miércoles, 28 de agosto de 2013

La Confesión de la Palabra de Dios 6 - Confesando Lo que Dios ha Hecho por Nosotros en el Plan de Redención

Lo que Dios ha Hecho por Nosotros en el Plan de Redención


La palabra redención significa: “Ser rescatado mediante el pago de un precio."

En Colosenses 1:12-14 dice: “Con gozo dando gracias al Padre que nos hizo aptos para participar en la herencia de los santos en luz; el cual nos ha librado de las tinieblas, y trasladado al reino de su amado Hijo, en quien tenemos redención por su sangre, el perdón de pecados.”


Fuimos Redimidos Por La Sangre De Jesús

Dios. el Padre, nos ha trasladado del reino de las tinieblas, al reino de Jesús.

Hemos sido rescatados mediante el pago de la sangre de Jesús. Ya no le pertenecemos al diablo sino a Dios.

Como dice una antigua canción cristiana: “Yo fui comprado por un precio muy grande, ese precio fue la sangre derramada por Jesús.”

Puedes hacer esta confesión: “Yo fui comprado por la sangre de Jesús; fui trasladado del reino de las tinieblas al reino de Jesús. He sido redimido por su sangre y mis pecados fueron perdonados.”


Fuimos Redimidos De La Maldición De La Ley

En Gálatas 3:13-14 dice: “Cristo nos redimió de la maldición de la ley, hecho por nosotros maldición (porque está escrito: Maldito todo el que es colgado de un madero), para que en Cristo Jesús la bendición de Abraham alcanzase a los gentiles, a fin de que por la fe recibiésemos la promesa del Espíritu.”

Cristo nos redimió de la maldición de la ley; el mismo se hizo maldición para hacernos libres.

Haz esta confesión: “Soy libre de la maldición de la ley por causa de Cristo.”

Para poder entender plenamente la redención de la maldición de la ley, debemos entender en que consiste esa maldición.

En el capítulo 28 del libro de Deuteronomio se ven las bendiciones y maldiciones de la ley. Bendiciones para aquel que cumpliera la ley y maldiciones para aquel que la dejara de lado.

En los versos del 15 al 68 se ve que la maldición de la ley consistía en básicamente tres cosas:
  1. Pobreza
  2. Enfermedad
  3. Muerte espiritual


Redimidos De La Pobreza

En Deuteronomio 28:16-19 dice: “Maldito serás tú en la ciudad, y maldito en el campo. Maldita tu canasta y tu artesa de amasar. Maldito el fruto de tu vientre, el fruto de tu tierra, la cría de tus vacas y los rebaños de tus ovejas.”

Los versículos 47 y 48 dicen: “Por cuanto no serviste a Jehová tu Dios con alegría y con gozo de corazón, por la abundancia de todas las cosas, servirás, por tanto, a tus enemigos que enviare Jehová contra ti, con hambre y con sed y con desnudez, y con falta de todas las cosas; y él pondrá yugo de hierro sobre tu cuello para destruirte.”

Estos versículos, y otros mas dentro de Deuteronomio 28, nos hablan que parte de la maldición de la ley, es la pobreza; y, pobreza hasta tal grado que llega a la destrucción.

La pobreza es una maldición, no una bendición; y, Cristo nos redimió de ella.

En 2 Corintios 8:9 vemos como Cristo nos redimió de la maldición de la pobreza: “Porque ya conocéis la gracia de nuestro Señor Jesucristo, que por amor a vosotros se hizo pobre, siendo rico, para que vosotros con su pobreza fueseis enriquecidos.”

En este pasaje vemos que Jesús se hizo pobre físicamente; no como algunos dicen que se hizo “pobre espiritualmente.”

El verbo griego que se usa para pobre es ptocheuo. W. E. Vine traduce esa palabra así: "Ser tan pobre como un mendigo, un destituido".

Cristo no se hizo “pobre espiritualmente;” ¡no! El se hizo pobre para que tu y yo podamos ser ricos.

La palabra para enriquecidos es plouteo, que significa: ser rico ó volverse rico.

Nótese que aquí no dice millonario sino rico; un significado bíblico de rico es: tener lo suficiente para que todas nuestras necesidades sean suplidas, y que nos sobre para suplir las necesidades de los demás.

En 2 Pedro 1:3 dice: “Como todas las cosas que pertenecen a la vida y a la piedad nos han sido dadas por su divino poder, mediante el conocimiento de aquel que nos llamó por su gloria y excelencia.”

Dios ya nos dio todas las cosas que pertenecen a la vida y la piedad.

Las cosas que pertenecen a la vida son las que necesitamos para vivir mientras estemos en esta tierra. Nos habla acerca de cosas materiales. Esto es dinero, ropa, comida, un lugar donde vivir, comodidades, y cada cosa que deseemos o necesitemos.

Las cosas que pertenecen a la piedad son las cosas que necesitamos para nuestro caminar con Dios; la salvación, el Espíritu Santo, la oración, la Palabra, el nombre de Jesús, y cada cosa que esté relacionada con nuestra vida espiritual.

En 1 Timoteo 6:17 dice: “A los ricos de este siglo manda que no sean altivos, ni que pongan la esperanza en las riquezas, las cuales son inciertas, sino en el Dios vivo, que nos da todas las cosas en abundancia para que las disfrutemos.”

En este pasaje vemos dos cosas, no debemos poner los ojos en las riquezas, que son inciertas sino poner los ojos en Dios, el dador de las riquezas.

Eso me recuerda algo que paso en mi país a principio de los años 90 en mi país; una financiera llamada CLAE, ofrecía intereses altísimos a las personas que invertían en ella. La gente cobraba una tasa de interés del 10% mensual para los ahorros en dólares; mientras que el promedio de interés en los bancos era del 7% anual.

La gente pensaba que estaba haciendo el negocio de su vida. Decenas de miles de personas pusieron los ahorros de toda su vida ahí. Estaban poniendo su esperanza en las riquezas, las cuales son inciertas.  

¿Qué paso? En muy pocos años quebró. La gente perdió todo su dinero. Nunca lo pudieron recuperar.

Si ponemos los ojos en el dinero, el dinero se desvanecerá.

