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miércoles, 25 de marzo de 2020

Sanidad Divina - Clase 3 - 5 Tradiciones




5 Tradiciones de Hombres que Obstaculizan el Recibir nuestra Sanidad
Clase 3


Marcos 7:5
5 Le preguntaron, pues, los fariseos y los escribas: ¿Por qué tus discípulos no andan conforme a la tradición de los ancianos, sino que comen pan con manos inmundas?
6 Respondiendo él,  les dijo: Hipócritas,  bien profetizó de vosotros Isaías, como está escrito: Este pueblo de labios me honra, mas su corazón está lejos de mí.
7 Pues en vano me honran, enseñando como doctrinas mandamientos de hombres.
8 Porque dejando el mandamiento de Dios, os aferráis a la tradición de los hombres: los lavamientos de los jarros y de los vasos de beber; y hacéis otras muchas cosas semejantes.
9 Les decía también: Bien invalidáis el mandamiento de Dios para guardar vuestra tradición.

Unos de los mayores obstáculos para recibir la sanidad vienen de las tradiciones de los hombres.

Estos obstáculos no solo vienen de la tradición, sino también de las supersticiones, y de la mala interpretación de las Escrituras.

Para poder quitar estos obstáculos que nos impiden recibir sanidad, veamos algunos de las más conocidas.


Primera Tradición
Dios Enferma a las Personas

Esta es una de la excusas que más he escuchado, que Dios enferma a las personas.

Los que creen esto dicen que en el Antiguo Testamento dice que Dios envía enfermedades sobre las personas.

Siempre citan Éxodo 15:26 donde dice: “Y dijo: Si oyeres atentamente la voz de Jehová tu Dios, e hicieres lo recto delante de sus ojos, y dieres oído a sus mandamientos, y guardares todos sus estatutos, ninguna enfermedad de las que envié a los egipcios te enviaré a ti; porque yo soy Jehová tu sanador.”

Otros versos que usan son Isaías 45:7 que dice: “Que formo la luz y creo las tinieblas, que hago la paz y creo la adversidad (otras versiones dicen “creo el mal” y otras “creo la desgracia”). Yo Jehová soy el que hago todo esto.” Y Miqueas 1:12 donde dice: “Porque los moradores de Marot anhelaron ansiosamente el bien; pues de parte de Jehová el mal había descendido hasta la puerta de Jerusalén.”

Es obvio que estos pasajes escritos en la Versión Reina Valera no nos dan el verdadero significado del manuscrito original en idioma hebreo. Sabemos que Dios no crea las tinieblas; y que el mal no viene del cielo. Dios solo permite el mal, no lo crea.

El mal no puede venir del cielo, porque ahí no hay mal. Dios permitió que venga, pero no lo creó. Tampoco creó la enfermedad. Solo permite que venga como resultado de la desobediencia del hombre.

Como decía John Alexander Dowie: "La enfermedad es el asqueroso engendro de su padre el diablo y su madre el pecado."

La clave para estas dificultades en el idioma consiste en el hecho de que el verbo activo en hebreo ha sido traducido en el sentido causativo cuando debería haber sido traducido en el sentido permisivo.

Robert Young, señala este error en su libro Sugerencias y Ayudas para la Interpretación Bíblica. Dice que Éxodo 15:26 se traduce literalmente de esta manera: “Ninguna enfermedad, que yo permití que sean traídas sobre los egipcios, permitiré que sean enviadas sobre ti, porque yo soy el Señor que te sana.”

Otros piensan que Dios enfermó a Job; deberían leer un poco su Biblia y darse cuenta que no fue así,  Pero si leemos bien el libro veremos que no fue Dios quien lo hizo, Él solo lo permitió, el diablo fue quien lo hizo.

En Job 2:4-7 vemos esto claramente: “Respondiendo Satanás,  dijo a Jehová:  Piel por piel,  todo lo que el hombre tiene dará por su vida. Pero extiende ahora tu mano,  y toca su hueso y su carne,  y verás si no blasfema contra ti en tu misma presencia. Y Jehová dijo a Satanás:  He aquí,  él está en tu mano;  mas guarda su vida. Entonces salió Satanás de la presencia de Jehová,  e hirió a Job con una sarna maligna desde la planta del pie hasta la coronilla de la cabeza.

¿Cómo pueden decir que fue Dios quien enfermó a Job cuando la Biblia muestra claramente que fue Satanás?

Debemos tener en cuenta lo que dice en Hechos 10:38: “Cómo Dios ungió con el Espíritu Santo y con poder a Jesús de Nazaret, y cómo éste anduvo haciendo bienes y sanando a todos los oprimidos por el diablo, porque Dios estaba con él.” 

Este verso muestra que Jesús es el sanador, y Satanás el opresor.

No existe ningún caso en la Biblia en que Dios ó Jesús hayan puesto enfermedad sobre alguien.

Además si Dios era el que enfermaba a la gente, Jesús se levanto conta la voluntad misma de Dios ya que el sanó a todos los enfermos.

Así que no le echemos la culpa a Dios de algo que no hace, Dios no es el enfermador, lo es el diablo.


Segunda Tradición
Quizás No Sea la Voluntad de Dios Sanarme

Aquí hay otra excusa religiosa de la gente para no recibir su sanidad.

Muchas personas que cuando oran por sanidad piensan que deben terminar con la frase: “Si es Tu voluntad.” 

Escuche un programa de cristiano de televisión en que una mujer oraba por su hijo enfermo: “Señor si es Tú voluntad sánalo y si es Tú voluntad llévalo contigo.” 

Cuando su hijo murió pensó que esa había sido la voluntad de Dios; y anunciaba públicamente que eso fue un trato de Dios con ella.

Ese tipo de oración es total falta de conocimiento de la voluntad de Dios, porque claramente está escrito en Su Palabra que Su voluntad es sanarnos.

Los pecadores no oran: “Señor, sálvame si es Tu voluntad.” Sería algo ridículo, pues la Palabra de Dios declara que el Señor esta: “... queriendo que ninguno perezca, sino que todos procedan al arrepentimiento” (2 Pedro 3:8).

