viernes, 28 de junio de 2013

La Guerra Espiritual 10 - El Yelmo de la Salvación

El Yelmo de la Salvación

Y tomad el yelmo de la salvación...
- Efesios 6:17 (Reina Valera 1960)

El yelmo o casco era la parte mar hermosa y llamativa de la armadura del soldado romano; era muy artístico; estaba grabado y muchas veces tenía la forma de la cabeza de un animal. En la parte de encima tenían llamativas plumas de colores muy brillantes.

A cada lado tenía protectores de metal y dentro llevaban relleno para poder absorver los fuertes golpes producidos en medio de la batalla.

Era muy fuerte, de manera que ni siquiera un hacha podía perforarla en medio de la batalla.

Nuestra salvación es muy parecida a ese casco; es muy hermosa y llamativa pero también es muy fuerte para protegernos del ataque del enemigo a nuestras mentes.   

La palabra “salvación” viene del término griego “sotería”, y en su definición más simple denota rescate o seguridad (física o moral): salud, salvación, salvador, salvar, liberación, libertad, dar (Strong’s) 
.
Nelson dice lo siguiente acerca de la salvación: “La idea básica del término 'salvación' es rescatar y preservar de un peligro inminente; implica dar salud y seguridad. En su sentido más profundo, sin embargo, es un término cuyo significado está limitado cada vez más a la expresión del milagro divino de la emancipación espiritual del hombre del dominio y culpa del pecado y la muerte, y al goce de una vida eterna de comunión renovada con Dios. En las Sagradas Escrituras el tema se desarrolla desde el concepto puramente físico, hasta el plano moral y espiritual.”

Cuando hablamos de la coraza de la justicia, mostramos que por medio de la justificación habíamos sido liberados del pecado y recibido la vida eterna.

En Efesios 2:8-9 dice: “Porque por gracia habéis sido salvados por medio de la fe, y esto no de vosotros, sino que es don de Dios; no por obras, para que nadie se gloríe” (La Biblia de las Américas).

En el libro “La Doctrina de la Seguridad Eterna” de Robert McLaughlin encontramos el tiempo gramatical en el que se encuentra la frase “habéis sido salvados”.

El verbo para “habéis sido salvados” está en el tiempo perifrástico perfecto, que está compuesto de dos verbos griegos, el modo participio, voz pasiva, tiempo perfecto de la palabra sozo (salvado), y el modo indicativo, voz activa, tiempo presente de la palabra eimi (has sido). 

Este tiempo perifrástico viene del griego Ático (clásico) al griego Coiné (común). El perifrástico, una de las expresiones más poderosas y más fuertes de todas las expresiones en todos los lenguajes, indica que el escritor no puede poner todos los detalles en una forma verbal. Por eso, él usa dos formas del verbo para proveer una expresión más fuerte. 

Nada es más fuerte que la expresión de la seguridad eterna del creyente en este tiempo perifrástico perfecto. Aquí, el lenguaje griego es tan fuerte y poderoso que no deja ninguna fisura legal ni un agujero de ninguna clase. Somos salvados para siempre simplemente por medio de la fe. 

El primer verbo en el griego está en el modo participio, voz pasiva, tiempo perfecto del verbo sesosmenoi, de la raíz del verbo sozo, que significa salvación. El tiempo perfecto intensivo de la palabra sesosmenoi enfatiza el estado actual de una acción en el pasado. En el tiempo presente, la persona ahora es salvada. La acción en el pasado es fe en Cristo. 

Este verbo indica el cumplimento de una acción al momento de fe en Jesucristo con un énfasis en los resultados existentes.

Podemos ver que la obra de la salvación ya fue completada en nuestro espíritu; ya hemos sido salvados, ya hemos recibido la vida eterna.

Este es el aspecto primario de la salvación, a través de la muerte de Cristo en la cruz hemos recibido el perdón de pecados y la vida eterna.

Sin embargo en Santiago 1:21 encontramos otro pasaje que nos habla de la salvación como un hecho en el futuro: “Por lo cual,  desechando toda inmundicia y abundancia de malicia,  recibid con mansedumbre la palabra implantada,  la cual puede salvar vuestras almas” (Reina Valera 1960).

¿Por qué hay una diferencia?

Porque debemos entender que el hombre es un ser trino; según 1 Tesalonicenses 5:23 el hombre en su integridad consta de tres partes; espíritu, alma y cuerpo.

En 1 Tesalonicenses 5:23 dice: “Y el mismo Dios de paz los santifique por completo a todos ustedes, y mantenga irreprensible todo su espíritu, alma y cuerpo, hasta la venida de nuestro Señor Jesucristo” (Versión Peshitta).  

El hombre es un ser espiritual, que tiene un alma, y vive en un cuerpo físico. Además, es un ser espiritual, porque ha sido hecho a la semejanza de Dios; y Jesús dijo que Dios es espíritu.

Génesis 1:26 (La Biblia de las Américas)
Y dijo Dios: Hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza…

Juan 4:24 (Palabra de Dios para Todos)
Dios es Espíritu, y los que le adoran deben adorarlo espiritual y verdaderamente.
   
Cuando el cuerpo está muerto enterrado, el hombre sigue viviendo.  Pablo, dijo al hablar de la muerte física: "Es muy difícil escoger entre vivir o morir. Quisiera dejar esta vida y estar con Cristo, pues eso sería mucho mejor." (Filipenses 1:23 – Palabra de Dios para Todos); luego, continuando con la idea y para confirmar que estaba hablando de la muerte física, dijo: "Es muy difícil escoger entre vivir o morir. Quisiera dejar esta vida y estar con Cristo, pues eso sería mucho mejor" (Filipenses 1:24 – Nueva Versión Internacional); él estaba diciendo: "Cuando deje esta vida voy a estar con el Señor".
   
Hay un hombre exterior y un hombre interior. El hombre exterior no es el verdadero tú; el hombre exterior es tan solo la "casa" (cuerpo) donde vivimos. El HOMBRE INTERIOR es el VERDADERO YO.
Para entender la forma que Dios nos guía a través de nuestro espíritu debemos entender que es un espíritu. Veamos lo que dice 1 Pedro 3:4 en varias versiones para poder entenderlo mejor

Biblia al Día
Que vuestra belleza sea más bien la incorruptible, la que procede de lo ÍNTIMO DEL CORAZÓN y consiste en UN ESPÍRITU suave y apacible. Ésta sí que tiene mucho valor delante de Dios.

La Biblia de las Américas
Sino que sea EL YO INTERNO, con el adorno incorruptible de UN ESPÍRITU tierno y sereno, lo cual es precioso delante de Dios.

Palabra de Dios para Todos
Su belleza debe venir del CORAZÓN, del INTERIOR DE SU SER, porque la belleza que no se echa a perder es la de un ESPÍRITU suave y tranquilo, valioso ante los ojos de Dios.

Reina Valera Actualizada
Sino que sea LA PERSONA INTERIOR DEL CORAZÓN, en lo incorruptible de UN ESPÍRITU tierno y tranquilo. Esto es de gran valor delante de Dios.

Este hombre interior, que es llamado por Pedro: la persona interna del corazón, el yo interno, el corazón que está en el interior de su ser o lo intimo del corazón es el espíritu humano, o el verdadero hombre.

2 Corintios 5:17 (Castilian)
Cuando alguien se convierte a Cristo, se transforma en una nueva criatura. Su existencia anterior queda atrás, y él comienza a vivir una nueva vida, a ser parte de una nueva creación.