Debemos poner los ojos en Dios, porque El es quien nos da TODAS las cosas en abundancia, para que las disfrutemos.

Ese es el deseo de Dios, que tengamos abundancia de todo.


El Propósito De La Prosperidad Divina

En 2 Corintios 9:8 dice: “Y poderoso es Dios para hacer que abunde en nosotros toda gracia, a fin de que, teniendo siempre en todas las cosas todo lo suficiente, abundéis para toda buena obra.”

Aquí encontramos el propósito de la prosperidad divina. 

Mucha gente es muy egoísta, y quiere todo para ellos. Para ellos primero es yo, segundo es yo y al final también es yo. Su vida esta centrada en ellos. Y lo más triste es que muchos de ellos son cristianos.

Cuando Dios empieza a prosperarlos, quieren todo para ellos, y se olvidan de compartir lo que tienen.

Sin embargo, Dios tiene otro propósito para la prosperidad.

El propósito de la prosperidad es tener lo suficiente para suplir todas las necesidades que tengamos y las de los nuestros; y que nos sobre para suplir las necesidades de la gente que nos rodea.

Dios quiere que prosperemos para poder suplir las necesidades de otras personas.

En Filipenses 4:19 dice: “Mi Dios, pues, suplirá todo lo que os falta conforme a sus riquezas en gloria en Cristo Jesús.”

Dios es el que suple todas tus necesidades, el que te da todas las cosas en abundancia, así que tienes una base bíblica para confesar prosperidad.

Cada vez que el diablo te traiga pensamientos de pobreza, haz esta confesión de fe:

“Cristo me redimió de la maldición de la ley; Cristo me redimió de la maldición de la pobreza; Él se hizo pobre para que yo fuese hecho rico; me da todas las cosas en abundancia para que las disfrute, pues él suple todas mis necesidades conforme a sus riquezas en gloria en Cristo Jesús.” 
Haz esta confesión de fe cada día hasta que la fe se levante para recibir tu prosperidad.


Redimidos De La Maldición De La Enfermedad

En Deuteronomio 28:21,22,27,28,35,59-61 dice: “Jehová traerá sobre ti mortandad, hasta que te consuma de la tierra a la cual entras para tomar posesión de ella. Jehová te herirá de tisis, de fiebre, de inflamación y de ardor, con sequía, con calamidad repentina y con añublo, y te perseguirán hasta que perezcas.... Jehová te herirá con úlcera de Egipto, con tumores, con sarna, y con comezón que no puedas ser curado. Jehová te herirá con locura, ceguera y turbación de espíritu.... Te herirá Jehová con maligna pústula en las rodillas y en las piernas, desde la planta de tu pie hasta tu coronilla, sin que  puedas  ser curado.... Entonces Jehová aumentará maravillosamente tus plagas y las plagas de tu descendencia, plagas grandes y permanentes, y enfermedades malignas y duraderas; y traerá sobre ti todos los males de Egipto, delante de los cuales temiste, y no te dejarán. Asimismo toda enfermedad y toda plaga que no está escrita en el libro de esta ley, Jehová la enviará sobre ti, hasta que seas destruido.”

Leyendo estos versos podemos ver que la enfermedad es una maldición que vino debido a desobediencia de la ley.

Sin embargo, como dice Gálatas 3:13: Cristo nos redimió de la maldición de la ley.  

En Isaías 53:4-5 dice: “Ciertamente llevó él nuestras enfermedades, y sufrió nuestros dolores; y nosotros le tuvimos por azotado, por herido de Dios y abatido. Mas él herido fue por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados; el castigo de nuestra paz fue sobre él, y por su llaga fuimos nosotros curados.” 

Jesús, para poder redimirnos de la enfermedad, se hizo enfermedad. El tomó cada enfermedad del hombre, para poder librarnos de ellas.

No hay enfermedad que el no haya curado, solo debemos aceptar el hecho de que El ya nos sanó.

En Mateo 8: 16-17 dice: “... y sanó a todos los enfermos; para que se cumpliese lo dicho por el profeta Isaías, cuando dijo: El mismo tomó nuestras enfermedades, y llevó nuestras dolencias.”

Aquí vemos que Jesús sanó a todos los enfermos; es decir, sin importar cual fuese la enfermedad que tuviesen, Jesús los sanó.

Así como en la maldición de la ley, las enfermedades que no estaban en el libro de la ley, iban a caer sobre las personas que no la cumplieran; al decir sanó a todos los enfermos, nos habla que aún las enfermedades que no existían en esa época, como el sida, o de las que no se habla en la Biblia, como el cáncer, están incluidas entre las enfermedades que Jesús tomó y llevó en su cuerpo para que nosotros no las suframos.

En 1 Pedro 2:24, vemos una mayor luz acerca de nuestra redención: “Quien llevó él mismo nuestros pecados en su cuerpo sobre el madero, para que nosotros estando muertos a los pecados, vivamos a la justicia; y por cuya herida fuisteis sanados.”

En la cruz del calvario ocurrió una doble cura, nuestros pecados fueron perdonados y nuestras enfermedades fueron sanadas.

La sanidad divina es la parte del plan de redención, en la que Jesús se hizo enfermedad para que nosotros caminemos en salud.
Haz esta confesión:

“Cristo me redimió de la maldición de la enfermedad; El mismo tomó mis enfermedades y llevó mis dolencias; soy sano por las llagas de Jesús.”

Redimidos De La Maldición De La Muerte Espiritual

En Deuteronomio 28:20,21,45,63 dice: “Y Jehová enviará contra ti la maldición, quebranto y asombro en todo cuanto pusieres mano e hicieres, hasta que seas destruido, y perezcas pronto a causa de la maldad de tus obras por las cuales me habrás dejado. Jehová traerá sobre ti mortandad, hasta que te consuma de la tierra a la cual entras para tomar posesión de ella.... Y vendrán sobre ti todas estas maldiciones, y te perseguirán, y te alcanzarán hasta que perezcas; por cuanto no habrás atendido a la voz de Jehová tu Dios, para guardar sus mandamientos y sus estatutos, que él te mandó.... Así como Jehová se gozaba en haceros bien y multiplicaros, así se gozará Jehová en arruinaros y en destruiros; y seréis arrancados de sobre la tierra a la cual entráis para tomar posesión de ella.”