También dice que “... el que quiera, tome del agua de la vida gratuitamente” (Apocalipsis 22:17). Por eso, el pecador jamás debe orar: “Si es Tu voluntad.”

Esto es tan tonto como el que un hijo de Dios ore: “Señor, sáname si es tu voluntad.”

La Palabra de Dios nos dice claramente que Jesús ya pagó el precio de nuestra sanidad. Por ejemplo, en Mateo 8:17 dice: “El mismo tomó nuestras enfermedades, y llevó nuestras dolencias.”

Cuando leemos este verso y nos damos cuenta completamente lo que realmente está diciendo, va a provocar el punto de quiebre en nuestras vidas, porque seremos capaces de enfatizar la palabra “nuestras.” Declararemos confiadamente que Jesús mismo tomó nuestras enfermedades, y llevó nuestras dolencias; y que por sus llagas hemos sido sanados.

Al decir confiadamente que Jesús tomó nuestras enfermedades y llevó nuestras dolencias; traerá nuestra sanidad directamente a donde vivimos. Nunca más tendremos que llevar nuestras enfermedades. ¡Él las llevo para que nosotros podamos estar libres!

Cuando llegué a Santiago de Chile estaba con 2 maletas bien pesadas, lo último que quería hacer era llevarlas, un hermano cargó las maletas por mí y las llevó al lugar donde me alojaba; fue un gran alivio, ya no tenía que llevar mis maletas, el hermano lo hizo por mi.

Del mismo modo Jesús ya llevó nuestras enfermedades; así que no hay necesidad alguna de que ambos las llevemos. Si Jesús las llevó para que fuésemos libres, ¿Por qué debemos orar “si es tu voluntad”? ¡La Biblia declara cual es su voluntad!

A la mayoría de personas que no creen en la Sanidad Divina no les gusta este verso.

Una persona dijo que este verso significa que Cristo tomó las enfermedades de la gente que vivió en su tiempo, pero que no es para nosotros hoy.

Parece que se olvidó que Mateo escribió su evangelio después que Jesús murió. Si la sanidad solo era para los que vivieron cuando Jesús vivió en la tierra, Mateo hubiera escrito: “El mismo tomó SUS enfermedades y llevó SUS dolencias.” Pero Mateo no escribió eso. El Espíritu Santo, a través de Mateo, escribió: “El mismo TOMÓ nuestras enfermedades y LLEVÓ nuestras dolencias.”

Otra persona desarrolló la teoría de que este verso en vez de referirse al pasado, se refiere al futuro, que este verso se cumplirá en el Milenio. Pero esto no puede ser cierto, porque entonces no habrá necesidad de sanidad, ya que la maldición será quitada.

Pablo dijo que seríamos transformados en un instante, “en un abrir y cerrar de ojos” (1 Corintios 15:52). Nuestros cuerpos no estarán llenos de enfermedad en el Milenio, así que no necesitaremos la provisión de la sanidad.

La promesa de la sanidad divina nos pertenece ahora, porque es en esta vida que estamos sujetos a la enfermedad. El hecho consumado de que Jesús tomó nuestras enfermedades y llevó nuestras dolencias nos pertenece hoy. Por eso no necesitamos orar: “Sáname si es Tu voluntad”; porque Su Palabra nos muestra claramente cual es Su voluntad.

He escuchado gente preguntar, sin citar el verso completo; “¿Queeeee? ¿Pero Cristo no nos enseñó a orar: “Padre, hágase tu voluntad?” Lo que no se da cuenta esta persona es que el usar esta porción de la Biblia es solo usar la mitad de la verdad. Y como alguien dijo: “¡Cuídense de las medias verdades! ¡Puede que reciban la mitad incorrecta!"

Y como dice la ley de la hermenéutica: "Un texto sin contexto no es más que un pretexto, pero jamás un punto doctrinal".

Lo que Cristo nos enseño a orar es: “Hágase tu voluntad, como en el cielo, así también en la tierra.” Lo que Cristo nos estaba enseñando a orar es que la voluntad de Dios sea hecha aquí en la tierra así como es hecha en el cielo.

Y por ese motivo, como no hay enfermedades ni dolencias en el cielo, entonces Su voluntad es que tampoco haya enfermedades ni dolencias en la tierra. Si Su voluntad se hace verdaderamente en la tierra como se hace en el cielo, no habrá enfermedades ni dolencias aquí en la tierra.

Un hombre dijo que él sabía que la voluntad de Dios era que no fuese sanado de una dolencia física que tenía. Decía que una mañana cuando se despertó, su cuarto se llenó de luz y alguien que tenía una túnica larga y blanca se le apareció. Aunque no vio su rostro, el hombre pensó que era Jesús. Esta persona le dijo: “No es mi voluntad sanarte.” Luego desapareció. El hombre aceptó como cierto que no era la voluntad de Dios sanarle.

No se dio cuenta de que era el diablo que lo estaba engañando.

Podemos estar tan seguros que la sanidad divina es la voluntad de Dios como lo estamos de que salvar a los perdidos es Su voluntad. Nosotros lo sabemos porque conocemos Su Palabra; y Su Palabra es su voluntad.

La misma Biblia que dice en Juan 3:16 que "de tal manera amó Dios al mundo que dio a Hijo Unigenito para que todo aquel que crea en Él no se pierda sino que tenga vida eterna" es la misma que dice en Mateo 8:17 que “Él mismo tomó nuestras enfermedades y llevó nuestras dolencias.

Es la misma Biblia que dice: “Ciertamente llevó él nuestras enfermedades, y sufrió nuestros dolores; y nosotros le tuvimos por azotado, por herido de Dios y abatido. Mas él herido fue por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados; el castigo de nuestra paz fue sobre él, y por su llaga fuimos nosotros curados” (Isaías 53:4-5).

Y es la misma Biblia que dice: “Quien llevó él mismo nuestros pecados en su cuerpo sobre el madero, para que nosotros, estando muertos a los pecados, vivamos a la justicia; y por cuya herida fuisteis sanados” (1 Pedro 2:24).