2 Corintios 5:17 (Palabra de Dios para Todos)
Si alguien está unido a Cristo, se convierte en un ser nuevo que ha dejado lo viejo atrás ¡y está totalmente renovado!

Cuando nacemos de nuevo, no recibimos un cuerpo nuevo; sino tu verdadero yo se convierte en un nuevo hombre en Cristo.

Esto es lo que ocurrió cuando fuimos justificados, cuando el viejo hombre fue salvado y nació de nuevo, se convirtió en una nueva criatura en Cristo.

¿Cuál es la diferencia entre el espíritu y el alma del hombre? 
Muchas veces, los creyentes intercambian los términos, dando la impresión de que el espíritu y el alma son lo mismo; pero, no lo son. Pablo declara en Hebreos 4:12: "Porque la palabra de Dios es viva y eficaz, y más cortante que toda espada de dos filos; y penetra hasta partir el ALMA Y EL ESPIRITU" (Reina Valera 1960).
   
Pablo dijo en 1 Corintios 14:14: "Porque si yo oro en lengua desconocida, mi espíritu ora, pero mi entendimiento queda sin fruto" (Reina Valera 1960). La versión Palabra de Dios para Todos lo traduce así: “Pues si yo oro en lenguas, mi espíritu ora pero mi mente no entiende nada.” El entendimiento o la mente es parte del alma. El esta diciendo: “Cuando oro en lenguas es mí espíritu el que ora no mi alma.”

El espíritu es la parte central del hombre, lo que la Biblia llama el corazón, pero el alma es la parte intelectual del hombre, lo que la Biblia llama la mente.
En ese sentido nuestro espíritu ya fue salvado; la obra ya está completa, pero nuestra alma necesita ser salvada.

Como hemos visto el ataque principal del diablo es nuestra mente, él sabe que si logra penetrar nuestra mente podrá derrotarnos con suma facilidad.

Como vimos en Efesios 6:10-11: “Por lo demás, hermanos míos, fortalézcanse en nuestro Señor y en la grandeza de su poder, y vístanse de toda la armadura de Dios, para que sean capaces de estar firmes ante las estratagemas del Adversario” (Biblia Peshitta).

La palabra “estratagemas” es el termino griego “methodeia” que según Vine significa: “methodeia (μεθοδεία) denota astucia, engaño (meta, después, odos, camino), artimaña, asechanza, y se traduce «artimañas» del error en Efesios 4:14 (RV: «artificios»), lit.: «con vistas la astucia (singular) del engaño»; en 6.11: «las asechanzas (plural) del diablo»".

Wuest dice de esta palabra lo siguiente: “La palabra proviene de la forma verbal methodeuō ", hacer un seguimiento o investigar por medio del método de hacer plan y realizarlo, seguir astutamente, un marco de dispositivos, engañar."

Vemos que el diablo tiene un plan trazado para llegar a nuestra mente y derrotarnos.

A mi me gusta mucho jugar ajedrez, para ganar un juego uno debe tener una estrategia adecuada, debe de conocer aperturas para desde el inicio tener ventaja; en realidad una persona que no sabe de aperturas perderá fácilmente. Luego de sacar ventaja en la apertura tu buscas el punto más débil de tu adversario y finalmente ganas el partido.

Tú tienes un plan y al seguirlo apropiadamente ganas.

Satanás también viene con sus planes y para eso usamos el casco de la salvación para la protección de nuestra mente.

Nosotros también debemos tener un plan o estrategia para vencerlo y aquí Pablo nos da la clave, el tener un claro entendimiento de la salvación que tenemos en Cristo; muchos creyentes no conocen esta salvación y viven vidas de derrota durante toda su vida.

Es por eso que nuestro plan debe ser seguir el plan de Dios, y su plan es la renovación de nuestra mente.

El día que nacimos de nuevo nuestro espíritu fue salvo pero no el resto de nuestro ser, ahora nos toca hacer algo con el alma y el cuerpo.

1 Pedro 1:9 (Reina Valera 1960)
9 Obteniendo el fin de vuestra fe, que es la salvación de vuestras almas.

La palabra griega para fin en este verso es “telos”, que significa el resultado final de un estado o proceso, dando énfasis en el destino del asunto o de la cosa. 

Para salvación, es “soteria”, que nos habla de un rescate en este verso, de la experiencia presente del poder de Dios para librarnos del pecado; para el creyente esto es equivalente a la santificación. 

Este verso no nos habla de la salvación eterna, que ya hemos visto ya fue completada, sino del recate de nuestras almas del presente sistema en el que vivimos. 

Efesios 2:1-3 (Reina Valera 1960)
1 Y él os dio vida a vosotros, cuando estabais muertos en vuestros delitos y pecados, 
2 en los cuales anduvisteis en otro tiempo, siguiendo la corriente de este mundo, conforme al príncipe de la potestad del aire, el espíritu que ahora opera en los hijos de desobediencia, 
3 entre los cuales también todos nosotros vivimos en otro tiempo en los deseos de nuestra carne, haciendo la voluntad de la carne y de los pensamientos, y éramos por naturaleza hijos de ira, lo mismo que los demás.

Antes de conocer a Jesús nuestra forma de pensar era la manera que tiene el mundo, siguiendo la corriente de este mundo y su estilo de vida. Los patrones que teníamos nos inducían una y otra vez a caminar en pecado.

Efesios 4:17-24
17 Esto, pues, digo y requiero en el Señor: que ya no andéis como los otros gentiles, que andan en la vanidad de su mente, 
18 teniendo el entendimiento entenebrecido, ajenos de la vida de Dios por la ignorancia que en ellos hay, por la dureza de su corazón; 
19 los cuales, después que perdieron toda sensibilidad, se entregaron a la lascivia para cometer con avidez toda clase de impureza. 
20 Mas vosotros no habéis aprendido asía Cristo, 
21 si en verdad le habéis oído, y habéis sido por él enseñados, conforme a la verdad que está en Jesús. 
22 En cuanto a la pasada manera de vivir, despojaos del viejo hombre, que está viciado conforme a los deseos engañosos, 
23 y renovaos en el espíritu de vuestra mente, 
24 y vestíos del nuevo hombre, creado según Dios en la justicia y santidad de la verdad.

Ahora que hemos nacido de nuevo, Dios nos manda a no caminar mas como el mundo lo hace, y la forma de hacer esto es cambiando nuestra forma de pensar, por medio de la renovación de nuestra mente.

Romanos 12:1-2 (Reina Valera 1960)
1 Así que, hermanos, os ruego por las misericordias de Dios, que presentéis vuestros cuerpos en sacrificio vivo, santo, agradable a Dios, que es vuestro culto racional.
2 No os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento, para que comprobéis cual sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta.

Nuestro espíritu fue renacido pero nuestra alma debe ser renovada.

La palabra griega para “transformaos” es “metamorphoo” de donde viene nuestra palabra metamorfosis, W. E. Vine la define así:

METAMORPHOO: cambiar en otra forma (meta, implicando un cambio, y morphe, forma), se usa en Voz Pasiva  para los creyentes, en Romanos 12:2, “transformaos,” la obligación de experimentar un cambio completo que, bajo el poder de Dios, encuentra su expresión en el carácter y la conducta; morphe hace hincapié en el cambio interior, schema (ver suschematizo, el verbo precedente en ese verso) hace hincapié en el cambio exterior, el tiempo presente continuo indica que es un proceso; en 2 Corintios 3:18 se describe a los creyentes siendo “transformados a su imagen” (la de Cristo con todas Sus excelencias morales), cambio que es efectuado por el Espíritu Santo.

