lunes, 17 de abril de 2017

Traducción del libro "Estudios Avanzados de la Biblia" de E. W. Kenyon (Parte 1)



He empezado a traducir este libro de E. W. Kenyon, Estudios Avanzados de la Biblia, Estudios en la Vida Profunda, porque creo que es un arma poderosa para nuestra de fe.

Los que no conocen a Kenyon, fue un poderoso maestro de la Palabra de la primera mitad del siglo pasado, sus enseñanzas fueron inspiración para grandes hombres de Dios y hoy siguen bendiciendo a muchos.

Kenneth Hagin decía que cuando empezó a predicar muchos decían que estaba copiando a Kenyon, pero él les decía que nunca lo había leído, así que decidió conseguir sus libros y al hacerlo vio que era la misma doctrina.

Leamos el primer capítulo del libro: "La integridad de la Palabra".

Capítulo 1
LA INTEGRIDAD DE LA PALABRA

LA PALABRA es Dios que hablando contigo. "Así dice Jehová" se repite más de dos mil veces desde Éxodo hasta Deuteronomio. Dios y Su Palabra son uno. La Palabra siempre es ahora. Jesús es la Palabra. Jesús es la Palabra Viviente.
Hebreos 4:12, "El Logos de Dios es una cosa viva, activa y más cortante que cualquier espada con doble filo que penetre hasta la misma división del alma y el espíritu, la articulación y la médula escrutinio de los mismos pensamientos y concepciones del corazón" (Moffat).
Y ahora, observen cuidadosamente el siguiente versículo: "Y ninguna cosa creada se le oculta, todas las cosas están abiertas, expuestas ante los ojos de Aquel con quien tenemos que dar cuenta". La Palabra se llama Logos. Jesús es el Logos, y el Logos es algo vivo, no en el libro, no en la página escrita, sino en los labios del creyente. No hay nada creado que esté escondido de Él, esta Palabra viva. La Palabra nos examina, nos encuentra. Este párrafo debe ser estudiado cuidadosamente.

La Palabra es nuestro contacto con Dios
La Palabra es nuestro contacto con Dios el Padre. Es su contacto con nosotros. Juan 16: 7-10 (La Biblia de las Américas) dice: "Convencerá al mundo de pecado, de justicia y de juicio".

Somos convencidos por la Palabra
Esta convicción no puede provenir de otra fuente que la Palabra. Es una triple convicción. Primero, convence de nuestra unión con Satanás: "De juicio, porque el príncipe de este mundo es juzgado", que el hombre natural es juzgado en Satanás, es un hijo de Satanás.
Juan 8:44, 45 con 1 Juan 3:10. Observe cuidadosamente estas Escrituras. Segundo, Él convence de Justicia, mostrando que aunque somos hijos del Diablo. La justicia está disponible y nos pertenece. Y tercero, Él convence del pecado porque no creemos en Él. Sólo hay un pecado por el cual el pecador será juzgado; el rechazo de Jesucristo.

Somos Recreados por la Palabra
Santiago 1:18 dice "El,  de su voluntad, nos hizo nacer por la palabra de verdad, para que seamos primicias de sus criaturas". Lea Juan 3: 3-8. En 1 Pedro 1:23 dice;, "Habiendo sido engendrados de nuevo, no de semilla corruptible, sino de incorruptible, a través de la Palabra de Dios, que vive" (American Versión estándar).
La Palabra nos imparte Vida Eterna. Si no fuera por la Palabra, no sabríamos que hubo una Redención o una Substitución o una Nueva Creación.
En 2 Corintios 5:17, 18 dice: " De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas. Y todo esto proviene de Dios, quien nos reconcilió consigo mismo por Cristo, y nos dio el ministerio de la reconciliación."

Nuestras mentes son renovadas por la palabra
Romanos 12:2 dice: "No os conforméis a este siglo,  sino transformaos (Transfigurados) por medio de la renovación de vuestro entendimiento,  para que comprobéis cuál sea la buena voluntad de Dios,  agradable y perfecta.”
En Colosenses 3:10 dice: “Y revestido del nuevo, el cual conforme a la imagen del que lo creó se va renovando hasta el conocimiento pleno".
La mente se renueva estudiando la Palabra y actuando sobre ella. Uno puede estudiar la Palabra por años, pero si no actúa, vive, no es un hacedor, la mente no se renueva.
Santiago nos da el secreto en Santiago 1:22: "Pero sed hacedores de la palabra, y no tan solamente oidores, engañándoos a vosotros mismos".
Muchos estudiantes de la Biblia se engañan a sí mismos porque no están actuando, viviendo, haciendo la Palabra.

Estamos habitados por la Palabra
Colosenses 3:16 dice: "La palabra de Cristo more en abundancia en vosotros, enseñándoos y exhortándoos unos a otros..."
¿Qué quiere decir con dejar que la Palabra more en nosotros ricamente? Esta es una de las frases más llamativas de esta epístola.
En Juan 15:7 dice: "Si permanecéis en mí, y mis palabras permanecen en vosotros, pedid todo lo que queráis, y os será hecho".
La Palabra aquí es morar en nosotros, produciendo frutos de oración. Lea atentamente el siguiente versículo: "En esto es glorificado mi Padre, en que llevéis mucho fruto, y seáis así mis discípulos".
Es fruto de oración. Es la Palabra que produce fruto de su propia clase en la vida del creyente.
No es sólo el compromiso de la Palabra para memorizarla, algo que es valioso, sino dejar que la Palabra se convierta en una parte integral de nuestros seres. Vive en nosotros.
En Efesios 3:17 dice: "Para que habite Cristo por la fe en vuestros corazones,  a fin de que,  arraigados y cimentados en amor".
Cristo y la Palabra son uno. Es la Palabra que mora en ustedes lo que equivale a que Cristo esté personalmente en ustedes. Dejar que la Palabra tenga derecho de paso en su vida es permitir que Cristo tenga derecho de paso. La Palabra que te domina es el Señorío de Cristo en ti.