Jesucristo es el mismo ayer, hoy y por siempre (Hebreos 13:8). El nunca cambia. El sigue sanando porque Su Palabra sigue vigente hoy.

Así que no ores: "Padre, si es Tu voluntad sáname"; sino: "Padre, yo recibo mi sanidad hoy conforme a Tu voluntad."

Tercera Tradición 
El Aguijón en la Carne de Pablo era una Enfermedad 

Esta es una de la excusas favoritas de la gente religiosa. 

2 Corintios 12:7-10 
7 Y para que la grandeza de las revelaciones no me exaltase desmedidamente, me fue dado un aguijón en mi carne, un mensajero de Satanás que me abofetee, para que no me enaltezca sobremanera; 
8 respecto a lo cual tres veces he rogado al Señor, que lo quite de mí. 
9 Y me ha dicho: Bástate mi gracia; porque mi poder se perfecciona en la debilidad. Por tanto, de buena gana me gloriaré más bien en mis debilidades, para que repose sobre mí el poder de Cristo. 
10 Por lo cual, por amor a Cristo me gozo en las debilidades, en afrentas, en necesidades, en persecuciones, en angustias; porque cuando soy débil, entonces soy fuerte. 

El pensamiento que Pablo tenía una enfermedad que Dios no quiso sanar es ampliamente aceptada. Esta enseñanza ha guiado a que muchos crean que la voluntad de Dios debe ser que muchos de sus hijos estén enfermos. Esto ha tenido a muchos atados cuando deberían estar libres. 

Una creencia común es que Pablo sufría una dolencia en los ojos que lo tenía casi ciego. La Biblia declara que el Señor Jesús se le apareció en visión a Ananías y lo envió a imponerle las manos a Saulo para que reciba la vista (Hechos 9:12-17). El siguiente verso dice que Dios lo sanó. El concluir que Pablo tenía un problema en los ojos debido a su breve ceguera sería rebajar la obra de Dios. 

Recientemente estuve conversando con una pareja que querían saber acerca del famoso aguijón de la carne de Pablo; yo les dije que solo debían ir a los capítulos 11 y 12 de Segunda de Corintios para ver que cosa era el famoso aguijón de la carne. 

Una y otra vez Pablo dice que esa debilidad eran las aflicciones, tribulaciones y persecuciones que recibía debido al hecho de que había sido llamado para predicarle el evangelio a los gentiles. 

Es verdad que Dios permitió que Pablo tuviese ese “aguijón de la carne,” pero no fue obra de Dios. La Biblia dice que “fue permitido un mensajero de Satanás para abofetearle.” La Biblia no dice que este aguijón de la carne fuese una enfermedad. 

Note como se usa esta expresión “aguijón de la carne” en otros lugares de la Biblia. Antes que los hijos de Israel fuesen a la tierra de Canaán, Dios les dijo que destruyesen a los habitantes de esa nación, los cananitas, porque si no lo hacían, les darían problemas a los hijos de Israel, serían un aguijón en su costado. No se habla de enfermedad (Números 33:55). 

El aguijón de Pablo tampoco fue una enfermedad; fue un mensajero de Satanás enviado para abofetearlo. Esa palabra mensajero viene del término griego "angelos", que significa un ángel; era un ángel caído o demonio asignado por Satanás para obstaculizar su ministerio. En cada lugar donde iba Pablo, el diablo levantaba persecución contra Pablo. 

Pablo dijo en estos capítulos como es que fue apedreado, azotado y dejado por muerto, de los naufragios que sufrió y como fue descolgado por un muro en la ciudad de Damasco. 

En otras Epístolas escribió las veces que fue puesto en la cárcel y que incluso llegó a luchar contra fieras; en 1 Corintios 15:32 nos cuenta: “Si como hombre batallé en Efeso contra fieras, ¿qué me aprovecha?” 

A pesar de esto, en todos sus escritos donde habla acerca de persecuciones y tribulaciones nunca incluye enfermedades. En ningún lugar de la Biblia encontramos que en algún momento de su ministerio Pablo estuviese incapacitado por enfermedad. 

Le dije a esta pareja: “Miren bien lo que dice el libro de Hechos; ¿Qué pasaba cada vez que Pablo entraba a una ciudad? ¿Lo recibían con los brazos abiertos?” 

Ellos me respondieron que no, que por donde iba tenía persecuciones y tribulaciones. 

¿Por qué permitió Dios que este aguijón en la carne abofetee a Pablo? La Biblia dice que fue para que Pablo no desarrolle orgullo debido a las visiones y revelaciones que había tenido. 

Por eso, antes que escuches a alguien decir que tiene un aguijón en la carne, sería bueno que le preguntes cuantas visiones y revelaciones ha tenido. Muchos de los que piensan que tienen un aguijón en la carne no han tenido ningún tipo de revelación o visión. En su ignorancia y duda lo único que hacen es permitirle a Satanás que los derrote y los mantenga lejos de las bendiciones de Dios. 

Sin embargo, podrá se que algunos tengan algún tipo aguijón en la carne en algunas de las formas que tuvo Pablo, porque el diablo esta siempre para levantarle problemas y obstaculizar la obra que están haciendo para Dios. Pero noten que Dios dijo: “Bástate mi gracia.” La gracia de Dios nos da poder para levantarnos por encima de las bofetadas del diablo. 

Dios ya nos dio todo lo necesario para vencer la oposición, ya está a nuestra disposición Su gracia para enfrentar cualquier oposición que se levante contra nosotros.

La enfermedad que te aqueja no es un aguijón. tienes la gracia de Dios, su favor inmerecido, que trae sanidad a tu vida por la obra terminada de Cristo en la cruz.


Cuarta Tradición 
Estoy Sufriendo Para La Gloria De Dios 

Otra respuesta típica de la gente que no puede explicar por que motivo esta enferma, en su ignorancia creen que están sufriendo para la gloria de Dios. 

Los que apoyan esta creencia usan, por lo general, el capítulo nueve de Juan, donde se encuentra la historia del ciego que Jesús envió al estanque de Siloé. 

