmediatamente.

A partir de entonces el ministerio del hermano cambió completamente y hasta hoy la gente sigue siendo sanada a través de su ministerio.

El hermano había aprendido una gran verdad, debemos enseñarle a la gente la Palabra de Dios.

Cuando estudiaba en el Centro de Entrenamiento Bíblico formaba parte de un grupo de evangelismo que visitaba los hospitales los martes, jueves y sábados.

Íbamos a visitar a los enfermos, les ministrábamos la Palabra y orábamos por ellos; y muchas veces cuando regresábamos al hospital ya no se encontraban los enfermos, estaban sanos.

En un día común sucedía lo que me pasó una vez.

La hora de visita en el hospital era de 2 a 4 de la tarde; así que cuando terminaba el horario de visita nos escondíamos en los baños, las escaleras o cualquier sitio, y de ahí empezábamos a visitar cuarto por cuarto a los enfermos.

Un día teníamos que ir a cuidados intensivos, un enfermero tenía a su tía en estado de coma así que me hizo pasar junto con una hermana.

Llegamos donde la tía, y oramos para que salga del coma, y la mujer de unos 80 años, salió del coma y nos preguntó: "¿Dónde estoy?"

Unos pacientes del otro cuarto nos llamaron cuando vieron lo que pasó y nos dijeron que querían recibir lo que la señora había recibido; les compartimos de la sanidad divina, lo que Cristo hizo por ellos y los ministramos, uno de los dos que no podía caminar empezó a caminar y la otra persona que tenía un tumor en la pierna, sentí como se disolvía en mis manos.

Vinieron entonces los doctores y nos sacaron del pabellón.

En esa época no estaba en el ministerio a tiempo completo, solo era un simple creyente, compartiendo la Palabra de Dios y ministrando a otros.

Todos los creyentes podemos ministrar a otras personas.

Tú puedes orar por los enfermos, Dios quiere usarte a ti.

A tí que estás ungido, a tí que tienes la autoridad, a tí que sabes que eres sano por las llagas de Jesús.

En Marcos 16:17 Jesús dijo: "Pondrás las manos sobre los enfermos y se sanarán". En Santiago 5:4-5 dice que también podemos ungir a los enfermos con aceite en el nombre del Señor porque la oración de fe sanará al enfermo y el Señor lo levantará.

Hay muchos métodos para ministrar a los enfermos, el asunto es si es que tú estás dispuesto a creer y hacer la Palabra de Dios, los milagros empezarán a ocurrir en tu vida.

Solo tienes que atreverte.

No debemos estar con la actitud que dice: ¿Y si no sana? ¿Y si no pasa nada? Mejor que el pastor ore.

Yo empecé a orar por los enfermos cuando ni siquiera soñaba que sería pastor, era un simple miembro de la iglesia.

En realidad, yo empecé a predicar cuando recién me había convertido. Era un joven de 17 años que predicaba de persona a persona.

Un joven o adulto cualquiera lo puede hacer.

La edad no interesa, una vez escuché a un señor de 60 años que se convirtió y dijo: "60 años serví al diablo, 60 años serviré a Dios". y se puso a predicar por todos lados.

Nosotros ya hemos sido sanados por las llagas de Jesús, ahora nos toca a nosotros ministrar la sanidad.

Ahora nos toca a nosotros ir y ministrar a los enfermos.

Recuerda para ministrar a otros debes hacer lo siguiente:

Lo primero que debes hacer es saber que por el hecho de estar en Cristo estás ungido para ministrar a los enfermos.

Lo segundo que debes hacer es conocer lo que la Biblia dice acerca de la sanidad divina.

Lo tercero es ir donde el enfermo, compartirle lo que la Biblia dice de la sanidad divina, de como Jesús tomó nuestras enfermedades, sufrió nuestros dolores y que por sus llagas hemos sido curados.

Después de eso ministrarlo usa alguno de los métodos que veremos en las siguientes entradas.

jueves, 6 de junio de 2019

Métodos Para Recibir Sanidad Divina - Parte 1 (La Sanidad y el Nombre de Jesús)



La Sanidad y el Nombre de Jesús

Y todo lo que pidiereis al Padre en mi nombre, lo haré, para que el Padre sea glorificado en el Hijo. Si algo pidiereis en mi nombre, yo lo haré.
­ Juan 14:13­ 14

En este pasaje dice que debemos pedir en el nombre de Jesús. ¿A quién debemos pedirle?

Una traducción literal de este pasaje sería: “Yo haré todo lo que pidas en mi nombre, para que el Padre sea glorificado en el Hijo. Si me pides algo en mi nombre lo haré.”