La palabra para “renovación” es “anakainosis” que significa hacer nuevo (ana, de nuevo u otra vez, kainos, nuevo, no reciente pero diferente), renovar. W. E. Vine lo define así:

Es usada en Romanos 12:2, “la renovación (de vuestro entendimiento),” es el ajuste de la visión moral y espiritual, y del pensamiento hacia la mente de Dios, la cual es designada para tener un efecto transformador sobre la vida; este pasaje en Romanos hace hincapié en la voluntad de responder por parte del creyente.

Es al creyente a quien le corresponde renovar el entendimiento, no a Dios. 

La palabra “entendimiento” es “nous” que W. E. Vine la define así:

Nous: mente, generalmente hablando denota el centro de la conciencia reflexiva, incluyendo las facultades de percepción y entendimiento, y las de sentimientos, juicio y determinación.

Veamos Romanos 12:2 en otras versiones para tener una idea más amplia:

Nuevo Testamento de Arcas y Fernández
No os amoldéis a los criterios de este mundo. Dejaos transformar; renovad vuestro interior de tal manera, que sepáis apreciar lo que Dios quiere, es decir, lo bueno, lo que le es agradable, lo perfecto.

Biblia Latinoamericana
No sigan la corriente del mundo en que vivimos, sino más bien transfórmense a partir de una renovación interior. Así sabrán distinguir cuál es la voluntad de Dios, lo que es bueno, lo que le agrada, lo que es perfecto.

Biblia del Pueblo de Dios
No tomen como modelo a este mundo. Por el contrario, transfórmense interiormente renovando su mentalidad, a fin de que puedan discernir cuál es la voluntad de Dios: lo que es bueno, lo que le agrada, lo perfecto.

Biblia Castilian
No os amoldéis a los usos y costumbres propios de este mundo; antes bien, procurad que vuestra mente renovada opere la transformación de vuestra personalidad, para que lleguéis a comprobar lo buena, grata y perfecta que es la voluntad de Dios.

Dios Habla Hoy
No vivan ya según los criterios del tiempo presente; al contrario, cambien su manera de pensar para que así cambie su manera de vivir y lleguen a conocer la voluntad de Dios, es decir,lo que es bueno, lo que le es grato, lo que es perfecto.

The Message
No te vuelvas tan ajustados a tu cultura que encajes en ella sin siquiera pensarlo. En vez de eso fija tu atención en Dios. Serás cambiado desde tu interior. Fácilmente reconocerás lo que Él quiere de ti, y rápidamente responderás. A diferencia de la cultura que te rodea, siempre arrastrándote a su nivel de inmadurez; Dios sacará lo mejor de ti; desarrollando en ti una bien formada madurez.

Estos es lo que hablamos acerca de renovar la mente; la cultura que vivimos y los moldes y patrones del mundo en que vivimos nos están alejando de lo mejor que Dios tiene para nosotros; nos impiden crecer, madurar y alcanzar la perfecta voluntad de Dios para nuestras vidas.

Por eso debemos cambiar nuestra baja manera de pensar; y transformarla, renovando nuestra mente, pensando como Dios piensa, por esos caminos más altos que están escritos en Su Palabra.

Dios quiere que hagamos una metamorfosis; así como un feo gusano se convierte en una bella mariposa; convirtamos nuestra mente pervertida por la forma de pensar del mundo en una mente madura que camina y conoce la perfecta voluntad de Dios.

Salmo 23:3 (Reina Valera 1960)
3 Confortará mi alma; Me guiará por sendas de justicia por amor de su nombre

Salmo 23:3 (Biblia de las Américas)
3 El restaura mi alma; me guía por senderos de justicia por amor de su nombre.

Salmo 23:3 (Nácar Colunga)
3 Recrea mi alma, me guía por las rectas sendas por amor de su nombre.

Salmo 23:3 (Palabra de Dios Para Todos)
3 Él renueva mi alma. Me lleva por buenos caminos para mostrarme lo bondadoso que es.

Salmo 23:3 (Reina Valera 1865)
3 Hará volver mi alma: guiarme ha por sendas de justicia por su nombre.

Salmo 23:3 (Reina Valera 2000)
3 Convertirá mi alma; me guiará por sendas de justicia por su nombre.

Aquí vemos varios significados de la palabra que Reina Valera tradujo como “confortar”; en realidad el significado es más profundo; la palabra hebrea usada, “shub”, significa voltear, devolver, restaurar; y ese es el sentido que le dan las otras versiones de la Biblia.

No nos habla de un sentimiento de comodidad, como parece mostrarnos la palabra confortar, sino que nos habla de un cambio más radical y profundo: recrear, restaurar, renovar, hacer volver, convertir.

Esta palabra me recuerda lo que hacía mi abuelita que era una mujer muy hábil y emprendedora.

Me acuerdo que los sillones de la sala de estar tenían la tela desgastada; así que ella fue, compró nueva tela, quitó completamente la antigua tela, quedando solo con el esqueleto del sillón, y finalmente colocó la nueva tela. Al final se veía un sillón nuevo, pero en realidad no estaba nuevo, estaba renovado o restaurado.

¿Cómo renovamos o restauramos nuestra mente? 

En Santiago 1:21 vemos como funciona este proceso:

Santiago 1:21 (Reina Valera 1960)
21 Por lo cual, desechando toda inmundicia y abundancia de malicia, recibid con mansedumbre la palabra implantada, la cual puede salvar vuestras almas.

En este pasaje vemos el proceso de la renovación de la mente, a traves de las palabras desechar e implantar. La palabra desechar es apotithemi, la cual W. E. Vine define así:

APOTITHEMI, sacarse de uno (apo, de, y tithemi, poner, colocar, establecer), sacarse, desechar, dejar de lado, denota en la voz media, sacarse de uno, echar fuera, alejar.

Vemos mucha similitud con la idea que nos da Romanos 12:2 cuando nos habla de una metamorfosis; para hacer un cambio es necesario desechar algo.

La otra palabra, implantar, también tiene que ver con esto, pues ya que hemos sacado algo debemos colocar algo. La palabra implantar es emphutos la cual define W. E. Vine de esta manera:

EMPHUTOS, implantado, o enraizado (de emphuo, implantar), es usada en Santiago 1:21,  “implantada,” la palabra de Dios una “palabra enraizada,” una palabra cuya propiedad es enraizarse como una semilla en el corazón. 

Para palabra se usa logos, una palabra que ya conocemos y significa, la Palabra de Dios como un todo. Es decir nos habla del estudio continuo de la Palabra, como una herramienta para que nuestra mente sea renovada.

Un alma salva, es una mente restaurada o renovada por la Palabra de Dios.
Si quieres renovar tu mente, debes colocar la Palabra de Dios en ella, para que ya no pienses como piensa el mundo, sino como Dios lo hace.

2 Pedro 2:1-2
1 Desechando, pues, toda malicia, todo engaño, hipocresía, envidias, y todas las detracciones, 
2 desead, como niños recién nacidos, la leche espiritual no adulterada, para que por ella crezcáis para salvación.

Debemos depositar la Palabra de Dios en nuestras vidas para de esa manera renovar nuestras mentes y poder salvar nuestras almas.