Sus discípulos le preguntaron si había pecado él o sus padres, provocándole la ceguera. Jesús les dijo: “No es que pecó éste, ni sus padres, sino para que las obras de Dios se manifiesten en él.” 

Algunos concluyen con este verso que el hombre nació ciego para que Dios obtenga la gloria con ello. 

Sin embargo, Jesús continuo diciendo: “Me es necesario hacer las obras del que me envió, entretanto que el día dura; la noche viene, cuando nadie puede trabajar.” Las obras de Dios no se manifestaron en el ciego hasta que Cristo hizo aquello para lo cual fue enviado; cuando sanó la ceguera del hombre. 

¿Qué podemos decir de Lázaro? ¿No dice la Biblia que estaba enfermo para la gloria de Dios? Al leer la historia en el capítulo 11 del evangelio de Juan, vemos que Jesús estaba con sus discípulos cuando le llegaron noticias que Lázaro estaba enfermo. 

En lugar de correr al lado de su amigo, Jesús se tardó a propósito. Le dijo a sus discípulos: “Esta enfermedad no es para muerte, sino para la gloria de Dios, para que el Hijo de Dios sea glorificado por ella” (verso 4). 

Cuando Jesús legó a Betania con sus discípulos, hacía 4 días que Lázaro estaba muerto. Marta corrió a Jesús y le dijo que si hubiese estado ahí, su hermano no hubiera muerto. Jesús le dijo que era la resurrección y la vida: 

Juan 11:24-26 
24 Marta le dijo: Yo sé que resucitará en la resurrección, en el día postrero. 
25 Le dijo Jesús: Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en mí, aunque esté muerto, vivirá. 
26 Y todo aquel que vive y cree en mí, no morirá eternamente. ¿Crees esto? 

Poco después, Marta se quejó de la orden de mover la piedra de la tumba que dio Jesús; ella sabía que el cuerpo estaba descompuesto y apestando después de 4 días. Por lo que Jesús le dijo: “¿No te he dicho que si crees, verás la gloria de Dios?” (Verso 40). 

Marta no había visto aún la gloria de Dios. No veía la gloria de Dios en su hermano porque aún no se había manifestado. La gloria de Dios se manifestó en la resurrección y sanidad de Lázaro. No solo fue resucitado, sino que también fue sanado de la enfermedad que le causo la muerte. 

Dios es glorificado por la sanidad y la liberación, no por la enfermedad y el sufrimiento. 


Quinta Tradición 
La Enfermedad es la Disciplina de Dios 

Esta es una excusa que es más una forma de traer condenación a la persona enferma; y también de decirles, si es de Dios, sopórtala. 

Es verdad que la Biblia dice: “Porque el Señor al que ama disciplina...” (Hebreos 12:6). Sin embargo no dice: “El Señor enferma al que ama.” 

Es un error tomar una pequeña porción de la Biblia y tratar de probar algo. 

No hay referencia a la enfermedad en este texto. La palabra disciplina no significa enfermedad o dolencia en el texto original griego. 

Al leer el diccionario de palabras griegas de Vine aprendemos que la palabra disciplina significa entrenar a un niño, educar o enseñar. Así como los bebés necesitan ser enseñados y corregidos para poder crecer como niños saludables y adultos, así también los bebés cristianos necesitan ser enseñados y corregidos para crecer y llegar a ser cristianos espiritualmente saludables. Esta palabra en el griego original significa que necesitan ser disciplinados y gobernados. 

Muchos de los problemas de hoy se originan en la falta de disciplina y entrenamiento religioso en el hogar. Los niños deben ser disciplinados, corregidos y entrenados en amor. 

En Mateo 7:9-11 dice: “¿Qué hombre hay de vosotros, que si su hijo le pide pan, le dará una piedra? ¿O si le pide un pescado, le dará una serpiente? Pues si vosotros, siendo malos, sabéis dar buenas dádivas a vuestros hijos, ¿cuánto más vuestro Padre que está en los cielos dará buenas cosas a los que le pidan?” 

Dios nos entrena y disciplina con mano amorosa, “porque el Señor al que ama disciplina.” 

Así que la enfermedad no viene por disciplina de Dios, no lo acusemos por algo que no hace. 

así que desechemos estas tontas tradiciones y pongamos nuestra confianza en el Padre que nos ama para recibir la sanidad que nos proveyó en la obra terminada de Cristo.



miércoles, 18 de marzo de 2020

Curso de Sanidad Divina - Clase 1 - La Sanidad y la Redención

En tiempos como estos en los que vivimos hoy, viendo el temor de la gente por lo que se habla de coronavirus y otras enfermedades, debemos encontrar lo que la Biblia dice al respecto, para poder pararnos firmes, y recibir lo que Dios proveyó para nosotros por la obra de Cristo en la cruz.


Clase 1
La Sanidad y la Redención

En esta primera clase estaremos viendo la sanidad que Cristo proveyó para nosotros a través de su obra de redención.

Muchas personas no logran recibir su sanidad porque nos saben lo que Dios piensa de la enfermedad, lo cual se revela claramente en la Biblia.

Si leemos la Biblia desde el principio veremos que Dios nunca ha estado a favor de la enfermedad, ya que Él no la creo ni tampoco se encuentra en el cielo.

Debemos entender que Dios es un Dios que no cambia y lo que el piensa de la enfermedad sigue siendo lo mismo.

En Éxodo 3:13-14 cuando Dios se reveló a Moisés le dijo esto: “Dijo Moisés a Dios: He aquí que llego yo a los hijos de Israel, y les digo: El Dios de vuestros padres me ha enviado a vosotros. Si ellos me preguntaren: ¿Cuál es su nombre?, ¿qué les responderé? Y respondió Dios a Moisés: YO SOY EL QUE SOY. Y dijo: Así dirás a los hijos de Israel: YO SOY me envió a vosotros.

Dios se reveló a Moisés como el que es. Jehová significa: El que es, el que era, y el que ha de venir. Dios no ha cambiado, Él es el eterno presente. Dios siempre ha sido el mismo.

