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viernes, 18 de mayo de 2018

La Armadura de Dios – Estudio Bíblico Completo

En este post les dejo una serie de enseñanzas acerca de la Armadura de Dios, que son mis notas cuando enseño este curso. Con toda confianza utilícenlas para bendecir a otros.

La Armadura de Dios – Estudio Bíblico

armaduradedios
Aquí les dejo los enlaces para que puedan utilizarlos no solo en su estudio personal sino para compartirlos con otros.

viernes, 7 de octubre de 2016

El Escudo de la Fe

El Escudo de la Fe


 Sobre todo, tomen el escudo de la fe con el que podrán apagar todos los dardos encendidos del maligno.
- Efesios 6:16 (Nueva Biblia de los Hispanos)

En el equipo del soldado romano el escudo tenía una relación estrecha con el cinturón; ya que el escudo descansaba en el cinturón cuando no estaba en batalla.

Del mismo modo la fe está sujeta a la Palabra de Dios ya que la fe descansa en la Palabra de Dios; Romanos 10:17 es bien claro cuando dice: “Ahora pues, la fe viene por escuchar atentamente, por escuchar atentamente la palabra de Dios” (Peshitta Español).

Donde el término “palabra” es “rhema”, sabemos que palabra rhema es un verbo, que denota una acción, y nos habla de la palabra que ha sido dicha; la palabra que ha sido revelada en el creyente por haber pasado tiempo escuchándola de manera atenta el logos de la Palabra de Dios.

Rhema es una porción del logos, que por pasar tiempo meditando en ella se convierte en nuestra verdad, se convierte en parte de nosotros, y es ahí donde está la fe.

Años atrás tuve un accidente y se me salió un hueso de la rodilla, caminaba con mucho dolor, mientras declaraba lo que la Palabra de Dios decía: “Soy sano por las llagas de Jesús, Jesús tomó mis enfermedades y llevó mis dolencias” (Isaías 53:4-5, Mateo 8:17, 1 Pedro 2:24).

Aparentemente nada pasó, así que al tercer día fui al hospital para que me enyesaran. Regresé a mi casa y seguí diciendo: “Soy sano por las llagas de Jesús, Jesús tomó mis enfermedades y llevó mis dolencias”, pasaron 2 días, y el viernes estaba sentado en una reunión escuchando la Palabra cuando de pronto escuché en mi interior, “si dices que estás sano, ¿Qué haces con un yeso?”

Fue una buena pregunta, pero la luz había llegado, el rhema de la sanidad divina había llegado a mi espíritu, sabía que ya estaba sano.

Al día siguiente, ni bien me levante me quité el yeso, al retirarlo estaba completamente sano.

La fe y la Palabra de Dios van de la mano, el escudo de la fe lo activamos con la Palabra de Dios, porque fe en Dios es fe en su Palabra.

El soldado romano tenía 2 clases de escudos.

El primer escudo era el ceremonial, era un escudo pequeño y bello, en el cual estaban grabadas las batallas anteriores en la que había estado el soldado.

El segundo escudo era el de batalla; era uno más grande, que tenía la forma de una puerta grande y servía para proteger todo el cuerpo.

La palabra "escudo" (thureon) que se utiliza en este verso designaba el escudo que usaba la infantería pesada, un oblongo largo de cuatro por dos y medio pies (1.80 x 1.20 mts.), y que a veces curvo en su interior.

Este tipo de escudo es una ilustración de cómo la fe nos protege en esta batalla espiritual.

Desde el momento que nacimos de nuevo el Espíritu Santo colocó la fe en nosotros; en Romanos 12:3 dice: “Porque en virtud de la gracia que me ha sido dada, digo a cada uno de vosotros que no piense más alto de sí que lo que debe pensar, sino que piense con buen juicio, según la medida de fe que Dios ha distribuido a cada uno” (La Biblia de las Américas).

Dios ya distribuyó en nosotros la medida de la fe, ese es el inicio sobre el cual debemos empezar, y sobre el cual debemos sobreedificar en nuestras vidas.

Nosotros ya tenemos la fe, ahora nuestra responsabilidad es hacer algo con ella.

Los dardos (flechas en varias versiones) que se usaban en esa época eran de 3 tipos:

En primer lugar estaban los simples, que son como los que se utilizan el día de hoy.

En segundo lugar estaban las flechas que estaban embadurnados con brea; a los cuales se les prendía fuego y los disparaban; eran peligrosos pero visibles.

En tercer lugar estaban una clase de cañas huecas que llevaban un tipo de combustible en su interior; las cuales explotaban en llamas al momento de tocar su objetivo.

Este último tipo eran las más temidas; no se usaban en los combates normales; sino para sitiar ciudades; eran como el caballo de Troya, parecían flechas normales, pero dentro tenían una gran arma ofensiva, capaz de producir un gran incendio.

Es como hoy día los ataque troyanos que se hacen en las computadoras; te ofrecen un programa gratuito pero dentro tiene un virus informático que lo único que quiere es robarte tu información más confidencial.

Satanás nos ataca de esa manera, nos ofrece algo muchas veces legítimo, pero dentro llega con un veneno mortal, listo para destruirnos.