Aquí está hablando la fase final de maldición de la ley, la muerte espiritual.

El pecado siempre nos guiará a la muerte eterna; por eso es que Jesús tuvo que hacer una obra para poder darnos vida eterna.

En 2 Corintios 5:21 dice: “Al que no conoció pecado, por nosotros lo hizo pecado, para que nosotros fuésemos hechos justicia de Dios en él.”

Así es, Jesús mismo se hizo pecado para que nosotros podamos ser justos delante de Dios. Él pagó el precio de nuestra redención.

Como dice en Romanos 10:9-10: “Que si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo. Porque con el corazón se cree para justicia, pero con la boca se confiesa para salvación.”

La salvación viene como resultado de una confesión; confesar a Jesús como el Señor de nuestras vidas.

En 1 Juan 5:13 dice: “Estas cosas os he escrito a vosotros que creéis en el nombre del Hijo de Dios, para que sepáis que tenéis vida eterna y para que creáis en el nombre del Hijo de Dios.”

¿Qué mayor seguridad que esta? En este pasaje vemos la seguridad de nuestra salvación. 
No solo debemos creer que hemos recibido la vida eterna, debemos saberlo.

Este pasaje me ayudço mucho cuando era un recién convertido. A veces el diablo me decía que posiblemente no era salvo, y yo le creía. Me despertaba con temor de no ser salvo, y repetía la oración del pecador nuevamente.

Pero un día me enseñaron este verso en un estudio bíblico, lo memoricé, y aunque no sabía nada de la confesión, empecé a repetirlo una y otra vez, hasta que quedó grabado en mi corazón. Llegué a tener la seguridad de mi salvación. 

Como dice en Marcos 4:15: “Estos son los de junto al camino: en quienes se siembra la palabra, pero después que la oyen, en seguida viene Satanás, y quita la palabra que se sembró en sus corazones.” 

Mateo 13:19 y Lucas 8:12 nos dan mas luz de este pasaje: “Cuando alguno oye la palabra del reino y no la entiende, viene le malo y arrebata lo que fue sembrado en su corazón.... Y los de junto al camino son los que oyen, y luego viene el diablo y quita de su corazón la palabra, para que no crean y se salven.”

Cuando uno nace de nuevo, el diablo siempre va ha venir para robar la Palabra que ha sido sembrada en su corazón.

El viene y te dice: “Tu no eres salvo, lo que te han dicho es una mentira, vas ha irte al infierno.” O si has pecado te dice: “Has cometido el pecado imperdonable, Dios nunca te va ha perdonar.”

Lo único que quiere hacer es arrebatar la palabra de salvación que has recibido, y si es posible hacerte volver al mundo.

Pero te tengo buenas noticias: si has recibido la Palabra de verdad, el evangelio de tu salvación, ya eres salvo. No importa cuantas mentiras te traiga el diablo, ni como te sientas: “Estas cosas os he escrito a vosotros que creéis en el nombre del Hijo de Dios, para que sepáis que tenéis vida eterna y para que creáis en el nombre del Hijo de Dios.”

Ya tienes la vida eterna; haz esta confesión conmigo:

“Yo tengo vida eterna, he confesado a Jesús como mi Señor, el se hizo pecado para que yo pueda ser justificado, y hoy yo tengo la seguridad de que he recibido la salvación.”


Confiesa Los Beneficios De La Redención

Jesús hizo una obra completa en nuestra redención, cada día debemos confesar los beneficios de ella.

Haz esta confesión ahora:

“Soy libre de la maldición de la ley, soy libre de la maldición de la pobreza, soy libre de la maldición de la enfermedad, soy libre de la maldición de la muerte espiritual.

En lugar de pobreza tengo riquezas, en lugar de enfermedad tengo salud, en lugar de muerte tengo vida eterna. Soy verdaderamente libre porque Jesús me redimió."






jueves, 22 de agosto de 2013

La Confesión de la Palabra de Dios 5 - Cinco Cosas Que Debemos Confesar

Cinco Cosas Que Debemos Confesar


Hemos estado viendo en las entradas anteriores lo que es la confesión de la Palabra de Dios, ahora empezaremos a ver las cosas que debemos confesar


Cómo Viene la Fe

Vemos primeramente como viene la fe; lo cual nos será muy útil a la hora de empezar a confesar la Palabra de Dios.

En Romanos 10:17 dice: Así que la fe es por el oír, y el oír, por la palabra de Dios.”

Para facilitar nuestro estudio, veremos las dos palabra griegas que se usan principalmente para palabra en el Nuevo Testamento: Logos y Rhema.

Logos nos habla de toda la Biblia en conjunto, toda junta en un paquete. La Biblia desde Génesis hasta Apocalipsis.

Rhema (rhema) nos habla de una materia especifica, de un tema de la Palabra de Dios.

W. E. Vine las diferencia de esta manera: “El significado de rhema (a diferencia de logos) se ejemplifica en el mandato de tomar la espada del Espíritu, que es la Palabra de Dios, en Efesios 6:17; aquí la referencia no es toda la Biblia como un conjunto, sino la escritura individual que el Espíritu nos hace recordar en tiempo de necesidad, lo cual tiene como requisito, el haber estado depositando la Palabra continuamente en la mente.”

Cuando estaba estudiando la Palabra en el Centro de Entrenamiento Bíblico “La Palabra de Fe,” en Lima, tuvimos 31 cursos por año; los cuales enfocaban las diversas áreas de la Palabra de Dios y del ministerio. Llevábamos cursos de fe, oración, sanidad, Antiguo y Nuevo Testamento, el Espíritu Santo, doctrinas fundamentales, el ministerio de excelencia y muchos mas.

El conjunto de todos los cursos hacía un año académico. Pero cada curso abarcaba un tema individual.

La suma de los cursos equivale al logos, cada curso individual equivale al rhema.

A la hora de aprobar el examen de un curso de nada me valía estudiar todas las materias; necesitaba estudiar el curso específico.

Así es la fe, viene cuando estamos oyendo el rhema de Dios. Es decir cuando estamos oyendo cosas específicas de la Palabra.