En Malaquías 3:6 dice: “Porque yo Jehová no cambio; por esto, hijos de Jacob, no habéis sido consumidos.” En Santiago 1:17 dice: “Toda buena dádiva y todo don perfecto desciende de lo alto, del Padre de las luces, en el cual no hay mudanza, ni sombra de variación.”

Dios no ha cambiado, El siempre ha sido el mismo. Él es un buen Dios, que siempre esta dando buenas cosas.

En Mateo 7:11 dice: “Pues si vosotros, siendo malos, sabéis dar buenas dádivas a vuestros hijos, ¿cuánto mas vuestro Padre Celestial dará buenas cosas a los que les pidan?” Otra vez nos encontramos con que Dios está listo para darnos cosas buenas.

¿Será la enfermedad una cosa buena?

En Mateo 6:9-13 Jesús nos enseño la oración que llamamos El Padrenuestro, en el verso 10 Jesús nos dijo que oremos así: “Venga tu reino, hágase tu voluntad, como en el cielo, así también en la tierra.

¿Cuál es la voluntad de Dios en el Cielo? Para saber la respuesta debemos ver lo que dice la Biblia. En Apocalipsis 21:4 dice: “Enjugará Dios toda lagrima de los ojos de ellos; y ya no habrá muerte, ni habrá mas llanto, ni clamor, ni dolor; porque las primeras cosas pasaron.”

El dolor y la muerte son dos consecuencias de la enfermedad, y en este pasaje dice que ya no existirán más, porque las primeras cosas pasaron. Es decir, en el Cielo no habrá más enfermedad.

Si la voluntad de Dios es que no haya enfermedades en el Cielo, Su voluntad es que no haya enfermedades en la tierra.

Sin embargo, la enfermedad existe en la tierra debido al pecado que entró en la tierra por causa de Adán.

Nuestra pregunta es: ¿De que forma proveyó sanidad en la tierra?

Por la obra que Jesús hizo en la redención.

Veamos lo que dice Mateo 18:16 en la Versión Amplificada dice: “Pero si no te escucha, anda con uno o dos mas, para que toda palabra sea confirmada y sostenida por el testimonio de dos o tres testigos.”

En esta enseñanza vamos ha ver a tres testigos: Isaías, Mateo y Pedro; que testificaran que en la obra de la redención, Jesús tomó nuestras enfermedades y llevó nuestras dolencias.

Primero veamos que cosa es la redención.

El diccionario define la palabra redención de esta manera:

1. Rescatar de la esclavitud a un cautivo mediante un precio.

2. Comprar de nuevo una cosa que se había poseído antes.

3. Dejar libre una cosa sujeta a una carga u obligación que pesa sobre ella.

4. Librar de una obligación, o extinguirla.

Para dar un ejemplo de la redención contare la historia de El Barco de Pepito:

Pepito tenía un barquito de madera, que su padre le había construido. Estaba muy orgulloso de él, porque su padre se lo había regalado y porque era muy hermoso. Todos los días iba al río para jugar con él.

Pero un día vino una corriente de agua que se lo llevó muy lejos, y no lo pudo ver más. Se fue triste a su casa y se lo contó a su padre.

Varios días después, el padre vio el barquito en el escaparate de una juguetería. Compro el barquito y se lo volvió ha dar a Pepito. Ese día Pepito recuperó su barquito.

Esto mismo es lo que hizo Jesús. Cuando Adán pecó, le dio todo el dominio a Satanás, y trajo el pecado, la enfermedad y la muerte al mundo. Pero Dios nos compró por la sangre de Jesucristo, y al aceptar la obra que Jesús hizo por nosotros somos hechos libres.

Veamos ahora a nuestros tres testigos:

Nuestro primer testigo es Isaías.

En Isaías 53:4-5 se ve el primer testimonio de que Jesús nos redimió de la enfermedad: “Ciertamente llevó él nuestras enfermedades, y sufrió nuestros dolores; y nosotros le tuvimos por azotado, herido de Dios y abatido. Mas él herido fue por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados; el castigo de nuestra paz fue sobre él, y por su llaga fuimos nosotros curados.

En este pasaje Isaías esta dando una mirada hacia el futuro. 800 años antes del nacimiento de Jesús, nos da una imagen de la obra de Jesús.

En este pasaje vemos la doble obra de la redención: El perdón de pecados y la sanidad de nuestros cuerpos. Notemos que ambas van de la mano; Dios colocó la salvación y la sanidad en un mismo paquete. En la cruz Jesús pagó el precio de nuestra salvación y sanidad.

Nuestro segundo testigo es Mateo.

En Mateo 8:17, nos da su testimonio citando a Isaías: “Para que se cumpliese lo dicho por el profeta Isaías cuando dijo: El mismo tomó nuestras enfermedades y llevó nuestras dolencias.”

Mateo nos da una mirada al presente; recordemos que él fue un testigo presencial del ministerio de Jesús. Él nos está declarando que Jesús tomó nuestras enfermedades en su cuerpo.

Nuestro tercer testigo es Pedro.

En 1 Pedro 2:24, nos da su testimonio diciendo: “Quien llevó él mismo nuestros pecados en su cuerpo sobre el madero, para que nosotros, estando muertos a los pecados vivamos a la justicia; y por cuya herida fuisteis curados.

Pedro nos da una mirada hacia el pasado; aunque fue un testigo presencial de la obra de Jesús, aquí esta recordando las cosas que sucedieron unos treinta años antes.

De estos pasajes podemos tomar estas conclusiones:

1. La obra de la redención fue doble: Jesús perdonó nuestros pecados y sanó nuestras enfermedades.
2. La sanidad sigue vigente el día de hoy. En Hebreos 13:8 dice: “Jesucristo es el mismo ayer, y hoy, y por los siglos.” Es decir Jesús no ha cambiado. Isaías, 800 años antes; Mateo, mientras Jesús vivió: y, Pedro 30 años después dan testimonio de ello. Jesús sigue siendo el mismo, la sanidad sigue vigente.
3. En estos tres pasajes, se habla de la sanidad en tiempo pasado: “Él llevó,” “Él sufrió,” “Por sus llagas fuimos”; estas cosas nos hablan de un hecho en el pasado, por tanto, la sanidad es un hecho consumado.