Estamos Edificados con la Palabra
Hechos 20:32: "Y ahora, hermanos, os encomiendo a Dios, y a la palabra de su gracia, que tiene poder para sobreedificaros y daros herencia con todos los santificados".
Él nos encomienda a la Palabra de Su gracia. Esta Palabra construye la naturaleza de Cristo y la naturaleza de amor del Padre en el individuo. En otras palabras, Dios se está construyéndose a Sí mismo en nosotros, haciéndose a Sí mismo parte de nosotros cuando la Palabra nos domina, gobierna y satisface nuestra naturaleza espiritual. No se puede construir uno espiritualmente con filosofías o teorías sobre la Palabra, o en la historia de la palabra. Sólo somos hechos espirituales por vivir en la Palabra y por la Palabra que vive en nosotros. Somos Sanados por el Salmo 107:20 de Palabra, "Él envió Su Palabra y los sanó". Cuán pocos de nosotros hemos comprendido que la Palabra es la que nos sana. Hablamos de la fe en la Palabra, no hay nada malo en eso, pero es cuando Isaías 53: 4 se convierte en una realidad en nuestro espíritu: "Ciertamente llevó él nuestras enfermedades, y sufrió nuestros dolores (rendición marginal);  y nosotros le tuvimos por azotado,  por herido de Dios y abatido", que opera en nuestros cuerpos físicos. Él fue golpeado y herido de nuestras enfermedades y pecados. Y entonces la Palabra declara en el versículo quinto: "Por sus llagas fuimos curados." Lo leemos y meditamos sobre él, y sabemos que es verdad. Jeremías 1: 12 (La Biblia de las Américas) dice: "Yo velo sobre mi palabra para cumplirla". Sabemos que el Padre vela por su Palabra y que hará que esa Palabra sea buena en nosotros. Él dijo: "Ciertamente llevó él nuestras enfermedades, y sufrió nuestros dolores". Entonces no necesitamos llevarlas. Ellas no pueden ser parte de nosotros porque Él puso nuestras enfermedades y pecados en Jesús: "Al que no conoció pecado, por nosotros lo hizo pecado, para que nosotros fuésemos hechos justicia de Dios en él" (2 Corintios 5:21). La justicia de Dios no puede estar enferma entonces y no puede ser gobernada por el pecado. Satanás no tiene dominio sobre la justicia de Dios a menos que se la demos. Es la Palabra que nos ha hecho saber esto. Es la Palabra que nos ha salvado, nos ha recreado, y es la Palabra que nos sana ahora. Es la Palabra que nos hace amos sobre Satanás. Marcos 16:17: "En mi nombre echarán fuera demonios." Es la Palabra que nos ha enseñado el valor del Nombre, la autoridad del Nombre, y nuestro derecho legal al uso del Nombre. Así que es la Palabra en  realidad la que nos ha sanado.

Conocemos al Padre a través de la Palabra.
En Juan 16:27-28: "Pues el Padre mismo os ama, porque vosotros me habéis amado, y habéis creído que yo salí de Dios." Y Juan 17:23 dice: "Para que el mundo conozca que tú me enviaste, y que los has amado a ellos como también a mí me has amado." En Juan 14:23 dice: "El que me ama, mi palabra guardará; y mi Padre le amará, y vendremos a él, y haremos morada con él.”
Estas tres escrituras demuestran, sin sombra de duda, que el Padre ama a Sus hijos, a estas personas que son la Nueva Creación, tanto como Él amó a Jesús, y que es una alegría para Él hacer Su hogar con ellos. ¿Qué significaría tener al Padre y a Jesús viviendo en su casa? Aseguraría la renta, los impuestos y todas las cuentas, porque el Padre pagaría sus cuentas y le permitiría cumplir con todas sus obligaciones. Cuan íntimo desea llegar a ser con nosotros. (Mateo 6: 31-33.)

La fe viene a través de la Palabra
Romanos 10:8 dice: "Esta es la Palabra de fe que predicamos".
En Hebreos 12:2 dice: "Mirando a Jesús el Autor y Perfeccionador de nuestra fe". Solía ​​preguntarme cómo podíamos mirar a Jesús. Entonces, cuando descubrí que la Palabra y Jesús eran uno, yo sabía que al mirar a la Palabra y actuar sobre ella, traía a Jesús inmediatamente a la escena. Y cuando supe cómo la fe es perfeccionada por nuestra actuación en la Palabra, dejando la Palabra suelta en nosotros, para vivir en nosotros, dominarnos, gobernarnos, yo había encontrado el secreto. Marcos 16:18 dice: "Pondrán las manos sobre los enfermos y se recuperarán". Esto no significa nada hasta que actuemos sobre ello. "En Mi Nombre echarán fuera demonios." La escritura no significa nada hasta que actuamos sobre ella. Juan 15:16, "Todo lo que pidiereis al Padre en Mi Nombre, Él lo hará." Esta Escritura es inútil, muerta, hasta que actuemos en ella. Es actuar sobre la Palabra que edifica la fe en el creyente. Tú puedes tener todas las promesas; Puedes tener el poderoso Espíritu que mora en ti; Pero si no actúas en la Palabra, Dios es impotente en ti. Actuar en la Palabra hace a Jesús vitalmente real para el creyente. (2 Corintios 5:7).

La Palabra en nuestros labios
Romanos 10:9-10 dice: "Porque si confesares con tu boca a Jesús como Señor", y "con la boca se confiesa para salvación". Es la Palabra en mis labios lo que cuenta. La Palabra se convierte en algo vivo en los labios del creyente; trae al hombre no salvo bajo convicción; Le da fe para actuar en la Palabra; Hace que el creyente "confíe en el Señor con todo su corazón" (Proverbios 3: 5). Tu palabra se convierte en la Palabra de Dios, y tus labios se convierten en embajador de Dios. La Palabra de Dios en tu boca, fresca del amor en tu corazón, arde en el corazón del oyente.

Alimentándonos con la Palabra
Mateo 4:4 dice: "No sólo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios."
En Jeremías 15:16 dice: "Fueron halladas tus palabras, y yo las comí; y tu palabra me fue por gozo y por alegría de mi corazón; porque tu nombre se invocó sobre mí, oh Jehová Dios de los ejércitos".
El Salmo 78:24-25 dice: "E hizo llover sobre ellos maná para que comiesen,
 Y les dio trigo de los cielos. Pan de nobles comió el hombre; les envió comida hasta saciarles."
En Job 23:12 dice: "Del mandamiento de sus labios nunca me separé; guardé las palabras de su boca más que mi comida”.

PREGUNTAS
1. ¿Qué está haciendo la Palabra de Dios?
2. Dar las tres convicciones dadas por la Palabra.
3. ¿Por qué es necesario escuchar la Palabra para ser salvos?
4. ¿Qué es una mente renovada?
5. Discute la diferencia entre memorizar la Palabra y tener la Palabra en su interior.
6. Cita la escritura que muestra que recibimos nuestra herencia a través de la Palabra.
7. Discute cómo la Palabra trae sanación.
8. Di lo que significa para ti actuar según las Escrituras que te dicen que Dios es tu Padre.
9. ¿Cómo se hace efectiva la Palabra en tus labios?

10. Dé las escrituras que demuestren la necesidad de alimentarse en la Palabra.

domingo, 16 de abril de 2017

Cristo vive en mí (John G. Lake)


Cristo vive en mí (John G. Lake)

Traducción de una enseñanza de John G. Lake del 20 de agosto de 1920 en Spokane, Washington.