En Gálatas 6:7 dice: “No os engañéis; Dios no puede ser burlado; pues todo lo que el hombre sembrare eso también segara.”

En la parábola del sembrador, en Marcos 4:14 dice: “El sembrador es el que siembra la palabra.” Nosotros somos los que sembramos la Palabra en nuestros corazones; y cada semilla produce una cosecha en nuestras vidas.         

La fe llega a nuestra vida para situaciones y cosas específicas; por eso siempre debemos buscar versos que cubran las situaciones que estamos pasando.

Si siembras semillas de salvación, eso recibirás. Si siembras semillas de prosperidad, recibirás fe para prosperar. Si siembras semillas de sanidad, tendrás fe para ser sano.

Busca siempre los versos que respalden lo que quieres recibir en tu vida.
            
Recuerda, la fe viene cuando tus estas oyendo continuamente, versos acerca de temas específicos de la Palabra de Dios.


Cinco Cosas Que Debemos Confesar

Como acabamos de ver, la fe viene por oír temas específicos de la Palabra de Dios.

En las siguientes entradas veremos cinco cosas que debemos confesar, las cuales nos ayudarán a desarrollar nuestra fe, para recibir las cosas que Dios a provisto para nosotros.
            
Los puntos que veremos son estos:

  1. Lo que Dios ha Hecho por nosotros en el Plan de Redención.
  2. Lo que Dios a través de Su Palabra y el Espíritu Santo han hecho en nosotros en el Nuevo Nacimiento y el Bautismo del Espíritu.
  3. Lo que Somos Para Dios el Padre en Cristo.
  4. Lo que Jesús Hace Hoy por nosotros a la Diestra de Dios.
  5. Lo que Dios Puede Hacer por nosotros o lo que su Palabra Puede Hacer a través de Nuestros Labios





martes, 20 de agosto de 2013

La Confesión de la Palabra de Dios 4 - La Confesión del Creyente De sus Privilegios en Cristo

La Confesión del Creyente De sus Privilegios en Cristo

...pero con la boca se confiesa para salvación.
- Romanos 10:10

Para el estudio de las palabras, vamos a ver dos palabras: confesión y salvación.

La palabra confesión viene de la griega homologeo que significa literalmente: Hablar lo mismo (homos, lo mismo, lego, hablar) asentir, concordar, estar de acuerdo con, además denota confesar, declarar, admitir.

W. E. Vine dice: “En Romanos 10:9,10 (se confiesa) homologeo significa hablar libremente con osadía para hacer una declaración abierta; tal como una confesión hecha bajo el efecto de una profunda convicción de los hechos.” 

Esta palabra se ve de este modo en Mateo 7:23 (declararé), Mateo 10:32 (confiese y confesare), Lucas 12:8 (confesare y confesará), Juan 9:22 (confesase), Juan 12:42 (confesaban), Hechos 23:8 (afirman), Romanos 10:9,10 (se confiesa), 1 Timoteo 6:12 (profesión), Tito 1:16 (profesan), 1 Juan 2:23 (confiesa), 1 Juan 4:2 (confiesa), 1 Juan 4:15 (confiese), 2 Juan 7 (confiesan), y Apocalipsis 3:5 (confesaré).

En nuestra traducción, Versión Reina Valera de 1960, se usan varias palabras para traducir homologeo, de las cuales veremos algunos de los significados que tienen en el diccionario:
  • AFIRMAR: Asegurar o dar por cierta una cosa / aseverar, declarar con seguridad. 
  • CONFESAR: Manifestar uno sus hechos, ideas o sentimientos.
  • DECLARAR: Manifestar el ánimo, la intención o el afecto / Manifestar una cosa o empezar a advertirse su acción / Testificar en un juicio.
  • PROFESAR: Creer, confesar. 

Vemos que la palabra homologeo tiene entre otros significados: afirmar, aseverar, confesar, declarar, manifestar, profesar y testificar.

Es decir, todos sus significados tienen que ver con las palabras que nosotros hablamos después de haber visto o creído algo. 

Veamos ahora la palabra griega que se usa para salvación: soteria, esta palabra significa liberación, preservación, salvación.

W. E. Vine nos dice que esta palabra nos habla de  (a) liberación material y temporal del peligro y el temor, en Hechos 27:34 (del mar), Filipenses 1:19 (de la prisión), Hebreos 11:7 (del diluvio); (b) de la liberación espiritual y eterna que Dios concede a aquellos que aceptan sus condiciones de arrepentimiento y fe en el Señor Jesús, el único en quien pueden ser obtenidas, Hechos 4:12, y a quien lo confiesa como Señor, Romanos 10:10; por este propósito el evangelio s el instrumento de salvación, Romanos 1:16, Efesios 1:3 (ver la palabra salvar); (f) de manera inclusiva, la suma de todas las bendiciones concedidas por Dios a los hombres por medio del Espíritu Santo, se ve en 2 Corintios 6:2, Hebreos 5:9, 1 Pedro 1:9-10, Judas 3.  

W. E. Vine nos dirige a la palabra salvar, que es la voz griega sozo; y dice lo siguiente acerca de esta palabra:

Significa salvar, es usada (tal como el sustantivo soteria, salvación) (a) liberación  material  y  temporal  del  peligro,  sufrimiento,  etc.,  se ve en Mateo 8:25; Marcos 13:20;  Lucas 23:35; Juan 12:27;  1 Timoteo 2:15; 2 Timoteo 4:8; Judas 5; de la enfermedad: Mateo 9:22; Marcos 5:34; Lucas 8:48, Santiago 5:15. (b) De la salvación espiritual y eterna obtenida por Dios inmediatamente para aquellos que creen en el Señor Jesucristo, como en: Hechos 2:47, 16:31; Romanos 8:24, etc.; (f) inclusivamente, de todas las bendiciones otorgadas por Dios a los hombres en Cristo, como en: Lucas 19:10; Juan 10:9; 1 Corintios 10:33; 1 Timoteo 1:15.

Del estudio de estas dos palabras podemos concluir que la confesión de la Palabra es: Declarar firmemente las mismas cosas que Dios dice acerca de los beneficios que Él ha provisto para nosotros.