Ese es el modo de ponernos el yelmo o casco de la salvación, salvando, es decir rescatando nuestra mente de la forma de pensar de este mundo que está siguiendo las corrientes y patrones que dicta el diablo.

Al renovar nuestra mente y tener la Palabra de Dios en ella, será más fácil resistir al diablo porque tendremos la base firme sobre la cual pararnos.


Armado Para La Guerra



miércoles, 26 de junio de 2013

La Guerra Espiritual 9 - El Escudo de la Fe

El Escudo de la Fe

Sobre todo, tomen el escudo de la fe con el que podrán apagar todos los dardos encendidos del maligno.
- Efesios 6:16 (Nueva Biblia de los Hispanos)

En el equipo del soldado romano el escudo tenía una relación estrecha con el cinturón; ya que el escudo descansaba en el cinturón cuando no estaba en batalla.

Del mismo modo la fe está sujeta a la Palabra de Dios ya que la fe descansa en la Palabra de Dios; Romanos 10:17 es bien claro cuando dice: “Ahora pues, la fe viene por escuchar atentamente, por escuchar atentamente la palabra de Dios” (Peshitta Español).

Donde el término “palabra” es “rhema”, sabemos que palabra rhema es un verbo, que denota una acción, y nos habla de la palabra que ha sido dicha; la palabra que ha sido revelada en el creyente por haber pasado tiempo escuchándola de manera atenta el logos de la Palabra de Dios.

Rhema es una porción del logos, que por pasar tiempo meditando en ella se convierte en nuestra verdad, se convierte en parte de nosotros, y es ahí donde está la fe.

Años atrás tuve un accidente y se me salió un hueso de la rodilla, caminaba con mucho dolor, mientras declaraba lo que la Palabra de Dios decía: “Soy sano por las llagas de Jesús, Jesús tomó mis enfermedades y llevó mis dolencias” (Isaías 53:4-5, Mateo 8:17, 1 Pedro 2:24).

Aparentemente nada pasó, así que al tercer día fui al hospital para que me enyesaran. Regresé a mi casa y seguí diciendo: “Soy sano por las llagas de Jesús, Jesús tomó mis enfermedades y llevó mis dolencias”, pasaron 2 días, y el viernes estaba sentado en una reunión escuchando la Palabra cuando de pronto escuché en mi interior: “Si dices que estás sano, ¿Qué haces con un yeso?” 

Fue una buena pregunta, pero la luz había llegado, el rhema de la sanidad divina había llegado a mi espíritu, sabía que ya estaba sano.

Al día siguiente, ni bien me levante me quité el yeso, al retirarlo estaba completamente sano.

La fe y la Palabra de Dios van de la mano, el escudo de la fe lo activamos con la Palabra de Dios, porque fe en Dios es fe en su Palabra.

El soldado romano tenía 2 clases de escudos.

El primer escudo era el ceremonial, era un escudo pequeño y bello, en el cual estaban grabadas las batallas anteriores en la que había estado el soldado.

El segundo escudo era el de batalla; era uno más grande, que tenía la forma de una puerta grande y servía para proteger todo el cuerpo.

La palabra "escudo" (thureon) que se utiliza en este verso designaba el escudo que usaba la infantería pesada, un oblongo largo de cuatro por dos y medio pies (1.80 x 1.20 mts.), y que a veces era curvo en su interior.

Este tipo de escudo es una ilustración de cómo la fe nos protege en esta batalla espiritual.

Desde el momento que nacimos de nuevo el Espíritu Santo colocó la fe en nosotros; en Romanos 12:3 dice: “Porque en virtud de la gracia que me ha sido dada, digo a cada uno de vosotros que no piense más alto de sí que lo que debe pensar, sino que piense con buen juicio, según la medida de fe que Dios ha distribuido a cada uno” (La Biblia de las Américas).

Dios ya distribuyó en nosotros la medida de la fe, ese es el inicio sobre el cual debemos empezar, y sobre el cual debemos sobreedificar en nuestras vidas.

Nosotros ya tenemos la fe, ahora nuestra responsabilidad es hacer algo con ella.

Los dardos (flechas en varias versiones) que se usaban en esa época eran de 3 tipos:

En primer lugar estaban los simples, que son como los que se utilizan el día de hoy.

En segundo lugar estaban las flechas que estaban embadurnados con brea; a los cuales se les prendía fuego y los disparaban; eran peligrosos pero visibles.

En tercer lugar estaban una clase de cañas huecas que llevaban un tipo de combustible en su interior; las cuales explotaban en llamas al momento de tocar su objetivo.

Este último tipo eran las más temidas; no se usaban en los combates normales; sino para sitiar ciudades; eran como el caballo de Troya, parecían flechas normales, pero dentro tenían una gran arma ofensiva, capaz de producir un gran incendio.

Es como hoy día los ataque troyanos que se hacen en las computadoras; te ofrecen un programa gratuito pero dentro tiene un virus informático que lo único que quiere es robarte tu información más confidencial.

Satanás nos ataca de esa manera, nos ofrece algo muchas veces legítimo, pero dentro llega con un veneno mortal, listo para destruirnos.

Cuando un ladrón quiere robar una casa resguardada por perros, muchas veces tira un trozo de carne por las rejas de la casa; el perro va come la carne y se muere; no sabe que dentro de la carne hay un potente veneno.

Esa es la manera como nos ataca el diablo, por medio de destructivas tentaciones y engaños.

En 1 Pedro 5:8-9 dice: “Sed sobrios, y velad; porque vuestro adversario el diablo, como león rugiente, anda alrededor buscando a quien devorar; al cual resistid firmes en la fe, sabiendo que los mismos padecimientos se van cumpliendo en vuestros hermanos en todo el mundo” (Reina Valera 1960).

La Biblia coloca la figura de Satanás como el de un león rugiente. El león rugiente es el más viejo de la manada, que por su edad ya no tiene la velocidad ni fuerza de su juventud, y encima está desdentado; pero hay algo que si sabe hacer, sube rugir muy fuertemente, y al hacerlo quedan paralizados muchos animales, incluso algunos aquellos que son más rápidos que los leones.

El ataque del diablo es por medio del temor; nos paraliza y engaña con sus mentiras que lo único que hacen es pintarnos un mundo irreal, él no nos dice la verdad, sino que coloca el miedo en nosotros para hacernos creer que es más poderoso que nosotros; pero hay buenas noticias para nosotros, aquel que es superior que él, vive en nosotros.

En 1 Juan 4:4 podemos ver esa gran verdad: “En cuanto a vosotros, hijos míos, pertenecéis a Dios y habéis vencido a esos pretendidos profetas, pues el que está con vosotros es más fuerte que el que está con el mundo” (Versión de Arcas y Fernández).

¡Si! El más fuerte está en nosotros, veamos este verso en otras versiones esta poderosa verdad.

La Biblia en Lenguaje Sencillo lo dice más claro: “Hijos míos, ustedes son de Dios y ya han vencido a esos falsos profetas, pues él permanece unido a ustedes y es más poderoso que su Enemigo.”

Dios permanece unido a nosotros y es más poderoso que nuestro enemigo el diablo.

La Nueva Biblia de los Hispanos lo pone así: “Hijos míos, ustedes son de Dios y han vencido a los falsos profetas, porque mayor es Aquél que está en ustedes que el que está en el mundo.”

El que es Mayor está en nosotros y es mayor que el diablo que está en el mundo.