Cuando un ladrón quiere robar una casa resguardada por perros, muchas veces tira un trozo de carne por las rejas de la casa; el perro va come la carne y se muere; no sabe que dentro de la carne hay un potente veneno.

Esa es la manera como nos ataca el diablo, por medio de destructivas tentaciones y engaños.

En 1 Pedro 5:8-9 dice: “Sed sobrios, y velad; porque vuestro adversario el diablo, como león rugiente, anda alrededor buscando a quien devorar; al cual resistid firmes en la fe, sabiendo que los mismos padecimientos se van cumpliendo en vuestros hermanos en todo el mundo” (Reina Valera 1960).

La Biblia coloca la figura de Satanás como el de un león rugiente, el león rugiente es el más viejo de la manada, que por su edad ya no tiene la velocidad ni fuerza de su juventud, y encima está desdentado; pero hay algo que si sabe hacer, sube rugir muy fuertemente, y al hacerlo quedan paralizados muchos animales, incluso algunos aquellos que son más rápidos que los leones.

El ataque del diablo es por medio del temor; nos paraliza y engaña con sus mentiras que lo único que hacen es pintarnos un mundo irreal, él no nos dice la verdad, sino que coloca el miedo en nosotros para hacernos creer que es más poderoso que nosotros; pero hay buenas noticias para nosotros, aquel que es superior que él, vive en nosotros.

En 1 Juan 4:4 podemos ver esa gran verdad: “En cuanto a vosotros, hijos míos, pertenecéis a Dios y habéis vencido a esos pretendidos profetas, pues el que está con vosotros es más fuerte que el que está con el mundo” (Versión de Arcas y Fernández).

¡Si! El más fuerte está en nosotros, veamos este verso en otras versiones esta poderosa verdad.

La Biblia en Lenguaje Sencillo lo dice más claro: “Hijos míos, ustedes son de Dios y ya han vencido a esos falsos profetas, pues él permanece unido a ustedes y es más poderoso que su Enemigo.”

Dios permanece unido a nosotros y es más poderoso que nuestro enemigo el diablo.

La Nueva Biblia de los Hispanos lo pone así: “Hijos míos, ustedes son de Dios y han vencido a los falsos profetas, porque mayor es Aquél que está en ustedes que el que está en el mundo.”

El que es Mayor está en nosotros y es mayor que el diablo que está en el mundo.

La Palabra de Dios para Todos lo coloca así: “Mis hijitos, ustedes son de Dios y por esto ya han derrotado a los enemigos de Cristo porque el que está en ustedes es más grande que el que está en el mundo.”

El más grande está en nosotros, no hay nadie que pueda vencerlo, ganarle o derrotarlo,

Podemos ir confiados, como un niño pequeño que sale a caminar con su padre y sabe que no le pasará nada porque su padre lo acompaña y lo protege.

No hay lugar para el temor en nuestras vidas y menos cuando nos enfrentamos a un enemigo vencido.

En 2 Timoteo 1:7 dice: “Porque el Espíritu que Dios nos ha dado no es un espíritu de temor, sino de fortaleza, de amor y de sobriedad” (Biblia del Pueblo de Dios).

No tenemos un espíritu de temor, tenemos un espíritu completamente diferente, un espíritu de fortaleza, amor y sobriedad; o como dice la Reina Valera de 1960: “de poder, amor y dominio propio”.

Tenemos el Espíritu de Fe.

En 2 Corintios 4:13 dice: “Pero teniendo el mismo espíritu de fe, conforme a lo que está escrito: Creí,  por lo cual hablé, nosotros también creemos, por lo cual también hablamos” (Reina Valera 1960).

El Espíritu de Fe es un espíritu que resiste el ataque del diablo, porque ha creído la Palabra de Dios, y por eso declara que tiene la victoria.

Es lo que Jesús dijo en Mateo  7:

Mateo 7:24-27 (Traducción Peshitta en Español)
24 Por tanto, todo el que escuche estas mis palabras y las ponga por obra, será semejante a un hombre prudente que construyó su casa sobre la roca,
25 y cayó la lluvia, vinieron los torrentes, soplaron los vientos y azotaron a aquella casa, pero no se derrumbó, porque sus cimientos habían sido puestos sobre la roca.
26 Pero todo el que escuche estas mis palabras y no las ponga por obra, será semejante a un hombre insensato que construyó su casa sobre la arena;
27 y cayó la lluvia, vinieron los torrentes, soplaron los vientos y azotaron a aquella casa, y se derrumbó, y grande fue su destrucción.

La fe se basa en la Palabra de Dios, al escucharla y ponerla por obra es que podemos resistir el ataque del diablo contra nosotros.

Abraham tuvo que enfrentarse a una situación así y tuvo que ponerse el escudo de fe para recibir el hijo que Dios le había prometido.