Confesión y Salvación

Por ejemplo, como vimos en Romanos 10:9-10: “Que si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo. Porque con el corazón se cree para justicia, pero con la boca se confiesa para salvación.”

Aquí nos habla acerca de recibir el beneficio del nuevo nacimiento. ¿Cómo recibimos el nuevo nacimiento? Creyendo en el corazón que Dios resucitó a Jesús; y, confesando con la boca que Jesús es nuestro Señor.

No es suficiente que creamos solamente; el creer es muy importante, porque le da el sustento a nuestra confesión, porque estamos creyendo la Palabra de Dios; sin embargo, una persona puede creer toda la vida que Dios levantó de los muertos a Jesús, y aún así irse al infierno.

La confesión es necesaria, pues desata nuestra fe. Para recibir la vida eterna, es necesario que confesemos a Jesús como nuestro Señor.

Durante años le prediqué a mi abuelita, quien ahora está en el Cielo. Le mostraba las verdades de la salvación, y al escuchar la Palabra las lagrimas salían de sus ojos. Pero cuando le preguntaba si quería recibir a Jesús, ella me decía que no.

Después de doce años, cuando estaba listos para viajar como pastor a la ciudad petrolera de Talara; al volver a predicarle de Jesús, ella hizo su confesión de fe. 

Fue la última vez que pude conversar con ella, pues a los poco meses sufrió un derrame, y antes de un año partió a la presencia del Señor.

Ella creyó durante años en Jesús, sabía mucho de El, pero no fue sino hasta que hizo su confesión de fe, que pudo recibir la vida eterna.

La confesión desata nuestra fe, y nos hace recibir las cosas que Dios ya ha provisto.


Confesión y Sanidad

Lo mismo sucede con la sanidad divina, la Biblia dice en Isaías 53:4-5, Mateo 8:17 y 1 Pedro 2:24 que: “Jesús mismo tomó nuestras enfermedades y llevó nuestras dolencias; y, por sus llagas fuimos nosotros curados.”

Estos versos nos dan un fundamento firme para creer en la sanidad divina; pero de nada nos servirán a menos que los declaremos con nuestra boca.

Por lo general cuando visito una iglesia, al final del culto hago un llamado para que la gente reciba sanidad divina. Les leo estos versos, para levantar su fe, y los hago hacer una declaración de fe. Les hago repetir: "Por las llagas de Jesús he sido sanado; él ha tomado mis enfermedades y llevado mis dolencias. Recibo ahora mi sanidad. ¡Soy sano!"

Al hacer esta declaración la fe de la gente se levanta; luego de eso hago la oración de fe, y les digo que hagan lo que no podían hacer. Al empezar ha hacer lo que no podían, mucha gente empieza ha ser sanada.

Por ejemplo, una estaba en Chile, predicando en una iglesia de Valparaíso, el tema “Como viene la Fe.” 

Al final de la reunión empecé a llamar a la gente como siempre hago, les hice declarar su sanidad en fe, hice la oración de sanidad, y les pedí que hicieran lo que no podían hacer. 

En ese momento empezaron a ocurrir milagros, una persona fue sanada de ulceras, dos de hernias, una hermana pudo mover su brazo después de meses, mejoró la vista de una joven, y un hermano que tenia problemas en la espina dorsal y seis costillas rotas fue sanado.

El poder de Dios estaba ahí como lo está siempre; pero no fue mi fe la que sanó a las personas, sino la fe de ellos, desataron su fe con sus palabras y acciones, y fueron sanados.

El poder de Dios presente en ese lugar fue desatado por sus palabras.

De eso se trata la confesión de fe, desatar el poder de Dios por medio de nuestras palabras, para recibir las cosas que Dios nos ha ofrecido en Su Palabra. 


Como Viene la Fe

En 2 Pedro 1:3-4 dice: “Como todas las cosas que pertenecen a la vida y a la piedad nos han sido dadas por su divino poder, mediante el conocimiento de aquel que nos llamó por su gloria y excelencia, por medio de las cuales nos ha dado preciosas y grandísimas promesas, para que por ellas llegaseis  a ser participantes de la naturaleza divina, habiendo huido de la corrupción que hay en el mundo a causa de la concupiscencia.”

Debemos conocer las cosas que Dios ha provisto para nosotros, para poder desatar nuestra fe para recibirlas.

Debemos entender como recibir fe, para poder usarla.

En Romanos 10:17 dice: “Así que la fe es por el oír, y el oír, por la palabra de Dios.” 

La fe viene cuando uno está oyendo de manera continua la Palabra de Dios.


Confesión de Fe y Confesión Para Fe

Volvamos a Romanos 10:8-10, donde dice: “Mas ¿qué dice? Cerca de ti está la palabra, en tu boca y en tu corazón. Esta es la palabra de fe que predicamos: que si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo.”

La confesión de fe es la que se hace cuando ya tenemos la fe para recibir; pero la confesión para fe, es la que hacemos para recibir fe, antes que la tengamos.

Hace años me pasó algo que es un ejemplo de esto:

En 1987 me fracturé la rodilla jugando fútbol. Cuando llegue a mi casa me pasé tres días confesando mi sanidad; estuve citando todos los versos de sanidad divina que conocía, desde Génesis hasta Apocalipsis. Pero la fe no llegó a mi, en ese momento.

Es más, debido al dolor, y a que la rodilla había crecido al doble de su tamaño normal, me fui al hospital.

Eso es la confesión para fe, estas hablando la Palabra antes de que llegue la fe.

El doctor me dijo que se me había derramado el liquido sinovial; y que tenía que estar dos semanas enyesado y luego un tiempo indefinido con una venda elástica, hasta que se cure la rodilla. Llegue a mi casa y seguí confesando la Palabra de Dios, hasta que en un momento la fe se produjo en mi corazón; y empecé a decir plenamente seguro que estaba sano por las llagas de Jesús.

Al tercer día que tenía el yeso, mientras escuchaba una enseñanza, el Espíritu Santo me dijo: “Si tu dices que estás sano que haces con un yeso. ”

Así que el día siguiente me quite el yeso, estaba completamente sanado, hasta hoy no he tenido problemas con la rodilla.