La Palabra de Dios para Todos lo coloca así: “Mis hijitos, ustedes son de Dios y por esto ya han derrotado a los enemigos de Cristo porque el que está en ustedes es más grande que el que está en el mundo.”

El más grande está en nosotros, no hay nadie que pueda vencerlo, ganarle o derrotarlo, 

Podemos ir confiados, como un niño pequeño que sale a caminar con su padre y sabe que no le pasará nada porque su padre lo acompaña y lo protege.

No hay lugar para el temor en nuestras vidas y menos cuando nos enfrentamos a un enemigo vencido.

En 2 Timoteo 1:7 dice: “Porque el Espíritu que Dios nos ha dado no es un espíritu de temor, sino de fortaleza, de amor y de sobriedad” (Biblia del Pueblo de Dios).

No tenemos un espíritu de temor, tenemos un espíritu completamente diferente, un espíritu de fortaleza, amor y sobriedad; o como dice la Reina Valera de 1960: “de poder, amor y dominio propio”.

Tenemos el Espíritu de Fe.

En 2 Corintios 4:13 dice: “Pero teniendo el mismo espíritu de fe, conforme a lo que está escrito: Creí,  por lo cual hablé, nosotros también creemos, por lo cual también hablamos” (Reina Valera 1960).

El Espíritu de Fe es un espíritu que resiste el ataque del diablo, porque ha creído la Palabra de Dios, y por eso declara que tiene la victoria.

Es lo que Jesús dijo en Mateo  7:

Mateo 7:24-27 (Traducción Peshitta en Español)
24 Por tanto, todo el que escuche estas mis palabras y las ponga por obra, será semejante a un hombre prudente que construyó su casa sobre la roca,
25 y cayó la lluvia, vinieron los torrentes, soplaron los vientos y azotaron a aquella casa, pero no se derrumbó, porque sus cimientos habían sido puestos sobre la roca.
26 Pero todo el que escuche estas mis palabras y no las ponga por obra, será semejante a un hombre insensato que construyó su casa sobre la arena;
27 y cayó la lluvia, vinieron los torrentes, soplaron los vientos y azotaron a aquella casa, y se derrumbó, y grande fue su destrucción.

La fe se basa en la Palabra de Dios, al escucharla y ponerla por obra es que podemos resistir el ataque del diablo contra nosotros.

Abraham tuvo que enfrentarse a una situación así y tuvo que ponerse el escudo de fe para recibir el hijo que Dios le había prometido.

Romanos 4:16-22 (Nueva Versión Internacional)
16 Por eso la promesa viene por la fe, a fin de que por la gracia quede garantizada para toda la descendencia de Abraham; esta promesa no es sólo para los que son de la ley sino para los que son también de la fe de Abraham, quien es el padre que tenemos en común
17 delante de Dios, tal como está escrito: "Te he hecho padre de muchas naciones." Así que Abraham creyó en el Dios que da vida a los muertos y que llama las cosas que no son como si ya existieran.
18 Contra toda esperanza, Abraham creyó y esperó, y de este modo llegó a ser padre de muchas naciones, tal como se le había dicho: "Así de numerosa será tu descendencia."
19 Su fe no flaqueó, aunque reconocía que su cuerpo estaba como muerto, pues ya tenía unos cien años, y que también estaba muerta la matriz de Sara.
20 Ante la promesa de Dios no vaciló como un incrédulo, sino que se reafirmó en su fe y dio gloria a Dios,
21 plenamente convencido de que Dios tenía poder para cumplir lo que había prometido.
22 Por eso se le tomó en cuenta su fe como justicia.

Abraham se encontró en una situación en la que todas las circunstancias le eran contrarias, era humanamente imposible que tuviera un hijo, tenía 99 años, su cuerpo estaba como muerto y su esposa Sara de 90 había sido toda la vida estéril.

Casi puedo escuchar al diablo mandándole dardos venenosos: “¿Con qué Dios te ha dicho que vas a tener un hijo con Sara? Ya ves, el año que viene cumples 100 y Dios no te ha dado un hijo, y Sara sigue tan estéril como siempre.”

Dardos oscuros y venenosos que trataban de robarle la bendición de Dios, pero él se paró firme en la fe, no dudo como si fuera un incrédulo sino que se reafirmó en su fe; tomo el escudo de la fe y resistió el dardo de fuego que el enemigo le lanzó; y finalmente su fe tuvo fruto, pues nació Isaac.

Hay momentos en la vida en que nos enfrentamos a situaciones parecidas, en las cuales parece que ya no hay ninguna esperanza ni posibilidad de salida.

A veces es la enfermedad, o las circunstancias económicas o algún tipo de problema que involucre a nuestra familia; y el diablo viene para decirnos que estamos vencidos y derrotados, que ya no hay ninguna esperanza para nosotros, que estamos perdidos; nos dice como la mujer de Lot: “¡Maldice a Dios y muérete!” (Job 2:9)-

Pero no tenemos por qué hacerle caso, tenemos el escudo de la fe para resistir todos esos dardos ardientes que vienen para hundirnos y derrotarnos.

Tenemos que hacer lo que dice Santiago 4:7: “Así que sométanse a Dios. Resistan al diablo, y él huirá de ustedes” (Nueva Versión Internacional).

Aquí está la manera en que apagamos los dardos de fuego que el diablo envía contra nosotros.

La palabra “sométanse” es el término griego “jupotasso”, esta palabra es un término militar que significa el estar debajo de un superior; estar bajo las órdenes de una persona de mayor rango.

En el ejército cuando un general de una orden la persona que tiene el cargo inferior tiene que someterse; decir solamente “Si, mi General”.

Nosotros debemos someternos a las ordenes que Dios ya nos dio en Su Palabra; recordemos que la fe viene por el oír y el oír la Palabra de Dios; es decir, la fe nace de la Palabra de Dios.

Si la Biblia dice que somos sanos por las llagas de Jesús, entonces sin importar lo que digan nuestros sentidos físicos nos sometemos a la Palabra de Dios, y declaramos que somos sanos por las llagas de Jesús; tomamos la decisión de aceptar como un hecho aquello que ya fue dicho por Dios y está escrito en la Biblia.

Si ya hemos embrazado el escudo de la fe, nos hemos parado en sus promesas, hemos creído lo que esta escrito, tenemos un fundamento firme sobre el cual estamos parados y ahora hacemos lo que sigue, debemos resistir al diablo firmes en la fe. 

¿Cómo resistir firmes en la fe?

Recordemos 2 Corintios 4:13; como tenemos el Espíritu de fe, debemos hablar la Palabra de Dios que hemos creídos resistiendo así el ataque del diablo.

Párate firme en las promesas de Dios y resiste el ataque del diablo que se levanta en tu contra.

lunes, 24 de junio de 2013

La Guerra Espiritual 8 - El Calzado de la Predicación del Evangelio de la Paz

El Calzado de la Predicación del Evangelio de la Paz

Y calzados vuestros pies con el celo por anunciar el mensaje de la paz.
- Efesios 6:15 (Arcas y Fernández)

La Biblia Expandida de Fe lo traduce así: “Y calzados los pies con la disposición (solicitud y prontitud) para proclamar (predicar, anunciar) el Evangelio de la paz.”

El calzado del soldado romano tenía 2 partes, el zapato y el escarpín.

Los escarpines eran hechos de un metal formado alrededor de sus piernas; eran muy ajustados y muy bellos que bajaban desde las rodillas hasta los pies.