Romanos 4:16-22 (Nueva Versión Internacional)
16 Por eso la promesa viene por la fe, a fin de que por la gracia quede garantizada para toda la descendencia de Abraham; esta promesa no es sólo para los que son de la ley sino para los que son también de la fe de Abraham, quien es el padre que tenemos en común
17 delante de Dios, tal como está escrito: "Te he hecho padre de muchas naciones." Así que Abraham creyó en el Dios que da vida a los muertos y que llama las cosas que no son como si ya existieran.
18 Contra toda esperanza, Abraham creyó y esperó, y de este modo llegó a ser padre de muchas naciones, tal como se le había dicho: "Así de numerosa será tu descendencia."
19 Su fe no flaqueó, aunque reconocía que su cuerpo estaba como muerto, pues ya tenía unos cien años, y que también estaba muerta la matriz de Sara.
20 Ante la promesa de Dios no vaciló como un incrédulo, sino que se reafirmó en su fe y dio gloria a Dios,
21 plenamente convencido de que Dios tenía poder para cumplir lo que había prometido.
22 Por eso se le tomó en cuenta su fe como justicia.

Abraham se encontró en una situación en la que todas las circunstancias le eran contrarias, era humanamente imposible que tuviera un hijo, tenía 99 años, su cuerpo estaba como muerto y su esposa Sara de 90 había sido toda la vida estéril.

Casi puedo escuchar al diablo mandándole dardos venenosos: “¿Con qué Dios te ha dicho que vas a tener un hijo con Sara? Ya ves, el año que viene cumples 100 y Dios no te ha dado un hijo, y Sara sigue tan estéril como siempre.”

Dardos oscuros y venenosos que trataban de robarle la bendición de Dios, pero él se paró firme en la fe, no dudo como si fuera un incrédulo sino que se reafirmó en su fe; tomo el escudo de la fe y resistió el dardo de fuego que el enemigo le lanzó; y finalmente su fe tuvo fruto, pues nació Isaac.

Hay momentos en la vida en que nos enfrentamos a situaciones parecidas, en las cuales parece que ya no hay ninguna esperanza ni posibilidad de salida.

A veces es la enfermedad, o las circunstancias económicas o algún tipo de problema que involucre a nuestra familia; y el diablo viene para decirnos que estamos vencidos y derrotados, que ya no hay ninguna esperanza para nosotros, que estamos perdidos; nos dice como la mujer de Job: “¡Maldice a Dios y muérete!” (Job 2:9)-

Pero no tenemos por qué hacerle caso, tenemos el escudo de la fe para resistir todos esos dardos ardientes que vienen para hundirnos y derrotarnos.

Tenemos que hacer lo que dice Santiago 4:7: “Así que sométanse a Dios. Resistan al diablo, y él huirá de ustedes” (Nueva Versión Internacional).

Aquí está la manera en que apagamos los dardos de fuego que el diablo envía contra nosotros.

La palabra “sométanse” es el término griego “jupotasso”, esta palabra es un término militar que significa el estar debajo de un superior; estar bajo las órdenes de una persona de mayor rango.

En el ejército cuando un general de una orden la persona que tiene el cargo inferior tiene que someterse; decir solamente “Si, mi General”.

Nosotros debemos someternos a las ordenes que Dios ya nos dio en Su Palabra; recordemos que la fe viene por el oír y el oír la Palabra de Dios; es decir, la fe nace de la Palabra de Dios.

Si la Biblia dice que somos sanos por las llagas de Jesús, entonces sin importar lo que digan nuestros sentidos físicos nos sometemos a la Palabra de Dios, y declaramos que somos sanos por las llagas de Jesús; tomamos la decisión de aceptar como un hecho aquello que ya fue dicho por Dios y está escrito en la Biblia.

Si ya hemos embrazado el escudo de la fe, nos hemos parado en sus promesas, hemos creído lo que esta escrito, tenemos un fundamento firme sobre el cual estamos parados y ahora hacemos lo que sigue, debemos resistir al diablo firmes en la fe.

¿Cómo resistir firmes en la fe?

Recordemos 2 Corintios 4:13; como tenemos el Espíritu de fe, debemos hablar la Palabra de Dios que hemos creídos resistiendo así el ataque del diablo.

Párate firme en las promesas de Dios y resiste el ataque del diablo que se levanta en tu contra.





martes, 13 de septiembre de 2016

Peleando la Buena Batalla de la Fe


Peleando la Buena Batalla de la Fe

Por lo demás, fortalézcanse en el Señor y en el poder de su fuerza.
 Revístanse con toda la armadura de Dios para que puedan estar firmes contra las insidias del diablo.
Porque nuestra lucha no es contra sangre y carne, sino contra principados, contra potestades, contra los poderes (gobernantes) de este mundo de tinieblas, contra las fuerzas espirituales de maldad en las regiones celestes.
Por tanto, tomen toda la armadura de Dios, para que puedan resistir en el día malo, y habiéndolo hecho todo, estar firmes.
Estén, pues, firmes, ceñida su cintura con la verdad, revestidos con la coraza de la justicia, calzados los pies con la preparación para anunciar el evangelio de la paz.
Sobre todo, tomen el escudo de la fe con el que podrán apagar todos los dardos encendidos del maligno.
Tomen también el casco de la salvación, y la espada del espíritu que es la palabra de Dios.
Con toda oración y súplica oren en todo tiempo en el Espíritu, y así, velen con toda perseverancia y súplica por todos los santos.

- Efesios 6:10-18 (Nueva Biblia de los Hispanos)


Para definir la armadura de Dios hay una serie de preguntas que debemos hacernos: ¿Qué es? ¿Por qué motivo es Pablo usó ésa ilustración? ¿Qué podemos aprender de ella? ¿Cómo podemos aplicarla a nuestras vidas?