4. Tu ya estas sanado, como Jesús ya completo su obra, solo debes de recibir lo que te pertenece.

Estaba predicando en una iglesia de Viña del Mar en Chile, cuando al final llegó una hermana con un rostro completamente decaído.

Le pregunté que tenía y me dijo que hacía cinco años tenía una migraña constante que no le pasaba con nada; había ido a muchos médicos y tomado todo tipo de medicinas pero nada mejoraba.

El dolor era tan intenso que en cinco años había bajado veinticinco kilos.

Esa noche había predicado de la sanidad en la redención, así que le leí los versos de Isaías, Mateo y 1 Pedro, y le pregunte: “¿En que tiempo están estos versos?” Y ella me respondió: “En tiempo pasado.

Le volví a preguntar: “Si están en tiempo pasado, ¿Cómo está Ud.?"

Vi que una luz se encendió en su rostro y me dijo: “Estoy sana.”

Le dije: “Si esta sana empiece a dar gracias por su sanidad, de gracias porque Jesús la sano en su obra redentora.”

Ella levantó las manos y empezó a dar gracias porque Jesús la había sanado en su obra redentora.

Cuando terminó de hacerlo le pregunte como se sentía, y ella me dijo que el dolor se había quitado totalmente.

Lo que no pudieron hacer los médicos ni las pastillas lo hizo Jesús cuando esta mujer se enteró lo que Él había hecho en la cruz.

Jesús ya terminó la obra de la redención, solo debes acercarte a Él y recibir lo que es tuyo.

domingo, 7 de abril de 2019

(Descarga Aplicación Gratis) Escucha 25 enseñanzas de la Palabra en la APP de mi Podcast


Hoy día quiero regalarte la aplicación de mi Podcast, en el puedes encontrar enseñanza que he compartido en mis viajes de misionero o las iglesias que he pastoreado.

Encontraras 24 enseñanzas de diversos temas, sanidad, fe, oración y varios temas más.

Te animo a que descargues esta APP gratuitamente siguiendo el siguiente enlace:

jueves, 4 de abril de 2019

Mi Primera Aplicación de Video Enseñanzas (Descarga Gratis)


Continuando con la creación de APPs para difundir la Palabra de Dios, decidí crear mi primera APP de video enseñanzas, la cual llame "Sin Café es Imposible Agradar a Dios.

En ella coloco 5 enseñanzas que he compartido en alguna iglesias que he sido invitado y que creo que serán de bendición para ustedes.

Como ustedes saben estas APPs funcionan solo en los celulares así que pueden descargar está APP como las otras que seguiré subiendo en sus celulares.

Pueden bajar la APP "Sin Cafe es Imposible Agradar a Dios" siguiendo este enlace: 

http://www.appcreator24.com/app651254

domingo, 14 de junio de 2015

Como Ayudar a otros para que Reciban su Sanidad - Parte 5

Tercera Parte
Enséñale a la Persona que Jesús ya lo Sanó


Lo tercero que debes de hacer es decirle a la persona que Jesús ya lo ha sanado

Debes decirle a la persona lo que Jesús ya hizo por el: que tomó sus enfermedades, sufrió sus dolores y que por sus llagas ya fue sanado.

Ahora que ya sabes esto, debes de transmitirlo a otras personas.

Tengo un amigo que hace varios años empezó su ministerio de sanidad y que se le murieron las 20 primeras personas por las que oró.

Después de estas 20 personas muertas el hermano estaba completamente desanimado: "Señor, ¿no me mandaste acaso a orar por los enfermos?"

"Si," le dijo el Señor; y el hermano le respondió: "¿Y por qué se mueren? Ahora los hermanos me están llamando el Dr. Mortis, todos se están burlando de mi, dicen que si voy a orar es muerte segura, ¿que pasa Señor?".

Y el Señor le respondió: "¿Qué haces cuando vas donde los enfermos?"

"Bueno Señor, yo simplemente voy a visitar al enfermo al hospital, le digo que voy a orar por él, le impongo las manos y me voy".

El Señor le dijo: "Mira hijo, estás haciendo mal, mi Palabra dice que la fe viene por el oír y el oír por la Palabra de Dios, el enfermo no tiene fe para recibir su sanidad y por eso se muere. Lo que tienes que hacer enseñarle lo que la Biblia dice de la sanidad, luego le preguntas si quiere ser sanado, y al final lo ministras para que reciba la sanidad, y así será sanado."

Lo volvieron a llamar al hermano para que ministre a un enfermo grave, así que el hermano fue e hizo lo que el Señor le había dicho.

Le explicó lo que la Biblia dice en Isaías 53:4-5, Mateo 8:17 y Primera de Pedro 2:24, donde dice que Jesús tomó nuestras enfermedades, sufrió nuestros dolores y que por sus llagas fuimos curados; después de eso le preguntó si quería recibir su sanidad, como el enfermó dijo que si, el hermano lo ministró y el enfermo fue sanado inmediatamente.

A partir de entonces el ministerio del hermano cambió completamente y hasta hoy la gente sigue siendo sanada a través de su ministerio.



El hermano había aprendido una gran verdad, debemos enseñarle a la gente la Palabra de Dios.

Cuando estudiaba en el Centro de Entrenamiento Bíblico formaba parte de un grupo de evangelismo que visitaba los hospitales los martes, jueves y sábados.

Íbamos a visitar a los enfermos, les ministrábamos la Palabra y orábamos por ellos; y muchas veces cuando regresábamos al hospital ya no se encontraban los enfermos, estaban sanos.

En un día común sucedía lo que me pasó una vez.

La hora de visita en el hospital era de 2 a 4 de la tarde; así que cuando terminaba el horario de visita nos escondíamos en los baños, las escaleras o cualquier sitio, y de ahí empezábamos a visitar cuarto por cuarto a los enfermos.

Un día teníamos que ir a cuidados intensivos, un enfermero tenía a su tía en estado de coma así que me hizo pasar junto con una hermana.