Los zapatos eran de cuero con suela de metal y se ataban con tiras de cuero; la planta del zapato tenía púas, como los chimpunes de los futbolistas de hoy pero mucho más peligrosos. En las ciudades con calles de piedra medían 3 cm. Pero en el campo de batalla 8 cm.

Esto tenía 2 razones principales, poder darles estabilidad y a la vez era un arma muy eficaz; un solo pisotón de esos zapatos causaba mucho daño.

Mucho se habla de la pax romana (en español, “paz romana”), que en realidad era una paz armada, porque los emperadores conservaron las fronteras del Imperio gracias a la fuerza de sus armas.

En tiempos modernos hemos visto esto, durante la Segunda Guerra Mundial, después que Alemania invadió Francia, mantuvo este país bajo la fuerza de su ejército y armamento.

Lo mismo sucedió más recientemente con la invasión de Estados Unidos a Irak, Irak después de ser derrotado se mantiene dominado bajo las armas de Estados Unidos.

Nosotros ya tenemos la victoria, por medio de Cristo ya hemos conquistado nuestro territorio, pero en esta batalla espiritual que nos enfrentamos con los ejércitos del enemigo.

En Efesios 1:19-23 dice: “Y cuál la supereminente grandeza de su poder para con nosotros los que creemos, según la operación del poder de su fuerza, la cual operó en Cristo, resucitándole de los muertos y sentándole a su diestra en los lugares celestiales, sobre todo principado y autoridad y poder y señorío, y sobre todo nombre que se nombra, no sólo en este siglo, sino también en el venidero; y sometió todas las cosas bajo sus pies, y lo dio por cabeza sobre todas las cosas a la iglesia, la cual es su cuerpo, la plenitud de Aquel que todo lo llena en todo” (Reina Valera 1960).

Jesús ya derrotó al ejercito enemigo y lo puso bajo sus pies, y esa victoria nos la dio a nosotros y como somos el Cuerpo de Cristo también está bajos nuestros pies.

Pero cuando hablamos acerca de la disposición para predicar el Evangelio de la Paz, no solo hablamos de la victoria que ya tenemos sino de la urgencia para ir y predicar el evangelio a todas las naciones.

En Isaías 52:7 dice: “¡Cuán hermosos son sobre los montes los pies del que trae alegres nuevas, del que anuncia la paz, del que trae nuevas del bien, del que publica salvación, del que dice a Sion: ¡Tu Dios reina!” (Reina Valera 1960).

Hemos sido llamados a predicar el Evangelio, como un ejército conquistador debemos ir y salir a todas las naciones para llevar las buenas nuevas acerca de Jesucristo.

En Mateo 28:19-20 Jesús nos encomendó lo que es llamada como la Gran Comisión: “Por tanto, vayan y hagan discípulos de todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, enseñándoles a obedecer todo lo que les he mandado a ustedes. Y les aseguro que estaré con ustedes siempre, hasta el fin del mundo” (Nueva Versión Internacional).

En Marcos 16:15-16 también nos habla de nuestra responsabilidad como creyentes: “Y les dijo: Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura. El que crea y sea bautizado será salvo; pero el que no crea será condenado” (La Biblia de las Américas).

Aquí Jesús está dando una orden clara: “Vayan por todo el mundo para predicar el Evangelio a todas las personas.” Esta es la disposición para predicar el Evangelio; hay un mundo perdido que está esperando por escuchar las palabras de vida que van a darles la salvación.

El apóstol Pablo, hablando de esta Gran comisión nos dice lo siguiente: “Pues si anuncio el evangelio, no tengo por qué gloriarme; porque me es impuesta necesidad; y ¡ay de mí si no anunciare el evangelio! Por lo cual, si lo hago de buena voluntad, recompensa tendré; pero si de mala voluntad,  la comisión me ha sido encomendada. ¿Cuál, pues, es mi galardón? Que predicando el evangelio, presente gratuitamente el evangelio de Cristo, para no abusar de mi derecho en el evangelio” (1 Corintios 9:16-18, Reina Valera 1960).

Hemos sido llamados a predicar gratuitamente el evangelio de Cristo, es una comisión que nos ha sido encomendada y que debemos colocar todo nuestro empeño.

En 2 Timoteo 4:1-2 Pablo instruyo a Timoteo acerca de la importancia y necesidad de predicar la Palabra: “En presencia de Dios y de Cristo Jesús, que ha de venir en su reino y que juzgará a los vivos y a los muertos, te doy este solemne encargo: Predica la Palabra; persiste en hacerlo, sea o no sea oportuno  corrige, reprende y anima con mucha paciencia, sin dejar de enseñar” (Nueva Versión Internacional).

Es una necesidad para todo creyente el predicar el evangelio, prácticamente desde que nací de nuevo he tenido ganas de llevar a otros a los pies de Cristo, persona a persona, en los parques, en los autobuses, en todo lugar donde tuviera una oportunidad.

Tenemos un mensaje que llevar al mundo, un ministerio que Cristo nos encomendó.

Veamos 2 Corintios 5:17-20: “De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura (nueva creación) es; las cosas viejas pasaron, ahora han sido hechas nuevas. Y todo esto procede de Dios, quien nos reconcilió con El mismo por medio de Cristo, y nos dio el ministerio de la reconciliación; es decir, que Dios estaba en Cristo reconciliando al mundo con El mismo, no tomando en cuenta a los hombres sus transgresiones, y nos ha encomendado a nosotros la palabra de la reconciliación. Por tanto, somos embajadores de Cristo, como si Dios rogara por medio de nosotros, en nombre de Cristo les rogamos: ¡Reconcíliense con Dios!” (Nueva Biblia de los Hispanos).

Somos embajadores de Dios, un embajador es la persona que representa a la persona misma del gobernante del país que lo envía; y eso es lo que somos nosotros, somos los representantes aquí en la tierra de la misma persona de Dios, gente con una misión, gente con un mensaje.

Se nos ha dado un ministerio, el ministerio de la reconciliación, es como si Dios mismo estuviese rogando al mundo a través nuestro: “Reconcíliense con Dios.” 

En Romanos 10:8-17 podemos ver más acerca de esto:

Romanos 10:8-17 (Reina Valera 1960)
8 Mas ¿qué dice? Cerca de ti está la palabra, en tu boca y en tu corazón. Esta es la palabra de fe que predicamos:
9 que si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo.
10 Porque con el corazón se cree para justicia, pero con la boca se confiesa para salvación.
11 Pues la Escritura dice: Todo aquel que en él creyere, no será avergonzado.
12 Porque no hay diferencia entre judío y griego, pues el mismo que es Señor de todos, es rico para con todos los que le invocan;
13 porque todo aquel que invocare el nombre del Señor, será salvo.
14 ¿Cómo, pues, invocarán a aquel en el cual no han creído? ¿Y cómo creerán en aquel de quien no han oído? ¿Y cómo oirán sin haber quien les predique?
15 ¿Y cómo predicarán si no fueren enviados? Como está escrito:¡Cuán hermosos son los pies de los que anuncian la paz,  de los que anuncian buenas nuevas!
16 Mas no todos obedecieron al evangelio; pues Isaías dice: Señor, ¿quién ha creído a nuestro anuncio?
17  Así que la fe es por el oír, y el oír, por la palabra de Dios.

En el griego dice: “La fe es por el oír, y el oír por la palabra de Cristo.” 