Veamos la Batalla Espiritual desde una perspectiva Bíblica.

En estos últimos años se ha escuchado mucho acerca de la guerra espiritual, y la gente ha quitado el balance de lo que es la verdadera batalla espiritual.

En 2 Corintios 2:11 dice: “Para que Satanás no gane ventaja alguna sobre nosotros;  pues no ignoramos sus maquinaciones” (Reina Valera 1960).

La Biblia EUNSA lo traduce así: “Para que no seamos engañados por Satanás, ya que no desconocemos sus propósitos.”

No debemos ignorar los propósitos y maquinaciones del diablo, pero tampoco debemos irnos al otro lado, llegando a un extremismo en que todo lo veamos demonios.

Hace años una hermana veía todo demonios, en cada cosa, en cada lugar veía uno. Un día en una reunión de liderazgo, el grupo estaba tomando un café, y cuando la hermana levantó la tapa de la azucarera, el Pastor golpeo su mano para impedir que levante la tapa y le dijo: “¡No!”

La hermana sorprendida le preguntó: “¿Por qué Pastor?” Y el Pastor le respondió: “Hermana, no vaya a suceder que se escape el demonio del azúcar.”

La hermana se dio cuenta de lo que le dijo el Pastor y cambió su forma de pensar en cuanto al tema de los demonios.

La gente no se da cuenta pero al hacer esto y ve al diablo en todas partes, sin darse cuenta que lo único que hacen es glorificarlo.

Son como la hermana que testificó en un servicio: “Hermanos el diablo me persiguió toda la semana; ¡bendito sea su santo nombre!”

Realmente la hermana no quería glorificar al diablo, pero al pasársela todo el tiempo hablando de él, y de las cosas que le hacía, sin darse cuenta le dio la gloria.

Eso es lo que está pasando el día de hoy; la guerra espiritual se ha vuelto muy popular; encontramos, conferencias, Biblias, posters, libros de estudio, polos y hasta juguetes; los escuchamos en la radio, en la televisión por todos lados.

Se han ido al otro extremo.

Pero, ¿el creyente debe hacer guerra espiritual?

Veamos lo que dice la Biblia.

En 1 Juan 3:8 dice: “El que practica el pecado es del diablo;  porque el diablo peca desde el principio. Para esto apareció el Hijo de Dios,  para deshacer las obras del diablo” (Reina Valera 1960).

La Biblia del Pueblo de Dios lo dice así: “Pero el que peca procede del demonio, porque el demonio es pecador desde el principio. Y el Hijo de Dios se manifestó para destruir las obras del demonio.”

Wuest comenta acerca de esta palabra deshacer: “’Destruir’ es en el texto griego luo, ‘aflojarse, disolver’ Westcott comenta: ‘Las obras del diablo son representadas como teniendo una cierta consistencia y cierta coherencia. Muestran un tipo de frente sólido. Pero Cristo, con Su aparición, los ha revelado en completa insustancialidad. Él 'ha deshecho' las aparentes ataduras por las cuales fueron sujetados’ Pero Él ha hecho más que eso. Por la sangre de la Cruz que Él pagó por el pecado, hizo una vía de escape del enemigo principal de las almas de hombres, derrotando los propósitos del diablo, y finalmente causando su caída completa.”

Es la misma palabra que se usó en Lucas 3:16: “Respondió Juan,  diciendo a todos: Yo a la verdad os bautizo en agua;  pero viene uno más poderoso que yo,  de quien no soy digno de desatar la correa de su calzado;  él os bautizará en Espíritu Santo y fuego” (Reina Valera 1960).

Esta palabra nos da la idea de desatar el nudo de un zapato; y es la figura que nos da Juan el Bautista cuando hablaba de Jesús en este pasaje.

También vemos está palabra en la sanidad de la mujer encorvada, en Lucas 13:10-16.

Enseñaba Jesús en una sinagoga en el día de reposo; y había allí una mujer que desde hacía dieciocho años tenía espíritu de enfermedad, y andaba encorvada, y en ninguna manera se podía enderezar. Cuando Jesús la vio, la llamó y le dijo: Mujer, eres libre de tu enfermedad. Y puso las manos sobre ella; y ella se enderezó luego, y glorificaba a Dios. Pero el principal de la sinagoga,  enojado de que Jesús hubiese sanado en el día de reposo, dijo a la gente: Seis días hay en que se debe trabajar; en éstos, pues, venid y sed sanados, y no en día de reposo. Entonces el Señor le respondió y dijo: Hipócrita, cada uno de vosotros  ¿no desata en el día de reposo su buey o su asno del pesebre y lo lleva a beber? Y a esta hija de Abraham, que Satanás había atado dieciocho años,  ¿no se le debía desatar de esta ligadura en el día de reposo? (Reina Valera 1960).

Esta es la obra que Jesús estuvo haciendo durante su ministerio, desatando todas las ataduras del diablo en contra de la gente.

Hechos 10:38 es bien claro respecto a esto: “Cómo Dios ungió con el Espíritu Santo y con poder a Jesús de Nazaret, y cómo éste anduvo haciendo bienes y sanando a todos los oprimidos por el diablo, porque Dios estaba con él” (Reina Valera 1960).