“Cristo vive en mí”. Esta es la revelación de este tiempo, el descubrimiento del momento. Es el revolucionario poder de Dios en la tierra, el factor que está cambiando el espíritu de la religión en el mundo y el carácter de la fe cristiana; es la divina revitalización. El mundo está despertando a la maravillosa verdad de que Cristo no está sólo en el cielo y en la atmósfera exterior, sino que está en el cielo, en la atmósfera y en ti.

Cuando hablamos de la energía eléctrica, notamos que el mundo vivió en la oscuridad por miles de años. Sin embargo, había tanta electricidad en el mundo antes como la hay ahora. La electricidad no nació en un momento repentino: siempre estuvo aquí hasta que los hombres aprendieron cómo utilizarla y fueron bendecidos por esto.

Cristo habitando el corazón humano es el misterio de los misterios. El Apóstol Pablo lo describió como el supremo misterio de toda la revelación de Dios y la conclusión de todas las maravillas que conoció.

“Cristo vive en ti”.

Cristo tiene un propósito para ti: revelarse a ti, a través de ti y en ti. Solemos repetir una y otra vez la conocida frase: “La Iglesia, la cual es Su cuerpo”. Si nos diéramos cuenta de la verdad y el poder de esto, el mundo sería un lugar diferente. Cuando la iglesia cristiana se dé cuenta que es la carne tangible, viva y palpitante, los huesos, la sangre y el cerebro de Jesucristo, cuando la iglesia comprenda que Dios se manifiesta a través de cada uno de sus miembros y Se esfuerza por cumplir Su gran voluntad para el mundo a través de ellos y no de algún otro cuerpo, entonces la responsabilidad cristiana habrá sido entendida.

Jesucristo opera a través de ti y no independientemente de ti. El hombre y Dios se vuelven unidos. Este es el divino secreto de una real vida cristiana: la real unión consciente del hombre con Dios. No hay sustitutos para esta unión. Puedes elaborar todas las ordenanzas y leyes de la tierra y crear todos los símbolos que pienses que representen esto, hasta que, aturdido, te pierdas en el laberinto de ellos. Aún con todo esto, no habrás encontrado a Dios.

Hay una sola realidad, y es Dios. El alma del hombre debe contactar a Dios. A menos que el espíritu del hombre esté verdaderamente unido a Dios, no hay tal cosa como la real manifestación cristiana. Todo el proceso de preparación por el cual un alma es preparada por Dios para tal manifestación es solo preliminar. El propósito final es que los hombres puedan revelar a Dios y que Él pueda tener no solo un lugar de residencia sino el derecho de actuar en el cuerpo y el espíritu del hombre. Cada hombre enseñado por el Espíritu se vuelve sujeto a Dios y a Su voluntad.

En una oportunidad recibí la visita de un hombre que tenía una queja para mí. Él dijo: “Le escribí una carta de veinticuatro hojas y no la ha recibido. Si lo hubiere hecho, no estaría aquí.” No pude menos que soltar una carcajada. El hombre ha sido un devoto cristiano por 30 o 40 años y hablé de él a menudo con mi esposa y amigos como uno de los más consistentes cristianos que he conocido. Sin embargo, de vez en cuando el gran humano se levanta por encima del espíritu y arruina la belleza de una deliciosa y maravillosa vida que está revelando a Dios.

Dios no desea autómatas.

El esfuerzo y el propósito de Dios en nosotros es traer todas las condiciones de nuestro ser a la armonía con Su voluntad y mente. Dios no desea autómatas. El ventrílocuo maneja con habilidad un pequeño muñeco de madera. Sus labios se mueven y esto hace parecer que está hablando, pero la marioneta está dominada por el poder que la opera.

Dios tiene ahora un propósito más alto que hacer del hombre un autómata. Este propósito sublime es manifestar todas Sus cualidades en tu alma y manifestar toda la individualidad que está en tu vida, no para someterla o destruirla sino para transformarla, para energizarla y extenderla hasta que toda tu personalidad llegue a ser una con la naturaleza, la sustancia y calidad de Dios.

Observa entre los cristianos más devotos cuán continuamente su pensamiento está limitado porque creen que deben ser ejercitados o movidos por Dios. Pero lo que Dios tiene es mayor que eso: recibe el Espíritu y utilizalo para la gloria de Dios.

Estando en Chicago me encontré con un par de viejos amigos que me invitaron a comer. Mientras cenábamos la mujer, una persona muy sincera, me dijo: “Sr. Lake, le conozco hace tanto tiempo y nuestra amistad tiene ya tantos años, que siento que puedo hablarle con franqueza”.

-­“Por supuesto”, respondí. “Bien”, dijo ella. “Hay algo que me extraña acerca de Ud. A falta de otro ejemplo, voy a decirlo en las palabras de Pablo: ‘Llevo en mi cuerpo las marcas del Señor Jesús’. No parece Ud. tener las marcas de Jesús.”

Le contesté: “Eso depende de si se trata de marcas o de una forma de expresión. Si espera que la personalidad que Dios me dio cambie y yo sea otra persona y no yo mismo, entonces se extrañaría Ud. que yo no fuera yo. Si ese es el tipo de marcas que está buscando, no las encontrará. Pero si espera ver que la carne, la sangre, los huesos, el espíritu y la mente de un hombre sean habitados por Dios, entonces lo hallará; no una máquina, no un autómata o una imitación, sino una mente clara y un corazón puro, un hijo de Dios en naturaleza y esencia.”

El esfuerzo de Dios con el mundo, no es otro sino manifestar al hombre real en la imagen de Cristo y con el conocimiento de Dios.

El hombre real, reconstruido hasta en su propia sustancia, ¡es transformado a la sustancia de Dios! Y cuando te detienes a razonar esto para llegar a una conclusión adecuada, es la única manera en la que Jesucristo mismo o Dios, el Padre Eterno, nos librará de vivir en una soledad eterna.

Cuando nos detenemos a analizar esto, podemos ver que Dios está tratando de hacernos -en toda nuestra naturaleza, existencia, hábitos, pensamiento y toda estructura de nuestra vida- tan hermosos, tan reales, tan limpios de mente y tan fuertes como Jesús mismo.

Así es como entendemos lo que significa la Redención de Cristo. Ella implica la manifestación de Cristo en ti hasta el punto en que sea la única manifestación. Se manifieste a través de tus ojos tanto como Dios se manifestó a través de los ojos de Jesús, se manifieste a través de tu toque, así como Dios se manifestó a través del toque de Jesús.

La vida de Dios no es un poder o una vida separada de ti mismo, sino dos vidas hechas una, dos naturalezas conjuntas, dos mentes operando en una: Cristo en ti.