La frase “al Padre,” no se encuentra en el griego. Fue aumentada por los traductores para contrastar con Juan 16:23­24. Las traducciones modernas de la Biblia han corregido esto.

Al colocar esa frase se pierde lo que Dios quiere decirnos. Además, la palabra que se usa para “pedir,” es una palabra que denota la acción de exigir o demandar.

Podemos escribir este pasaje de este modo: “Todo lo que demandes, o exijas, en mi nombre, yo lo haré.”

Para los discípulos esto quedo bien claro;  pues en Hechos 3:1­16 podemos ver como usaron el Nombre de Jesús: “Pedro y Juan subían juntos al templo a la hora novena, la de la oración. Y era traído un hombre cojo de nacimiento, a quien ponían cada día a la puerta del templo que se llama la Hermosa, para que pidiese limosna de los que entran en  el templo. Este cuando vio a Pedro y a Juan que iban a entrar en el templo, les rogaba que le diesen limosna. Pedro, con Juan, fijando en él los ojos, le dijo: Míranos. Entonces él les estuvo atento, esperando recibir de ellos algo. Mas Pedro dijo: No tengo plata ni oro, pero lo que tengo te doy; en el nombre de Jesucristo de Nazaret, levántate y anda. Y tomándole por la mano derecha le levantó; y al momento se le afirmaron los pies y los tobillos; ¡y saltando, se puso en pie y anduvo; y entro con ellos en el templo, andando, y saltando, y alabando a Dios. Y todo el pueblo le vio andar y alabar a Dios. Y le reconocían que era el que se sentaba a pedir limosna a la puerta del templo, la Hermosa; y se llenaron de asombro y espanto por lo que le había sucedido. Y teniendo asidos a Pedro y a Juan el cojo que había sido sanado, todo el pueblo, atónito, concurrió a ellos al pórtico de Salomón. Viendo esto Pedro, respondió al pueblo:  Varones israelitas, ¿por qué os maravilláis de esto? ¿O por qué ponéis los ojos en nosotros, como si por nuestro poder o piedad hubiésemos hecho andar a este? El Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob, el Dios de nuestros padres, ha glorificado a su Hijo Jesús, a quien vosotros  entregasteis y  negasteis delante de  Pilato, cuando  este había resuelto ponerle en libertad. Mas vosotros negasteis al Santo y al Justo, y pedisteis que se os  diese  un homicida, y matasteis al autor de la vida, a quien Dios ha resucitado de los muertos, de lo cual nosotros somos testigos. Y por la fe en su nombre, a este, que  vosotros veis y conocéis, le ha confirmado su nombre; y la fe que es por él ha dado a este completa sanidad en presencia de todos vosotros.”

En este pasaje vemos que el nombre de Jesús fue lo que trajo sanidad a este hombre.  Pedro no usó una oración para que este hombre sane. El demandó la sanidad de este hombre en el nombre de Jesús.

Nosotros también debemos usar el nombre de Jesús en contra de la enfermedad y el diablo.

No es a Dios a quien le demandemos que nos sane; en primer lugar, no fue El quien  nos enfermó. Tampoco fue él quien te robó la salud; fue el diablo, como hemos visto antes, el diablo es el autor de la enfermedad.

A lo largo de mi ministerio he tenido la ocasión de ministrar sanidad a miles de personas, normalmente cuando estoy ante un buen número de personas les digo que pongan la mano en el lugar de su enfermedad y voy a ordenar en el nombre de Jesús que la gente sea sanada.

Sencillamente y con voz suave pero firme digo: “Sean sanos en el nombre de Jesús”, y de pronto empiezan a ocurrir las sanidades.

Estaba en Arica, en Chile, cuando le pedí a la gente enferma que pase adelante para ministrarles sanidad, pasaron esa noche como 100 personas, les dije que pongan la mano en el lugar de la enfermedad, y que después de ordenar en el nombre de Jesús hicieran lo que no podían hacer.

Dije suavemente: “Sean sanos en el nombre de Jesús.” Luego les dije que hicieran lo que no podían hacer, y me acerque la gente.

Vi a una señora llorando con su hijo en brazos. Le pregunté: “¿Qué le pasa?” Me dijo: “Mi hijo nació con medio corazón y se le ha formado un corazón entero.” Le dije: “Como puede saberlo, aquí no tenemos equipo médico para comprobarlo.” Ella me dijo: “Es que no podía respirar normal y ahora lo hace; y su corazón ahora late normalmente.”

Me acerqué a una mujer que se reía. Es curioso que cuando la gente es sanada algunos lloran y otras ríen.

Le pregunté: “¿Por qué se ríe?” Ella me respondió: “Me faltaba un riñón. Y sentí que algo se inflaba, y me toqué, y sentí que estaba lleno donde estaba hueco.”