En Hebreos 2:14 podemos ver más acerca de esta victoria: “Así que,  por cuanto los hijos participaron de carne y sangre,  él también participó de lo mismo,  para destruir por medio de la muerte al que tenía el imperio de la muerte,  esto es,  al diablo” (Reina Valera 1960).

Veamos este pasaje en otras versiones para poder entender mejor lo que fue esta gran victoria.

Hebreos 2:14 (Nuevo Testamento de Arcas y Fernández)
14 Y como los miembros de una familia participan de una misma carne y sangre, también Jesús comparte carne y sangre con los hombres. Puede así, con su muerte, reducir a la impotencia al señor de la muerte, es decir, al diablo.

Hebreos 2:14 (Biblia Latinoamericana)
14 Puesto que esos hijos son de carne y sangre, Jesús también experimentó esta misma condición y, al morir, le quitó su poder al que reinaba por medio de la muerte, es decir, al diablo.

Hebreos 2:14 (Nueva Versión Internacional)
14 Por tanto,  ya que ellos son de carne y hueso, él también compartió esa naturaleza humana para anular,  mediante la muerte,  al que tiene el dominio de la muerte; -es decir,  al diablo.

Vemos que Jesús no solo le quito todo su poder al diablo, lo anuló, lo redujo a la impotencia y lo destruyó (su poder).

El término destruir que usa en la Reina Valera es katargéo; que significa:  estar ó dejar enteramente inmóvil (inútil), inutilizar, invalidar, libre, abolir, acabar, dejar, deshacer, desligar, destruir, perecer, quitar, suprimir.

Satanás no fue aniquilado sino despojado de todo su poder, el poder que tenía sobre la muerte y el Hades ya fue quebrado; ahora Jesús es el que posee las llaves; Jesús es el que tiene la autoridad.

Por eso, cuando nos enfrentamos a Satanás y su ejército nos enfrentamos a enemigos que han sido despojados de poder; cuyo poder se anuló y redujo a la impotencia por causa de Jesús.

Por ese motivo es que en Romanos 8:37 dice: “Antes,  en todas estas cosas somos más que vencedores por medio de aquel que nos amó” (Romanos 8:37).

Esta frase “más que vencedores” siempre me llamó la atención, ¿de qué está hablando?

Dicen que después de una terrible pelea, en la que casi pierde pero que finalmente ganó, el campeón mundial de boxeo de peso completo recibió su cheque por 20 millones de dólares.

Había peleado y había ganado, era el vencedor.

Cuando llegó a su casa y abrió contento la puerta vio que su esposa lo esperaba con un bate de béisbol y que le decía: “Cariño, ¿Qué tienes para mí?”

Así que el campeón simplemente extendió la mano y le dio el cheque del premio por el que había luchado tan duramente.

¿Quién fue el vencedor? El esposo.

¿Quién fue más que vencedor? La esposa.

La esposa disfrutó de algo por lo que no había hecho nada.

Esa es la idea de que somos más que vencedores; Jesús venció al diablo por nosotros y ahora es que podemos disfrutar de esa victoria.

Pero, vemos que hay muchos cristianos derrotados por el diablo, ¿qué pasó?

No han entendido que el campo de batalla es en la mente.

En 2 Corintios 10:3-5 vemos la naturaleza de nuestra batalla espiritual: “Pues aunque andamos en la carne, no militamos según la carne; porque las armas de nuestra milicia no son carnales, sino poderosas en Dios para la destrucción de fortalezas, derribando argumentos y toda altivez que se levanta contra el conocimiento de Dios, y llevando cautivo todo pensamiento a la obediencia a Cristo” (Reina Valera 1960).

El diablo trabaja en la mente trayendo opresión y atadura por medio del engaño y la manipulación, pero debemos darnos cuenta que ya es un enemigo derrotado; Jesús ya desató y deshizo todo el poder que tenía en nuestra contra.

Satanás ha apelado a las mismas tácticas desde el principio, podemos verlo desde la misma creación, cuando elaboró su plan para adueñarse de ella.

En Génesis 3:1-6 vemos como trabajo con Eva en la tentación: “Pero la serpiente  era astuta, más que todos los animales del campo que Jehová Dios había hecho; la cual dijo a la mujer: ¿Conque Dios os ha dicho: No comáis de todo árbol del huerto? Y la mujer respondió a la serpiente: Del fruto de los árboles del huerto podemos comer; pero del fruto del árbol que está en medio del huerto dijo Dios: No comeréis de él,  ni le tocaréis, para que no muráis. Entonces la serpiente dijo a la mujer: No moriréis; sino que sabe Dios que el día que comáis de él, serán abiertos vuestros ojos, y seréis como Dios,  sabiendo el bien y el mal. Y vio la mujer que el árbol era bueno para comer, y que era agradable a los ojos, y árbol codiciable para alcanzar la sabiduría; y tomó de su fruto, y comió; y dio también a su marido, el cual comió así como ella” (Reina Valera 1960).

Aquí se ve claramente el cómo Satanás manipuló a Eva torciendo las escrituras y diciéndole una verdad a medias.

Usó la táctica con la que envenenaron a Blancanieves, le trajo a Eva una manzana podrida que externamente había sido decorada para verse muy bien.