El término “palabra” es “rhema”, que como vimos anteriormente es la parte vital o experimental de la escrituras, es una porción específica de la Palabra de Dios, no toda la Biblia en su conjunto; es la información específica que necesitamos para enfrentar una situación determinada.
.
Y lo que tenemos que llevarle a la gente es la revelación acerca de Cristo, como es que el vino a la tierra a tomar nuestro lugar y morir por nuestros pecados en la cruz.

El apóstol Pablo entendía estoy muy claramente, el le dijo a la iglesia de Corinto: 

1 Corintios 2:1-5 (Reina Valera 1960)
1 Así que, hermanos, cuando fui a vosotros para anunciaros el testimonio de Dios, no fui con excelencia de palabras o de sabiduría.
2 Pues me propuse no saber entre vosotros cosa alguna sino a Jesucristo, y a éste crucificado.
3 Y estuve entre vosotros con debilidad,  y mucho temor y temblor;
4 y ni mi palabra ni mi predicación fue con palabras persuasivas de humana sabiduría, sino con demostración del Espíritu y de poder,
5  para que vuestra fe no esté fundada en la sabiduría de los hombres, sino en el poder de Dios.

Su mensaje era uno solo, Jesucristo muriendo en la cruz y completando la obra de la salvación por nosotros.

Y el sabía que su mensaje estaba lleno del poder de Dios; como dice en Romanos 1:16: “Porque no me avergüenzo del evangelio, pues es el poder de Dios para la salvación de todo el que cree; del judío primeramente y también del griego” (La Biblia de las Américas).

Este mensaje que predicamos es el mismo poder para traer la salvación a todo aquel que cree.

La Biblia Expandida de Fe lo dice de esta manera: “Porque no me averguenzo del Evangelio de Cristo (el Ungido), porque es el poder (milagroso) de Dios para la salvación de todos los que creen: de los judíos en primer lugar, y también de los griegos. Porque en el Evangelio se revela la justicia de Dios, por la fe y para la fe, conforme a lo que dice la Escritura: El justo vivirá por la fe” (Romanos 1:16-17).

El evangelista Felipe entendía esto claramente:

Hechos 8:5-8
5 Entonces Felipe,  descendiendo a la ciudad de Samaria,  les predicaba a Cristo.
6 Y la gente, unánime, escuchaba atentamente las cosas que decía Felipe, oyendo y viendo las señales que hacía.
7 Porque de muchos que tenían espíritus inmundos, salían éstos dando grandes voces; y muchos paralíticos y cojos eran sanados;
8 así que había gran gozo en aquella ciudad.

Notemos que el mensaje que predicaba Felipe era acerca de Cristo, y el evangelio era confirmado con señales, milagros y prodigios.

Veamos nuevamente Marcos 16 para entender el poder de Dios que se mueve cuando predicamos:

Marcos 16:15-20 (Nueva Versión Internacional)
15 Les dijo: "Vayan por todo el mundo y anuncien las buenas nuevas a toda criatura.
16 El que crea y sea bautizado será salvo, pero el que no crea será condenado.
17 Estas señales acompañarán a los que crean: en mi nombre expulsarán demonios; hablarán en nuevas lenguas;
18 tomarán en sus manos serpientes; y cuando beban algo venenoso, no les hará daño alguno;  pondrán las manos sobre los enfermos, y éstos recobrarán la salud."
19 Después de hablar con ellos, el Señor Jesús fue llevado al cielo y se sentó a la derecha de Dios.
20 Los discípulos salieron y predicaron por todas partes, y el Señor los ayudaba en la obra y confirmaba su palabra con las señales que la acompañaban.

Tenemos un mensaje que llevar a la gente y es el mensaje de Jesucristo; la salvación eterna de la gente depende de lo que haga con Jesucristo, no sabes si tú eres la última oportunidad para alguien.

Es por eso que debemos tener la disposición y la urgencia para predicar el evangelio de la paz; llevarles a la gente el mensaje que Dios ya no tiene nada contra ellos, que en la cruz de Cristo el precio ya fue pagado, Dios ya hizo paz con ellos y ahora les corresponde a ellos recibir o rechazar esta oferta de paz que Dios les dio.

De cada uno depende ir al cielo o al infierno, el precio ya fue pagado la decisión es nuestra.

Al predicar el evangelio no lo hacemos sin ayuda divina, Dios nos ha dado armas espirituales para poder predicar el evangelio.

Veamos la primera parte de Marcos 16:17 en varias versiones:

Biblia en Lenguaje Sencillo
Los que confíen en mí y usen mi nombre podrán hacer cosas maravillosas. . .

Biblia del Pueblo de Dios
Y estos prodigios acompañarán a los que crean. . .

EUNSA
A los que crean acompañarán estos milagros. . .

Traducción Literal de la Santa Biblia (en inglés)
Y señales milagrosas seguirán a los que creen estas cosas. . .

Palabra de Dios para Todos
Los que crean podrán hacer todo esto para demostrar el poder de Dios. . .

El término griego usado para “señal” es “semeión” que Vine define como: “Señal, marca, prenda, signo (relacionado con semaino, dar una señal; sema, signo). Se utiliza de milagros y señales como signos de la autoridad divina.”  

Estas señales que nos acompañan son milagros y ayudas sobrenaturales que nos ayudan en la predicación del Evangelio.

Es lo que pasaba con el evangelista Felipe; los milagros que habían en su ministerio llamaban la atención de la gente y hacía que se congregasen para recibir la Palabra.

Veamos nuevamente Hechos 8:6: “Y la gente, unánime, escuchaba atentamente las cosas que decía Felipe, oyendo y viendo las señales que hacía.”

Un milagro nos sirve para que la gente esté atenta a lo que vamos a decirles.

Hace años hicimos un viaje misionero con nuestra iglesia en la ciudad de Arequipa, en el Perú. Vino un grupo de 50 norteamericanos, y unas 70 personas de la iglesia viajamos como traductores y otros para predicar en las calles; el cabo de una semana se habían convertido más de 5 mil personas.

Un día estábamos en medio de la Plaza de Armas de Arequipa predicando, mi amigo el Evangelista Martín Valdez vio a una mujer ciega, que no tenía ojos, por los años la abertura de los ojos se le había pegado a la piel, y por eso tampoco tenía pestañas.

Cuando él oró por ella, se le empezó a formar una línea en la zona de los ojos, se formaron pestañas, se formaron los ojos y ella empezó a ver.

La gente alrededor que la conocía empezó a acercarse para ver que pasaba, y al ver tan poderoso milagro estuvieron atentos para escuchar la Palabra; a los pocos minutos más de 50 hombres adultos recibieron a Jesús en plena calle.

Si estas señales seguirán a los que creen, ¿para que? Para confirmar el Evangelio que predicamos.

Veamos que dice Marcos 16:20 en la versión Arcas y Fernández: “Los discípulos salieron en todas direcciones a anunciar el mensaje. Y el Señor mismo les ayudaba, y confirmaba el mensaje acompañándolo con señales milagrosas.”

Las señales milagrosas confirman el mensaje que predicamos, son el sello que el mensaje que predicamos es el correcto; y una cosa que vemos es que el Señor Jesús nos ayuda cada vez que predicamos; en griego dice: “El Señor trabajaba juntamente con ellos.”

Cuando salimos a predicar no estamos solo, es Cristo juntamente con nosotros, salimos con Su ayuda, con Su habilidad, con Su poder; recordemos que somos embajadores en nombre de Cristo, no nos representamos a nosotros mismos, estamos representando a Dios mismo aquí en la tierra y lo hacemos con la autoridad de Cristo.