Casi el 100% de las personas que le pregunté habían sido sanadas instantáneamente. Fue una noche de victoria por simplemente usar el nombre de Jesús.

Hay sanidad en el nombre de Jesús, solamente debes de usarlo y traerá sanidad a tu vida.

Cuando el diablo traiga enfermedad a tu vida, dile así: “Satanás, en el Nombre de Jesús, deja mi cuerpo ahora. Enfermedad, yo te ordeno salir de mi cuerpo en el nombre de Jesús.”

Tú tienes la autoridad, úsala ahora y recibe tu sanidad.

Otro aspecto del nombre de Jesús y la sanidad es cuando oramos al Padre en el Nombre de Jesús para recibirla.

En Juan 16:23­24 dice: “En aquel día no me preguntareis nada. De cierto, de cierto os digo, que todo cuanto pidiereis al Padre en mi nombre, os lo dará. Hasta ahora nada habéis pedido en mi nombre; pedid y recibiréis, para que vuestro gozo sea cumplido”.

Este método es diferente al anterior; mientras que en Juan 14:13­14 dice que usemos el nombre de Jesús en contra de la enfermedad; aquí nos dice que oremos al Padre en el Nombre de Jesús.

Esta es la oración del Nuevo Pacto. Cuando Jesús dijo: “En aquel día,” Él se refería a un día que todavía no estaban viviendo. El día en que los apóstoles pasarían del Antiguo al Nuevo Pacto.

Cuando Jesús hizo esta declaración, ellos estaban todavía en el Antiguo Pacto, pues Jesús aún no había muerto, resucitado y ascendido al Cielo.

Sin embargo, estaba por llegar el día en que se iba a empezar el nuevo pacto, donde la gente podría orar al Padre en el Nombre de Jesús.

¿Cuál  seria  el  resultado  de  ese  beneficio  que  Jesús  les  estaba anunciando que pronto tendrían?

Todo cuanto pidiereis al Padre en mi nombre, os lo dará.

De ahí vemos que la oración de la iglesia es orar al Padre en el Nombre de Jesús. No hay ningún otro nombre en el cual debemos orar.

Si el creyente quiere recibir algo de Dios en oración, debe ser hecho en el nombre de Jesús, y todo lo que pida lo recibirá. Y la sanidad está incluida en la oración.

Otra cosa que vemos en este pasaje es la forma como nos acercamos a Dios, en el Nuevo Pacto, Dios es nuestro Padre.

En el Antiguo Pacto los israelitas eran siervos de Dios, pero en el Nuevo, nosotros somos hijos de Dios.

Nuestra oración siempre  es  al  Padre;  no  le  pedimos  a  Jesús,  ni  al Espíritu  Santo, ni a ningún ángel o persona, le pedimos a Dios. Esa es la forma bíblica.

Además, en Juan 16:24 dice: “Hasta ahora nada habéis pedido en mi nombre; pedid y recibiréis, para que vuestro gozo sea cumplido.”

¿Hay alguna persona que esté feliz de ser enferma? ¿Nuestro gozo se cumple cuando tenemos dolor?

Muchas veces he orado por gente con dolor, la tristeza y sufrimiento se reflejaba en su rostro, pero al recibir su sanidad en el nombre de Jesús, tu veías como cambiaba su rostro, podías ver el gozo y la felicidad en su rostro.

Tu gozo se cumplirá cuando tú le pidas al Padre que te que recibas la sanidad que proveyó para ti en su plan de redención en el nombre de Jesús, El responderá y la enfermedad se ira de tu cuerpo.

Pídele ahora al Padre recibir tu sanidad en el nombre de Jesús, y la tendrás.











jueves, 4 de febrero de 2016

Cual debe ser nuestra actitud al orar


Muchas persona se preguntan de que manera se deben acerca a Dios al momento de orar; algunos piensan que ofreciéndole algo a Dios, otros de manera contrita y humillada, y aún algunos por medio de sacrificios. Pero, ¿cuál debe ser nuestra actitud cuando oramos?

Jesús nos lo mostró claramente en Marcos 11:24 cuando dijo: "Por tanto, os digo que todo lo que pidiereis orando, creed que lo recibiréis, y os vendrá."

Al acercarnos a Dios debemos ir creyendo; ¿creyendo qué? Que lo que Él ha dicho es verdad.

1 Juan 5:14-15
14 Y esta es la confianza que tenemos en él, que si pedimos alguna cosa conforme a su voluntad, él nos oye.
15 Y si sabemos que él nos oye en cualquiera cosa que pidamos, sabemos que tenemos las peticiones que le hayamos hecho.