Jesús mismo en su ministerio también tuvo que enfrentarse a una situación similar, cuando fue tentado por el diablo en Lucas 4:1-12.

Veamos este pasaje en la versión Reina Valera 1960.

Jesús, lleno del Espíritu Santo, volvió del Jordán, y fue llevado por el Espíritu al desierto por cuarenta días, y era tentado por el diablo. Y no comió nada en aquellos días, pasados los cuales, tuvo hambre. Entonces el diablo le dijo: Si eres Hijo de Dios, di a esta piedra que se convierta en pan. Jesús,  respondiéndole, dijo: Escrito está: No sólo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra de Dios.
Y le llevó el diablo a un alto monte, y le mostró en un momento todos los reinos de la tierra. Y le dijo el diablo: A ti te daré toda esta potestad, y la gloria de ellos; porque a mí me ha sido entregada, y a quien quiero la doy. Si tú postrado me adorares, todos serán tuyos. Respondiendo Jesús, le dijo: Vete de mí, Satanás, porque escrito está: Al Señor tu Dios adorarás, y a él solo servirás. Y le llevó a Jerusalén, y le puso sobre el pináculo del templo, y le dijo: Si eres Hijo de Dios, échate de aquí abajo; porque escrito está: A sus ángeles mandará acerca de ti, que te guarden; y, en las manos te sostendrán, para que no tropieces con tu pie en piedra. Respondiendo Jesús,  le dijo: Dicho está: No tentarás al Señor tu Dios.
Y cuando el diablo hubo acabado toda tentación,  se apartó de él por un tiempo.

Aquí Jesús se enfrentó con el diablo, pero no se dejó vencer y nos mostró el camino para caminar en esa victoria que es vencerlo por medio de la Palabra de Dios.

Así que no depende de Dios, ni del diablo que seamos oprimidos y atados, depende solamente de nosotros, porque la obra de victoria ya fue hecha.

En Santiago 4:7 dice las siguientes palabras: “Someteos, pues, a Dios; resistid al diablo, y huirá de vosotros” (Reina Valera 1960).

Aquí término someteos es jupotasso que es principalmente un término militar, ordenar abajo (jupo, debajo; tasso, ordenar). Denota: ponerse en sujeción, sujetarse.

Al someternos estamos poniéndonos bajo las ordenes de Dios; nos sometemos a Su Palabra; es decir, la aceptamos como una realidad en nuestras vidas.

Cuando un General le da una orden a un soldado, este se para al frente y le dice: “Si mi General”; y luego va y hace lo que le dijo su General.

Si nuestro General nos ha dicho que tenemos autoridad, lo aceptamos como un hecho; si nuestro General ha dicho que somos sanos por la llagas de Jesús, lo somos, lo aceptamos como un hecho; si nuestro General dice que tenemos la victoria, la victoria ya es nuestra.

Este verso nos dice tres cosas

Lo primero es que debemos aceptar su Palabra como un hecho real para nosotros.

Lo segundo es resistir al diablo. ¿Cómo lo hacemos? Igual que Jesús, usando la Palabra de Dios.

Lo tercero es que al diablo no le quedará más remedio que huir de nosotros.

El huirá, escapará de nosotros, como una mosca al ver un matamoscas.

En Primera de Pedro 5:6-9 vemos algo similar: “Humillaos, pues, bajo la poderosa mano de Dios,  para que él os exalte cuando fuere tiempo; echando toda vuestra ansiedad sobre él, porque él tiene cuidado de vosotros. Sed sobrios, y velad; porque vuestro adversario el diablo, como león rugiente,  anda alrededor buscando a quien devorar; al cual resistid firmes en la fe, sabiendo que los mismos padecimientos se van cumpliendo en vuestros hermanos en todo el mundo” (Reina Valera 1960).

Vemos aquí el mismo principio de Santiago, humillarnos ante la poderosa mano de Dios, someternos a Él y Su Palabra.

Si Dios ha dicho algo es así; debemos creerle, no dependiendo de nuestras propias fuerzas sino de las del Señor.

Debemos ser sobrios y velar; es decir mantenernos firmes en la Palabra; no ir a derecha ni ha izquierda.

Y debemos resistirlo con la Palabra de Dios y el nombre de Jesús.

Una cosa final en este verso es que no estamos solos, ni que recibimos “el gran ataque”, uno como nunca tuvo nadie; no es así, los mismos ataques que sufrimos los han sufrido otros hermanos; y si otros los han vencido nosotros también venceremos.

Entonces podemos ver que hay una batalla espiritual en la cual ya tenemos la victoria. Como hemos visto, entramos en esta batalla espiritual con la victoria en las manos.

Efesios 6:12 dice: “Porque nuestra lucha no es contra sangre y carne (oponentes físicos), sino contra principados, contra potestades, contra los poderes (gobernadores) de este mundo (presente) de tinieblas, contra las fuerzas espirituales de maldad en las regiones celestes” (Biblia Expandida de Fe).

No son oponentes físicos contra los que luchamos son oponentes espirituales.

Otra característica de esta batalla es que es una batalla de fe, la cual vencemos creyendo en las promesas que ya nos han sido dadas en la Palabra de Dios.