Un día asistí a una conferencia en Chicago. Estaba sentado junto a una anciana de color una tarde después del encuentro, y ella me contaba de sus enfermedades y aflicciones, que eran muchas. Luego de un rato, le pregunté: “Querida madre, ¿Cuánto hace que es Ud. cristiana?” Ella respondió: “Desde pequeña”. Procuré entonces mostrarle que Dios espera desarrollar Su naturaleza en ella, a fin de lograr una transformación poderosa a través de la operación del Espíritu, y que había un proceso de reconstrucción y remodelación que podía cambiar su naturaleza y su vida, disolviendo el reumatismo y toda otra dificultad de la misma forma que tiempo atrás el pecado había desaparecido de su alma.

Cuando la conversación llegó al punto apropiado, le dije: “Querida hermana, cualquiera puede ver que Cristo habita en su espíritu” (Sus ojos eran amorosos y deliciosos). “Permita que su mente se extienda un poco más. Deje que sus pensamientos comprendan que así como Jesús habita ahora en su espíritu y también posee su alma, de la misma manera Él está poseyendo su sangre y sus riñones y la misma cosa sucederá en ese viejo reumatismo en sus huesos cuando se dé cuenta de esta verdad, así como se dio cuenta de la limpieza de sus pecados cuando se convirtió en el altar”.

La mujer me contó entonces que había orado veintidós días y sus noches hasta que Cristo se reveló en su alma como Salvador. Ella parecía entonces estar esperando otros veintidós días para que Dios se manifestase en el reumatismo de los huesos.

Mientras procuraba apartarla de ese pensamiento, la anciana entonces me dijo: “Hermano, imponga sus manos sobre mí y seré sanada”. Le respondí: “¡No! Quiero que UD. obtenga su sanidad al percibir que, en este instante, el mismo Jesucristo que habita en su espíritu y en su alma está en sus huesos, en su sangre y en su mente”. La anciana se levantó y exclamó: “¡Dios mío, Él está!”. ¡Lo había logrado! Cristo había sido apresado en su alma y espíritu en su conversión, y ahora se le había permitido manifestarse en su cuerpo.

El hermano Tom Hezmalhalch vino a un encuentro de gente de color en Los Ángeles un día donde se estaba hablando sobre bautismo del Espíritu Santo. Había leído en una octavilla que traía en su mano sobre esas reuniones tan peculiares y, entre otras cosas, se enteró que hablaban en lenguas. Eso era algo nuevo para él. Se dijo: “Si ellos lo hacen y esto es real, es un avance en el Espíritu de Dios más allá de lo habitual. ¡Yo quiero eso!”.

El hombre se puso a escuchar una enseñanza que estaba impartiendo un viejo Negro, que hablaba de desarrollar el pensamiento de limpia consciencia e la gente usando el hermoso texto en Juan 15:3: “Ahora vosotros estáis limpios a través de la Palabra que os he hablado”. Eso se volvió muy real para Tom. Luego fueron todos invitados a arrodillarse al altar para buscar a Dios y el bautismo del Espíritu Santo. Tom me dijo: “John, me levanté y caminé hacia ese viejo banco con el entendimiento en mi alma de la verdad de la Palabra y que esa real y verdadera limpieza y el Limpiador mismo estaban en mi corazón”.

“Ahora vosotros estáis limpios a través de la Palabra que os he hablado”. Juan 15:3.

Se arrodilló y oró por un minuto o dos. Su alma se alzó y su corazón creyó por el bautismo del Espíritu Santo. Luego se levantó y tocó uno de los asientos. Uno de los obreros le dijo: “Hermano, no dejes de orar hasta que seas bautizado con el Espíritu Santo”. Él respondió: “Jesús me dijo que ya estaba bautizado con el Espíritu Santo. El Señor Seymour dijo: “Déjalo solo, él ya lo tiene. Sólo espera y verás”. Pasó algún tiempo, y un día Tom dijo que el Espíritu comenzó a surgir a través de él y una canción de alabanza en lenguas, una voz angelical, rompió a través de sus labios.

Un viejo predicador vino un día a mi oficina en África y me dijo: “Hermano Lake, hay algo que quiero hablar con Ud. Solía tener notables manifestaciones de lenguas e interpretación en mi vida, pero hace un año que no lo hago. Desearía que ore Ud. por mí.”

Le respondí: “No. Vaya, recuéstese y quédese quieto, y permita que Dios actúe en su vida”. Me hallaba escribiendo una carta, así que volví a mi trabajo. Un momento después, sentí que algo en mí deseaba hablar. Giré la cabeza un poco y vi que el anciano hablaba en lenguas y yo estaba obteniendo la interpretación de ellas mientras escribía la carta.

¿Sabías que los cristianos tropiezan con cosas como estas todos los días? Están dudando y temiendo y preguntándose si Cristo está allí.

Amado hermano y hermana: dale a Jesús la oportunidad de revelarse a Sí mismo. Él está ahí. Tal vez porque aún no has caído en esa cuenta es que tu alma está cerrada y Él no logra, en muchos casos, revelarse fuera del espíritu o el alma. El verdadero secreto del ministerio de sanidad es permitir que la gracia de Dios en tu corazón fluya a través de tus manos y tus nervios hacia el interior de la otra persona. Ese es el verdadero secreto.

Una de las obras más grandes que Dios necesita lograr es que sujetemos nuestra carne a Él. Muchos Cristianos profundos, que realmente conocen a Dios en sus espíritus y disfrutan de la comunión con Dios, se ven obligados a esperar que un proceso de espiritualización tenga lugar en sus cuerpos antes de que Dios pueda revelarse a través de ellos. No aprisiones a Cristo en ti. Deja que Él viva, que se manifieste, que encuentre un conducto a través de ti.

Hay una gran cosa que el mundo necesita más que cualquier otra cosa, y cada día que pasa estoy más convencido. La humanidad tiene una suprema necesidad y esta es el AMOR DE DIOS. Los corazones de los hombres están muriendo por carecer del amor de Dios.

Tengo una hermana en Detroit. Ella vino a Milwaukee a visitarnos por dos o tres días en una convención que teníamos allí. Mientras la observaba actuar, le dije: “Me gustaría llevarte por los alrededores y que ames a la gente de aquí. No necesitas predicarles. No es la palabra que dices lo que va a bendecirlos. Ellos tienen necesidad de algo más grande, y es lo que hay en tu alma. Ellos tienen que recibir esto. Entonces sus almas se abrirán y habrá una respuesta divina. Dales eso a ellos. Es el amor de Cristo”.

Seguramente has conocido gente que ha amado a alguien y no ha sido correspondida. Si hay alguna dura situación en la tierra de Dios, es esa: amar apasionadamente a alguien y no encontrar respuesta.