Ese hablar plenamente seguro es la confesión de fe. Decir claramente que ya es tuyo aquello que Dios ha prometido en Su Palabra.

Esa confianza llega a tu vida, porque has estado depositando la Palabra de Dios en tu confesión para fe.

La fe llega a tu vida cuando tu oyes una y otra vez la Palabra de Dios, y que mejor manera que oír una y otra vez salir de tu boca.

sábado, 17 de agosto de 2013

La Confesión de la Palabra de Dios 3 - Una Clase de Fe Como la de Dios

Una Clase de Fe Como la de Dios


            Hijo mío, si salieres fiador por tu amigo, Si has empeñado tu palabra a un extraño, te has enlazado con las palabras de tu boca, Y has quedado preso en los dichos de tus labios. 
Proverbios 6:1-2

Al cristianismo se le llama la gran confesión, sin embargo, la mayoría de los cristianos que son derrotados lo son porque creen y confiesan las cosas incorrectas.
            
El problema es que los creyentes son derrotados por hablar las palabras del enemigo.
         
En Marcos 9:23 Jesús dijo: "Si puedes creer, al que cree todo le es posible,"  y en Mateo 17:20: " . . . porque de cierto os digo, que si tuviereis fe como un grano de mostaza, diréis a este monte: Pásate de aquí allá, y se pasará; y nada os será imposible."
            
Si podemos creer y decir lo que creemos no habrá nada que nos sea imposible.
           

Teniendo Una Fe Como La De Dios

Marcos 11:22-23
22  Respondiendo Jesús, les dijo: Tened fe en Dios.
23  Porque de cierto os digo que cualquiera que dijere a este monte: Quítate y échate en el mar, y no dudare en su corazón, sino creyere que será hecho lo que dice, lo que diga le será hecho.

Veamos el versículo 22 en varias versiones:

Biblia en Inglés Básico
Y Jesús, respondiéndoles, les dijo: Tengan la fe de Dios.

Septuaginta
Y, respondiendo Jesús, díceles: ¡Tened fe de Dios! 

Douay Rheims
Y Jesús respondiéndoles, les dijo: Tengan la fe de Dios.

Scio
Y respondiendo Jesús, les dijo: Tened fe de Dios. 

King James Moderna
Y respondiéndoles Jesús les dijo: Tened la Fe de Dios.

Peshitta
Jesús respondió, diciéndoles: Tengan fe de Dios.

Reina Valera 1858
Y respondiendo Jesus, les dice: Tened fé de Dios.

Traducción Literal de Young
Y Jesús respondiéndoles les dijo: Tened fe de Dios.

Interlineal Griego Español de Westcott y Hort
και Y αποκριθεις habiendo respondido ο  el ιησους Jesús λεγει está diciendo αυτοις a ellos εχετε Estén teniendo πιστιν confianza θεου de Dios 

Otra cosa interesante de ver es que el término "en" se encuentra en itálica en la Reina Valera Inversa con números Strong. Eso significa que en el original griego no se encontraba sino que esa palabra fue añadida para tratar de explicar mejor el pasaje.
            
Es decir, Jesús nos esta diciendo que debemos tener una fe como la de Dios. E inmediatamente nos dice como es la fe de Dios: Creer en el corazón que será hecho lo que decimos.
            
Esto se parece a la Ley de la Fe, creer con el corazón y confesarlo con la boca. Es decir, Dios opera a través de la Ley de la Fe.
            
Nosotros debemos hacer lo mismo.


Como Usa Dios Su Fe

Hebreos 11:3
3  Por la fe entendemos haber sido constituido el universo por la palabra de Dios, de modo que lo que se ve fue hecho de lo que no se veía.

Dios constituyó el universo por medio de palabras. Viendo el relato de la creación en Génesis 1, podemos ver que cada vez que Dios hablo sucedió algo.

Génesis 1:3,6,7,9,11,14,20,24,26,29
3  Y dijo Dios: Sea la luz; y fue la luz.
6  Luego dijo Dios: Haya expansión en medio de las aguas, y separe las aguas de las aguas.             
7  . . . .Y fue así.
9  Dijo también Dios: Júntense las aguas que están debajo de los cielos en un lugar, y descúbrase lo seco. Y fue así.
11 Después dijo Dios: Produzca la tierra hierba verde, hierba que dé semilla; árbol de fruto que dé fruto según su género, que su semilla esté en él, sobre la tierra. Y fue así.
14 Dijo luego Dios: Haya lumbreras en la expansión de los cielos para separar el día de la noche; y sirvan de señales para las estaciones, para días y años, 
15 y sean por lumbreras en la expansión de los cielos para alumbrar sobre la  tierra. Y fue así.
20  Dijo Dios: Produzcan las aguas seres vivientes, y aves que vuelen sobre la  tierra, en la abierta expansión de los cielos. 
21 Y creó Dios los grandes monstruos marinos, y todo ser viviente que se mueve, que las aguas produjeron según su género, y toda ave alada según su especie. Y vio Dios que era bueno. 
24  Luego dijo Dios: Produzca la tierra seres vivientes según su género, bestias y serpientes y animales de la tierra según su especie. Y fue así.
26     Entonces dijo Dios: Hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza; y señoree en los peces del mar, en las aves de los cielos, en  las bestias, en toda la tierra, y en todo animal que se arrastra sobre la tierra.
27     Y creó Dios al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo creó; varón y hembra los creó. 

En este pasaje vemos que Dios habló ocho veces y cada vez que lo hizo sucedió algo. Dios desató su fe por medio de Sus palabras.


Como usa Jesús su fe

Jesucristo mismo uso la clase de fe de Dios.
            
En Lucas 8:22-25 vemos como usó Jesús su fe con el viento y el mar: “Aconteció un día, que entró en una barca con sus discípulos y les dijo: Pasemos al otro lado del lago. Y partieron. Pero mientras navegaban, él se durmió. Y se desencadenó una tempestad de viento en el lago; y se anegaban y peligraban. Y vinieron a él y le despertaron, diciendo: ¡Maestro, maestro, que perecemos! Despertando él, reprendió al viento y a las olas; y cesaron, y se hizo bonanza. Y les dijo: ¿Dónde está vuestra fe? Y atemorizados, se maravillaban, y se decían unos a otros: ¿Quién es este, que aun a los vientos y a las aguas manda, y le obedecen?
            