En Hechos 3 podemos ver esta gran verdad, como un solo milagro fue suficiente para que 5 mil personas se convirtieran.

Hechos 3:1-11
1 Cierto día subían Pedro y Juan al templo a las tres de la tarde, que es la hora de la oración.
2 Junto a la puerta llamada Hermosa había un hombre lisiado de nacimiento, al que todos los días dejaban allí para que pidiera limosna a los que entraban en el templo.
3 Cuando éste vio que Pedro y Juan iban a entrar, les pidió limosna.
4 Pedro, con Juan, mirándolo fijamente, le dijo: — ¡Míranos!
5 El hombre fijó en ellos la mirada, esperando recibir algo.
6 —No tengo plata ni oro —declaró Pedro—, pero lo que tengo te doy. En el nombre de Jesucristo de Nazaret, ¡levántate y anda!
7 Y tomándolo por la mano derecha, lo levantó. Al instante los pies y los tobillos del hombre cobraron fuerza.
8 De un salto se puso en pie y comenzó a caminar. Luego entró con ellos en el templo por sus propios pies, saltando y alabando a Dios.
9 Cuando todo el pueblo lo vio caminar y alabar a Dios,
10 lo reconocieron como el mismo hombre que solía pedir limosna sentado junto a la puerta llamada Hermosa, y se llenaron de admiración y asombro por lo que le había ocurrido.
11 Mientras el hombre seguía aferrado a Pedro y a Juan, toda la gente, que no salía de su asombro, corrió hacia ellos al lugar conocido como Pórtico de Salomón.

Un solo milagro llamó la atención de la gente; fue tal el impacto que empezaron a correr hacia donde estaban los apóstoles, fueron para escuchar las palabras de vida, el Evangelio de Jesucristo.

He visto esto a lo largo de los años, es más fácil que la gente reciba a Jesús después de ver un milagro, ya que están viendo que el Dios que predicamos es el Dios verdadero.

Finalmente no debemos de olvidar la ayuda del Espíritu Santo a la hora de la predicación.

Esto lo hace de 3 maneras principales, convenciendo al hombre de su pecado; dirigiéndonos donde, como y cuando predicar; y a través del Bautismo con el Espíritu.

En Juan 16 podemos ver como nos ayuda el Espíritu Santo a la hora de predicar.

Juan 16:7-11 (Reina Valera 1960)
7 Pero yo os digo la verdad: Os conviene que yo me vaya; porque si no me fuera, el Consolador no vendría a vosotros; mas si me fuere, os lo enviaré.
8 Y cuando él venga, convencerá al mundo de pecado, de justicia y de juicio.
9 De pecado, por cuanto no creen en mí;
10 de justicia, por cuanto voy al Padre, y no me veréis más;
11 y de juicio, por cuanto el príncipe de este mundo ha sido ya juzgado.

Es bien claro lo que dice aquí, al momento de predicar el Espíritu Santo empieza a predicar a las personas inconversas (al mundo) de su pecado.

¿Cuál es su pecado? No creer en Jesús.

Durante los años he visto numerosas personas venir a los pies de Cristo convencidas de su pecado al creer que había muerto por sus pecados.

Siempre que predicamos contamos con su ayuda, por eso no tengamos temor de predicar a otros, al hablar la Palabra de Dios la gente será convencida.

Otra forma como el Espíritu Santo es guiándonos a la hora de la predicación.

En Hechos 16 podemos ver esto claramente:

Hechos 16:6-10 (Reina Valera 1960)
6 Y atravesando Frigia y la provincia de Galacia, les fue prohibido por el Espíritu Santo hablar la palabra en Asia;
7 y cuando llegaron a Misia, intentaron ir a Bitinia, pero el Espíritu no se lo permitió.
8 Y pasando junto a Misia, descendieron a Troas.
9 Y se le mostró a Pablo una visión de noche: un varón macedonio estaba en pie, rogándole y diciendo: Pasa a Macedonia y ayúdanos.
10 Cuando vio la visión, en seguida procuramos partir para Macedonia, dando por cierto que Dios nos llamaba para que les anunciásemos el evangelio.

Pablo quería predicar el evangelio pero no sabía donde, quería ir a Asia, pero el Espíritu se lo impidió, a Bitinia y tampoco, el Espíritu Santo quería otra cosa, y los envió a Macedonia.

Lo interesante es que de ese viaje se formaron las iglesias de Filipenses, Tesalónica, Corinto y Éfeso, a las cuales les dirigió 6 de las Epístolas del Nuevo Testamento.

Smith Wigglesworth tenía por costumbre predicarle cada día por lo menos a una persona, según el Espíritu Santo lo dirigiese.

Un día su mamá le pregunto “¿Qué fue lo que hiciste con el Señor Fulano?”

Él le respondió: “¿Por que mamá?”

“Ayer partió con el Señor pero nos contó que hace unas tres semanas sabiendo que iba morir salió a pasear por última vez y que un hombre se subió a su carruaje y le predicó el Evangelio y recibió al Señor, y supuse que fuiste tú.”

“Si mamá fui yo, vi a una persona en un carruaje y el Espíritu Santo me urgió para subir a su carruaje y predicarle, no sabía que esa era su última oportunidad.”

Debemos estar atentos a la dirección del Espíritu Santo, siempre nos guiará a predicarle a la gente en el momento indicado.

Y también nos ayuda con el Bautismo con el Espíritu.

En Hechos 1:8 dice: “Pero recibiréis poder, cuando haya venido sobre vosotros el Espíritu Santo, y me seréis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria, y hasta lo último de la tierra” (Reina Valera 1960).

Veamos este verso en otras versiones:

Versión de Arcas y Fernández
Vosotros recibiréis la fuerza del Espíritu Santo, que os capacitará para que deis testimonio de mí en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria y hasta el último rincón de la tierra.

Biblia Amplificada
Pero ustedes recibirán poder (habilidad, eficiencia y fuerza) cuando haya venido el Espíritu Santo sobre ustedes y serán mis testigos en Jerusalén y en toda Judea y Samaria y hasta los confines (los mismos límites) de la tierra).

Biblia del Pueblo de Dios
Pero recibirán la fuerza del Espíritu Santo que descenderá sobre ustedes, y serán mis testigos en Jerusalén, en toda Judea y Samaría, y hasta los confines de la tierra".

El Bautismo con el Espíritu nos da el poder para ser testigos.

Yo lo experimenté en mi propia vida. Me convertí en un grupo paraeclesiástico de corte tradicional, no creían en el Bautismo con el Espíritu Santo, sin embargo a los 2 meses de creyente yo lo recibí, y algo pasó en mi vida.

Hasta ese momento solo había ganado a una persona para el Señor, pero en los siguientes meses gane 24 más, y de ahí no paré, y no les hablo de predicaciones, empecé haciéndolo persona a persona, era lo más fácil ganar a alguien para Jesús,

Miren, era solo un joven de 17 años, no conociendo mucho de la Palabra pero teniendo el poder de Dios dentro de mi para testificar.

Para concluir, debemos tener la disposición y urgencia de predicar el Evangelio, no lo hacemos solos, tenemos ayuda sobrenatural, tenemos la Palabra de Dios, el Espíritu Santo, las señales que nos acompañan y especialmente a Jesús que trabaja juntamente con nosotros.

Tenemos la comisión y el equipo para cumplirla.