Tengo un amigo inglés. Estuve presente en su casamiento. Unos años más tarde, él y su mujer nos vinieron a visitar a nuestra casa. Él tenía el tipo del inglés frío y cerrado, pero ella era más cálida. Un día salimos a caminar y me di cuenta del anhelo de pasión en el alma de ella. ¡Si él pudiera decirle algo tierno, que gratificara el deseo ardiente de la naturaleza afectuosa de ella! Pero él parecía estar absolutamente inconsciente de esto. Luego que la mujer entró en la casa, le dije: “Hibbs, eres un cadáver. ¿Cómo es posible que camines por la calle con una mujer como tu esposa y no te des cuenta que su corazón está deseando ardientemente y llorando por que la mires y le días algo que le muestre que la amas?”. Él dijo: “¿De veras crees eso? Iré con ella y lo haré ahora mismo”.

Todo se solucionó cuando lo hizo.

¿Qué es lo que buscan los hombres? ¿Qué es lo que su corazón está pidiendo cuando están buscando a Dios? ¿Por qué clama su alma? La humanidad está separada de Dios. Puede no haber montañas de pecado entre tú y Dios en absoluto, sólo puede ser que tu naturaleza esté cerrada e insensible. ¡Oh! cuando el verdadero toque de amor de Dios se respira en tu alma, ¡qué transformación tiene lugar! Probablemente no hay cosa más deliciosa en la tierra que ver a un alma llorar cuando la luz de Dios entra en ella y la vida divina llena su naturaleza y ese afecto santo, que buscamos en otros, encuentra expresión en Él.

Esto es lo que el Señor espera de ti. Si deseas complacer el corazón de Jesucristo, esta es la única forma de hacerlo. Sabes que la invitación no es: “dame tu mente”, la invitación es: “Hijo mío, dame tu corazón”. Esto es una relación afectiva, una verdadera unión de amor en Dios y con Dios.

Piensa en la excelencia del propósito de Dios. Él anhela que esa misma y maravillosa unión espiritual que se produjo entre tu alma y Su ser, se extienda de forma tal que puedas abrazar en esa unión a cada alma que se encuentre alrededor tuyo.

Oh… esto es lo que significa ser bautizado en un Espíritu: ser sumergido, enterrado, envuelto, rodeado en el único Espíritu de Dios.

Mientras estabamos en Milwaukee fui una mañana con el reverendo Fockler en respuesta al llamado de un enfermo. Nos detuvimos ante uno de los más perturbadores hogares en los que haya estado jamás. Una de las hijas había desarrollado una extraña condición. La dueña de casa estaba muy afligida por ello y la tristeza pesaba sobre el hogar. Era una familia alemana y Fockler, que hablaba alemán, comenzó a hablarle a la familia. Yo me quedé a un costado, y noté que las caras comenzaban a relajarse y que la ansiedad se iba. La hija de esta familia, aparentemente con problemas mentales, bajó las escaleras y se paró a un lado de la puerta donde no podía ser vista por nadie excepto por mí. Fockler continuó conversando con la familia y mientras sus almas se suavizaban y su fe se elevaba, los ojos de la muchacha comenzaron a cambiar. Ella fue llevada por el mismo Espíritu hasta que su naturaleza respondió también, y en apenas unos momentos se unió al grupo. Esta muchacha había estado atormentando a esa familia al punto que nadie podía estar cerca de ella. Así fue que se escurrió a un lado de la silla donde estaba sentado Fockler y estuvo allí de pie con sus manos en el respaldar. Él observó esto e hizo como que no se dio cuenta y siguió hablando. Luego de un momento, la muchacha apoyó una mano en su hombro, luego le puso la mano en el otro hombro y en sólo unos veinte minutos abandonamos ese hogar habiendo dejado mucha diferencia en las actitudes que esa familia había tenido cuando llegamos. Esas amadas almas habían pasado del infierno al cielo. Si el infierno tiene una característica es la de distraer, desviar la atención. El cielo en cambio tiene una característica muy particular: es la presencia de Dios, la calma de Dios, el poder de Dios, el amor de Dios.

Hubo días en que la iglesia llevaba a los hombres a la obediencia predicándoles sobre el infierno, pero esos días ya han pasado. El mundo ha madurado y los hombres han descubierto que solo hay un camino y ese es Jesús. Jesús no vino a establecer una hermandad sino a instaurar el gran corazón amoroso de Dios. Él fue movido a compasión

“Y al ver las multitudes, tuvo compasión de ellas; porque estaban desamparadas y dispersas como ovejas que no tienen pastor”. Mateo 9:36.

Esta mañana estaba recostado en mi cama, escribiendo una carta a cierta persona. Me preparaba para que cuando Etna volviera pudiera dictarle las frases de la mejor manera, y una de estas frases era: “Oye tú, especie de vaca gorda, deja de hacer eso y sé un hombre”. Mientras lo hacía me puse a pensar: “Si Jesús estuviera escribiendo esta carta, ¿qué hubiera puesto Él?”. Pero de una u otra manera, esto no encajaba. No estaba en mí la actitud de escribir tal cosa. Así que volví esa mañana, llamé a Etna y procuré dictarle la carta permitiendo que el Espíritu de Jesús sea mi guia. De pronto desperté al hecho de que me hallaba escribiendo como un abogado. Luego que Etna terminara la carta y la dejara en mi escritorio para que yo la firme, le di una leída final. No era en absoluto lo que yo deseaba escribir. Los primeros dos párrafos tenían un toque del Espíritu correcto, pero eso era todo. Así que la puse a un lado. Entonces me fui y oré un poco más, y luego de haber estado orando por veinte minutos, el teléfono sonó y esta persona estaba del otro lado de la línea. Él me pidió que fuera al hotel Davenport y pasamos tres de las mejores horas sin ser conscientes del tiempo.

Hablamos de nuestro desarrollo en Dios, hablamos esplendorosamente de nuestras experiencias espirituales, pero nos encontramos en el verdadero amor de Dios sólo por un momento. La mayor parte del tiempo estuvimos en nosotros mismos más que en Dios. Esto evidencia una sola cosa: que Cristo aún no obtuvo toda nuestra vida, esa sujeción de nuestra naturaleza, esa absorción de nuestra individualidad al punto de poder impregnarla y mantenerla en Él mismo. A menudo retrocedemos, nos cerramos y así encarcelamos a nuestro Señor.

Amados, el secreto de una reunión de iglesia es que los corazones de los hombres se abran, se vuelvan receptivos y que el amor de Dios pueda hallar un hueco en sus naturalezas por un instante de forma tal que se vayan diciendo: ¿No lo hemos pasado en grande? ¿No fue esta una maravillosa reunión?