Llegamos donde la tía, y oramos para que salga del coma, y la mujer de unos 80 años, salió del coma y nos preguntó: "¿Dónde estoy?"

Unos pacientes del otro cuarto nos llamaron cuando vieron lo que pasó y nos dijeron que querían recibir lo que la señora había recibido; les compartimos de la sanidad divina, lo que Cristo hizo por ellos y los ministramos, uno de los dos que no podía caminar empezó a caminar y la otra persona que tenía un tumor en la pierna, sentí como se disolvía en mis manos.

Vinieron entonces los doctores y nos sacaron del pabellón.

En esa época no estaba en el ministerio a tiempo completo, solo era un simple creyente, compartiendo la Palabra de Dios y ministrando a otros.

Todos los creyentes podemos ministrar a otras personas. 

Tú puedes orar por los enfermos, Dios quiere usarte a ti; a ti que estás ungido, a ti que tienes la autoridad, a ti que sabes que eres sano por las llagas de Jesús.

En Marcos 16:17 Jesús dijo: "Pondrás las manos sobre los enfermos y se sanarán". En Santiago 5:4-5 dice que también podemos ungir a los enfermos con aceite en el nombre del Señor porque la oración de fe sanará al enfermo y el Señor lo levantará.

Hay muchos métodos para ministrar a los enfermos, el asunto es si es que tú estás dispuesto a creer y hacer la Palabra de Dios, los milagros empezarán a ocurrir en tu vida.

Solo tienes que atreverte.

No debemos estar con la actitud que dice: ¿Y si no sana? ¿Y si no pasa nada? Mejor que el pastor ore.

Yo empecé a orar por los enfermos cuando ni siquiera soñaba que sería pastor, era un simple miembro de la iglesia. En realidad, yo empecé a predicar cuando recién me había convertido. Era un joven de 17 años que predicaba de persona a persona. 

Un joven o adulto cualquiera lo puede hacer. 

La edad no interesa, una vez escuché a un señor de 60 años que se convirtió y dijo: "60 años serví al diablo, 60 años serviré a Dios". y se puso a predicar por todos lados.

Nosotros ya hemos sido sanados por las llagas de Jesús, ahora nos corresponde a nosotros ministrar la sanidad.

Ahora nos toca a nosotros ir y ministrar a los enfermos.

jueves, 11 de junio de 2015

Como Ayudar a otros para que Reciban su Sanidad - Parte 2



En Hechos 10:38 dice: "cómo Dios ungió con el Espíritu Santo y con poder a Jesús de Nazaret, y cómo éste anduvo haciendo bienes y sanando a todos los oprimidos por el diablo, porque Dios estaba con él."

Dios ungió a Jesús de Nazaret con un propósito, en este caso particular para hacer bienes y sanar a todos los oprimidos por el diablo.

La unción vino sobre Jesús para hacer algo.

Vamos al capítulo 4 de Lucas donde nos habla más específicamente de la unción sobre Jesús.

Lucas 4:14-18
14 Y Jesús volvió en el poder del Espíritu a Galilea, y se difundió su fama por toda la tierra de alrededor.
15 Y enseñaba en las sinagogas de ellos, y era glorificado por todos.
16 Vino a Nazaret, donde se había criado; y en el día de reposo entró en la sinagoga, conforme a su costumbre, y se levantó a leer.
17 Y se le dio el libro del profeta Isaías; y habiendo abierto el libro, halló el lugar donde estaba escrito:
18 Espíritu del Señor está sobre mí, 
Por cuanto me ha ungido PARA. . . 

La unción es PARA; la unción es PARA; la unción no es solo para guardártela; la unción es siempre para hacer algo.

Sigue diciendo:

Lucas 4:18-19
18 Espíritu del Señor está sobre mí, por cuanto me ha ungido PARA dar buenas nuevas a los pobres; me ha enviado a sanar a los quebrantados de corazón; a pregonar libertad a los cautivos, y vista a los ciegos; a poner en libertad a los oprimidos;
19 A predicar el año agradable del Señor.

Vemos aquí el propósito del ministerio de Jesús; predicar, liberar, sanar, dar buenas noticias.

El evangelio son siempre buenas noticias, hemos sido ungidos para predicar buenas noticias.

¿Cuál es la buena noticia para el pobre? Que en Cristo ya somos ricos. No lo seremos sino que ya lo somos.

Sea que tengas dinero o que no lo tengas ya eres rico; solo tienes que aprender a caminar en la bendición que ya está en ti.

Son buenas noticias para los pobres, no tienen que quedarse en el estado en el que están; porque por medio de Cristo ya somos ricos.

Pero también son buenas noticias para el enfermo; no tienes porque estar más tiempo enfermo; Jesús ya tomó tus enfermedades, llevó tus dolencias y por sus llagas ya fuiste curado.


El evangelio son buenas noticias para tí y para los demás; y tu haz sido llamado, haz sido ungido por Dios para hacer algo.

Sigamos leyendo Lucas 4

Lucas 4:20-21
20 Y enrollando el libro, lo dio al ministro, y se sentó; y los ojos de todos en la sinagoga estaban fijos en él.
21 Y comenzó a decirles: Hoy se ha cumplido esta Escritura delante de vosotros.

Veamos lo que pasa acá; Jesús les está diciendo: "Hoy se ha cumplido delante de ustedes esta Escritura."

¿Que Escritura? Lo que dice en Isaías 61, que es lo que estaba leyendo Jesús; que la unción estaba sobre Él.

Y la unción sigue sobre Jesús porque en Hebreos 13:8 dice que Jesucristo es el mismo, ayer, hoy y siempre.

Jesús no ha cambiado, el sigue haciendo lo mismo el día de hoy; pero ¿cómo lo hace hoy? A través de su cuerpo.

La iglesia es llamada el cuerpo de Cristo, Jesús es la cabeza y nosotros el cuerpo.

Efesios 1:22-23
22 Y sometió todas las cosas bajo sus pies, y lo dio por cabeza sobre todas las cosas a la iglesia,
23 la cual es su cuerpo, la plenitud de Aquel que todo lo llena en todo.