Hablando de la oración, Juan nos dice que si pedimos conforme a Su voluntad Dios nos oye, y al saber que nos oye sabemos que tenemos las peticiones que le hemos hecho.

¿Como conocemos la voluntad de alguien? Conociendo lo que dijo.

Romanos 12:2
2 No os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento, para que comprobéis cuál sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta.

Para conocer la voluntad de Dios debemos renovar nuestra mente, es decir cambiando nuestra forma de pensar.

Ya en el Antiguo Testamento hablaba de esto y lo llamaba el pensamiento más alto que nuestro pensamiento:

Romanos 55:8-11
8 Porque mis pensamientos no son vuestros pensamientos, ni vuestros caminos mis caminos, dijo Jehová.
9 Como son más altos los cielos que la tierra, así son mis caminos más altos que vuestros caminos, y mis pensamientos más que vuestros pensamientos.
10 Porque como desciende de los cielos la lluvia y la nieve, y no vuelve allá, sino que riega la tierra, y la hace germinar y producir, y da semilla al que siembra, y pan al que come,
11 así será mi palabra que sale de mi boca; no volverá a mí vacía, sino que hará lo que yo quiero, y será prosperada en aquello para que la envié.

Renovar la mente es pensar como Dios piensa, dejando que Su Palabra cambie nuestra forma de pensar, dejando que nuestros pensamientos dejen de ser los bajos pensamientos del mundo y pensemos de acuerdo a la forma de alta de pensamiento, la buena voluntad de Dios, que es agradable y perfecta.

Al conocer la voluntad de Dios, eso no permite creerle, y saber que todo lo que le pedimos ya es nuestro.

Como Jesús dijo en Mateo 21:22 hablando de la oración: "Y todo lo que pidiereis en oración, creyendo, lo recibiréis."

Tu actitud al acercarte a Dios en oración debe ser creyendo que Dios ya respondió tu oración y por eso lo que le pediste ya es tuyo. 




miércoles, 3 de febrero de 2016

¿A quién le debemos orar?



Mucha gente se pregunta a quien se debe orar, no sabe si hacerlo al Padre, a Jesús, al Espíritu Santo, o alguna otra persona o dios; pero veamos que es lo que nos enseña la Biblia para tener certeza que Dios responde a nuestras oraciones.

Jesús fue quién respondió a esta pregunta varias veces en los evangelios o solo con la enseñanza sino con el ejemplo.

Veamos lo que pasó en la resurrección de Lázaro:

Juan 11:41-42
41 Entonces quitaron la piedra de donde había sido puesto el muerto. Y Jesús, alzando los ojos a lo alto, dijo: Padre, gracias te doy por haberme oído.
42 Yo sabía que siempre me oyes; pero lo dije por causa de la multitud que está alrededor, para que crean que tú me has enviado.

Jesús reveló a Dios como el Padre; a los largo de los Evangelios podemos ver que siempre se refirió a Dios así, con la excepción de Su muerte en la cruz.

En el Sermón del Monte, Jesús empezó a mostrarnos a quién orar:

Mateo 6:9
9 Vosotros, pues, oraréis así: Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu nombre.

Nuestra oración debemos dirigirla siempre al Padre.

Más adelante, cuando Jesús enseño acerca de Su nombre en la oración, nos dijo a quien debemos orarle:

Juan 16:23-27
23 En aquel día no me preguntaréis nada. De cierto, de cierto os digo, que todo cuanto pidiereis al Padre en mi nombre, os lo dará.
24 Hasta ahora nada habéis pedido en mi nombre; pedid, y recibiréis, para que vuestro gozo sea cumplido.
25 Estas cosas os he hablado en alegorías; la hora viene cuando ya no os hablaré por alegorías, sino que claramente os anunciaré acerca del Padre.
26 En aquel día pediréis en mi nombre; y no os digo que yo rogaré al Padre por vosotros,
27 pues el Padre mismo os ama, porque vosotros me habéis amado, y habéis creído que yo salí de Dios.

Jesús nos enseñó a orarle al Padre en Su nombre para recibir la respuesta a nuestras oraciones, ya que el Padre nos ama.

Veamos a quién le oraba Pablo:

Efesios 3:14-16
14 Por esta causa doblo mis rodillas ante el Padre de nuestro Señor Jesucristo,
15 de quien toma nombre toda familia en los cielos y en la tierra,
16 para que os dé, conforme a las riquezas de su gloria, el ser fortalecidos con poder en el hombre interior por su Espíritu.

Colosenses 1:3
3 Siempre orando por vosotros, damos gracias a Dios, Padre de nuestro Señor Jesucristo

Vemos en estos, como en otros pasajes, que Pablo oraba al Padre.

Podemos concluir que nuestras oraciones siempre deben ser dirigidas al Padre.