Me pregunto si hay algo que no pueda ser realizado a través del amor de Dios. Pablo dijo que no lo hay. El amor nunca deja de ser. Esta es una declaración infalible. Pruébala en tu esposa, en tus hijos, en tus vecinos.

Ah… algunas veces necesitamos superar las cosas en el más grande amor, el más grande corazón. Es algo bueno hacer a un lado nuestro ser y no sostener a las personas, no atarlas; sólo déjalas ir libres y permitir que Dios las tenga. Hay veces que sostenemos a las personas con tanta fuerza cuando oramos por ellas, que algunas veces se pierden la bendición. ¡Vaya! Tenemos tanta tendencia a aferrar, que tu humanidad se ejercita a sí misma y el Espíritu queda sumergido. Deja que tu alma se relaje y deja que el Espíritu de Dios encuentre una abertura en ti. No hay sustitutos para el amor de Dios. Es Cristo en nosotros, ¡Oh…! tienes la capacidad para amar. Toda la acción del espíritu de Dios tiene su secreto allí.

Asistí en una ocasión a una mujer moribunda que estaba sufriendo una terrible agonía. Había estado orando en varias oportunidades por ella, sin resultados. Pero ese día algo ocurrió en mi interior. Mi alma se quebró claramente y pude ver esa pobre alma con una nueva luz. Y antes de darme cuenta la tomé entre mis brazos y la abracé con mi alma, no con mi pecho. En un minuto lo verdadero tomó su lugar y la dejé sobre las almohadas y 5 minutos después ella estaba bien. Dios estaba esperando poder darle a mi alma el sentido de esa ternura que había en el hijo de Dios.

Esa es la verdadera razón por la que el nombre de Jesús está escrito en la memoria imperecedera y es el nombre más reverenciado en la tierra, el mar o el cielo y es por eso que yo anhelo llegar a esa categoría de personas que pueden manifestar el verdadero amor de Dios todo el tiempo. La vida de Dios, el Espíritu de Dios, la naturaleza de Dios son suficientes para cubrir toda necesidad del hombre.

En el más alto sentido de la palabra, un verdadero cristiano es aquel cuyo cuerpo alma y espíritu juntos son llenados con la vida de Dios. La sanidad, sea espíritu alma o cuerpo, no es más que un medio para un fin. El objetivo de la sanidad es proporcionar sanidad al cuerpo, al alma y al espíritu. La sanidad del espíritu une el espíritu del hombre a Dios para siempre. La sanidad del alma corrige desordenes físicos y genera procesos en armonía con la mente de Dios. Y la sanidad del cuerpo completa la unión del hombre con Dios cuando el Espíritu santo lo posee todo.

John Graham Lake (18 de marzo de 1870 – 16 de septiembre de 1935), conocido usualmente como John G. Lake, fue un líder del movimiento Pentecostal que comenzó a principios del siglo 20, y es conocido como un sanador por fe, misionero y co-fundador de la Apostolic Faith Mission of South Africa junto a Thomas Hezmalhalch. John G. Lake jugó un papel fundamental en la expansión del Evangelio en África del Sud gracias a su trabajo misionero desde 1908 a 1913. Sus “Salones de sanidad” y campañas de sanidad, influencia de los ministerios de sanidad de John Alexander Dowie y Charles Parham, se extendieron por veinte años en la costa oeste de los EEUU.


sábado, 18 de marzo de 2017

El Gran Deseo de Dios


1 Timoteo 2:1-4
1 Exhorto ante todo, a que se hagan rogativas, oraciones, peticiones y acciones de gracias, por todos los hombres;
2 por los reyes y por todos los que están en eminencia, para que vivamos quieta y reposadamente en toda piedad y honestidad.
3  Porque esto es bueno y agradable delante de Dios nuestro Salvador,
4 el cual quiere que todos los hombres sean salvos y vengan al conocimiento de la verdad.

Dios tiene un profundo deseo, el cual es que todos los hombres sean salvos y vengan al conocimiento de la verdad.

Algunos grupos cristianos dicen que Dios solo ha predestinado solo a unos cuantos elegidos para ser salvos, pero esto no es así, Dios ha extendido su salvación a todos los hombres.

Como dice en Juan 3:16: “Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna.”

En Romanos 5:8 dice: “Mas Dios muestra su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros.”

Este es el deseo más profundo de Dios, Su amor por el hombre, que se mostró al enviar a Jesús a morir en la cruz, es todos los que crean en Él no se pierdan sino que tengan vida eterna.

Ese deseo tan profundo ha provocado que Jesucristo aún no venga, porque Dios está esperando que todos procedan al arrepentimiento.

2 Pedro 3:9
9 El Señor no retarda su promesa, según algunos la tienen por tardanza, sino que es paciente para con nosotros, no queriendo que ninguno perezca, sino que todos procedan al arrepentimiento.

El corazón de Dios está por la gente, su deseo más profundo es la salvación de todos los hombres, es por eso que nos ha encomendado esta Gran Comisión, ir a todo el mundo, hasta las partes más distantes de la tierra predicando el glorioso evangelio del Señor Jesucristo.

1 Corintios 2:1-2
1 Así que, hermanos, cuando fui a vosotros para anunciaros el testimonio de Dios, no fui con excelencia de palabras o de sabiduría.
2 Pues me propuse no saber entre vosotros cosa alguna sino a Jesucristo, y a éste crucificado.

Aquí Pablo nos muestra que es necesario que les prediquemos acerca de Jesucristo crucificado, es decir, la obra completa y terminada de Cristo en la cruz que trajo la redención a todos los hombres.

Cuando Jesús dijo “Consumado es,” en Juan 19:30, “la redención es cumplida; ‘El ha acabado la transgresión, y hecho reconciliación por la iniquidad, e introducido la justicia eterna, y sellado la visión y profecía, y ungido un lugar santísimo’. El ha inaugurado el reino de Dios y dado nacimiento a un mundo nuevo” (Jamieson, Fausset, Brown).

La obra completa, consumada y terminada de Cristo ya está disponible a todos los hombres; por ese motivo tenemos un nuevo mensaje: Jesucristo y su obre terminada por nosotros.

Ese es nuestro mensaje, Jesucristo.

jueves, 16 de marzo de 2017

Los campos están blancos para la siega


Juan 4:35-38
35 ¿No decís vosotros: Aún faltan cuatro meses para que llegue la siega? He aquí os digo: Alzad vuestros ojos y mirad los campos, porque ya están blancos para la siega.
36 Y el que siega recibe salario, y recoge fruto para vida eterna, para que el que siembra goce juntamente con el que siega.
37 Porque en esto es verdadero el dicho: Uno es el que siembra, y otro es el que siega.
38 Yo os he enviado a segar lo que vosotros no labrasteis; otros labraron, y vosotros habéis entrado en sus labores.