Jesús es nuestra cabeza.

En el Salmo 133, hablando de la unción y la comunión dice lo siguiente:

Salmo 133
1 ¡Mirad cuán bueno y cuán delicioso es habitar los hermanos juntos en armonía!
2 Es como el buen óleo sobre la cabeza, el cual desciende sobre la barba, la barba de Aarón, y baja hasta el borde de sus vestiduras;
3 Como el rocío de Hermón, que desciende sobre los montes de Sion; porque allí envía Jehová bendición, y vida eterna.

De ese mismo modo la unción viene sobre Jesús que es la cabeza y desciende sobre todo su cuerpo.

En Mateo 28:18-19 cuando habla de la autoridad del creyente dice: "Y Jesús se acercó y les habló diciendo: Toda potestad me es dada en el cielo y en la tierra. Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo."

Es decir, cuando Cristo resucitó, recibió toda la autoridad, y si la cabeza recibió la autoridad también la recibió su cuerpo; y lo que Jesús les está diciendo es que ya que el recibió toda la autoridad, también la tiene su cuerpo; es decir nosotros que somos la iglesia.

La cabeza no puede recibir los pies y que los pies se queden sin ella. Tú eres el cuerpo de Cristo y como tal recibiste la unción.

Tu ya tienes la unción, porque como Él es, eres tú en este mundo (Primera de Juan 4:17).

Como Cristo es, eres tú en este mundo; si Jesucristo es ungido, tu también eres ungido.

Es por eso que nos llamamos cristianos; cristiano significa uno como Cristo; o un pequeño Cristo; o como me dijo hace años un hermano: "Eres un cristito".

Cristo significa "el ungido"; entonces el cristiano también significa "uno que es ungido".

Al llamar a tu hermano "cristiano" le estás diciendo que es un ungido; no le estás diciendo que será un ungido; como si hablásemos de algo en el futuro sino que en el presente ya es un ungido. Es un ungido hoy.

Tú ya tienes la unción, y es por la unción que hay en ti que puedes hacer algo. Y es por esa misma unción que tu puedes hacer las obras de Jesús en esta tierra.

lunes, 8 de junio de 2015

La Sanidad Divina y el Perdón de Pecados


En Deuteronomio 7:12-15 dice: “Y por haber oído estos decretos, y haberlos guardado y puesto por obra, Jehová tu Dios guardará contigo el pacto y la misericordia que juró a tus padres. Y te amará y bendecirá y te multiplicará, y bendecirá el fruto de tu vientre y el fruto de tu tierra, tu grano, tu mosto, tu aceite, la cría de tus vacas, y los rebaños de tus ovejas, en la tierra que juró a tus padres que te daría. Bendito serás más que todos los pueblos; no habrá en ti varón ni hembra estéril, ni en tus ganados. Y quitará Jehová de ti toda enfermedad; y todas las malas plagas de Egipto que tu conoces, no las pondrá sobre ti, antes las pondrá sobre todos lo que te aborrecieren.”

Dios ama, bendice y multiplica a Su pueblo. Su voluntad era prosperarlos materialmente y bendecirlos en todo lo que emprendiesen.

Pero no solo los bendijo económicamente sino que no permitió que hubiera enfermedad en ellos mientras caminaron en Su pacto. Recuerde que el verso 15 dice: “Y quitará Jehová de ti toda enfermedad.”

El libro de Salmos esta lleno de versículos de sanidad.

En el Salmo 103:3-5 dice: “El es quien perdona todas tus iniquidades, el que sana todas tus dolencias; el que rescata del hoyo tu vida, el que te corona de favores y misericordias; el que sacia de bien tu boca de modo que te rejuvenezcas como el águila.”

Es evidente que la enfermedad vino por causa de la desobediencia de la ley pues: “El es quien perdona todas tus iniquidades, el que sana todas tus dolencias.” De ahí podemos concluir que el perdón por su desobediencia significaba la sanidad de sus cuerpos.

Posteriormente, Jesús puso esto en evidencia en Marcos 2:1-12: “Entró Jesús en Capernaum después de algunos días; y se oyó que estaba en casa. E inmediatamente se juntaron muchos, de manera que ya no cabían ni aun a la puerta; y les predicaba la palabra. Entonces vinieron a él unos trayendo un paralítico, que era cargado por cuatro. Y como no podían acercarse a él a causa de la multitud, descubrieron el techo de donde estaba, y haciendo una abertura, bajaron el lecho en que yacía el paralítico. Al ver Jesús la fe de ellos, dijo al paralítico: Hijo, tus pecados te son perdonados. Estaban allí sentados algunos de los escribas, los cuales cavilaban en sus corazones: ¿Por qué habla este así? Blasfemias dice. ¿Quién puede perdonar los pecados sino solo Dios? Y conociendo luego Jesús en su espíritu que cavilaban de esta manera dentro de sí mismos, les dijo: ¿Por qué caviláis así en vuestros corazones? ¿Qué es más fácil, decir al paralítico: Tus pecados te son perdonados, o decirle: Levántate, toma tu lecho y anda? Pues para que sepáis que el Hijo del Hombre tiene potestad en la tierra para perdonar pecados (dijo al paralítico): A ti te digo: Levántate, toma tu lecho y vete a tu casa. Entonces el se levantó enseguida, y tomando su lecho, salió delante de todos, de manera que todos se asombraron, y glorificaron a Dios diciendo: Nunca hemos visto tal cosa.”

En este pasaje, Jesús coloca a la sanidad y al perdón de pecados en la misma mano. El perdón de pecados en el paralítico, representaba la sanidad en su cuerpo.

Esto lo vemos también con la iglesia en el libro de Santiago:

Santiago 5:14-15
14 ¿Está alguno enfermo entre vosotros? Llame a los ancianos de la iglesia, y oren por él, ungiéndole con aceite en el nombre del Señor.
15 Y la oración de fe salvará al enfermo, y el Señor lo levantará; y si hubiere cometido pecados, le serán perdonados.

La sanidad y el perdón van de la mano; en la misma cruz que Jesús pagó por nuestros pecados también sanó nuestros cuerpos.