En 1 Timoteo 1:18-19 dice: “Este mandamiento, hijo Timoteo, te encargo, para que conforme a las profecías que se hicieron antes en cuanto a ti,  milites por ellas la buena milicia, manteniendo la fe y buena conciencia, desechando la cual naufragaron en cuanto a la fe algunos” (Reina Valera 1960).

La Nueva Versión Internacional lo dice de esta manera: “Timoteo, hijo mío, te doy este encargo porque tengo en cuenta las profecías que antes se hicieron acerca de ti. Deseo que, apoyado en ellas,  pelees la buena batalla y mantengas la fe y una buena conciencia. Por no hacerle caso a su conciencia, algunos han naufragado en la fe.”

Y en el capítulo 6 verso 12 le vuelve a decir: “Pelea la buena batalla de la fe;  haz tuya la vida eterna,  a la que fuiste llamado y por la cual hiciste aquella admirable declaración de fe delante de muchos testigos” (Nueva Versión Internacional).

Hay una buena batalla que luchar, la batalla de la fe a la cual entramos con la victoria en la mano y vencemos creyendo las promesas que Dios nos dio en Su Palabra.


martes, 2 de julio de 2013

La Guerra Espiritual 12 - Orando en Todo Tiempo

Orando en Todo Tiempo

Eleven constantemente toda clase de oraciones y súplicas, animadas por el Espíritu. Dedíquense con perseverancia incansable a interceder por todos los hermanos.
- Efesios 6:18 (Biblia del Pueblo de Dios)

Por ultimo, y como cerrando con broche de oro Pablo coloca lo que sirve de balance para nuestra armadura y para la vida cristiana en general, la oración.

Expositors dice: “Este gran requerimiento de pararse firme para el combate solo puede hacerse bien cuando la oración, constante, seria, espiritual se añade cuidadosamente al equipo junto con todas las partes de la panoplia” (Citado por Wuest).

La oración se convierte entonces en un arma más para la batalla.

Veamos Efesios 6:18 en varias versiones para entender mejor este verso:

La Versión de Arcas y Fernández es muy interesante: “Y todo esto hacedlo orando y suplicando sin cesar bajo la guía del Espíritu; renunciad incluso al sueño, si es preciso, y orad con insistencia por todos los creyentes.”

Dice que oremos sin cesar y bajo la guía del Espíritu Santo; renunciando al sueño si es preciso y orando con insistencia por todos los creyentes.

Muchas de nuestras oraciones no tienen fruto porque les falta el elemento de la constancia. Pablo habló de esto en 1 Tesalonicenses 5:18 cuando dijo: “Orad sin cesar” (Reina Valera 1960).

La Biblia Amplificada coloca Efesios 6:18 de esta manera: “Oren en todo momento (en cada ocasión, en cada estación) en el Espíritu, con toda [manera de] oración y ruego. A fin de mantenerse alerta y vigilantes con un fuerte propósito y perseverancia, intercediendo a favor de todos los santos (las personas consagradas a Dios)."

Esta es la idea que nos da el griego; utilizan la palabra “kairos”, que significa ocasión o oportunidad, y también estación o tiempo.

Debemos estar dispuestos a orar en cada ocasión que tengamos.

Por ejemplo, veamos lo que hacía la iglesia mientras Pedro estaba encarcelado, y como es que encontró a la gente cuando el ángel lo libero.

En Hechos 12:12 dice: “Y habiendo considerado esto, llegó a casa de María la madre de Juan,  el que tenía por sobrenombre Marcos, donde muchos estaban reunidos orando” (Reina Valera 1960).

No los encontró temerosos, escondidos, los encontró haciendo lo que tenían que hacer, estaban orando, era una buena oportunidad para hacerlo debido a la oportunidad, había empezado la persecución y Pedro estaba en la cárcel, así que se pusieron a orar. 

Hace años conocí a una hermana llamada Margarita; ella era una mujer de oración, durante años vi la mano de Dios obrando en su vida, y vi innumerables oraciones respondidas.

Es importante que tengamos esa disposición para orar en todo tiempo.

La Biblia Castilian 2003 coloca Efesios 6:18 de esta manera: “Con toda clase de oraciones y súplicas, orad en toda ocasión en el Espíritu, y velad juntos y con perseverancia, intercediendo por todo el pueblo santo.”

Dice que oremos con toda clase de oraciones y súplicas.

Aquí el término oración es proseuche que es el término usado generalmente cuando se habla de oración en la Biblia; y para súplicas se usa deesis que su significado primario es necesidad, y de ahí significa petición, ruego y súplica; es decir, oración por nuestras necesidades y por las de los demás.

Entonces, nuestras oraciones deben ser por nosotros y por las demás personas.

En el Nuevo Testamento encontramos una gran variedad de oraciones, cada una con sus propias reglas y características, para propósitos determinados.

Entre las diversas clases de oraciones tenemos:

1. La oración de petición

Esta es la oración que hacemos cuando queremos recibir algo de Dios.

Podemos encontrarla en 1 Juan 5:14-15: “Ésta es la confianza que tenemos en Él: que en todo lo que le pedimos de acuerdo a su voluntad, Él nos escucha. Y si estamos convencidos de que Él nos escucha acerca de lo que le pedimos, confiamos en que ya hemos recibido de Él lo que le pedimos” (Versión Peshitta).