Aquí Jesús nos dice que los campos están blancos para la siega, la cosecha ya está lista.

El evangelio ha sido predicado desde hace 2000 años, mucha gente ha dado su vida por él, y lo sigue haciendo hoy.

Hemos entrado en las labores que otros empezaron, hubo gente que se sacrificó por llevar este glorioso Evangelio que predicamos.

Hace 30 años conocía un pastor anciano en Arequipa, me contó que hacía 50 años había predicado 52 domingos en la Plaza de Armas de Arequipa, y 52 domingos durmió en la cárcel.

En 1950 Gordon Lindsay trajo al Perú al evangelista Clifton Erickson para hacer una campaña en Lima en el Estadio Nacional y a los 5 días vino la policía para arrestarlos y tuvieron que huir a Trujillo donde empezaron otra campaña y pasó lo mismo, tuvieron que huir a su país. Pero gracias a Dios se convirtieron 5000 personas esas 2 semanas.

Estamos entrando en las labores de otros.

Yo conocí al Señor a los 17 años, unos meses antes que comience el avivamiento carismático entre los jóvenes de Lima de los años 80.

Uno de los momentos más importantes de mi vida ocurrió cuando me encontraba con un amigo del colegio que se había convertido un mes antes que yo, le estábamos compartiendo el evangelio a otro compañero, y yo con mi mes y medio de creyente estaba aprendiendo, escuchaba cosas que no había oído antes. De pronto lo llaman para su estudio bíblica y él me deja diciéndome: “Si quieres síguele predicando.” Yo pensé: “¿Y ahora qué hago? Pablo ya le dijo todo lo que sabía y mucho más.”

Entonces no me di cuenta pero ahora sé que fue el Espíritu Santo quien me dio la idea, así que le dije: “Iván, Pablo ya te dijo todo lo que se debe saber del cristianismo, ¿quieres recibir a Jesús?” Me dijo que si, oramos juntos y el recibió a Jesús.

No lo sabía entonces pero ese fue el primero de miles que han recibido a Jesús conmigo, predicando de persona a persona. Quince días después recibí el bautismo con el Espíritu Santo y ocurrió una revolución en mi vida, de pronto estaba hablando de Jesús con todos; como dijo Jesús en Hechos 1:8 recibí el poder de Dios para testificar, y eso es lo que hago desde entonces, trato de no desaprovechar toda oportunidad que tenga.

Una cosa que me he dado cuenta todos estos años es que la gente está lista para recibir el maravilloso regalo de la salvación, solo tenemos que acercarnos sin temor y darles las buenas nuevas del evangelio.


lunes, 6 de febrero de 2017

Reconociendo al Verdadero Autor de la Enfermedad

Reconociendo al Verdadero Autor de la Enfermedad

Esta es un área donde la mayoría de las personas son engañadas. Muchos creen que Dios es el que los enferma. Muchos han muerto diciendo: “Dios me ha enviado esta enfermedad para enseñarme algo.” No se dan cuenta que le están cerrando la puerta a su sanidad.

Conocí a un pastor, muy amado por la gente, tenía unos cuarenta años, pero había estado muchos años en la obra. Un día se enfermó de cáncer, la gente se acercaba para compartirle y ministrarlo, pero él decía: “Dios me ha enviado esta enfermedad para enseñarme algo.” Nunca supimos que cosa le quiso enseñar Dios porque partió a la presencia del Señor. Este pastor se dejó engañar por el diablo y eso le costó la vida.

Otros dicen: “Estoy sufriendo para la gloria de Dios.” La enfermedad jamás glorifica a Dios.

En Juan 11:1-45 se ve la historia de la resurrección de Lázaro. En los versos 3 y 4 dice: “Enviaron, pues, las hermanas para decir a Jesús: Señor, he aquí el que amas está enfermo. Oyéndolo Jesús dijo: Esta enfermedad no es para muerte, sino para la gloria de Dios, para que el Hijo de Dios sea glorificado en ella.” ¿Qué era la que iba a traer la gloria Dios?

Cuando Jesús llegó a Betania encontró que Lázaro había muerto hacia cuatro días. En el verso 33 vemos la actitud de la gente: “Jesús entonces, al verla llorando (a María), y a los judíos que la acompañaban, también llorando, se estremeció en espíritu y se conmovió.” Notemos que la gente no estaba dando gloria a Dios por lo que pasó, sino que lloraba llena de dolor.

En el verso 37 vemos lo que dijeron algunos judíos: “Y algunos de ellos dijeron: ¿No podía este, que abrió los ojos al ciego, haber hecho también que Lázaro no muriera?” Ahora las personas no solo estaban tristes sino que murmurando de Jesús, ¿eso es darle gloria a Dios?

En los versos del 38 al 45 vemos lo que realmente trae la gloria a Dios: “Jesús, profundamente conmovido otra vez, vino al sepulcro. Era una cueva y tenía una piedra puesta encima. Dijo Jesús: Quitad la piedra. Marta la hermana del que había muerto, le dijo: Señor, hiede ya, porque es de cuatro días. Jesús le dijo: ¿No te he dicho que si crees, veras la gloria de Dios? Entonces quitaron la piedra de donde había sido puesto el muerto. Y Jesús, alzando los ojos a lo alto, dijo: Padre, gracias te doy por haberme oído. Yo sabía que siempre me oyes; pero lo dije por causa de la multitud que está alrededor, para que crean que tu me has enviado. Y habiendo dicho esto, clamó a gran voz: ¡Lázaro, ven fuera! Y el que había muerto salió, atadas las manos y los pies con vendas, y el rostro envuelto en un sudario. Jesús les dijo: Desatadle y dejadle ir. Entonces muchos judíos que habían venido para acompañar a María, y vieron lo que hizo Jesús, creyeron en él.”

Lo que trajo gloria a Dios y que la gente creyera en Jesús fue la resurrección de Lázaro.

Además notemos la pregunta que Jesús le hizo a María: “¿No te he dicho que si crees, veras la gloria de Dios?” ¿En que tenía que creer María para ver la gloria de Dios? ¿En la enfermedad? No, la enfermedad había traído dolor y murmuraciones en contra de Jesús. Ella tenía que creer que Jesús iba a resucitar a su hermano para ver la gloria de Dios.

El milagro fue lo que trajo la gloria a Dios.

En el verso 12 de la historia de la sanidad del paralítico que fue bajado por sus cuatro amigos en Marcos 2:1-12 se ve lo que trae la gloria a Dios: “Entonces él se levantó enseguida, y tomando su lecho, salió delante de todos, de manera que todos se asombraron, y glorificaron a Dios, diciendo: Nunca hemos visto tal cosa.”