Vemos aquí que Jesús utilizó sus palabras para calmar el viento y el mar; Jesús desató su fe a través de palabras.
            
En Marcos 1:23-27 dice: “Pero había en la sinagoga de ellos un hombre con espíritu inmundo, que dio voces, diciendo: ¡Ah! ¿Qué tienes con nosotros, Jesús nazareno? ¿Has venido para destruirnos? Sé quién eres, el Santo de Dios. Pero Jesús le reprendió, diciendo: ¡Cállate, y sal de él! Y el espíritu inmundo, sacudiéndole con violencia, y clamando a gran voz, salió de él. Y todos se asombraron, de tal manera que discutían entre sí, diciendo: ¿Qué es esto? ¿Qué nueva doctrina es esta, que con autoridad manda aun a los espíritus inmundos, y le obedecen?
            
Jesús utilizó aquí sus palabras para echar fuera un demonio. Al oír el mandamiento de fe, el demonio salió.
            
En Marcos 11:12-14,20-22 dice: “Al día siguiente, cuando salieron de Betania, tuvo hambre. Y viendo de lejos una higuera que tenia hojas, fue a ver si tal vez hallaba en ella algo; pero cuando llegó a ella, nada halló sino hojas, pues no era tiempo de higos. Entonces Jesús dijo a la higuera: Nunca jamas coma nadie fruto de ti. Y lo oyeron sus discípulos. Y pasando por la mañana, vieron que la higuera se había secado desde las raíces. Entonces Pedro, acordándose, le dijo: Maestro, mira, la higuera que maldijiste se ha secado. Respondiendo Jesús les dijo: Tened la fe en [la clase de fe de] Dios.”
            
Jesús les esta diciendo a sus discípulos que la clase de fe de Dios es una fe que habla. Jesús le había hablado a la higuera y esta se había secado. La clase de fe de Dios es una fe que utiliza palabras.
            
En Juan 11:38-44 dice: “Jesús, profundamente conmovido otra vez, vino al sepulcro. Era una cueva y tenia una piedra puesta encima. Dijo Jesús: Quitad la piedra. Marta la hermana del que había muerto, le dijo: Señor, hiede ya, porque es de cuatro días. Jesús le dijo: ¿No te he dicho que si crees, veras la gloria de Dios? Entonces quitaron la piedra de donde había sido puesto el muerto. Y Jesús, alzando los ojos a lo alto, dijo: Padre, gracias te doy por haberme oído. Yo sabía que siempre me oyes; pero lo dije por causa de la multitud que está alrededor, para que crean que tu me has enviado. Y habiendo dicho esto, clamó a gran voz: ¡Lázaro, ven fuera! Y el que había muerto salió, atadas las manos y los pies con vendas, y el rostro envuelto en un sudario. Jesús les dijo: Desatadle y dejadle ir.”

Aquí Jesús le habló a un muerto, y el muerto resucitó.
            
Vemos que tanto el viento, como el mar, los demonios, los árboles y los muertos fueron obedientes a las palabras que Jesús habló.
            
Esta es la forma en que actuó la fe de Jesús, a través de palabras.
            
Jesús operó en la clase de fe de Dios. Así como Dios desató su fe; a través de palabras, Jesús también lo hizo.
            
Jesús imitó a su Padre, y obtuvo los mismos resultados que Dios.

Como Operar en la Clase de Fe de Dios

En Efesios 5:1 dice: “Sed, pues, imitadores de Dios como hijos amados.”
            
Una cosa que vemos en la vida diaria es que los hijos siempre imitan a sus padres, y eso es lo que nos dice este pasaje; debemos imitar a Dios, tal como un niño imita a su papá.
            
Debemos hablar como Dios habla, y debemos hacer lo que Dios hace; debemos convertirnos en sus imitadores,
            
En 2 Corintios 4:13 dice: “Pero teniendo el mismo espíritu de fe, conforme a lo que está escrito: Creí por lo cual hablé, nosotros también creemos, por lo cual también hablamos.”
            
En este pasaje vemos la característica del espíritu de fe: Cree y Habla. Si tu quieres tener el espíritu de fe debes creer y hablar la Palabra de Dios.
            
En Romanos 10:10 vemos como actuar en la clase de fe de Dios: creer con el corazón y confesarlo con la boca.
            
Es muy interesante en la historia de la mujer que tenía el flujo de sangre (Marcos 5:25-34), que ella estaba diciendo continuamente: “Si tan solo toco su manto seré sana, si tan solo toco su manto seré sana, Si tan solo toco su manto seré sana.” Ella tenía el espíritu de fe, e iba diciendo esto una y otra vez, hasta que la fe se levantó para recibir su milagro, fue tocó su manto, y recibió la sanidad que había estado declarando con sus palabras.
            
Ahí está el secreto de su sanidad: sus palabras.
            
Si tu crees lo que la Palabra de Dios dice, y empiezas a confesarlo con tu boca, tendrás las cosas que deseas recibir de Dios.          


jueves, 8 de agosto de 2013

La Confesión de la Palabra de Dios 2 - La Ley de la Fe

La Ley de la Fe


            Mas ¿qué dice? Cerca de ti está la palabra, en tu boca y en tu corazón. Esta es la palabra de fe que predicamos: que si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo.
            Porque con el corazón se cree para justicia, pero con la boca se confiesa para salvación. Pues la Escritura dice: Todo aquel que en él creyere, no será avergonzado.  Porque no hay diferencia entre judío y griego, pues el mismo que es Señor de todos, es rico para con todos los que le invocan; porque todo aquel que invocare el nombre del Señor, será salvo.
            ¿Cómo, pues, invocarán a aquel en el cual no han creído? ¿Y cómo creerán en aquel de quien no han oído? ¿Y cómo oirán sin haber quién les predique? ¿Y cómo predicarán si no fueren enviados?
            Como está escrito: ¡Cuán hermosos son los pies de los que anuncian la paz, de los que anuncian buenas nuevas! Mas no todos obedecieron al evangelio; pues Isaías dice: Señor, ¿quién ha creído a nuestro anuncio?
            Así que la fe es por el oír, y el oír, por la palabra de Dios.
- Romanos 10: 8 - 17

En Romanos 10:10 encontramos la Ley de la Fe, que es creer en el corazón y confesar con la boca.