En Marcos 11:24 vemos que la condición es que creamos que hemos recibido al momento de orar: “Por eso les digo: Crean que ya han recibido todo lo que estén pidiendo en oración, y lo obtendrán" (Nueva Versión Internacional).

2. La oración al Padre en el nombre de Jesús

Está oración tiene que ver con la oración de petición, y es en particular, la oración del Nuevo Pacto.

Jesús nos enseño a usarla en Juan 16:23-24: “En aquel día no me preguntaréis nada.  De cierto,  de cierto os digo,  que todo cuanto pidiereis al Padre en mi nombre,  os lo dará. Hasta ahora nada habéis pedido en mi nombre;  pedid,  y recibiréis,  para que vuestro gozo sea cumplido” (Reina Valera 1960).

3. La oración de acuerdo

Es la oración en que 2 o más se ponen de acuerdo para recibir algo específico de Dios.

La encontramos en Mateo 18:19-29: “Además les digo, que si dos de ustedes se ponen de acuerdo sobre cualquier cosa que pidan aquí en la tierra, les será hecho por Mi Padre que está en los cielos. Porque donde están dos o tres reunidos en Mi nombre, allí estoy Yo en medio de ellos" (Nueva Biblia de los Hispanos).

4. La oración unida

Es cuando la iglesia presenta unánime una petición a Dios.

En Hechos 4:24-31 podemos ver está oración y su resultado: “Cuando lo oyeron, alzaron unánimes la voz en oración a Dios: «Soberano Señor, creador del cielo y de la tierra, del mar y de todo lo que hay en ellos,  tú, por medio del Espíritu Santo, dijiste por boca de nuestro padre David, tu siervo:»“¿Por qué se sublevan las naciones y en vano conspiran los pueblos? Los reyes de la tierra se rebelan y los gobernantes se confabulan contra el Señor y contra su ungido.” En efecto, en esta ciudad se reunieron Herodes y Poncio Pilato, con los gentiles y con el pueblo de Israel, contra tu santo siervo Jesús, a quien ungiste para hacer lo que de antemano tu poder y tu voluntad habían determinado que sucediera. Ahora, Señor, toma en cuenta sus amenazas y concede a tus siervos el proclamar tu palabra sin temor alguno. Por eso, extiende tu mano para sanar y hacer señales y prodigios mediante el nombre de tu santo siervo Jesús.» Después de haber orado, tembló el lugar en que estaban reunidos; todos fueron llenos del Espíritu Santo, y proclamaban la palabra de Dios sin temor alguno” (Biblia al Día).

Realmente es una oración poderosa.

5. La oración de atar y desatar

Es una oración principalmente para permitir y no permitir; permitir que las bendiciones de dios vengan y no permitir el ataque del diablo en nuestra contra. 

Se encuentra en Mateo 18:18: “De cierto les digo que todo lo que aten en la Tierra, será atado en el Cielo, y lo que desaten en la Tierra, será desatado en el Cielo” (Versión Peshitta).

6. La oración de alabanza y adoración

Es una oración principalmente de agradecimiento a Dios por lo que Él es y por las cosas que Él ha hecho por nosotros.

En 1 Tesalonicenses 5:18 la vemos: “Dad gracias en todo; porque esta es la voluntad de Dios para con vosotros en Cristo Jesús.”

7. La oración en lenguas

Esta oración es llamada también la oración en el espíritu y es cuando hablamos en lenguas.

Podemos encontrarla en 1 Corintios 14:14-15 donde se usa intercambiablemente oración en lenguas y oración en el espíritu: “Porque si oro en lenguas, mi espíritu ora, pero mi entendimiento queda sin fruto. ¿Qué pues haré? Oraré con mi espíritu, pero también oraré con mi entendimiento; cantaré con mi espíritu, pero también cantaré con mi entendimiento” (Versión Peshitta).

8. La oración de intercesión

Es la oración en que tu te pones en la brecha por alguien con la ayuda del Espíritu Santo.

En Romanos 8:26-27 la vemos: “Somos débiles, pero el Espíritu viene en nuestra ayuda. No sabemos lo que nos conviene pedir, pero el Espíritu intercede por nosotros con gemidos inexpresables. Y Dios, que sondea lo más profundo del ser, conoce cuáles son las aspiraciones de ese Espíritu que intercede por los creyentes en plena armonía con la divina voluntad” (Versión de Arcas y Fernández).

No he abarcado en este estudio todas las clases de oraciones pero si la mayoría de ellas y creo que nos serán de ayuda a la ora de presentar nuestras oraciones a Dios.

Recordemos que debemos orar con todo tipo de oración según sea el tiempo y la necesidad que se presente; no siempre deberemos orar el mismo tipo de oración porque las circunstancias siempre serán diferentes.

Dice también que nuestra disposición debe ser siempre estar en oración; como decía la versión de Arcas y Fernández: “renunciad incluso al sueño, si es preciso.”

Como creyentes siempre debemos tener una vida de oración, ese es el complemento de nuestra armadura.

Nunca nos quitemos está armadura; no le demos pie al enemigo para ser derrotados; recordemos que ya tenemos la victoria en las manos.

Por eso al ponernos toda esta armadura podremos resistir en el día malo y habiendo acabado todo estaremos firmes.