En estos pasajes vemos que la sanidad es lo que trae la gloria a Dios. En realidad, no hay ningún verso que diga que la enfermedad trae la gloria a Dios.

Otros dicen: “La voluntad de Dios es que yo esté enfermo.”

Si esto es cierto, ¿por qué van a los hospitales? ¿Para que asisten donde los doctores? ¿Por qué toman medicinas? Si su afirmación es correcta, ellos están yendo en contra de la voluntad al tratar de curarse por medios físicos. Están pecando al tratar de huir de la voluntad de Dios. Lo mejor para sus vidas seria que dejases de rebelarse contra Dios y acepten con gozo su dolor y enfermedad.

Esas palabras no pueden ser respaldadas con la Biblia. No hay ningún verso en la Biblia que diga que sea la voluntad de Dios enfermar a alguien.

La gente pierde su oportunidad de recibir su sanidad y las cosas que Dios preparó para ellos por no conocer la naturaleza de Dios.

La Biblia dice muchas veces que Dios es bueno.

En el capítulo 5 de Segunda de Crónicas se ve el traslado del arca al templo recién construido por Salmón; en el verso 13 dice: “Cuando sonaban, pues, las trompetas, y cantaban todos a una, para alabar y dar gracias a Jehová, y a medida que alzaban la voz con trompetas y címbalos y otros instrumentos de música, y alababan a Dios diciendo: Porque él es bueno, porque su misericordia es para siempre. . .”

Notemos que la gente de Israel conocía a Dios y lo alababan diciendo: “Porque él es bueno, porque su misericordia es para siempre.”

El Salmo 136:1 dice: “Alabad a Jehová, porque él es bueno, porque para siempre es su misericordia.”

Esta verdad se ve constantemente en el libro de Salmos.

Cuando se le acerco el joven rico a Jesús en Marcos 10:17-18 le preguntó: “¿Maestro bueno, ¿qué haré para heredar la vida eterna? Jesús le dijo: ¿Por qué me llamas bueno? Ninguno hay bueno, sino solo uno, Dios.” Jesús le dijo al joven rico que Dios es bueno.

Dios es un buen Dios. Un buen Dios hace cosas buenas, el momento que hace algo malo deja de ser bueno y se convierte en malo.

En Santiago 1:17 dice: “Toda buena dádiva y todo don perfecto desciende de lo alto, del Padre de las luces, en el cual no hay mudanza, ni sombra de variación.”

Al final de Mateo 7:11 dice: “¿Cuánto más vuestro padre que está en los cielos dará buenas cosas a los que se lo pidan?”

En estos pasajes vemos que Dios da buenas cosas, “toda buena dádiva y todo don perfecto.”

¿La enfermedad es algo bueno? ¿El dolor y el sufrimiento son algo bueno? ¿La miseria es algo bueno? Si tu respuesta a esas preguntas es no; entonces no le eches la culpa a Dios de producirlas.

Dios es bueno, y Él quiere hacer algo bueno por ti hoy.

Además si la enfermedad fuese una bendición de Dios no enviaría a su enemigo para ponerla sobre la gente ni a su hijo para quitarla de ellos.

En Hechos 10:38 se manifiesta claramente quienes son los autores de la enfermedad y de la sanidad: “Como Dios ungió con el Espíritu Santo y con poder a Jesús de Nazaret, y como este anduvo haciendo bienes y sanando a todos los oprimidos por el diablo, porque Dios estaba con él.”

En este pasaje vemos a dos personajes: a Jesús, el sanador y al diablo, el enfermador.

Como hemos visto Jesús nos sanó por medio de la redención, el proveyó la sanidad para todas las personas.

También podemos ver que cada persona que fue sanada por Jesús durante su ministerio estaba oprimida por el diablo.

En varios pasajes de la Biblia vemos que la enfermedad es llamada una opresión satánica.

En el relato de la mujer que tenía el flujo de sangre Jesús le dijo a la mujer que ella estaba libre de su azote: “Y él le dijo: Hija, tu fe te ha hecho salva; vé en paz, y queda sana de tu azote” (Marcos 5:34).

Su enfermedad no había sido una bendición de Dios sino un azote del diablo.

Esto lo vemos más claramente en el caso de la mujer encorvada.

En Lucas 13:10-16 vemos la sanidad de la mujer encorvada: “Enseñaba Jesús en la sinagoga en el día de reposo; y había allí una mujer que desde hacía dieciocho años que tenia espíritu de enfermedad, y andaba encorvada, y en ninguna manera se podía enderezar. Cuando Jesús la vio, la llamó y le dijo: Mujer, eres libre de tu enfermedad. Y puso las manos sobre ella; y ella se enderezó luego, y glorificaba a Dios. Pero el principal de la sinagoga, enojado de que Jesús hubiese sanado en el día de reposo, dijo a la gente: Seis días hay en que se debe trabajar; en estos, pues, venid y sed sanados, y no en día de reposo. Entonces el Señor le respondió y dijo: Hipócrita, cada uno de vosotros ¿no desata en el día de reposo si buey o su asno del pesebre y lo lleva a beber? Y a esta hija de Abraham, que Satanás había atado dieciocho años, ¿no se le debía desatar de esta ligadura en el día de reposo? Y a esta hija de Abraham, que Satanás había atado dieciocho años, ¿no se debía desatar de esta ligadura en el día de reposo?”

En este pasaje vemos que Satanás es el autor de la enfermedad. Jesús fue bien claro cuando dijo que Satanás era el que había atado a la mujer; y, que la enfermedad es una ligadura.

Dios no es quien pone enfermedades en el hombre, es el diablo quien está en el negocio de hacerlo.

En Juan 10:10 podemos ver un contraste entre las obras de Dios y las obras del diablo: “El ladrón no viene sino para hurtar y matar y destruir; yo he venido para que tengan vida, y para que la tengan en abundancia.”

Este ladrón es el diablo. El diablo viene a robarnos con la enfermedad, nos roba la enfermedad, nos roba nuestro dinero, nos roba nuestra salud.

Pero Jesús vino para darnos vida, y vida en abundancia.

En 1 Juan 3:8 dice: “El que practica el pecado es del diablo; porque el diablo peca desde el principio. Para esto apareció el Hijo de Dios, para deshacer las obras del diablo.”

El propósito por el cual Jesús vino a la tierra fue para deshacer las obras del diablo. La enfermedad es una obra del diablo, Jesús vino para sanarnos.

Jesucristo no ha cambiado, sigue siendo el mismo. En Hebreos 13: 8 dice: “Jesucristo es el mismo ayer, y hoy, y por los siglos.”


El diablo tampoco ha cambiado, todavía sigue enfermando a la gente; pero Jesús continua deshaciendo sus obras.