Cuando una persona cree en el corazón la fe es producida en su corazón, pero esa fe, no puede ser desatada a menos que use sus palabras, es decir, por medio de la confesión de fe.
            
La fe no puede expresarse a menos que sea hablada. La boca es el instrumento por el cual la fe es desatada.
            
El Hermano Kenneth E. Hagin dice que la confesión es:            
  • 1. Afirmar algo que creemos.
  • 2. Declarar algo que sabemos.
  • 3. Testificar una verdad que hemos abrazado.            

La confesión de la Palabra de Dios es afirmar, declarar y testificar que la Palabra de Dios es verdad y se cumple en nuestras vidas.


La Ley de la Fe

Para poder entender la confesión de fe, lo primero que debemos entender es la ley de la fe.

ROMANOS 10:8-108 Más ¿qué dice? Cerca de ti está la palabra, en tu boca y en tu corazón. Esta es la palabra de fe que predicamos: 
9 que si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo.
10 Porque con el corazón se cree para justicia, pero con la boca se confiesa para salvación. 

En este pasaje de la escritura vemos que la Palabra de Dios debe estar en nuestra boca y en nuestro corazón. Además encontramos la clave para la ley de la fe: creer en el corazón y confesarlo con la boca.
            
Por ejemplo, en este pasaje vemos la forma como una persona nace de nuevo:
  • 1. Confiesa con la boca que Jesús es el Señor.
  • 2. Cree en el corazón que Dios lo levanto de los muertos.

SEGUNDA DE CORINTIOS 4:1313 Pero teniendo el mismo espíritu de fe, conforme a lo que está escrito: Creí, por lo cual hablé, nosotros también creemos, por lo cual también hablamos.

Según este pasaje, el espíritu de fe se muestra en que si una persona cree algo debe decirlo. Esta es la ley de la fe en operación, una persona que tiene el espíritu de fe debe hablar las cosas que cree.

MARCOS 11:23
23 Porque de cierto os digo que cualquiera que dijere a este monte: Quítate y échate en el mar, y no dudare en su corazón, sino creyere que será hecho lo que dice, lo que diga le será hecho.

Una vez mas vemos la importancia de decir con nuestra boca las cosas que creemos en nuestro corazón. En especial, notemos que este pasaje dice tres veces decir pero una sola vez creer. Es decir, debemos hablar tres meses de lo que creemos.

           
Creer con el Corazón

En Romanos 10:10 hemos visto que "con el corazón se cree. . . ." ¿Qué se cree? Que lo que dice la Palabra de Dios es verdad.
            
Creer con el corazón es creer que la Palabra de Dios es verdad sin importar lo que digan las circunstancias.
            
En Romanos 10:17 dice que "Así que la fe es por el oír, y el oír, por la palabra de Dios." La ley de la fe empieza cuando creemos con el corazón la Palabra de Dios y la fe se produce en él.


Confesarlo con la Boca

En la Segunda parte de Romanos 10:10 dice: ". . . pero con la boca se confiesa para . . . ." 

Es decir la fe para recibir algo se desata con las palabras. En 2 Corintios 4:13 dice: "Creí, por lo cual hablé;" Si has creído algo de la Palabra de Dios, lo siguiente que debes hacer es hablarlo.
            
En Marcos 5:27-29 podemos ver esta verdad.

Marcos 5:27-29
27 Cuando oyó hablar de Jesús, vino por detrás entre la multitud, y tocó su manto. 
28 Porque decía: Si tocare tan solamente su manto, seré salva. 
29 Y enseguida la fuente de su sangre se secó; y sintió en el cuerpo que estaba sana de aquel azote

En este pasaje vemos que esta mujer estaba diciendo algo de manera continua. Ella decía "Si tocare tan solamente su manto, seré salva." Sus palabras la motivaron para actuar en fe y recibir su sanidad.
            
Como vimos en Marcos 11:23, debemos decir tres veces mas de lo que creemos. Es decir que se requiere confesar tres veces más tiempo que el que necesitamos para creer.
                
Nuestra fe se desata por medio de nuestras palabras.
            
La Ley de la Fe es creer en el corazón y confesarlo con la boca.


martes, 6 de agosto de 2013

La Confesión de la Palabra de Dios 1 - Introducción

Introducción


En los últimos años se ha atacado mucho el tema de la fe; y no los culpo.

Muchas personas basan su fe en sus emociones, en los testimonios de otras personas, en las doctrinas de su iglesia o en sus propias ideas; pero nunca en la base de la fe, que es la Palabra de Dios.

En el lado de la confesión ha sido lo mismo, las personas han estado confesando cualquier cosa que se les ha ocurrido, pero sin encontrar pasajes de la Palabra de Dios que los respalden.

La gente habla de la confesión positiva, pero de eso no es de lo que hablamos con la confesión de la Palabra de Dios. No hablamos de un positivismo barato, sino de hablar las cosas que Dios ha dicho en Su Palabra

La palabra confesión que se usa en la Biblia es la griega homologeo, esta palabra significa sencillamente "decir lo mismo"; por eso al confesar la Palabra de Dios estamos diciendo lo mismo que Dios dice.

Desde que conocí al Señor he escuchado, aún a personas que siempre han atacado a confesión de fe, decir: "Todo lo puedo en Cristo que me fortalece" (Filipenses 4:13); "A los que aman a Dios todo les ayuda a bien" (Romanos 8:28); y versículos semejantes a esos; han estado diciendo lo mismo que la Palabra de Dios decía, es decir, han estado haciendo una confesión de fe.

La base de nuestra fe es la Palabra de Dios; sin ella no tenemos un sustento real sobre el cual desatar nuestra fe para recibir las cosas que deseamos.

No hablamos cosas positivas para que sucedan, hablamos lo que dice la Palabra de Dios y eso es lo que se convierte en nuestra confesión de fe.

Por eso al leer estas enseñanzas vayan siempre a la Biblia, para que su fe no esté basada en las cosas que yo digo, sino en la poderosa Palabra de Dios.